Capítulo 19

1

La noche había llegado, y el grupo de amigos pasaban por las horas más exasperantes de sus vidas.

Blue, Crystal, Brock y Ruby habían llegado al hospital cuando la lluvia disminuyó un poco, al menos lo suficiente para que pudieran cruzar todo el camino, claro, con la ayuda de los Pokémon del primo de Dawn.

Luego que Ash fuera admitido en el hospital, Red había insistido, a la enfermera encargada de su cuidado y monitoreo, estar informado sobre cada cambio que su hermano tuviera, una tarea relativamente sencilla, pero Gold era más desesperado y cada cierto tiempo pedía información sobre el estado de Ash.

Desgraciadamente, el estado del chico no era alentador. Se le dio todo lo necesario para que siguiese con vida, al menos hasta que se le hiciese una intervención quirúrgica. Se le hicieron estudios y análisis rápidamente para saber la gravedad de los daños que sufrió tras la caída del Monte Moon, pero a grandes rasgos, era fácil saber que necesitaría reacomodar sus huesos, unir sus venas y arterias, que su corazón latiera con normalidad y que recuperara la sangre que perdió. Hasta ahora, el chico seguía inconsciente y no pareciera que fuese a despertar, por lo menos, no en su estado tan delicado.

El primer reporte decía que cayó del Monte Moon, el hospital recibía muchos heridos así, y por la gravedad de sus heridas, era casi obvio. Ninguno de los chicos sabía que pasó en el monte mientras Ash estaba allí solo con su peor pesadilla, ero todos podían intuir que había sido obra del Rey para deshacerse de Ash como tanto decía. La pregunta era ¿Por qué hacerlo de esa manera?

Red y Gold sabían que las intenciones del Rey era hacerse del control de un cuerpo, desde que Ash era un niño, siempre busco la forma que controlar el cuerpo de su hermano, aunque eso implicase lastimarlo, y quizá por lo que pasó en el bosque Verde, cuando Ash recuperó el control por un momento, quizá le hizo darse cuenta que no conseguiría su cometido por más que lo intentara, quizá, fue por eso que obligó al chico a tirarse desde la cima del monte.

Había una sala de videomisores, Red estaba allí, debía informar a su madre y a su abuela, probablemente, hasta buscaría comunicarse con su padre. Aunque era un hombre difícil de contactar, solo él y su madre sabían el medio adecuado para comunicarse con él. Blue había ido con él.

Mientras tanto, Brock y Ruby habían ido con Dawn a la cafetería, la habían convencido de comer algo, aunque esta se negó a hacerlo en un principio, después de enterarse de lo que le sucedió a Ash, la chica comenzó a notarse ansiosa y nerviosa. En palabras de Brock, era normal que esto pasara, la noticia era alarmante y fue sin duda una sorpresa el ver hasta donde llegaría el Rey con tal de deshacerse de Ash. Pero, en palabras de Ruby, ella siempre actuaba así cuando no podía controlar la situación, y era preocupante pues luego podía perjudicarse a si misma.

Sin duda, Ruby conocía mejor a Dawn, y sabía muy bien cómo identificar las cosas que le perturbaban. No habían comido desde hacía varias horas, y él sabía que Dawn no lo haría a partir de ahora, pues su apetito había desaparecido y ella creería que podría estar bien ignorando la necesidad de su cuerpo por los alimentos, era algo que ella había hecho en el pasado y que su primo iba a procurar que no volviese a ocurrir. Por suerte había llegado a tiempo para cuidarla, se decía.

Mientras que, por su lado, Gold no quería abandonar el pasillo cercano al área de urgencias donde habían llevado a Ash. "Alguien debe estar siempre cerca, por si surge algo" era su pretexto para quedarse, y aunque se le invitó a ir a la cafetería a buscar que comer igual, el chico negó pues estaba comiendo las golosinas y bollos procesados que había en las máquinas expendedoras dentro del hospital. Ya todos sabían que los Ketchum podían sobrevivir comiendo de todo sin importar su valor nutrimental.

