Capítulo 13
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Con sus maletas preparadas, Boruto bajó por las escaleras seguido de sus hermanos. Tenía una extraña sensación sobre la persona que lo estaba buscando pero sabía que aún tenía tiempo para resolver el asunto de Sarada. Había buscado varias formas para protegerla porque al parecer los talismanes ya no servían de nada y el collar que le había dado solo parecía mantenerla en un pequeño campo de protección para que aquellas cosas no la tocaran.
Pensó que si su familia no estaba ayudando en nada y solo contribuían a que ella quedara peor la única opción era tenerla cerca pero eh ahí la contradicción.
Ambos tendrían que vivir juntos porque las cosas realmente ya no estaban funcionando. No. Porque cada vez que la veía ella no parecía mejorar. ¿Pero cómo podrían ellos vivir juntos? Aquello era impensable… aunque… extrañamente, estaba considerándolo.
—¿Boruto?
La voz de su madre le trajo de vuelta y este solo volteó a verla ¿Cuánto tiempo llevaba perdido en sus pensamientos? Se preguntó al ver que sus hermanos ya estaban en la camioneta.
—¿Estás bien? —preguntó preocupada.
El rubio le miró con preocupación —No me gustaría que te quedaras sola con Minato.
—Estaremos bien hijo, la casa está protegida ¿No?
El rubio asintió sin más e ingresó al auto.
Cuando llegaron al liceo, había una gran cantidad de alumnos yendo y viniendo con sus cosas.
Las amigas de Himawari se acercaron a ellos.
—Señora Uzumaki que gusto verla —Saludó Namida.
Hinata les devolvió la sonrisa, esas chicas le caían bien. No importaba como iban vestidas o su aspecto, para ella se veían lindas y tenían su corazoncito.
Boruto tomó las maletas de Haru, Hiro y Hana junto con su maleta y se despidió de ellos.
—Nosotros nos vamos madre —miró a las amigas de Himawari —Hasta luego chicas.
—¡Adiós! —se despidieron al unísono.
Nagato y Haruto se fueron por su cuenta mientras que Hinata se despedía de ellos con la mano.
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Boruto terminó de guiar e instalar a sus hermanos pequeños en su habitación. En el Liceo, las habitaciones no eran compartidas, pues un compañero suponía también una distracción, por lo que las habitaciones eran pequeñas por alumno. Solo se componían de una cama individual, un escritorio de estudio, una lámpara y su silla. Era lo único.
Caminó por los pasillos de su área correspondiente hasta llegar a su dormitorio. Cuando llegó frente a la puerta, no pudo evitar mirar a su lado.
Un chico con las manos exageradamente temblorosas trataba de meter la llave en su puerta pero estas resbalaban se su mano.
Una sombra apareció sobre la espalada del chico y este cerró los ojos con fuerza mientras intentaba tomar sus llaves. Boruto quiso ignorar aquello pero no pudo, y sin más, se acercó para tomar las llaves provocando que el ente se alejara a una distancia prudente para observarle recelosamente desde ahí.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó el rubio.
El chico le miró sorprendido y tragó. Se burlaban de él porque era muy alto, pero ahí estaba ese chico igualándole la estatura. De pronto se sintió en paz, a salvo de aquello que le sucedía porque vio como la figura tras él se había alejado. El chico frente a él imponía en presencia, tenía una mirada bastante seria, y su ropa oscura le había ver como una persona fuerte, seguramente era por aquella chaqueta oscura con algunos metales como decoración.
—E… —carraspeó —estoy bien…
Boruto asintió y le ofreció las llaves de vuelta. El chico por fin abrió y antes de entrar dio una leve inclinación hacia el rubio, quien le correspondió igual y entró.
Boruto sintió la mirada penetrante de aquella cosa y levantó la vista para conectar sus ojos en los de aquella cosa, quien con algo de imponencia inclinó levemente el cabeza en señal de reto. Boruto le sonrió y negó levemente mientras se disponía a entrar en su habitación ignorando a la creatura que parecía una mujer con el cuerpo en descomposición.
Cerró la puerta tras él comenzó a sacar sus pertenencias, acomodó sus libros y su computadora. Luego de un rato, su teléfono sonó y revisó el mensaje, se trataba de Sarada.
"He terminado de instalarme… ¿Irás a la cafetería?"
Boruto sonrió y comenzó a escribir.
