Capítulo 14

1

Desde que Samuel Oak despertó a media noche, no había vuelto a dormir. Fue por una batalla común entre Venusaur y Feraligarth y descubrió que se trataba de múltiples combates de diferentes especies de Pokémon.

Muchos Pokémon estaban actuando de forma anormal, habían controlado en mayor medida sus instintos al estar en aquel ecosistema que compartían con varias especies, pero ahora parecían que actuaban a como su naturaleza les ordenaba, y muchos de ellos eran bastante peligrosos para todos en el rancho.

Muk, Pokémon tipo veneno hecho de desechos tóxicos. Andaba por todo el rancho, desorientado sin saber a donde debería ir realmente, y dejando un rastro de líquido venenoso por todos lados donde pasaba. Todo a su alrededor se contaminaba y las plantas, el césped y arboles pequeños morían. Muchos Pokémon tipo planta se acercaron para restaurar estas partes, pero el hedor emanado por los residuos de Muk era tan fuerte que muchos de ellos se desmayaron con poco tiempo que estuvieron cerca. Los más fuertes Kinotaro, el Breloon de Gold, y algunos Pokémon tipo acero, alejaron a los Pokémon desmayados de esta sustancia y así evitar daños en sus organismos.

Todos se alejaban del Pokémon morado, no solo por su hedor, sino porque el toque con este podría ser venenoso para cualquiera que lo tocara. Además, atacarlo no parecía ser una opción, pues el Pokémon no era violento, más bien, parecía un tanto entristecido, como si quisiese saber que debería hacer ante una grave situación.

Pero por el contrario de Muk, Duclops, un Pokémon tipo fantasma, estaba causando estragos a propósito. Había aprovechado la noche, pues Oak encontró muchos Pokémon pequeños en lugares recónditos, temerosos y escondidos para no ser encontrados por aquel Pokémon de un único ojo rojo, y en ocasiones, encontró a otros Pokémon en el suelo, inconscientes por la influencia de Duclops, quien los había inmovilizado y se había alimentado de ellos, absorbiendo su esencia.

Durante el día, Duclops se mantenía catatónico, en una pequeña cueva dentro del rancho donde habitaban Pokémon que preferían la oscuridad al sol. Duclops seguramente dormiría hasta que llegase la noche y volviera a atacar a Pokémon débiles. Eran pocos los Pokémon fantasma en el rancho, pero este era muy temido por todos. Oak esperaba que nunca hicieran evolucionar a este ser fantasmagórico, o un Dusknoir sería el doble de problemático.

Fueron pocos los Pokémon que intentaron enfrentarse al denominado agujero negro andante, pero todos fracasaron, solo los Pokémon tipo normal eran inmunes a su influencia, pero estos tampoco podían hacer algo contra él. Solo los Pokémon tipo siniestros podían vencerlo, pero estos escaseaban en el rancho y los que había tenían otras batallas que luchar.

Como Crawdaunt, Pokémon crustáceo del tipo agua/siniestro que pertenecía a Ash Ketchum, quien se había adueñado del lago del rancho, expulsando a todos los Pokémon tipo agua que allí descansaban y/o vivían. Era un Pokémon celoso y territorial, actuando tan egoísta como su naturaleza le indicaba.

Era un Pokémon atemorizante y tan violento como para haber ahuyentado, él solo a varios Pokémon que lo rodearan, incluyendo a Tentaro, el Tentacruel de Gold quien podía envenenar con el más leve roce de uno de sus tentáculos. Este Pokémon quiso detener al crustáceo, pero fue inútil tratar de envenenarlo con su gruesa coraza, y el Pokémon siniestro triunfó sobre él, en parte gracias a su inmenso tamaño. Un Crawdaunt regular apenas y rebasaba el metro de altura, pero este medía casi tanto como un Charizard. Era un caso extremadamente raro de gigantismo Pokémon.

Parecía que era Ash quien tenía esta especie de suerte al capturar crustáceos que al evolucionar crecían más de su tamaño estimado, pues el primero con esta característica fue un Kingler que superó su tamaño medio por más de 30 cm, midiendo casi lo mismo que Crawduatn. En la región de las cuatro islas existe un Pokémon crustáceo que mide lo mismo que una persona adulta, y Oak deseaba que Ash no capturara este Pokémon alguna vez, o el resultado sería abominable.

Kingler era más pacífico que Crawduant, pero era bastante fiero a la hora de batallar, su formidable pinza le hacía asestar golpes con la suficiente magnitud como para debilitar a un Pokémon de un solo golpe en el lugar adecuado. Antes que Corphish evolucionara, Kingler era quien mantenía el orden en el lago, era muy amigable con todos los Pokémon que allí llegaban y nunca negaba un espacio a nadie, incluso era muy amistoso con Corphish, pero cuando este evolucionó, ambos comenzaron a rivalizar y a enfrentarse por el control del lago.

