24/08/21

Bueno… Este capítulo es largo, pero espero que merezca la pena xD

Creo que ya lo comenté antes… pero el siguiente capítulo es el último que tengo escrito (que no el final), y pues… aunque ya sé que no gusta leer esto, estaré en hiatus después de ese capítulo =(

El plan es que el capítulo 35 sea el último de todos, pero seguir publicando cosas en una historia aparte (lo llamaría "sidefics" o algo así) en plan "¿y qué pasó cuando…?".

Sinceramente, no tengo ni idea de cuánto me va a costar escribir el último capítulo porque es a lo que le llevo dando vueltas desde que dejé de publicar la otra vez x_x Quiero decir, sé cuál es el final, pero no sé cómo escribirlo ;_; Aunque ya os adelanto que por los comentarios que me han hecho hasta ahora del siguiente capítulo, es algo así como un "fin de temporada", así no os preocupéis de que se quede en un "cliffhanger" ni nada por el estilo ^^U Digamos que cierra un periodo.

Y pues, no sé, tengo la sensación de que estoy a punto también de cerrar una etapa de mi vida… Así que ¡muchas gracias por haber llegado hasta aquí conmigo! ;w;

¡Nos seguimos leyendo!


Disclaimer: Sasuke está enfadado conmigo porque desde el fallido intento de secuestro, Masashi Kishimoto tiene vigilado 24/7 a Naruto y ha puesto a Sasuke en búsqueda y captura, por lo que Sasuke ha tenido que ir a esconderse al monte… Así que de momento, Naruto y todos sus personajes siguen siendo propiedad de Masashi Kishimoto.

Beta: Noin no Nogitsune

Advertencias: Shonen ai, Pov Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2019).


SASUKE

Lunes, 20 de octubre

19:35

Sentía todo su cuerpo acalorado, con la sensación aún de tener a Naruto dentro de sí. Era algo incómodo por la falta de costumbre, pero al mismo tiempo se sentía tranquilo, con el cálido tacto de la mano que Naruto dejó reposar sobre su pierna al tanto que conducía por la autovía. Tan sólo la apartaba de ahí cuando necesitaba cambiar de marcha, buscando enseguida de nuevo el contacto con él.

Seguramente, en algún otro momento de su vida, hubiera repudiado ese tipo de acercamiento tan necesitado; tiempo atrás le hubiera hecho sentir completamente incómodo que alguien estuviera tocándole constantemente -aunque fuese de manera insignificante—, hasta el punto de cortar de raíz cualquier contacto con esa persona.

Pero ahora lo sentía diferente.

Todo era diferente desde que le conoció, y todo era diferente cuando se trataba de él.

Por eso no sólo no la apartó sino que, cuando sabía que Naruto iba a dejar su mano ahí algo más de tiempo, Sasuke posaba la suya sobre la de él, acariciándole el dorso.

Con calma.

Con tranquilidad.

En silencio.

Con la misma quietud y la misma paz con la que habían hecho el amor, tomándose todo el tiempo del mundo para colmarse de besos y caricias mutuamente, apreciando cada leve roce, cada respiración, cada latido, atento a cada movimiento el uno del otro.

Aún podía sentir que tenía su ardiente aliento sobre el cuello, rozándole con los labios de esa forma tan suave a la vez que excitante.

Le resultaba increíble que, con lo tímido que era para hablar sobre estos temas, Naruto fuera tan diestro y supiera encontrar exactamente sus puntos más sensibles para hacerle temblar con tanto placer.

O bueno, quizá no sólo fuera su destreza, sino que lo había estado deseando tanto que cualquier caricia suya era como una explosión de sensaciones allá por donde pasara su piel. Ya ni qué hablar si eran sus labios los que le acariciaban…

Pero por encima de todo… se había sentido querido. Tanto, que en mitad de todo aquel remolino de sensaciones se le hizo un nudo en el pecho que casi provoca que se pusiera a llorar para intentar aliviar la presión.

Por suerte, encontró las fuerzas suficientes para tomar las riendas de todos esos sentimientos antes de que Naruto se diera cuenta, evitándole así una situación de congoja que desde luego no tenía razón de ser. No con todo el cuidado, con todo el cariño y con todo el amor con el que Naruto le había tratado.

Por un momento, dentro de todo aquel éxtasis, deseó poder fundir su cuerpo y su alma con el de Naruto y no separarse de él jamás, para así poder sentir su calor por toda la eternidad.

Por andar pensando en todo ello no fue consciente de que habían llegado casi a la misma puerta de su casa hasta que el columpio de un parque llamó su atención, Naruto detuvo el coche para echar marcha atrás y aparcó un par de puertas más allá de la suya.

Y también fue el motivo que provocó que le subiera el rubor de nuevo, al girarse Naruto y mirarle directamente a los ojos, distinguiendo en ellos el anhelo de eso mismo que se había pasado rememorando él todo el viaje. Podía sentir que Naruto quería más de aquella sensación de plenitud, al igual que él.

Pero sabía que era algo que no iba a ser capaz de vocalizar. No en un futuro próximo al menos. Siempre que la conversación subía de tono, empezaba a ponerse rojo como un tomate, o a tartamudear… O directamente evadía el tema.

—Sasuke…

Por eso le pilló por sorpresa que fuera Naruto quien rompiera el silencio e intentara iniciar una conversación: desde que se habían puesto de nuevo la ropa y recogieron un poco antes de salir, sus labios se habían sellado a cal y canto.

De la misma manera que ahora.

—Dime —le incitó a seguir tras unos segundos, acomodándose en su asiento.

Pero fuese lo que fuese que quería decir, la voz no le salía.

Sabía perfectamente que Naruto quería hablar de lo que acababan de compartir, de lo que habían compartido hasta ahora…

Y, en general, de ellos.

No en balde era algo que había estado evadiendo durante todo ese tiempo, y algo que sabía que para Naruto significaba demasiado. "Follar", como había hecho con todos los demás, era un término que no cabía entre ellos. Era mucho más que eso. Incluso mucho más que "hacer el amor". Sasuke entendía que, con aquel acto, Naruto le estaba entregando su completa confianza, en cuerpo y alma.

Fue entonces que se le ocurrió a Sasuke que, tal vez, anduviera rondándole por la cabeza a Naruto que después de haberse acostado juntos… le fuera a dejar, si es que acaso aún tenía en algún rincón de su mente el pensamiento de que para él no era más que un "pasatiempo".

Le irritaba sobremanera la sola idea de que pudiera ocurrírsele algo así a estas alturas, aunque hasta ahora tampoco había hecho nada para dejarle claro que ése no era el caso.

Y no quería verle más así, con esos ojos claros y cristalinos enturbiándose con las lágrimas como lo estaban haciendo ahora, fijos en él. No quería verle llorar y sufrir nunca más. Mucho menos por su culpa.

Así que tomó su mano al tiempo que le acarició suavemente la mejilla, sin apartarle la mirada en ningún momento, sonriéndole levemente a pesar de la fatiga que sentía. A partir de ahora, tenía la tarea de apaciguar cualquier duda que le pudiera sobrevenir al bobo que tenía delante y hacerle saber que estaba ahí para él también.

—¿Hasta cuándo tienes vacaciones? —le preguntó al tanto que le apartó el flequillo de la frente.

—Hasta el domingo —murmuró.

"Toda la semana libre, ¿eh?", rumió para sí.

Además de que al día siguiente no tenía que ir a la clínica.

Si no hubiese sido porque cuando salió por la mañana se fue de casa tan apresurado por coger el tranvía que se olvidó del pastillero, se hubiese quedado con Naruto a pasar la noche sin pensárselo dos veces.

Aunque ya que estaban ahí…

"¿Le presento...?", comenzó a pensar.

Al fin y al cabo, Itachi ya lo había dejado caer un par de veces, e incluso tenía el permiso de su madre para invitarle a casa. Aunque siendo sincero consigo mismo, prefería no hacerle pasar ahora por una situación incómoda como esa, y pasar la noche entera con él, sin interrupción alguna.

Por eso desechó la idea de hacerle entrar en casa, sintiendo que le ardiera el cuerpo entero de nuevo. Tan sólo de pensar que hasta hacía algo más de media hora habían estado completamente desnudos, pegados el uno al otro…

Con suavidad, le pasó el pulgar sobre los labios, no pudiendo evitar recordar el tibio tacto sobre los suyos propios. Y sobre su piel. Porque desde el mismo momento en que despertó de su siesta, no desaprovechó ni una oportunidad de recorrer cada centímetro de su piel. Naruto no se quedó atrás tampoco…

Y quiso pedirle que le dejara quedarse con él esa noche pero, cuando fue a hablar, cortó lo que quisiera que fuese que Naruto iba a decir, ambos quedándose en silencio otra vez. Aunque Naruto le apartó la mirada en ese instante, encogiéndose un tanto en su asiento.

—¿Qué pasa? —comenzó a preocuparse.

—Nada, que… —apretó los labios. —B-bueno, s-si quieres…

"¿Qué le pasa?", frunció un tanto el ceño.

No había hecho nada ahora para incomodarle, ¿no? No era la primera vez que se quedaban así, en el coche, mirándose fijamente y compartiendo alguna que otra caricia.

