I know you think that
I shouldn't still love you
I'll tell you that
But if I didn't say it
Well, I'd still have felt it
Where's the sense in that?
I promise
I'm not trying to make your life harder
Or return to where we were
Well I will go down with this ship
And I won't put my hands up and surrender
There will be no white flag above my door
I'm in love and always will be
White Flag, Dido
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Capítulo 25
Consecuencias
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A medida que sus pasos se aceleraban, las suelas de sus botas chocaban fuerte contra el azulejo. Los saiyajin que rondaban por los pasillos de la nave no alcanzaban a reverenciarlo por la prisa con la que caminaba, en ese momento para el joven príncipe nada importaba, lo único que tenía en mente era llegar donde su padre y poder contarle lo que había visto. La escena estaba completamente nítida en su mente, como si la hubiera grabado y se repitiera una y otra vez, el asco que le causó ver a su madre con otro hombre le había cerrado el estómago, volviendo pesado su abdomen, incluso se le repetía el desayuno. No se dio cuenta que su respiración estaba acelerada, como si llegar hasta su padre le tomara un gran esfuerzo.
Al llegar a la sala de control, vio a su padre de pie en el centro escuchando indicaciones de los técnicos. Sabía que lo había escuchado llegar, pero el rey no se movió ni un centímetro de su sitio ni siquiera para voltear a verlo. Algo extrañado, más con el mismo entusiasmo por contarle lo que vio, se acercó rápido hacia él. No alcanzó a quedar a un metro de distancia cuando la voz grave y solemne de su padre retumbó en las paredes metálicas.
—Déjennos a solas —dijo y todos los ingenieros y guardias que estaban en la sala le obedecieron. Salieron rápido reverenciándolo al pasar a su lado. Y cuando el último soldado salió de la sala, Trunks inhaló profundamente para soltar lo que había venido a decir, pero su padre volteó ligeramente a verlo y sus ojos negros fijos en él lo congelaron.
Estaba molesto, lo podía ver incluso sin que se lo dijera, pero había algo más en su mirada ¿habría visto también a su madre besarse con otro hombre? Seguramente, pensó, en su ingenuidad no encontraba otro motivo para que lo mirara de ese modo.
— ¿Qué diablos tenías en la cabeza para hablarle de ese modo a tu madre? —preguntó entre dientes sin voltearse, solo mirándolo por el rabillo del ojo. El príncipe alzó ambas cejas en respuesta, la sorpresa inicial le hizo dudar por unos segundos, tal vez era el humor de su padre el que le hizo titubear, pero se recuperó rápido. Cambió su peso de pie y alzó la barbilla, sin mostrar ni un ápice de arrepentimiento o humildad.
—No es importante ahora —dijo frunciéndole el ceño.
— ¿No es importante? Tu no decides eso —Vegeta giró sobre su talón para quedar frente a frente con su hijo. Lo miró fijamente, e intentó controlarse para no gritarle por lo enfadado que estaba. Apretó fuerte sus manos y continuó con su sermón improvisado—en lo único que piensa tu madre, es en ti. Eres su mundo, se preocupa y te ama, no tienes ningún derecho para hablarle así.
— ¿Entonces por qué se fue? —escupió mordaz, apretando su rabo en su cintura para no demostrarle lo furioso que le ponía que lo regañara por culpa de su madre. Se preparó mental y físicamente para su siguiente argumento, buscando un contraargumento con el que quedaría bien posicionado en la discusión, sin embargo, no se preparó para ver el semblante sombrío de su padre.
Frunció el ceño al oírlo suspirar y desviar la mirada, casi como si quisiera esconderse de sus ojos celestes. Curioso, le miró atento a cualquier expresión que le pudiera decir algo más que las escuetas palabras del rey.
—Por mi culpa —susurró sin mirarlo y Trunks negó meciendo su flequillo lacio apenas le oyó, como si no aceptara o procesara su respuesta.
Sintió un zumbido en su oído derecho, y en el otro solo podía oír el ruido de los motores de la nave en segundo plano, al mismo tiempo que era consciente de su propia respiración. De repente la sala se le hizo pequeña, y tuvo que controlar su jadeo para intentar mantener las apariencias frente a su padre.
—No mientas por ella. —Terminó diciendo.
El rey lo miró otra vez, si no lo conociera lo suficiente creería que solo lucía serio como de costumbre, pero había algo en el brillo de su mirada que le inquietó y no supo identificarlo.
—No lo hago —dijo—sabes bien que no miento. Le hice mucho daño a tu madre, hijo. Por eso se marchó —Reconoció sin apartar la mirada esta vez, enfrentándose a él con su culpa y vergüenza bajo la capa. Frunció el ceño cuando vio a su hijo sonreír.
—Dices todo esto para que me olvide de que me abandonó —dijo negando, incrédulo con las palabras del rey—deja de protegerla, no se lo merece.
Vegeta frunció el entrecejo, mordió su mejilla interna para controlarse, porque escuchar que hablaban mal de Bulma le molestaba, aunque fuera su propio hijo el que lo dijera, es más, que fuera Trunks le incomodaba aún más. Pero en cierto aspecto podía llegar a entenderlo. Su hijo no estaba al tanto de su pasado tortuoso con su madre, solo había sido testigo de sus progresos como individuo y, para mala suerte de Bulma, se había quedado con lo mejor del niño y ella estaba recibiendo lo peor de él. Necesitaba corregirlo, ayudar de alguna manera a la princesa y a la vez, hacer que Trunks mejorara su carácter. Sentía que había fallado, que a Bulma le había fallado y estaba cansado de pensar en cómo enmendar su error y no caer en los gritos o castigos que no servían de nada.
—No hables así de tu madre —optó por decir—no sabes lo mucho que ha hecho por ti.
—Claro, mientras tú la defiendes todo el tiempo, ella se anda besuqueando con otros hombres —escupió en un tono arisco.
Fue el turno de Vegeta de quedar estoico en su sitio, con el ceño fruncido y los labios entreabiertos, sin procesar lo que acababa de oír. Movió su lengua dentro de su boca muchas veces, casi de modo nervioso, buscando las palabras correctas para dejar salir en un momento como ese, pero no lograba conectar su lengua con su mente. En su cabeza, lo único que se repetía e intentaba imaginar, era a Bulma en los brazos de otra persona y la sangre le hirvió. Aquello era un mal augurio, pensó, le trajo a su memoria recuerdos que se había esforzado por borrar, al punto de que había olvidado que pasó, como si los hubiera bloqueado. Pero sucedieron, ella ya había estado una vez con otra persona ¿Por qué no iba a hacerlo ahora que no estaba en una relación con él? Tragó saliva, incómodo, y relamió sus labios, tratando de humedecerlos un poco. Los ojos celestes y mirada fría de su hijo no le ayudaban a reaccionar, optó por desviar la mirada, pensando en una respuesta moralmente correcta.
— ¿De qué mierda estás hablando? —terminó preguntando.
—Lo que oíste —medio sonrió burlesco—cuando nos íbamos, un tipo se le acercó y se besaron en la boca.
—B-bueno, tu madre es una mujer soltera, puede hacer lo que le plazca —dijo entre dientes, más para él que para su hijo, convenciéndose de sus propias palabras. Resopló al darle la espalda, sus ojos se quedaron fijos en el panel de control al mismo tiempo que fingía restarle importancia a lo que acababa de oír.
—Debemos averiguar quién es —dijo Trunks ignorando las palabras de su padre. Se acercó rápido hacia él para poder verlo a la cara.
—No —dijo tajante volteando a verlo—eso es parte de la vida privada de tu madre, no te metas. Nadie tiene derecho a involucrarse —su tono de advertencia no sirvió para el príncipe heredero.
—Pero quieres saberlo ¿verdad? —se cruzó de brazos y le miró con la barbilla alzada, esperando la respuesta que ya sabía. Vegeta no respondió, lo miró de soslayo, casi con sospecha y el niño terminó sonriendo. —Era alto… con el cabello largo y platinado, solo eso pude ver desde la distancia.
—Nate —escupió apenas su hijo terminó de hablar, casi vomitando su nombre.
Sintió su abdomen pesado, su pecho le apretó un poco, como si de repente se hubiera expandido y su armadura —la cual es flexible—no pudiera soportar el tamaño de sus músculos. La presencia del canciller la recordaba muy bien, se había sentido tan humillado cuando cruzaron palabras en la celebración del cumpleaños número 4 de su primogénito, por el mero hecho de verlo rondar cerca de Bulma y ahora ¿era él quien tenía la fortuna de estar junto a ella? Entonces entendió que la inseguridad —y los celos— que sintió cuando lo vio, tenían una base sólida.
