.
.
.
6
Rechazo
.
.
.
Aun le costaba asimilar lo que su jefe le había hecho. Casi no había dormido pensando en lo cerca que estuvo de besarla, no podía controlar los espasmos que sentía cada vez que recordaba sus dedos rozando su espalda, le parecía una cruel broma y más cuando recordaba sus palabras y sonrisa socarrona. Satoru Gojou disfrutaba provocarla o no tenía idea de lo que despertaba en ella, con el tiempo que llevaba trabajando para él, sospechaba que era la primera opción. No entendía el porqué, dudaba que alguna vez tuviera una respuesta, pero al gerente comercial le gustaba gastar bromas a todo el mundo, pero había un límite para todo, pensó Kasumi. Podía soportar sus cambios de humor, sus peticiones inesperadas y que la mandara a comprar todo el tiempo, le pagaban bien por eso, pero burlarse de esa forma estaba mal. Pasó todo el fin de semana pensando en lo que pudo pasar, más que eso, pensando en lo estúpida que era por sentirse de ese modo por él.
No era una adolescente tonta, era una mujer adulta y responsable a cargo de dos niños, no podía dejarse ilusionar por hombres como su jefe, sobre todo por ser su jefe, y lo que empeoraba el asunto era que Satoru Gojou era el tipo de persona que estaba acostumbrado a actuar sin consecuencias, por eso la empujaba a esos extremos, porque se sentía con el derecho de molestarla, empezaba a pensar que denunciarlo por acoso sexual sería una buena lección para su jefe. Resopló ante la idea, el asunto era que tampoco consideraba que lo que hacía el gerente fuera acoso como tal, jugaba con el filo de lo divertido y de lo políticamente correcto e incorrecto, no podía decir con exactitud alguna vez en que él se hubiera propasado, y a la vez, sentía que tenía mucho que decir, pero que solo para ella tenían algún significado.
Miró la hora en el monitor de su computador, faltaban veinte minutos para el mediodía y el gerente todavía no aparecía. Y por primera vez desde que trabajaba para él, no estaba ansiosa porque apareciera, es más, si la llamaba diciendo que no iría a la oficina se sentiría más tranquila. No tenía ánimos para verle la cara, en parte por la vergüenza, pero más que eso era porque estaba molesta con él. Y lo peor de todo era que no sabía exactamente qué le molestaba más, si sus bromas o que no la hubiera besado y aquello la hacía sentir más estúpida. Volvió a suspirar, lo mejor era concentrarse en el trabajo que tenía mucho por hacer. Continuó tecleando en el documento que tenía abierto desde hace media hora, recordó que necesitaba unos datos y abrió el primer gabinete, y olvidó por completo lo que estaba buscando en primer lugar al ver las paletas que su jefe le había regalado.
―Qué estupidez ―murmuró cambiando su semblante. Porque ahí estaba otra vez, gestos que la conmovían cuando no tenían nada de especial. Era ella misma la que se boicoteaba, lo sabía y aun así no podía dejar de hacerlo.
(…)
El sol del mediodía calentaba poco, como cualquier día de otoño, pero no le restaba ánimos al gerente de JJK. Satoru bajó de su auto silbando una melodía pop que había escuchado en la radio, encendió la alarma y caminó con actitud relajada al interior del edificio. Llevaba las manos en los bolsillos como de costumbre, saludó alegre al personal de la recepción, las secretarias le regalaron sonrisas coquetas en respuestas que él le restó importancia. Por primera vez en varios meses, Satoru no estaba atento a lo que provocaba en su entorno, y sabía bien el porqué. Ya había seleccionado a su siguiente conquista o motivo de interés, como se le pudiera definir, y a diferencia de otras veces, su objetivo parecía ser un poco más difícil. Creía que se trataba por un tema de personalidad solamente, que, con el tiempo, su asistente terminaría cayendo en su trampa como todas. No había mujer que lo rechazara, algunas tardaban un par de semanas en aceptarle una cita-podía contarlas con las manos-pero al final, siempre cedían a sus encantos. Kasumi Miwa no sería la excepción, estaba seguro, porque ya había visto destellos de interés en ella.
Se arrepintió todo el fin de semana por no haberla besado, sus ojos azules suplicantes lo persiguieron por las noches, era la mirada de una mujer que quería lo mismo que él. Y eso lo tenía animado, ahora era cuestión de buscar el momento para actuar, y trabajar con ella todos los días hacía que las posibilidades crecieran. No podía negar que el tener aquel desafío entre las manos, llamado Kasumi, le motivaba a ir trabajar, claro, no dejaría de llegar tarde por eso, pero estaba más animado que otras veces. Sonrió mientras se apoyaba en un rincón del elevador ¿Cuándo fue la última vez que una conquista lo tenía así de alegre? No lograba recordar, normalmente no perdía mucho tiempo en planear salir con alguien, se le daba espontáneamente, pero con Kasumi no le resultaría. Estaba seguro de eso, la joven era demasiado estructurada, y él un espontáneo por naturaleza, sacarla de su mundo cuadrado sería complejo, pero no imposible. Debía medir bien sus pasos, creía que el avance del viernes no le aseguraba nada, no la conocía lo suficiente como para tener un plan de acción todavía, pero estaba ansioso por hacerlo.