Habían tenido varios enfrentamientos en el pasado, y la última noche volvieron a enfrentarse, pero había llegado la mañana y ellos solo habían parado para recobrar energías, y después de eso habían vuelto a su batalla donde parecía definirse de una vez por todas quien dominaría en el lago, si el Rey benevolente o el soberano egoísta.

Todos estos Pokémon que perturbaban el ecosistema del rancho, tenían un factor en común, todos le pertenecían a Ash Ketchum.

Oak había pasado buena parte de la mañana tratando de apaciguar a los treinta Tauros de este entrenador. Un entrenador normal pudo haberse conformado solo con uno, pero Ash tuvo que tener treinta, claro estaba. Regularmente eran seres dóciles cuando se les aislaba y se mantenían únicamente con su especie o con otros Pokémon con los que compartían ambiente, pero aquella noche estaban alterados, y provocaron una estampida arrollando a todo Pokémon que tuviera la mala suerte de estar frente a ellos.

Los ayudantes que mantenían el rancho tuvieron que llegar y ayudarle a contener a estos treinta Pokémon que se volvieron su prioridad, estaban desbocados golpeando con sus cabezas y cuernos a todo lo que tuvieran enfrente, temió que salieran del rancho y fuesen al pueblo.

El comportamiento de los Pokémon de Ash era extraño, algunos erráticos, pero unos pocos comenzaron a congregarse en un punto del rancho y se quedaron quietos mirando con dirección a la casa Ketchum, como esperando a que su entrenador apareciera.

Este comportamiento le recordó al incidente del archipiélago Naranja, donde las fuerzas del fuego, rayo y hielo provocaron un desbalance en la naturaleza y los primeros en presentir el desastre fueron los Pokémon, comportándose de la misma forma que los Pokémon de Ash. Los Pokémon siempre estaban vinculados a su entrenador, si los Pokémon de Ash Ketchum eran los únicos que se estaban comportando raro, algo debía estarle pasando al chico.

2

Piplup había pasado solo un año con su entrenadora, todavía no lo conocía todo sobre ella, incluyendo familiares, por eso fue una sorpresa enterarse que existía un primo y que lo tenía justo enfrente, mirándolo o más bien examinándolo.

Teniendo su cara a centímetros de él, sus ojos color rubí no se parecían en nada a los ojos, que parecían perlas, de su entrenadora. La piel de su rostro si era parecida a la de ella, blanca y sin ninguna imperfección. Pero las patillas que sobresalían de su gorro eran negras, no era nada comparado a la cabellera azul de su entrenadora. Con todas estas características ¿Cómo es que ellos eran familiares? Se preguntó.

Ruby dio un resoplido y dijo—¿Tenías que escoger al Piplup menos bonito de entre todos? —

Piplup quedó petrificado. ¿Acaso le dijo feo? Definitivamente era algo que su entrenadora no le diría, ella consideraba lindo a todo Pokémon incluso a un Grimer. Piplup era muy sensible cuando se referían despectivamente a su aspecto, cuando escuchaba cosas así quedaba impactado, y a veces podía reaccionar de muy mala manera.

—¿Qué le das de comer? —dijo Ruby tocando el redondo vientre del Pokémon azul— está gordo y algo cabezón—

Era el colmo, Piplup no iba a tolerar tantas ofensas. El pico del ave no voladora comenzó a brillar y su tamaño se incrementó. El Pokémon saltó hacía el chico de gorra blanca, golpeándolo en la frente con "Picotazo" y haciéndolo caer de espaldas. En el suelo, Piplup siguió golpeándolo en múltiples ocasiones y en distintos lugares.

Dawn solo podía ver con pena esta escena, como Ruby se quejaba del dolor y se movía desesperadamente tratando de quitarse de encima a Piplup, pero cuando él trataba de ahuyentarlo de su pierna, el Pokémon ya había pasado a su vientre y después a su pecho. La chica sabía que debía detener a su Pokémon, pero igual sabía que su primo podía desesperar a cualquiera y que pocos lo toleraran por su habito de pensar en voz alta.

—¿Pika? —le dijo Pikachu a la coordinadora, quien se había vuelto a subir a su hombro.

—Cierto— le dijo Dawn— Pikachu, él es mi primo Ruby, solo trata de tenerle paciencia cuando hable—

Dawn se sorprendió por la velocidad que Ruby se levantó y se colocó justo frente a ella, o más bien, justo frente a Pikachu.

—¿Es tu Pikachu, Dane? —

—Es Dawn…— respondió la chica frustrada— pero no. Pikachu es…—

Dawn no pudo concluir, Ruby había tomado a Pikachu entre sus manos y se alejó de ella sosteniendo a Pikachu en el aire.

