Snk pertenece a Hajime Isayama.
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Un eco que piaba desde el postigo exterior. Delgados rayos amarillentos coloreaban la estancia, desvaneciendo con parsimonia a la delicada oscuridad. Una cálida fragancia cercana a sus fosas nasales. La pequeña niña abrió los ojos con cuidado. Frente a sí descansaba exhausta aquella mujer de alto cargo, presa de un sueño agradable que la hacía sonreír.
Ella sonrió correspondiendo a la mujer y se giró hacia el costado buscando al hombre que había dormido junto a ellas aquella noche. Pero su silueta no se encontraba entre aquellas sábanas. Frunció el ceño extrañada mientras se incorporaba en la cama. Tal vez hubiera vuelto a aquella silla que mencionó su comandante, en la que usualmente descansaba cada noche. Sus pequeñas extremidades recogidas entre el calor que emanaba. Se frotó los ojos y se deslizó hacia el costado, colocando con cuidado sus pequeños pies en el frío suelo.
- No hagas ruido o la despertarás – susurró una voz tras ella.
Lia se giró hacia la procedencia del sonido. El capitán del cuerpo de exploración estaba sentado en una silla mientras ataba con cuidado un complicado arnés. Lia se acercó despacio mientras él no apartaba la vista de ella.
- Aún es temprano Lia, vuelve a la cama – prosiguió mientras terminaba de colocar la última de las correas.
- ¿Adónde va, capitán?
- Tengo que comprobar que esos inútiles que llegaron del puerto ayer no han pasado las últimas semanas sin hacer nada más que beber y alternar con las mujeres de los burdeles de la costa.
- ¿Y la comandante? - ella se giró hacia la mencionada, que proseguía inmersa en aquel dulce sueño que no cesaba la sonrisa de su rostro.
- Lleva demasiado tiempo sin dormir una noche entera, déjala – Su mano acarició el cabello de la niña – Es demasiado temprano, Lia. Vuelve a la cama – repitió.
- Capitán, ¿puedo ir contigo?
- ¿No tienes sueño?
- Suelo ser la primera en levantarme en el orfanato. ¿Puedo ir contigo?
- Un patio lleno de soldados no es lugar para un niño.
- Tampoco un patio lleno de niños sin padres...
- No es algo interesante de ver a una decena de soldados perezosos intentando mantenerse en pie mientras corren por el jardín.
- Prometo no molestar... - curvó sus cejas hacia arriba en actitud suplicante, un rostro que se le hacía excesivamente conocido.
- Tché... Parece que la tozudez es algo genético.
- ¿Genético?
- He traído la ropa de tu habitación, está en esa silla – esquivó su pregunta mientras se dirigía hacia una mesa y comenzaba a escribir en una pequeña nota – Vístete sin hacer ruido.
- ¿Le escribes una nota a la comandante? - su pequeña cabeza quedó callada unos instantes mientras pasaba a través del hueco de su vestido.
- Debe estar informada de los movimientos de su regimiento cuando se despierte.
- Ya veo... - dirigió su mirada hacia la mujer que seguía inconsciente sumida en sus sueños.
Su capitán se acercó en silencio hacia la cama mientras colocaba el trozo de papel cerca de ella, a un costado de la mullida almohada. Mientras sus dedos acariciaban el suave satén que la cubría se detuvo unos segundos rozando ligeramente su cabello esparcido por la almohada como hebras del color del cacao. Lia permaneció atenta mientras se sonrojaba por haber observado aquel minúsculo momento de intimidad.
- Vámonos, esos idiotas aún no se habrán despertado.
La pequeña salió con cuidado de la habitación y sujetó la mano del hombre. Él se mantuvo impresionado al principio pero respondió estrechando con fuerza la mano de la pequeña, guiándola con cuidado por el derredor. Aquella mañana sería larga, demasiadas instrucciones que tendría que hacer mientras revisaba la primera carga de armamento que había llegado. Su mirada se cruzó con la de ella que no paraba de mirarle con excesiva atención.
- ¿Qué te ocurre?
- ¿Capitán, puedo hacerle una pregunta?
- Tengo la impresión de que aunque diga que no, preguntarás de igual modo.
- ¿Por qué duerme en la misma habitación que la comandante y no con el resto de soldados?
- Debo preservar su seguridad.
- ¿No es inadeacuado que los chicos y las chicas duerman juntos en la misma habitación? Sólo hay una cama en ese dormitorio. En el orfanato las niñas y los niños nunca dormimos en la misma cama.
- En esa cama no suele dormir nadie, Lia. Por eso he dejado que esa idiota babee sobre la almohada un rato más.
- ¿No es muy rudo llamar a la comandante "idiota"?
- Es una expresión coloquial.
- ¿Llama a todo el mundo así? Antes ha llamado a los soldados idiotas – preguntó con cierta inseguridad.
- Porque esos si que son idiotas. Unos auténticos imbéciles. Seguramente hayan pasado la noche bebiendo en lugar de descansar.
- ¿Y porqué ha llamado a la comandante así? La comandante debe sentirse ofendida si la llama así a menudo.
- Esa idio-...Ella no se siente ofendida por esa tontería. Ella sabe perfectamente que no es lo que realmente pienso de ella. Ella sabe interpretar porqué la llamo así. Y lo diferencia de cuando llamo así a esos inútiles que destrozan cada noche su hígado como si no me enterase.
- ¿Y qué piensas realmente de ella? - sus inocentes ojos le dirigieron una mirada cargada de curiosidad.
Mientras aferraba su pequeña mano, sentía que el tiempo se detenía. Los ojos juveniles de aquella mujer por la que llevaba arrastrando aquel torrente de sentimientos durante una década. Sentimientos que habían confluido en el único descendiente que habían podido llegar a tener. El último remanente del vínculo entre ellos dos que tanto luchaban porque perdurase. Tal vez, ambos muriesen cuando aquella incursión en aquel país desconocido acabase. Y ella sería lo único que demostraría que ambos llegaron a culminar aquel vínculo.
Se agachó hasta su posición mientras acariciaba su pequeño rostro. Deseando poder ver aquella pequeña cara crecer y envejecer; así como había hecho con su madre. Jamás podría poder nombre a todos los pensamientos cuando el nombre de Hanji Zoe era mencionado en su presencia. No importaba lo que aquellos poetas mostrasen en sus escritos manchados de tinta. Siempre había sido insuficiente. Jamás podría llegar a expresarlo con palabras de aquel mundo.
