Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.
Beta: Funeral-Of-The Humanity, Noin no Nogitsune & akasha-bennington
Advertencias: Shonen ai, Pov Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2019).
SASUKE
Martes, 21 de octubre
08:40
La vida era maravillosa.
Oh, sí.
Al menos eso pensó Sasuke cuando, tras despertar al sentir una tibia caricia sobre su mejilla, entreabrió los ojos sólo para encontrarse frente a él aquellos otros celestes que le observaban fijamente. Con la tranquilidad escrita en ellos. Con esa intensidad que siempre lograba cortarle la respiración y que le hacía perderse en ese mar de emociones que despertaban en él cuando sabía que tenía toda esa atención para sí.
Por eso no pudo evitar que se le escapara una leve sonrisa al tiempo que alzaba la mano para devolverle el gesto y acariciar suavemente la mejilla de aquel rubio, su sonrisa ensanchándose por momentos.
Y haciéndole sentir que se le encogiera el pecho con la alegría de verle nada más despertar.
Había echado de menos esa sensación de embriaguez tan de buena mañana. Motivo por el que, aún sintiéndose completamente perezoso y entumecido, extendió los brazos apartando un poco la colcha y le hizo sitio para que se acurrucara con él. Invitación silenciosa que Naruto no dudó en aceptar, acudiendo a sus brazos en el acto, abrazándose de él con medida fuerza y dejándole un beso en la frente antes de suspirar profundamente.
Suspiro de alivio que imitó Sasuke al sentir la calidez de su cuerpo contra su piel. No sabía en qué momento se quedó dormido por la noche pero estaba tal cual se quedó entonces: conforme su madre le trajo al mundo.
Pero era algo que no le importaba. Aparte de lo que tenía en el brazo, oculto bajo la manta, no tenía nada que esconder. Además de que era totalmente agradable sentir el calor del otro directamente en su piel.
—¿Cómo has dormido? —le preguntó Naruto en un susurro.
—Bien —suspiró de nuevo. —¿Y tú?
—Mejor que bien.
Y tras contestarle, Naruto dejó escapar una suave risa por lo bajo que hizo sonreír también a Sasuke, cómplice de aquel bienestar: si quedaba algún muro entre ellos, los habían derribado todos. Juntos.
Era consciente de que, después de aquel último día, ya nada iba a ser igual que antes entre ellos al mismo tiempo de que tenía la certeza de que a partir de ese momento, aquel que tenía frente a él se había convertido en alguien irremplazable en su vida: Naruto había marcado su alma para el resto de su vida.
Algo de todo aquel hilo de pensamiento debió reflejarse en su gesto pues pudo notar el rubor que comenzaba a asomar por la mejillas de aquel. Y aunque aún no terminaba de acostumbrarse a la sensación de ser como un libro abierto para otra persona, no pudo sino sonreír, provocando que fuese incluso más intenso aquel tono carmín que le estaban adquiriendo hasta las orejas, quizá rememorando lo que había ocurrido por la noche. Y a pesar de que le hubiera gustado hacerle de rabiar y sacarle aún más los colores con algún comentario picante, escogió abrazarle algo más firmemente y besarle en la mejilla, ahogando Naruto una risilla contra su hombro.
Sentía que los párpados le pesaban y estaba seguro de que, si le permitía seguir así —abrazado de él— por mucho más tiempo, terminaría por volver a quedarse dormido. Pero no le importaba. Como si se quedaban todo el día simplemente viendo el tiempo pasar abrazados el uno al otro; su regazo era demasiado acogedor y cómodo como para siquiera pensar en apartarse de ahí.
A pesar de todo, respiró profundamente a conciencia para intentar despejarse un poco al tiempo que se removía y le atraía algo más hacia sí, enredando las piernas con las suyas. Tal vez no le pareciera demasiado halagador eso de tener que levantarse de la cama, pero quería ser consciente de la presencia de Naruto junto a él. Y aquel no parecía estar en desacuerdo, devolviéndole el abrazo con igual intensidad.
Era como si el tiempo se hubiese detenido. Como si nada —aparte de ellos mismos— importara. Como si lo único que necesitara para seguir existiendo fuera esa presencia que tenía entre sus brazos.
Y el resto del mundo podía arder, si fuera por él. No le importaba absolutamente nada en ese momento más que la sonrisa que tenía el bobo de su novio en los labios, retorciéndose con pereza contra su pecho. De seguro llevaba ya un buen rato despierto dando vueltas por la casa…
—¿Hace mucho que te has levantado? —susurró al tiempo que tiraba un poco de la manta para taparle mejor.
—Un poco. Acabo de terminar de hacer el desayuno.
—Hmmm…
"La pastilla…", se recordó a sí mismo ante la mención, debía de ser algo tarde ya.
Tenía que tomársela antes de echar nada a su estómago para que el resto de su medicación no le provocara molestias. Pero al sentir el tacto de la mano que lentamente fue bajando por su espalda hasta reposar en su zona lumbar por unos segundos antes de volver a subir… Solamente pudo suspirar complacido por la calidez de aquel gesto, dejándose embriagar por la sensación, al tiempo que volvía a cerrar los ojos, instintivamente imitándolo, acariciando el costado de aquél con igual mimo. Ciertamente, aquellas caricias le ayudaron a calmar un poco el entumecimiento y las molestias que sentía por su baja espalda.
Lo que le recordó a su primera vez y cómo tuvo que lidiar con las molestias él solo, ya que su hermano no podía enterarse…
Sasuke se removió un tanto para poder mirar a Naruto a los ojos, llevando la mano hasta su baja espalda, acariciándole la zona para darle algo de calor ahí.
—¿Estás bien? —le preguntó en un susurro.
Pero aquel no pareció entender su pregunta, quedándose unos cuantos segundos en silencio sin apartarle la mirada.
—Sí, ¿por qué?
Sasuke inhaló profundamente, a sabiendas de que este tipo de conversaciones le incomodaban… Pero necesitaba saberlo. Necesitaba saber que nada había ido mal. Sólo le rogaba a los dioses que Naruto no se cerrara en banda ahora. Y aunque no podía enfocar bien los ojos en los del otro, no apartó la mirada al juntar la frente con la suya.
—¿Te hice daño anoche? —preguntó al tiempo que colaba la mano por debajo de la camiseta, presionando suavemente su baja espalda. —¿Te duele algo?