—¡Es hermoso! ¡Su pelaje está tan limpio y suave! ¡Lo has cuidado muy bien! —

Pikachu se sentía extraño cuando este chico lo estuvo moviendo de un lado a otro. Luego lo acercó a su pecho. Ruby estaba acariciándole el pelaje de la cabeza, sintiendo cada cabello de este pero cuando llegó a las mejillas, Pikachu se sintió incómodo.

—parece brillar. Y sus mejillas son muy suaves—

—¡Ruby! ¡Espera! —

Ruby era aficionado a la belleza y bastante extrovertido, siempre llegaba a perder el control de si cuando veía un Pokémon lindo y hasta olvidaba que podían ser peligrosos, y era eso lo que Dawn quería prevenirle, pues a Pikachu no le gustaba que le jugaran las mejillas y menos ahora que estaba tan sensible.

Pikachu descargó un impactrueno a su alrededor, electrocutando a Ruby por completo. Dawn se sorprendió, sabía que esto pasaría y aún así se sorprendió pues le preocupaba lo que le pasara a su primo, y con más razón cuando cayó al suelo aturdido, forzándose por respirar y temblando levemente pues algo de electricidad todavía recorría su cuerpo. Su cabelló se había erizado y había sobresalido de su gorro.

—Traté de advertírtelo, a Pikachu no le gusta que jueguen con sus mejillas. Y a Piplup tampoco le gusta que le digan algo feo— le dijo Dawn a Ruby mientras Pikachu volvía a saltar hacía su hombro enojado todavía con el chico de ojos rojos, y Piplup saltaba hacía sus brazos, este último se veía orgulloso de lo que hizo.

Tuvieron que pasar unos minutos antes que Ruby recobrara los sentidos, y así como Dawn, se preocupó primero por el aspecto de su cabello y que su ropa no estuviese arruinada. Su camisa se rompió levemente por los picotazos de Piplup, pero de su mochila sacó una camisa extra la cual se puso, y también aguja, hilo, y sus anteojos, allí mismo se dispuso a cerrar el pequeño agujero que se formó y estuvo listo en tan solo unos minutos, tenía una gran destreza para cuando la sastrería se trataba, para esta y muchas cosas más.

Para su cabello, tuvo que sacar un peine y acomodarlo nuevamente, era corto y estaría cubierto por su gorro de todas formas, pero no podía dejarlo así o perdería el estilo de peinado discreto que siempre había conservado. A primera vista, su cabello si era negro, pero con el ángulo correcto con la luz del sol, se notaba un muy ligero tono azulado característico de la familia materna de Dawn.

—Te están creciendo las patillas— le dijo la chica mientras sujetaba su patilla derecha y levantaba sus cabellos.

—Si. Me he estado preguntando qué tal se me verían si me las dejara crecer en forma de aguja— le respondió Ruby.

El humor de Dawn parecía ir cambiando, el haberse encontrado con Ruby le hizo centrarse en él y había dejado su preocupación por Ash en segundo plano. Se sentía emocionada, no lo había visto desde hacía un tiempo y sin duda no pensaba verlo por allí.

Quizá por el hecho de ser hija única, pasó su infancia al lado de sus primos para divertirse, y entre ellos, Ruby era su favorito. Con una diferencia de edad de un año, Ruby se encargó de cubrir el espacio del hermano mayor que ella había querido, cuidándola y siendo el primer modelo a seguir que ella conoció, y más cuando ambos decidieron que querían dedicarse a ser coordinadores Pokémon.

Ruby era bastante agudo y competitivo, cuando se decidió a ser coordinador Pokémon comenzó a entrenar a sus Pokémon para esto y a desarrollar aptitudes aptas para dicha disciplina.

Sastrería, diseño de vestuario, preparación de pokecubos, estas y más habilidades las aprendió con tanta destreza que eso lo llevó a convertirse en uno de los mejores coordinadores amateur en las regiones de Johto, Hoenn y Sinnoh. Y por supuesto, esto era motivo de orgullo para él y para su prima.

Dawn había querido siempre a Ruby, gracias a él aprendió a diseñar sus propios atuendos para sus concursos. Pero llegó el momento que ambos tomaron caminos separados y fueron pocas las veces que volvieron a reencontrarse.

Ruby pasó por Sinnoh, Johto y Hoenn, mudándose con su familia y participando en los respectivos festivales de cada región, ganando en múltiples ocasiones. Habían estado conversando sobre las aventuras de ambos, y Dawn se sorprendió al escuchar sobre los extravagantes lugares en donde Ruby había estado.