- Hanji y yo hemos pertenecido durante mucho tiempo a este regimiento. Mucho más que el resto de soldados que habitan en nuestros barracones. Llevo años luchando junto a ella. Este mundo está lleno de crueles y absurdas guerras sin fin – comenzó a enunciar él sin dejar de mantener la mirada con la pequeña – De alguna manera nos hemos visto atados a esta batalla sin sentido y se ha convertido en un deber. Tal vez sólo seamos capaces de conseguir una paz temporal. La suficiente para que tú y tus amigos del orfanato podáis crecer hasta convertiros en ancianos.
- ¿Y qué harás cuando llegue la paz, capitán?
- Si esa idiota y yo seguimos vivos... - sonrió escuetamente apenas levantando las comisuras de sus finos labios – Haremos lo mismo que hemos hecho durante todos estos años.
- ¿El qué?
- Entregar nuestros corazones.
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El reflejo del sol en el océano lo volvía anaranjado. Una visión que parecía sacada del infierno. Floch se apoyó sobre la barra de cubierta mientras sus ojos reflejaban aquella imagen que parecían llamas inmensas. El caos, la destrucción.
Una sonrisa se posó en su rostro. Dentro de poco, dentro de muy poco. Su mente divagó mientras bajaba por las escaleras hacia el interior del barco. Dentro de unas semanas tendría que destruir aquella ciudad por orden de Eren. Era necesario mermar sus fuerzas mientras huían de vuelta a la isla. Su único y auténtico hogar. Y entonces, su plan real continuaría. Debía conservar su sangre fría para llevar a cabo el último resquicio de aquel entramado.
Sus pasos le guiaron hasta el pasillo central. Los camarotes permanecían abiertos. Solamente ocupados por los soldados que proseguían junto a él en aquel momento. Custodiando su armamento antes de reunirse junto al resto y asaltar la ciudad. Floch se detuvo frente a la única puerta cerrada. Anteriormente ocupada por el alto cargo de la tropa de exploración, su comandante.
Una pieza esquiva que influiría en su plan. Sería necesario quitarla de en medio antes de que su ágil psique se percatase de lo que ocurría a sus espaldas. Ella ya comenzaba a sospechar y le alejaba de las zonas en las que él tendría mayor movilidad de acción. Pero no era el único que había aceptado el plan de Eren. Antes de que Hanji Zoe se diese cuenta, cientos de sus soldados apuntarían con un rifle a su cabeza.
Su mano empujó con ligereza la puerta del camarote. Permaneció en el pasillo contemplando su interior. Saboréo aquel momento mientras recorría con la vista la estancia. Aquella botella de vino que había dejado junto a las pertenecias de la comandante, ya no estaba allí.
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- Así que te has convertido oficialmente en la niñera de la niña que se coló en el barco que llegó desde Paradis, ¿no es así, Jean? - sugirió Connie mientras le golpeaba con el codo en el costado.
- La comandante decidió que era la persona más apropiada para cuidar de ella mientras ellos investigan el hangar de Liberio – el chicó bufó en voz baja mientras seguía observando a la pequeña, que miraba absorta las ilustraciones de un libro sobre especies marítimas.
- Eso no aleja la realidad de que te has convertido en el guardaespaldas de la pequeña.
- Tal vez me han dejado a mí a cargo porque soy el único que tiene más de dos neuronas en este maldito grupo.
Jean intentaba alejar el pensamiento de que él era el único que conocía la auténtica identidad de aquella pequeña. Ella parecía completamente inocente respecto al poder que emanaba de su sangre. Una niña más. Conforme más conocía acerca de la sangre Ackerman, más consciencia se despertaba en su ser del tremendo lastre que arrastraba.
- ¿Mikasa ha salido también con el capitán y la comandante, cierto? - musitó mientras intentaba alejar su preocupación. Otra persona cuya sangre la forzaba a ser expuesta al peligro constantemente, alejándola de la pacífica vida que merecía.
- Ella insistió. Quería sentirse útil – Sasha tomó asiento junto a la niña mientras le acariciaba la cabeza maternalmente – Era una tortura para ella esperar aquí sin saber nada de Eren.
- Siendo una Ackerman también es la opción más viable para planificar una infiltración. Siendo honestos, solo Mikasa puede hacerlo. El resto seremos inútiles de aquí a unas semanas. Pero al tener a los Ackerman de nuestra parte nos ayudará a recuperar a Eren – masculló Connie.
- ¿Ackerman? - la pequeña niña alzó su mirada de aquel libro con dibujos y pareció extrañada - ¿Cómo el señor capitán?
- Es un clan antiguo. Casi extinto. Muy poderosos. Capaces de hacer cosas que para nosotros nos desgastarían demasiado o serían imposibles.
- ¿Y por qué son así?
- No entiendo bien de esas cosas – la joven chica se rascó la cabeza intentando comprender los vestigios de aquellas dos únicas personas pertenecientes a dicho clan que había conocido eran especiales – Ellos son humanos, cómo nosotros. Bueno, como nosotros no, porque el poder de los titanes no les afecta, pero son cómo titanes, aunque en realidad no lo son...
- Sasha, la vas a confundir más.
- ¡Para mí aún es confuso!
- Ellos son diferentes. Son más fuertes y resistentes. Pero no hay que tratarles de manera distinta, siguen siendo humanos. Debemos tratarlos con cercanía. Seguramente a ellos les moleste que se los vea como armas o máquinas – intervino Jean.
- Ackerman...
- Jean dice eso porque a él lo que menos le interesa de Mikasa es que sea una Ackerman, ¿cierto?
- ¡Cállate Connie!
- Oh, si, cierto. Cuando Mikasa llegó con su grupo fuiste el primero en ir a recibirla y ayudarla. Ni conmigo ni con Connie hiciste eso...
- Creía que tras tantos años finalmente habríais madurado – intentó evadir la insinuación mientras sus mejilas enrojecían – Creia que tener novio te suavizaría el carácter, Sasha. Pero tal vez Nicolo no es suficiente para domar a la fiera. Me apiado de él.
- ¿Qué es un novio? - volvió a interrumpir la más pequeña.
- Un novio es una pareja. Cuando dos personas se quieren, pasan tiempo juntos y crean un espacio personal. Cómo los padres. Aunque antes de ser padres o casarse, se convierten en novios.
- ¿Cómo el capitán y la comandante? - preguntó inocentemente.
Esta pregunta alarmó a los dos reclutas que se giraron hacia ella plenamente interesados. Sasha se acercó más hacia ella mientras le instigaba con la mirada mientras Connie parecía buscar un papel donde anotar aquel nuevo descubrimiento.
- Llevas una semana durmiendo en su habitación, Lia. Se nuestro confidente, ¿has visto algo fuera de lo normal? Delante de nosotros se cohíben.
- ¿Fuera de lo normal? - frunció el ceño confusa.
- Ya sabes, un beso, un abrazo,... quitarse la ropa delante del otro – insinuó el chico.
- Sasha, Connie, dejad a la niña en paz. No es necesario hacerla pasar por este interrogatorio.