Cuando las puertas se abrieron, bastó con un par de pasos con sus largas piernas para salir del elevador. Sus ojos color cielo buscaron enseguida al objeto de su atención de ese mes, y tuvo que evitar abrir la boca cuando la vio. Kasumi parecía ignorarlo, o estaba demasiado concentrada en su computador, pero era una ventaja para sorprenderla, pensó. Se acercó lentamente al escritorio de su asistente, cuando estuvo a un par de metros pensó en saludarla con un grito, pero su voz se quedó apagada en cuanto notó como vestía. Se sorprendió de no ver su blazer y pantalón oscuro de siempre, esta vez la joven vestía una blusita femenina de color blanco marfil, y unos pantalones de color negro grafito. Pensó en molestarla al respecto, pero no se le ocurrió nada cuando llegó junto al escritorio.
― ¡Buenos días, Kasumi-chan! ―saludó efusivo, ella no se sobresaltó, por lo que supuso que había notado su presencia de antes.
―Buenas tardes, señor Gojou ―dijo y levantó la vista por un par de segundos, apenas le miró―en su escritorio está su agenda del día.
―Uhm ―asintió pensativo. No era experto en lenguaje no verbal, pero creía conocer un poco a su asistente, y la amable Kasumi que siempre le sonreía y se ruborizaba no estaba. ―Luces muy bien ―dijo sonriéndole.
―Gracias ―respondió cortante y continuó escribiendo, entonces Gojou lo entendió. Ella estaba molesta por lo que había hecho el viernes, y aunque eso podía entorpecer un poco sus planes, no pudo evitar sentirse más ansioso. El desafío ahora era más divertido, pero una parte de él se sintió un poco incómodo y no supo entender el porqué. Asintió a la joven a pesar de que no lo estaba mirando, hizo una mueca con los labios y se alejó para ir a su oficina, se detuvo a un par de metros cuando al meter sus manos en los bolsillos encontró una paleta. Sin pensarlo demasiado se devolvió al escritorio de su asistente y la dejó sobre el mesón, cerca del teclado. Kasumi detuvo su informe para observar el dulce, Satoru sonrió impaciente por una reacción, pero la joven no le miró―gracias ―repitió y continuó escribiendo.
Satoru se quedó unos segundos procesando lo que acababa de pasar, pensó que una broma podría ayudarle a saber si realmente ella estaba enojada, pero no se le ocurrió nada. Borró su sonrisa, después de todo nadie la admiró, asintió una vez y se apresuró en huir a su oficina, intentando lidiar con un desconocido sentir: el rechazo.
(…)
Escuchaba el teléfono sonar, pero estaba segura que sería otra broma de su jefe. Miró hacia la oficina, su jefe tenía las persianas recogidas, por lo que podían verse de todas formas y tal como supuso, el gerente la miraba con el auricular en su oreja. Suspiró, debía atenderle, le pagaban por eso.
― ¿Bueno? ―respondió cuando levantó el aparato.
―Hola ―saludó Satoru, mirándola desde su escritorio, Kasumi giró hacia su oficina, incluso desde su puesto podía verlo sonreírle ampliamente.
―Hola ―dijo en un tono cansado― ¿qué se le ofrece? ―preguntó sin mirarlo y apoyando el teléfono en su hombro izquierdo, continuó escribiendo.
―Solo quería escuchar tu voz ¿qué haces? ―Kasumi no pudo contener el suspiro. Desde hace días que el gerente había iniciado ese juego que la tenía cansada. Parecía un niño desesperado por atención, intentaba no pensar mucho en ello porque conseguía conmoverla, pero su determinación era más fuerte, no volvería a ilusionarse y para ello debía mantener cierta distancia del gerente. Era difícil, más que por trabajar con él, lo complicado era ignorar todas sus insistencias como la de ahora.
―Organizaba los informes para la reunión de mañana ―respondió en modo automático―estoy algo ocupada ¿necesita algo más?
―Ah… ―se oyó detrás de la bocina del teléfono― ¿salimos a comer? ―la pregunta pilló de sorpresa a la joven. Kasumi dejó de escribir por unos segundos, como si lo estuviera considerando sin siquiera pensarlo, pero se recuperó rápido. Retomó su trabajo y pensó en una respuesta que convenciera al gerente y a sí misma, de que eso no era posible.
