Snk pertenece a Hajime Isayama.
.
.
.
Aquel pasto verdáceo apenas ocultaba su presencia. Pero era suficiente para disuadir a los curiosos. Llevaban varias horas siguiendo a aquellos beodos soldados. Una imagen excesivamente similar a la que tenían en Paradis. Personal de autoridad que abusaba de su posición para evadir sus responsabilidades. Nada innovador. Hanji se ajustó las gafas mientras se apoyaba en una baranda cercana. Aquellos soldados habían decidido bajar a la dehesa del río para beber sin que ningún oficial de alto rango los delatase.
Eran meros peones, pero eran suficientemente valiosos para merecer aquel pequeño operativo. Apenas hacía unas horas que habían conocido a través de los periódicos de la liberación del fuerte Slava. El ejército volvería en apenas unos días. Tal vez semanas. En función del saqueo sistemático que hicieran de los bienes semidestruidos que encontrasen. Debían obtener hasta el mínimo alijo de información sobre que sucedería. Cómo proseguiría la ciudad de Liberio tras ello. ¿Atacarían directamente Paradis a continuación? ¿Tenían alguna contienda aún sin resolver?
En la guerra, la información era poder. Y en aquel momento, aquellos dos soldados rasos eran lo más cerca que estarían de aquella valiosa información. Hanji dirigió una mirada a Mikasa que continuaba fingiendo contar los suministros que guardaba en una cesta ornamentada. Varias hortalizas que llevaban consigo mientras fingían ser meras criadas haciendo la compra de sus amos.
- Están distraídos, Hanji-san. Puedo detenerlos sola. Esta zona está aislada y-
- Aún no, Mikasa. Aún es demasiado pronto. Volveremos mañana, con Levi.
- Sólo son dos, no necesito al capitán. Si los tumbo en este momento, tendremos toda la información que necesita. Llegaremos hasta Eren antes de que cruce las puertas de la ciudad.
- Espera, Mikasa – volvió a dirigir una vista rápida a la ciudad, aparentemente deshabitada, los hogares se prepararían para cenar en familia, calles despejadas. Excesivamente propicio. Y sospechoso – Repetiremos la misma ruta de seguimiento los próximos días. Necesito cerciorarme de que estos soldados realmente nos serán de ayuda.
- Se equivoca, Hanji-san. Si esperamos, detendrán a Eren en cuanto cruce Liberio. Ni siquiera estoy segura de que Yelena consiguiera infiltrarlo en esa guerra. Mucho menos traerlo con vida...
- Debemos confiar en Yelena. Ella misma nos indicó que aseguraría su pervivencia, Mikasa. Además, – una mirada dura hacia ella, llena de reproche – Eren puede cuidarse sólo. No necesita de nuestro cuidado como crees. La información que necesitamos no es acerca de su paradero. Sino acerca de sus órdenes. Debemos ir con cuidado si no queremos que sospechen del pueblo de Eldia. Asaltarán la zona residencial, morirían demasiados inocentes...
- ¿Y qué sugiere, entonces? ¿Esperar? ¿Esperar cómo llevamos haciendo los últimos cuatro meses? - su voz era presa de la desesperación. Aquellos tambaleantes e indefensos soldados era todo lo que la separaba de la persona que ansiaba ver. Con quién deseaba estar. Una pequeña piedra en su camino.
- Será mejor cambiar de estrategia. Agredirlos directamente tal vez no nos dé la información que necesitemos.
- Llevamos horas siguiendo a esos hombres. En el puerto, en el mercado, en el burdel...
- Tal vez con esa opción tengamos más posibilidades que con una pistola en su sien.
- ¿Qué quiere decir, Hanji-san?
- Un hombre tiene mayor posibilidad de hablar cuando está relajado. Cuando se siente oprimido el orgullo le ciega y es incapaz de soltar palabra. Además, se por experiencia propia que si su entrepierna se encuentra en peligro, hablarán más rápidamente...
- Humm... - murmuró sin estar convencida del todo.
Los soldados abandonaban aquel pasto dejando botellas vacías tras ellos. Uno de ellos reía mientras tropezaba con el ligero terraplén. Mikasa cernió su mirada más en ambos. Era demasiado fácil. Esperar era absurdo. Los pasos se arrastraban por el pasto humedecido de la vereda del río. Risas entrecortadas por el alcohol. Oponentes inválidos. Ni siquiera merecían el apelativo de enemigo. Solo eran eso. Piedras. Piedras en un camino lleno de ellas. Que ella pisaba sin contemplación.
Sólo sois el camino por el que voy a pasar, no merecéis ni siquiera que os mire directamente a los ojos. Sangre derramada, igual que la que ya he derramado antes. Nada os hace especiales. No sois distintos a los demás, sois el enemigo.
- …. Soldados eldianos... Ja, ja, ja – atisbó a escuchar entre las risas de los soldados - …. ¿Te ha tocado a tí recoger los pedacitos eldianos que lleguan en el carguero?
- Ja, ja, ja – una estruendosa risa cuyo eco resultaba vomitivo – Esa escoria se pudrirá en el campo de batalla. Pero me tocará recoger a aquellos que aún respiren. Los utilizarán como carnada en la próxima incursión. Aunque puede que ni tan siquiera sirvan para ello.
Mikasa cerró sus puños con fuerza. Sintió una cálida mano que acariciaba la suya. La mirada de la mujer que la acompañaba la instaba a ser paciente. Pero su mente se había evadido mientras sólo podía pensar en el estado que se encontraría Eren entre aquellas trincheras. Yelena les había asegurado que volvería vivo. Pero no bajo que condiciones. Ni siquiera les adelantó que clase de experiencias viviría en aquella masacre.
- Pronto darán el toque de queda para la basura eldiana, será mejor que puedas mantenerte en pie, Brasch – bufó uno de los hombres – Magath me reventará el cráneo si te llevo de vuelta al cuartel cojeando.
- El dio autorización para tomarnos un día libre. Nosotros hemos tenido que retener los levantamientos de la basura eldiana que utilizan de morralla mientras él llegará rodeado de manjares y medallas.
- Tal vez si alguna fulana se la chupa en el puerto, consigamos otro día libre. Ja, ja, ja.
- Ja, ja, ja – carcajadas extremadamente sonoras, ignorando su alrededor – ¡Y seguramente conseguiremos un año entero si le llevamos la cabeza de Eren Jaeger para que se mee en su cráneo!
Aquel pedante insulto fue el detonante. Su mano asió con fuerza el puñal que llevaba escondido entre los pliegues de la falda y se abalanzó como una bestia contra el soldado que acabababa de hablar.
- ¡Mikasa, no! - atisbó a oír tras ella.
Pero el sonido no existía. Solo el horror en los ojos de aquel soldado. Confuso, sin alcanzar a entender que estaba sucediendo mientras la hoja de su acero se hundía en su garganta. Su cuerpo comenzó a caer cubierto de sangre cuando notó el cuerpo de su comandante abalanzarse sobre ella para tumbarla en el suelo. Mientras caía, un destello metálico llamó su atención.