— ¿Nate? ¿Lo conoces? —preguntó Trunks sacando su comunicador para buscar información del sujeto.
—Lo último que supe, es que era canciller del cuadrante 28 X —dijo, olvidando que hace segundos atrás le había dicho que no se involucraran en la vida privada de Bulma.
—Bueno, ahora es primer ministro del cuadrante —dijo con el ceño fruncido mientras leía la información que había encontrado. Vegeta giró a verlo, un poco inseguro, debería dar por terminada la conversación, sin embargo, sus pies estaban pegados al azulejo y sus labios sellados, expectante por oír qué más le diría—y tienen un tratado comercial con la tierra desde hace unos años… ¿conocía a mamá de antes?
—Sí —dijo sin mirarlo.
—Uhm… no sale más información —dijo dándole unos golpecitos a la pantalla de su comunicador con su dedo índice—bien. —Vegeta lo miró de soslayo, lo vio teclear rápido sobre la pantalla y caminar hasta una silla, se desplomó en el asiento acolchado sin dejar de mirar el aparato. Frunció el ceño cuando oyó los tonos, reconoció enseguida que estaba llamando a alguien.
— ¿Qué estás…? —alcanzó a decir cuando la llamada fue aceptada. Frunció el ceño al oír la voz de Bulma, se tensó en su sitio y no fue capaz de acercarse para verla. En parte por la sorpresa, y porque con la novedad que le había contado su hijo, no se sentía listo para hablar con ella o verla.
—Hola mamá —dijo Trunks en un tono amable—siento lo que te dije… estaba molesto, no es nada en contra de ti —murmuró agachando la mirada, fingiendo culpa y Vegeta se congeló.
¿Qué clase de manipulador había criado? Sintió un escalofrío recorrerle el espinazo, se quedó tenso siendo testigo de la actuación de su hijo, sin saber qué decir o cómo actuar. Debía regañarlo, intervenir y exponerlo frente a Bulma, pero no podía moverse.
—Tranquilo… no estoy molesta contigo, solo quería que pasáramos más tiempo juntos… —oyó decir a Bulma.
—Sí, pero podemos hacerlo en otra oportunidad —respondió el príncipe—oye… me pareció verte con una persona cuando nos fuimos ¿quién era? —Vegeta cubrió su boca con su mano derecha, la textura del guante no le molestó, estaba más concentrado en el espectáculo que estaba dando su hijo.
—Ah… —los nervios, incluso sin verla, Vegeta pudo reconocerlos en su tono de voz. Tragó saliva con dificultad, sentía una esfera en medio de su garganta y debía ser el pánico que se manifestaba en su cuerpo por saber que su Bulma estaba con alguien más. —S-se llama Nate, es mi prometido. Quería presentártelo hoy.
—Ah ya veo —asintió el niño, restándole la importancia que había demostrado con su padre a solas— ¿llevan mucho tiempo de prometidos?
—Unos meses —y los ojos negros del rey se volvieron dos pozos sin fondo, lúgubres en el completo abismo. Su mente se apagó, todo a su alrededor se tornó borroso, apenas parpadeaba escuchando aquella revelación que le dolía y apretaba en el pecho, justo donde estaba su corazón, o lo que quedaba de él.
—Bueno, en otra oportunidad me lo presentas o puedes venir a Vegetasei —dijo apenas sonriendo.
—C-claro, podemos coordinar algo.
—Te dejo, te aviso cuando lleguemos.
—Bien, te amo. Cuídate ¿sí? Saludos a Tarble y a Keel —Trunks asintió y cortó la llamada. Esperó que la aplicación cerrara por completo y volteó a ver a su padre con el ceño fruncido.
— ¡Se van a casar! ¿Qué vamos a hacer? No podemos permitirlo —la preocupación en el tono de voz de su hijo lo hizo reaccionar.
Vegeta frunció el ceño, aun incrédulo con todo lo que estaba procesando, pero más importante aún, el rey prefirió darle prioridad al hecho de que su hijo era un crío malintencionado, inteligente y manipulador, seguramente era peor que él y Bulma juntos. No podía ignorar ese hecho y preguntarse "¿de dónde había salido así?", porque tenía material en su ADN para ser como era, sin embargo, le costaba entenderlo. Después de todo, se había esforzado mucho por ser mejor individuo y un padre correcto, como para que su hijo se convirtiera en alguien peor que él mismo. No lograba entenderlo.
—Nada —dijo mirándolo serio—no te metas en los asuntos de tu madre y no quiero hablar más de este tema —asintió para sí mismo y salió rápido de la sala antes de que su hijo protestara y terminara envuelto en una discusión que no lo llevaría a ningún lado, además, necesitaba meditar.
— ¡Pero papá! —se quejó Trunks poniéndose de pie para seguirlo, pero el rey levantó su mano derecha sin voltear a verlo, deteniéndolo con ese gesto y dando por finalizada la plática. Blanqueó los ojos y soltó un suspiro ¿qué haría ahora? No podía dejar que su madre se casara, si perdía la oportunidad de volver con su padre, su situación estaría peor que antes. Se masajeó la frente y resopló molesto.
(…)
La puerta de la nave no alcanzó a abrirse del todo cuando el rey Vegeta salió rápido de la máquina. Trunks apresuró el paso para ir cerca de él, lo miraba de soslayo, buscando alguna señal o abertura para saber su humor y continuar con la plática. Lo cierto era que durante todo el viaje hacia Vegetasei, su padre se encerró en su habitación y ni siquiera había probado alimentos. Era una evidente señal de su mal humor. Pero había algo más, lo conocía lo suficiente como para darse cuenta que su padre no solo estaba molesto, lo veía preocupado o incluso desanimado, lo sabía porque lo había visto antes así y era por el mismo motivo: su madre. Y la idea le molestaba, que el saiyajin más fuerte se comportara así por una mujer, era humillante. Que fuera su madre no le impedía sentirle rencor, porque para él lo más importante era su padre, y por culpa de la princesa no podía idolatrarlo como de costumbre, le hacía recordar momentos de su niñez que buscaba ignorar, pero que siempre salían a flote cuando se trataba de la relación de sus padres. Porque cada vez que lo veía desanimado, sabía que se debía a ella y el abandono seguía reciente, como una herida fresca que sangraba cada vez que lo notaba.
— ¡Madre! —el grito agudo de Kyabe le sobresaltó. Se hizo a un lado cuando lo sintió cerca, para evitar que le tocara la tela de su capa. Y sin darse cuenta, hizo la misma expresión que su padre, ceño fruncido, labios encorvados hacia abajo, mirada gélida.
—Bienvenidos —saludó Riander al verlos bajar de la rampa. Sus ojos negros estaban fijos en el rey, pero por más que intentó leer su expresión, solo lo vio molesto y eso no era nuevo para ella. Iba a hablar cuando la mano de su hijo tironeó su capa, no alcanzó a regañarlo cuando el niño habló.
— ¡Quiero un perro! —exclamó emocionado—en la tierra hay muchos, la madre de mi hermano me dijo que podía darme uno si me daban permiso —Riander alzó una ceja y miró al rey, buscando alguna explicación, pero el saiyajin continuó su camino. La reina no tardó en seguirle el paso con su hijo sujetando el borde de su capa mientras hablaba sin parar— ¿por qué no tenemos una piscina en el castillo? O una sala para ver películas ¡en el castillo de la tierra tienen todo eso! Y muchos animales, pude jugar con unos perros que se llamaban… —Riander frunció el ceño y agachó la mirada hacia él, y solo eso bastó para que el niño se callara.
— ¿No entrenaste? —cuestionó resoplando.
—E-es que la madre de mi hermano dijo que podíamos divertirnos, y papá estuvo de acuerdo —reconoció temiendo su regaño, al mismo tiempo que soltaba la tela. Riander miró hacia Vegeta, pero el rey no se molestó en esperarlos y aceleró el paso. Contuvo el suspiro, el solo imaginar a su hijo compartiendo con la humana le hizo hervir la sangre.
—Al final… —el tono de voz frío y burlesco a la vez del heredero a la corona le hizo fruncir el ceño, no volteó a verlo, hacerlo era darle en el gusto—mi madre puede hacer lo que quiera sin consecuencias… es la única mujer que puede conseguir eso del rey —Trunks la miró medio sonriendo y negó suavemente—quizás algún día lo consigas, aunque lo dudo.
Riander crispó los dientes, pero no le contestó. Miró en silencio como el mocoso se adelantaba y caminaba muy imponente por la zona de despegue, como si fuera el dueño de la tierra que pisaba, entonces lo entendió. El niño era el dueño de todo eso, ella era un adorno como solía repetirle, y eso no iba a cambiar a menos que desapareciera. La idea quedó instalada en su pecho, como siempre le pasaba que discutía con él.