- Yo no he visto nada de eso – contestó la pequeña.
- ¿Y por qué crees que son novios?
- Deberíamos hacer caso a Armin cuando nos decía que los dejásemos en paz... - continuó insistiendo Jean sin éxito, sabía que peligraba la auténtica identidad de aquella niña si ellos seguían atando cabos.
- Ellos se miran mucho... - su pequeña mano rascó su sien desordenando su cabello – Cuando... cuando los papás vienen al orfanato a adoptar a un niño, ellos se miran de una manera similar. Como si se leyesen la mente para debatir si nos quieren llevar a sus casas o no. Cuando veo al capitán y la comandante me transmiten algo similar.
- Podríamos crear un plan para descubrir si ellos dos están saliendo, ¿te apuntarás, Lia? Podrías ser nuestra espía infiltrada.
- En serio, dejadlo ya. El capitán se enfadará y nos obligará a correr por todo Liberio.
- Tú eres bastante pequeña, podríamos esconderte en el armario y... - ambos le ignoraron mientras continuaban instigando con la pequeña.
El portón principal chirriaba mientras era abierto con cautela. Dos figuras entraron con aparente cansancio. Mikasa y Armin portaban entre sus brazos unas bolsas que pretendían disimular el armamento que contenían. Poco a poco debía realizarse el traslado de todos los enseres que implicasen el asalto que llegaría en los próximos días.
El chico de cabello claro parecía más concentrado de lo usual. Seguramente habiendo recibido información concreta de su líder que debía trabajar para que la estrategia. Él saludó algo afligido mientras se introducía en el hogar principal. Con un aparente estado de preocupación.
Jean se acercó a Mikasa y cogió una de las bolsas mientras entraba con ella buscando el almacén de armamento que habían dispuesto temporalmente.
- Armin informará a Kiyomi de la nueva estrategia diseñada por la comandante. Mañana él y la comandante harán una incusión. Queremos probar cuán diezmadas están sus fuerzas mientras la batalla del fuerte Slava aún está en proceso. ¿Qué tal todo por aquí? - su vista se dirigió ligeramente hacia el exterior, donde Connie y Sasha apuntaban un extraño plan en un papel.
- Aparentemente me he convertido en la niñera de Lia.
- El capitán y la comandante confían en tí para que cuides de su hija, Jean – llegaron a la estancia designada mientras descargaban el armamento - ¿Ella lo sospecha?
- Lia es muy inocente. Cree que la protegen por ser una niña. Pero si sigue relacionándose con esos idiotas...
- ¿Sasha y Connie? Creía que el capitán les había dado órdenes de instruir al resto del batallón en el nuevo armamento.
- Sí, pero aún así les queda tiempo libre para maquinar algún que otro estropicio. Ahora se han obsesionado en utilizar a Lia para demostrar que el capitán y la comandante tienen una aventura.
- Dudo que tengan éxito – se giró hacia él con una escueta sonrisa – Nos tomó cuatro años pillarlos nosotros. Dudo que consigan algo en cuatro días.
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El retumbar de los explosivos al aterrizar sobre la tierra cegaba cualquier otro sonido. Incluso el de sus propios latidos, que se había increcentado desde el momento en el que había bajado de aquel tren. Eren alzó sus manos hasta secar el sudor que caía por su frente. Los mechones de su pelo habían crecido en aquellos últimos meses, prácticamente tapando cualquier posibilidad de visión.
Pero no necesitaba a su vista en aquellos momentos. Sabía que mirase donde mirase, no encontraría nada que lo alejaría de su decisión. En una trinchera cercana, una figura alta y con cabello rubio hablaba con parsimonia.
- General Magath, debería ponerse a resguardo. En unos instantes llegará la primera remesa de titanes. Será mejor que esté alejado del frente.
- Tal vez tengas razón – el cansado hombre se mesó las sienes mientras el infierno que había a su alrededor ardía en el fuero del averno – Yelena, busca a la morralla eldiana. Tal vez podamos reforzar este piquete para cuando lleguen nuestros soldados. Debrew, ve con ella. Informadme cuando acabéis.
- Sí, señor.
Eren bajó la cabeza mientras aquel alto cargo pasaba lentamente a su lado, Yelena proseguía detrás suya con una maliciosa sonrisa. ¿Realmente era aquel el único camino? Aquel que había visualizado cientos de veces. Y que no desaparecía de sus ojos. La figura del general se paró por unos instantes, volviendo su vista atrás y dirigiéndose hacia él.
- Eldiano, dirígete al frente. Todo tu batallón debe estar preparado … - sus palabras se desvanecieron mientras le observaba analizándole con pasividad – Tu nombre, eldiano.
- General, debemos apresuramos. En escasos minutos esto será una carnicería – insistió Yelena mientras intentaba desviar su atención.
- Nombre, eldiano – repitió.
- Kruger.
- Kruger... - repitió mientras su mirada se cruzaba con la de él – Dirígete al frente... - sus palabras vacilaban mientras parecía detenerse en su mirada desafiante – Si no quieres que devolvamos un pedazo de tu brazo a tu familia, será mejor que seas consciente desde dónde apunta el enemigo para esquivar sus proyectiles.
- Descuide, señor. Conozco perfectamente de que debo protegerme.
- Bien...
La figura del general desapareció en la lejanía, mientras ocasionalmente dirigía una mirada hacia atrás. Sabía que albergaba algún pequeño dato acerca de su rostro. Aquella infiltración sería un desperdicio si era delatado. Asesinar a aquel general que paseaba rodeado de soldados marleyanos era demasiado arriesgado. No podía asegurar que un superviviente no intentase ir en su contra. Por otro lado, en su forma de titán podría acabar fácilmente con todos aquellos que le rodeaban. Pero entonces todo su plan sería infructuoso.
Los primeros misiles aterrizaron sobre la tierra. Una decena de hombres a su alrededor yacían heridos. Los agonizantes gritos lastímeros habían ensombrecido el sonido de las bombas. Si quería que aquella infiltración fuese exitosa debía modificar su aspecto.
Se arrastró entre las trincheras hasta encontrar el cadáver de un compatriota eldiano. Un rostro desfigurado cuyo globo ocular estaba desaparecido. Eren torció el gesto mientras buscaba un instrumento cortante, se zafó su cinturón y lo colocó en su boca mientras mordía con furia. Un tajo limpio y seco no sería creíble. Posiblemente creyeran que se había autolesionado para ser devuelto a Liberio. Volvió a morder con fuerza mientras hundía el cuchillo lentamente, manchándolo con el carmesí de su sangre.