"Si, nos vemos en la entrada"
Su teléfono volvió a vibrar.
"Bueno"
Volvió a sonreír y terminó de arreglar sus cosas.
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Más tarde, ambos se encontraban en la cafetería sentados en una mesa hasta el fondo. Boruto había tomado los horarios de Sarada para los repasos de lecciones y se dio cuenta que no eran muchas. La mayoría de los alumnos tenían su horario lleno pero él y ella no.
—Sala de privados… eh tenido curiosidad ¿Qué es la sala de privados? Suena como a algo…
Sarada sonrió levemente —Es… algo… realmente tonto ¿Sabes? Algo snob,
—¿Esnob?
Ella asintió.
—Es un privilegio que solo los alumnos importantes tienen, ya sea por la familia o… por su gran desempeño escolar. Aunque… los que son de gran desempeño escolar si se lo merecen por su esfuerzo… yo creo que los que lo tienen por su estatus… realmente no lo merecen… se trata de… una sala de estudio mucho mejor que la que está en la planta baja, es una sala que te permite incluso comer y beber algo…
Boruto asintió a sus palabras —Entonces, esto…¿no todos lo tienen cierto?
Ella asintió.
—Yo lo tengo… pero dudo que sea por mi familia… no somos concidos… si hablamos de clase… podría decir que estamos en la media —se encogió de hombros —Nunca tuvimos problemas económicos pero tampocos somos… millonarios.
Sarada asintió mientras le miraba con curiosidad. Había pensado que reran ricos porque su casa, aunque no era una mansión estaba muy bien proporcionada y remodelada pero ahora Boruto le confirmaba que no era así, y eso le agradó.
Sonrió pero sin embargo luego se mordió el labio inferior pensando que su privilegio si era por el estatus.
—Sé que eres buena con tus notas Sarada, probablemente el tuyo tampoco tenga que ver con tu familia.
Ella negó y le dedicó una sonrisa algo tristona —Estoy segura que mi abuelo influyó… después de todo… soy una Uchiha…
—Olvídate de eso, hagamos uso de esto —dijo con seriedad y ella le miró con curiosidad.
—¿Qué?
—¿No crees que es mejor reunirnos para estudiar en un lugar sin tantos ojos encima? A mí no me importa pero sería mucho más tranquilo.
Ella sonrió —Esta bien… —sin embargo una punzada en su cabeza le hizo formar una mueca.
Boruto se acercó un poco más —¿Estás bien?
—Si… ya pasó.. ¿Nos vamos?
Él asintió. Aquellos dolores frecuentes de cabeza no le gustaban.
Ambos caminaban de vuelta a sus dormitorios, se despidieron y cuando ella se giró para dar unos cuantos pasos se detuvo y volteó a verlo. Se sorprendió y avergonzó cuando se dio cuenta de que él estaba en el mismo lugar mientras la observaba con una sonrisa suave.
Ella se había arrepentido de hablar pero tenía que hacerlo, pues ya había girado y boqueado —Eh… —unas chicas pasaron a lado del pasillo y les dedicaron miradas juzgadoras, ella cerró los ojos calmándose para no dejarse llevar por lo que pensaran y caminó de regreso hasta él.
Boruto le observó —¿Qué sucede?
—Yo… ¿Podría verte… en sueños?
Boruto sonrió y asintió —Esta bien.
Ella repitió la acción —Bien… hasta… al rato… —dijo para por fin caminar a su sección sin detenerse.
Boruto también se dirigió a su dormitorio.
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En el sueño
Boruto apareció en los sueños de la pelinegra y logró aparecer una cama en donde ambos se sentaron en pose de indio.
—¿podemos hablar de tus dolores de cabeza? —inició él
Ella negó —Realmente no es nada serio…
—No los tenías cuando te conocí…
—No lo sé… es probable que se trate de… el suero que me inyectaron…
Borto asintió —Sarada —ella le miró —¿Crees que puedas conseguirme los datos de esas personas?
Ella no dijo nada ni le cuestionó, Boruto estaba preocupado y eso le gustaba, que alguien se preocupara un poco por ella.
—Si… buscaré los datos.
Boruto finalmente sonrió.
—¿Querrás hablarme sobre tu… maldición? Claro… si quieres… —se apresuró a decir esto último.
A Boruto no le sorprendió aquella pregunta. Asintió y se acomodó.