(…)
La sala de consejo normalmente se usaba solo para reuniones. Se había quedado hace un par de horas ordenando unos tratados en el ordenador principal de la sala, y aunque aquella sala no tenía prohibido el paso para el futuro heredero, era extraño verlo dentro sin la presencia de su hermano mayor. Tarble lo miraba cada cinco minutos o quizás menos, a pesar de ser su sobrino, no compartía mucho tiempo con él desde hace algunos años. Siempre estaba Vegeta entre ellos o el resto de la familia real. Ahora, el niño llevaba un par de horas sentado a tres puestos de distancia de la mesa redonda, leyendo en su tableta digital. En varias ocasiones que levantó la mirada, se encontró con los ojos celestes de su sobrino que, al verse sorprendido, desviaba rápido la vista hacia el aparato.
No podía evitar sonreír, después de todo, aunque su personalidad fuera complicada, seguía siendo un niño y no podía controlar todas sus actitudes. Intentó recordar cuando fue la última vez que se río de su sobrino, quizás antes que los niños salieran de la incubadora, cuando era el único niño corriendo por los pasillos cuando nadie lo veía. Su semblante se ensombreció al pensarlo. Quizás las actitudes del príncipe tenían que ver con celos y absurda competencia, pues no había comparación entre su linaje con el de los demás. Trunks tenía el poder de pelea más alto, destacaba en todas las áreas, era el saiyajin perfecto de su generación. A su parecer, el niño no tenía motivos para estar constantemente compitiendo con su medio hermano y prima. Recordaba que cuando era un niño, su hermano era indiferente con él por ser débil, pero Trunks no solo ignoraba a Kyabe, en cada ocasión que podía lo humillaba. Su hermano fue cruel muchas veces, pero no recordaba que lo hubiera tratado de esa forma.
— ¿Pasa algo, príncipe Vegeta? —preguntó mirándolo de soslayo. El niño pegó un brinco en su sitio y negó rápido, sin mirarlo. Tarble alzó una ceja e intentó concentrarse nuevamente en los documentos que tenía. Lo escuchó resoplar bajito y sonrió, llevaban alrededor de una hora y media en silencio, casi ignorándose, no a propósito por su parte. No tenía mucha afinidad con su sobrino, y estaba seguro que no le caía bien, era difícil entender al niño. Quizás solo su hermano lo conocía de verdad.
—Tío Tarble —detuvo sus movimientos para levantar la vista, el niño seguía mirando la pantalla, pero pudo notar desde su posición que el aparato estaba apagado— ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro —hizo a un lado el teclado y miró fijamente al niño. Pasaron los minutos y Trunks seguía con los ojos fijos en la pantalla negra. Tarble lo miró curioso, parecía que lo que fuera que quería hablar le era incomodo o vergonzoso y era una faceta nueva en el príncipe. — ¿Está todo en orden? Te ves nervioso.
—Sí —asintió sin mirarlo. Respiró profundamente y volteó a verlo directamente por primera vez desde que se sentó— ¿cómo fue la relación de mis padres? —Tarble alzó ambas cejas al oírlo, y aunque le oyó claramente su pregunta, no lo entendió.
Habían pasado unos cuantos días desde que el grupo había llegado de su viaje a la tierra. Laurel no había visto nada extraño entre su hermano y la princesa Bulma, sin embargo, el rey andaba diferente. A momentos sentía que podía volver a ser el saiyajin despiadado del pasado, ese al que todos le temían y no se atrevían a hablarle, que abandonaba sus deberes de rey y se iba a purgas que duraban meses. Sin embargo, su hermano solo lucía más serio y callado que de costumbre. Parecía sombrío y desanimado, pero seguía cumpliendo con sus responsabilidades y no había matado a nadie en esos días.
Algo le había pasado en la tierra. La única persona que lograba afectar su estado de ánimo era Bulma, algo muy malo le había pasado como para que estuviera desanimado y que su hijo preguntara por primera vez por la relación de sus padres. Tarble agachó la mirada, sus ojos negros quedaron fijos en el brillo de la mesa, pensando qué decir.
— ¿Qué quieres saber? —optó por decir, cruzó ambas manos delante de él y volteó a verlo, sonriéndole.
—Eso —respondió Trunks apoyando su rostro en su mano—como fue su relación.
— ¿Pasó algo en la tierra? —preguntó y Trunks frunció el entrecejo, lo estaba irritando, aun así, no cambió su expresión amable hacia su sobrino. —Tu padre anda depresivo y tú estás preguntando por su relación.
— ¿Puedes dejar de contestarme con preguntas? —respondió exasperado—ya es suficientemente molesto tener que preguntarte.
— ¿Por qué? ¿tan difícil es depender de otros? —le cuestionó y rio bajito al ver su expresión hostil—ya, ya. Tranquilo. No estás rodeado de enemigos, soy tu tío. Relaja tu defensa.
—No puedo confiar en nadie —respondió rápido sin mirarlo.
—Es cierto —reconoció asintiendo—aunque te diga que jamás te traicionaría, y sé que es así, lo mejor es siempre estar alerta. Tu padre te enseña bien.
— ¿Y bien? —insistió Trunks después de un par de minutos en silencio— ¿cómo era la relación entre mis padres?
— ¿Le has preguntado a Vegeta? —cuestionó inclinándose hacia delante. El niño negó rápido y Tarble asintió pensativo—ya veo… bueno, tus padres se conocieron en la tierra. Un matrimonio arreglado, se supone que Vegeta tenía que desposar a tu tía Tight.
—Eso no lo sabía —murmuró pensativo, imaginándose un escenario en que su tía fuera su madre y la idea le inquietó. — ¿Mi tía lo rechazó?
—No —respondió recordando esos años—él eligió a tu madre. Ella solo acató el compromiso. —Trunks frunció el ceño, quizás estaba siendo paranoico, pero le pareció que su tío le decía entre líneas que lo de sus padres no fue consentido por ambos, sin embargo, no se atrevió a preguntar. —No se llevaban muy bien, pero parecía que… la cosa funcionaba para ambos —prefirió decir desviando la mirada.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó y tragó saliva con disimulo. Sentía el vientre pesado, como si se hubiera comido un gran festín y ya no pudiera probar ningún bocado más. Estaba ansioso por saber, pero también estaba inquieto. Las palabras de su padre se repetían una y otra vez, y a pesar de no creerle, la duda había terminado por hacer lo suyo y ya no se sentiría tranquilo hasta saber qué había pasado entre ellos.
Tarble guardó silencio ¿cómo explicarle? Sentía que no le correspondía decirle nada, y a la vez, entendía que preguntara e imaginaba que, por su orgullo, era primera vez que lo hacía. Soltó un suspiro con pesadez y se rascó la cabeza, un poco nervioso y sonrió.
—Lo siento, no sé mucho al respecto. Solo puedo decir lo que veía, o lo que yo creía ver —mintió.
— ¿Qué creías de su relación? —preguntó apretando sus manos en puño sobre la tableta. La punta de su cola se movía de un lado a otro debajo de la mesa.
—Que… se querían. —Soltó sin pensar—o la mayoría del tiempo —carcajeó sin ganas—es complicado… fue complicado. Tus padres pasaron por muchas cosas.
— ¿Por qué se fue mi madre? —preguntó mirándolo fijamente. Tarble frunció el entrecejo, algo extrañado y sonrió confundido.
—Porque su padre estaba enfermo, eso lo sabes ¿no?
—Pero se quedó allí y ellos se separaron —dijo frunciendo el ceño.
—Ellos se separaron mucho antes de eso, Trunks —dijo en un tono sereno y suave, pues estaba sintiendo como la respiración del niño poco a poco se aceleraba al compás de su humor—tu madre vino contigo porque no podías estar sin ella a tan corta edad.
—No —dijo serio y Tarble lo miró boquiabierto—ellos estaban juntos ¡lo recuerdo! Ellos estaban juntos cuando yo llegué aquí y luego ella nos dejó ¿por qué?
Tarble desvió la mirada. No supo qué más decir, hablar un poco más era terminar contando cosas que su sobrino no debía saber, y no quería mentirle. Entendía su interés, y su reacción, después de todo una parte de su historia estaba resguardada con mucho hermetismo ¿cómo podía crecer si no sabía de su propio origen? Tarble frunció el ceño, empezó a entender entonces el comportamiento del niño y su semblante se ensombreció. Suspiró y volteó a verlo.
—Trunks… no sé qué más quieres que te diga —murmuró derrotado—son tus padres quienes deberían decirte estas cosas, no yo.