Mientras su mente luchaba por no perder la consciencia vislumbraba con pesar aquel torrente sanguinoliento. Aquella sangre era la culpable de que todos sus compatriotas yacieran difuntos. Que su libertad se viese limitada por aquellos muros de piedra. Que el nombre de su raza fuese símbolo de maldad y violencia. ¿Cuando acabaría aquel ciclo de odio?
Otro retumbar de cañones y misiles aterrizando. El bufido de los zepelines anunciaba la llegada de los refuerzos. Decenas de personas que compartían su vínculo con la fundadora serían convertidos en titanes sin raciocinio que serían destruidos por aquellos cañones enemigos.
¿Quién es el auténtico enemigo?
¿Quién es el auténtico enemigo?
Sus dedos cubiertos de sangre encontraron el casquillo de una bala que había sido disparada con anterioridad. Su miembro amputado había dejado de sangrar, pero debía controlar la regeneración para pasar por un eldiano más. Miró al frente por última vez. Estelas de luz que caían desde el cielo. Su vista se nubló mientras dirigía con fuerza aquella bala contra su ojo. La sangre corría por su cara cual río que era avivado por su venganza. Aquella que llevaba milenios esperando.
Eren frunció el ceño y miró hacia el cielo cubierto por la estela brillante. Una humareda se levantaba conforme los cuerpos ingrávidos de los titanes aterrizaban en el suelo. Pronto aquel polvo que le rodearía sería provocado por él mismo. Su senda sería hecha a través de ríos de sangre que él mismo provocaría.
- Esta guerra acabará pronto...
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El peine se hundía entre las hebras de cabello negro que lucía húmedo y sedoso. Apenas era necesario aquel cepillado. Pero la comandante del ejército de exploración comenzó a creer que aquella pequeña tradición que había comenzado a hacer hace más de una semana tras cada baño de la pequeña era un pequeño placer que se atribuía a sí misma. Sus cabellos corrían entre sus dedos mientras los acariciaba, un tacto que llevaba años añorando.
En la habitación contigua, el capitán proseguía doblando la ropa de la pequeña niña mientras recogía los enseres de baño. Lia hizo un gesto exagerado comprobando que el hombre permanecía en aquella habitación. Se giró hacia la comandante, en actitud misteriosa, mientras posicionaba una mano al costado de su cara.
- Señora Hanji, ¿me guardas un secreto?
- ¿Qué sucede, Lia? - sonrió en actitud cariñosa mientras acaricaba su cabello que se secaba poco a poco.
- ¿Cuánto tiempo hace que conoce al capitán? - murmuró en una actitud sospechosa, provocando que la comandante alzase una ceja comprendiendo la situación.
- Alrededor de diez años.
- Es que... - una pequeña sonrisa se escapó de sus labios, mientras intentaba seguir aquellas instrucciones que habia recibido de los soldados más traviesos de la legión – Creo que el capitán Levi está enamorado de usted – respondió finalmente.
- Lia... - Hanji se acercó en actitud maternal mientras colocaba una mano al costado de su cara imitando la pose de la niña – Tal vez debería informarte de que Levi tiene una capacidad auditiva impresionante y acaba de oír todo lo que has dicho.
Lia se sonrojó y se giró hacia la puerta del cuarto de baño donde permanecía impasible el capitán que portaba en sus brazos la ropa de la pequeña niña. Ignoró su comentario y comenzó a colocar su ropa en una silla mientras proseguía ordenando la habitación. Permaneciendo impasible hacia las insinuaciones de la pequeña.
- ¿Se ha enfadado conmigo? - intentó bajar más su tono de voz intentando disculparse - ¿He dicho algo inapropiado?
- Estoy plenamente segura de que a Levi no le ha ofendido tu comentario – se giró hacia el mencionado que seguía fingiendo ignorar aquella conversación.
- Es tarde. Los niños deben irse a la cama pronto – interrumpió aproximándose a ambas – Voy a hacer la ronda, no quiero volver a entrenar a un puñado de borrachos que han pasado la noche buscando las faldas de sus compañeras.
- Oh, espera. Iré contigo – Hanji depositó un beso sobre la frente de la pequeña, sus gráciles dedos arropandola en la cama – Buenas noches, Lia. Volveré enseguida.
- Buenas noches, comandante. Buenas noches, capitán.
La figura de ambos adultos desapareció por el resquicio de la puerta. Pasos que eran ensombrecidos por el sonido de sus pisadas. Ecos reverberantes que ocultaban el sonido de su conversación. El calor de la noche los guió hacia la azotea. El manto nocturno escondía hasta el más ínfimo secreto. Soldados que vigilaban las esquinas intentando volver a la ciudad a beber en algún tugurio aún abierto. Otros, posiblemente reclamando compañía aquella noche. No importaba el origen, el ser humano repetía siempre el mismo comportamiento.
Hanji se sentó sobre el alféizar mientras se quitaba las gafas y las colocaba en su regazo. Arrepentimientos que nublaban su vista. Hanji se giró hacia Levi, quién tomó asiento a su lado. No eran necesarias las palabras para comprender aquel dilema que habían estado arrastrando durante años. Y se incrementaba a cada segundo que pasaba junto a aquella pequeña criatura.
- Debemos decirle la verdad. No puedo dormir abrazando cada noche a mi propia hija fingiendo que no lo es – articuló Levi sin quitar su vista del horizonte.
- Observála, Levi... - sus dedos se entrelazaron en su regazo, temblando de impotencia – Ella se ha criado sin nosotros. Alejada de todo esto. Ha crecido siendo una niña alegre y feliz.
- …..
- Bajo nuestros pies albergamos cientos de rifles para utilizarlos en apenas unas semanas. Nuestras manos están adheridas a un arma. No es ese el futuro que quiero para mi hija. Ella no tiene que luchar en esta guerra injusta. Debe disfrutar de su niñez y tener una vida normal. Si le decimos la verdad, ¿realmente ella será capaz de superarlo? No estoy segura de si mi propia hija podría entender de lo que intentamos al alejarla y perdonarnos. Tal vez el futuro que se merece solo es posible si la mantenemos alejada de nosotros, Levi.
- Tal vez tengas razón. Pero como continúes guardando todo esto, explotarás como uno de esos misiles de mierda que lanzan desde sus máquinas voladoras.
- Sólo necesito un poco de tiempo. Cuando volvamos a Paradis, tal y como prometimos. Entonces se lo diremos.
- De acuerdo.
- Aunque, ¿no te apetecería hacer algo divertido? - sonrió mientras apoyaba su cabeza en el hombro de él.
- Qué es lo que has pensado.
- Lia se subió a ese barco con una idea en la cabeza. Tal vez deberíamos concederle ese pequeño deseo. Lleva más de una semana encerrada en esta mansión.
- Ya veo...