A Sasuke no le sorprendió en absoluto el silencio que siguió, Naruto observándole mientras respiraba de forma contenida y tensa. Comprendía que fuera un tema un tanto complicado del que hablar para el dobe… Pero si no lo hablaban, no habría manera de saber si aquel se lo guardaba para sí.
Por eso le sostuvo la mirada, esperando pacientemente a que Naruto decidiera contestar. Sin embargo, tras un largo silencio, aquel agachó la cabeza, huyendo del contacto visual. Tenía rojas hasta las orejas. Aún le parecía gracioso lo fácil que era sacarle los colores.
"Dobe…", rio para sus adentros.
Pero no quería que Naruto se sintiera cohibido, por lo que se guardó el comentario jocoso. En su lugar, le besó en la frente, estrechando un tanto más el abrazo, a la espera de que quisiera hablar. Y sólo por si acaso estuviera en lo cierto —y realmente tuviera molestias—, bajó la mano por su pierna, tirando con medida fuerza para que la pasara por encima de la suya propia: si le dolía la espalda, así relajaría las lumbares y se le pasaría un poco. Acto tras el cual Naruto dejó escapar un largo suspiro.
Y Sasuke no pudo alargar más su espera.
—¿Te duele la espalda? —quiso confirmar.
—No —contestó en voz baja. —Es… Me molesta un poco sólo.
—¿Seguro?
—Unn —asintió.
Pero igualmente, Sasuke no podía dejar de preocuparse de que fuera la vergüenza quien estuviera hablando por él. No es que Sasuke lo pasara realmente mal la primera vez que lo hizo. Sin embargo, sabía —por lo que había leído muchas veces en internet— que no era extraño que hubiera algún tipo de complicación tras la práctica del sexo anal, si es que no se tenía cuidado...
—Naruto, si notas que te duele algo, dímelo y te acompaño al médico, ¿vale? —insistió. —No te calles estas cosas.
—Estoy bien, de verdad —se separó un tanto para devolverle la mirada.
Rojo como un tomate.
Pero mirándole directamente a los ojos.
No le estaba mintiendo.
—Bien —sonrió aliviado.
Entonces, Naruto se quedó de nuevo en silencio, observándole fijamente con esos ojos claros y cristalinos, su rubor intensificándose aún más, si es que acaso eso era posible. Y no pudo sino inclinarse y besarle suavemente en los labios.
Y es que, de veras, se sentía completamente dichoso de que alguien como Naruto se hubiera fijado en él: tan bueno y entregado, inocente, amable y cariñoso…
—Te quiero —le dijo Naruto en un susurro al separarse.
Y, esta vez sí, no quiso guardárselo.
—Y yo a ti, dobe —le respondió con una suave sonrisa, besándole la nariz después.
A lo que Naruto comenzó a reír por lo bajo, encogiéndose un poco para escapar de nuevo de su mirada. Y más que con comentarios subidos de tono, le encantaba sacarle los colores de esta manera. Por lo que no quiso reprimir él tampoco la risilla, besándole por todo lugar que le dejaba al descubierto, provocando que aquel se retorciera un tanto más.
Y es que, ese dobe… Se merecía ser feliz. Cualquier cosa que pudiera hacer para ello, a Sasuke le parecía poco.
—Ah… Es verdad —recordó. —Tengo una cosa para ti.
Inmediatamente, Naruto dejó de retorcerse para devolverle la mirada.
—¿Para mí? —preguntó confuso.
—Unn —asintió.
Con cuidado de esconder de la vista de Naruto su brazo izquierdo, apartó la colcha y se levantó de allí. No le importaba que le viera en cueros, pero nada más salir de debajo de la colcha, se fue directo a buscar su ropa para vestirse. Lo último que quería era resfriarse de nuevo, después de lo mal que lo pasó hacía unas semanas…
Pero ahora no quería pensar en ello, por lo que aprisa fue a sacar su cartera de la bandolera, regresando junto a Naruto en el sofá, volviendo a taparse.
Bajo la atenta —y curiosa— mirada del otro, rebuscó hasta encontrar el regalo del dobe.
—Toma —le ofreció la tarjeta—, feliz cumpleaños.
—¿Qué es? —preguntó sin poder adivinar.
Aún con la sorpresa impresa en su cara, cogió el cartoncillo que le tendía y comenzó a escudriñarlo. Quizá el logo de la tienda que había en el anverso no le dio ninguna pista, pero cuando le dio la vuelta y comenzó a leer… La boca se le fue abriendo por momentos. Casi pareciera que se le fueran a salir los ojos de las órbitas.
—Pfff —quiso contener la carcajada.
Pero le resultó imposible.
—¡No me jodas! ¿¡En serio!? —le preguntó aún atónito.
—En serio —le respondió aún con la sonrisa en la cara. —Es uno de los mejores tatuadores de la ciudad, y es amigo mío.
Bueno, "amigo". Mejor si Naruto no hacía la conexión entre "el tatuador" y "el amigo de su hermano". Sería una escena un tanto incómoda si Naruto se enteraba de que Yahiko era de quien le habló. Pero no podía negar que tenía talento, y sabía de cierto que con Yahiko, Naruto estaba en buenas manos.
—¡Buaaaah! —exclamó aquel, desviando la mirada de la tarjeta a él, aún incrédulo. —¡Pero-! ¡Pero-! ¡Pero-!
—Pero, ¿qué, Dobe?
—¡No me llames Dobe!
—Ah… —se quedó pensativo un momento. —Perdón...
Cierto. "Dobe" le molestaba. Pero es que en momentos como este, en los que entraba en cortocircuito mental...
—...Pero "bokeh" no encaja ahora.
—¡Ññññ! —apretó los dientes, intentando ahogar algún improperio.
Se lo vio venir. Cuando le hacía de rabiar era demasiado previsible. Aún así no quiso oponer resistencia cuando aquel se le echó encima, le pellizcó las mejillas, y tiró con medida fuerza.
—¡Deja de ponerme motes! ¡Cretino!
—¿Y qué vas a hacer si no quiero? —le preguntó burlón.
Naruto solito se colocaba siempre de la peor forma para escapar. Parecía mentira que siempre cayera en las mismas provocaciones. Mientras tuviera las manos en su cara… Los costados le quedaban al descubierto.