—Papá dijo que mi madre se fue porque le hizo daño ¿qué fue lo que le hizo? —Tarble se congeló. —Estaba mintiendo ¿verdad? Mi padre no pudo hacerle nada, él no es así. —Sonrió el niño, pero su sonrisa se apagó cuando vio el semblante serio de su tío. Trunks sudó frío, la boca se le secó de repente y tuvo que recordarse respirar. El solo imaginar que lo que su padre le había dicho era cierto le dejaba en completo asombro. —Tío Tarble… ¿qué es lo que sabes?
—Su relación fue complicada —susurró agachando la mirada—insisto que debes preguntarles a tus padres si quieres saber más. No me parece correcto que te diga estas cosas, lo siento.
—Entiendo. —Asintió desviando la mirada, intentando controlar su pulso. Sentía su corazón latirle deprisa y no sabía si se debía a la adrenalina o a la ansiedad, tal vez ambos. Sentía que estaba cerca de saber una verdad que le impactaría, que quizás incluso no la creyera, pero necesitaba entender por qué su padre era tan devoto a su madre, y ella simplemente ignoraba lo que provocaba en él.
Se puso de pie sin mirar a su tío, tomó la tableta entre sus manos y asintió a modo de agradecimiento y salió rápido de la sala. Una vez que estuvo afuera, soltó un profundo suspiro, pensativo, se quedó unos minutos de pie sin moverse. No había sacado mucho provecho de la plática con su tío, ninguna información relevante, pero si muchas interrogantes. Pensó ingenuamente que preguntarle a una persona que había estado en esa época y que tenía fama de ser honesto y directo, le aclararía bastante el panorama, pero había quedado con más incógnitas y una peculiar sensación que le molestaba. No quería prestarle atención a lo que su intuición intentaba gritarle, porque hacerlo era ver lo que estaba ignorando a propósito desde que su padre le había confesado aquella mentira, porque quería seguir pensando que lo era.
(…)
Se obligó a probar la carne que le habían servido. El plato humeante no le parecía apetitoso, pero no podía seguir saltándose las comidas, debía estar físicamente bien, no podía perder masa muscular ni aparentar debilidad, por lo que, aunque no tenía ni una pizca de hambre, tomó los cubiertos y cortó en trocitos la porción generosa de animal asado. Intentó ignorar las miradas de sus familiares, supuso que se le notaba en la cara que no estaba bien, pero al menos ninguno se atrevía a preguntarle.
La voz de su hijo menor lo sacó de sus pensamientos, no paraba de contarle a sus abuelos lo que había hecho en su viaje a la tierra. Era quizás el único que había disfrutado del viaje. Sus labios se curvaron hacia abajo al pensarlo. Incluso antes de saber que Bulma estaba comprometida con otro hombre, había pensado que su estadía en la tierra resultó en un completo desastre, desde la actitud desobediente e hiriente de Trunks hasta su noche apasionada con la princesa pero que terminó confundiéndolo y por qué no reconocerlo, lastimándolo. Intentaba ver lo positivo al asunto, como que por fin la había vuelto a ver después de tanto tiempo, incluso había llegado a pensar —consolarse—de que al menos había tenido la oportunidad de estar una última vez con ella.
Pero no era suficiente.
Se sentía frustrado. Sabía que lo de ellos no tenía posibilidades porque ella no quería estar con él, había aprendido a vivir con eso, pensando que se merecía no estar con ella después de todo lo que le había hecho, sin embargo, una parte de él siempre pensó e imaginó volver estar con la mujer que amaba. A menudo soñó con ese momento en que ella lo perdonara y que pudieran estar juntos, no como antes, sino con todo lo que habían aprendido. Se imaginaba un futuro en donde podía demostrarle que había cambiado, que ya no era el saiyajin cruel y que jamás la haría sufrir otra vez, y demostrarse a sí mismo que había mejorado.
Por un momento pensó que el universo —o dios—lo estaba premiando sin merecerlo cuando pudo besarla y sentir su piel otra vez. Pero cayó rápidamente al suelo cuando entendió que lo que para él fue importante, para Bulma solo fue sexo. No se sintió utilizado, pero el que estuvieran en sintonías tan diferentes lo desilusionó. Aun sabiendo lo complicado que era que estuvieran juntos, quiso intentarlo al ver interés por su parte, por minutos en su mente rodó una fantasía que le calmó el alma, y ahora esos pensamientos le hacían sentir idiota. Porque ella no quería lo mismo y, por el contrario, ella estaba comprometida con alguien más y aquellas fantasías quedarían para siempre en eso. Fantasías. Y era difícil lidiar con esa revelación, más que con su rechazo, más que entender que sus obligaciones hacían que su relación fuera compleja, el saber que ella estaría con alguien más y por el resto de su vida, le partía el pecho.
No estaba celoso, no sentía rabia al pensarla en los brazos de alguien más como le ocurrió cuando supo lo de aquel soldado hace años atrás. Lo único que sentía era envidia y frustración, desilusión y ganas de no hacer nada. Por más que hiciera cosas, pensara en otros aspectos de su vida o se concentrara en sus obligaciones de gobernar, todo se volvía tedioso y mecánico. Se sentía ausente.
Al terminar de cenar, pensó en ir a entrenar un poco para mantener la mente en blanco por algunas horas. Pero apenas salió del comedor principal notó los pasos que le seguían. No quiso voltearse y encarar o hablarle a su hijo, porque estaba seguro de sus intenciones y—temía—no quería escucharlo. No alcanzó a subir por la escalera cuando el niño carraspeó su garganta y le habló.
—Padre —Vegeta hizo una mueca, pensó en seguir caminando e ignorarlo, pero sacó esa idea rápidamente de su cabeza. Se sintió incómodo, a pesar de que no quería oírlo, no estaba en su método de crianza el ignorarlo y ser frío con él, aunque estuviera molesto— ¿tienes un minuto?
—Te escucho —dijo sin dejar de avanzar por la escalera. El príncipe se apresuró y caminó a su lado, lo notó ansioso cuando le miró por unos segundos y contuvo la respiración para no resoplar cansado al imaginar su discurso.
— ¿Has pensado qué hacer? —intentó no inmutarse, en cambio, alzó una ceja y giró para verlo.
— ¿Sobre qué? —preguntó fingiendo ignorancia. El niño frunció sus espesas cejas color lila, su expresión llena de hastío le causó gracia, pero no se rio. No podía mostrarse relajado con él, no ahora al menos cuando lo que quería decirle eran reproches que no toleraría.
— ¡Sobre mamá! —exclamó molesto, y Vegeta escondió el asombro por su reacción. Esperó verlo calculador e inexpresivo como de costumbre, pero la situación para su hijo parecía ser más importante que el mantener las apariencias o quizás con él no se molestaba en actuar.
— ¿Qué tiene? —dijo con calma y su hijo detuvo el paso justo cuando llegaron al segundo piso. Lo vio mirar hacia ambos lados, cerciorándose de que no había nadie a su alrededor.
—Sobre el compromiso de mamá —dijo bajando el tono de voz—no podemos permitir que se case con ese tipo.
— ¿Por qué? —preguntó serio, se cruzó de brazos y apoyó en la baranda de la escalera. Trunks frunció más el entrecejo, estaba perdiendo la paciencia, lo podía notar por su respiración acelerada y los pelos de su rabo que empezaban a erizarse de a poco.
—Porque debe estar contigo —dijo en un tono obvio—eso es lo que quieres ¿no?
—Trunks, tengo una reina. Tu madre está comprometida, no hay nada más que discutir. Nuestras vidas seguirán su curso, ella se casará, yo te heredaré el trono y me jubilaré en algún momento —evitó decir "y me iré a la mierda", que era lo que realmente pensaba— ¿no estás conforme con eso?
— ¡Nada de eso es seguro! —exclamó molesto y Vegeta alzó una ceja—mi madre no puede casarse con ese sujeto. Debe ser ella tu reina, es lo que quieres ¿no? ¿por qué no haces algo al respecto?
— ¿Quieres que me meta en su relación? —preguntó con falso interés, y el rostro del niño se iluminó—que arruine su compromiso, la traiga aquí y la haga mi reina oficial ¿crees que eso es posible?
— ¡Por supuesto! —dijo sonriéndole—eres el rey, puedes hacer lo que estimes conveniente. —Vegeta asintió un par de veces, pensativo, buscando las palabras exactas para aclararle el panorama a su hijo.
—Hijo… —murmuró pensativo, lo miró fijamente a los ojos y resopló cansado—creo entender tu inseguridad respecto a la sucesión, pero es solo eso, inseguridades. Tu eres el siguiente rey, no hay discusión al respecto. No necesitas intentar manipularme para que vuelva con tu madre y así asegurar tu posición.