La región al otro lado del planeta, aquella región famosa por sus grandes rascacielos y hogar de una de las firmas de moda más importante del mundo y que Dawn admiraba mucho. Al igual que la región conocida por su arquitectura antigua y sus historias de Pokémon gigantes. A Dawn le alegró saber que el último año lo pasó en Kalos, y que había visto a su abuela, la cual se encontraba en excelente estado. Dawn no la veía desde hacía un año.

No era de extrañar, aquellas regiones eran exactamente lugares donde Ruby preferiría estar, lugares donde el glamour parecía vivir en cada esquina. Para Ruby, eran mucho mejor que regiones Johto o Kanto, conocidas por la cultura de conservar las tradiciones de las regiones.

Cuando la chica inició su viaje, fue más difícil para ella saber sobre el resto de su familia, de hecho, llegó el punto que no pensaba en Ruby, pero ahora, lo tenía sentado justo al lado de ella en la misma banca del parque.

—¿Qué sí que hago aquí? —Ruby repitió la misma pregunta que le hizo Dawn, ella le asintió así que comenzó a pensar con más profundidad— veamos…—

Dawn sabía que Ruby tenía una muy mala memoria, podía olvidar cosas importantes y en parte era porque se distraía o porque no le daba la suficiente importancia, pareciera que en su mente solo le entraba cosas bellas y sí mismo. Era frustrante que a cada rato tenía que recordarle cosas tan simples, como su nombre, por ejemplo.

—¡Es cierto! Vine aquí por el profesor Birch—

Dawn se sorprendió cuando escuchó ese nombre—¿El profesor Birch? ¿De Hoenn? —

Cuando Ruby buscó su pokédex y le mostró un Pokémon, uno pequeño de cuerpo blanco pero con cabeza amarilla y con forma de estrella, Dawn se dio cuenta que su encuentro con Ruby se iba a llevar a cabo de todas formas, incluso, recordó por qué ella estaba allí.

—Había olvidado que debo buscar a este Pokémon por aquí, es uno bastante singular que solo aparece cada 1000 años. Vine para encontrarme con la asistente del profesor Oak y los asistentes del profesor Rowan. Me acompañaba un chico, pero creo que lo perdí—

—¿Uno que lleva una sudadera roja, aunque haga sol y calor, gorra volteada hacía atrás y ojos amarillo brillantes? —

Ruby era ahora el sorprendido pues era la descripción del chico con que estuvo al llegar a Kanto, pero cabe mencionar que Dawn estaba más sorprendido todavía pues habían sido muchas las casualidades que los llevaron hasta allí.

—Yo también debo estar buscando a Jirachi. Yo soy quien el profesor Rowan envió para reunirse contigo y con la asistente del profesor Oak— dijo Dawn, pero la reacción de Ruby no era la que esperaba, pues parecía algo confundido, como si tratase de analizar sus palabras.

—¿Te rendiste como coordinadora e intentas suerte como asistente? —

Dawn se molestó, Ruby tenía cierta falta de tacto al decir las cosas, casi tanto como Gold, pero al menos ella podría actuar contra su primo.

Dawn le volvió a jalar la mejilla a Ruby con fuerza—¡No! ¡Que grosero eres! El profesor nos lo pidió como un favor— luego la soltó y el chico sobó el lugar con suavidad para disminuir el dolor— vine aquí con mis amigos, y estoy segura que el chico que te trajo es el hermano de uno de ellos—

Dawn podía confiar en Ruby, siempre le había contado todo en el pasado, eran inseparables cuando se juntaban y el realmente siempre encontraba una solución a cualquier problema, aunque fuese por accidente.

Dawn le contó a Ruby todo sobre su viaje en el último año. Le contó de sus logros, sus fracasos, las veces que rió y las veces que lloró. Le contó sobre las personas que conoció y los Pokémon que capturó, pero sobre todo le habló de Ash y Brock. Dawn parecía entretenida al comentarle su viaje, y hacía énfasis cuando hablaba en aquellos momentos tan especiales que compartió con sus amigos, no sabía si era el mejor momento de contarle su vida, de hecho, hubiese preferido mejores condiciones para explayarse con los detalles, pero sentía que debía hacerlo para cuando tuviera que decirle el problema por el que ahora ella pasaba con Ash y el Rey de pokelantis, pero a decir verdad, quería aplazar ese momento lo más que pudiera.

Dawn miró detenidamente a Ruby y este parecía haberse aburrido, pues estaba tratando de acercar su mano nuevamente a la mejilla de Pikachu, quería tocarlo nuevamente y sentir la suavidad de su piel, pero el Pokémon sacó unas chispas de sus mejillas haciendo que el coordinador retirara su mano.

—¡Ruby! ¡ni siquiera me estás prestando atención! —

—¿Eh? ¡Claro que sí! — respondió Ruby un poco exaltado por la abrupta interrupción de la chica.