—¡Te voy a-! —comenzó a decir.
Pero cualquier cosa que fuera a inventarse, quedó ahogada con la carcajada que se le escapó cuando empezó a hacerle cosquillas. No pudo sino retorcerse sobre sí mismo, intentando zafarse de él. Momento que aprovechó para tirarle a un lado y colocarse encima suya.
—¡Para ya! —consiguió decir entre risas.
—Hmmm... —ensanchó la sonrisa. —¿Cómo se dice?
—¡Va, Sasuke! —se giró un tanto, cubriéndose con el brazo.
Y aunque hubiera querido seguir, paró cuando Naruto comenzó a toser de forma un poco violenta de los espasmos que le estaban dando.
Le gustaba hacerle rabiar. Pero sobre todas las cosas, adoraba escucharle reír. Era medicina para su alma. Y contagioso. Por eso no pudo retener la risa cuando aquél se enganchó de su cuello, obligándolo a tumbarse sobre él, y le besó en la mejilla con cariño, al tiempo que Naruto bajaba las manos por su espalda y hasta la cintura para abrazarlo.
Si la felicidad pudiera expresarse de alguna manera, debía de ser algo como esto.
Nada ni nadie podría hacer que su humor tambalease aquel día, sintiendo todo el amor que Naruto le profesaba con cada caricia que le dedicaba, con cada beso que dejaba sobre su piel y que no tardó en repartir por su cara y sus labios. Hacía que se sintiera más estúpido aún si cabía por haber contemplado —e intentando— la sola idea de desterrarle de su vida tan sólo unas semanas atrás.
Con cuidado, se separó un tanto y apartó el flequillo de su frente para observar aquellos ojos azules, claros como el cielo despejado en un día soleado, percibiendo en ellos de nuevo ese brillo irrefutable de energía y alegría.
Y aunque ya se lo había dicho para sí, hizo un juramento en ese instante.
"Quiero que seas feliz, Naruto. Haré lo imposible para que nunca dejes de sonreír".
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SASUKE
Miércoles, 22 de octubre
09:50
Juramento que duró lo que el mismo Naruto tardó en hacer que su mundo temblase, cual terremoto.
"¿Puedo entrar contigo?"
Debería haberlo visto venir.
El día anterior, y ante la nada halagadora idea de tener que separarse de él… Naruto le propuso quedarse esa noche también, con la promesa de que le traería a la clínica a tiempo. Simplemente le dijo que le iba a acompañar… Lo cual no implicaba que quisiera entrar con él, pero debería haber sabido leer entre líneas cuando le dijo que hoy no tenía nada que hacer y puso esos ojitos de cachorrito desamparado, sin más remedio que aceptar su propuesta. Y no es que hubiese necesitado realmente hacerle ese chantaje emocional…
Desde que se despertaron, habían pasado el día entero bajo la manta en el sofá, colmándose de besos y caricias, no encontrando el momento en el que saciarse. Ninguno de ellos. Para Sasuke era evidente esa necesidad que tenía Naruto de reafirmar de alguna manera que todo estaba bien entre ellos, y él no era quien para contrariarlo. De hecho, lo había estado deseando durante demasiado tiempo: sentirse bajo el cálido abrazo de su rubio… No conseguía encontrar la razón, pero le hacía sentir completamente tranquilo.
Y seguro.
Por eso ahogó la inmediata respuesta que estuvo a punto de escaparse de sus labios de la forma más áspera cuando Naruto se quedó frente a él, esperando una respuesta, justo delante de la puerta de la clínica.
Por la forma en la que en un principio Naruto se quedó mirando calle abajo, creyó que quizá fuera a estallar al percatarse de cuántas veces debía de haber pasado por allí delante puesto que solía aparcar el coche en la pequeña plaza que había justo detrás de esa misma calle. En lugar de eso, tomó una profunda bocanada de aire soltándole aquella pregunta.
Y dejándole el cuerpo helado.
Ya podía sentir cómo se le aceleraba el pulso tan sólo de imaginar entrar ahí dentro, con Naruto tras él… Y dejándole ver cómo era su miserable vida en verdad. Vida que no le pertenecía realmente, puesto que dependía por completo de aquella maldita máquina.
Tampoco quería dejarle ver aquella horrorosa vista de su brazo perforado con las agujas de la diálisis… Mucho más gruesas que las que comúnmente se usan para las inyecciones. Además de toda la parafernalia alrededor de la máquina… Y alrededor de él.
Nunca había permitido que ninguno de sus amigos entrara en aquel lugar. A duras penas había consentido que su madre le acompañara durante las primeras semanas, y después en contadas ocasiones, tan sólo porque no se encontraba lo suficientemente bien como para fiarse de sí mismo de regresar a casa.
—Naruto… —apartó la vista de sus ojos hacia ningún lugar en particular, no pudiendo evitar llevar su mano diestra a su antebrazo. —No creo que-
—Quiero estar contigo —le cortó antes de que pudiera seguir.
Y no quería discutir con él, de veras que no. No paraba de repetirse en su mente que no quería volver a hacerle pasar por algo similar a lo de hacía unas cuantas semanas, pero es que…
—Naruto, escúchame bien —dijo resoluto a pesar de que sentía que el corazón se le fuese a salir por la boca. —Esto —señaló las baldosas que separaban la entrada de la clínica de la acera de la calle— es lo que separa mi vida personal de la mierda de vida que me ha tocado vivir. No quiero que ambas partes se mezclen y tener que recordarlo día y noche, más de lo que ya lo hago. ¿Lo entiendes?
Aunque aquella pregunta podría considerarse más bien retórica.
Claro que no podía entenderlo, por más que quisiera. Aún así, inocentemente creyó que eso bastaría para hacerle desistir. Así lo pensó durante unos segundos en los que Naruto se quedó con la vista fija en el suelo, ahí donde se dibujaba aquella barrera imaginaria que acababa de colocar entre ellos, con un puchero en los labios. Hacía se le retorciera el pecho recordando el por qué del sufrimiento al que le había inducido por haber hecho eso mismo desde que se conocieron… Pero la diálisis era otro mundo diferente. Uno que no estaba dispuesto a compartir con nadie.