―Tengo mucho que hacer, y usted también. Si sigue escapándose del trabajo, retrasará a las otras áreas ―le dijo en modo de regaño, pero él le ignoró, en cambio soltó un profundo suspiró cargado de decepción.
― ¿Estás molesta conmigo? ―le preguntó de repente, volviendo a sorprenderla. La joven miró hacia la oficina, esta vez el gerente había girado la silla hacia la ventana que daba hacia afuera, por lo que solo pudo ver la espalda de su asiento. Se sintió en desventaja, no podía ver su rostro y juzgar si estaba hablándole en serio o no, su tono de voz se oía calmado, sin tintes juguetones por lo que parecía preguntarle de verdad.
― ¿Por qué lo estaría? ―prefirió responder, oyó una risa en respuesta que la hizo fruncir el ceño. Satoru Gojou le confundía en tantos sentidos, nunca podía prever qué pensaba en realidad o porqué hacía y decía ciertas cosas.
―Bien… será para la próxima ―dijo y colgó.
Kasumi evitó mirar hacia la oficina, no quería averiguar si ahora él la miraba. No quería mostrarse nerviosa, intentaba calmar sus propios sentires y restarle importancia al juego de su jefe. Porque si se mostraba afectada, estaba segura que sería motivarlo a seguir molestándola, en cambio, desde que había tomado cierta distancia que ya no le hacía comentarios impropios y tampoco invadía su metro cuadrado. Sentía que estaba siendo un poco fría con él, y realmente le costaba conseguirlo, sin embargo, estaba convencida de que era lo mejor para ella. No quería seguir atada a una ilusión adolescente, no podía, era una adulta responsable y debía comportarse como tal. No podía negar que sus días en la oficina eran un poco más aburridos, todas las emociones que su jefe le provocaba ahora estaban dormidas, y con ello su ánimo diario. Ya no se levantaba con la motivación de que vería a Satoru Gojou, ahora simplemente intentaba pensar en hacer su trabajo.
(…)
Estaba un poco incómoda usando falda, pero Mai la había convencido de que era un outfit moderno y sofisticado. El fin de semana después del lanzamiento se había juntado con la gemela y Momo para que le ayudaran a comprar ropa para ir a trabajar y para los eventos, no volvería a pasar vergüenzas por no tener la ropa adecuada. Había comprado bastante, hace muchos años que no gastaba un dineral y en sí misma, y sus amigas le habían enseñado los tips adecuados para combinar sus prendas. Ahora lucía una blusa de manga larga de color rosa pálido, y una mini falda gris, pantis oscuros y zapatos negros con un taco de tres centímetros aproximadamente. No se acostumbraba a las miradas masculinas, pero prefería ignorarlas, no le ayudaban a su autoestima, prefería pasar desapercibida, por lo que a menudo se encontraba mirando el suelo mientras caminaba por los pasillos de JJK y solo levantaba la vista cuando le hablaban sus amistades y conocidos.
Miró la hora en su móvil, la hora de almuerzo había pasado rápido para la asistente y aunque no tenía un horario definido, se había tomado más de una hora de colación y para ella eso era una falta grave, se había distraído con la plática y cuando vio la hora, salió rápido del comedor. Sus compañeros no tenían las mismas preocupaciones, por lo que se quedaron un rato más compartiendo. Cuando llegó al sexto piso, el silencio sepulcral le extrañó, a menudo su jefe dejaba puesta música, aunque no estuviera en su oficina. Caminó rápido hacia su escritorio y antes de sentarse vio una nota pegada en su monitor "ven a mi oficina cuando llegues" leyó Kasumi con el ceño fruncido. No lo pensó demasiado y obedeció la nota, al menos esta vez no le ponía dibujos o peticiones extrañas como los de la semana pasada.
Golpeó dos veces y esperó por una respuesta que no oyó en los siguientes minutos. Giró el pomo y asomó la cabeza cuando abrió la puerta unos centímetros para ver si el gerente estaba en la oficina. Entró rápido cuando lo vio sentado y con la cabeza apoyada en la mesa, como si estuviera durmiendo. Lo que le extrañó fue que tenía todo apagado, las cortinas cerradas y sin ninguna luz encendida ni siquiera la del monitor, lo primero que pensó fue que su jefe se sentía mal. Cerró la puerta suavemente y caminó hacia el escritorio, al llegar notó que los lentes oscuros los tenía cerca del mouse, tenía el rostro apoyado en ambos brazos y solo podía ver su melena desordenada.