Crystal también se quedó con el Ketchum de gorra amarilla, sabía muy bien que, para el chico, este tipo de problemas que involucraban a su familia, afectaban mucho a Gold, aunque él nunca lo dijera, se preocupaba por todos a su alrededor, y estaba muy preocupado por Ash.

La enfermera que cuidaba de Ash salió del área de urgencias, y Gold se acercó a ella, él era quien más desesperado estaba por saber nuevas noticias sobre el estado de Ash, y había insistido mucho a la enfermera. No los habían dejado pasar a verlo, y eso le impacientaba.

—Enfermera… ¿Algún cambio? —

La enfermera, una mujer joven de cabello azul y corto, estaba un poco fastidiada de todas las veces que el chico le había preguntado por lo mismo, pero, con mucha amabilidad, le contestó de vuelta— aún sin cambios. Pero eso sigue siendo bueno, no ha empeorado. Ya hemos encontrado un equipo quirúrgico disponible para intervenirlo, tuvimos que llamarlos de ciudades vecinas, pero están de camino—

La noticia debía ser un alivio, pronto habría una solución para salvarle la vida a Ash, o al menos así lo sintió Crystal. Pero, para Gold, esto no lo tranquilizaba, pero, de hecho, no sabía que esperaba escuchar para poder relajarse y dejar de pensar en las peores posibilidades. Quizá, solo quería escuchar que Ash ya estaba bien, quizá solo quería que le dijeran que podía verlo y que estaba acostado en una cama esperando a alguien conocido, quizá solo quería escucharlo a él, aunque sea algo fastidioso y después una discusión entre ambos, pero sin duda, todo aquello sería lo único que lo tranquilizaría en estos momentos.

Nadie sabía que hacer o que esperar en estos momentos. Eran los hermanos del chico lo más alterados por su salud, y sin embargo, nadie de sus amigos sabía que decirles para tranquilizarlos. Pero sin duda, quien más estresado debía de estar era Red.

—¿Dónde están? ¿Encontraron a Ash? — era Delia quien respondía a su hijo mayor al otro lado de la pantalla desde su casa en pueblo Paleta.

Nuevamente, a Red le había tocado informarle a su madre lo que había pasado en su búsqueda por Ash, y esta vez le preocupó como ella se iba a tomar la noticia que hospitalizaron al chico.

Delia era muy cariñosa con todos, y más con sus hijos, era normal que se preocupara por ellos pero a ella le afectaba cuando se metían en peligro. Hubo varias ocasiones que la señora dejó la comodidad de su hogar y se dirigió a donde él estaba solo para cerciorarse que estuviera bien, y lo mismo hizo para con sus otros dos hermanos. Delia simplemente no soportaba la idea que ellos estuvieran heridos y no estar a su lado. Por eso, esperaba una devastadora reacción de su parte. Pero fue un poco distinta a lo imaginado.

—mamá. Estamos en el hospital de ciudad Plateada, trajimos aquí a Ash— Red titubeaba— está inconsciente—

Cuando Ash desapareció días atrás, ella se desmayó, Red esperó algo similar pero no fue así. Al decírselo, Delia empalideció y su cara fue de asombro puro, sin duda los peores escenarios pasaron por su cabeza en ese momento. Su mano tembló por un instante, pareciera que el auricular del videomisor que sostenía se le iba a caer y ella igual caería de rodillas. pero cuando ella cerró los ojos y dio una fuerte exhalación.

—¿Qué le pasó? —ella trató de sonar lo más sereno que pudo.

Red no podía mentir, mucho menos a su madre, era una de las cosas que más le caracterizaban según los que lo conocían. Por ende, cuando tenía problemas prefería no contárselos a ella o le diría hasta el más mínimo detalle, pero en esta ocasión, por tratarse de su hermano menor, hizo el esfuerzo para ocultarle a su madre los detalles.