Y luego una ráfaga anaranjada del color del infierno. Algo excesivamente conocido para ella. Olor a pólvora y una sensación húmeda. Sangre.
Había subestimado a aquellos soldados. Creía que no serían más que beodos con más alcohol en sus venas que sangre. Pero se equivocó. No habían hecho falta más de unas milésimas para que el otro reaccionase y disparase hacia ellas. Y había acertado.
.
.
.
Sus pequeños dedos sujetaban con ligereza un pequeño carboncillo. Se manchaba del ligero carbón mientras dibujaba con celeridad. Ella sonreía mientras los trazos emergían en el trozo de papel. Lia levantó sus ojos y observó a aquellos soldados con los que había cohabitado las últimas semanas. Observando sus semblantes. Atenta a las pequeñas características.
Volvió a posar su vista en el dibujo y prosiguió en su pequeña hazaña. Mientras se reía internamente. Se rió en voz baja mientras recordaba algunas escenas cómicas que había vivido con ellos. Tal vez cuando volviese a Paradis no pudiese hablar con ellos como hacía ahora. El ejército no se relacionaba con niños. Aunque ellos eran distintos. Sabían que habían colaborado en el orfanato en muchas ocasiones debido a la influencia de Historia. Ellos eran cercanos. Tal vez pudiese mantener aquella amistad que se había solidificado en un país extranjero.
Tal vez, cuando toda aquella guerra terminase, y sus padres pudiesen disfrutar finalmente de la tan ansiada paz, pudiesen ser visitados por aquellos jóvenes soldados y volver a jugar en el pasto cercano a una pequeña casa de madera. Pequeños trazos en el dibujo. Imaginando aquella escena idílica. Un juego que no sabía si llegaría a sucederse, pero que se había convertido en un objetivo vital. Un sueño que perseguir.
Un sueño infantil. En el que jugaba en la hierba alta rodeada de ellos, mientras sus padres observaban sentados en el porche exterior.
- ¿Qué haces, Lia? - murmuró Jean detrás de ella mientras le palmeaba con suavidad la cabeza.
- Estoy dibujando.
- Creía que el capitán te había dado tareas relacionadas con tus estudios o algo similar.
- Él me pidió que escribiera una redacción sobre porqué el mundo es peligroso y porqué nunca debería unirme a la legión de reconocimiento ni a ninguna otra facción del ejército. Pero no entendí lo que significaba y tampoco sé escribir demasiado bien. Así que estoy haciendo un dibujo.
- Si te soy sincero, yo tampoco he entendido esos deberes. ¿Porqué el mundo es peligroso y porqué nunca deberías unirte a la legión de reconocimiento? Supongo que es su manera de ser sobreprotector – rió mientras le acariciaba la cabeza.
- Mamá dijo algo parecido y me dijo que hiciera lo que quisiera. Que no me lo tomase en serio. Tu padre a veces es muy exagerado – imitó su voz mientras ladeaba su cabeza.
- Sí, tal vez sea mejor seguir el consejo de la comandante respecto a eso – se inclinó de nuevo sobre el pequeño papel y comenzó a contar el número de personajes que había allí - ¿Esta es Sasha? - señaló a una figura infantil que parecía llevar un muslo de pollo en la mano.
- Sí, es ella. ¿La he dibujado bien?
- Muy bien, eres una gran artista ¿Y este es Armin? - su dedo se dirigió hacia otro dibujo que parecía sostener un cuadrado similar a un libro – Y debo suponer que él que está sobre el tejado de la casa a punto de saltar es... ¿Connie?
- Ja, ja, ja. ¡No va a saltar! - golpeó su brazo mientras seguía su broma – Está probando su equipo tridimensional.
- Creo que sería algo mucho más apegado a su personalidad si estuviese tratando saltar del tejado sin el equipo – sus ojos repasaron las distintas figuras inacabadas, trazos que parecían dudar acerca de cómo debía dibujar a cada personaje. Súbitamente se fijó en una pequeña figura que parecía estar corriendo junto a alguien parecido a Historia.
- Esta soy yo. Y este más pequeño es el bebé de la hermana Historia.
- ¿Este tan grande soy yo? - bramó con orgullo mientras señalaba una figura que era mucho más grande que el resto y sonreía feliz.
- Por supuesto que no. Este es papá.
- ¿Papá? - exclamó extrañada una voz femenina a su espalda.
Jean se congeló por unos instantes al oír esa exclamación. Se giró lentamente hasta observar el rostro de Sasha confuso mientras evaluaba el dibujo junto a Connie. Lia le dirigió una mirada asustada. Me han oído. Podía leer en sus ojos. ¿Qué hago? Solo tenía una misión en aquellas semanas. Proteger la auténtica identidad de la pequeña. Sabía que si compartía aquel enorme secreto con las dos personas que ahora le escrutinaban con la mirada serían capaces de ayudarle y protegerla. Pero aquella no era su decisión. Y por el respeto que le tenía a sus superiores. Aquel secreto debía seguir siéndolo.
Por un momento envidió la agilidad de pensamiento que tenía Armin capaz de ingeniar entramadas artiñamas en cuestión de segundos. Habéis elegido como guardían de vuestra hija a un completo imbécil. Mierda, ¿qué debo decir? Notaba que la ansiedad crecía en su corazón y comenzaba a sudar nerviosamente.
- ¿Papá? - volvió a insistir Sasha - ¿Quién es papá?
- Creía que Lia venía del orfanato que dirige Historia en Trost – anotó Connie mientras se sentaba junto a ellos mirando el dibujo.
- ¿Van a adoptarte, Lia?
- Bueno, ella … - maldita sea. Piensa, piensa, piensa. Sal de este maldito lío, Jean – B-bueno, c-como Lia es... pequeña – mierda, por una maldita vez deja de funcionar como el maldito cerebro de Eren y funciona como el de Armin – Así que se …. se confunde y... - notaba que aquella absurda y enrevesada historia que se formaba en su cabeza carecería de sentido, pero para su suerte, sus dos interlocutores poseían menos neuronas que él - …. Y-ya sabéis. Esas cosas de los rangos y los subrangos pueden ser confusos para un niño. Así que le dije que éramos como una familia y... y... la comandante y el capitán eran los padres. Ella llama a Historia, hermana, así que creí que sería más fácil para ella entenderlo – suspiró finalmente esperando que aquella absurda explicación tuviera sentido.
- ¿Un momento? ¿Papá es el capitán?
- Jean, el capitán Levi te matará si la oye llamarlo papá. Menuda idea más estúpida has tenido. No quiero estar en tu pellejo cuando ella se confunda y lo llame así cuando esté en su habitación repasando los deberes que le haya puesto.