― ¿Señor Gojou? ―preguntó bajito― ¿se encuentra bien? ―escuchó un quejido de respuesta y se preocupó. Rodeó el escritorio y se acercó a la silla por el lado derecho― ¿Qué es lo que tiene? ―insistió al verlo más cerca, naturalmente su instinto maternal se prendió, reaccionaba igual con sus hermanos. Kasumi se inclinó un poco para intentar ver su rostro, en ese momento el gerente giró su perfil y abrió sus ojos. La joven se congeló por unos segundos al verlo, no era común que estuviera sin sus lentes, y ver su rostro desde su posición le sorprendió un poco. Si estaba enfermo no se le notaba, seguía viéndose guapo, pero si lucía un poco sombrío― ¿se siente mal?
―Sí ―murmuró serio y Kasumi dio un paso más y se inclinó para poder oírlo―estoy triste.
― ¿Eh? ―pudo decir, algo confundida por su honestidad. Tragó saliva con disimulo y susurró bajito como si su voz pudiera molestarle― ¿Hay algo que pueda hacer? ―preguntó preocupada y antes de decir algo más, el gerente se reincorporó rápido y giró la silla hacia ella y la abrazó por la cintura, sorprendiéndola― ¡¿Señor Gojou?! ―exclamó cuando apoyó su cabeza en su pecho. Se tensó por completo, estaba con ambos brazos al aire, sentía su corazón latirle deprisa, mientras él descansaba su cabeza entre sus pechos y rodeaba su diminuta cintura con sus brazos, atrapándola en un abrazo.
―Déjame quedarme así unos minutos ―le escuchó decir. Kasumi guardó silencio, olvidando la sorpresa y lo inapropiado que era estar así con él, en cambio, se quedó pensando en su jefe, preguntándose qué lo tenía tan afectado, que el gerente cambiara su normalmente animoso carácter en un hombre sombrío y depresivo era sumamente extraño. No lo conocía lo suficiente como para adivinar qué lo tenía así, pero quería saber, quería intentar entenderlo y ayudarlo. Soltó un suspiro, como si con ello pudiera soltar el nerviosismo y el asombro inicial, relamió su labio inferior y bajó lentamente sus brazos, y un poco tímida, posó una mano en su cabeza y la otra en su hombro, cobijándolo. Acarició su cabello con suavidad, como lo hacía con su hermano menor cuando estaba dormido.
Toda la distancia que había puesto en esas semanas se fue a la basura por ese simple abrazo. Aunque no estaba pensando demasiado en el significado de ello, no se estaba ilusionando por su aparente necesidad de cercanía, simplemente buscaba aliviar su tristeza, estuvieron unos minutos así, ella acariciando su cabeza y él hundiendo su rostro en su pecho.
― ¿Qué lo tiene triste? ―susurró sin dejar de acariciarlo, lo oyó suspirar. Giró su rostro hacia la derecha para que pudiera oírle, no pudo evitar sonrojarse al sentir como su jefe se apoyaba en sus senos, pero no lo hacía con dobles intenciones, podía verlo, él realmente necesitaba consuelo. Su semblante apagado lo gritaba.
―Es por una chica ―dijo él sin mirarla y Kasumi se tensó. Se forzó a no demostrar lo mucho que le afectó el oír aquella confesión, mientras seguía acariciando su cabello pensaba en quién era la afortunada que tenía el corazón de su jefe, no pudo evitar sentir celos y a la vez, deprimirse por la revelación. Es normal, se dijo, que un hombre como Satoru Gojou tuviera parejas, y seguramente no estaba acostumbrado a sufrir desamores y por eso se sentía de ese modo ahora. Sintió curiosidad, intentó imaginar qué clase de mujer le gustaba a su jefe y que ésta no sintiera lo mismo por él era una gran hazaña digna de admirar ¡y ella se había sentido importante con migajas! «qué tonta» pensó. ―Creo que no me quiere.
― ¿Se lo ha preguntado? ―murmuró en modo automático, estar hablando con su jefe de sus desamores era una cruel ironía, pero le servía. Podía usar aquello para obligarse definitivamente a olvidarlo, a dejar de caer en sus palabras e imaginarse tener algo con él.
―No hace falta ―respondió él, y refregó su rostro en su busto, Kasumi encorvó sus cejas al sentirlo, algo incómoda, pero no le dijo nada. Seguía considerando que era inapropiado estar así, simplemente no era el momento de plantearlo―su indiferencia me lo grita.
―Señor Gojou ―susurró insegura, pero se animó a hablar, después de todo él le estaba teniendo confianza como para decirle aquello―a veces nos imaginamos cosas… tal vez es un malentendido, debería ser honesto con ella, tal vez está sufriendo por nada ―bien, su obra de caridad del día, aconsejar al hombre que quería para que estuviera con alguien más, contuvo el suspiro al pensarlo.