- Tal vez no sea mucho, pero me sentiré más complacida si así consigo sentirme más cercana a ella. Hasta que alcancemos el auténtico futuro que ella merece.
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El mediodía en aquella mansión solía ser bastante ruidoso. Los soldados tras proceder a hacer sus instrucciones diarias, procedían a alimentarse. Pero los alimentos de aquel país eran excesivamente extraños, pensaba Lia. La mayoría de días el rancho que preparaban los asistentes de aquel enorme hogar no diferían demasiado de los alimentos que había llegado a probar en la isla.
Pero aquel día, el capitán parecía haber dado la órden de preparar una comida especial para agradecer a los soldados el traslado del armamento. Un alimento compuesto por arroz y una hoja oscura salada que no comprendía bien qué era.
- ¿Cómo se llama este tipo de carne? - prosiguió la pequeña mientras probaba un pedazo de color rojizo.
- Atún.
- ¿Y dónde se caza ese animal? No se parece a la carne que en ocasiones nos traen al orfanato.
- Ese animal se caza en el mar, no se encuentra en los ríos del interior de la muralla – comentó Sasha orgullosa – Cuando volvamos a Paradis podríamos ir con Nicolo, seguro que él sabe seleccionar las mejores piezas y preparar deliciosas piezas de sushi como estas.
- Sasha, deja de babear, el resto también queremos comer – increpó su compañero mientras intentaba quitarle la bandeja de comida de sus manos, sin apenas éxito.
- Sabe extraño, esta salsa negra es muy salada.
- La señora Azumabito nos comentó que este plato era típico en los clanes asiáticos, ¿No es así, Mikasa? - Armin se dirigió hacia su compañera intentando distraerla de su habitual pesar tras aquellos meses de continua espera.
- Eso me ha comentado. También hay otros alimentos que se preparan con arroz – su rostro languidecía, inexpresivo, como si no hubiera interés alguno en nada de lo que aprendía acerca de sus orígenes – Jean, ¿qué dicen los periódicos?
- La batalla en el fuerte Slava ha alcanzado su culmen. Y los guerreros marleyanos deberían volver en breve.
- Venga Mikasa, alegra esa cara. Pronto estaremos todos juntos en casa – Sasha intervino mientras proseguía engullendo sin parar.
- Después de almorzar podemos ir al puerto a ver si atisbamos a enterarnos de algo. Tengo que contactar con Floch para traer la última carga del armamento – prosiguió Armin.
- De acuerdo, iré contigo – asintió la chica asiática sin demasiado convencimiento.
- Come – unas pequeñas manos alzaron un pedazo de aquellos alimentos hasta su rostro – La señora Historia dice que debemos comer para sentirnos fuertes. Debes comer para estar fuerte. Si eres la soldado más fuerte, debes de cuidarte más que nadie. – insistió la pequeña.
- Eres una niña muy bien educada – sonrió mientras acariciaba su cabello con delicadeza y hacía uso de su consejo agarrando una de las piezas de sushi.
- Este alimento es muy raro, pero me gusta – su sonrisa contagiaba al resto de soldados, desvaneciendo aquella aura triste provocada por el pesar de la chica asiática - ¿Todos vosotros habíais probado antes esto?
- Sí, claro. Siempre y cuando Sasha nos deje algún pedazo que masticar – bufó con Sorna Jean mientras bebía un vaso pequeño plano que contenía un líquido caliente que olía al alcohol.
- Tal vez deberías llevarles algo de comer al capitán y la comandante. Ellos siempre bajan mucho después y se comen las sobras. Pero dudo que hoy Sasha deje nada... - insinuó Connie mientras intentaba alejar otra bandeja de su compañera.
- El capitán me dijo que tenía que repasar el mapa de Liberio con la comandante y no bajarían a comer. Posiblemente bajen en un par de horas, como han hecho otras veces – anotó Armin.
- ¿No repasaron ese mapa antes de que la comandante fuese a Paradis a reclutar más soldados? - frunció Sasha el ceño - ¿Es necesario repasar algo que ya dejaron claro hace un mes? Aquel día no aparecieron hasta el anochecer.
- ¿Cuando la comandante y el capitán repasan los mapas de la ciudad no comen? - preguntó confusa la pequeña.
- Ellos se toman demasiado en serio su trabajo – respondió Connie – En los días libres tampoco desaparecen del cuartel. Aunque ni el capitán ni la comandante tienen familia a la que visitar, así que les comprendo. - recuerdos de aquella figura convertida en un titán que aún creía oír saludarle cada vez que regresaba.
- ¡Está bien! Voy a obligarles a comer algo y dejar de trabajar.
- E-espera, Lia – se interpuso Armin en su camino mientras intentaba retenerla – E-ellos seguramente prefieran...
- Déjala, Armin. Es la única que será capaz de convencerlos de tomar un descanso – añadió Sasha.
- P-pero...
- Sasha tiene razón, Armin. Si no los sacan de allí pasarán horas encerrados mirando un trozo de papel durante horas. Les vendrá bien un descanso y desconectar del trabajo.
- C-chicos, pero yo creo que...
- Armin, es inútil. Ha salido corriendo – Jean siguió con la vista la figura de la pequeña, que subía apresurada las escaleras - ¿Desde cuando es tan rápida esa mocosa? Apenas me he dado cuenta que te estaba esquivando...
- Sería una buena recluta – apuntó Mikasa.
- Tal vez en unos años más, duerma en nuestra habitación, Mikasa. Sería divertido recorrer el mundo probando cosas deliciosas. Sus reacciones son divertidas.
- ¿Soy al único que le preocupa que haya salido corriendo hacia la habitación de los superiores sin que absolutamente nadie haya podido detenerla? - el chico de cabellos rubios proseguía preocupado mientras seguía mirando en la dirección que ella había ido.
- Ella duerme allí todas las noches, Armin. Es como si fuera a su propio dormitorio – anotaron algo desinteresados.
- P-pero si la comandante y el capitán estaban arriba reunidos...
- Es un aburrido mapa, Armin. Probablemente les alegre tener otra cosa que ver más que un montón de calles dibujadas en un papel.
- P-pero...
- No te desgastes, Armin. Este par de idiotas no entenderán nada de lo que estás insinuando – Jean se acomodó en su asiento mientras vaciaba su vaso – Espero que hayan acabado para cuando Lia abra la puerta.
- ¿Acabado?
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Sábanas desechas mientras dos cuerpos permanecían entrelazados sobre ellas. De alguna manera el tiempo permanecía detenido mientras aquel ligero tacto proseguía su curso. Roces esporádicos que llevaban tiempo sin producirse. Una mano ascendió por el vientre plano de la mujer, levantando su camisa dejando su torso descubierto poco a poco.