- El capitán me ha dicho que puedo llamarle papá si quiero – interrumpió Lia mientras daba verosimilitud al absurdo plan del joven soldado – Que no se va a enfadar si quiero llamarle así. O si quiero llamarle por su nombre en lugar de por su rango.
- ¿A-ahora podemos llamar al capitán papá? - Sasha saltó de la mesa extasiada - ¡Así que finalmente ha aceptado cerrar las distancias que ha tenido con nosotros estos últimos cuatro años!
- B-bueno, Lia es una niña pequeña así que seguramente... - intentó detener Jean mientras se arrepentía de lo que había dicho para esconder su parentezco real.
- ¿¡Entonces tendré dos mamás!? ¿También podemos llamar así a Hanji-san? Tendré una madre humana y una madre titán...
- ¡Es cierto! Yo tambíén voy a tener dos padres y dos madres a partir de ahora. Va a ser muy confuso, me va a explotar la cabeza – Sasha comenzó a hacer aspavientos mientras movía los brazos de manera cómica.
Lia dirigió una mirada rápida a Jean como si se arrepintiera de su idea. Tal vez hubiera sido mejor decirles la verdad... Él sonrió mientras asentía con la cabeza. Los dos soldados volvieron a aproximarse hacia ellos retomando el asiento junto a ellos.
- Entonces, ¿éste hombre de tu dibujo tan alto es el capitán?
- Ja, ja, ja – rió Connie con sorna – Lia, tal vez sea porque eres muy pequeña. Pero él es mucho más pequeño de lo que le has dibujado…
- Le he dibujado el más grande porque es quién tiene más edad – frunció el ceño evadiendo ese insultante apelativo referido a su estatura.
- Ja, ja, ja. Mira Sasha, el capitán debe sentirse feliz. ¡Es la primera vez que le retratan así de grande solamente por ser el más viejo!
- ¿Quién es un viejo?
De nuevo aquella sensación helada. Los cuatro se giraron hacia atrás observando la pequeña pero imponente figura de su superior de brazos cruzados mirandoles con un tono amenazante.
- ¿Se puede saber que hacéis escaqueándoos de vuestras obligaciones? Os pedí que acabáseis de poner a punto los equipos. Quiero hacer una prueba esta misma tarde. Si no los habéis puesto a punto, me aseguraré de que le saquéis brillo al suelo de esta mansión con vuestra saliva.
- ¡Papá Levi, eso es injusto! - exclamó Sasha.
- …... - el capitán palideció por unos instantes intentando asimilar aquella súbita frase - ¿Pa...pá Levi? - susurró.
- ¡Es cierto, papá Levi! - interrumpió Connie – todos los de avanzadilla tenemos que mantener en orden el equipo. Pero Floch y el resto siguen en el barco y aún no han revisado los suyos. ¡Merecemos un día de descanso cómo han tenido ellos!
- Papá Levi... - volvió a repetir ignorando las justificaciones de los soldados.
- Sí, es cierto, mi hermano Jean y mi hermana Mikasa hicieron las pruebas justo ayer. ¿No podemos esperar a que mamá Hanji llegue y nos diga otras instrucciones? Tal vez no haga falta utilizarlos antes del asalto. El hermano Armin dijo que parecía que iban a montar un festival y...
Levi parpadeó varias veces mientras ellos hablaban sin parar con términos referidos a miembros de la familia. Dirigió una mirada rápida a Jean intentando alcanzar a saber si era alguna de las extrañas bromas que esos dos solían hacer y en la que usualmente solía estar implicado ese tercero aunque fuese como daño colateral. Probablemente el cerebro de Hanji hubiese asimilado más rápidamente aquella situación. Pero ante sus ojos solo parecía una estúpida broma para ignorar sus deberes como soldados.
- Déjaos de estúpidos juegos y revisar la carga de combustible. Quiero probar cuanta duración tiene entre salto y salto. El mocoso que siempre tiene la nariz metida en los libros dijo que podría duplicarlo.
- ¡Papá, por favor, te lo suplico, déjanos descansar un día! - suplicó Sasha con ojos llorosos – Ni siquiera sabemos cuando llegarán los soldados. ¡Hace más de un mes que no tomo un helado!
- Pasáis todo el maldito día comiendo la mierda lujosa que preparán en este sitio y os quéjais de esa mierda congelada. He dicho que reviséis el maldito equipo. Cómo no tenga los resultados en veinte minutos os haré correr con las manos por todo el jodido puerto de Liberio.
- ¡Pero papá...! - Sasha se giró hacia Jean buscando confidencialidad - ¡Dile algo tú! ¡Convence a papá!
- Ah... Ayer funcionaban c-correctamente … - sus mejillas comenzaron a ruborizarse por tener que decir aquello, tragó saliva y lo escupió mientras sentía que se hundía en la tierra - … Pa-papá.
Levi se petrificó unos instantes mientras intentaba comprender la situación. Tres jóvenes adultos le estaban tratando como si recibiesen una regañina de su padre en lugar de su superior. Probablemente fuese algún tipo de apuesta en la cual el que más dijese aquella estúpida palabra ganaría alguna botella de aquel vino apestoso que llenaba las estanterías del cuartel de la policía militar.
- Cómo prosigáis con este absurdo juego, os juro que os atravesaré el trasero con el mástil que ondea la bandera de la legión.
- ¿Juego? - musitó Sasha – Pero si Jean dijo que-
Sus palabras se detuvieron al instante, interrumpidas por la llegada de la comandante. El capitán se giró hacia ella mientras la observaba atravesar el patio sujetada por Mikasa.
- Ahí estás, Armin - anunció mientras no dejaba de presionar su brazo, una mancha oscura que apenas podía ocultar – Necesito que me traigas un mapa de los callejones de-
- Hanji-san, avisaré a Kiyomi. Tal vez tenga algún botiquín...
- ¿Botiquín? - Levi se giró completamente hacia ella ignorando al resto - ¿Acaso estás herida?
- Sólo es un arañazo – sonrió despreocupada mientras seguía sujetando su brazo izquierdo y manteniéndolo presionado contra su torso – Tuvimos un pequeño rifirafe con los soldados que seguíamos.
- Se supone que no íbais a entrar en combate con ninguno de ellos. Solamente averiguar alguna manera de acercarnos a ellos sin que nadie sospeche e interrogarles posteriormente – se aproximó más a la comandante que parecía evitarlo mientras insitía a Armin sobre un mapa – Y porque insististe, me quedé aquí esperando en lugar de acompañarte.
- N-no fue según lo planeado, Levi – le ignoró mientras se acercaba hacia el pequeño chico – Armin, tal vez Kiyomi tenga algún mapa antiguo del alcantarillado. ¿Puedes ir a preguntarle?
- H-Hanji-san, su brazo... está sangrando – señaló dubitativo mientras miraba a Mikasa que parecía mostrarse arrepentida.
- Solo es un rasguño – insistió.
- Enseñáme la herida.