―Sí, tienes razón ―dijo y se alejó un poco para mirarle a la cara. Kasumi se ruborizó cuando lo vio apoyar suavemente su barbilla entre su pecho, lucía serio, sus ojos celestes se veían como el cielo antes del atardecer, con un poco de bruma entre tonos oscuros y claros― ¿No me quieres Kasumi-chan?
― ¿Eh? ―pudo soltar entre el asombro. Se tensó en segundos, mientras su jefe hacía un puchero infantil, entonces notó que su semblante no lucía realmente triste, hizo memoria y en ningún momento pudo verle la cara, solo lo vio desanimado ¿estuvo jugándole una broma otra vez? Sus mejillas se sonrojaron bruscamente, y no sabía si era por vergüenza o rabia, quizás ambas.
―¡Lo ves! Ya no me quieres ―se quejó alargando las palabras y volvió a hundir su rostro entre su pecho―no me sonríes, no te comes mis dulces y no respondes mis notas. Quieres que trabaje todo el día y no quieres salir conmigo.
― ¡Señor Gojou! ―exclamó indignada―pensé que se sentía mal de verdad, no bromee con estas cosas ―dijo con el ceño fruncido, intentó apartarlo con las manos en sus hombros, pero el gerente se pegó con más fuerza a su cintura, intentó alejarse inclinando su espalda hacia atrás para evitar que siguiera apoyándose en su pecho, pero el gerente no se lo permitió, era más alto que ella y no tuvo problema para estirarse un poco para continuar cerca suyo― ¡alguien podría entrar!
―No me importa ―respondió el gerente― ¿por qué estás enojada conmigo? ―Kasumi dejó de intentar alejarse, se quedó viéndolo con la boca abierta sin saber qué decirle, su seriedad la descompensó por segundos, titubeó antes de poder formular una respuesta, y él frunció el ceño mirándola con sospechas―no me digas que no es cierto, porque es evidente que me has ignorado estos días.
―N-no es así ―mintió terriblemente mal, pero siguió en esa postura, porque admitir que estaba molesta era reconocer que lo que había pasado en su oficina le había afectado demasiado―lamento si se sintió de esa forma.
―No te creo ―le dijo y se alejó de su pecho, pero no soltó su cintura. Kasumi se sentía atrapada por sus largos brazos, pero no le molestaba del todo― ¿es porque no te besé? ¿querías que te besara? ―Kasumi contuvo la respiración por unos segundos, al mismo tiempo que se le iba el color del rostro. Su cuerpo reaccionó al instante, aprovechó el descuido del gerente y rompió el abrazo que la tenía prisionera. Satoru no se mostró sorprendido, no le quitó los ojos de encima y con ello, la joven simplemente no pudo responder. Él sonrió, y para Kasumi fue una sonrisa de triunfo por saber la respuesta que ella no podía modular y la idea le molestó. ―Yo quería be… ―no pudo terminar de hablar, la puerta se abrió interrumpiéndolos, ambos giraron para ver a Yuji asomarse.
― ¡Creí que no había nadie! ¿por qué están a oscuras?
―Al señor Gojou le duele la cabeza ―respondió rápido Kasumi, sorprendiendo a su jefe y a ella misma, la facilidad con la que inventó aquella excusa le asustó, pero no pudo evitarlo. Si Yuji hubiera entrado un minuto antes los habría sorprendido abrazados y temblaba de solo imaginarlo. ―Iré por un analgésico. ―Dijo en un tono monótono, y sin mirar al gerente, caminó hacia la salida.
Satoru medio sonrió al verla huir, no podía cantar victoria aun, pero estaba casi seguro que Kasumi sentía algo por él, lo que sea le bastaba para persuadirla de pasar una noche con él. Le bastaba una vez, simplemente necesitaba comprobar que ella no era inmune, que no era tan especial como creía. La miró con atención mientras caminaba, y cuando pasó junto a Yuji, notó que éste también se le quedó viendo las piernas.
―Puerco ―dijo una vez que estuvieron solos, y no supo si era para Yuji que lo decía o para él mismo.
(…)
Creyó ingenuamente que con el espectáculo que montó en su oficina, el gerente dejaría de molestarla. No fue así, y, por el contrario, sus intentos por llamar su atención solo aumentaron. La llamaba todo el día para comentarle tonterías, perdió llamadas importantes por estar con él por el anexo, se lo había explicado muchas veces, pero él simplemente le sonreía e intentaba sacarle conversación cada vez que iba a su oficina. Si se levantaba de su escritorio e iba a cualquier otro sitio, cuando regresaba tenía al menos tres notas de colores pegadas en el monitor, diciendo chistes, dibujos mal hechos o simplemente preguntándole si seguía enojada. Por el mismo motivo, estaba intentando no mostrarse tan indiferente, pero manteniendo cierta distancia, buscaba el punto medio en el que él pensara que no estaba enojada, pero a la vez no darle chances para que continuara con su juego.