Claro está, hasta que aquél levantó la vista, fija en sus ojos de una forma totalmente amenazante. Portaba esa misma mirada —intensa como la furia del mar— que aquel día cuando le llevó a su piso y forcejearon en el coche… Haciéndole sentir intimidado. Eran muy pocas las ocasiones en las que Naruto le había mirado de aquella manera pero sabía que, en momentos así, era como una bomba de relojería y debía ser cauto con lo que le dijera si no quería hacerle estallar.
Sin embargo, no tuvo tiempo de pronunciar ni una sola palabra. Naruto cruzó aquella línea invisible que acababa de trazar entre ellos, haciéndole dar un paso atrás del respingo que le dio.
—Ahora quiero que me escuches tú a mí —le dijo en voz baja, aunque su tono no dejaba lugar a bromas. —Quiero que se te meta de una vez en esa cabezota que tienes que no sólo quiero estar contigo para pasar un buen rato.
Si ya era poca la distancia que les separaba, cuando Naruto dio un paso más hacia él escasamente les separaba un palmo. Tenían la misma altura, así que fue simplemente natural enfocar la mirada en sus ojos, de los que se disipó esa intensidad que los había nublado por un instante, reemplazando el gesto por uno más suave al tiempo que buscó cogerle de la mano, entrelazando los dedos con los suyos.
Y por un momento pudo distinguir el dolor que debió sentir, al pasar por su mente algún recuerdo que prefirió guardarse para sí. Aunque no le hacía falta que se lo explicara realmente, al ser consciente de que seguramente él era el causante.
—Te quiero, Sasuke —le dijo en un murmullo. —Y quiero cada pedacito de ti. Incluso ése en el que no eres más que un cabezón y un cretino —le sonrió levemente.
Decir que Sasuke se sentía caer por un abismo era quedarse corto. Tal vez debería sentirse irritado de que le echara en cara de aquella manera las peores facetas de su persona, pero con esos ojos clavados en él, destilando la sinceridad con la que había dicho aquellas palabras… Hacía que se le encogiera el pecho, buscando el aire que respirar. Sentía que le ardieran los ojos con las lágrimas que amenazaban con querer escapar. Cosa que debió notar Naruto en el acto, pues no dudó en abrazarse fuerte a él...
—¡Ah, así que tú eres Naruto!
... Hasta que se apartó de un respingo al escuchar a la enana tras él.
Y no sólo el rubio se quedó tieso observando a su compañera 'de guerra', quien lo escrutinó de arriba a abajo como quien ve por primera vez una deidad; Sasuke también sintió crecer la tensión en sus hombros, el rubor llegándole hasta las orejas, pues nadie dentro de aquella clínica sabía absolutamente nada de sus asuntos personales.
"¡Mierda!"
—Yo soy Fuu, encantada de conocerte —se presentó ella solita.
—Unn... —asintió levemente aún sobresaltado. —Encantado…
—¿Qué hacéis aquí fuera? ¡Hace un frío que pela! ¿No entráis? —desvió la mirada de uno a otro, esperando que alguno contestara.
A lo que Naruto fijó la vista en él, preguntándole de nuevo con la mirada.
Pero con la enana ahí no quiso volver a intentar hacerle desistir, sintiendo que la voz le iba a fallar con el corazón latiéndole de forma frenética.
¡A la mierda todo! Si quería separar lo que había allí dentro de lo que le esperaba fuera… ¡Fuu lo acababa de tirar todo por la borda!
—Haz lo que quieras —dijo finalmente, dándose la media vuelta para entrar.
A duras penas fue capaz de saludar en un murmullo a la recepcionista, con la mirada clavada en el suelo mientras se dirigía a su casillero para dejar sus cosas. Escuchaba a aquellos dos seguirle los pasos, pero no quiso centrarse en lo que quisiera que fuera que la enana le estaba contando al pedazo de dobe. No atinaba a adivinar por qué, pero le irritaba sobremanera que aquellos dos se hubieran conocido.
Aunque no llegaron muy lejos. Les paró una enfermera para preguntar quién era Naruto.
—Viene conmigo —le aclaró en seguida.
Y aunque en algún lugar de su mente rogó por que lo sacaran de allí… Por otro lado suplicó para que no le echaran. Frecuentemente había visto a gente por la sala, acompañando a sus familiares; obviamente teniendo una relación directa era mucho más sencillo que les permitieran estar allí… Pero Sasuke no solía llevar a nadie. Lo sabía todo el personal de aquella clínica, y seguro que el resto de pacientes eran conscientes también. Con que llevaran acudiendo allí un par de meses podían darse cuenta.
No es que se sintiera del todo seguro de dejar a Naruto ver toda aquella parafernalia… Pero ya que había entrado hasta ahí, ahora no quería ver cómo le echaban a patadas. Él no se lo merecía.
Por eso no pudo evitar sentir que se le tensara todo el cuerpo durante los segundos que tardó aquella en contestar, observando al rubio, valorando la situación.
—Está bien —asintió. —Que deje sus cosas con las tuyas y que se prepare él también.
Por eso no pudo evitar dejar escapar el aire con alivio, tras percatarse de que había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta hasta que aquella dio el visto bueno.
En absoluto silencio se quedaron los tres en cuanto la enfermera se dio media vuelta para dirigirse al fondo del pasillo, a su sala de tortura personal.
—¿Que me prepare? —preguntó Naruto en un murmullo.
—Unn… —asintió emprendiendo de nuevo el paso.
A mitad del pasillo giró para entrar en la pequeña habitación donde cada uno tenía su propia taquilla. Allí dejó colgado su abrigo y la bufanda y, sobre ellos, el abrigo de Naruto también.
Sasuke tan sólo se dejó puesta su camiseta interior de manga corta, como siempre, pero esta vez —ante la inminente intrusión en aquel espacio al que no dejaba entrar a nadie— sentía que a cada segundo que pasaba el corazón le latiera con más fuerza, lavándose las manos bien en el lavabo que tenían junto a las taquillas, e indicándole a Naruto que hiciera lo mismo.
La tensión que sentía debía palparse en el ambiente porque hasta Fuu permaneció en silencio durante aquellos minutos en los que Sasuke se preparaba para entrar en aquel infierno, y al mismo tiempo preparaba al otro: cuando sacó una mascarilla para sí, le dio otra a Naruto, que —sin preguntar— esperaba que le diera la siguiente indicación.
