Capítulo 15
1
—¡Alto! — Ash gritó al Geodude que se acercó a él y lo golpeó de lleno en el abdomen, debilitándolo y haciéndole perder el aliento. Cayó sobre sus rodillas y colocó sus brazos sobre la zona donde fue golpeado, creyó que sus órganos iban a salírsele por la boca.
Adolorido, aturdido, hambriento, cansado, estas y una decena de cosas más era lo que Ash Ketchum estaba sintiendo justo después de haber retomado el control de su cuerpo, aunque sea por un momento.
Luego de la batalla que tuvo lugar en el bosque Verde, Ash retomó la fuerza y confianza que eran comunes en él. Había enfrentado cintos de cosas terribles, no iba a dejar que el Rey lo superara y menos que lastimara a nadie. Descubrió el cómo enfrentársele y poder retomar el control, y habían estado alternándose entre ellos el dominio de su cuerpo. Pero esto, lo estaba debilitando tanto al Rey como a él mismo.
El Rey los había llevado al monte Moon gracias a la Teletransportacion de Kazam. No se le hizo raro, después de haber sido herido con el último ataque de Pikachu, buscó un lugar alejado de los chicos que lo atacaron. Bueno, eso pensó Ash al principio, pero se daría cuenta que el Monte Moon era de mucha importancia para el Rey.
Al aparecer en una de las cuevas del monte, el Rey ordenó a algunos de los Pokémon que abdujo a buscar a sus alrededores. Buscaban a Jirachi, el Pokémon deseo.
El Rey conocía bien los pensamientos y recuerdos del chico, y entre ellos sabía de la presencia de Jirachi en la región. Pero Ash desconocía donde estaría el Pokémon acero/psíquico, para eso necesitarían a Crystal y al asistente del profesor Birch. ¿El Rey tenía el poder de saber dónde estaría el Pokémon cuando ni siquiera lo había visto?
Estando solo, no había nadie a quien el Rey lastimara, o al menos eso creería. Varios Pokémon que radicaban en el monte se le acercaron, se veían molestos, en definitiva, no era bienvenido allí.
—¡Yo no voy a hacerles daño! — gritó Ash desesperado porque los Pokémon no lo vieran como una amenaza y se alejaran, o por lo menos dejaran de atacarlo. Quien sabe, incluso puede que le tengan lastima y le ayuden con algo que comer. Pero eso no iba a pasar.
Decenas de Zubat se arremolinaron alrededor del chico. Le raspaban con sus alas, algunos lo mordieron y otros lo aturdieron con su ataque de chirrido. Ash trató de alejarlos, pero eran tantos y lo atacaban a la vez que lo último que le quedó fue tratar de levantarse y huir, pero el dolor del último golpe que recibió le impidió ponerse sobre sus piernas.
Gravelers, Geodude, Zubats, Golbats e Incluso un Golem, eran unas de las especies que se juntaron para alejar al invasor de su territorio.
El aura negra volvió a cubrir a Ash, y después cubrió también a todos los Zubat a su alrededor. Los Pokémon voladores cayeron uno a uno al suelo, totalmente debilitados como si hubiesen absorbido la vida de todos ellos. El chico se levantó y su mirada era diferente, llena de odio e ira.
Los Golbat a su alrededor usaron supersónico. El ataque entró por los oídos del chico y este trató de cubrirlos. El aura se movió como si fuese un pulso oscuro que llegó a los Golbat y los arrojó con fuerza hasta las paredes de la cueva. Estos cayeron debilitados.
Los Graveler le lanzaron rocas de gran tamaño, como si quisieran sepultarlo bajo ellas. Pero el chico las repelía con un movimiento de sus brazos, aunque no logró deshacerse de todos los tiros, pues algunas rocas lo alcanzaron.
Los Geodude volvieron a acercarse al agresor, y el chico extendió sus brazos y los detuvo con el aura oscura, sorprendiendo a los Pokémon pues podían ser arrojados lejos también o debilitados como sus compañeros Pokémon. Pero no pasó, pues el aura se debilitó y volvió a ocultarse en su cuerpo, Ash había retomado su consciencia.