- Te dije que sólo era un rasguño, Levi – se arremangó con cuidado la manga hasta enseñarle una pequeña herida sangrante – Apenas me rozó. Sabes que no tardará en cicatrizar. En unos días ni siquiera me dolerá y-
- Sabes que no estoy hablando de esa herida.
Levi se interpuso delante de ella sin dejarla escapar. Sus dedos aterrizaron sobre su camisa y comenzó a desabotonarla con furia. Procedió a bajarla por sus hombros dejando su torso semidesnudo mientras le levantaba el brazo con cautela evaluando bajo su axila. Palpó con cuidado por su pecho mientras se detenía en una zona que no paraba de sangrar en una fina línea. Introdujo su mano bajo la tela ajustada que cubría su pecho y la levantó dejando ver su piel rosada y el impacto ardiente.
- Sólo era una bala de fogueo, Levi. No les dan armamento real en zonas tan transitadas por ciudadanos nobles, solamente las llevan para impresionar. Pero una de las esquirlas de la metralla parece haber impactado en la piel. Puedo quitarmela con unas tenazas o algo similar. No será necesario nada. Una sutura y ya está. En cuanto a ese mapa...
- ¿Acaso eres idiota? ¿Y si te hubiera dado en el pulmón? Deberías tener más cuidado. No parece haberse introducido mucho en la piel. Pero está sangrando demasiado – frunció el ceño descontento.
- Eh... capitán... comandante... - intentó interrumpir Armin.
- Se cómo evitar una herida mortal. Esos soldados no estaban demasiado bien entrenados. Dejaban muchos flancos abiertos. ¿Quién crees que derribó al de la pistola después de dispararme?
- C-capitán... Tal vez deberían...
- No dudo de tus habilidades. ¿Os deshicisteis de los cuerpos?
- Les atamos a unas piedras y se hundieron en el río. Dudo mucho que nadie encuentre sus cadáveres en varios meses. Aquella zona apenas era transitada.
- ¡Comandante, por favor, escúcheme!
- Ah, Armin, ¿me has traído el mapa?
- Yo... eh... Creo que tal vez sería mejor que sanase sus heridas antes, comandante.
- No es tan preocupante, Armin. Seguro que hay alguna aguja para cerrar el corte rápidamente. Si me traes ese mapa-
- C-creo que tal vez sería mejor que sanase sus heridas en otro lugar, comandante – se sonrojo mientras evitaba mirarla directamente.
Hanji miró hacia su torso semidesnudo, con su sujetador apenas cubriendo su pecho. La curva de sus senos asomando escuetamente por debajo, la mano de su capitán aún sujetandola mientras presionaba la herida. Cuando se disponía a hablar reclamando de nuevo el mapa, de repente, Levi pasó un brazo por su espalda y otro bajo sus rodillas cogiéndola en brazos.
- ¡Levi! ¿¡Qué haces!?
- El mocoso tiene razón. Es inapropiado que venden tu pecho aquí en medio de todos esos buitres que fingen que no estaban mirándote hasta hace unos segundos.
- ¿Qué? - repuso extrañada.
- Armin, traéme material de sutura y vendas a nuestra habitación. Voy a desinfectar la herida – se giró hacia Mikasa con cara desafiante – Contigo hablaré más tarde.
- …... - Mikasa esquivó la mirada sin poder detener el sentimiento de culpa. Ojos antes vivaces, ahora sin vida clavados hacia el suelo.
Levi se dirigió hacia el interior de la mansión ignorando al resto de soldados, que murmuraban acerca de la herida de la comandante. Bufó algunas órdenes para mantenerlos alejados y prosiguió el camino. Hanji desistió de intentar soltarse y se dejó llevar mientras se aferraba a su cuello.
- ¿Sabes, Levi? La herida la tengo en el torso no en las piernas. Puedo andar perfectamente, no necesito que me lleves.
- Si te vuelvo a dejar en el suelo se que saldrás corriendo ignorando tus heridas e irás a ver ese maldito mapa.
- Ja, ja, ja. Supongo que a ti no puedo engañarte – rió con disimulo - ¿Por eso me has seguido el juego?
- Lia estaba mirándote.
- Lo sé, no quería preocuparla. No está acostumbrada a este tipo de heridas. Parece que la hemos engañado – sonrió tristemente.
- Parece que en este redil de mocosos, aún sigo siendo el único que puede detectar cuando mientes – suspiró - La mocosa parecía querer enterrarse viva. No se cómo la ha cagado, pero parece que no se ha dado cuenta de que la bala te ha atravesado el pecho.
- Probablemente crea que solo me ha rozado, cómo le he dicho. Ha entrado en pánico y me ha costado convencerla para volver directamente aquí. Ir a un hospital marleyano hubiera sido problemático.
- Delante de mí no tienes que fingir que no te duele.
- No me duele tanto como crees. Te preocupas demasiado – se asió más a su cuello - Parece que no ha dañado ningún órgano interno. Solo tejido muscular. Aunque creo que me ha roto una costilla.
- Ha ido por poco. Si no hubiera agujero de salida hubiera sido peor. Ahí si que no habría seguido tu maldita mentira – su mirada se volvió mas seria mientras llegaban a su habitación - Deberías volver a la isla con Lia y Kiyomi, lejos de la lucha. Yo lideraré la avanzadilla en el asalto.
- No puedo quedarme en la retaguardia mientras ellos combaten, Levi.
- La última vez que el imbécil cabezota de mi comandante se negó a escuchar mis peticiones acabó desangrándose delante de mis ojos – de nuevo aquellos ojos vibrantes – Hanji, no voy a perder a nadie más. Esta vez no dudaré en romperte las piernas si hace falta para detenerte.
.
.
.
Lia se aferraba con fuerza a la mano de Jean. Sin poder articular palabra. Su instinto le guiaba a cruzar entre todos aquellos soldados tras sus padres. Asegurándose que aquella herida era tan leve como ella misma decía. Aquello era el día a día de un soldado. Una lucha feroz, y una rosada línea cubriendo su cuerpo al día siguiente. Como si formase una estela sobre su extensa piel.
Desde que llegó a aquel continente, había observado el cuerpo desnudo de su recién conocida madre. Algunas de sus cicatrices parecían muy lejanas. Otras inapreciables. Sin embargo, jamás había pensado en que aquellas marcas la hicieran parecer débil o nauseabunda. Sino que avivaban su belleza. Dentro de unos días observaría esa nueva marca en su cuerpo. Una historia narrada de otra batalla ganada.
El agarre de su mano comenzó a ser más leve, levantó su mirada hasta confrontarse con la de él que parecía preocupado.
- Armin es bastante bueno con los primeros auxilios. Ha ido a buscar utensilios. Seguro que consigue que ni tan siquiera le quede marca – forzó una sonrisa nerviosa.
- …...
- Será mejor que no pienses en ello. Tal vez sea mejor que esta noche duermas con Sasha y Mikasa.