Si bien era cierto que, hasta ahora, nunca habían cruzado esa línea roja…

Pero se había sentido bien. Mucho mejor que bien. Era como si al fin se hubieran puesto en sintonía y, verdaderamente, se sentía en paz al fin.

No quedaban secretos entre ellos, o al menos así lo sentía.

Entonces un 'gon' resonó en todo su ser.

Se había dejado ver...

De seguro Naruto había podido sentir las ganas que tenía de pasar más tiempo con él… Pero no le importaba en lo más mínimo.

Ya no, si era él.

—Si quiero, ¿qué? —susurró con media sonrisa.

Y lo sabía. Anticipaba lo que le iba a pedir. Pero en un acto egoísta quiso forzarle a que lo vocalizara, y aunque le pidiera que lo acompañara hasta el fin del mundo, no le iba a decir que no. Sasuke se había propuesto hacerlo todo lo feliz que pudiera; le pidiese lo que le pidiese, si estaba en sus manos, se lo daría.

"Como si quiere una montaña de botes de ramen", se dijo burlón para sí.

—Quédate hoy conmigo —le pidió en un hilo de voz.

Y todas las tonterías se le apartaron de la cabeza de un plumazo al escuchar ese tono.

¿Qué le pasaba al dobe?

—Hey… —le llamó al tanto que se encogió un poco para buscar su mirada. —Naruto, ¿qué te pasa?

Durante tensos segundos, aquél se lo quedó mirando directamente a los ojos, sin dejar de morderse el labio, intentando encerrar lo que verdaderamente quería decir. Podía notar cómo se alteraba su respiración, aguantándola por momentos, recordándole terriblemente los ataques de ansiedad que le habían dado antes por hacer eso mismo.

Pero antes de que pudiera volver a entrar en ese estado, Sasuke no lo dudó y se removió lo suficiente para llegar a él y abrazarle, instándole a hacer lo mismo. Sólo que Naruto se aferró a él con tanta fuerza que por un instante perdió el aliento.

—Naruto…

—Te echaba de menos —le susurró sobre el hombro con la voz quebrada.

Y aunque le costaba un poco respirar, le pareció cruel decirle ahora que aflojara el abrazo. Más aún cuando notó el leve gemido que se le escapó, intentando ahogar el llanto, y no pudo sino devolverle el abrazo con igual intensidad. No quería que Naruto se sintiera abandonado dentro de esa angustia.

Aunque bien sabía que no había más culpable que él mismo… Que si no hubiera intentado antes desterrarlo de su vida, si hubiese sido sincero con él desde buen principio… Naruto no se sentiría así.

Se arrepentía profundamente de todo lo que había ocurrido durante esas semanas en las que trató distanciarse de él. Tanto así que no encontraba nada que decirle para aliviar lo que seguramente no era más que miedo a que volviera a dejarle. A que no hubiese sido más que otro 'rollo' pasajero.

Y aunque sabía que Naruto debía entender que ése no era el caso, también sabía que había ocasiones en las que, por más claras que fueran las cosas… Ese miedo siempre estaba ahí latente. Y hasta ahora no había compartido lo suficiente con él para que Naruto se sintiera seguro.

Lo sabía, y ahora se maldecía por ello.

Aún así, no encontraba cómo disculparse con él por todas las estupideces que había hecho. Ni tan siquiera sabía si merecía su perdón. Por lo que se mantuvo en silencio al tanto que le acariciaba por la espalda, dejándole suaves besos por la sien ya que no alcanzaba ningún otro lugar al tener la cara hundida en su hombro. No iba a reprocharle nada, a pesar de que se le removieran las entrañas de sentirle llorar. Se quedaría ahí con él hasta que se sintiera satisfecho.

O al menos, ésa era su intención.

Después de un buen rato así, aferrados el uno al otro, tras los que Naruto pareció sosegarse un poco, comenzó a sentirse tenso al ver de reojo la hora en el cuadro de mando del coche: eran ya cerca de las ocho; pasaba casi una hora desde que tenía que haberse tomado su medicación.

No podía esperar más.

Sin embargo, no quería separarse ahora de él, aunque supiera que podía regresar a su lado. A pesar de lo incómodo de la postura, estaba seguro que, si permanecía así, terminaría por quedarse dormido. Era tan agradable la sensación del calor de su cuerpo entre sus brazos, que le rogó a los Dioses que permitieran que el tiempo se detuviera en ese instante, y quedarse así hasta los restos.

Pero debía entrar a casa a tomarse las pastillas ya. Aunque tampoco quería dejar a Naruto solo en el coche: sentía que le fuera a abandonar a su suerte en ese momento si se marchaba, y ésa era una sensación que odiaba con toda su alma; no quería algo así para él.

—Naruto, tengo que ir ya a tomarme la medicación —le explicó en un susurro sin cejar en sus caricias.

Y, lógicamente ahora para él, debía de sentirse así de verdad, pues la reacción instantánea que tuvo fue de aferrarse aún más fuerte a su espalda. Sin embargo, Naruto ahora sabía que no era algo de lo que tuviera elección y a pesar de que pareció suponerle un esfuerzo, poco a poco fue separándose de él, dejando escapar un profundo suspiro.

A Sasuke le dolió ver de nuevo sus ojos anegados de lágrimas, y con fingida calma le acarició las mejillas con suavidad para secárselas. Hacía que se le revolviera el estómago verlo en ese estado. Así que tomó conciencia de sus actos y se inclinó para besarle en la frente.

—Espérame, no tardo —susurró antes de apartarse.

—Unn… —asintió con una leve sonrisa.

Y aunque sabía que regresaría pronto, no quería alejarse de su lado. No ahora que había vuelto; no ahora que parecía que todo iba a ir bien realmente, como le dijo Naruto. Por lo que no quiso reprimir el impulso que tuvo, y le puso las manos en las mejillas de nuevo para atraerle y darle un beso en los labios.

Hubo de hacer un colosal esfuerzo para separarse de nuevo, y darse la media vuelta, rompiendo el contacto visual con él para salir del coche. Pero cuanto antes entrara, antes regresaría.

Todo el cuerpo le burbujeaba con tal de volver a su lado, casi había olvidado esa sensación.

Y sabía que Naruto le iba a esperar ahí, pero no pudo evitar girarse a mirarle una vez más antes de abrir la verja y entrar a su casa.

—Ya he vuelto —dijo al aire nada más cruzar la puerta.

Aún no había terminado de quitarse las zapatillas cuando ya notó el aroma de la carne a la plancha inundando el ambiente.

—Bienvenido —contestó su madre desde la cocina.

E hizo que se sintiera culpable: se le había olvidado avisarla, y seguramente estaba cocinando la cena… para los dos.

Así que de inmediato dirigió sus pasos hacia allí.

Sabía que estaba siendo egoísta pero, aún así, quería pasar todo el tiempo que pudiera con Naruto ahora que podía. No quería dejar pasar ni un sólo segundo si estaba en sus manos.

—Mamá, esta noche me voy a quedar e-

Sin embargo, no llegó a terminar la frase.

Cuando atravesó el marco de la puerta vio que no estaba sola.

—Bienvenido, Sasuke —le saludó con una sonrisa Kurenai.

Sintió que se le pusieran rojas hasta las orejas, quedándose tieso ahí.

Tenía la mesa llena de papeles. Debían de estar hablando de la empresa…

—Unn, hola…

—¿Vas a pasar la noche fuera? —preguntó su madre.

—Unn… —asintió levemente, apretando algo más el agarre sobre la correa de su bandolera.

Por los Dioses esperaba que no le pidiera más explicaciones con la otra delante.

—Vaya… Y yo que estaba haciéndote ya la cena…

—Pónmela en un bento —respondió al instante.

Antes de que pudieran preguntarle nada más, se dio la media vuelta y salió enflechado hacia el piso de arriba.

Hubiera preferido cenar cualquier cosa que pudiera cocinar Naruto… Pero a partir de ahora debía controlar algo mejor lo que comía cuando estaba fuera de casa. Y también debía dejarle saber qué cosas eran las que podía comer y las que no. Pero especialmente las que no debía bajo ningún concepto.

"¿Qué dirá…?", rumió para sí al sentarse en la cama, y sacar el pastillero de su mesita.

¿Se enfadaría Naruto cuando se lo contara? ¿O le miraría con esa cara de decepción con la que le miraban su madre y su hermano cuando hacía algo que no debía…?

Fuere como fuese… tenía que compartir más cosas con él. Confiaba en él.

Aún así no pudo evitar que le bajaran los ánimos tras tomarse su medicación, y buscar una muda limpia para el día siguiente. Y es que… aunque quisiera estar con Naruto más tiempo… A más tardar tendría que volver al día siguiente por la noche; el miércoles tenía que ir a la clínica, para enchufarse a esa odiosa máquina…

Antes de volver a sumirse en aquella espiral, sacudió la cabeza y comenzó a llenar su mochila: el pijama, una muda, la crema hidratante, la carpeta con su información médica… y el pastillero.

Se sentó otra vez al borde de la cama y lo abrió para cerciorarse de que estaba bien rellenado, a pesar de que no iba a necesitarlas todas. Acostumbraba a tener las dosis completas para un par de días en esa cajita, por si acaso, por lo que fue completando los huecos allá donde faltaban.