Dawn se estaba preguntando ¿Cuánto tiempo había pasado que estaba comenzando a olvidar los comportamientos básicos de Ruby? Porque parecía que ya se había acostumbrado que Ash y Brock siempre escuchaban lo que ella tenía que decir, tanto que creyó que pasaría lo mismo con su primo quien por lo regular solo se escucha a si mismo y a sus pensamientos antes que escuchar a alguien más.

Egoísta, narcisista, presumido y con cierto complejo de superioridad, eran solo una de las características frustrantes del chico, de hecho, muchos estaban de acuerdo que, por cada virtud que tenía Ruby, había dos o tres cualidades exasperantes, y Dawn no podía refutar algo como esto.

A pesar de todo, Ruby le demostró a Dawn que había estado escuchando lo que dijo, logrando así que Dawn se tranquilizara. Era cierto, Ruby podía ser todo lo anterior mencionado, pero igual podía ser atento y un tanto solidario si se lo proponía, por eso, muchas veces Dawn olvidaba todos sus errores y siempre se quedaba con todas aquellas ocasiones que su primo hizo algo bueno por ella o por alguien más. Por esa razón confiaba en él, no importa que tan egoísta y egocéntrico podría ser, su buen corazón siempre salía a relucir cuando más era necesario.

—Así que, ese Ash, ¿Es el entrenador de este Pikachu? — Ruby no se rendía, volvió a intentar acariciar a Pikachu con su dedo bajo su mentón, el pequeño roedor dejó que lo hiciera, pero no se ablandó, pues siguió mostrándose reacio a que lo tocara más de lo necesario— ¿Dónde está él? —

Fue lo que Dawn había estado tratando de evadir, tener que contar a alguien más sobre lo ocurrido con Ash.

Ruby sin duda había sido un gran apoyo para la chica, pero se había estado preguntando si era necesario tener que contarle lo ocurrido con Ash, ya que era un asunto enteramente de la familia Ketchum como siempre lo fue, y ahora había más involucrados pero de forma accidental y, prácticamente, ahora todos ellos se meterían en un peligro mayúsculo al reencontrarse con aquella amenaza.

¿Estaría implicando a su primo si le contara que Ash estaba poseído por un ser maligno? Esa pregunta estuvo en su mente, pero probablemente la respuesta sería que no, a Ruby no le importaba los problemas de los demás, de hecho, se preocuparía más si su camisa estuviese arrugada. Pero Ruby tenía un don para terminar implicándose en los problemas ajenos.

Habían sido muchas las ocasiones que Ruby había tenido salvarse a si mismo cuando una desgracia afligía a alguien, pero siempre era porque había cometido un error que lo llevó a meterse en problemas ajenos. Ya sea hiciese molestar a un Pokémon, cayera desde lo alto o simplemente se perdiera al tratar de marcharse, siempre terminaba implicado en las situaciones que él mismo decía que no le importaban. Pero a decir verdad, en ocasiones ella pensaba que solo fingía estos "incidentes" para tener un pretexto y ayudar realmente.

Sus habilidades en batalla eran únicas, combinando carisma, destreza y fuerza en un solo movimiento. Aunque en ocasiones esto no le gustaba al chico, la demostración de fuerza no disminuía la belleza de sus Pokémon.

—Bueno… Ash está…—

Se escuchó un trueno, su sonido no fue tan fuerte, pero era la señal de que iba a iniciar a llover. Dawn miró el cielo, es cierto, las nubes eran cada vez más oscuras, no tanto como para decir que sería una tormenta, pero si se veían lo suficientemente grises como para ocultar el sol. Algunas gotas de agua cayeron, y Dawn y Ruby debían ir a cubrirse antes que la lluvia los empapara por completo.

Los chicos corrieron por el parque y encontraron un par de quioscos pequeños, en uno de ellos se resguardaron al igual que un par más de personas lo hicieron, llamó la atención que algunas eran pareja pues iban tomados de las manos o se hablaban cariñosamente.

La lluvia estaba refrescando el ambiente, las gotas no eran tan grandes, pareciera que no iba a durar tanto, sino que solo iba a ser por unos minutos. Dawn, quien estaba al lado de Ruby, miró la lluvia, no le gustaba empaparse, pero recordó algo que pasó con Ash en un día lluvioso. Pues cuando había perdido su primer concurso y ella se sentía desecha por ello, aquella noche llovió como si fuese un mal presagio que todo a lo que se dedicara iba a salir mal, las gotas de lluvia parecían caer en sintonía con sus lágrimas, e incluso podía oír al viento susurrarle al oído que dejara su sueño de ser coordinadora. Simplemente el ambiente era deprimente para ella y nada podía remediarlo. O eso creyó hasta que vio a Ash bajo la lluvia.