—N-no intento manipularte —se quejó con indignación. El rey medio sonrió sin ganas y continuó caminando. Trunks frunció el ceño, dudó unos segundos y maldijo por lo bajo. Bufó molesto y trotó suave para alcanzarlo—pero es lo que tú quieres —insistió al llegar a su lado.
— ¿Y lo que quiere tu madre? —preguntó y le miró de soslayo. Trunks alzó ambas cejas, pareció sorprendido por unos segundos, pero se recuperó rápido volviendo a su semblante altivo de siempre. — ¿Eso no es importante?
—No quise decir eso —respondió blanqueando los ojos—… entonces ¿dejarás que haga su vida con otro hombre? —Vegeta detuvo su andar apenas oyó la pregunta, cuestionándose a sí mismo una y otra vez si sería capaz de permitir aquello. Rápidamente supo la respuesta; no se trataba de lo que era o no capaz de permitir, sino de lo que sería capaz de soportar. Y debía soportarlo de una u otra forma, porque no había nada que hacer al respecto y tenía que aprender a vivir con eso, con la certeza de que nunca volvería a estar con ella.
Su semblante ensombreció de repente. Y no se molestó en actuar frente a su hijo, después de todo él sabía que estaba interesado en su madre, y que la situación le afectaba, que la estuviera utilizando a su beneficio era otro asunto. Suspiró cansado y volteó a verlo, algo cabizbajo por asumir que se estaba rindiendo antes de dar siquiera la pelea, pero no podía ser de otra forma.
—No se trata de dejarla hacer su vida. Ella tiene derecho a hacer su vida, lo que yo piense o sienta, no importa. No tengo nada que ofrecerle. —Dijo y tragó con dificultad, relamió su labio inferior y continuó avanzando.
— ¿Cómo que no tienes qué ofrecerle? Eres rey del imperio más poderoso del último milenio.
—Da igual. Ella no quiere esto —dijo haciendo énfasis en la última palabra mientras miraba a su alrededor—y lo respeto. Es hora de que tú también lo respetes, no te metas en su vida privada. Es muy feo lo que estás haciendo, yo no te críe así. —Le regañó frunciendo el ceño. Trunks evitó blanquear los ojos o se ganaría un regaño más molesto, prefirió suspirar y asentir resignado. El rey asintió y continuó caminando, no alcanzó a dar otro paso cuando el niño volvió a hablar.
— ¿Puedo… invitarla a venir? —preguntó sin mirarlo. Y Vegeta sin voltear, contestó.
—Claro, pero a tu madre no le gusta venir a Vegetasei —dijo frunciendo el ceño—dudo que quiera venir —sonrió sin ganas, porque a pesar de que lo sabía, se ilusionó al imaginarla caminando por esos pasillos—y sé tus intenciones. Si la vas a invitar para atormentarla por su compromiso, entonces le diré todo a tu madre.
— ¡No planeo nada! —mintió fingiendo indignación. Pero, aunque su padre no le respondiera, sabía que no era suficiente para convencerlo. Se quedó de pie, viendo como la capa del rey se balanceaba al ritmo de sus pasos. Se preguntó si a él se le veía de la misma forma, sonrió burlesco al responderse rápidamente que no, era imposible que se viera así de imponente con su melena lacia y de color lavanda.
(…)
Keel esquivó el puño de su nieta sin problemas y esperó por su siguiente movimiento, pero en cosa de segundos la niña desapareció de su vista, fue cuando sintió la pierna de Ery golpear su tobillo izquierdo haciéndole perder el equilibrio. No alcanzó a caer del todo, apoyó su palma en el suelo y de paso, le lanzó una patada en el rostro. Ery apenas pudo cubrirse con su antebrazo, el impacto la hizo caer de espaldas. La reina madre sonrió al no oír ningún quejido. La niña se levantó rápido limpiándose la comisura del labio de donde sangraba.
— ¿Aun no te cansas? —preguntó con una sonrisa arrogante en los labios. La niña tosió un par de veces y negó meciendo su cabello negro azulado. —Me parece bien tu entusiasmo, pero Kyabe y tú están agotados. Vayan a la sala de recuperación y darse un baño.
—P-puedo seguir —insistió la menor, llamando la atención de Keel. La saiyajin alzó ambas cejas al oírla, iba a preguntarle cuando notó que los ojos grises de su única nieta viraron hacia el otro extremo de la sala, la imitó a los segundos para ver qué era lo que llamaba su atención. No pudo evitar abrir los ojos de par en par cuando vio al príncipe Vegeta sentado en una banca con una toalla en los hombros, porque entendió rápido qué era lo que estaba pasando en la mente de su nieta.
Evitó hacer una mueca, o darle alguna alerta de que se había dado cuenta que quería impresionar o llamar la atención del heredero, en cambio, prefirió sonreír y revolverle el cabello. Su sonrisa se borró cuando sintió la suavidad de su melena, había olvidado que evitaba tocarlo pues le recordaba el pasado con Laurel. No era una saiyajin moralista ni pudorosa, por lo que cuando supo que la saiyajin de elite se estaba involucrando con su hijo menor, no le importó. Sin embargo, cuando nació su nieta y notó su parentesco, intentó olvidar cada momento con la joven. No le parecía apropiado ahora que era parte de la familia real, e inconscientemente cada vez que veía a Ery le recordaba lo miserable que fue en esos tiempos.
—Pero tu abuela está cansada —mintió sonriéndole.
—No lo pareces —dijo Kyabe acercándose mientras se sacudía el pantalón de su traje— ¿te aburrimos? —preguntó desviando la mirada, pero incapaz de esconder la vergüenza y tristeza en sus facciones. Keel supuso a qué se debía, seguramente su nieto mayor les repetía constantemente lo débiles que eran, a esas alturas, sentía que lo que necesitaban eran clases de autoestima más que de entrenamiento. Suspiró agotada y negó para sí misma, lidiar con sus nietos era más agotador que cuando crío a sus hijos.
—Seguiremos por la tarde, vayan con Iris —Kyabe suspiró y asintió, Ery le imitó, pero antes de irse volvió a mirar al príncipe Vegeta. Keel se preguntó si aquel repentino interés era genuino o si se debía a los comentarios repetitivos de los adultos en que le decían que ella sería la prometida del futuro rey.
Esperó que ambos niños salieran de la sala, se sacudió el cabello y caminó hacia el único saiyajin que quedaba en la habitación. El niño no levantó la vista, se mantuvo mirando el suelo como lo había hecho durante toda la jornada de entrenamiento. Hace unos días que se había sumado al entrenamiento con los niños para evitar que el príncipe continuara torturando a los menores y a la vez, para poder ayudar y apoyar de alguna forma a que los pequeños mejoraran su relación y sus habilidades físicas. Y era el primer día en que el príncipe Vegeta no participaba.
Se había sentado en la banca apenas entró a la sala. Esperó que en algún momento la atacara por sorpresa, o le dijera que era su turno y dejara de perder el tiempo con sus primos, sin embargo, eso nunca pasó. Keel no necesitaba ser una mente brillante para notar que algo andaba mal con su nieto, y lo conocía lo suficiente como para percatarse. El niño nunca se saltaba sus lecciones, siempre lucía altivo e inexpresivo, pero ahora solo parecía aburrido y ni siquiera estaba cruzado de brazos y con la barbilla en alto.
Estaba inclinado hacia delante, con los codos apoyados en sus muslos y la mirada perdida en el azulejo. Carraspeó su garganta para llamar su atención, lo único que consiguió fue una mirada rápida del menor que duró por unos segundos.
—Bien, ¿qué es lo que te pasa? —preguntó sentándose a su lado, cruzó sus piernas y apoyó una mano en su rodilla sobresaliente.
—Mi madre tiene un prometido —dijo sin mirarla. Keel alzó ambas cejas al oírlo y entonces las piezas encajaron con rapidez. Entendió por qué su hijo mayor parecía tan distraído y deprimido desde que habían llegado de la tierra. Soltó un suspiro cargado de pesadez y miró hacia el suelo, como su nieto.
— ¿Tu padre lo sabe? —preguntó, aunque sabía la respuesta.
—Sí y no hará nada… —murmuró.
— ¿Y qué podría hacer? —bufó sonriendo, pero su sonrisa se borró cuando notó sus ojos celestes mirarla de soslayo—ah, espera ¿hablas en serio? ¿qué quieres que haga tu padre? No puede hacer nada ¿por qué debería? —dijo rápido, casi nerviosa.