Finas marcas de abrasiones y heridas que asemejaban a hermosos tatuajes ante su ojos plateados. Su lengua hizo el mismo recorrido que su mano mientras ascendía hasta su clavícula, besando con delicadeza la base de su cuello. Ella se estremeció ante el contacto, mientras proseguía a ser desvestida. Su pantalón abandonó sus suntuosas caderas hasta ser depositado en el helado suelo. Que era cada vez más lejano debido roce del torso de su subordinado, que hacía que su piel ardiese cada vez más. Obligándole a despojarse de cualquier trozo de tejido que le privase de aquel dulce roce.
- Espera, Levi … - murmuró mientras la mano de él sujetaba la delicada goma de su ropa interior – Los chicos están abajo, se supone que tenemos que alicientarlos para la batalla que tendremos en breve. No podemos evadirnos tanto tiempo...
- He ordenado a los cocineros de esa mujer que les den alcohol y comida para mantenerlos entretenidos durante horas.
- Soy su líder, se supone que-
- ¿Y qué hay de tu propio aliciente? ¿Acaso no hay nada que desees hacer antes de infiltrarte en un maldito barracón lleno de soldados armados para robar una máquina voladora? - gruñó mientras hundía su cara en el pelo de ella, aspirando su aroma.
- Mi aliciente será cuando esa máquina voladora aterrice en nuestra isla. Con todos vosotros, a salvo.
- No conseguirás subirte a ese maldito trasto si no relajas esta tensión, Hanji.
- Tal vez tengas razón – su cabeza se alzó hasta confrontar la mirada de él. Depositó sus labios sobre los de él, besandole con delicadeza - ¿Seguro que estarán varias horas entretenidos?
- Han preparado esa comida extraña cruda que Nicolo preparó una vez y les gustó. Así que dudo que se muevan de allí hasta que acaben. Y tienen litros de alcohol. A la mayoría no los veremos hasta mañana.
- En tal caso, aprovecharé el tiempo – ronronéo mientras intercambiaba posición con él, colocándose sobre él de manera pasional.
Ella se cernió sobre él hasta alcanzar sus labios, fundiéndose con los suyos. Sus manos recorrían su torso desnudo mientras él deshacía la abotonadura de su pantalón. Con algo de impaciencia, pero concentrado en el roce que existía entre el acompasamiento de sus bocas. Hanji se inclinó más hacia delante mientras él colocaba las manos en sus caderas y comenzaba a deslizar lentamente su ropa interior.
Levi abrió los ojos de golpe y empujó a Hanji hacia el otro lado de la cama, provocando que se cayese al suelo de manera brusca.
- ¡Levi! ¿¡Qué es lo que-!?
No pudo terminar su frase, la puerta del dormitorio se abrió de golpe dejando entrar a aquella niña pequeña que portaba una bandeja con lo que probablemente estuvieran comiendo el resto de soldados.
- ¡Capitán, comandante! ¡Hora de comer! - canturreó alegremente mientras entraba despreocupada en la habitación.
- Maldita sea, no he podido percibirla antes – probablemente sean los dichosos genes Ackerman.
- ¿¡L-lia!?
- Tch. Cierra la puerta, Lia – bufó el capitán mientras se encaminaba hacia la entrada y se aseguraba de que no había nadie por allí cerca – Debes llamar a las puertas antes de entrar.
- Había venido para que probasen... - contempló confusa la escena sin comprender, la comandante intentaba cubrirse con las sábanas esparcidas de la cama mientras el capitán comenzaba a abotonarse una camisa que había recogido del suelo - No debería ser tan desordenada comandante, toda su ropa está tirada en el suelo. Que desastre.
- Que sorpresa, Lia – se incorporó poco a poco la mujer mientras Levi le acercaba su camisa para que pudiera vestirse.
- ¿Por qué está desnuda, comandante? - frunció el ceño mientras la miraba atónita mientras la mujer se apresuraba a cubrir su cuerpo con aquellas prendas.
- Oh, bueno. Levi y yo teníamos firmes intenciones de practicar sexo.
- ¡Hanji! - exclamó el hombre horrorizado - ¡No le cuentes ese tipo de cosas a una niña!
- Oh, no es necesario fingir delante de ella, Levi. Es preferible que conozca la realidad. Tiene edad suficiente como para conocer acerca del intercambio sexual entre los adultos.
- Sigue sin ser adecuado.
- ¿Sex... sexual? - musitó confusa mientras arqueaba las cejas extrañada - ¿Qué es eso?
- ¿No os han explicado nada referente al sexo en el orfanato?
- No.
- Te dije que era demasiado pronto.
- Nunca es demasiado pronto para albergar nuevos conocimientos, Levi – le indicó con la palma que se sentase a su lado – Una relación sexual es el conjunto de comportamientos que realizan al menos dos personas con el objetivo de dar o recibir placer sexual. Verás Lia, el hombre posee un órgano reproductor llamado pene. Cómo habrás podido comprobar en tu propio cuerpo, tu posees un órgano dual llamado vagina. Cuando el hombre siente excitación, es posible la interacción con el órgano reproductor femenino mediante la penetración. Previamente, existen distintos tipos de interacción sexual para provocar la erección masculina, así como de intercambios en mujer para lubricar la vagina y favorece la penetración del órgano masculino. Mediante la liberación de la oxitocina y cortisona, aumenta la excitación sexual culminando en una sensación orgásmica. En el caso de la hombre, la liberación orgásmica finaliza con la fecundación seminar, provocando en la mujer que tenga la posibilidad de ser fecundada y quedarse encinta.
- Oye, eso es excesivamente específico, Hanji.
- …... - la pequeña permaneció muda asimilando aquella marabunta de información - ¿Encinta? ¿Cómo la hermana Historia?
- Oh, sí. Una de las consecuencias de una relación sexual es la reproducción sexual, y con ello la implantación del cigoto en el útero.
- Suena muy complicado – se rascó la sien mientras intentaba comprender la situación - ¿Es la forma de fabricar bebés?
- Oh, si, bueno. Es una manera de simplificar, pero mediante la interacción sexual se pueden "crear" bebés.
- ¿Quería fabricar un bebé, señora comandante?
- Ja, ja, ja. No exactamente...
- Déjalo ya, Hanji. Es suficiente.
- Hay otros usos de la cópula además de la progenie.
- ¿Cómo cuales? - sus ojos se abrieron llenos de curiosidad.
- El placer sexual, la vinculación afectiva...
- ¿Placer?
- Placer se refiere a la experiencia que algo se siente bien, que implica el disfrute de algo.
- ¿Cómo cuando comes algo delicioso?
- Parecido, pero puede llegar a ser mucho más placentero.
- ¿Mucho más que un montón de dulces?
- Bueno, tal vez si son dulces preparados por Nicolo no puedan equiparse a una relación coital en cuanto a placer se refiere...