Y aunque a los pacientes no les pedían que los usaran… le colocó a Naruto una de esas batas de usar y tirar, unas fundas para las zapatillas —puesto que no había pantuflas para él—, y los guantes de látex. Por si acaso. Cualquier precaución era poca en esa sala.
Y cuando todo estuvo listo…
Se quedó ahí paralizado.
Sentía todas y cada una de sus pulsaciones retumbarle en los oídos, cada vez con más fuerza. Más aún cuando vio por el rabillo del ojo que la enana salió de la habitación, adelantándose a ellos.
—Sasuke —le llamó Naruto en un susurro.
Sin embargo, no se atrevía a levantar la mirada ni a responderle; sentía que le fuera a fallar la voz si intentaba articular una sola palabra.
¿Quién le decía que no fuera a ser hoy el día…? ¿Y si algo fallaba… con Naruto ahí? Era consciente de que era poco probable; que aunque odiara esa máquina con toda su alma, era un aparato bastante preciso y que enseguida que detectaba algo fuera de lo "normal", saltaban las alarmas para que acudieran las enfermeras en el acto.
No era algo que ocurriera frecuentemente en realidad. Hasta ahora, en los tres años y pico que llevaba ya acudiendo a diálisis, tan sólo habían saltado las alarmas un par de veces, que él pudiera recordar. Y tampoco era algo de lo que se tuviera que preocupar puesto que nunca había llegado a un nivel que realmente amenazara su vida… Y tampoco le había ocurrido nada a nadie en esa sala… Pero aún así...
—Hey —le trajo de vuelta al presente Naruto, cogiéndole de las manos suavemente—, todo va a ir bien, ¿vale? —se encogió un tanto para buscarle la mirada.
—Unn…
Sabía que tenía razón, así como también sabía que parte de sus miedos eran infundados… Pero aún así no encontraba las fuerzas para alzar la cabeza y mirarle a la cara. No sabía cómo se iba a tomar Naruto todo aquel proceso…
Sin querer pensar más en ello, le dio un leve apretón antes de soltarle y darse media vuelta para encaminarse hacia dentro, sintiendo a Naruto seguirle los pasos al momento. No estaba del todo seguro de si hubiera preferido hablar de esto antes de que pusiera un pie en la clínica; de hecho, ni se le había pasado por la cabeza permitir que Naruto entrara ahí. No obstante, si de algo estaba ahora seguro, subiéndose en la báscula para que le anotaran el peso antes de dirigirse hacia su sillón… Era que ya sí que no habría ningún secreto entre ellos. Que Naruto iba a contemplar en primera persona lo que era su vida —si es que podía llamarla así—, y que con lo empático que era… estaba seguro que si ya de por sí a veces era como si se metiera en su mente, ahora iba a ser un libro abierto para él.
Para Sasuke, permitir que Naruto estuviera ahí presente era más vergonzoso que quedarse en cueros frente a una muchedumbre en mitad de una plaza pública.
—Sesenta y ocho con seis —le informó la enfermera.
Como si fuera ciego y no pudiera verlo él mismo.
En silencio, bajó de la plataforma y se quedó esperando un momento a que la chica terminara de anotar sus datos en la hoja, observando de reojo intermitentemente a aquellos dos. Naruto parecía algo distraído echándole un vistazo al sitio, si bien ponía la mano en el fuego a que no perdía detalle de lo le pudiera decir la enfermera. Y ella no paraba de tararear alguna canción que de seguro preferiría no saber ni el título.
¿Que si estaba nervioso? Que bah, para nada.
Sasuke estaba histérico.
—¿Te pesan siempre que vienes? —le murmuró Naruto, caminando a su lado hacia el sillón.
—Al entrar y al salir.
—¿Por qué?
Con un suspiro de irritación se sentó en su sitio, entrelazando los dedos sobre su vientre. No quería hablar de eso… Pero era, aparte de lo obvio, una de las razones principales del por qué de estar ahí.
—Para poder calcular cuánto tiempo tengo que estar enchufado —contestó sin atreverse a mirarle.
—Ah…
—Y también para saber si se ha portado bien —dijo con voz cantarina la enfermera, metiéndose en la conversación.
—¿Si se ha portado bien? —preguntó confuso Naruto.
—Por si ha tomado más líquidos de la cuenta.
—Hmmm…
¿¡Quién le había dado vela en ese entierro!?
"¡Entrometida!", bufó para sus adentros.
—No estés tan serio, Sasuke-kun. Es normal que pregunte —dijo alegremente.
Sin embargo, más que un inocente comentario, a Sasuke le sonó como si se estuviera mofando de él. ¿¡Desde cuándo le llamaba por su nombre de pila!? Siempre se había dirigido a él por su apellido… Y nunca hacía comentarios sobre su estado de humor. ¡Lo hacía única y exclusivamente porque Naruto estaba ahí!
—Eso no es ninguna novedad —dijo al aire la enana. —Él siempre está serio.
Y por un momento se hizo el silencio entre ellos, Sasuke girándose lentamente para mirarla.
Fuu ya había empezado con la sesión, su vista fija en la televisión que había en la pared de enfrente, su gesto inmutable. Y empezaba a conocerla lo suficiente como para saber el por qué de tanto rencor…
Ciertamente, fuera de su círculo de amigos y su familia, no le dedicaba ni dos segundos a nadie. Y Fuu, desde el mismo día que entró en esa clínica, había intentado siempre sacarle conversación. Hasta hacía poco más de una semana, había pensado que simplemente era un bicho molesto que no callaba ni bajo el agua… Pero dando un vistazo a su alrededor, ahora no le extrañaba: debía de sentirse igual de sola que él en esta situación, sin nadie más aparte de él y un par de enfermeras que fueran menores de treinta años; el resto eran ya adultos y ancianos. Por lo que no pudo sino suspirar para sus adentros.
—Eso no es verdad —dijo animado Naruto, llevándose las manos tras la cabeza. —Conmigo se ríe un montón.
Y como si estuviera satisfecho con lo que acababa de decir —como si fuese la verdad más absoluta del mundo—, se giró a mirarle a él, riendo por lo bajo.