—Mi padre quiere estar con ella —respondió serio— ¿no debería hacer algo al respecto? —Keel abrió la boca, pero nada salió. Tragó saliva sintiendo la garganta seca de repente, suspiró y pensó en sus opciones, porque negar que su hijo quería a la humana a esas alturas ya no se lo creía nadie en el planeta. Era un secreto a voces que la unión de Riander y Vegeta era solo político, y eso no era raro, pero sí lo era que no tuviera amantes ni concubinas. El fantasma de la princesa seguía más presente que nunca, aunque pasaran los años.
—Pero si tu madre se casará, no hay mucho que pueda hacer —susurró mirándolo con atención. Fue el turno de su nieto de suspirar derrotado, lo vio estirarse en su sitio y cambió su posición por primera vez desde que entró a la sala. Apoyó la espalda en la pared y se cruzó de brazos, desde su ángulo parecía que hacía un puchero con los labios, haciéndola sonreír al pensarlo.
—Abuela ¿cómo era la relación de mis padres? —preguntó serio y la miró de soslayo. Notó que no se puso nerviosa como su tío, parecía pensativa, lo que alimentó su curiosidad.
—Tu madre cambió mucho a mi hijo —reconoció por primera vez en voz alta—creo que Vegeta empezó a sentir cosas que nunca había sentido, por culpa de tu madre. Aun las siente —dijo con amargura.
— ¿Amor? —preguntó frunciendo el ceño, incomodo. Su abuela también parecía estarlo, pero en su expresión había algo más que no supo entender. Nunca la había visto tan silenciosa y expuesta. Cada vez que la vio asistir a alguna reunión, su silencio parecía un iceberg afilado difícil de romper, acompañado de su expresión indiferente y hostil, la saiyajin era como un roble firme que nada empujaría. Ahora en cambio, parecía una mujer cansada y derrotada y no entendía frente a qué se estaba rindiendo.
—Sí, eso creo —susurró, guardó silencio unos segundos y sonrío sin ganas—no me gustaba tu madre para mi hijo… noté enseguida que Vegeta estaba muy interesado en ella y no me gustaba en lo que se estaba convirtiendo… por eso la perdonó tantas veces —dijo sombría.
— ¿Perdonarla? —la voz de su nieto la tensó, maldijo por lo bajo por soltar aquella tontería frente a él y ahora no sabía cómo arreglarlo— ¿de qué tuvo que perdonarla tantas veces? —preguntó extrañado, sintiendo como su abdomen se volvía pesado de repente, tragó saliva, ansioso y la miró atento, buscando cualquier señal de mentira o nervios en su expresión.
—B-bueno… tu madre no respetó muchas costumbres de acá, y tu padre se lo permitió —murmuró no muy convencida—sinceramente, príncipe Vegeta, tu madre no era un buen partido. Prefiero que Riander sea la reina.
— ¿Y a Kyabe de heredero? —dijo mordaz mientras se ponía de pie y Keel lo miró boquiabierta.
—Jamás he pensado en alguien más para que herede la corona —respondió seria—estoy siendo sincera contigo, creí que podía hablar estos temas con mi nieto, pero ya veo que eres un crío aun —dijo y se puso de pie, y a pesar de la diferencia de altura, parecía que el menor era quien miraba hacia abajo con desprecio.
—No me trates de infantil —respondió en un tono hostil que sorprendió a la saiyajin—todos acá repiten como bufones que soy el siguiente rey, pero cuando pregunto sobre mi madre me tratan como un niño y omiten muchas cosas, ¿crees que no lo noté? ¿qué me están escondiendo? —preguntó entre dientes.
—No seas paranoico ¿por qué te esconderíamos algo? Y ¿qué tiene que ver con que no quería a tu madre como reina? —dijo rápido mientras ponía sus manos en su cadera.
—Mi madre se fue de aquí y no quiso volver, aunque su único hijo estaba aquí ¿no quiso volver porque su vida corría peligro? ¿hiciste algo en su contra para que no fuera reina? —preguntó sonriéndole, mostrándole una máscara macabra que estremeció a la reina madre.
Keel entreabrió los labios, y antes de que pudiera pensar alguna respuesta coherente que pudiera entender un niño de su edad, su sinceridad flotó sin filtros ante el interrogatorio de su nieto.
—Sí —dijo sin culpa y Trunks contuvo la respiración. Por un micro segundo, el miedo y la indignación dominaron sus sentidos. Se sintió traicionado por quizás la segunda persona en que más confiaba, sintiéndose inseguro al pensar que había estado confiando en el enemigo—no llevaba ni siquiera un año aquí cuando intenté matarla.
— ¿Q-qué? —solo pudo decir. La vio mirar el suelo, los siguientes segundos fueron lentos para el príncipe, sentía el corazón latirle deprisa y por un momento pensó en escapar y decirle a su padre, pero luego una idea venenosa pasó por su mente: ¿y si su padre ya lo sabía y a eso se refería con que le había hecho daño? Sudó frío de repente, todo en la habitación empezó a dar vueltas y tuvo que sentarse para calmar su mente.
—Príncipe Vegeta —susurró sin mirarlo, Trunks la miró expectante, casi con horror sin poder aceptar que su abuela todo el tiempo fue un enemigo más en el castillo—lo que te contaré, no lo sabe tu padre. Solo tu madre.
— ¿C-cómo dices? —tragó con dificultad—no entiendo… mi madre ¿por eso se fue?
—No —se apresuró en decir—no… tu madre se fue por cosas entre mi hijo y ella que desconozco… lo que estoy por contarte es un pecado que aún no expío. Es más —sonrió sin ganas—entendí que estuvo mal lo que hice cuando te conocí.
—Estás asustándome —reconoció sin darse cuenta, completamente ensimismado en la plática. Keel borró su sonrisa y volteó hacia él, esta vez parecía avergonzada notó el niño.
—Antes quiero que entiendas que… yo era muy diferente en el pasado —murmuró con un nudo en la garganta. Ahora entendía que la vergüenza y el arrepentimiento siempre estaban con ella, aunque lo ignorara, pues el error de su pasado aun le pesaba—¿sabes? Nos parecemos mucho en algo… no nos gusta demostrar debilidad ni decir lo que de verdad pensamos, para no exponernos con nadie y así nadie nos traiciona. Aunque quiero contarte esto… tengo miedo de que me odies. —Terminó susurrando, pero Trunks la oyó a la perfección. La inseguridad de antes se fue cuando entendió que su abuela no era un enemigo, porque en sus palabras y miradas, pudo ver la sinceridad con la que le hablaba, no pudo desconfiar y se sintió aliviado por eso.
—Abuela —murmuró no muy seguro—solo te odiaría si fueras mi enemiga ¿eres una traidora? —la saiyajin negó rápido—bien, habla. —Dijo impaciente.
—Intenté matar a tu madre —dijo y Trunks quedó congelado en su sitio—no la quería como futura reina, y ordené que la atacaran porque estaba embarazada y nadie lo sabía, ni siquiera ella.
— ¿Qué? —pudo decir, mirándola con horror— ¿c-cómo? Pero… ¿hace cuánto fue eso?
—Aun no llevaba un año viviendo en Vegetasei —dijo cabizbaja—aproveché que tu padre salió a una misión larga y ordené que la atacaran. Si Tarble no la hubiera encontrado, habría conseguido mi propósito.
— ¿Por qué no querías un nieto mestizo? —preguntó sintiendo los ojos arderle.
—No —negó—no era por eso… tu madre cambió mucho a mi hijo, temía que Vegeta… temía que… —guardó silencio ¿cómo decir que temía que se convirtiera en lo que era ahora? Pero tampoco era justo decirlo pues entendía que no era tan malo del todo, pues su hijo seguía siendo un buen rey, había mejorado en muchas cosas y eso se lo debía a ella, aunque no lo dijera en voz alta—se volviera débil… que empezara a actuar blando y fuera un mal rey.
— ¿Por qué dijiste que mi madre sabe esto? —preguntó confundido—y porqué mi padre no.
—Cuando tu madre se fue la primera vez…—susurró pensativa—pensé que por fin me liberaría de ella y que todo volvería a ser como antes. Luego de unos años supimos que ella había tenido un hijo y que era de Vegeta. La maldije una y otra vez —dijo recordando ese momento—y cuando tu padre dijo que te llevaría a Vegetasei para hacerte el heredero, quise matarla con mis propias manos. No asistí a tu llegada, pero los rumores corrieron rápido. Ella había venido contigo y supe que debía hacer algo —Trunks no quiso interrumpirla, aunque había cosas que no entendía prefirió preguntarle al final—no recuerdo si fue la primera noche que pasaste aquí… pero me colé en tu habitación.
— ¿Ibas a matarme? —preguntó serio, no se sintió ofendido y, por el contrario, entendía el relato de su abuela. Keel sonrió y volteó a verlo por primera vez desde que empezó su confesión.