—no sabemos… pero no está bien… lo encontramos inconsciente y lo trajimos aquí rápidamente—

Delia inspeccionó a su hijo. Él estaba titubeando y pensando en cada una de sus palabras, eso quería decir que la situación era más grave de lo que él le decía.

—me estás ocultando algo. ¿No es así? ¿Cómo está él? ¿Qué le pasó? ¿Está herido? —

Red no quería continuar, habían sido días difíciles para él y para su fortaleza, y en su cabeza solo rondaba ideas desalentadoras que lo único que quería era que todo terminara y él pudiera continuar con su vida tranquilamente junto a su familia y amigos.

—Dime que fue lo que le ocurrió realmente—

—no te lo puedo decir. No por aquí… es demasiado—

Delia notó algo que nunca antes había visto en su hijo mayor, estaba dudando y estaba incómodo. Se notaba en él que no quería decirle nada, pero podría asegurar que él mismo estaba a punto de desmoronarse de solo recordar lo ocurrido.

—No se vayan a mover. Iremos allí en cuanto podamos— ordenó Delia y estuvo apunto de colgar cuando Red le interrumpió.

—Espera mamá. ¿Y papá? El igual debe saberlo—

—Yo le avisaré. Tu solo preocúpate por estar al pendiente de tu hermano—

Y la conversación terminó. Red suspiró pesadamente y frotó sus ojos, iniciaba la noche y ya estaba cansado, llevaba dos noches sin dormir bien y seguramente esta iba a ser la tercera, ¿Cuánto más podría durar su cuerpo así? Iba a descubrirlo.

Todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, era desalentador, su familia estaba desmoronándose por la desesperación, y sus amigos estaban pasando por lo mismo, de por sí ellos todavía estaban resentidos porque les ocultaron aquel secreto por tantos años, y seguramente estaban dudando en que tanto confiar en él. Si algo le pasaba a Ash, todo lo que Red amaba se habría ido para siempre.

Es difícil soportar la carga de un problema como ese, es difícil querer resolverlo todo, pero Red tenía que hacerlo por todos a su alrededor, después de todo, es lo que haría su padre, resolverlo todo.

Pensó más en su padre, aquel gran hombre que les enseñó el valor de la humildad y el respeto hacía los demás. Red admiraba a su padre, era un hombre fuerte, habilidoso y generoso. No podría compararse a su padre, eran muy diferentes, pero procuraba entrenar para hacer lo mismo que él. Pero esta situación lo estaba superando.

Red sabía que no iba a ser fácil, pero al haber visto lo que le pasó a Ash, solo quería que todo acabara abruptamente, desaparecer y quizá así Ash podría volver a su vida normal y lo mismo que todos. Nunca vio a su padre amedrentarse por algo, nunca lo vio desesperado por más que la situación lo ameritaba, no como él. Él de seguro ya habría encontrado la forma de salvar a Ash sin haber tomado tanto tiempo, porque él siempre tenía un plan, siempre sabía que cosas hacer y las hacía bien. Red no era como él y jamás se le acercaría, porque él no había podido proteger a su hermano menor cuando más lo necesitaba.

El chico se alejó del videomisor e iba a regresar a la sala de espera, pero antes de salir de la sala, Blue le habló detrás de él. La chica había estado observando toda la conversación desde la esquina de la habitación, sin decir nada, pero fijándose en el chico.

Ambos chicos llevaban de conocerse muchos años, eran muy unidos al punto que Blue había aprendido todos los aspectos de él y como reaccionaba. ella sabía todo lo que pasaba por su mente, y sabía que se estaba culpando por no haber sido más fuerte y ágil para haber evitado que Ash estuviese lastimado. Por eso, ella sabía que hacer con él, y por eso se le acercó por detrás.

—¿Estás bien? —

Red solo volteó la mirada a medias, apenas y la miró— estoy bien. No tienes por qué preocuparte—

Red volvió a voltear e iba a alejarse, pero Blue insistió— no puedes pedirme que no me preocupe. No has dormido ni comido desde que llegamos—

Red tardó unos segundos en responder—No tengo hambre. Quizá duerma cuando todo esto acabe—

Blue cambió su entonación a una más seria—deja de hacer esto Red. Llevar todo el peso, y culparte. Esto no se podía evitar, sabías que algo así podía pasar—

Red no volteó a verla.