- Lo entiendo – asintió mientras soltaba el agarre – Es... ¿una escena frecuente? ¿Recibir constantes heridas? ¿Así de duro... así de duro es ser un soldado?
- Bueno... no es la primera vez. Hace tiempo incluso tu pa-, quiero decir, el capitán también salió herido. Y la comandante también ha salido bastante herida en algunas ocasiones. Tal vez unas más graves que otras – señaló a su ojo – Incluso yo he salido herido. Esas heridas nos hacen darnos cuenta de nuestra mortalidad, nos hace ser más prevenidos. Y a las mujeres les gustan las cicatrices. - sonrió con picardía.
- ¿A las mujeres les gusta eso? - frunció el ceño intentando comprender esa frase.
- Olvida eso último – se giró hacia el costado y dirigió su mirada hacia el equipo que reposaba en una esquina – Será mejor que revisemos los equipos cómo ha ordenado el capitán. Sus castigos son más duros cuando la comandante está herida.
- Oye, Jean – le siguió tras él mientras andaba en dirección al armamento - ¿Me podrías enseñar a utilizarlo?
- ¡Ni hablar! No quiero morir tan joven. Tus padres me matarán si saben que has estado a menos de medio metro del equipo tridimensional – escupió con un semblante cubierto de pánico – No quiero saber que clase de torturas peor que la muerte me harían si te pillan volando por los tejados con el equipo puesto.
- Te prometo que no se lo diré.
- Lia, eres muy pequeña. Cuando seas mayor...
- Por favor... - arrugó sus labios en una mueca suplicante.
- Por mucho que intentes convencerme aprecio más mi vida – intentó ignorar los ojos suplicantes.
- Solo un poco. Se que si me lo explicas, aprenderé a hacerlo rápido.
- No dudo de tus habilidades. Siendo él tu padre, probablemente tardases menos de un par de horas en dominarlo. Pero...
- Fue idea mía, no dejaré que te castiguen.
- No se trata solo del castigo. Eres muy pequeña, ¿por qué quieres aprender algo en lo que podrías hacerte daño? Deberías estar jugando, dibujando y divirtiéndote.
- Mi madre ha vuelto herida porque un hombre malo le ha disparado – su mirada se volvió seria, trasladándole un aura parecida – Mi padre tiene una cicatriz enorme en el tobillo. Creo que pasó muchos meses apenas sin poder andar. Mikasa me contó una vez, que se volvió así de fuerte tras la muerte de sus padres. Que algo despertó en ella de repente. Todo por ser una Ackerman. Dice que nos vuelve personas muy fuertes. Pero yo me siento débil.
- Lia..., eso no...
- Soy pequeña, soy débil... Entonces a mi cabeza viene a menudo esa historia que ella contó sobre sus padres. ¿Qué diferencia había entre ella y yo? Ahora Mikasa es muy fuerte. Decidió que tenía que ser fuerte para no perder a nadie más que quisiera. Mamá me ha hablado en alguna ocasión de ese momento en el que los Ackerman se vuelven muy fuertes, pero no comprende demasiado bien el detonante. ¿Es aleatorio? ¿Provocado? ¿Sucede a alguna edad en específico?
- …...
- No se cuando tendré esa repentina fuerza. O si podría ser defectuosa y ser siempre así de inútil. Indefensa. Y tengo miedo. Tengo miedo de que me suceda como a Mikasa y que mis padres mueran ante mis ojos porque yo no puedo hacer nada. Si tuvieras la oportunidad, ¿no desearías tener al menos la posibilidad de intentarlo?
- Para ser tan pequeña, eres muy convincente, Lia. Cualquier niño a tu edad le costaría asimilar en unas pocas semanas el origen de sus padres y lo que implica para ellos. Es una carga muy grande – se agachó junto a ella mientras comenzaba a buscar algunas sujecciones – Tal vez consiga ajustarlo para tí, pero tendrá que ser un secreto.
- ¿Me enseñarás a utilizarlo? - comentó alegre.
- Llamemos a Sasha y Connie. Si me van a arrancar la cabeza, prefiero que esos dos caigan conmigo.
.
.
.
Se notaba excesivamente nervioso. Sabía que la comandante había intentado disimular, pero un mero vistazo había sido lo único que había necesitado para confirmar que le había atrevesado aquella bala. La actitud sobreprotectora del capitán era la única información que necesitaba. Armin intentó respirar con tranquilidad mientras abría el pequeño armario lleno de medicinas. Comenzó a buscar desinfectante y antibióticos.
- Sería necesario también algunas vendas y... - murmuró en voz baja.
Unos pasos irrumpieron en la habitación hasta colocarse tras él.
- Será mejor que te reúnas con el resto y pruebes tu equipo, Mikasa – añadió sin girarse hacia atrás – Ayudaré al capitán a curar a la comandante y me reuniré con vosotros después. No podemos olvidar nuestra misión cada vez que uno de nosotros salga herido.
- …...
- Mikasa... - se giró hacia ella en tono confidente – La comandante salió contigo porque tu serías capaz de derribar a cualquier enemigo si descubría vuestras intenciones. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo os han detectado? Creía que solamente seguiríais a un par de soldados para descubrir su rutina de patrulla.
- Así fue, pero... me distraje. Estaba pensando en...
- En Eren.
- Ese soldado mencionó su nombre. Por un momento vino a mi cabeza la imagen de su cabeza separada de su cuerpo. Y esos asquerosos soldados celebrando su victoria sobre su cuerpo inerte. Perdí los estribos y me arrojé sobre uno de ellos.
- Y el otro disparó a la comandante.
- No, su cañón apuntaba hacia mí. Pero ella desvió el cañón con su brazo. Solo fue un disparo, pero lo suficientemente agudo como para acertarle en la piel. Si ella no hubiera reaccionado antes, posiblemente me hubieran volado la cabeza, o tal vez ambas estaríamos muertas.
- Deja de martirizarte. Cualquiera de nosotros hubiera perdido la calma en una situación así.
- Se supone que yo no soy cualquiera, Armin. El capitán...
- Incluso él perdería la concentración en el campo de batalla, Mikasa – posicionó una mano sobre su hombro intentando reconfortarla – Todos somos humanos y sangramos. Creo que te sobreesfuerzas, Mikasa. Jean o yo mismo podríamos haber acompañado a la comandante, pero tu insisitiste. Tal vez sería mejor que no ocupases la primera línea cuando asaltemos esta ciudad. Al menos no mientras no te encuentres bien. No pretendo disuadirte de combatir. Pero es mejor que estés concentrada ese día. No deseo que tu también salgas lastimada. Procura descansar, relájate y mantén la cabeza clara.
- Gracias por tu comprensión, Armin.
- Eren estará bien. Aunque no lo parezca, es más fuerte de lo que piensas. Y debemos confiar en él.
- Lo sé, pero...