—Sí —dijo sin dejar de sonreír—y tuve tiempo para hacerlo, nadie me interrumpió ¿por qué crees que no lo hice? —Trunks no contestó, ella suspiró y levantó la mirada al techo. Sus ojos se concentraron en los focos de luz blanca y continuó—pensé en lanzarte una bola de energía desde lejos porque ni siquiera quería conocerte, pero se podría rastrear y me descubrirían rápido, así que me acerqué con una almohada para asfixiarte, pero apenas te vi… mi instinto asesino se esfumó ¿qué crees que pensé cuando te vi? —preguntó volteando a verlo, el niño negó en silencio y Keel acercó su mano hacia su frente, temió que se alejara, pero su nieto no se movió ni un centímetro y eso le confortó. Acarició su frente con suavidad y removió su flequillo sin dejar de sonreírle—que eras igual a Vegeta.
— ¿En serio? —preguntó sin poder esconder la sonrisa.
—Podrás no tener nuestros colores, pero eres el calco de tu padre. No pude tocarte un pelo esa noche y le prometí a tu madre que velaría por ti. —Trunks la miró confundido cuando dijo lo último, Keel le revolvió el pelo y murmuró—tu madre dejaba unos aparatos de sonido en tu cuarto. Según yo no emití ningún ruido, pero ella me escuchó y llegó tan rápido… no alcancé a estar a solas contigo mucho tiempo, es increíble el instinto maternal. Ella te agarró fuerte entre sus brazos y me enfrentó, aunque sabía que no podía ganar. Esa noche le conté lo que fui yo la que ordenó atacarle antes… todavía me pregunto por qué nunca le dijo a tu padre…
— ¿Qué crees que hubiera pasado si le contaba? —preguntó tratando de ignorar el calor que sintió en el pecho cuando le contó que su madre lo protegió de una saiyajin.
—No estaría aquí —dijo encogiéndose de hombros—tu padre los ama demasiado como para perdonar un acto así, incluso viniendo de su madre.
—Abuela… hay algo que no entiendo ¿Por qué dijiste que mi madre se fue la primera vez? ¿se fue varias veces? —Keel alzó ambas cejas al oírlo y asintió para sí misma.
— ¿No lo sabías? —preguntó asombrada—sabes de Freezer ¿verdad? —Trunks asintió—bien, tenemos un tiempo antes del almuerzo. Te contaré lo que sé.
Trunks se acomodó y escuchó atento la historia de su abuela. Cuando terminó, salieron de la sala riéndose y comentando cosas triviales. Aunque la plática le fue más significativa que la que tuvo con su tío, aun sentía que había muchas cosas que no sabía sobre la relación de sus padres. No dejaba de preguntarse por qué su madre prefirió tenerlo escondido antes que decirle de su existencia a su padre y temía la respuesta, porque no podía dejar de pensar que tenía que ver con lo que le había dicho antes —de que le había hecho daño—y eso significaba que era cierto. No sabía cómo sentirse, tenía una preocupación constante y ya no tenía que ver con su inseguridad por la sucesión.
Se sentía confundido.
(…)
Era recién medio día y ya estaba agotada. Miró los planos sobre su escritorio y se preguntó en qué momento se le había ocurrido cambiar el motor de su auto, el que tenía funcionaba ¿para qué mejorarlo? Ah, porque había escuchado un ruido extraño y le molestaba que no pudiera pasar los cambios más rápido. Sin embargo, ahora que tenía los planos sobre la mesa, con especificaciones detalladas y muchos trazos y números, no tenía cabeza para llevarlo a cabo. Suspiró con pesadez y miró hacia la ventana, sus ojos azules quedaron fijos en las ramas de los árboles, luego miró la pantalla de su tableta digital, posó sus dedos suavemente para ver la hora y si había alguna notificación, no se asombró al no encontrar ningún mensaje.
Habían pasado dos semanas y media desde que su hijo y el resto de los saiyajin se habían marchado, y solo había podido hablar dos veces con Trunks. La primera cuando le contó sobre Nate y la segunda hace una semana. Lo había llamado para saber de él, y aunque no lo sintió tan arisco y cortante como de costumbre, no se quedó mucho rato con ella en línea —no lo que hubiera querido—, siempre estaba ocupado. No le gustaba todas las tareas que le cargaban en el día a día por su rol de príncipe, no se había atrevido a decírselo a Vegeta, pues estaba segura que era el mismo niño quien había decidido tener todas esas obligaciones. Además, no quería hablar con el rey.
Se sentía avergonzada y culpable. Pero no en sí por lo que había hecho, sino por lo que había provocado. Las palabras del rey se le repetían constantemente, sobre todo por las noches cuando no tenía nada que hacer y la culpa crecía. No sabía si sentía lo mismo por él, lo que sí sabía era que no lo odiaba. Ya no era una niña para culpar a sus hormonas, a menudo se repetía que, si las cosas con Nate fueran diferentes, tal vez no habría sucumbido al deseo, pero era una excusa barata.
También estaba Nate. Le estaba haciendo el quite a la conversación pendiente, no estaba segura si decirle lo que había hecho, sentía que no aportaba en nada y, por el contrario, solo arruinaría la relación. Entonces se repetía que eso debió pensarlo antes, pero por el momento prefería guardar silencio. Se sentía tan confundida, era un problema que ella misma se había buscado, ahora dormía mal y estaba distraída todo el tiempo.
La puerta de su laboratorio se abrió de repente. No tuvo que voltear para saber de quien se trataba, después de todo el único que entraba sin golpear era Jaco. El olor a queso que le golpeó se lo confirmó.
—Convencí a Noona que me hiciera cheesecake ¿quieres? —dijo sonriente al llegar a su lado.
Bulma frunció el ceño cuando vio el plato con su grotesca porción. No tenía hambre, y el olor tampoco le agradó, pero comió de todos modos.
—Solo para hacerte daño —dijo aburrida mientras sacaba un trozo con el pequeño tenedor. No alcanzó a masticar el pedazo dentro de su boca cuando sintió una ola de asco abofetearle, como si se hubiera echado a la boca algo repugnante. Hizo una mueca de desagrado e intentó tragarlo.
—Esta maravilloso ¿verdad? —preguntó el ex patrullero, pero el rostro pálido de la princesa le borró la sonrisa—oye ¿estás bien?
Bulma no pudo responder, hizo una arcada sintiendo como el trozo de pastel se le devolvía y supo que eso no quedaría allí solamente. Se levantó rápido de su silla y corrió hacia el cuarto de baño que tenía dentro de su laboratorio, pero no alcanzó a llegar cuando vomitó abruptamente el poco desayuno que había comido esa mañana y el cheesecake que acababa de probar. Un hilo de jugo gástrico le ensució la barbilla, y apenas podía concentrarse en algo más que mantenerse en pie. Sintió su cuerpo calentarse, el sudor fue instantáneo, hizo una mueca de desagrado por el olor de su propio vómito y el sabor que aún tenía en la boca. Caminó lento hacia el baño evitando pisar la suciedad y se abalanzó al lavamanos para limpiarse.
—Hace días que estás enferma ¿Por qué no has llamado al doctor? —le recriminó Jaco, molesto por arruinarle su merienda con aquella repulsiva escena. Bulma lo miró por el reflejo del espejo y le frunció el ceño, iba a hablar cuando de repente, las palabras del rey hicieron eco en su cabeza.
Su rostro no podía volverse más pálido cuando comenzó a recapitular sus síntomas. Jaco tenía razón, llevaba varios días débil y cansada, casi no comía y dormía poco, pero culpaba a su estrés por el error que había cometido con el rey Vegeta. Sudó frío, el pánico poco a poco fue apoderándose de su cuerpo al comprender el riesgo que había corrido por irresponsable e idiota, y estaba segura que su miedo tenía fundamentos reales.
— ¿Te acompaño al doc.? —la voz de Jaco interrumpió sus funestos pensamientos. El hombrecito entró al cuarto y la miró atento. Se enjuagó el rostro con abundante agua y negó débilmente—pero estás enferma ¿prefieres que lo llamemos para que venga?
—N-no —dijo casi en un susurro—creo que sé lo que me pasa —se le entrecortó la voz, y la angustia le golpeó al instante, sacudiéndola en repetidos espasmos mientras intentaba controlarse.
—Hey, hey —murmuró extrañado—si te sientes tan mal, llamaré al doctor de la familia —dijo incómodo.
—N-no —negó entre balbuceos—creo… creo que estoy embarazada —se cubrió el rostro y sollozó bajito. En su mente no había nada coherente, muchas preguntas sin respuestas, pero lo que sí tenía claro era que era una tonta sin remedio.