Al ver al chico confuso, los Geodude aprovecharon a usar Rodar para golpearlo uno tras el otro.
Para una persona normal, era imposible resistir golpes tan fuertes, pero para Ash, le sería fácil tolerarlos y después su cuerpo estaría tan sano y fuerte como siempre en unas cuantas horas. Pero ahora consideraba que, aquella habilidad que la naturaleza le otorgó, podría ser una maldición, pues seguiría consiente solo para seguir siendo golpeado, y en lo que se recuperaba el dolor lo atormentaría.
Golem se abrió paso entre la multitud de Graveler y Geodude. Y usó rodar para acercarse al chico, iba a arrollarlo bajo sus trescientos kilos de peso. Cuando Ash lo vio acercarse, no supo si podría resistirlo, ya estaba muy débil y no podía pensar con claridad. Ya ni siquiera podía mantenerse de pie tanto tiempo, no podía correr para salvarse. El Golem aplastaría sus huesos y sus órganos bajo él. Cerró sus ojos, estaba temeroso, y fue el momento que aprovechó el Rey.
El Rey recuperó el control del cuerpo, y actuó con rapidez para detener a la enorme roca viviente a pocos centímetros frente a él. Estaba furioso, estaba siendo enfrentado por criaturas mágicas y lo estaban venciendo, estaba siendo humillado gracias a la intervención del último de los Ketchum y de su noble corazón que jamás le haría daño a una criatura.
Debía alejar al Golem, pero iba a lastimarlo para darle una advertencia a todas las criaturas que lo rodeaban. Cerró su mano en un puño, y golpeó al ser de roca. Con la fuerza de la oscuridad de lo rodeaba, en el punto donde golpeó creó una pequeña fractura y el aura se encargó de expandir la abertura y la roca de su cuerpo se iba desmoronando. El Golem fue empujado varios metros hacia atrás, hasta donde sus compañeros Pokémon.
El Golem se veía mal, el agujero en su cuerpo iba a ser un problema. El núcleo dentro de toda esa roca, contenía una mínima cantidad radiactiva, la suficiente como para causar el ataque de Explosión. Un brillo se emitió desde aquella abertura, todos los Graveler pegaron sus brazos a su rostro para parecer una roca redonda y rodar lejos, mientras que los Geodude solo pegaron sus brazos al rostro, se preparaban para la inminente explosión.
El Golem estalló, autodestruyéndose. Las rocas que formaban su coraza se desquebrajaron y fueron lanzadas con fuerza por todos lados. El Rey formó a tiempo una especie de escudo que lo protegió de las rocas que volaban violentamente, y de la explosión, pero el pulso que este emitió lo empujó lejos hasta que cayó al suelo. Si tan solo hubiese podido concentrarse por completo, hubiese quedado de pie sin que la explosión lo levantara, de hecho, hubiese dominado a todos esos Pokémon sin recibir ni un rasguño.
El Rey hacía tiempo que había dejado su humanidad, su esencia lo había abandonado y se había vuelto en aquella esencia oscura hecha de odio y maldad. En otra época, cuando tenía un cuerpo propio, se hizo respetar a base de miedo, no había nadie que se le impusiera, hasta que Ho-Oh lo encerró.
Pasó todos esos siglos en su encierro, donde lo único que mantenía, relativamente, viva su esencia, era su odio y deseos de venganza hacia la criatura que lo venció y lo encerró. Alguien iba a encontrar su prisión y lo iba a liberar, a falta de un cuerpo propio dominaría uno, pero nunca imaginó que sería el de un niño de ocho años.
Era ridículo, sus planes de levantarse, restaurar su reino y vengarse de Ho-Oh no podían ser concretados en el cuerpo de un niño. Tenía que deshacerse de ese cuerpo cuanto antes. Pero Ash Ketchum también le trajo muchas ventajas al Rey.