—Lo que le pasó a Ash es desafortunado, pero aún tiene solución. No es tu culpa, tu no hiciste nada mal, hiciste todo lo que podías para ayudarlo—

—Y aun así fracasé—

—no fracasaste. Aún no se ha terminado esto. Ash va a despertar y todo se arreglará. Y tú debes entender que no puedes hacerlo todo tu solo, no eres un súper humano—

Para este punto, Red estaba comenzando a fastidiarse, casi nunca le contestaba a Blue, casi nunca discutía con ella, pero ya no quería seguir escuchándola tratando de animarlo— ya déjame Blue. No quiero escuchar nada—

—No me puedes hacer a un lado ahora, como lo haces siempre. Entiende, siempre he estado contigo, apoyándote. Todos te apoyamos. No puedes responsabilizarte de todo ni intentar luchar por todos—

—ya déjame en paz—

—entones voltéate, mírame y dime que me aleje de ti. Enciérrate en tu miseria donde te culparas todo el tiempo. entiende, por favor, que he tratado de ayudarte todo este tiempo—

—¡Yo no quería que esto le pasara a nadie! —

Red gritó y volteó a ver a la chica. Estaba encolerizado, apretando su mandíbula y un par de lágrimas brotaron de sus ojos.

—Tenía miedo. ¿Está bien? Todo este tiempo tuve miedo que esto pasara. El Rey es un peligro que pudo haber lastimado a todos ustedes, casi lo hace conmigo y Gold y pudo haberlo hecho con Dawn, con Crys, Brock o contigo. Todo este tiempo, solo quise evitar que el Rey les hiciera daño a todos ustedes y por eso lo iba a hacer solo—

Blue notó que la voz de Red temblaba, como si en cualquier momento colapsaría.

—Ash está allí, en la sala de urgencias… luchando por su vida… porque no supe como detener al Rey a tiempo. A Dawn y a Gold casi les pasó lo mismo en el bosque Verde porque no actué rápido al ver como se robaba mis pokeball, me quedé paralizado, me invadió el miedo de no saber que hacer con solo un Pokémon. Y estoy angustiado porque no sé si Ash sobrevivirá a esta noche o a la siguiente—

Red respiró profundamente, queriendo tranquilizar sus emociones pero era inútil. Más lagrimas brotaron de sus ojos y recorrieron sus mejillas, pero ya no le importó cubrirlas.

—fracasé, Blue. Le prometí a Ash que lo protegería y fracasé. No puedo más. no puedo soportar la idea que él esté aquí en una cama, ni pude soportar la idea que todos ustedes estuvieran en su lugar porque no fuese lo suficientemente ágil para protegerlos a todos. ¡He fracasado! —

Red se detuvo en seco y lo que pasó fue que se llenó de sorpresa y confusión. Blue se había acercado a él y lo atrapó en un abrazo, colocando sus brazos detrás de su espalda fuertemente para que el chico no la alejara. Red se quedó inmóvil, impresionado por eso, por sentir el calor que ella le estaba proporcionando al pegar su cuerpo al suyo.

—sé que solo quieres protegernos a todos. El bueno de Red, siempre pensando en los demás, por eso estoy contigo, eso me gusta de ti. Pero a veces, debes preocuparte también por tu bien, y dejar que otros te ayuden a superar tus problemas—

La frustración que Red sentía se estaba desvaneciendo y en cambio llegó un momento que se estaba relajando. Se sentía débil, pero porque su cuerpo le exigía relajarse.

—no eres débil, Red. Esto no es tu culpa. Ash no te culparía, él entendería que hiciste lo mejor para salvarlo, así como yo lo entendería de estar en una situación así. No eres tu padre, pero estoy segura que él también hubiese dudado sobre qué hacer—

Blue sabía todo lo que a Red le preocupaba. Ese sentimiento de querer hacer lo mismo que su padre, en superarlo en fuerza y en generosidad, hacer las mismas cosas que él hacía. Él se exigía demasiado y por eso, ella estaba para ayudarlo a recordar que él también importaba tanto como los demás.