- Se lo que sientes por Eren, pero él no querría que resultases herida por su culpa. Y yo no se lo perdonaría sí así fuese.
Mikasa se sonrojó mientras miraba hacia el suelo. Una pequeña sonrisa se depositó sobre su rosado rostro. Retazos de recuerdos vividos junto a aquella persona que salvó su vida años atrás. Y que ocupaba un espacio especial junto a su corazón.
Mikasa observó a su amigo con cuidado. Le conocía desde casi el mismo tiempo que a Eren, pero jamás habían hablado acerca de una persona especial. Él siempre parecía haber detectado acerca de su interés hacia Eren. Pero él siempre permanecía callado respecto a sus sentimientos. Solía hablar con cordialidad de todos los compañeros que habían formado parte de su batallón de reclutamiento.
Algunos con especial añoranza debido a su fallecimiento. Pero nada que pudiera deducir como sentimientos románticos. Su mente comenzó a cavilar entre sus actuales compañeros. Y de nuevo hacia aquellos que ahora no podían volver a formar parte de sus vidas. Por un instante su mente se detuvo en un sólo nombre. Aunque era imposible. Mikasa cernió de nuevo su mirada en su viejo amigo. Aquel nombre retumbando en su mente.
- Armin, ¿irás a ver a Annie cuando volvamos a casa?
- Ah, yo... esto... - sus mejillas se encendieron al instante.
- Siempre he pensado que era bastante extraño que vayas a verla, ya que no puede responderte, ni puedes obtener información de ella.
- N-no voy a obtener información de e-ella. N-ni siquiera me dejan tocarla si el capitán no está delante...
- Ju... - sonrió con confianza – Ya veo. Entonces esos rumores parecen verdad.
- Yo solo …
- Ahora comprendo algunas de las cosas que decía Hitch últimamente – de nuevo aquella sonrisa socarrona mientras le adelantaba en el pasillo – Vayamos con los superiores. Quiero disculparme.
- S-sí, tienes razón.
Sus pasos les guiaron entre el eco susurrante de aquellos enormes pasillos. La puerta permanecía cerrada, pero oía la voz de ella hablando con tranquilidad en el interior. Y algunos quejidos, seguramente asociados al dolor. Mikasa cerró sus puños con frustración. Sabía que ella fingiría delante de ellos dos, pero esos sonidos de angustia le demostraban la realidad. No era una herida tan leve como le había hecho creer.
Y se veía forzada a esconderla frente a sus subordinados. De alguna manera, le reconfortaba que pudiese al menos deshaogarse con el capitán y llorar su dolor. No imaginaba la carga que debía ser aparentar eternamente que no albergaba sentimientos humanos y que no necesitaba descansar como el resto. ¿Cuántos años llevaba reteniendo aquellos sentimientos? Perdieron a muchos que habían pasado años junto a ellos en las filas. ¿Cómo superó Hanji Zoe la pérdida del anterior comandante? Y de nuevo la imagen de su capitán abrazándola en las calderas del barco meses atrás. Tal vez, si ella hubiese matado al capitán en aquel tejado para salvar a su amigo, ella se habría quedado sola.
¿Acaso habría comandante? ¿Eren habría sido encarcelado y servido como alimento a otro posible poseedor? Ella les había protegido durante años. Siempre había sido el escudo tras el que ellos se escondían. Y ahora Mikasa se lo devolvía distrayéndose y permitiendo que saliese herida. Debía abandonar esos sentimientos. De su concentración dependía la vida de demasiadas personas. Si ella falllaba, muchos caerían en consecuencia.
Recogió su sentimiento de culpa y golpeó la puerta con los nudillos.
- Hanji-san, capitán, hemos traído vendas y sutura.
- Oh, pasad directamente – oyeron a su comandante.
- Maldita sea, Hanji. Aún no.
Apenas alcanzaron a oír unos extraños sonidos deslizantes mientras sujetaban el pomo de la puerta. Armin abrió con cuidado observando el interior con cautela. La comandante estaba sentada en la cama sujetando una toalla contra su pecho. Su ropa yacía en un balde cercano llena de sangre. El capitán mantenía otra toalla presionando sobre la herida.
Socorrer a un compañero en apuros era algo habitual que había visualizado en demasiadas ocasiones. En esos momentos el pudor o la vergüenza desaparecían. Pero la forma en la que el capitán sujetaba la cintura de su comandante mientras presionaba sobre su herida, demostraba excesiva cercanía. Cada mes que pasaba, aquella extraña relación parecía aún más cercana. Ligeros detalles que pasarían desapercibidos para cualquiera. Pero tras años de observar a su vieja amiga, comenzaba a percatarse de rasgos en su capitán que le recordaban a Mikasa. Como esa mano temblorosa que fingía sujetarla con firmeza. Pero que parecía estar sujetando vidrio que se rompería con fragilidad.
- Llegáis tarde. Pásame el material de sutura y el desinfectante. - musitó sin dirigir la vista hacia ellos.
- ¿Cómo se encuentra, comandante? - atisbó a decir Armin mientras dirigía sus ojos fuera del campo de torso desnudo de la mujer apenas cubierto.
- Levi exagera, no es tan grave – rió la mujer mientras la toalla que cubría sus senos continuaba llenándose de sangre que comenzaba a secarse y a detener su riego.
- No hables más, idiota, te marearás – Levi comenzó a pasar un pequeño paño humedecido sobre la herida abierta – La herida de tu brazo no parece grave. Creo que una venda será suficiente. Pero tendré que hacer una sutura en el resto. - giró su cabeza hacia atrás mientras fruncía el ceño – Os he dejado tareas por hacer, si habéis traído todo, largaos.
- S-sí, capitán.
- Comandante... - interrumpió Mikasa sin abandonar su posición y obviando las órdenes del pequeño hombre que gruñía en voz baja – Quisiera disculparme. Salió herida por mi culpa y-
- Gracias – asintió la mujer mientras le dirigía una sonrisa compasiva – Por favor, reúnete con el resto. Mañana delimitaremos la zona de rastreo.
- Mañana iré yo contigo – gruñó el pequeño hombre sin mirarla directamente – Me aseguraré de que no pierdas la concentración.
- Descuide, capitán. No la volveré a perder.
Hanji observó como sus subordinados abandonaban la habitación sin dejar de posar la vista sobre su cuerpo herido. Volvió a respirar tras cerrarse la puerta tras ellos. Su cuerpo cedió hacia delante, como si se tratase de plomo, aterrizando entre los brazos del hombre que permanecía junto a ella. Perlas de sudor bajaron por su rostro, inundando su frente.
- Te has esforzado demasiado, idiota – susurró Levi mientras la abrazaba con cariño – Armin ha traído un sedante. Seguramente no se ha tragado tu paripé y ha preferido traerte algo para calmar el dolor. Tómatelo, la herida es demasiado profunda y tardaré en hacer la sutura.
- No seas demasiado duro con ella, Levi. Esos soldados se estaban mofando de Eren. ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?