Dentro de aquel niño, había orgullo y amor por su familia, y entre ellos, el que más destacaba era su padre. El hombre más fuerte que el niño alguna vez haya conocido. Dominaba a las criaturas mágicas y las usaba para pelear sus batallas sin haber sido derrotado ni una sola vez. Su padre se iba a convertir en su objetivo una vez que se deshiciera del muchacho, después de todo, no sería difícil poseer en un hombre destrozado por perder a su hijo.
Pero Ash representó un problema aún mayor. Someter la voluntad de un niño no sería un problema, de no ser por su corazón, el más puro que jamás haya existido.
Había visto gente bondadosa en el pasado, autodenominados guardianes por poseer habilidades gracias a una misteriosa esencia proveniente de su interior. En el pasado, esos guardianes luchaban por el bienestar de la gente, y fueron varios los que lo retaron para terminar con su reinado, pero ninguno era tan fuerte contra su esencia oscura. La antítesis de aquella esencia pura.
El niño poseía características similares a la de esos guardianes, pero era solo un niño, en ese momento ni siquiera sabía que las poseía, como podía ser posible que su esencia pura fuese más fuerte como para evitar que controlara su cuerpo por completo. Incluso, ocho años después y ahora el chico sabía de la existencia de su propia esencia pura, aún no era lo suficientemente fuerte.
Fue hasta que llevaron al niño con esa criatura de colores rosas que se dio cuenta, después de todos esos años encerrado, que su esencia oscura se había vuelto débil. Le hacía falta más poder. Fue cuando inició a trazar un plan para hacerse de más energía oscura, tanta como para contrarrestar la esencia pura del chico, y si era necesario ocultarse en su cuerpo y esperar, lo haría.
Kazam, Saur, Poltaro y Torterra fueron los Pokémon que el Rey escogió para buscar a Jirachi por el monte. Por fuera, estaban Gliscor, Staraptor, Aero y Gyataro sobrevolando el monte. Y en la entrada había dejado a Mamoswine, Saur y a King. No podía correr el riesgo que los chicos volvieran a aparecer y lo atacaran.
—¿Dónde está? —preguntó a Kazam. Este solo le indicó donde estaba su objetivo, más profundo en el monte.
Ocho años pasaron. El chico creció y vio como sus hermanos se volvieron tan fuertes como su padre, el hombre que planeaba poseer en primer lugar. Conoció muchos lugares, y mucha gente. Entrenadores, elite, campeones. El catálogo de cuerpos a poseer se extendía. Pero el chico también se hizo más fuerte, hábil, ingenioso y finalmente victorioso. Sería una opción quedarse con ese cuerpo, de no ser por la pureza de su corazón, desde la noche anterior, aprendió como usarlo para contrarrestar su influencia.
Por eso necesitaba separarse de él, o no concretaría sus planes. Creyó que la energía de Darkrai, el Pokémon de las pesadillas, sería suficiente para someter al chico y tenerlo encerrado en su cuerpo, pero no lo fue. Por eso estaba allí, buscando a la criatura que concedía deseos, Pokémon el cual Ash estuvo buscando. Quizá su magia fuese más fuerte para deshacerse del muchacho.
Jirachi estaba en una pequeña cueva dentro del monte. Durmiendo. Con su cuerpo cubierto pos sus propios brazos pareciendo un recién nacido. Pero cuando el Rey llegó junto a los Pokémon, Jirachi sintió su presencia y despertó.
Separó sus brazos dejando ver sus pequeñas patitas, y en medio de su vientre, aquella línea en forma línea que ocultaba su tercer ojo, el ojo que concedía deseos. Parpadeó un par de veces, y se cercioró que había un visitante junto a él.
Era un Pokémon curioso, había aparecido en este mundo por primera vez, pero ha estado solo todos estos días, no había visto a alguien como el que estaba frente a él. Se aceró al Rey sin medir peligro alguno.
Parecía ser demasiado sencillo, tener al Pokémon tan cerca, solo hacía falta sujetarlo y lo forzaría a cumplir su deseo, pero, nuevamente, Ash frustró sus planes.