No pudo sino quedarse un tanto meditabundo al venirle de nuevo a la cabeza la reacción que pudiera tener Naruto… Siempre se las había arreglado para que no se diera cuenta de todas las pastillas que había de tomarse, encerrándose en el baño o yendo a la cocina cuando sabía que le iba a dar tiempo suficiente para tomárselas sin el rubio cerca. No había tenido más remedio que dejarle ver cómo se tomaba un par, puesto que tenía que tomarlas durante las comidas…

Ya podía sentir sobre él esa mirada acusatoria cuando viera cómo era realmente su día a día. Lo que provocó que suspirase profundamente de nuevo.

Cuando estuvo ya resuelto ese asunto, guardó la cajita en la mochila y, ahora sí, salió a prisa de allí para dirigirse a la planta inferior.

Fue cuando pasó por delante del salón, camino de la cocina, que recordó a los bichos de su hermano.

—Mamá, ¿le has dado de comer a los peces?

—Ah, cielo santo. No, se me ha olvidado, hijo.

Entonces, al redirigir sus pasos hacia el interior del salón, se percató de que la nena estaba ahí, durmiendo en el sofá. Por completo le había pasado por alto su presencia.

Todo lo sigiloso que pudo, se acercó de puntillas y se encaramó al sofá, con todos sus sentidos puestos en la niña para evitar que se despertara. Le sabía mal, pero si se diera cuenta ahora de que estaba ahí, de seguro se pondría a llorar si se marchaba sin pasar un rato con ella. Y no quería hacer esperar más de lo estrictamente necesario a Naruto.

—¿Con quién te quedas? —le preguntó su madre por lo bajo al entrar, con su bento en la mano.

Y con aquella simple pregunta, sintió que se le acelerase el pulso. Ahora su madre sabía que el dobe no era un amigo cualquiera… Y que diciéndole que se iba con él, ahora podría hacerse una idea bastante aproximada de en qué era que pasaba el tiempo estando con su rubio. Aún podía sentir el calor de su cuerpo sobre el suyo propio, así que no pudo evitar sentirse algo acalorado.

—Con Naruto —respondió en un murmullo, no queriendo apartar la vista del acuario.

—Oh… —se detuvo a un par de pasos de él, quedándose en silencio por un momento. —¿Ya ha vuelto? ¿Está fuera? —le preguntó bajando algo más el tono.

—Unn…

—¿Y por qué no le has dicho que entrara para esperarte? —le dijo con un tinte de reproche en su voz.

A lo que simplemente se encogió de hombros. No podía explicarle que se sentiría algo incómodo de tenerlos a ambos en la misma habitación, por un lado siendo consciente de lo abochornado que podría sentirse Naruto, quien muy seguramente estaría rememorando exactamente lo mismo que él en ese momento; y por otro, tener a su madre al lado a sabiendas de que podría imaginarse —muy aproximadamente— lo que hacían ambos cuando estaban solos.

No.

Era demasiado.

Por ahora.

Y a pesar de que sentía que le ardieran las mejillas, se giró a recoger el bento que le tendía su madre tras escucharla suspirar con resignación.

—Dale las gracias de mi parte —le dijo con una suave sonrisa, apartándole el flequillo de la cara.

Gesto que le pilló por sorpresa, y le dejó sin palabras por un momento.

Ambos se quedaron mirando fijamente a los ojos durante unos segundos; los que necesitó para comprender lo que realmente quería decir.

Y es que… Era bien consciente de lo diferente que era todo cuando estaba con él. Tanto, que no necesitaba esforzarse en aparentar nada. Tanto, que no necesitaba fingir estar de buen humor. Tanto… que seguramente su madre podía sentirse más tranquila; tranquilidad que le transmitía él mismo al no estar tan absorbido en su propia desesperación.

—Unn —asintió levemente, guardando el bento en la mochila.

Seguramente, ni Naruto mismo era consciente de todo lo que había hecho por él en todo ese tiempo, de lo realmente agradecido que se sentía de su sola existencia, y de lo verdaderamente agradecido que se sentía de que le hubiera elegido a él.

—Se lo diré —dijo con determinación.

—Cuídate, cielo —le contestó ella, acercándose a darle un abrazo.

—Mamá… Sólo voy a pasar una noche fuera —le dijo con falso reproche.

Aún así, le devolvió el abrazo. Seguía sin poder creer que toda esa distancia que parecía estar separándolos hasta ahora, se hubiera disipado en tan poco tiempo, y que le hubiera contado a su madre lo de Naruto. Menos aún podía terminar de creer que lo estuviera aceptando tan de buena gana… Aunque se sentía agradecido por ello. Ya no tendría que ocultarse más de ella.

Y entonces, pensó, que si hubiera sido lo suficientemente valiente y se lo hubiera contado antes… se habría ahorrado de hacerla padecer, pudiendo haberle explicado el por qué de sus idas y venidas de humor de las últimas semanas. Si bien ya debía de estar haciéndose una idea aproximada de qué podía haber estado ocurriendo en aquellos días, en los que Naruto comenzó a venir a buscarle…

—Llámame si necesitas cualquier cosa —le dijo ella cuando se separó.

—Tranquila, mamá —le sonrió levemente.

Y es que, de verdad, no tenía de qué preocuparse estando con Naruto. A estas alturas estaba seguro de que aunque fuera a las tres de la madrugada, si tenía alguna emergencia no haría falta decir ni media palabra para que Naruto se pusiera en marcha.

Supo que quería decirle algo más por la forma en la que se quedó mirándole a los ojos, sus labios moviéndose levemente como si fuera a decir algo, pero fuese lo que fuese, no lo pronunció. En su lugar, de nuevo le abrazó fuertemente. Aunque esta vez fue tan corto que no tuvo tiempo ni de reaccionar, e igual de fugaz fue el beso que le dio en la mejilla.

—Pásatelo bien —dijo con una suave sonrisa.

Acto seguido le agarró por los hombros para darle la media vuelta, y comenzó a empujarlo hacia la salida.

—Mamá, ¿qu-?

—Avísame si vas a venir mañana a comer —le dijo antes de desviar sus pasos a la cocina.

Se sintió tan descolocado con su comportamiento que por un momento se quedó ahí, en medio del pasillo, sin saber qué hacer. No sólo es que no le pidiera explicaciones, ni que no le importara que se fuera con Naruto —a sabiendas de lo que podía pasar entre ellos estando solos—... Si no que le urgía a que se marchara con él.

Como si llegara una brisa de aire fresco, hinchó los pulmones todo lo que le daban de sí, y una sonrisa se le formó antes incluso de que fuera consciente.

A prisa, se despidió de las mujeres encaminándose hacia la salida. Y de igual modo se puso las zapatillas, y marchó al coche, dándole un par de golpecitos al cristal en cuanto llegó para que Naruto le abriera la puerta, si es que no lo había hecho ya. Y con igual urgencia se metió dentro, cerrando tras de sí.

—Naruto —se giró hacia él nada más colocó a sus pies la mochila.

—Dim-

Pero no le dejó tiempo siquiera de responder. Le cogió de las mejillas para hacerle girarse, y que le mirase a los ojos.

"Te quiero", quiso decir.

Sin embargo… A pesar de toda la determinación que traía, fue incapaz de decírselo a la cara. Por teléfono no fue tan difícil, pues Naruto no podía verle…

Además, esas palabras no eran algo que quisiera decir una y otra vez, como algo mecánico.

No.

No quería que perdieran el significado que realmente tenían.

Así que, en su lugar, le atrajo hacia sí y le besó en los labios con ternura.

Y es que de todas maneras, aunque quisiera expresar con palabras todo lo que sentía por él, tenía la firme convicción de que no existía palabra alguna que describiera con exactitud todo lo que Naruto representaba para él.

Debía de darle la razón al dobe cuando decía que no sabía explicarle lo que quería decir 'querer' para él. Incluso 'amar' se quedaba corto a su entender. Sabía con certeza que amaba a su madre y a su hermano. Y a Naruto también, pero ése 'amar' estaba en un nivel totalmente diferente de lo que habría esperado de una pareja. Era mucho más.

Pensamiento que cobró fuerza cuando al separarse un tanto de él, vio cómo se le escapaban las lágrimas a pesar de estar sonriéndole.

—¿Por qué lloras, dobe? —le devolvió una suave sonrisa, secándole las mejillas con la manga.

No es que necesitara realmente preguntárselo. Sabía perfectamente cuál era la respuesta…

—Porque te quiero —dijo con obviedad.

… Porque Naruto sentía lo mismo también.

Porque estaba seguro que aunque no lo hubiera vocalizado, Naruto le había leído como un libro abierto durante ese par de segundos que le había mirado a los ojos.

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SASUKE

Lunes, 20 de octubre

21:50

Era "la hora de la peli", o "del dorama", o de "la pereza". O más bien dicho: la hora de cualquier cosa en realidad.

Era ésa hora, la que tanto había echado de menos, en la que se quedaban ambos ahí, tirados en el sofá, abrazados el uno al otro hasta que caían rendidos.

Aunque llevaban ya un buen rato en silencio, Sasuke completamente convencido de que Naruto no se estaba enterando de lo que estaban viendo, abrazado a su espalda y dejándole algún que otro beso en el cuello o en el hombro de vez en cuando.