— ¿Cómo dices? Pero, ¿por qué lloras? —Jaco acarició su espalda un par de veces, incómodo por tener que tocarla y era lo máximo que haría por intentar consolarla, su especie no estaba acostumbrada a las emociones—no pasa nada… es lo que todos querían ¿no?
—N-no sé qué hacer —reconoció entre llanto, bajó sus manos y volteó a verlo angustiada. Tenía el rostro hinchado y rojo de tanto llorar en pocos minutos.
—Adelantan en matrimonio y ya, no es tan complicado ¡te haces problemas donde no los hay! —le regañó sonriendo—ya, anda. Anímate, debemos hacerte exámenes y…
—No es de Nate —le interrumpió y Jaco la miró confundido y estalló en un llanto más fuerte al confesarlo.
— ¿C-cómo dices? —preguntó, pero no insistió al verla descontrolada. Jaco tragó saliva y le acarició la espalda otra vez, con más suavidad y genuinamente preocupado—ya, ya…calma ¿de qué estás hablando? Como que no es de Nate, no entiendo.
—Con Nate nunca nos hemos acostado —dijo entre llanto, olfateando sus mocos—quiere respetar las normas de su especie y las de acá —confesó y agachó la mirada, se limpió las lágrimas con el borde de su sudadera y lo miró de soslayo, temiendo encontrarse con una mirada reprobatoria o disgusto, pero el rey solo la miraba confundido y atento, hasta preocupado pensó—es… es de Vegeta. —Susurró y cerró sus ojos lentamente, tratando de asimilar ella misma lo que estaba diciendo. Jaco no habló, se quedó estoico en su sitio, con una mano en su espalda y la otra sobre el lavamanos.
(…)
Sabía el resultado del sobre que tenía en sus manos. En la ecografía se lo habían confirmado, el papel era mero protocolo. Estaba sentada en su cama con las luces apagadas, mirando el vacío, pensando en sus opciones. Tenía dos semanas y media de embarazo ¿y qué podía esperar después de hacerlo tres veces sin protección y no tomar precauciones al día siguiente? Se sentía tan estúpida, pero después de escuchar a su hijo decirle tantas cosas hirientes, lo dejó en el olvido. Ahora tenía que asumir las consecuencias, pensó. Soltó un suspiro, apretó el sobre en sus manos y bajó al comedor.
No tenía hambre, e intentó no hacer una mueca cuando sintió los diferentes olores mezclarse. Caminó lento hacia su puesto y se sentó derrotada, sin mirar a nadie. Bebió un sorbo de agua, no estaba nerviosa, se había mentalizado toda la noche y sabía qué diría. Hablarlo con su familia no era tan complicado, lo que sí le aterraba era hablarlo con su prometido.
Jaco la miró desde su sitio, el rey no había dicho nada a nadie desde que supo su estado y agradecía su lealtad y que no la juzgara, no lo necesitaba en ese momento, aunque lo merecía. Agachó la mirada, tragó saliva y habló aprovechando de que Raditz no estaba presente.
—Tengo que decirles algo —murmuró sin mirar a nadie, los cubiertos se quedaron quietos y nadie habló, por un momento se preguntó si ya sabían lo que les diría, o si sospechaban porque la conocían. Tragó saliva y levantó la mirada, entonces se le formó un nudo en la garganta—tengo… que… decirles, yo…
— ¿Qué pasa? —preguntó preocupada su madre— ¿Qué tienes, cariño?
—Mamá… yo… —en su mente la escena era más fluida. Volvió a tragar y evitando sus ojos azules, escupió rápido—estoy embarazada.
— ¡Bulma! —exclamó su hermana mayor levantándose de su silla, corrió hacia ella y la abrazó fuerte— ¡es una noticia maravillosa! —su vista se nubló por las lágrimas que se asomaron, y antes de poder decir algo, comenzó a llorar. Su hermana sonrió y besó su cabeza, pensando que lloraba de emoción, pero cuando su llanto se volvió desgarrador supo que algo andaba mal. Se sentó junto a ella y le acarició el hombro— ¿Qué tienes?
—Cariño, tranquila —dijo su madre acercándose, anormalmente seria—puedes decirnos lo que sea —le animó y Bulma frunció el ceño. Levantó la vista hacia ella, extrañada por sus palabras, casi pudo leer entre líneas que su madre ya lo sabía, pero era imposible pensó.
—N-no es de Nate, es de Vegeta —dijo avergonzada y el silencio reinó en el comedor.
— ¿Es una broma? —preguntó Tight después de unos minutos de tenso mutismo. La joven negó sin mirarla, y tomó una servilleta para limpiarse la nariz—Bulma ¿es en serio? —insistió, y su hermana asintió— ¡¿En qué mierda estabas pensando?! —le gritó al mismo tiempo que sacudió su hombro para que la mirara y la joven volvió a romper en llanto. —Maldición ¿Cómo pudiste ser tan irresponsable? ¡No eres una adolescente!
—Ya, suficiente —dijo su madre y Bulma se hizo pequeña en su asiento—no es el momento para esto, Tight. Estoy segura que Bulma ya sabe todo lo que le estás diciendo.
—Pero mamá… esto es muy grave —insistió Tight.
—L-lo siento —balbuceó y se cubrió la cara con sus manos sin dejar de llorar y estremecerse—l-lo s-siento —repitió una y otra vez, hasta que sintió los brazos de su madre rodearla por el costado.
—Tranquila, todo va a estar bien —le respondió la reina madre. Tight prefirió callar. No aprobaba nada de lo que estaba sucedido, desde la comprensión de su madre hasta el error de su hermana, pero no era el momento para seguir regañándola, no conseguiría nada en ese estado. Se acarició la sien, sintiendo como su frente comenzaba a palpitar.
— ¿Qué piensas hacer? —preguntó Tight luego de unos minutos. Vio a su hermana limpiarse las lágrimas con la manga de su ropa, sacar más servilletas y sonarse la nariz. Miró de soslayo a Jaco, el rey estaba atento a lo que pasaba y lucía serio en su sitio, no había probado bocado aún.
—Primero que nada… hablar con Nate, él merece saberlo —dijo sintiendo el nudo en su garganta, sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez y las secó rápidamente—y decirle a Vegeta.
— ¿Le vas a decir? —preguntó asombrada, miró a su madre y frunció el ceño cuando la vio sonreír.
—S-sí, no volveré a cometer el mismo error. Cualquier decisión que tome, él será el primero en saberlo —y el silencio volvió a apoderarse del comedor.
Tight se sirvió una copa de vino. Estaban en verano en esa zona del planeta, pero sentía que una tormenta pronto azotaría el castillo, y temía que el palacio no lo resistiera. Bebió un sorbo, luego otro, finalmente se terminó todo el contenido y volvió a llenarla. Su hermana aun lloraba, su madre le abrazaba y por un momento quiso hacerlo también, pero estaba muy molesta con ella y decepcionada ¿de qué había servido tanta terapia? Apenas tuvo la oportunidad, volvió a involucrarse con el nefasto rey saiyajin. No había bastado que le arrebataran a su sobrino y heredero a la corona, ahora volvía a sembrar su semilla en su legado familiar y estaba segura que los problemas estaban recién comenzando.
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N/A: Vayaaaa... mucho tiempo desde que pasé por acá (7 meses creo), y bueno, lo siento, pero muchas cosas han pasado desde entonces.
El embarazo de Bulma era evidente, y creo que es lo primero que aciertan hhahahahah pero fui bien directa, no se cuidaron en esa noche de seeecccsooh desenfrenado xD ahora a asumir las consecuencias, qué creen que pasará? hahaha
Vegeta sembró más de una cosa (xDDD), la duda ya está instalada y Trunks necesita respuestas, como Sheldon Cooper xD
les había dicho antes que quedaban como 7 cap contando este, intentaré que sean menos. Acomodaré los cap para que se acorte la cosa y poder darle complete luego.
Y bueno, siento las letras revueltas, las faltas de ortografía y errores gramaticales. Recién terminé el cap. Debo reconocer (como siempre me pasa con VAM), que no me costó escribir el cap, solo no le había dado el tiempo.
Es probable que VAM sea mi último fic Vegebul, los demás no los seguiré, lo siento, pero escribir obligada no me resulta, y eso me pasa con los otros fic (quizás insano me motive hahaha maldita ranciedad, sal de este cuerpah)
Bueno, nos estamos leyendo -espero pronto, en serio- que estén muy bien, ánimo en sus vidas, y sobre todo, Muchas gracias por la paciencia, por apoyarme y aguantarme. Gracias.
Gente de Chile, ando haciendo uñas press on de anime C: si les interesa pueden escribirme, hago envíos y todo eso.