Durante unos segundos Sasuke no fue capaz de apartar la vista de esos ojos cristalinos como el cielo a sabiendas de que en parte Naruto estaba mintiendo. Era consciente de todo el dolor y sufrimiento que le había provocado durante las últimas semanas… Aunque también sabía que, por otro lado, ésa era la pura verdad; que siempre que estaba con él encontraba alguna absurda razón —o sin razón— para terminar riendo a carcajadas; que sólo estando a su lado era capaz de relajarse lo suficiente como para dejar que las emociones salieran a la superficie solas, sin tener que esconderlas. O más bien dicho, sin tener que esforzarse.
Nada más lejos como en ese preciso instante. Sólo viéndole sonreír tan abiertamente ya estaba empezando a notar las ganas de seguirle. Y sintiendo el rubor subirle a las mejillas, hubo de apartar la mirada a un lado.
"Dobe…"
¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
SASUKE
Miércoles, 22 de octubre
14:25
"Sesenta y cinco con uno", se dijo para sí.
A pesar de que sabía que era motivo de que, cuando menos, le dijera «tienes que ganar un poco más de peso, Uchiha-kun» —imitó con burla la voz de la enfermera en su cabeza—, aquella apenas levantó la vista de los papeles, anotando las últimas observaciones de la sesión de hoy.
"Eso te pasa por metomentodo", bufó para sus adentros.
No es que le hubiera hecho mucha gracia al principio, pero después de ponerse todo en marcha, Naruto se había sentado a su lado en un taburete y no le había soltado de su mano diestra en todo el rato.
Le sorprendía y fascinaba a partes iguales que, a pesar de haber estado pasando tanto tiempo juntos, Naruto siguiera encontrando temas de los que hablar. Más aún allí dentro, con todas las máquinas haciendo ruiditos todo el tiempo. Al menos para él fue molesto durante los primeros meses, no permitiéndole concentrarse en nada. Además de la impresión de ver la sangre circular por los tubos…
A pesar de todo, lo encontró reconfortante en ese momento, distrayéndole Naruto con algunas historias de cuando era pequeño. Parecía ser que al haber compartido un tiempo con su abuelo, le había dado algo de nostalgia. Según le contó, de pequeño solía verlo más a menudo; bajaba del pueblo con bastante más frecuencia que ahora para visitarlos, aunque fueran cortas las visitas, y salían de paseo por la ciudad.
En cierto modo, le hizo sentir algo de celos, pues él no había podido compartir momentos así con sus abuelos. Por parte de su padre… En fin, aunque esa vieja hubiera querido admitirlos a Itachi y a él como parte de la familia, tampoco es que estuviera interesado. Le irritaba sobremanera la soberbia y altanería que mostraba siempre frente a su madre, como si fueran poco más que mendigos. ¡Ja! Como si en algún momento hubieran querido nada de ella…
Es más, aún no comprendía por qué su madre no les negaba la entrada al panteón familiar: allí únicamente había familia de su madre, pues así lo había querido su padre según el testamento que dejó —o al menos así lo tenía entendido él, y tampoco quería preguntar pues era un tema en el que no quería ahondar para no reabrir ninguna herida.
Y por parte de su madre… Su abuela al parecer murió dando a luz a su tío, y con su abuelo apenas había cruzado unas cuantas palabras en toda su vida. Era un hombre más bien callado que, al igual que el abuelo de Naruto, prefería la soledad de las montañas, recluido en las tierras que tenían cerca del panteón. ¿Qué hacía con tanto tiempo, allí, aislado? No tenía ni idea. Pero ciertamente era algo deprimente pensar en ello… Y ni su hermano ni su primo Shisui hablaban del tema tampoco, por lo que nunca hasta ahora le había dado importancia.
El caso es que Naruto se pasó todo el rato explicándole largo y tendido cómo era el lugar donde habitaba su abuelo, que tampoco era como si viviera solo, perdido en la montaña: era una pequeña aldea, a la vera de un río, donde mayormente habitaba gente que trabajaba en la capital de la prefectura colindante. Así que no estaban desconectados del mundo completamente, aunque la cabaña donde vivía estuviera un poco apartada del poblado. Pero podía bajar al pueblo cuando lo necesitase.
No le extrañaba pues que Naruto quisiera ir con él. Era el lugar perfecto para poder desconectar de todo, sin tener realmente ninguna deficiencia. Quizá podría considerar aquella 'invitación' que le hizo Naruto de ir allí a pasar unos días. Al fin y al cabo, no tenía por qué quedarse en la casa de su abuelo: bien podría alquilar una habitación en el ryokan* de la aldea.
En todo ello andaba pensando cuando Naruto se bajó la mascarilla y se inclinó a besarle tenuemente en los labios, casi como si le hubiera estado leyendo el pensamiento y aceptando que fuera así. Aunque esto fue más su deseo, pues dudaba sobremanera que Naruto pudiera haber intuido sus pensamientos.
Pero la cosa fue que, en aquel instante, la enfermera decidió pasar por allí a revisar sus constantes…
Y los pilló.
En ese momento, tanto Naruto como él se sobresaltaron por la aparición de la chica. Y a pesar de que el dobe ya no volvió a acercarse así en todo lo que restó de sesión, según pasaba el tiempo a Sasuke no podía sino hacerle gracia y se regodeó internamente de que les hubiera pillado.
Desde aquel momento, aquélla había procurado que sus miradas no se cruzaran. ¿Qué había estado pensando? ¿Acaso es que se había estado haciendo ilusiones de ligar con Naruto?
¡Ja! ¡Ni en sus sueños!
Que hablando del mencionado, en cuanto le desenchufaron de la odiosa máquina hacía ya unos quince minutos, había salido de la sala para quitarse todo aquel "disfraz". Debía estar esperándolo fuera… Y si ya de por sí se sentía agotado, hubo de sumar un tanto más a la pesadez. Después de esa mañana… Después de lo que acababa de presenciar, si ya se había propuesto hablar con él, ahora lo necesitaba más que nunca. El idiota no sabía dónde se había metido. Pero si quería preguntar algo, le debía responder.
Sin embargo… Sasuke sabía también que estaba abusando ya de confianza, tanto por parte de Naruto como de su madre.
Había pasado dos días enteros con él, en su piso, cuando en un principio sólo iba a ser una noche… Había avisado a su madre para que no se preocupara, pero aún así.