Durante la cena, y a pesar de todo el nerviosismo que sintió al sacar su pastillero… Naruto había comenzado a preguntarle sobre su medicación. Ya un rato antes de sentarse a la mesa quiso dejarle ver que se tomaba la pastilla para el estómago para ver cómo reaccionaba. Y aunque en un principio no le dijo nada, al parecer no pudo contenerse más cuando, a mitad de plato, se tomó el fijador para el fósforo.

Lo encontró lógico, y de hecho, lo había estado esperando. Aunque lo que había esperado de Naruto es que quizá le recriminara el ocultar durante tanto tiempo algo tan esencial para él, como lo era el respirar. Sin embargo, tras explicarle para qué servía la pastilla que se acababa de tomar, siguió preguntando por el resto que tenía ahí: las vitaminas, el calcio, la de la tensión, los diuréticos…

Por momentos pensó que quizá se estuviera enfadando por cómo se le fruncía el ceño. Claro está, hasta que relajaba el gesto cuando parecía comprender realmente lo que le estaba explicando.

Pero desde que terminó con la explicación no había vuelto a decir nada al respecto, tal vez digiriendo todo lo que le había dicho.

Nadie se paraba nunca a replantearse todas las funciones que cumplen los riñones… Hasta que se tiene un problema: pérdida de calcio, anemia, tensión alta al acumular tanto líquido en el cuerpo, afecciones cardiovasculares… Por nombrar unas pocas.

Sin embargo, Naruto debía saber ya que si tenía alguna pregunta le iba a responder… Por eso se mantuvo a la espera de que fuera el rubio quien dijera algo.

Quizá, pensó para sus adentros, había sido demasiada información de golpe… O quizá se estaba agobiando él solo.

—Naruto —se giró un tanto para poder mirarle a la cara—, ¿estás bien?

—Unn… —asintió levemente sobre su hombro, estrechándole un poco más en su abrazo. —¿Por?

—Estás muy callado.

—¿Y eso es malo? —preguntó con franqueza.

Tanta, que de repente se dio cuenta de que el único que había estado recalentándose las neuronas había sido él, no Naruto. De hecho, de verdad le sorprendía lo bien que parecía estar tomándose todo aquel asunto.

—Quizá —dijo resuelto con buen humor.

Y antes de que pudiera evadirle, se retorció un poco más para llegar a agarrarle de la oreja y tirar un poco de ella.

—¡Au!

—¿Seguro que no te has dado ningún golpe en la cabeza estos días?

Por un instante, pudo ver claramente cómo la confusión se apoderó de Naruto para acto seguido inflar los mofletes en una de sus rabietas… Si es que era adorable cuando quería.

—¡Yo no me he dado ningún golpe, cretino!

Sabía lo que venía a continuación. Conocía lo suficiente a Naruto. Pero a pesar de la anticipación, intentando cubrirse los costados… Aquel le empezó a pinchar en su punto débil, a duras penas pudiendo contener la carcajada.

—¿No? —quiso disimular, atacándole él también.

Y Naruto sí que no pudo contenerse. Empezó a reír en contra de su voluntad, no sin maldecirle entre risas.

—¡Que no, cretino! —dijo como pudo, retorciéndose en un vano intento de escapar. —¡Pensaba qu-! ¡Pensaba que querías ver la película!

Y sin poder —ni querer— remediarlo, se vio arrastrado por Naruto, que le abrazó con fuerza para que dejara de hacerle cosquillas, rodando ambos por el sofá. Hasta que el dobe se quedó sentado sobre su vientre, cogiéndole de las muñecas para neutralizar su contra-ataque.

En parte le gustaban estos juegos con los que siempre se enzarzaban en una batalla de cosquillas. Le aligeraba tanto el alma la risa de Naruto que tenía la firme convicción de que nunca se cansaría de escucharla.

Sin embargo, en ese momento, y después de lo que habían compartido en la tarde… No pudo evitar sentirse excitado. Quería volver a sentir la calidez de su cuerpo, piel con piel, envolviéndole por completo. Y sentir el tacto de sus manos recorriéndole entero.

A cada segundo que pasaba, sentía cómo todo su ser comenzaba a cosquillearle, reclamando las atenciones de Naruto.

Y aquél pareció captar el mensaje en el acto, pues no tardó en inclinarse sobre él para besarle en los labios.

Aún no se explicaba qué fuerza sobrenatural era ésa que siempre le empujaba a querer buscar el contacto con él… Pero se alegraba enormemente de que Naruto fuese capaz de leer el aire tan fácilmente. Sería frustrante si tuviese que vocalizar cuánto anhelaba estar abrazado a él, pues dudaba sobremanera que fuera capaz de pronunciar una sola palabra acerca de sus propias necesidades.

Por eso no pudo retener un suspiro de alivio cuando el rubio buscó pasarle el brazo bajo el cuello, envolviéndole en un cálido abrazo.

Y comenzó a besarle de nuevo en los labios. Con calma, como siempre, como todos esos besos que habían compartido desde el principio; simples roces, caricias, que le hacían sentir todo el cariño y el respeto que Naruto le tenía. Pero en algún momento, no supo quién de los dos fue el que comenzó a intensificarlo, haciendo que de repente el ambiente fuese terriblemente pesado, encontrándose con que todo el cuerpo de aquél ardía. Igual que el suyo propio.

Hubo de apartarse del beso para poder respirar. Comenzaba a sentir que le faltase el aire.

—¿Estás bien? —le susurró Naruto, chocando su ardiente aliento contra la piel de su cuello.

—Unn… —asintió levemente.

Y es que no era desagradable la sensación.

No del todo.

Pero es que su corazón latía frenético y, en esos momentos, no sabía si emocionarse y dejarse llevar por todo lo que Naruto provocaba en su ser, o si sentirse aterrado, pues tenía la firme impresión de que en cualquier momento se le fuera a parar. Era una sensación extraña ya que nunca antes la había experimentado con nadie, hasta hacía un par de semanas, cuando intimaron algo más por primera vez.

Sin duda, pensó, todos los que habían estado con Naruto alguna vez y le habían desechado como si no fuera más que un juguete roto, debían estar locos. Aunque tanto que mejor para él. No tenía ni idea de cómo podrían haber sido todos esos encuentros que Naruto hubiera podido tener, pero sintiéndolo recorrerle el cuello con sus labios, y el pecho con sus manos… De esa forma tan gentil a la vez que firme…

Sin importar a qué plano lo llevase —físico o emocional—, Naruto era el mejor de los amantes. De eso no tenía ninguna duda.

Pero de momento… Sasuke recargó su peso sobre su costado derecho, haciendo que ambos rodaran por el sofá hasta que quedó sobre él, y tomar así un poco más de control sobre todo aquello. Realmente se sentía algo sofocado con sus propias emociones.

Lo que no esperó ver fue la cara de confusión que puso Naruto.

Claro que no reparó en su acción antes de llevarla a cabo, ni en el hecho de que iban a quedar en esa postura: él sobre Naruto, con sus caderas perfectamente encajadas…

—Me falta el aire —quiso aclarar antes de que llegara a otras conclusiones.

—Unn… —asintió levemente.

Ya había rumiado antes que esto era algo que deberían hablar algún día. Sasuke quería que el otro sintiera el mismo placer que sentía él. Pero comprendía que para Naruto el sexo era algo más que una simple liberación de hormonas. Así se lo había hecho entender hasta ahora. Y así lo sentía también estando con él. Hasta ahora, tener sexo con alguien no había sido tan relevante como lo era con Naruto.

A Sasuke no le importaba en lo más mínimo quién fuera el que recibiera al otro, pero intuía que para Naruto era algo más difícil de asimilar. No le era complicado comprender por qué en realidad. Pero tampoco sabía si era algo que hubiera hecho alguna vez…

Con sumo cuidado, atento a cualquier gesto que le pudiera transmitir incomodidad en el otro, fue dejando su cuerpo reposar sobre aquél, soportando parte de su peso con los codos y sin apartarle la mirada. Ya le había dicho en alguna ocasión que no haría nada que él no quisiera, así que esperaba que captara el mensaje.

No fue hasta que sintió las manos de Naruto acariciarle por los costados que se sintió seguro de inclinarse y besarle suavemente en los labios de nuevo.

Quería hacerle suyo… Quería ser él quien provocara los gemidos que se le escaparan de la garganta de puro placer… Pero no quería herirle de ninguna manera, nunca más.

Exhalando lenta y profundamente, se irguió lo suficiente como para poder llegar a apartarle el flequillo de la frente, y le dejó ahí un beso, presionando los labios contra su piel.

Le resutaba frustrante tener que vocalizar lo que sentía, pero le frustraba más aún que Naruto se sintiera incapaz de hablar sobre estos temas.

—Sasuke —le llamó en un murmullo.

Pero de nuevo selló los labios.

De veras que no entendía cómo podía llegar a ser tan tímido, cuando por lo general se expresaba alto y claro sobre cualquier otro asunto. Aunque… Claro. Sasuke siempre había tenido a alguien con quien hablar de ello, si no sus amigos, su hermano. Itachi nunca había tenido pelos en la lengua, y cuando empezó a entrar en la pubertad, no dudó en explicárselo todo bien. Más, cuando empezó a salir con Sakura. Por seguridad más que nada. Y Sakura era otra… Cuando se marchó y empezó la carrera, y creó el grupo de chat con Karin y con él, durante los primeros meses se entretuvo contándoles a ambos sus nuevos descubrimientos acerca del cuerpo masculino… y sus puntos más sensibles.