Estaba cansada, se repetía a diario "amo mi trabajo" para convencerse, pero no estaba funcionando. Incluso llegó a pensar en renunciar, pero, así como vino la idea la descartó. No podía renunciar a su trabajo por él, estaba esforzándose en no caer en sus juegos porque sabía que, si eso pasaba, terminaría haciendo algo que no debía y pondría su trabajo en riesgo. Satoru Gojou no les tomaba el peso a sus acciones, para él parecía ser solo una forma de matar el tiempo, pero para Kasumi era más complicado. No había botado ninguna nota que le había dejado, por muy absurdas que fueran, ella las había guardado en su agenda sin siquiera pensarlo demasiado. Se repetía constantemente que actuara como adulta, pero él la llevaba al límite con cada prueba que le interponía. Aun recordaba su calor, su mirada cerca de su pecho y sus mejillas se sonrojaban al instante. Y la curiosidad no la dejaba tranquila al pensar en qué le iba a decir su jefe antes de que interrumpiera Itadori, por una parte, agradecía que hubiera llegado, pero por otra, se lamentaba al pensar que, si no hubiera aparecido el asistente del gerente financiero, quizás otra situación la tendría pensando tonterías.
Sus pensamientos estaban siempre con Satoru Gojou, ya no podía ni descansar sin pensar en él, en las tonterías que hacía en la oficina para llamar su atención, sus sonrisas juguetonas y a menudo seductoras, había empezado a soñar con él desde que le jugó la broma con el vestido, y se sorprendía de sí misma por la mañana por el contenido de esos sueños, su jefe le hacía imaginar cosas que una joven bien educada no debería desear. Y cuando llegaba a la oficina, verle la cara y pensar en sus sueños era uno de esos momentos en que le hacía querer huir para que no viera su rostro rojo de culpa. Y su sonrisa no ayudaba a calmarla, a veces pensaba que él tenía un súper poder y que sabía lo que le estaba provocando, que cada sonrisa y mirada suspicaz le enrostraba que lo sabía todo.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuchó la puerta de la oficina abrirse, le dio una mirada rápida y volvió a simular que estaba concentrada en su trabajo y no en él que se acercaba.
― ¡Kasumi-chan! ―dijo alegre al pararse frente a su escritorio con las manos en los bolsillos―vamos a almorzar.
―Hoy no iré a comer, señor Gojou ―dijo sin mirarlo―tengo que terminar las planillas con las ventas de las primeras semanas ―levantó la vista para encontrarse con sus labios encorvados en un puchero infantil, llevaba sus lentes oscuros cosa que agradeció, cada vez que veía sus ojos celestes era víctima de sus encantos.
―Estás muy delgada, no debes saltarte las comidas. Anda, vamos a comer ramen ―dijo y se apoyó en el mesón del escritorio, para acercar su rostro al de ella. Kasumi tuvo que pegarse al respaldo de la silla para alejarse, lo miró alerta a cualquier movimiento inadecuado, con el corazón latiéndole rápido y las mejillas sonrosadas―si no me acompañas, entenderé que sigues molesta porque no te besé la otra noche.
― ¡No estoy molesta! ―exclamó avergonzada―está bien, iré. Pero no podemos quedarnos mucho tiempo, solo comemos y volvemos ―dijo mientras se ponía de pie. ―Y usted paga.
―Claro, te estoy invitando ―Satoru carcajeó al oírla, observó sin tapujo su pecho cubierto por un sweater ajustado de color azul oscuro, gracias a sus lentes oscuros podía hacerlo sin parecer lo que realmente era, un degenerado. Pero no siempre era así, con Kasumi le nacía de forma natural, suponía que se debía a su interés particular.
Esperaron el elevador en silencio, Kasumi fingió ponerle atención a su celular, mientras intentaba calmar sus pensamientos al verse sola con él. Satoru por su parte, no le molestaba el ambiente que se formaba entre ambos, a su parecer estaba cargado de tensión sexual, y eso le ponía ansioso. Estaba seguro que Kasumi lo deseaba tanto o igual que él a ella, era cuestión de tiempo para que pudieran demostrárselo.
Cuando la puerta de metal se deslizó suavemente para que pasaran al interior del ascensor, Satoru alzó ambas cejas al ver a Nanami apoyado en el fondo. Entre todas las personas que podían verlo salir con su asistente, al que menos quería darle explicaciones era al gerente financiero. Porque lo conocía lo suficiente como para sospechar de sus intenciones, sonrió burlesco al verlo, una burla de sí mismo más que nada, y entró con las manos en los bolsillos.