- ¡Hey! – increpó el hombre que permanecía callado escuchando la conversación.
- ¿Yo también puedo hacer el sexo?
- Ni se te ocurra – interrumpió Levi.
- Aún eres muy pequeña para eso, Lia.
- ¿Y a qué edad puedo hacer el sexo ?
- A los 47 años – añadió el hombre sin vacilación.
- 47 años... - murmuró sin convencimiento - ¿Cuántos años tiene, comandante?
- Ja, ja, ja. Levi está bromeando. Tal vez en diez o doce años...
- ¿Y por qué iba a hacer el sexo con el capitán si no quería fabricar bebés?
- Cómo te he explicado, es una situación placentera para ambos. Además, ayuda a liberar estrés.
- Señora Hanji... - bajó la mirada algo avergonzada - ¿El capitán y usted son novios?
- Oh.. Eh.. Bueno... - pareció sorprendida por la pregunta, presa de una inesperada timidez – Levi y yo somos buenos amigos – Levi gruñó en respuesta ante ese comentario, aparentemente insatisfecho.
- ¿Hacen el sexo sin ser novios?
- B-bueno... No es necesario ser pareja para mantener una relación sexual.
- ¿Se puede hacer el sexo siendo sólo amigos?
- Levi es una amigo especial.
- ¿No le gusta el capitán?
- Oh, claro que me gusta.
- ¿Pero no quiere que sea su novio? - su mirada se dirigió hacia el mencionado, que parecía ausente mientras parecía recordar alguna conversación lejana.
- Es díficil de explicar, Lia – su mano se dirigió hacia su cabello oscuro, intentando recogerlo tras sus orejas – La exposición que realizamos frente a la guerra hace que mantener una relación sea algo complicado.
- ¿Y cuando acabe la guerra?
- ¿Cuando acabe la guerra? - Hanji se sonrojó en respuesta.
- ¿Se casarán y tendrán una familia cuando acabe la guerra?
Ella emmudeció de repente. Usualmente era una mujer bastante habladora que no parecía tener ningún tipo de pudor para referirse a ningún tipo de conversación. Pero parecía que aquel tipo de respuesta se había convertido en un tabú para ambos. Levi se sentó junto a ambas y acarició la cabeza de la pequeña despeinando sus cabellos oscuros.
Lia permanecía preocupada mientras esperaba aquella respuesta que nunca llegaría. Ambos parecían estar teniendo una conversación silenciosa sin necesidad de mirarse siquiera a los ojos. Retazos de las últimas conversaciones con los soldados asaltaban su mente. Ellos se ocultaban, sin ser capaces de reconocer el deseo que albergaban de pasar el resto de su vida juntos, evadiendo aquel tipo de palabras que implicaban compromiso.
Disfrutando de mínimos momentos de intimidad restringidos a aquellos escasos momentos en que su deber quedaba pospuesto. La pequeña bajó la cabeza algo avergonzada.
- He hecho... una pregunta inadecuada, ¿verdad?
- No debes preocuparte – esbozó una sonrisa forzada – Bien, cómo los chicos pasaran un buen rato entretenidos en el comedor. Supongo que es el momento más apropiado para hacerlo.
- ¿El momento para qué?
- Viniste a eso, ¿verdad? Debo decir que premiar tu osadía de infiltrarte en un barco lleno de soldados en una nación enemiga me parece inapropiado – articuló mientras se encaminaba hacia un armario – Pero aún así sigo sorprendida. Debes tener habilidades ocultas, cuando volvamos a Paradis será interesante ponerlas a prueba – le guiñó un ojo con complicidad.
- Cogeré tu abrigo – musitó el capitán mientras buscaba entre la ropa de la pequeña unas prendas específicas – Ponte esto, Lia. Fuera hace frío.
- Esta ropa no es mía...
- Póntela, Lia. La hemos comprado para esto.
- ¿Para el qué? - preguntó confusa.
La comandante se cubrió con un extraño vestido abotonado que parecía intacto como si nunca hubiera utilizado. Muy similar a aquellas prendas que portaba cuando bajó del barco tras descubrirla infiltrada. Pero muy distintas a las prendas que le había visto llevar durante las últimas semanas que había estado en aquella mansión.
De alguna manera, aquel vestido reflejaba más sus formas femeninas. El capitán se acercó a ella mientras le ayudaba con la abotonadura. Cómo si intentase volver a pasar desapercibida, pero el reflejo de su belleza en aquellas prendas no conseguiría tal efecto sino el contrario. Pero parecía extremadamente interesada en parecer una mujer corriente. El capitán terminó de anudarse la corbata y volvió a dirigirse hacia ella, agarró un cepillo y comenzó a pasarlo por su cabellera con cuidado.
- Hanji, en cuanto acabe con su cabeza, pienso seguir con la tuya.
- Ja, ja, ja... ¿es necesario?
- No comprendo, ¿por qué me está cepillando el pelo, capitán?
- No pasarás desapercibida en Liberio si vas con tu aspecto habitual en esta casa. Esta zona está llena de ricachones absurdos que visten a sus hijos con trajes ostentosos y peinados absurdos.
- Será mejor que le rebajes un poco el flequillo, Levi. Creo que es algún tipo de costumbre arraigada en Marley.
- No muevas la cabeza, Lia – susurró mientras agarraba unas tijeras y procedía a cortarle el flequillo con cuidado – Vale, ponte los zapatos y espera un momento que acabe con ella.
Lia se acercó al espejo mientras el capitán parecía discutir algo acerca del maquillaje excesivo de la última vez mientras colocaba con cuidado unos sútiles toques en la piel de la comandante. Apenas destacando sus labios y mejillas. Volvió a dirigirse a la superficie reflectante. Una chica con flequillo recto y cabello oscuro le devolvía la mirada. Vestida con aquel vestido ostentoso que le habían proporcionado se asemejaba a una de las muñecas de la capital.
- Woah, es impresionante capitán
- Levi se corta el pelo él solo, así que tiene bastante entrenamiento. Supongo que cualquier tipo de superficie cortante en manos de Levi es suficiente para desarrollar una nueva habilidad.
- ¿Usted también se corta el pelo, comandante?
- No, se lo corto yo – le acercó un abrigo a la mujer mientras se acercaba a la pequeña y la agarraba de la mano – Será mejor no salir demasiado tarde.
- ¿Salir? ¿A dónde?
- Llevas pidiéndolo desde que llegaste aquí semanas atrás – Hanji le agarró de su mano libre mientras abría la puerta con cuidado – Vamos a tomar un helado.