Sin embargo Naruto, ¿con quién podía hablar? ¿Con su madre? Sabía que eran cercanos… Pero dudaba sobremanera que Naruto hablara con Kushina sobre los temas concernientes a su pene.

Y precisamente, una palpitación proveniente de su entrepierna fue la que le sacó de sus pensamientos.

—Oh… —no pudo ocultar su sorpresa, sin apartar los ojos de aquellos celestes que le miraban con pavor.

O más bien con vergüenza, ya que no pasaron ni dos segundos cuando Naruto apartó la cara a un lado, rompiendo el contacto visual con él.

Y dejándole todo el cuello expuesto.

Sasuke no se lo pensó dos veces, y quiso aprovechar esa oportunidad. Si Naruto era incapaz de vocalizarlo, haría que fuese su cuerpo quien le respondiera. Así que aguzó todos sus sentidos al tanto que se inclinaba de nuevo para besarle en la piel expuesta, presionando levemente las caderas con las de aquel, que exhaló lentamente todo el aire de sus pulmones.

—Cretino —murmuró.

Pero igualmente levantó las caderas para presionar más contras las suyas.

Bien.

Al menos de momento no parecía estar incómodo con la situación. Así que no quiso darle ni un sólo pensamiento más y le recorrió costado abajo con una mano, hasta llegar a la nalga y darle un buen apretujón. Parecía que el dobe aún no se había dado cuenta, pero le ponía muchísimo lo firme que tenía los glúteos. No se cansaría nunca de aprovechar cualquier oportunidad para tocarlos.

Y antes de que fuera realmente consciente de ello… Se encontró buscando sus labios para besarle casi con desesperación. Ni en un millón de años se habría imaginado que Naruto fuera a dar su consentimiento en una situación así, sin más, lo que provocó que, de repente, se sintiera completamente ansioso por saber hasta dónde le permitiría llegar.

Aún así, en un momento de lucidez mental, se recordó a sí mismo sus propias palabras, mirándole fijamente a los ojos y dejando reposar la frente con la suya.

—No voy a hacer nada que tú no quieras —repitió de nuevo, esta vez en voz alta para que le escuchara y no hubiese ningún malentendido.

Acto seguido, le besó suavemente en los labios. Pero al contrario que en todas las otras ocasiones, esta vez ninguno de ellos cerró los ojos. Sin decirse nada, pero entendiendo perfectamente lo que pensaba el otro.

Sasuke sabía que Naruto era consciente de lo que quería hacer. Y aunque no le dijera nada, en cierto modo Sasuke sentía que lo que estaba por ocurrir tenía aterrorizado a Naruto: desde el momento que le dijo esas últimas palabras, las manos del rubio se quedaron aferradas a sus costados; en parte no dejándole despegarse de él, y en parte no permitiéndole acercarse más —como Sasuke quisiera— para estar completamente pegado a su torso.

—Confía en mí —le pidió sin despegar la mirada de sus ojos, que le observaban atentos.

Pero Naruto no le contestó. Tan sólo asintió levemente, completamente serio.

Quizá era demasiado pronto para él algo así, pensó Sasuke. O quizá era algo de lo que se fuera a arrepentir Naruto si la cosa no iba bien.

Y apunto estaba de desistir cuando aquél se alzó lo suficiente para besarle en los labios, antes de volver a dejar caer la cabeza sobre el colchón, relajando un tanto las manos sobre sus costados y arrastrando su camiseta hacia arriba.

—No me importa si es contigo —dijo en un susurro, paseándole las manos por la piel expuesta de su espalda, de forma nerviosa. —Es sólo que…

Pero de repente, sus labios se sellaron, apartándole la mirada.

—¿Es sólo que…? —le presionó a continuar pasados unos segundos.

Y no sabía si es que era la vergüenza de hablar sobre esos temas lo que le impedía seguir, o si había algo más tras su comportamiento.

Hasta que se percató de cómo poco a poco, su ceño se iba frunciendo más, en la misma medida en la que sus labios se apretaban. Y no pudo si no suspirar, al tiempo que se inclinó para besarle en la sien.

"Dobe…"

—¿Tienes miedo? —quiso confirmar sus sospechas.

Y hubo de retener un nuevo suspiro cuando asintió levemente.

—Naruto, no tenemos que hacer nada si no quieres —le dijo tras darle un suave beso en la mejilla.

—Sí que quiero, pero…

Y volvió a quedarse callado.

Esta vez Sasuke dejó escapar el suspiro de pura frustración.

No sabía si es que simplemente era un cabezota, y quería ser indulgente con él, o realmente le estaba diciendo la verdad pero había algo más que le hacía contrariarse.

Pero sentía que ésta era la ocasión perfecta para interrogarle, así que no quiso dejar escapar la oportunidad.

—Dime, Naruto... —susurró al tiempo que le acariciaba por la nuca.

Aunque rumió que quizá sería mejor mirar hacia otro lado para que no se sintiera tan cohibido, o al menos no tan expuesto como seguramente se sentiría cuando escuchara su pregunta. Así que dejó reposar la cabeza sobre su hombro para no mirarle directamente.

—…¿alguna vez has dejado que te lo hagan?

Y ya sabía que no iba a recibir una respuesta efusiva, pero el silencio que siguió hizo que suspirase de nuevo con frustración.

—Unn…

Hasta que le sintió asentir.

Vale.

El dobe estaba dispuesto a desembuchar.

—Y… —quiso indagar un poco más—, ¿hace mucho de eso?

De nuevo, aquél asintió levemente. Pero para su sorpresa, esta vez le contestó con palabras.

—Cuando tenía dieciséis, con mi ex.

Vale… Ya podía hacerse una idea de por qué le aterraba la situación.

Con esa edad, aquellos encuentros no podían haberle ido muy bien que se diga. Completamente inexpertos ambos, le resultaba imposible creer que Naruto hubiera podido disfrutar realmente de la experiencia.

—¿Y tu ex lo había hecho antes con alguien? —quiso confirmar.

A lo que Naruto negó con la cabeza.

Bien. Era obvio que lo que debió ocurrir fue simplemente que aquello debió resultarle completamente doloroso, por mucho que quisiera hacerlo en aquel entonces, y por mucha curiosidad que hubiera podido tener.

Y también comprendió ahora la forma tan cuidadosa y atenta con la que Naruto se lo había hecho antes, tomándose su tiempo antes de penetrarle. Le costaba creer que se hubiera atrevido nunca ni siquiera a desvestirse delante de un extraño, arriesgándose a que tal vez le tomaran por la fuerza.

—¿Y cómo fuiste capaz de acostarte con nadie sin saber lo que buscaban de ti? —no pudo reprimir la pregunta, a lo que aquel simplemente se encogió de hombros. —Podrían haberte violado, dobe.

—Tuve suerte —se encogió de nuevo.

Lo que provocó que le diera un tic en la ceja por un instante.

Ese pedazo de… ¡Dobe! Era un completo inconsciente. Cierto era que él mismo fue buscando a alguien con quien intimar por la simple curiosidad de saber qué se sentía. Pero al menos su primera vez fue con Yahiko, quien ya tenía experiencia de sobra en el sexo y era alguien de su plena confianza. Y los otros chicos con los que había estado tampoco es que se fiara completamente de ellos, pero al menos los conocía de clase, y sabía que no le harían nada de lo que luego se pudiera arrepentir. Aunque fuera tan sólo sexo lo que buscaban, y nada más.

Por eso no pudo reprimir el darle una colleja. Debía cuidar un poco más de sí mismo.

—Dobe —le dijo con reproche.

—¿Qué más da ya? —se giró a mirarle con un puchero. —No pienso volver más a ese sitio.

Relajando un tanto el entrecejo, que sin darse cuenta se le había ido frunciendo, exhaló lenta y profundamente.

En verdad no podía reprocharle nada. Después del acoso que sufrió en el instituto, encontraba normal que Naruto no quisiera involucrarse con nadie durante una buena temporada. Debió ser realmente aterrador, por lo que buscar a alguien con quien compartir algo más que simple sexo debió ser prácticamente imposible para él en aquel momento. Y ciertamente, para reponerse de un acoso así, debió llevarle bastante tiempo. Bueno, "reponerse" en cierto modo, porque todavía era un miedo que parecía superarle en ocasiones.

—¿Qué pasa? —preguntó Naruto, destilando preocupación en la voz. —¿Te has… enfadado?

—No —le sorprendió la pregunta—, ¿por qué habría de enfadarme?

—No sé… —murmuró algo nervioso.

O quizá asustado, pues hubo de carraspear para aclararse la garganta.

—¿Te he decepcionado?

—No seas tonto —dejó escapar el aire más aliviado al creer entender ahora la pregunta. —¿Porque te has acostado con otros antes de mí? —alzó una ceja, y no pudo sino dejar escapar una suave risa de incredulidad al asentir Naruto, aún nervioso, esperando su respuesta. —Te recuerdo que yo no te he estado esperando en castidad —dijo burlón. —Además, no podría estar celoso de ellos aunque quisiera, dobe. Si no fuera por eso, no serías quien eres ahora, ¿no crees?

Y quería decir aquello en todos los sentidos.