Ash había estado jugando con Pikachu, riendo y divirtiéndose sin importarles que sus cuerpos estuviesen mojándose. Era raro, Dawn recién había conocido a Ash, así que no sabía mucho de él, pero consideraba que hacer algo así era raro en alguien, pero él parecía disfrutarlo.

"¿Que estás haciendo? ¡Te vas a resfriar si te sigues mojando!"

Recuerda que le gritó cuando fue a verlo sin salir del centro Pokémon donde ellos estaban.

Ash volteó a verla, y sin borrar su sonrisa.

"¡Ven a jugar Dawn! ¡Te va a encantar!"

"¿Estás loco acaso?"

Sin importarle lo que ella dijera, Ash se le acercó y la tomó de la mano, estaba fría y mojada pero Dawn se sorprendió de sentir el tacto de sus dedos, descubiertos pos sus guantes, tocando sus palmas y después sujetándola de la muñeca para jalarla hacia afuera.

"¿Qué te ocurre? ¿Qué estás haciendo?"

Se enojó mucho con su amigo ese día. Habían iniciado con roses debido a sus diferentes puntos de vista sobre los entrenamientos o si cual era mejor entre los combates y concursos, así que era común verlos enojarse entre ellos y discutir, pero Ash no parecía tener la intención de discutir en ese momento.

Dawn pudo sentir la fría lluvia sobre si, pero en ese momento pareció importarle, de hecho, parecía que estaba causando una sensación de alivio en ella. Volteó a ver las nubes, negras en su totalidad, pero no era por que estuvieran tan tristes como ella, así como había considerado, solo era algo natural. Escuchó unos pasitos a sus pies, Piplup estaba corriendo en círculos a su alrededor, dando graznidos de felicidad, igual estaba disfrutando sentir la lluvia en su plumaje.

"Observa esto ¿Listo Pikachu?"

Cuando Dawn volteó a ver a Ash, Pikachu saltó a su mano derecha, y después el chico lo lanzó con fuerza hacía lo alto, lo mejor posible. Pikachu se elevó y profirió un grito emocionado, cuando estuvo en la altura máxima, descargó un impactrueno hacía al cielo, y a la vez, de las nubes salió igual un rayo que chocó como el ataque eléctrico de Pikachu.

Fue sorprendente para Dawn, ver como dos rayos de diferentes procedencias chocaban entre sí con tal coordinación, el Rayo había sido atraído por Pikachu y Ash sabía eso. Pikachu estaba tomando un color más dorado en su cuerpo, pareciera que los dos rayos estaban batallando entre sí para cubrir por completo al Pokémon.

El espectáculo terminó y Pikachu cayó de nuevo a los brazos de su entrenador quien lo recibió con una caricia en el mentón; anteriormente, cuando estaban en Hoenn, Pikachu podía caer sobre el gorro de la sudadera del chico.

"¿Te gusto?" Ash le preguntó, a lo que Dawn asintió.

"si yo pude hacerlo, imagínate lo que puedes hacer tu con tu propio estilo"

Dawn se sorprendió que Ash haya hecho eso con el único fin de animarla. Podía estar tan empapado como para que su cabello hubiese caído y le estorbara en los ojos, pero no le importaba porque estaba feliz de estar con Pikachu y ella. Verlo tan alegre también le hizo sentir a Dawn un alivio en su cuerpo y pronto ella le sonrió de vuelta.

Ese día, ella aprendió algo muy importante de Ash, que siempre haría cualquier cosa para alegrarle el día a alguien.

—Haz estado muy distraída—

Dawn recordó que, en la actualidad, ella estaba junto a Ruby resguardándose de la lluvia.

—Por lo regular, al verme saltabas de emoción. Pero hoy haz estado muy preocupada, como si trataras de evitar decirme algo—

¿Se dio cuenta? Aquel chico, que a ella siempre le desesperaba por su poca empatía y su desinterés en una conversación que no tratase de sí mismo, ¿había notado su preocupación?

Dawn lo pensó un rato, volvió a titubear sobre decirle, pero finalmente lo hizo—Es Ash, él… él no está bien— empezó, no quería hablar sobre el Rey rápidamente, quería ir atenuando lo que ocurría hasta llegar a ese punto— le ha pasado algo muy malo últimamente y ahora, ni siquiera sé dónde está—

Si Dawn continuaba hablando con lentitud y pensando en cada palabra que iba a decir, Ruby se iba a aburrir como siempre pasaba. Había algo que Dawn poco sabía de él, podía ser un egocéntrico y podía prestarle muy poca atención a las personas a su alrededor, pero siempre había existido una segunda persona en su ser al cual siempre había tenido toda su atención tanto como a sí mismo, y era ella, su pequeña prima.