El Rey volvió a ser remplazado por Ash, a quien le costó bastante tener que volver a tomar el control, y se notó cuando jadeó pesadamente como si hubiese perdido el aliento. No solo eso, al haber vuelto, volvió a sentir el dolor de los golpes en su cuerpo, el Rey podía neutralizar estos dolores gracias a su misterioso poder, pero Ash no podía con eso.
No solo Ash pasó por una transformación. Los Pokémon a su lado también pasaron por ello, pues el aura negra que los rodeaba, que los unía al control del Rey, también desapareció. Con ellos fue diferente, pues cayeron, como si hubiesen sido títeres que se quedaron sin titiritero y ahora no podían moverse. La influencia del Rey debía noquearlos y utilizar sus cuerpos como carcasas para el aura oscura.
Jirachi estaba confundido por el muchacho. Se acercó a él nuevamente.
—¿Jirachi? — preguntó.
Ash escuchó al Pokémon, y volteó a verlo. Era tal como lo mostraba la pokédex. Realmente había olvidado que tenía que encontrarlo, pero se alegró de tenerlo allí frente a él. De hecho, era la primera vez que se sentía feliz desde que todo esto empezó.
—Jirachi. Eres tu— su voz se oía débil, como si estuviera extinguiéndose.
Ash levantó su mano derecha, estaba esperando a que el Pokémon se posara sobre ella.
Jirachi observó al chico y determinó que era él era amigable, y se sentó sobre su mano. Ash acarició su mentón con el dedo índice de su otra mano, esto agradó al Pokémon psíquico.
—Vaya que eres agradable—
Ash se sentía aliviado, ver al adorable Pokémon, sonriéndole, significó un alivio para él que había estado bajo demasiada presión. Pero, desgraciadamente, fue en ese momento que el Rey volvió a aprovechar para resurgir.
Ash sintió como él era jalado hacía el interior de su propio cuerpo, todo lo que sentía era como si sujetaran su cerebro y su corazón y los estrujaran para desplazarlos. Hacer esos cambios le eran frustrantes. Se centró en evitar que el Rey retomara el control, por lo menos unos momentos, pues todavía tenía al singular Pokémon consigo, quien lo miraba agobiado pues de seguro Ash se miraba extraño.
—Jirachi… ¡Tienes que irte! —
Ash sabía las intenciones del Rey, debía alejar a Jirachi antes que el Rey volviese.
—¡Largo! ¡Vete! —le gritó a la vez que lo empujaba. Jirachi pareció decepcionado cuando Ash lo empujó, era como un bebe, debió haberle dolido y prácticamente sus sentimientos fueron heridos. El chico nunca creyó que haría eso a un Pokémon, pero debía alejarlo y no le quedaba tiempo para explicarle la razón.
La esencia de Ash volvió a ser oculta, y nuevamente fue el Rey quien controlaba ese cuerpo nuevamente. Volvió a tomar el control de los Pokémon a su alrededor, haciendo que estos se levantaran tan rápido como sea posible.
Jirachi notó, nuevamente, algo diferente en aquella persona, había vuelto a cambiar. Pero ya no parecía ser aquella persona tan amable que le acarició por un momento. cuando el chico volteó a verlo, se veía furioso, apunto de gritar de coraje. La esencia que emanaba de él, era negra, todo lo contrario, a él. Jirachi se asustó, si era oscuro, era peligroso.
El Rey estaba iracundo, ya estaba harto que Ash siempre apareciese cuando quisiera y estorbara en sus planes.
—¡Atrápenlo! — ordenó a las criaturas bajo su influencia. Debía deshacerse del chico antes que volviese a intervenir. Conociéndolo, él daría su vida antes de permitir que lastimase a otro ser vivo.
Jirachi se puso en alerta cuando Venusaur usó látigo sepa para atraparlo en el aire. Esquivó las primeras veces que lo intentó, pareció un juego así que se dejó llevar, o al menos hasta que lo atrapó y lo estrujó con fuerza. Jirachi gritó y después desapareció, usó Teletransportacion.
Jirachi reapareció varios metros más adelante, tenía que huir así que se alejó flotando.