- …...
- Hemos oído rumores. Probablemente tengamos poco más de una semana hasta que esos soldados vuelvan del frente. Depende de la información que nos aporte Eren, puede que no tengamos demasiado tiempo de actuación. Habrá un festival para celebrar su victoria.
- ¿Crees que Eren querrá atacar entonces? Habrá demasiada gente involucrada...
- Demasiadas almas inocentes.
- Hanji, esos mocosos, antes...
- ¿Qué sucede? - emitió una mueca de fastidio mientras el continuaba cerrando su herida con una fina sutura.
- Esos mocosos no paraban de llamarme "papá". Creo que es alguna clase de juego estúpido. Incluso Jean les seguía la corriente. Ya he pensado el castigo.
- Ah... - pareció comprender – Ya veo porqué lo hacían. No creo que sea necesario ningún castigo.
- ¿Cómo?
- Lia estaba allí – se recostó hacia atrás, dejando que él terminase de limpiar la herida con delicadeza – Jean no es muy inteligente inventando excusas. Ella posiblemente se haya despistado y haya dicho algo y Jean habrá intentado disimular llamándote así. Supongo que ha tenido suerte de que Armin no estuviese cerca. Él no se lo habría creído.
- ….. - por un momento aquella explicación tenía mas sentido que el absurdo juego que él se había imagino – Menudo imbécil.
- Hemos depositado demasiado peso sobre sus hombros, Levi.
- Tché. Armin hubiera sido una elección más útil. No hubiera inventado una excusa tan patética. - suspiró pensando en todos aquellos soldados adultos llamandole por aquel nuevo apelativo.
- Tal vez tengas razón, pero prefiero no involucrar a nadie más. No pasará demasiado tiempo hasta que empiecen a asociarla conmigo.
- Lia también es mi hija, Hanji.
- Será menos peligroso para ella si no saben que es tu hija, Levi. La obligarán a... - omitió la frase mientras la imagen de aquellos niños eldianos que eran formados para ir a la guerra asaltaba su mente – No quiero ese futuro para ella.
- …..
- Levi... - su mano buscó la de él, temblorosa ante la inminente batalla que cada día visualizaba más dificílmente evitar - ¿Crees que podremos proteger a Lia en la isla?
- ¿En qué estás pensando?
.
.
.
- Y entonces, con este botón, se dispara el gancho que va adherido a tu costado. Deberás controlar la dirección y tener bastante equilibrio si no quieres rotar en el aire – rió socarronamente Connie mientras hacía una demostración.
- No disimules, tú tardaste en dominarlo – sonrió Sasha.
- ¡Eren tardó más que yo!
Lia se sentó en el suelo mientras observaba con cuidado aquella espada. Las había visto en la lejanía decenas de veces. Y ahora la intentaba sujetar con sus mano. Era pesada, cubierta de acero y afilada. Su mirada se tornó hacia aquel invento ideado por su propia madre, el que les había ayudado en sus últimas batallas y que había sido modificado para aumentar su letalidad. Llegando a penetrar en armaduras metalizadas que ni siquiera habían llegado a conocer.
Habían pasado varios días desde que había comenzado a entrenar a escondidas. Ni siquiera había conseguido despegar un metro del suelo. Aquel extraño miedo aún predominaba en su cuerpo. Aquellas pesadas armas era lo que conseguiría que pudiese proteger a sus padres de aquellas heridas letales. Pero no era su densidad lo que la asustaba, sino el hecho de que en aquellos días aún no había visto a su madre. Y la última vez estaba desangrandose en brazos de su padre.
Día tras día, el bajaba al comedor y buscaba una bandeja que subía a su habitación. Acariciaba su cabeza y despeinaba el cabello de la pequeña, instándola a tranquilizarse. Ella está bien. Es demasiado tozuda para descansar, pero está bien. Pero algo en su tono le demostraba que era una mentira.
La imagen de ella desmayada en su cama la perseguía. Los periódicos de aquel país hablaban de un festival cercano. En pocos días, el batallón que había ido a combatir volvería, y comenzarían la preparación de los festejos. Pero Hanji Zoe no había salido de su habitación, indicando que su estado no era lo suficientemente bueno como para mostrarse ante sus soldados. Apenas tenían tiempo, y ella iría a su encuentro con aquella herida sin sanar.
- Jean, ¿que posición ocupará mamá en el asalto? - palideció mientras seguía sujetando aquella pesada espada.
- No deseamos entrar en batalla, Lia. Todos estos planes son en caso de que sea necesario para recuperar a Eren.
- Y si entráis en combate, ¿qué hará ella?
- Ella... robará nuestro transporte de vuelta... - su mirada se dirigió hacia el suelo, con duda – Necesitaremos un zeppelin para nuestra huida. Ella se internará en un campo mientras nosotros atacamos Liberio.
- ¿V-vosotros? ¿Papá no irá con mamá? ¿Ni Mikasa, ni Armin, ni... tú?
- Ella irá con un par de soldados. El resto de nosotros somos necesarios en el frente.
- Historia dijo que vosotros sois los mejores de la legión.
- Por eso debemos estar al frente.
Sus ojos miraron con horror aquella escena que se dibujaba en su mente. No dudaba del resto de habilidades de los soldados. Pero la comandante de la legión había designado la inmensa totalidad de su batallón en el frente, mientras que solo un par de soldados se internaría con ella en campo enemigo para buscar aquel barco volante para su huida. Si los soldados del frente no eran capaz de alcanzar su objetivo, deberían resguardarse en el puerto y buscar un barco de huida, posiblemente utilizando los titanes que tenían a su favor para poder tener una alternativa de escape. Pero si la comandante no cumplía su parte del plan, era fácilmente reemplazable. Si ella fallaba, habría plan B. Pero no habría plan B para ella.
Sus manos de nuevo visualizaron aquella espada. El día del ataque ella tenía que volver a la isla, acompañada de la mujer que regentaba aquella enorme mansión. Protegida y a salvo. Si tan sólo hubiese una pequeña posibilidad de asegurar su pervivencia... Si tan sólo hubiera alguien que la protegiese y se asegurase que volviese a la isla. El reflejo de la espada le devolvió su mirada preocupada, ojos heredados de su madre que parecían querer llorar. Como si un espantoso recuerdo futuro emergiese. Una premonición insostenible.
La espada giró en su mano hasta posicionarse del revés. El agarre se volvió más firme mientras fruncía el ceño. Jean la miró atónito. Aquella extraña pose que había visualizado durante años en su inmediato superior. Aquella pequeña niña apenas rozaba los siete años de edad, pero la sombra de su capitán se proyectaba sobre el suelo desde sus pies. Como si de su silueta se tratase.