Así pues, se preparó mentalmente con cada paso que daba hacia la salida para excusarse con Naruto.
¿Se decepcionaría de que decidiera volver a casa… en lugar de pasar la tarde con él? ¿Se enfadaría? No lo creía… O al menos quería convencerse de que Naruto no se molestaría por algo así. Debía entender que por un lado necesitaba descansar; y por otro, tenía que volver a casa y dar señales de que seguía vivo.
Además, ya estaba bien de que Naruto siempre se estuviera encargando de hacer la comida para ambos, sin pedirle nada a cambio. No tenía ni idea de todos los gastos que podía haber en una casa, pero…
—¿Y viste cuando llegaron arriba al atardecer y el dragón empezó a desaparecer? —preguntó Naruto entre risas.
—Siiiiiii —no pudo contener la carcajada la enana. Si bien, su gesto se tornó serio y de repente pareciera que se fuera a poner a llorar. —¡Ryuunosuke!
Y de igual modo, Naruto cambió su actitud.
—Sólo es un dibujo feo —dijo con voz grave, su gesto impasible por un segundo.
Ambos se miraron y de nuevo comenzaron a reír a carcajadas, haciendo que hasta los viandantes se girasen a mirarlos igual de confundidos que estaba Sasuke ahí, congelado a la salida de la clínica.
No fue hasta entonces que se dio cuenta de la presencia de Karin.
—No sé de qué habláis, parecéis tarados —dijo la pelirroja cruzándose de brazos.
—Tienes que ver One Piece, en serio Karin —intentó contener la carcajada ese pedazo de ¡dobe!. —¡Mola un huevo!
—¡Sí, sí! ¡Te ríes un montón con lo tonto que es Luffy! —rio la enana.
—¡Eeeeeh, eh, eh, eh! ¡No te metas con Luffy! ¡Es el mejor!
"Ah… Claro…", pensó para sus adentros.
Por esto.
Ésta era la razón por la que tanto le había molestado la idea de que esos dos se conocieran… Ambos tenían el mismo carácter; por supuesto que se iban a llevar bien. Además…
Naruto parecía feliz.
Sin él.
No le necesitaba en absoluto para poder pasárselo bien.
Ni tan siquiera parecía que le hubiera afectado en lo más mínimo lo que había presenciado dentro de la clínica esa mañana.
Sasuke era consciente de que esa punzada que sentía en el pecho no era fruto más que de los celos y la envidia que tenía de que aquéllos pudieran expresarse tan abiertamente. No era como si nadie le frenara a él de comportarse igual… Pero es que, simplemente, no le salía. Había nacido un tanto apático y tenía la certeza de que moriría siendo así.
Sin embargo también sabía que esa no era razón suficiente para pagar sus frustraciones con nadie, mucho menos con Naruto.
Así pues, tomó una profunda bocanada de aire, y soltó la puerta para dejar que se cerrara, haciéndose notar entre aquellos tres.
—¡Hey, Sasuke! —le saludó Karin con energía.
—Buenas…
—Estábamos empezando a preguntarnos si te habían abducido o qué —rio su amiga.
"Ya…", apretó su mano zurda a la correa de la bandolera para ahogar el sarcasmo.
—Dicen de ir a tomar algo antes de volver a casa —le informó Naruto, acercándose un tanto más a él.
—¡Vamos a ver a Ino-chan! —dijo eufórica Fuu.
Y lo dijo con tanto entusiasmo que le hizo sentir minúsculo. Aún se seguía preguntando de dónde sacaba tanta energía para poder seguir un ritmo normal después de la paliza que era pasar por ese lugar.
Hacía que se le quisieran saltar las lágrimas, simple y llanamente. Él también quería poder seguirle el ritmo, si bien se sentía tan irritado que sabía que lo único que iba a conseguir iba a ser aguarles la fiesta si iba con ellos.
—Yo…
—¿Estás bien? —le susurró Naruto acercándose un tanto más para escapar del oído de las chicas.
Pregunta a la que no quiso responder, ahogando una contestación que desde luego iba a ensombrecer el ambiente.
Claro que no estaba bien. ¿Cómo quería que lo estuviera? Por dentro no había sido más que un manojo de nervios, preguntándose cómo iba a reaccionar Naruto después de ver lo que había visto… Y ahí estaba, haciendo como si no le importara en lo más mínimo.
Sasuke sabía que estaba siendo irracional pues era consciente de que, igualmente, se sentiría asfixiado —y quizá le diera un ataque de ansiedad—, si tuviera que hablar ahora con Naruto respecto a cualquier cosa concerniente a la clínica...
Pero es que, simplemente, no podía evitar sentirse así. Como si no fuera más que un insecto, esperando lenta y agónicamente que alguien le aplastara de una vez y terminara así con su sufrimiento.
—¿Quieres que volvamos a mi piso? —le dijo en un susurro, al tiempo que le cogía de la mano con suavidad.
Y no supo si fue esa simple pregunta, o el hecho de sentir su tacto, entrelazando los dedos lentamente con los suyos, como pidiéndole permiso...
—Va, Sasuke, vente con nosotros —escuchó de fondo a Karin.
...Pero no fue hasta ese momento que se atrevió a mirar directamente a los ojos a Naruto, y todas las tonterías se le apartaron de la cabeza de un plumazo, casi casi dejándole la mente en blanco.
¿Lo decía en serio? ¿De veras estaba dispuesto a irse con él… y dejarlas a ellas ahí tiradas? ¿No quería ir a darse una vuelta con ellas?
«No pienso dejarte solo, Sasuke», resonó la voz de Naruto en el fondo de su mente. «¿Quieres salir conmigo? Como pareja».
—Chicas, id yendo vosotras —les dijo Naruto de repente.
—¿Qué pasa? —preguntó preocupada Fuu.
—Ahora vamos —insistió.
Aunque algo confusa, la enana comenzó a andar instada por Karin. E igual de confuso Sasuke fijó su atención en Naruto, quien no le devolvió la mirada hasta que las chicas se alejaron, calle abajo.
Fue entonces que Naruto posó los ojos sobre él, haciéndole incluso dar un respingo por dentro.
—¿Quieres que te lleve a casa?
—No —contestó al instante.