Si no fuera por esa experiencia previa que tenía, quizá no sería capaz de robarle el aliento como lo hacía con cada caricia que le daba. Quizá, si no fuera por ese club, o asociación, o como lo quisiera llamar él, pudiera ser que incluso fuera más retraído de lo que ya era y le hubiera sido imposible incluso mantener una conversación con él. Si no fuera por esas experiencias que vivió allí, Naruto no sería el mismo que tenía ahora delante. Sería otra persona, quizá muy diferente. En cuyo hipotético caso, quizá, ni hubieran comenzado a salir juntos, y ahora no podrían compartir estos momentos de intimidad que tanto adoraba.

No sabía si algo de ese hilo de pensamiento fue lo que captó Naruto, aunque esperaba que así fuera, pero el caso fue que comenzó a ponerse rojo como un tomate. Si es que era adorable cuando quería.

Sin embargo, no quiso compartir aquel pensamiento que le había distraído con él para no poner el dedo sobre la llaga. Bastante tenía ahora mismo con lo que lidiar Naruto.

—No es nada —quiso reconfortarle, inclinándose de nuevo para darle un beso. —Sólo que vamos a necesitar bastante lubricante —dejó escapar una risilla maliciosa, al tanto que se contoneaba levemente sobre él.

Risa que acompañó Naruto, algo más comedido por el evidente nerviosismo que debía de sentir.

Por lo que, antes de que pudiera devorarle la ansiedad, se incorporó, arrastrando a Naruto con él agarrándole de las manos, y le dio un beso más fugaz en la mejilla, antes de darle una suave palmada en el brazo.

—Va —le urgió apartándose de encima para que pudiera levantarse.

Y Naruto salió disparado del salón.

Debía estar realmente histérico pues pudo escuchar claramente un golpe tras el cual siguió un mal contenido gemido.

"Dobe…", rio para sus adentros.

Pero tan sólo rio un segundo, porque como el bobo no se relajara… Le iba a hacer daño de verdad.

—Naruto, trae también una toalla —alzó la voz lo suficiente para que le escuchara.

—¡Voy!

Sin embargo, toda la confianza que había sentido hasta ese instante… Pareció desinflarse en el momento en el que agarró el borde de la manga para quitarse la camiseta.

Por la tarde no tuvo tiempo de pensarlo, pues aún estaba medio dormido… Pero… ¿Estaba... manchada? ¿Se habría dado cuenta Naruto de la gasa de su brazo? Si bien era una pregunta que no le iba a hacer de ninguna de las maneras. Tanto si Naruto lo había visto, como si no, no quería saberlo.

Alzó la vista cuando sintió los pasos del otro acercarse por el pasillo, y no pudo evitar quedarse mirándole a los ojos durante unos segundos. Cosa que pareció incomodarle, pues le apartó la mirada en el acto, quedándose de pie junto al marco de la puerta.

—Apaga la luz si quieres —le dijo al percatarse de dónde tenía puesta su atención.

Sugerencia que pareció no pensar dos veces, pues de inmediato apagó el interruptor, acercándose más lento de lo que se había levantado…

No pudo evitar morderse el labio y suspirar profundamente, debatiéndose entre el deseo y el remordimiento, tras apagar Naruto la televisión, antes de sentarse junto a él de nuevo.

A pesar de que tan sólo podía discernir su silueta en contraste con la tenue luz que entraba por el balcón, no pudo sino sentirse algo más inquieto que antes, por la postura que adoptó: sentado, cerca del borde, en completo silencio, como tratando de mentalizarse.

Casi podía cortar la tensión con un cuchillo.

"Dobe…"

—Naruto —le llamó al tiempo que se sentaba junto a él—, ¿y si lo dejamos para otro momento?

—¿¡Qué!? ¿Por qué!?

—Porque no quiero hacerte daño.

—¡Pero y-!

—Estás muy tenso, dobe —le cortó antes de que pudiera seguir.

Y para que no malinterpretara sus intenciones, se inclinó para besarle, acariciándole brazo arriba hasta llegar a su cuello.

—Podemos divertirnos de otra forma —le dijo con media sonrisa, separándose un tanto.

Al fin y al cabo, el sexo no constaba sólo de la penetración. Incluso no la encontraba necesaria, en absoluto, se le ocurrían mil maneras de hacer que ese dobe gimiera de placer. En ese aspecto, debía darle las gracias a Yahiko por haberle enseñado alguna que otra cosa.

—Hmmm… —rumió aquél, no muy convencido.

Sus ojos ya se estaban habituando a la penumbra, por lo que pudo discernir el puchero que puso, mirándole fijamente.

Con todo el labio sobresaliéndole.

No quiso reprimir el impulso que le dio y le mordió con suavidad, tirando levemente. Sólo de empezar a planear, hacía que se le escapara la sonrisa sola, notando ya cierto calambrillo por su bajo vientre. Si Naruto supiera de sus intenciones, de seguro no estaría tan disconforme.

—¿Alguna vez te han dado un masaje? —le preguntó entre beso y beso por su mejilla, rozando sus labios por la piel.

—Sí, ¿por qué?

Sasuke no pudo evitar que se le escapara una risa ahogada. Estaba completamente convencido de que Naruto no había entendido bien su pregunta.

—Me refiero a un masaje… —le susurró cerca del oído, enredando los dedos con el pelo de su nuca—, … de cuerpo entero.

—Ah.

Y por el silencio que siguió, supo que ahora sí que le había entendido. Pero sólo por si acaso, siguió arrastrando los labios por su piel, apenas rozándola, hasta llegar a su cuello y dejándole ahí un par de besos.

—Si te portas bien —le susurró al oído al tiempo que descendía la mano por su costado, no pudiendo contener una sonrisa—, podría acabar con final feliz.

Con esas últimas palabras, percibió con claridad cómo tomaba el aire por la boca y aguantaba la respiración. Casi podía sentir en sí mismo el escalofrío que debía de haberle dado.

Claro que no le iba a contar cuál era ese final feliz. Dependiendo de si conseguía que se relajara lo suficiente, quizá no hubiera de posponer nada…

—¿Has traído el lubricante? —le preguntó al tanto que se separó de él, llevando las manos a sus costados.

—Unn…

Bien.

Había llegado el momento.

Y debía reunir todo su autocontrol para no dejarse llevar por la excitación y hacerle disfrutar. Naruto necesitaba psicológicamente sentirse seguro con todo aquello, así que pensaba colmarlo de todo el cariño y cuidado que estuviera en su poder. No le hacía falta que se lo dijera nadie. Simplemente con verlo ahí, observándole en completo silencio, serio, y expectante de que fuera Sasuke quien hiciera algo primero, le bastaba para entenderlo.

Por eso le tomó de las mejillas para atraerle y darle un suave beso en los labios con ternura.

—Naruto, si no te sientes cómodo sólo tienes que decirme que pare, ¿vale?

—Vale.

"Bien", suspiró aliviado para sí.

Al menos ahora Naruto parecía estar algo más receptivo.

Así que, sin querer pensar más en ello, le atrajo para envolverle en un delicado abrazo y suspiró profundamente al tiempo que le daba un en la mejilla. No tenía prisa ninguna, al contrario, quería tomarse su tiempo para que Naruto pudiera relajarse.

Y para que pudiera disfrutarlo.

Por eso, al tiempo que volvió a besarle suavemente en los labios, de igual modo le acarició por el costado, colando la mano por debajo de su camiseta y subió las manos para quitarle la prenda, consciente de por dónde pasaba, llevándolas a su espalda para evitar así tocarle en alguna zona sensible por el pecho sin querer.

Quería que se excitara poco a poco, y que pudiera mantener esa sensación lo máximo posible. Y esperaba por los Dioses que después de esto, Naruto le perdiera el miedo.

Así pues, con tranquilidad y sin cesar sus besos, se fueron despojando de sus ropas, separando sus labios tan sólo cuando les era totalmente imprescindible. Casi pareciera que estuvieran llevando a cabo un ritual, sentándose sobre la toalla cuando terminaron de desvestirse, rodeándose ambos con las piernas del otro, fundiéndose en un contenido abrazo.

Después de un tiempo así, Naruto parecía más tranquilo. Al menos así lo entendió Sasuke, sintiendo sus manos por la espalda, acariciándole distraídamente, y dejándose reposar por completo contra su torso, con la cabeza apoyada en su hombro.

Si no fuera porque de vez en cuando sentía las pulsaciones del miembro de Naruto contra el suyo propio, y el profundo suspiro que dejó escapar, hubiera jurado que estaba a punto de quedarse dormido.

—¿Estás bien? —le preguntó al tanto que le acariciaba por la nuca.

—Unn… —asintió levemente. —Me gusta estar así.

Y lo dijo de una forma tan espontánea, tan sincera, con una voz tan suave… Que no pudo evitar sentirse completamente satisfecho al haber conseguido su propósito inicial, dejando que se formara una sonrisa en sus labios de completo alivio.

—Me alegro —le respondió, dejándole un beso en la mejilla, acariciando con firmeza su espalda.

Sin embargo, a pesar de que él mismo se sentía completamente relajado y a gusto con la situación, tampoco quería que bajara la tensión por completo. Por lo que empezó a repartir más besos por su hombro, y hacia su cuello, no tan 'cariñosos' como antes.

Con cuidado, y sin cejar en sus caricias, se fue removiendo para que sus cuerpos se acercaran un tanto más, y así tener algo más de presión sobre sus sexos.