—necesitas relajarte y desahogarte. Deja que te ayude—

Red no lo soportó más. algo dentro de él le decía que le hiciera lo que ella le pedía, porque él lo necesitaba. Sin más, abrazó a Blue de su cintura y hundió el rostro en su hombro. Estaba desanimado, por todo lo que había pasado a su alrededor, y finalmente había encontrado un momento para desahogarse por todo lo que le dolía y le hacia daño.

Blue sonrió, Red era el chico más bueno que había conocido, por eso, él también debía tener un momento de frustración y desahogo como ese. Tanto se preocupa por todos los demás, que nunca entiende que todos se preocupan por él también.

2

En Sinnoh, más precisamente en una casa en pueblo Hojas Gemelas, hogar de la ex coordinadora Johanna, madre de Dawn, quien preparaba la cena para dos personas aquella noche, ella y su esposo, quien estaba duchándose antes de cenar.

La señora vestía sencillamente, una blusa de mangas largas hecha de algodón, junto con un pantalón azul que siempre usaba hasta un poco más debajo de las rodillas, cubría sus pies con unas pantuflas rojas para estar en su casa y en su cintura tenía un delantal del mismo color que los duraznos. Su cabello abundante era azul, al igual que su hija, pero un poco más oscuro.

—listo. Esto ya quedó, y está delicioso— dijo luego de probar la cena y haber apagado la estufa.

La señora tomó dos platos de su alacena y se dirigió al comedor. Luego de un año sin haberlo visto, su esposo había vuelto de un viaje por una de las regiones más avanzadas tecnológicamente del mundo, su profesión de científico le exigía trabajar con nuevas tecnologías e investigaciones de otros profesores, y esta vez, el profesor Rowan lo había mandado a colaborar en las investigaciones de una profesora en aquella región, hija igual de un viejo colega del anciano profesor.

Pareciera que toda su familia había estado ocupada ese último año, hacía un año también que su única hija había salido por su viaje como coordinadora por toda la región de Sinnoh, y ahora que lo pensaba, no había vuelto a saber nada de ella desde la última vez que estuvo en su casa junto a sus amigos Ash y Brock, se quedó un par de días con ella, pero se había ido nuevamente, hacía Kanto a casa de Ash Ketchum. Pero desde que ella se había ido no volvió a comunicarse a casa, y ya ha pasado varios días y seguía sin hacerlo, sin duda, era raro que no lo hiciera.

No solo sirvió la cena para ella y su esposo, igual buscó dos latas de comida para Pokémon y dos tazones para los dos Pokémon que tenía en casa, Glameow y Umbreon.

Umbreon se acercó rápidamente a ella apenas vio que tenía su cena apunto de servir. No hacía mucho que lo tenía, pero el Pokémon era muy afectivo con ella desde el momento que llegó a la casa. en cambio, caminando más lento hacia ella, Glameow, su fiel compañera de toda la vida. La Pokémon no es que fuera desapegada a su entrenadora, de hecho, era tan afectiva como Umbreon lo era, pero esta noche Glameow no parecía estar de buen humor.

Johanna sirvió la comida e invitó a su Pokémon a comer. Aunque Glameow se negó al principio, terminó cediendo y comió de su tazón, mientras que su entrenadora le sonreía. La Pokémon se había estado comportando así desde que supo que le llevarían a Johanna un nuevo Pokémon felino como regalo de parte de un familiar suyo muy querido, al parecer Glameow estaba muy celosa de no recibir suficiente atención por parte de Johanna y ella lo sabía.

Johanna acarició la cabeza de Glameow suavemente, habían ganado tantos concursos y festivales juntas, en su juventud y ahora el Pokémon estaba envejeciendo junto con ella.