―Buenas tardes, señor Nanami ―saludó Kasumi al verlo. El gerente los miró en silencio por unos segundos y luego asintió a ambos. Se quedó viendo a su colega, con los ojos estrechados en sospecha, tanto que el mismo Satoru se sintió descubierto y se rio nervioso al estar bajo su escrutinio.
―¡Cálmate! Solo vamos a almorzar ―decidió explicar. Kasumi los miró confundida, parecían hablar de una conversación antigua y que tenía que ver con ella de alguna manera y la idea le incomodó―además, yo no le gusto a Kasumi-chan ¿verdad? ―dijo y miró a su asistente.
Kasumi abrió los ojos de par en par, al mismo tiempo que empalidecía por sus palabras. Miró nerviosa al gerente financiero, que ahora la miraba con sospecha a ella y se sintió expuesta ante sus ojos afilados escondidos tras los vidrios verde alga de sus lentes. Contuvo la respiración por unos segundos, sintiéndose incapaz de mentir ante el juicio imaginario que se formó en su cabeza, desvió la mirada y negó avergonzada.
―Por supuesto que no ―murmuró con la cabeza agacha.
―Sería un terrible error fijarte en un hombre como Satoru ―dijo en un tono severo que la estremeció. Fue incapaz de mantenerle la mirada, se sentía como si estuviera en una confesión y le mentía a un sacerdote. Era tonto si lo pensaba con detenimiento, enamorarse de su jefe no era tan extraño, a muchas les pasaba, no era correcto, pero era bastante común. Pero en su situación, se sentía un poco en deuda con el señor Nanami, era como una imagen autoritaria que le debía sumo respeto y mentirle le incomodaba.
― ¡Oye, oye Nanami! ―se quejó Satoru con el ceño fruncido―soy el hombre perfecto ―refutó haciendo un mohín infantil. El ascensor se detuvo en el primer piso haciendo sonar un timbre suave alertándoles que abriría las puertas.
―Perfecto en tu imaginación ―respondió Nanami saliendo del elevador, caminó rápido para alejarse de ellos, pero Satoru tenía piernas largas, no le costó trabajo alcanzarlo, para Kasumi en cambio, tuvo que trotar ligeramente para no quedar atrás.
―Y yo que te iba a invitar a comer ramen ―dijo resoplando―igual puedes venir, hace tiempo que no comemos juntos. ―Dijo al salir del edificio.
―No, gracias ―respondió cortante―debo ir a ver si está lloviendo en la esquina ―y se apresuró para alejarse de la pareja.
―En el fondo le agrado ―dijo Satoru sonriendo―bien, mejor para nosotros ¿no? ―Kasumi no respondió.
Caminaron por un par de cuadras hasta encontrar un negocio pequeño y popular de fideos. No era de lujo, al contrario, era de esos puestos manejados por familiares que tenían un ambiente acogedor, que la comida era sabrosa y a buen precio. Kasumi no esperaba que la llevara a un restaurante de lujo, tampoco le sorprendió ingresar a un puesto así, es más, por un momento pensó que comerían en un local más humilde y ni así le incomodaba, prefería que fuese de esa forma. Había escuchado a sus compañeros decir que los gerentes comían en establecimientos elegantes, que más de uno fue invitado en alguna ocasión, estaba agradecida de no exponerse a uno aún. Se sentaron en un rincón del pequeño local en el primer piso, no tardaron en ser atendidos por una señora de rostro amable. Ambos pidieron una porción de ramen, ella de pollo y él de carne de res. Kasumi se apoyó en el respaldo y soltó un profundo suspiro, levantó la vista hacia su jefe y lo vio mirando su móvil mientras tarareaba. Él parecía tan sereno todo el tiempo, le hacía preguntarse si realmente nunca se enojaba o le preocupaba algo.
―Aquí tienen ―dijo la señora cuando llegó con sus platillos. Kasumi asintió al ver su comida que lucía y olía bastante agradable―que tengan buen provecho ―dijo y se alejó.
―Muchas gracias ―respondió la joven―eso fue rápido. Buen provecho ―murmuró y sacó un paquete de palillos chinos. Prefirió concentrarse en su comida, si seguía pensando en su jefe terminaría con dolor de cabeza. Sopló suave la porción de fideos que tomó con los palillos y se la echó a la boca con cuidado
―Te confieso que cuando te pregunté si sentías algo por mí ―la voz de su jefe detuvo sus movimientos, la joven levantó la vista algo nerviosa al oírle. Sentía su corazón latirle deprisa, otra vez hablaban de algo que no debían, pero la necesidad de saber si tenía opciones con él le jugó una mala pasada, se llenó de ansiedad y supuso que ya estaba ruborizada, pero podía culpar a la calefacción del local―esperaba que dijeras que sí te gustaba. ―La joven se atragantó con los fideos, tosió un par de veces y tuvo que beber un sorbo de agua para pasar la comida. Las palabras de su jefe habían sido pronunciadas con tanta calma que le sorprendieron, como si estuviera hablando de algo cotidiano.