El Rey sacó de sus pokeball a Gible e Infernape, aunque ese último estaba todavía exhausto, pero al Rey no le importaba si su cuerpo iba a explotar, necesitaba velocidad y agilidad para atrapar al ser de cabeza con picos como una estrella.
—¡Vayan tras él! —
Infernape corrió tras Jirachi mientras que Gible usó excavar. Kazam también lo siguió usando Teletransportacion, era el único Pokémon que podía sentir la presencia del ser, así que sería fácil para él ubicarlo.
Una bola de fuego alcanzó a Jirachi, le quemó la espalda y al voltear hacia atrás, vio al primate acercándose, dando saltos por las paredes de la cueva. Su puño brilló, iba a golpearlo y el pequeño Pokémon se espantó pues si el ataque de fuego le dolió, un golpe directo iba a dejarlo sin sentidos. Así que volvió a desaparecer.
No podía estar seguro en dentro del monte, donde quiera que iba había Pokémon esperándolo. Y Alakazam aparecieron siempre detrás de él y usando sus poderes psíquicos para tratar de detenerlo. No sabía porque esos Pokémon lo seguían, o si querían lastimarlo, solo sabía que obedecían a aquel ser que se cubría con un aura oscura, y ese ser le daba miedo, notaba que quería hacerle daño.
Jirachi subió por todo el monte desde su interior. Había una salida, que se ubicaba en la cima del monte, quedaría en lo más alto, y volaría lejos, esos Pokémon no podrían seguirlo en el aire.
Iba llegando a la salida, cuando recibió un golpe desde el suelo, tierra cayó en sus ojos y unas cuantas piedritas lo rasparon. Había sido Gible quien le dio alcance. El pequeño dragón de tierra usó garra dragón para golpearlo, esto tumbó a Jirachi en el suelo, adolorido e incapaz de moverse. Alakazam apareció también, si lo tomaba, lo llevaría con ese ser de ojos sin vida.
Abrió su tercer ojo, y un pequeño diamante de luz surgió. Se iba haciendo más grande y más brillante, y después lo disparó hacia los dos Pokémon que se le acercaban. El brillo se extendió y cubrió por completo a los Gible y a Kazam, estos dos parecieron gritar, sentían como si el brillo los quemara, los estaba dañando.
Cuando el ataque cesó, Gible estaba completamente debilitado, el brillo lo había vencido. Kazam, en cambio, solo cayó sobre sus rodillas, pero muy exhausto. Fue un ataque que nunca antes había visto, y no sabía que tan fuerte era como para derrotar por completo a un dragón.
Jirachi aprovecho que los Pokémon estaban débiles para levantarse y salir. Se elevó lentamente, estaba cansado por la gran cantidad de energía que le costó lanzar ese ataque, y su cuerpo dolía, aunque sus defensas sobrepasaban lo estándar para los Pokémon psíquicos, aún era un Pokémon con muy poca experiencia en batalla y era muy pequeño.
Ya en la salida, la mala suerte no dejaba de perseguir al pequeño Pokémon, pues ya lo estaban esperando Aero, Gyataro, Staraptor y Gliscor, y los ataques de estos no se hicieron esperar.
Esquivando ataques como hidrobomba de Gyataro o hiperrayo de Aero, Jirachi fue vencido por ataques directos como tijera X de Gliscor y pájaro osado de Staraptor. Trató de volver a atacar como lo hizo antes, pero su tercer ojo simplemente no se abrió, estaba ya muy débil y fue así como cayó al suelo, incapaz de defenderse y a merced del ser que se acercaba.
Harto de perder más tiempo, harto de persecuciones inútiles, harto que sus criaturas no lograran su objetivo con rapidez, harto de seguir sufriendo los intentos de interrupción de Ash, el Rey había llegado y tomó a Jirachi entre sus manos. Estaba inconsciente, pero lo único que le importaba era su tercer ojo en el vientre, que permanecía intacto.