El videomisor sonó, una llamada estaba entrando. Se emocionó un poco, pues pudiera ser su hija, quien llamaba.

Se acercó a su videomisor, y al contestar la llamada era su hija al otro lado de la pantalla.

—¡Dawn! Qué bueno que me llamas hija. Ya me estaba preguntando cuando llamarías—

Johanna estaba feliz de tener a su hija en la llamada, pero al verla mejor, notó que ella no parecía tan emocionada como en otras ocasiones, sino todo lo contrario, triste, y concentrada más en forzar una sonrisa para saludarla.

—hija. ¿Estás bien? Te noto diferente—

No solo parecía triste, Dawn se veía cansada, en sus ojos se notaban algunas pequeñas ojeras como si no hubiese estado durmiendo últimamente, y su voz al saludarla fue débil como si no tuviese ánimos o estuviese débil. Johanna comenzó a preocuparse por la chica, ella tendía a deprimirse en situaciones que rebasaban sus habilidades, y en algunos casos esa tristeza podría agravarse.

—Mamá. Llamaba para hablar contigo— inició Dawn tratando de forzarse a sonar animada— quería saber cómo estás y si ya había llegado papá—

—tu padre ya está en casa hija, se está duchando arriba, íbamos a cenar—

La chica le sonrió—me alegra oír eso—

Dawn se hubiese emocionado al oír que su padre estaba en casa, había estado deseando volver a verlo después de un año sin saber de él, pero la noticia no pareció haberle causado tanto entusiasmo como debería.

—hija ¿Ocurre algo? Sabes que puedes contarme lo que te ocurra—

Dawn respiró profundo antes de hablar—no soy yo… es Ash— Johanna notó el temblar en el labio de su hija.

Johanna sabía mucho sobre aquella estrecha relación que Dawn había formado con aquel chico de Pueblo Paleta, siempre tan emocionada al estar con él y siempre hablando de lo que hacían juntos. Pareciera como si él fuese importante para ella y Johanna sintió que aquel vínculo entre su hija y Ash tuvo un impacto en ella.

Cuando Dawn salió de casa para viajar por todo Sinnoh, Johanna se preocupó que ella resultara lesionada en la travesía, o que sus sentimientos se descontrolaran y eso tomara influencia en sus decisiones y acciones. Lo que más temía Johanna que Dawn tuviese graves problemas por ello, y luego enterarse horrorizada de lo que sea que haya ocurrido. Pero cuando la ex coordinadora supo del chico de Kanto, noto el cambio en la personalidad que su hija estaba teniendo. Más optimista, más animada, como si nada le atemorizada pero sin ignorar que los problemas podrían ocurrir, a diferencia a como lo hacía cuando salió de casa.

Johanna consideró que aquel chico tan amigable pudo haber influenciado en ella, pero también era preocupante, si algo le pasó a Ash, puede ser también perjudicial para Dawn.

—¿Le pasa algo a Ash? ¿Qué ocurrió? —

Dawn había estado tratando, durante todo ese tiempo, actuar serenamente para no preocupar a su madre, pero al tratar de hablar sobre todo lo ocurrido recientemente, y del estado de salud de su amigo, el pánico se apoderó de ella nuevamente, haciéndole titubear al principio. Cuando la chica trató de hablar nuevamente, se le cerró la garganta a la vez que su concentración se desvaneció casi por completo.

Dawn había pasado días completamente angustiada, procurando controlar sus sentimientos para que estos no nublaran su juicio y por ende evitara cometer errores con sus acciones, pero llegó un punto de inflexión donde lo único que ocupaba en su mente eran los pensamientos de las horas más crueles y terroríficas a las que estuvo sometido su mejor amigo en todo ese tiempo y que lo llevó a donde está ahora. Antes de poder decir algo más, la chica cerró sus ojos y lloró, las lágrimas brotaron de sus ojos y recorriendo sus mejillas sin detenerse.