La mayor diferencia entre ellos, quizá era que Dawn no ocultaba sus sentimientos y cuando lo intentaba era muy mala para lograrlo, a diferencia de él que podía actuar con todo cinismo aun cuando estuviese afligido. Ruby sabía muy bien como actuaba Dawn, y podía reconocer cuando ella estaba triste, y ese era uno de esos momentos, pero al conocerla tan bien, también sabía que ella no iba a decirle la verdad tan fácilmente, así que, para saberla, recurría a apelar a su felicidad nuevamente.

—Ese chico, Ash. ¿Es tan importante? —captó una mirada incrédula de la chica— parecías muy feliz cuando lo mencionabas—

—¿Acaso tú me pusiste atención? —preguntó tanto como broma como de forma sería, si le resultaba extraño que Ruby hubiese escuchado la conversación de alguien más.

Un par de bromas más se hicieron entre ellos, aunque Ruby terminaba mencionando algo sobre si y sus habilidades, esto hizo que la chica se riera un poco de él. Era tan adorable ver como ellos se entretenían a pesar de la lluvia y lo triste que se puso la tarde gracias a esta, las personas que estaban en el mismo quiosco que ellos pensaron que se veían muy bien juntos, pues sus sonrisas estaban tan bien coordinadas que parecían ser la misma.

Después de un breve momento, Dawn comenzó nuevamente.

—Ash, bueno… está en peligro, como nunca antes lo había estado. Él se ha vuelto importante para mi desde que lo conocí, mi mejor amigo. Me apoyó muchas veces, me dio ánimos cuando me desanimaba, y siempre estuvo a mi lado cuando más lo necesitaba—la chica sonrió— nos habían dicho que nos habíamos vuelto inseparables, donde yo iba él me seguía y viceversa—

—Creo que eso me es un poco familiar— bromeó Ruby y consiguió una leve risa de la chica.

—Una vez nos prometimos que ambos nos protegeríamos, lo hicimos en una situación terrorífica que casi acababa con nosotros, pero no nos detuvimos. Su determinación me animaba a hacer lo mismo que él —

Ruby lo logró, notó que su pequeña prima volvía a mostrarse alegre y hasta parecía notar un brillo en sus ojos, quizá su memoria era mala, pero al verla así le hizo recordar a cuando eran niños y jugaban juntos. Esa mirada, sonriente e impresionada, Ruby siempre había ganado miradas así de Dawn pues ella lo admiraba, y ahora, alguien más se había hecho merecedor de aquella admiración.

— Él siempre cumplió esa promesa, y yo también la cumplía, nunca estaríamos solos porque nos teníamos el uno al otro. Por eso es que necesito encontrarlo, porque se lo prometí, y sé que él me buscaría si yo pasara por un peligro similar. ¿Sabes? Al principio de mi viaje, creí que estaría bien yo sola, sin mamá, sin ti y sin ningún amigo. Pero todo me salió mal al principio, un Piplup que no me obedecía y un Ariados que estaba más interesado en hacerme su cena que en ser mi amigo. Pero al conocer a Ash, su compañía se convirtió en lo mejor que me hubiese pasado, aprendí tantas cosas de él. Prácticamente, se volvió como mi hermano mayor—

—oye, recuerdo que "YO" era como tu hermano mayor— un poco de celos se escucharon en el tono de Ruby, y a Dawn le pareció divertido pues era cierto, Ruby detestaba que se hablara mejor de alguien más que no fuese él, y menos que se dijera que alguien más era mejor en algo en lo que él siempre se consideró el mejor.

—Si, pero eso era antes. Fuiste desplazado. Ahora eres solo mi prima mayor— respondió Dawn burlándose.

—Creo que se dice "primo"—

—Prima. Estar contigo es como estar con una chica— Una risita salió de la chica, siempre le había parecido divertido mencionar aquella característica de él, pues muchas veces consideró que en Ruby había un sentido femenino más desarrollado que en ella.

Las bromas entre ellos nunca eran molestas, de hecho, habían mejorado el humor de la chica y, al parecer, la confianza de los Pokémon con el chico mejoró, pues finalmente Pikachu dejó que Ruby lo acariciara suavemente el mentón y Piplup dejó que hiciese lo mismo en su cabeza, si la chica parecía disfrutar con su presencia, no había motivo para que ellos no lo hicieran.

La lluvia cesó, no había durado mucho, y los chicos salieron del quiosco. No pareciera que las nubes se fueran a ir, pero si podían notar que ya se estaba haciendo de tarde y quedan solo un par de horas más de luz solar, y Dawn debía irse a ciudad Plateada cuanto antes que oscureciera, seguramente Blue, Crystal y Brock ya estarían allí, incluso Red y Gold, esperándola.