Ash trató de tomar el control nuevamente, pero esta vez, el Rey se esforzó para contenerlo, eso ultimo logró que sus latidos disminuyeran su ritmo, si seguía esforzándose así, contraponiéndose contra la esencia pura del chico, pondría al límite ese cuerpo, pero ya no importaba, porque tenía su objetivo entre sus manos, y finalmente pediría su deseo. Deshacerse de Ash Ketchum.
El aura oscura rodeó a Jirachi. El Pokémon despertó y gimió, pronto se volvió un grito, el aura no pretendía poseerlo como lo hizo con los otros Pokémon, sino forzarlo a abrir el ojo de su vientre.
—No tiene caso. Si te sigues resistiendo solo te lastimaras— El Rey disfrutaba ver como la criatura se retorcía tratando de alejarse.
El aura logró abrir el tercer ojo, este parecía esforzarse por cerrar lo que parecía ser un parpado en su vientre. Entró a través de este órgano, y el ojo se vio obligado a emitir un brillo.
—Cumplirás mi deseo. ¡Dame mi propio cuerpo! —
2
Absol estaba muy cerca del lugar donde presentía que iniciaría la siguiente catástrofe. Podría sentir la esencia de su entrenador, esa esencia que representaba toda su bondad.
Llevaba días corriendo desde Johto, y todo el día había corrido sin detenerse a cazar o descansar, pues tenía un deber que cumplir.
Quizá podía llegar a tiempo, quizá si se apresuraba podría ayudar a su entrenador y salvarlo, lo conocía bien, era fuerte y fue quien restauró el orden en Hoenn cuando las fuerzas de la naturaleza se enfrentaron. Podría resistir hasta su llegada.
3
Ash ya ni sabía si podía ganar aquella batalla contra el Rey. Estaba tan débil. Su corazón, su esencia le decían que podía seguir batallando contra el Rey pero su concentración se volvía cada vez más débil. Mientras estaba encerrado en aquella prisión dentro de si mismo, se tenía que enfrentar contra la oscuridad que volvía a usar sus mayores temores para someterlo.
Cuando retomaba su cuerpo físico no era mejor, le dolía tenerlo, sus heridas y golpes le hacían desear quedar inmóvil. Parecía que el mismo cuerpo le imploraba que lo abandonara y así poder descansar. Ya no sabía si podía salir ileso de esta batalla contra el ser más malévolo del mundo, su única preocupación era no dejarlo libre para hacer lo que quisiese. Pero fallaría, pues no estaba cuando la oscuridad retrocedió, y él no volvió a su cuerpo.
El brillo a su alrededor lo cubrió todo, ya no había ni una sola pisca de oscuridad, pero no significaba que eso lo aliviara, le consternaba el hecho de no saber que estaba pasando.
Sus ojos se segaron. Sintió como si le hubiesen tomado el corazón y lo estrujaran, mientras el órgano seguía dentro de su cuerpo. Todas sus reacciones se detuvieron. Su cuerpo se sintió pesado, y su mente entró en un conflicto pues le costaba procesar toda la ola de nuevas sensaciones.
Pronto, el dolor se expandió a todas las partes de su cuerpo. Sintió decenas de punzadas en su cuerpo, había sentido anteriormente la punzada del aguijón de un Beedrill, pareciera que eran varios Beedrill los que lo estaban atacando paralizándolo en el proceso.
Gritó.
—¡Maldición! ¡¿Qué es esto?!—
Sus piernas… ¿A dónde se habían ido? Literalmente no sabía si sus piernas seguían allí, se habían desconectado de su cuerpo, o peor aún, habían desaparecido. Hubiese volteado a verlas, pero su cuello no le permitió voltear, aunque siendo sincero, no sabía si le hubiese gustado no ver nada, ver solo dos muñones en donde antes hubiesen estado sus piernas.
Su estómago dio un vuelco, y después la mitad de su cuerpo sufrió el mismo destino. Estaba desapareciendo por partes. Fue escabroso imaginar que solo era un torso al cual el estómago y los intestinos estaban de fuera, conectados a su cuerpo, pero a la vez desparramados en el suelo.