Cuando su madre se mostró preocupada, ella volteó el rostro, le avergonzaba mostrarse deprimente frente a ella. Su madre siempre temió a que algo le afectara a ella, de hecho, era su mayor inquietud al iniciar su viaje, pero Dawn siempre estuvo convenciéndola que aquello no pasaría, pero esta vez no pudo evitar llorar frente al monitor.

Johanna se preocupó por su hija, no le había dicho nada aún, pero temió que algo malo le hubiese pasado a su amigo y a ella.

Quería estar allí, junto con ella para consolarla, darle un abrazo y asegurarle que todo iba a cambiar para mejor, o por lo menos que ella no se sintiera sola en aquel momento tan devastador por el que pasaba. Pero cuando más se preocupó porque su hija estuviese sola, sin sus padres o sus amigos, apareció detrás de Dawn su sobrino, quien se acercó para acompañar a su prima y que ella llorara sobre su hombro sin contenerse.

Johanna se sorprendió al ver a Ruby, ciertamente no esperaba que estuviese allí en Kanto, pero sin duda fue un alivio que así fuera. Él y Dawn eran muy cercanos desde niños, habían crecido y pasado la mayor parte de su niñez juntos. A decir verdad, le era confortante saber que ambos estaban reunidos nuevamente.

3

Gold abrió los ojos de golpe, se había quedado dormido allí sentado en la silla de espera. Revisó el reloj del pasillo, él había salido de la sala de espera y quedó en el corredor principal en el interior del hospital. Era de madrugada y dentro de pocas horas saldría el sol. Se recriminó a si mismo por haberse dormido, pero estaba claro que necesitaba del descanso, pero aun así, no se sentía descansado.

Pasó sus dedos por sus ojos. Todos los demás habían ido al hotel donde se hospedaban, no valía la pena que todos se quedaran allí, excepto él quien insistió en quedarse. No encontró objeción a su petición, incluso Red, a quien era el único que Gold creyó que se opondría, permitió que se quedara mientras él pasaba la noche en el hotel de la ciudad. Su hermano mayor se veía irritado, se notaba en sus ojos, y por supuesto, cansado y harto.

Gold sintió que algo más le pesaba en su hombro, al voltear a ver, estaba Crystal quien también se había quedado dormido y su cabeza cayó sobre su hombro. Solo ella se había quedado en el hospital acompañándolo, de igual forma, siendo tan insistente como él para hacerlo.

—Crys. Oye despierta— movió su cabeza para levantarla.

La chica de cabello azul y coletas abrió los ojos lentamente.

—te quedaste dormida—

Cuando la chica logró que sus sentidos se coordinaran con su cerebro, y escuchó la voz de Gold, se separó rápidamente de él, sonrosada y nerviosa le dijo.

—¡lo siento! ¡Lo siento! ¡lo siento! ¡No fue por nada! ¡Cerré los ojos y caí! —

Gold solo la miró, estaba apenada como siempre le pasaba cuando estaban tan cerca juntos. Llevaban años de conocerse, habían compartido tantas cosas, y pasado tiempo a solas en innumerables ocasiones, pero ella no dejaba de actuar frente a él como si fuese la primera vez que se conocieran. A pesar de toda aquella confianza que habían generado entre ellos, ella todavía se sentía avergonzada cada vez que sus cuerpos estuvieran tan pegados

Gold se restregó los ojos nuevamente.

—¿Dormiste? —

Gold solo asintió.

Crys estaba tan preocupada por Gold como por Ash. Era tan renuente en todo lo que hacía, tan arriesgado frente al peligro, que no le importaba a cuanta tensión sometía su cuerpo, de hecho, no se daría que su cuerpo estaba sobrepasando sus cualidades hasta que se le cayeran las extremidades.

Gold se recargó en el respaldo de la silla. Crystal pasó su mano por un lado de la cabeza del chico, pasando por debajo de su gorra y después sus dedos pasaron entre sus cabellos.