― ¿P-por qué quería que dijera eso? ―preguntó después de tragar y calmarse. Estaba temblando ligeramente, la ansiedad y los nervios le recorrían por todo el cuerpo, creía que en cualquier momento iba a vomitar los fideos que acababa de comer junto a su corazón. Vio como el gerente se encogía de hombros y probaba sus fideos, comía con calma y una vez que tragó, le respondió.
―Es lo normal ―dijo en un tono relajado―todas se fijan en mí ―todo el estrago de emociones que se habían desencadenado en la joven se apagaron bruscamente. Kasumi quedó en blanco, miraba a su jefe sin observarlo realmente, en su cabeza se repetía una y otra vez "es una maldita broma". Le costó creer lo que acababa de pasar, nuevamente se ilusionó al pensar que era porque él sentía lo mismo por ella, pero no. Era porque estaba acostumbrado a ser objeto de deseo de todas las chicas, su arrogancia la descolocó. Él le sonrió, como si lo que acababa de decir fuese lo más normal del mundo y la rabia de Kasumi volvió, contuvo el suspiro, se tragó la vergüenza y tomó sus palillos, fingiendo calma que no sentía.
―No tengo tiempo para fijarme en hombres ―dijo mientras juntaba fideos con sus palillos―y usted sería la última opción, es mi jefe. ―Mintió sin titubeos, su dignidad le ayudó en el proceso. No le miró, en cambio continuó comiendo, pero su mal humor le arruinó la comida.
No dijeron nada más. Kasumi estaba demasiado molesta para pensar en el silencio del gerente, y él ensimismado en sus pensamientos. Cuando volvieron a JJK, Satoru se despidió de ella diciéndole que se iría temprano, y la joven no le tomó importancia, es más, prefirió que fuese de ese modo, no le quedaba paciencia ese día para seguir soportando sus tonterías.
Cuando llegó a su piso, el teléfono sonaba sin parar. Trotó rápido para alcanzar a contestar.
―Gerencia Comercial de JJK ―habló con tono de oficinista y miró el identificador de llamadas, frunció el ceño al notar que era un anexo del edificio.
―Miwa-chan ―alzó ambas cejas al oír al señor Nanami― ¿y Satoru? No responde mis llamadas.
―Se fue temprano después de almorzar ―respondió la joven mientras abría su correo― ¿lo puedo ayudar en algo? ―el silencio en la línea duró medio minuto más o menos, Kasumi frunció el ceño, algo extrañada por la situación, pero no dijo nada.
―Te haré una pregunta personal, tú decides si la respondes o no. Si no respondes no lo tomaré a mal ―Kasumi tragó saliva al oírlo, los nervios fueron lentamente colándose en su vientre, un poco ansiosa asintió como si el gerente financiero pudiera verla― ¿Satoru se ha propasado contigo?
― ¡No! ―se apresuró en responder―el señor Gojou nunca me ha dicho nada ―mintió al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaron, y agradeció no tener esa conversación en persona. Tal vez lo que había vivido con su jefe no alcanzaba a considerarse como tal, para ella eran significativos, pero no dejaban de ser tonterías al final del día. Nanami tardó en responderle, como si estuviera estudiando sus palabras, descifrando si le hablaba con la verdad. ― ¿Por qué lo pregunta? ―prefirió preguntar al no oír respuesta del gerente, y realmente necesitaba saberlo, por un momento pasó por su mente que había rumores sobre ellos y la idea le espantó.
―A diferencia de Satoru, tanto tú como yo, nos hemos esforzado por estar donde estamos. No nos han dado nada en bandeja por ser de una familia importante, no es justo que, por personas como él, pierdas tus logros profesionales. Es solo un consejo de un superior. ―Y colgó.
Kasumi dejó lentamente el aparato sobre el teléfono, pensando en las palabras del gerente financiero, sus ojos ardieron alertándole que, si no se controlaba, iba a terminar llorando por una estupidez, pero ¿realmente era una tontería? Se había fijado en su jefe, sabía que estaba mal y las palabras del señor Nanami solo reforzaban lo que ya sabía, pero no dejaba de dolerle el pecho al pensarlo. Soltó un profundo suspiro, necesitaba un descanso, necesitaba dormir una larga siesta y que, al despertar, fuera una recepcionista otra vez, necesitaba estar lejos de Satoru Gojou.
.
.
.
.
.
.
N/A: Holiii, aquí con un nuevo capítulo de este fic. Gracias Nadeshico023 por tus rw! siento escribo para ti y para mi solamente.