Luego fueron sus brazos, finalmente su pecho, trató de controlarse, sabía que terminaría con su cabeza y su subconsciente. Había viajado entre dimensiones, estado a la contraparte inversa de su mundo y hasta viajó en el tiempo, y nunca había sentido que su cuerpo se desprendiera como lo hacía ahora. Lo último que vio… fue nada.
4
Una brisa de aire le golpeó en la cara, y finalmente sentía la superficie rocosa sobre la que estaba. Era bueno. ¿No? Quería decir que volvía a tener el control de su cuerpo, con todo lo que implicaba, incluyendo el dolor y las ganas de acostarse y no despertar hasta dentro de varios días. Se rio internamente cuando tuvo esa idea, fue raro, quería reír y tenía esa sensación que debía estar alegre, como si ya se hubiese resuelto todo.
Trató de levantarse, colocando una mano sobre su abdomen, realmente creyó que sus intestinos se habían separado de su cuerpo, y si no fue así, se iban a salir si su vientre se desgarraba de tanto dolor.
Ya no se levantó, se quedó sobre sus rodillas y alzó la cabeza, allí en el cielo, estaban sobrevolando Gliscor y Staraptor, también los Pokémon de Red y Gold. Y más atrás había llegado Torterra y Saur, lo diferenciaba de su Venusaur porque Saur había sufrido algunas quemaduras en las hojas de la flor en su lomo. Se alegró de verlos a todos, pero se preguntó ¿por qué estaban fuera de sus pokeball? ¿por qué ellos no se emocionaban de verle? y, sobre todo, ¿por qué seguían rodeados por el aura oscura?
Quizá la respuesta estaba un poco más a su derecha. Tendido en el suelo, estaba Jirachi, debilitado y herido. Había fallado en su misión de protegerlo. Se acercó a él, gateando, un poco más y terminaba arrastrándose. Cogió al Pokémon entre sus brazos, quemaduras y raspones se podían notar en su blanco cuerpo, pero al menos seguía respirando.
—Jirachi. Despierta por favor— le dijo, con apenas un hilo de voz.
Ash se emocionó cuando Jirachi se retorció levemente en sus brazos, era buena señal. El Pokémon singular abrió sus ojos y lo miró, era un alivio para el joven.
Todo parecía ir a mejor, había vuelto a su cuerpo, no había rastro de su peor pesadilla, y ahora estaba con Jirachi. Lo llevaría a ciudad Plateada para que lo curen, y llamaría a sus amigos estando allí. Curaría sus heridas y después volvería a casa con Jirachi. Quizá le pida un deseo, ese que quiso pedir cuando el profesor Rowan le pidió buscarlo, o quizá pediría olvidar todo eso, no lo sabía.
Ash estaba exhorto en sus pensamientos cuando sintió que lo patearon en la espalda y del golpe cayó de frente.
—¡Suéltalo! —
Esa voz, nuevamente la voz del Rey.
Ash se volteó, temeroso de lo que iba a ver pues no sabía que forma había tomado su peor pesadilla. Sus zapatillas deportivas eran las mismas que las suyas, y sus pantalones igual, y al seguir subiendo la mirada se horrorizó. Su mismo chaleco negro, su misma camisa blanca, y su mismo cabello, y su mismo rostro. El ser que tenía al frente, rodeado de aquella aura negra, era el Rey de pokelantis, quien tenía un nuevo cuerpo propio, y era idéntico al suyo.
—¿Sorprendido? —le dijo el Rey como una burla— yo también lo estuve. No creí que me hiciera una copia exacta de ti. Pero después de tantos años, he olvidado mi verdadera apariencia—
Era como mirarse en un espejo, y llevarte un susto de muerte cuando tu reflejo hace algo diferente a lo que tu hiciste.
Ash trató de levantarse aún con Jirachi en brazos, pero sus piernas le temblaron así que solo pudo dar un par de pasos para alejarse y después caer. Al Rey pareció hacerle gracia pues rió un poco de verlo en una situación tan lamentable.