—Todo estará bien, Gold—

—solo lo dices para hacerme sentir mejor. No lo sabes realmente—

—lo sé. Porque Ash es como tú. Y tú siempre vuelves para molestarnos a todos—

—No… no lo viste… tirado en el suelo… sin vida, yo…—

Gold se detuvo y ambos quedaron en silencio por un momento. Crystal sabía mucho de Gold, tanto como para saber que era muy ruidoso e hiperactivo; su mayor desesperación, el silencio casi absoluto. Gold prefería el bullicio y detestaba cuando todo era tranquilo y silencioso. Cada vez que se enfermaba y debía guardar reposo, era sinónimo que el chico se aproximaba a sufrir un ataque de ansiedad encerrado en su habitación por no tener a nadie cerca para burlarse o que simplemente le prestara atención a sus tonterías. Simplemente, él no toleraba el silencio, pero irónicamente, lo que más necesitaba el chico que no podía mantenerse callado, era silencio. Que nada se le fuera dicho, pues más le frustraba. Y, aunque Crystal no consideraba que lo ideal que él fuese tan cerrado con sus emociones en situaciones así, la chica reconocía que era la única forma que Gold se tranquilizara y mantuviese la cabeza fría.

—sé que te mueres de ganas porque diga más. que hable de "mis sentimientos" "que llore" o cursilerías así. Pero… simplemente…— Gold se detenía y cerraba sus ojos para no ver a Crystal y que ella no viera sus ojos— simplemente…—

—simplemente no puedes hacerlo…—Crystal puso su mano sobre el hombro de Gold para tranquilizarlo— lo entiendo—

Quizá era difícil tratar con el adolescente de gorra amarilla y negra, después de todo, no tendía a escuchar los consejos de nadie más que no fuese sí mismo. Y era un chico que no expresaba mucho cuando algo le perturbaba, siempre mantenía aquella imagen relajada y confiada común en él. Pero Crystal sabía como actuar a su lado en cada situación. Después de todo, Crystal sabía muy bien en que momento Gold podía desahogarse junto a ella, aunque no fuese su intensión.

Gold pasó su antebrazo por sus ojos, y dio una profunda exhalación. Aunque estaba apenado, no le importó que solo fuese su vieja amiga de la infancia quien lo viera dejándose llevar por la emoción.

—¡Bienvenido Doctor! —

Ambos chicos escucharon a la enfermera cuando recibió, casi jubilosa, a un hombre de alta estatura, piel morena y cabello castaño. Debía tener poco más de cuarenta años. Llevaba camisa de mangas largas azul y un pantalón color gris.

—Me informaron del delicado estado del paciente ¿Ya tienen lista una sala de operaciones? —dijo el sujeto, aparentemente, un médico. Su voz se notaba cansada, probablemente por un viaje o una desvelada.

La enfermera le entregó una papeleta al hombre con los diagnósticos de su futuro paciente, después lo dirigió a lo largo del pasillo, mientras el médico le echaba un vistazo a la papeleta.

Cuando la enfermera y el doctor pasaron justo delante de los chicos, Gold se levantó para abordarlos y hacerles una sola pregunta que había aguardado por toda la noche, pero la enfermera se adelantó y se colocó frente a él. Al notar que la mujer de uniforme blanco se detuvo, el doctor igual lo hizo y vio a los adolescentes.

—por favor. Tranquilícese señor— dijo la enfermera.

—¿él va a operar a mi hermano? —

Al oír aquello, el doctor intervino y le dijo al adolescente—Solo si tu hermano es Ash Ketchum—

Gold prestó atención al doctor, y asintió con la cabeza para responderle.

—El doctor ha venido para atender a su hermano. La intervención se programará para dentro de pocas horas, pero le pido que guarde la calma— volvió a decir la enfermera a Gold. Ya había estado respondiendo sus incesantes preguntas por toda la noche y comenzaba a encontrarlo fastidioso.

—No tienes nada de qué preocuparte, niño. Está en buenas manos— le dijo el doctor antes de dar media vuelta y volver a caminar por el pasillo para dirigirse a la sala de urgencias— por cierto. Me llamo Proctor, y conozco a tu hermano—