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Extrañeza, era todo lo que podia describir. Sabía que la única manera de pasar desapercibidos con ella en mitad de aquella ciudad era hacerla pasar por su hija. Pero era consciente de las armas que ocultaba la comandante bajo la falda de su vestido. Así como el capitán en su chaqueta. Que aquel suave tacto de la mujer que no desaparecía de sus manos era solamente porque no quería que aquella marabunta de gente la absorbiese y pudiese resultar herida.
Aquella masa helada sabía dulce. Un sabor que no podría equiparar a nada más. El líquido blanquecino se derramaba por su barbilla mientras comía aquel extraño postre. El capitán se agachó y sacó un pañuelo de su chaqueta para limpiarle la cara.
- L-lo siento.
- Ah, no te preocupes, Lia – repuso la mujer alegremente – Ese postre se derrite bastante rápido.
- Aún así...
- Déjame probar esa cosa – inesperadamente el capitán tomó un bocado de su helado, la pequeña permaneció atónita ante dicho acto – Esta cosa es demasiado dulce...
- ¿Me das a mí, Lia? - Hanji abrió su boca mientras se agachaba a ella, Lia le acercó con cuidado para que probase también – Um, si, delicioso. Tal vez beber demasiado té te ha distorsionado el paladar, Levi.
Lia volvió a permanecer extrañada mientras se dirigían al puerto. Hanji hablaba acerca de las diferencias entre las distintas embarcaciones animada. Aquel extraño país parecía muy interesante, pero no podía apartar su memoria de aquel almacén lleno de armas y provisiones. Tal vez, por aquella razón habían decidido llevarla a cumplir aquel deseo infantil. Porque, tal vez dentro de unas semanas, tuviesen que destruir aquella ciudad. Su vista rodeó aquel extenso puerto. Sabía que los soldados del ejército de exploración estaban infiltrados entre los porteadores, pero era incapaz de distinguirlos.
¿Realmente eran tan distintos? ¿Era aquella guerra necesaria? Y de alguna manera, sabía que ambos adultos que permanecían contemplando el atardecer en aquel puerto pensaban de manera similar a ella. En alguna ocasión, había ido junto a la gobernante de la isla hacia el puerto homónimo que tenían en su hogar. Pero, no sabía porqué, aquella visión resultaba inesperadamente hermosa.
Se sentó en el borde de piedra mientras sus piedras colgaban. Notó que la mano de la comandante se posaba en su hombro mientras se sentaba a su lado. Tuvo una extraña sensación, demasiado conocida. Era algo peculiar. En aquellas últimas dos semanas, el contacto con aquellas dos personas le era excesivamente familiar.
La mujer apoyó su cabeza en el hombro del capitán mientras cernía más su abrazo sobre la pequeña. Si no fuera porque aquel reflejo dorado en el agua cegaba parte de su visión, hubiera jurado que estaba a punto de llorar.
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Sus pequeños nudillos tocaron la puerta con cuidado. Tragó saliva mientras abría con cuidado. Los últimos días había adquirido aquella constumbre para no interrumpir alguna extraña necesidad entre los adultos que usualmente habitaban aquella habitación.
Desierta. Probablemente aún no hubiesen vuelto de aquella incursión en la capital. Era una situación ordinaria. Cada día, ambos recorrían la ciudad acompañados de varios de sus soldados, esforzándose porque aquel plan tuviese las menores fisuras posibles. A media tarde, solían llegar, cambiaban su atuendo y salían a pasear con ella. Siempre armados. Pero cada día aquellas armas le importaban menos. Su simple compañía era suficiente para opacar aquel peso metálico. Y de alguna manera, sentía que estaba desarrollando un aprecio especial hacia ellos dos. Mucho más profundo que el que sentía hacia la reina Historia o el resto de habitantes del orfanato. Y, de alguna manera, sentía que aquel cariño existía desde antes de poner un pie en aquel barco.
Vagabundeó por la habitación mientras esperaba el regreso de los superiores. Sus pequeños pies se arrastraban por la frondosa alfombra, casi sin ocasionar ruido. Hasta detenerse enfrente del escritorio sobre el que solía anotar y trazar mapas para su subordinados. Se sentó en aquella enorme silla, excesivamente grande para su reducido tamaño. Y terriblemente incómoda, pero aquella mujer pasaba horas sentada allí.
Sus pequeñas manos comenzaron a pasar las páginas de los libros que ella solía revisar. Fruncía el ceño sin comprender demasiado. Las páginas volaban con excesiva celeridad. Aquella ligera brisa levantó una de las tapas dejando que un pequeño trozo de papel emergiese entre las páginas.
- ¿Qué es esto?
Acercó aquel trozohasta contemplar estupefacta una extraña imagen. Excesivamente realista. Sin duda un retrato realizado con absoluta precisión. Le sonaba que en alguna ocasión la comandante le había hablado de aquel tipo de imagen y tenía un nombre específico que no alcanzaba a recordar. Una sonrisa se dibujó en su rostro al contemplar el de aquella mujer sonriente abrazando al capitán. Aquel sueño que ninguno de los dos era capaz de reconocer. Volvió a llevar aquel papel a su sitio correspondiente cuando se percató de algo extraño en la parte anversa. Unas extrañas palabras.
Con cautela, intentó leer aquella compleja escritura.
- A...a …. a nu-nuestra...queri...da...hi-hi...hija... - comenzó a leer.
Su mente estaba imbuida en aquella lectura, cuando la puerta se abrió seguida de un mudo suspiro. Se giró hacia atrás mientras aún sostenía aquella imagen en sus manos. La cara de la comandante se tornaba cada vez más horrorizada. Como si el último de sus alientos hubiese abandonado su rostro.
- Lia, eso es... - sonrió como si intentase disimular – Es privado.
La pequeña levantó su vista desde aquel escueto escrito, una lágrima se derramó por su mejilla mientras se confrontaba con aquellos vibrantes ojos del color de las avellanas.
- ¿Ma...mamá?
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Finalmente tras tantos meses he podido traer un nuevo capítulo. Me disculpo de antemano porque mi tiempo para escribir o dibujar es tan limitado que dado el apoyo que tengo con el dibujo y el escaso que tengo con la escritura pues me he decantado más por el dibujo. Espero que déis una buena acogida a este nuevo capítulo.
He intentado que sea más centrado en Lia, pero quiero que también sigamos viendo las interacciones de Eren infiltrado entre el ejército marleyano. Dado que el manga ya ha acabado, y voy siguiendo el canon del manga, me gustaría saber vuestra opinión para saber si debo desligarme del final y seguir uno alternativo o seguir fiel hasta el final.
Os comento que actualmente estoy confinada en casa por haber estado en contacto con un compañero de casa que ha resultado ser positivo. Así que ahora dispongo de más tiempo, asi que si veo buena acogida, me pondré enseguida a escribir el siguiente capítulo. Gracias por vuestra paciencia.
¡Nos leemos!