—Tenía quince años cuando pasó…desde que tengo uso de razón toda mi familia habíamos estado viviendo en un camper hasta que nos mudamos hace algunos meses aquí y nos establecimos aquí.
Sarada le miró sorprendida por aquello —¿Un camper?
El rubio asintió —Así es…mis padres tienen alma aventurera, hasta hace poco viajábamos por distintos lugares. Visitando principalmente ruinas arqueológicas… hasta que el día de mi cumpleaños… visitamos una que se encontraba al interior de una selva… entramos y… yo toqué algo que no debía —se encogió de hombros —Terminé con esta maldición.
—Vaya —dijo ella mirándole con sorpresa —Pensaba que… podría haber tenido desde más pequeño y no desde hace pocos años… ¿Cómo… cómo te acostumbraste tan rápido?
—Desde pequeño escuchaba leyendas de terror pero por alguna razón, el tema de fantasmas y muertos nunca me causaron terror, ni hablar de las películas… y tener la capacidad de verlos como eran realmente no me causó ninguna impresión… y sobre mis habilidades… después de esto tuve que aprender a controlarlos, poco a poco fui comprendiendo el uso de cada habilidad que portaba y lo hice porque alguien desconocido que estaba relacionado con esta maldición me habló en suelos y me dijo lo que debía hacer. Dijo que debía aprender a controlarlo o terminaría consumiéndome y... matándome…
Sarada le miraba con emoción a medida que contaba su pequeña historia. Pero cuando llegó a la parte final, su rostro se tornó preocupado. Boruto se dio cuenta de eso.
—Descuida, logré controlarlo.
Ella asintió mientras sonreía.
—Sarada… —dijo él de pronto.
Ella le miró.
—Yo… no te lo había podido decir pero… sobre lo que vi en tus sueños…
Ella se puso nerviosa, era verdad, él no le había comentado algo más al respecto.
Antes de que él pudiera hablar, el aire a su alrededor comenzó a tornarse cálido… como si estuvieran rodeados de fuego.
—¿Qué sucede? —dijo mientras ambos miraban a su alrededor.
Boruto supo que era Sarada quien hacía eso pero ella no era consciente.
—Dame tus manos… —le dijo él y ella obedeció sin dudar.
Boruto tomó sus manos y ambos cerraron los ojos. Boruto utilizaba su propia energía para calmarla y así sucedió segundos después.
—Parece que… ha pasado.
—Es tu energía.
Ella le miró sorprendida —¿Yo?
—Tranquila, pronto sabremos que lo hace… estoy aquí —dijo en tono tranquilizador.
—¿Puedo abrazarte? —preguntó con angustia mientras le miraba con miedo.
Boruto se sorprendió por aquello, sin embargo asintió y la recibió de inmediato.
—Me gusta abrazarte Boruto… desde que comenzó a pasarme esto… era muy pequeña y no… había sido abrazada así… y eso que… no eres un familiar…
Boruto tragó al escuchar aquello, se sentía triste, como si se culpara por no estar con ella desde antes.
—No es necesario que el afecto venga solo de los familiares Sarada… puede venir… de cualquier persona que tenga las mejores intenciones,
—Como tú… —afirmó y el rubio asintió.
—Duerme —dijo con suavidad.
Ella cerró los ojos —¿Podemos volver aquí?
—Si.
:-:-:++:-:-:++ :-:-:++:-:-:++:-:-:++:-:-:++ fuera de los sueños:-:-:++:-:-:++ :-:-:++:-:-:++:-:-:++:-:-:++
A la mañana siguiente, cuando Boruto se dirigía a la única lección que llevaba; se detuvo abruptamente al sentir un intenso dolor en su muñeca, la sostuvo y se aguantó el dolor. Sabía que lo estaba buscando y que él debía quitar el sello que reprimía parte de su poder. El dolor pasó y continuó su camino sin más. A su lado, pasó cabizbajo el mismo chico que había visto temblando el día anterior.
Decidió ignorarlo y continuó su camino.
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Mientras Sarada salía de su habitación, se topó con la aparición de dos niñas pequeñas en vestido blanco que la observaban con una sonrisa nada amigable. Inconscientemente llevó su mano al dije y ellas retrocedieron pero la mantuvieron observando.
La pelinegra suspiró y continuó su camino, aún ahora, seguía temblando de miedo.
Y el dolor de cabeza, continuaba.