—Se hará tarde, y debó irme a ciudad Plateada antes que oscurezca—

—¿Tienes que seguir buscando a ese chico? —

—Sí, y de seguro sus hermanos ya me están esperando allá y me están esperando como quedamos. Tengo que irme—

—Antes de que te vayas, Dawn. Necesito algo más— Ruby capturó la atención de la chica pues finalmente había pronunciado bien su nombre—aún debes decirme que es lo que le ocurre a tu amigo, has estado evitando decírmelo todo este rato—

3

Flygon había enloquecido en el rancho del profesor Oak, había estado actuando paranoico toda la noche, pues cuando Samuel lo encontró estaba nervioso, preocupado. Su historia era curiosa pues fue capturado luego del incidente de las fuerzas de la creación en la región de Hoenn, donde la región casi fue destruida por los Pokémon legendarios Groudon y Kyogre. Fue un Pokémon que luchó cual soldado para proteger a los Pokémon salvajes de su área, pero después de este evento pareció experimentar una crisis en donde muchas cosas le recordaban a ese incidente y le hacían creer que había vuelto a aquel momento.

Había perdido el control en muchas ocasiones, pero siempre había sido controlado, pero la noche anterior actuó desenfrenadamente. Volando por todo el rancho, y usando aliento dragón a todo aquel Pokémon de gran tamaño al que considerara una amenaza, parecía temeroso, quizá había vuelto a recordar lo traumático de aquella gran amenaza.

Al ser un dragón, solo otro dragón podía derrotarlo y para ello, Oak contó con la ayuda de Kiataro, el Dragonite de Gold, y de Zard, el Charizard de Red, quienes juntos pudieron retener al dragón de tierra antes que siguiera causando daño a lo largo del rancho, pero ahora, ya no podía contar con ellos. Al menos, el Pokémon más destructivo de Ash, Charizard, no estaba allí pues se encontraba en Johto, en el valle Charicific

Oak necesitaba ayuda en el rancho, no cabía duda, sus trabajadores que mantenían al rancho no podían trabajar tanto como él pues no conocían a la perfección cada comportamiento de cada Pokémon, necesitaba de su asistente Crystal quien había pasado la noche en la casa Ketchum como en muchas ocasiones lo hizo, pero esta vez no volvió al laboratorio.

Oak había llamado por videomisor a la casa de Delia Ketchum, buscando a Crystal y queriendo saber si algo ocurría con el menor de sus hijos pues era extraño que no hubiese ido aún a ver a sus Pokémon después de haber regresado a casa, y en este momento lo necesitaba más que nunca. Pero se llevó una desastrosa sorpresa cuando Delia le dijo que Ni sus tres hijos, ni Crystal estaban en casa, pues se habían ido y ni idea de cuando volverían.

Oak se sorprendió, no era usual de los hermanos Ketchum haberse ido recién regresaran al pueblo, o al menos no sin haber ido a ver a todos sus Pokémon y agregar sus nuevas adquisiciones. No solo eso, el simple hecho que, la siempre responsable Crystal, se fuera sin siquiera avisarle también era sorprendente. Pero también fue sorpresa la llamada que recibió después.

No era raro para Samuel Oak recibir llamadas desde ciudad Verde, pero una desde un hotel si lo era, y su sorpresa fue grande cuando del otro lado estaba Gold quien le pidió, o más bien, le exigió que le enviara a Kiataro y a Zard, y aunque Oak quería preguntarle que ocurría con él y sus hermanos, Gold no lo dejó y tuvo que actuar rápido dejando al profesor sin los dos Pokémon que lo estaban ayudando a controlar la situación y con más dudas al respecto.

Ahora Oak tenía que controlar a los Pokémon desenfrenados sin ayuda extra, pues sus nietos también se encontraban fuera de la región, Gary Oak seguía con el profesor Rowan en Sinnoh y su nieta Dalia Oak, la mayor, había ido con una amiga a Johto buscando un preciado Corsola azul. Y era una lástima, con la ayuda de uno de ellos podría estudiar el comportamiento del resto de Pokémon que no estaban actuando erráticamente.

En un punto del rancho, precisamente en un lugar donde se podía trazar un camino con dirección a la casa de Delia, los Pokémon más dóciles del último de los Ketchum se habían reunido y habían permanecido quietos en aquel lugar, imperturbables sin importarles los cientos de problemas que sus demás compañeros estaban causando. Quilava, Sceptail, Noctwol, y varios más, incluso Snorlax, el gigante manso, no había dormido la noche anterior y no parecía que lo haría pronto, estaba junto a los demás Pokémon, como si estuvieran esperando a que el chico llegara por aquel camino justo para verlos a ellos.

Sin duda, era una situación extraña, pero no había nadie que quisiera darle una respuesta, y de hecho, Oak debía volver al rancho y ocuparse de alguna otra catástrofe que los Pokémon de Ash causaran, pues ya se acercaba la noche, y debía alejar a todo ser vivo del camino de Duclops.