Respuesta errónea, pensó, pues sí que debería marcharse. Al menos allí no le amargaría el día a Naruto, y podría dormir y descansar hasta que se le pasara la tontería. Aunque por otro lado, no paraba de desear quedarse junto a él… Que no le diera de lado. Que después de ese día no cambiara nada entre ellos...
"No me dejes…"
—Sasuke… —le llamó en un susurro, apretándole levemente la mano. —¿Te sientes mal?
No pudiendo soportarlo más, se soltó de su agarre. Pero tan sólo un segundo; el tiempo justo y necesario para abrazarlo por la cintura y pegarse más a él. Sabía que debía empezar a buscar las palabras y explicarse en voz alta para dejar de torturarlo de esa manera… Porque en algún lugar de su mente era consciente de que Naruto se preocupaba por él. De que era sincero, y que realmente quería decir todo lo que le dijo aquella tarde en el hospital.
Y de que no le iba a dejar sólo por esto.
Por eso no pudo evitar sentirse aliviado cuando aquel le devolvió el abrazo casi al instante, apretándole con medida fuerza a él. Más aún sabiendo lo mucho que le debía incomodar un gesto así en mitad de la calle pero, sobretodo, por el hecho de que no se apartara ni tan siquiera cuando comenzó a oír los susurros de desaprobación de la gente que pasaba por su lado.
Si esos idiotas supieran que él se sentía el hombre más afortunado del mundo así, entre sus brazos, no les mirarían con esas caras de asco. Envidia era lo que deberían de sentir. Porque dudaba que nadie pudiera ser más feliz que él, sintiendo todo el amor que Naruto le profesaba con ese simple gesto de cariño que hacía que todo su ser temblara de emoción, provocando incluso que se le saltaran las lágrimas de tanta felicidad.
"Si esos idiotas supieran…"
—Va… Vamos un rato con ellas —le pidió en un susurro, besándole en la sien después.
A lo que no pudo sino asentir levemente y dejar que se le escapara una pequeña sonrisa al ver la de Naruto cuando le miró fijamente a los ojos.
—Va —tiró de él, cogiéndole de la mano.
¿Por qué era que se había estado deprimiendo antes? Ahora ya no tenía ni idea, sintiéndose arrastrado por esa fuerza que siempre le empujaba a seguirle, donde fuera que quisiera llevarle.
Ya se había dicho a sí mismo innumerables veces que no debía ponerle en duda. Igual que ahora. Perfectamente podría haberlo llevado a casa e irse a dar una vuelta sin él y en cambio… Ahora se daba cuenta de que, quizá, el dobe preferiría regresar al piso con él, si no quería quedarse ahí.
Por eso no pudo, ni quiso, evitar que su sonrisa se ensanchara un tanto más.
Verdaderamente… No había cambiado nada entre ellos a pesar de todos los desplantes que le había hecho; a pesar de haberlo intentado dejar sin más explicación; a pesar de haberle hecho tanto daño; a pesar de todo…
—Hey, Sasuke, ¿has visto el nuevo monopatín que han inventado?
—¿No…? —contestó algo aturdido por la repentina pregunta.
—¿¡No!? ¿Tú sabes los monopatines esos que salían en la peli de 'Regreso al futuro'?
—Unn… —asintió levemente, expectante de lo que tuviera que contar.
—¡Tío! ¡Los han hecho de verdad! —exclamó con euforia.
—¿En serio? —preguntó incrédulo.
—¡En serio! ¿¡Te imaginas!? ¡Podríamos ir volando de una punta a otra de la ciudad! ¡Y hacer volteretas en el aire! ¡Y ya no tendríamos que ir agobiados con el tráfico!
—No… Tendrías que ir pendiente de que nadie te volara la cabeza —no pudo evitar burlarse.
—¡Ja! ¡Tengo buenos reflejos, ¿sabes?! Los esquivaría como si estuviera surfeando —imitó como si estuviera encima de una tabla.
E inevitablemente se le escapó la risa por lo bajo al ver el entusiasmo con el que actuó, como si realmente se estuviera visualizando haciendo una pirueta. Y de igual modo… Él mismo comenzó a visualizarlo sin más remedio en su mente, con el pelo arremolinándose por el viento, la ciudad a sus pies… Libre de ataduras a la tierra, cual pájaro.
"Tengo que dibujarlo…", inspiró profundamente al tiempo que cerraba los ojos para hacer más nítida la imagen mental.
No tenía ni idea de cómo podían ser esos "monopatines", aunque podía ver a Naruto sobre una tabla. Verde. Verde fosforita. Con gafas de aviador y sus guantes de ciclista. Sí. Con esa camiseta negra de tirantes que solía ponerse en verano para estar por casa, y sus pantalones anchos, con una cadena colgando… Y el cielo impoluto tras él. ¿Y por qué no? Se veía a sí mismo acompañándolo, surcando el cielo. Casi podía notar la presión del viento contra su cuerpo, sintiendo la libertad de poder ir a donde quisiera, siguiendo al dobe.
"Si esos idiotas supieran…", meneó la cabeza, riendo para sí al darse cuenta él mismo de lo absorto que se había quedado por un momento.
—¡Buah! ¡Tiene que ser una pasada! —sonrió ampliamente Naruto.
Y no pudo sino darle la razón, devolviéndole el gesto.
—Unn…
.
.
.
FIN… (?)
26/11/21
Bueno...
Por el momento... Esto ha sido todo ;A; Como dije en el capítulo anterior, éste no es el último, pero sí el último por ahora.
Ha sido un viaje muy largo desde que empecé a escribir esta historia, así que a todos los que habéis estado desde el principio ahí conmigo, y a los que os habéis ido uniendo después... ¡MUCHAS GRACIAS POR ACOMPAÑARME! ;A;
En los últimos meses por cosas que han pasado en España, he estado pensando muy seriamente sobre publicar esta historia en libro físico (evidentemente, con otros nombres y alguna que otra modificación para un lector no tan metido en el mundo del manga/anime) para que llegue a más gente... ¡Dejadme en los comentarios que os parece la idea! 3
Y pues... de momento, nada más por mi parte.
Como digo siempre, podéis encontrarme prácticamente en cualquier sitio como "solochely" (estoy más atenta al twitter que a cualquier otro sitio). Así que cualquier cosa que necesitéis, o si simplemente queréis tener un poco de spam SNS, ya sabéis xD
¡Nos vemos! Mata ne~!