El Rey se acercó a Ash, este al verlo solo pensó en la criatura que tenía a su cuidado. Sin poder mover las piernas, solo aferró a Jirachi a su pecho y usó su cuerpo para ocultarlo.
—Por favor vete Jirachi… por favor huye…— le susurraba a Jirachi.
El Rey se burló al verlo hecho un ovillo—Patético. Verte aquí, tratando de salvar tu vida y la de esa criatura. Es inútil mantengas tu esperanza—
Comenzó a patearlo, golpeando su espalda y sus costillas, y mientras más lo golpeaba, él se quejaba. Esperaba que resistiera poco, que se rindiera y dejase a la criatura mágica, después de todo, su cuerpo estaba al límite. Pero se sorprendió cuando Ash, con cada golpe, solo se obligaba a agarrotar más su cuerpo.
—Siempre noble hasta el final, Ash. ¡Eso te llevará a tu condena! —
El Rey podía usar a las criaturas a su alrededor, podía usar el aura para levantarlo, ni siquiera eso, podía simplemente tomarlo de los hombros y forzarlo a soltar a Jirachi, estaba tan débil que no daría resistencia. Pero estaba disfrutando lastimarlo con su nuevo cuerpo, después de todo, había esperado deshacerse de él durante ocho años, finalmente lo tenía a sus pies y sufriendo.
—Por favor Jirachi… vete…—
Ash seguía implorándole a Jirachi que se fuera, no iba a permitir que el Rey se le acercara nuevamente, pero no sabía cuánto más iba a soportar hasta que su cuerpo se cansara o su interior estallara.
Jirachi en cambio, estaba aterrado pues ahora había dos seres iguales, y uno quería ayudarlo y el otro lastimarlo, era tan confuso, pero estaba prestando más atención al chico cuyo rostro ya soltaba algunas lágrimas que salían gracias al dolor.
—Por favor… ¡Tienes que alejarte de él! —
Jirachi cerró los ojos, y desapareció.
Ash se alegró, había usado Teletransportacion.
Una última patada, y Ash cayó a un lado. Exhalaba pesadamente, los golpes habían afectado sus pulmones y ya no podía respirar con normalidad.
El Rey estaba frustrado, Ash se había rendido, pero la criatura que cumplió su deseo ya no estaba con él. No dijo nada, y al ver su mirada de estupefacto, Ash rió débilmente.
—se fue… está a salvo—
El aura oscura rodeó a Ash y lo levantó, lo lanzó hasta chocar contra la pared de rocas del monte, en este punto ya no le importaba destrozar su cuerpo.
—Ocho años oculto dentro del cuerpo de un niño. ¡Siglos desde la última vez que mi nombre se escuchó por todo el mundo! Ni siquiera era un mísero recuerdo ni en el chico que me tenía atrapado—
El Rey atrajo al chico hacía él, acercándose cada vez más al borde del monte.
—¿Crees que no voy a encontrar a esa criatura? Lo haré y restauraré mi reino, y pronto, todos me temerán y servirán. ¡Tú solo eres el primero que sufrirá mi ira! — y con eso, lo arrojó del precipicio.
5
Fue una muy larga caída, pero realmente, ya no importaba.
No pudo pelear por salvarse, sus brazos ya no le respondieron.
Lo último que vio fue al Rey quitándose la gorra y arrojándosela a él.
Ash solo cerró los ojos, y solo deseó que alguien detuviera a aquel ser lleno de maldad.
Después… todo terminó.
6
Absol se detuvo en seco. Había llegado a las faldas del monte, y aun así llegó tarde. Pues fue testigo de cómo su entrenador cayó desde la punta del monte hasta el suelo, era imposible sobrevivir a eso.
Inmóvil como nunca antes, solo sintió como la desesperación lo invadió.
Volvió a correr en dirección donde había caído el chico, pero al encontrarlo, no soportó la imagen. Dicen que un Absol nunca llora pues es un ser maldito que jamás sentiría empatía por alguien, pero eso está muy equivocado, pues esa noche, Absol lloró amargamente por no haber podido salvar a su entrenador.