El gen Ackerman se despertaba en situaciones de riesgo, despertando un poder colosal. Ella parecía indefensa, inexperta. Una simple niña sosteniendo un pedazo de metal que apenas podía levantar. Por un momento deseó que aquel gen jamás se despertase en ella. ¿Esto era lo que sentían sus superiores al verla? Ackerman siempre había sido símbolo de arma. Mikasa, su capitán estaban adheridos a una guerra interminable que jamás les impediría tener una vida apacible junto a una persona que les amase. Un sueño que jamás se cumpliría.
Si el gobierno se enteraba de su remanente poder aún no despertado, sería utilizada como arma, igual que el resto de Ackermans. Una niña pequeña, utilizada como soldado. ¿Existiría un final feliz para aquellos que albergaban aquel apellido? Su mirada se distanció observando a su compañera en la lejanía, realizando pruebas de agilidad. Ligada a su clan hasta el momento de su fallecimiento. Un escudo humano. Una espada de carne. ¿Llegaría el momento en el que Mikasa Ackerman pudiese abandonar su infinito poder y formar una familia?
.
.
.
Apenas habían pasado tres días desde que aquel tren llegó hasta Liberio. Alcanzando a ver a los soldados heridos salir de aquellos vagones hacinados. Ni siquiera habían podido acercarse a ellos. Sin ser conscientes de si Eren estaba entre ellos. Pero ahora tenían la prueba de que había sobrevivido. Aquel trozo de papel temblaba en sus manos. Lágrimas que caían desde sus ojos apagados, sin ser capaz de contener la emoción. Armin abrazó a Mikasa con fuerza. Estaba vivo. Él estaba vivo. Pero el contenido de aquella carta no era lo que deseaba oír. No habria una reunión cercana.
La incursión en terreno hostil ha sido un éxito. Yelena permanecerá junto a mí hasta que finalice nuestro plan. Debo permanecer alejado por más tiempo. Habréis oído hablar del festival, lo utilizaré como baza para conseguir el poder que necesito.
El noveno titán, el titán martillo ha pertenecido durante generaciones a la familia Tybur. Harán una presentación en las próximas semanas. Urdiré un plan para retener a los titanes restantes.
Volveré a comunicarme en breve.
E.J.
Mikasa se derrumbó en el suelo sosteniendo aquel pedazo de papel. Sosteniéndolo en sus brazos como si fuese su bien más preciado del mundo. Armin alzó la vista hacia sus compañeros que observaban la escena sin ser capaz de emitir el más mínimo sonido. ¿Quién era la persona que había escrito aquella carta? La imagen del Eren que conocían se desvanecía como la espuma de las olas del mar.
La estela de una sonrisa que jamás volverían a ver. Una promesa que hicieron años atrás mientras construían las vías de aquel tren que debía transportarles hacia un mundo sin guerras, sin batallas. En el que su origen dejaría de ser una maldición. Una promesa que jamás se cumpliría. Eren Jaeger había tomado su decisión. Se convertiría en el enemigo de la humanidad. Y acababa de arrastrarles a todos ellos en aquella patética lucha.
.
.
.
- ¿Quién es la familia Tybur? - musitó Hanji confusa. Deslizó el papel hacia Kiyomi mientras mantenía la mirada fija hacia ella.
- La familia Tybur es una familia rica que colaboró durante la batalla contra Eldia milenios atrás. Es conocida por ser descendientes del héroe de Marley, aquel que los liberó de la tiranía de los titanes antes de que el rey Fritz se exhiliase.
- Debo entender que son innacesibles.
- Siempre viajan con escolta. Así que aunque intentasen secuestrar a cualquiera de sus miembros, sería una opción nefasta – Kiyomi alzó su taza mientras bebía con tranquilidad.
- Y está además esa opción de que uno de ellos sea el poseedor del titán martillo.
- Se desconoce quién es. Posiblemente el cabeza de familia, Willy Tybur...
- Eren no se basará en conjeturas. No es tan ágil de pensamiento. Posiblemente provoque una distracción. No se cuál es su plan, pero parece que lo está diseñando con o sin nuestra colaboración. ¿Qué pretendes, Eren?
- ¿Qué ha averiguado Mikasa mientras seguía a la familia Tybur? - la mujer asiática volvió a depositar su taza sobre la mesa con absoluta delicadeza.
- Dentro de un día, el cabeza de familia se reunirá con el general Magath. Pero no nos han aportado datos mas relevantes acerca de la procedencia del poseedor del titán.
- Estamos en un jodido callejón sin salida – Levi se sentó junto a su superior mientras intentaba recabar energía.
- ¿Qué harán entonces si no obtienen a Eren antes de la contienda?
- Él nos enviará una carta designando el día de ataque. Mis soldados están preparados. Atacaremos esta ciudad y la... destruiremos. Designaré a varios de mis hombres para que te escolten hasta el puerto antes de que Armin lo ataque.
- Señorita Zoe, espero que comprenda que no podré volver a la isla directamente. No sabemos como responderán al ataque en Liberio. Su armamentística es demasiado poderosa. Deberé mantenerme al margen hasta estar segura de que su contienda no afecte a mis negocios.
- Lo comprendo. Por eso, insisto en que se lleve a Lia.
- Como le indiqué, esa niña vendrá con nosotros en el barco. Volverá a Paradis cuando la contienda haya finalizado y sepamos que han obtenido a Zeke y Eren Jaeger. Mientras ellos no estén en su poder, no podremos arriesgarnos a traer de vuelta a esa niña.
- La verdad es que... - Hanji se inclinó hacia delante, notando aún el lacerante dolor de aquella herida reciente – Es que prefiero que Lia no vuelva a Paradis. No estamos exentos de que nos ataquen en cualquier momento.
- Como comprenderá, señorita Zoe, no podemos evacuar toda su isla. No disponemos de suficiente flota. Y llamaríamos demasiado la atención. Hicimos un trato años atrás. Usted protege a los suyos y yo a los míos. No pienso arriesgar la vida de mis hombres por una niña cualquiera eldiana.
- ¡No es una niña cualquiera! - gritó Levi levantándose de su sitio.
Hanji agachó la cabeza. Tenía que sacarla fuera de allí, mantenerla alejada de la lucha sería la única manera de protegerla. Kiyomi parecía extrañada, sus cejas se alzaban con confusión.
- Kiyomi, te lo ruego. Necesito que la alejes de Paradis. Hasta que toda esta absurda guerra termine – susurró Hanji mientras hacía una ligera inclinación – Te lo suplico.
- ¿Por qué es tan importante esa niña?
Levi dirigió una mirada hacia la mujer con determinación, sujetó la mano de su comandante, provocando una mirada de sorpresa en su interlocutora.
- Porque es nuestra hija.
.
.
.
Lamento mucho haberme demorado tanto en actualizar. Llevo demasiado tiempo deprimida desde que me robaron el teléfono. Aún estoy pagando el nuevo teléfono y no estoy demasiado animada últimamente. Me agradará mucho leer vuestros comentarios, necesito ánimos en estos momentos.
¡Nos leemos!