No le tomó demasiado tiempo hasta que Naruto se giró, buscando besarle en los labios, su respiración tornándose algo más elaborada.

Ya podía notar cómo la temperatura entre ambos iba subiendo, en la misma medida que el beso se tornaba más intenso. Tan sólo de sentir cómo la lengua de Naruto acarició la suya… Fue como si de repente entrara en ebullición. Todo el cuerpo le ardía, suplicando por aliviar esa tensión. Y el que Naruto comenzara a mecerse contra él, casi obligándole a seguir aquel suave contoneo…

"¡A la mierda todo!", maldijo para sus adentros.

Querría haberse tomado algo más de tiempo para disfrutar de ese momento, pero comenzaba a ser algo más parecido a una tortura, en lugar de placentero.

Por eso usó todo su peso para hacer que Naruto se tumbara sobre su espalda, a duras penas despegando sus labios de aquella tentación.

Sí, eso era. Una tentación.

Sentir lo que sentía por Naruto era un pecado capital. Y ardería en el infierno por ello, pero le importaba bien poco: así pasaría toda la eternidad recreándose en ese placer, comenzando a sentirse incapaz de retener los gemidos que se le acumulaban en la garganta.

Había querido reprimirse hasta ese momento, pues creía haber descubierto al menos un fetiche suyo, y no quería excitarle en exceso y prolongar aquello… Sin embargo, fue una tarea imposible. Su cuerpo se movía solo, meciendo las caderas sobre las del otro, buscando una mayor fricción entre sus sexos.

Así que… Al no haber más escapatoria ya, dejó que los jadeos escaparan libremente de su garganta para que pudiera escucharle bien. Si era algo que le excitaba, pensaba alimentar cada una de las fantasías que pudiera tener. Y no tardó en obtener la confirmación de sus sospechas, sintiendo la dureza del miembro de Naruto sobre su abdomen, y rodeándole aquél con las piernas para que sus cuerpos estuvieran en mayor contacto, como si es que acaso fuera posible.

Y por un instante, la mente se le nubló. Quería hacérselo ya. Quería sentirse dentro de él, y que se retorciera de placer con cada movimiento, arrancándole los gemidos con cada embestida.

No obstante, al separarse un tanto para alcanzar el bote de lubricante y volver a posar la vista en él… Pudo recobrar la lucidez mental, al ver cómo Naruto le observaba, intentando recuperar el aliento.

Estaba confiando plenamente en él.

Sasuke tomó una profunda bocanada de aire para oxigenarse un poco, y decidió colocarse a su costado. No se fiaba de sí mismo y poder controlarse si permanecía entre sus piernas.

Y Naruto aún no estaba preparado para recibirle.

Intentando reflejar la calma que no tenía, se tomó unos segundos para contemplar aquellos ojos.

Naruto era una persona cariñosa por naturaleza, de eso no tenía duda alguna, y se lo demostraba siempre con la forma que tenía de besarle y acariciarle. Anhelaba una liberación emocional y estaba sediento de afecto. Lo supo desde el mismo día en el que le invitó a su casa por primera vez. Aún y a pesar de que Naruto mismo no parecía ser consciente de ello.

Y podía entenderlo perfectamente. Veía en Naruto quien podría haber sido él si las cosas no se hubieran tornado de la manera que lo hicieron, siendo tan joven.

Aún así, a pesar de que Sasuke podía percibir todo ese reclamo de atención por parte de Naruto, le consideraba alguien fuerte y valiente. No cualquiera habría podido superar todo por lo que había tenido que pasar Naruto, sin el apoyo de nadie. Y que, a pesar de todo, aún tuviera el valor de afrontar cada uno de sus miedos casi sin vacilar.

Naruto era fuerte y tenía un alma pura a pesar de los todos los obvios fantasmas que le acechaban. Sabía lo que quería, y no tenía miedo de buscarlo tan pronto como tuviera la oportunidad.

Eso era lo que más le atraía de él. Esa energía que siempre desprendía sin importar qué, y esa inocencia que no había perdido, a pesar de los malos tragos por los que había pasado.

Con todo aquello rondándole por la mente, se inclinó para besarle, algo más calmado, acariciándole por el pecho y el abdomen, dejando que de nuevo se le escaparan los jadeos, chocando sus alientos entre sus bocas.

Pero al parecer Naruto no pudo soportar más la tensión, y agarró su mano para guiarla hacia su sexo y que le acariciara ahí. A lo que no pudo evitar reír de forma ahogada, al tiempo que comenzaba a masajearle.

—Joder, Sasuke... —maldijo en un murmullo entre jadeos.

Era… excitante. Nunca se habría imaginado que fuera tan estimulante tener ese poder sobre otra persona. Que con tan sólo dejar que le escuchara, fuera suficiente para tenerle a su merced. Aquello le hizo sentir de nuevo una corriente de sangre hirviendo recorriéndole el cuerpo, por lo que hubo de hacer un esfuerzo aún mayor por dominar sus impulsos.

No podía permitirse dejarse llevar todavía, si es que quería que Naruto lo disfrutara tanto como él. Aún no había visualizado en su mente dónde dibujar esa línea roja que no debía traspasar bajo ningún concepto… Pero supuso que sabría dónde estaba si llegaba el momento.

Con contenida calma, se separó un tanto de Naruto y se inclinó lo suficiente para rozarle los labios una vez más antes de comenzar a descender por su pecho bajo su observadora mirada. Saber que tenía toda su atención hizo que por un instante perdiera el aliento, pero no por ello vaciló, apretando los dedos a sus costados, incluso arañándole, mientras iba marcando el camino hacia su vientre con los dientes.

Era algo que no podía evitar, le excitaba poder morder por allá por donde podía cuando intimaba. Sabía de cierto que, una vez estimulado, no era para nada doloroso, al contrario. Aunque en ocasiones se replanteaba la idea de que, quizá, era algo un poco sádico de su parte. Pero no pudo complacerle más el hecho de que Naruto dejara caer la cabeza hacia atrás, sin siquiera tratar de disimular los jadeos, alzando un tanto las caderas.

¿Quién le iba a decir… que hasta en una situación así se complementarían tan bien?

"Al final va a ser masoca…", se guardó el comentario para sí, dándole un mordisco con medida fuerza en la ingle que provocó que, de nuevo, su miembro palpitara rabioso.

Empezaba a costarle ya mantener la cabeza fría. Ver a Naruto excitado de esa manera estaba haciendo que su cuerpo entero bullera, ansioso por ir algo más allá.

En un acto de lucidez mental, echó mano del bote de lubricante para abrir la tapa, antes de colocarse bien entre sus piernas y engullir su miembro casi por entero.

—Joder… —le escuchó jadear por lo bajo.

Cosa que le sacó una risa ahogada, con su sexo aún dentro de la boca.

—Cretino —le maldijo alzando un tanto la cabeza para mirarle.

Momento que aprovechó para mastubarle con la mano, lamiendo hasta la punta, sin apartar los ojos de los suyos. Sabía que aquello era algo que casi ningún hombre podía ignorar…

—Joder… —volvió a jadear, dejándose caer de nuevo hacia atrás.

… Y Naruto no era menos.

Ni él tampoco. Sólo de recordar que no hacía mucho había estado en la misma situación que Naruto…

Hubo de llevarse la mano libre a su sexo y masajearse un poco para liberar algo de tensión al pensar en ello. Si no fuera porque quería centrarse en darle todo placer que pudiera al rubio, le pediría que intercambiaran sus posiciones.

Exhalando el aire de los pulmones contra su miembro, y sin dejar de masajearle, se humedeció bien los dedos con el gel. Y aguzando todos sus sentidos, con cuidado y relativa calma fue buscando su orificio, acariciándolo levemente. Notó como en el acto se le tensó todo el cuerpo, por lo que no dejó de besarle su sexo, y lamerlo, en un intento de distraerle, mientras con el dedo iba lubricando la zona.

Naruto ya no quería mirar. Ni una sola vez agachó la mirada. Pero aún así, y tras algunos minutos, pareció abandonarse a los sentidos. Sasuke sabía que el cosquilleo que debía de estar sintiendo era placentero. Bien hecho, claro está. Por eso, y a pesar de toda la ansiedad que sentía ya, se tomó su tiempo acariciándole ahí, hasta que le notó lo suficientemente relajado como para invadirle sin resistencia. Y con esa misma relativa calma, lentamente, fue introduciendo el dedo, atento a cualquier reacción que pudiera tener Naruto.

Pero a pesar de que no decía nada… A pesar de que apenas se movía… Seguía jadeando, con la cabeza ladeada sobre el colchón. Y enredando levemente los dedos en su pelo.

"Bien…", suspiró para sus adentros, volviendo a centrarse en seguir.

De momento, al menos, parecía estar disfrutándolo. Pero igualmente quiso ser consciente de esa mano que tenía sobre la cabeza, mientras le seguía penetrando lentamente. Si en algún momento le hacía daño, de seguro dejaría de masajerarle la nuca… Y de hacerle sentir esas rampas eléctricas que le recorrían por la espalda entera y hasta los pies.

Sólo los Dioses sabían cuánto deseaba poder besarle mientras le hacía el amor en ese mismo instante.

En su lugar, y al no poder hacer nada más desde ahí, llevó sus labios hasta la punta y le besó con cuidado, buscando a tientas de nuevo el bote para lubricarle la zona algo mejor. Y otra vez se tensó un poco al invadirle, pero no tardó ni dos segundos en relajarse, comenzando a acompañarle con las caderas.

"Te tengo…", pensó para sus adentros, al escuchar los jadeos cada vez más pesados del otro.

Naruto estaba entrando en ese estado de excitación en el que vagamente podía ser consciente de lo que pasaba a su alrededor, cerca del clímax. Momento que no dudó en aprovechar Sasuke para introducirle otro dedo, al mismo tiempo que tomó por entero su sexo en la boca en un intento de que no le resultara tan molesta la nueva intrusión.

Sasuke hubiera jurado que aquello le dolió por el gemido que se le escapó, si no fuera porque hubo de soltar su sexo para sujetarle las caderas en el sitio, y erguirse un poco para luchar contra la mano que le presionaba para que le siguiera lamiendo.

Momento que empleó para grabar esa imagen a fuego en sus retinas, Naruto retorciéndose bajo su atenta mirada sin poder dejar de jadear y gemir al tanto que le penetraba con los dedos.

Pero de repente, aquél se giró a mirarle, y sin previo aviso se alzó él también.

—Sasuke, para, para, para —le pidió casi con desesperación, apartándole la mano.

Y no le dio tiempo de procesar lo que estaba ocurriendo. Naruto se enganchó de su cuello y le arrastró con él hasta quedar tumbados. Sasuke entre sus piernas. Naruto rodeándolo por la cintura, y apretándole más a él, buscando besarle en los labios con impaciencia.

—Naruto, los condones —fue lo único en lo que pudo pensar.

Y con la misma desesperación de antes, gruñó por lo bajo alargando la mano hasta la mesa. No dudó un instante aquél en colocarle la goma, así como Sasuke tampoco quiso pensarlo de nuevo, untándose bien el miembro con el lubricante al tiempo que Natuto volvió a tumbarse.

Esperándole.

Con esa mirada que casi parecía una súplica por que terminaran con aquello.

Y a Sasuke no le podía parecer mejor. Necesitaba liberarse de una maldita vez de esa presión que le nublaba ya la vista, y todo su cuerpo le estaba gritando por que le tomara ya.

Aún así, y aunque quería poder sentir su interior… Tuvo el suficiente autocontrol como para no invadirle de una sola embestida, tal y como le pedía su cuerpo. Con controlada fuerza fue presionando lentamente, dejando que fuera el gel el que le permitiera escurrirse dentro. Y bien que hizo, pues así pudo atender al gemido que intentó ahogar el otro, quedándose inmóvil por un momento.

—¿Te duele? —le preguntó entre jadeos.

—Un poco… —contestó con la boca pequeña.

No pudo sino suspirar, removiéndose con cuidado hasta besarle en la mejilla. Necesitaba que Naruto se relajase si no quería desgarrarle las entrañas. Y para ello, debía de dejar de hacer fuerza con las caderas.

—Sube las piernas —le instruyó en un susurro, guiando una de ellas con la mano para que le rodeara de nuevo.

Pero el bobo volvió a bajarla, apretándole con las rodillas en los costados.

—Deja de hacer fuerza, dobe. Sube las piernas.

Cuando finalmente hizo como le pedía —no del todo convencido—, Sasuke se removió de nuevo para pasar su brazo diestro por debajo, y que Naruto se abrazara a él del cuello, acariciándole por el costado con su mano libre. Y con sumo cuidado comenzó a moverse, procurando no profundizar demasiado de golpe y sin apartar la mirada de aquellos ojos celestes, clavados en él.

Naruto estaba confiando plenamente en él, lo sabía. Y por eso le besó con cariño en los labios cuando el aliento se lo permitió; besos que continuó repartiéndole por el cuello cuando aquél se giró, dejando escapar un gemido. Gemidos que no paraban de escapar de su garganta, cada vez más pesados según pasaba el tiempo. Y según se iba relajando, dejándole a Sasuke más libertad de movimiento.

Fue en ese momento que Sasuke se sintió al fin liberado de tener que contenerse, notando cómo las manos del otro viajaban por cada milímetro de su espalda, incluso a sus nalgas para hacer más presión.

Era una sensación extraña ese sentimiento de ser anhelado y adorado de esa manera tan cariñosa, pero al mismo tiempo tan posesiva. Sasuke conocía bien el deseo sexual, pero se trataba de un nuevo nivel de deseo que no estaba seguro de haber experimentado antes, sintiendo el firme tacto de las manos de Naruto recorrerle los costados, antes de volver a rodearle con los brazos y estrecharle más contra sí, como si es que fuera posible crear aún más contacto sobre sus cuerpos.

Pero le parecía perfecto en ese momento. Como si quería devorarle entero. Fuese lo que fuese que Naruto quisiera hacer con él, Sasuke no era quién para negárselo. Por eso ya no dudó más, y de nuevo dejó escapar libremente sus jadeos junto a su oído, y Naruto aferró las piernas a su cintura con más fuerza.

Sasuke sentía que se fuera a desvanecer con tanto éxtasis. De repente, era como si su cuerpo entero fuera a entrar en combustión, el corazón golpeándole el pecho con violencia en cada latido. Casi la misma violencia con la que era medio consciente que le estaba empezando a embestir, y del mismo modo que le estaba mordiendo en algún lugar por su hombro, sintiendo todo su bajo vientre tensarse por segundos.

Estaba cerca, sabía que era por eso. Pero algo en su mente le hizo preguntarse si es que acaso no se iba a morir. Ya no era capaz de pensar en nada, ni tan siquiera de devolverle los besos a Naruto —aunque fuera de manera torpe. No. En lo único que podía concentrar todos sus sentidos era en respirar, e intentar de alguna manera que su corazón dejara de latir con tanta furia. Si seguía así… De verdad sentía que le fuera a explotar, y se moriría ahí.

Y quizá sería el centro de burla de todos aquellos médicos que le hicieran la autopsia. Pero si tenía que morirse por culpa de un orgasmo, al menos moriría feliz y contento. Aunque de seguro iba a dejar traumatizado a Naruto de por vida si de verdad se moría ahora…

Quiso retener —en vano— el gemido estrangulado que abandonó su garganta cuando al fin llegó al clímax, liberando así toda la tensión de sus partes bajas… Pero no la que sentía en su pecho.

No sabía si le iba a dar un infarto y se iba a quedar ahí, o si simplemente se estaba ahogando, pero a pesar de que respiraba a bocanadas por la boca, el aire casi no le llegaba, el corazón palpitándole con fuerza contra el pecho.

Y si no se terminó por ahogar él solo con aquella desesperación, fue porque notaba —aunque de forma algo lejana y ausente— que esas cálidas manos seguían acariciándole por la espalda y la nuca mientras él buscaba el aire que respirar, haciéndole saber que seguía aún en el reino de los vivos.

Fueron muy largos los minutos que pasó así, hasta que pudo ser dueño de su respiración, y algo más consciente del cuerpo que tenía bajo él.

—Joder —dejó escapar entre jadeos.

—¿Estás bien? —le preguntó algo preocupado Naruto.

—Sí…

—¿Seguro?

Podía notar algo agitada la respiración del otro, pero ni de lejos se comparaba a cómo estaba él. Aunque igualmente quiso girarse para mirarle a los ojos, y confirmar de alguna manera —a través del rubio— que realmente estaba bien como él decía.

Naruto le apartó el flequillo de la cara, húmedo con el sudor que se le había acumulado en la frente, y le observó largo y tendido para cerciorarse él también de que le decía la verdad.

Y como si se pusieran de acuerdo en que así era, se inclinaron levemente para besarse tenuemente en los labios, tras lo que Naruto se removió un poco para quitarse la toalla de debajo.

No fue hasta entonces que notó algo tibio pringarse levemente en su abdomen que fue realmente consciente de dos cosas: una, que seguía dentro de Naruto, y aún sentía su pene algo erecto; y dos… que había conseguido que Naruto eyaculara también.

O eso creía.

—¿Te has corrido? —preguntó incrédulo queriendo alzarse para comprobarlo por sí mismo.

Pero las fuerzas le fallaron, haciéndole caer en peso muerto de nuevo sobre su torso. Y sintiéndose mareado de repente, con todo su cuerpo temblando como si no fuera más que mantequilla.

—Unn… —asintió aquel levemente, apretando las piernas a sus costados.

Bueno… eso era una buena señal, al fin y al cabo. Si Naruto había llegado al orgasmo era porque le había gustado, ¿no?

Quería seguir interrogándole. Y, aunque no quería apartarse, debería dejarle espacio para que pudiera respirar. Sin embargo, tan sólo encontró las fuerzas para separarse lo suficiente de él para que pudiera limpiar el empastre entre sus cuerpos, dejándose reposar de nuevo sobre su torso cuando terminó.

De verdad, nunca en su vida había tenido un orgasmo tan fuerte como ese… Le resultaba una misión imposible tan siquiera alzarse sobre sus codos, ya ni qué decir de levantarse ahí.

Y de todas maneras… Se encontraba tan bien entre sus brazos, sintiendo los suaves besos que le dejaba por la frente, que por un momento le dio igual todo. Si Naruto no le apartaba —si verdaderamente no le incomodaba—, se quedaría un rato así a esperar que se le pasara el mareo y poder recuperar el aliento.

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CONTINUARÁ…