Capítulo 1: Cambiando decisiones.
El sol brillante le daba la bienvenida a un nuevo amanecer a la pacifica ciudad de Kuoh, ubicada en Japón, la ciudad era un hermoso representante de la sociedad japonesa actual, grandes edificaciones, rascacielos, industrias, grandes parques, todo lo necesario para un ciudadano promedio, incluyendo la educación, que se veía bien representada por las varias Academias presentes en ella, especialmente la cual llevaba el nombre de la misma ciudad, brindando todos los niveles de educación a disposición de los estudiantes.
Y luego de que se aboliera la restricción que impedía a los estudiantes masculinos entrar en ella, convirtiendo la Academia de Kuoh en mixta, los promedios de la institución comenzaron a subir con la llegada de genios de ambos géneros a sus paredes. Aunque no todo eran flores y rosas, muchos de los estudiantes solo se postulaban por la gran disparidad de géneros presentes, siendo aproximadamente un 90% femenina en comparación del 10% entrante.
Una excepción a este porcentaje de pervertidos que simplemente querían ver a las mujeres caminaba sin problemas por los pasillos de la gran academia, cabello castaño, ojos marrones y un uniforme inmaculado representativo de la institución, una chaqueta negra de manga larga con bordes blancos una camisa blanca debajo con un moño negro alrededor del cuello, pantalones negros y zapatos marrones; sus ojos curiosos vagaban por sus alrededores mientras seguía su paso por el concurrido pasillo, pasando entre tanto alumnos de nuevo ingreso como las alumnas de curso superior.
Este era Hyoudou Issei, estudiante de nuevo ingreso de primer año y un chico completamente promedio en todo lo que puedas imaginar, quedo como el número 46 entre los puntajes de nuevo ingreso, su apariencia no te haría darle una segunda mirada antes de pasarlo y sus pasatiempos no eran nada del otro mundo, en general, Issei era la definición perfecta para promedio, solo un estudiante que aspiraba a un buen trabajo, tener una familia amorosa y vivir plenamente hasta morir de vejes.
—Wow, la academia realmente es muy grande, ¿Me pregunto cuántos alumnos puede acomodar en las aulas?— murmuro para sí mismo el castaño mientras distraídamente seguía avanzando por un rumbo que desconocía, simplemente contento con ver su nuevo entorno escolar "¿Shidou también comenzó sus clases?, debería enviarle una carta para ponernos al día." Pensó para sí mismo e hizo una nota mental para escribirle una carta a su amigo de la infancia cuando terminara el día escolar.
Perdido en sus pensamientos, el castaño no se dio cuenta de la falta de gente a su alrededor hasta que por poco se estrella contra una pared al estar distraído, miro a su alrededor y noto que se encontraba al final del pasillo que habia empezado a recorrer hace unos pocos minutos, mirando detrás de él pudo ver a algunos estudiantes siguiendo su camino por otras direcciones, cruzando esquinas o yendo por el lugar del que venía. Volviendo sus ojos frente suyo noto que se encontraba parado a unos cuantos metros de los vestidores que supuso se utilizarían para cambiarse al uniforme deportivo de educación física, cosa remarcada por algunos carteles pegados en la pared donde casi se estrella indicando la división de genero de las dos entradas, la izquierda siendo para hombres y la derecha para mujeres, un muro de concreto solido dividiendo ambas salas para brindar la máxima privacidad posible a cada género.
Si bien el conocimiento le podía ser útil más adelante cuando necesitara utilizar los vestidores Issei no le dio más importancia al descubrimiento y se habría ido del lugar sin dar un segundo vistazo de no ser por los sonidos apagados de lo que supuso eran risas pervertidas, sus ojos rápidamente fueron hacia el vestidor masculino y se entrecerraron cuando no volvió a escuchar el sonido, enfocando su audición para despejar sus dudas, noto como voces femeninas provenían del vestidos femenino, sumando un punto a la posibilidad de que alguien se encontrara realizando un acto indebido en su parte del vestidor, cosa que reafirmo cuando escucho más risas pervertidas seguidas de murmullos claramente masculinos.
Ahora sin una pisca de duda, Issei se dirigió a la entrada del vestidor masculino y entreabrió la puerta levemente para obtener un vistazo de lo que estaba pasando dentro. A través de la rendija que abrió pudo ver a dos alumnos masculinos pegados contra la pared que dividía las secciones riéndose perversamente, uno de ellos casi completamente calvo mientras que el otro tenia cabello negro y por un breve momento en el que movió su cabeza a un costado pudo notar que llevaba gafas en su rostro, no pudo ver claramente lo que estaban asciendo pero el sonido del concreto rompiéndose le dio una buena idea que lo que planeaban hacer.
Aunque no era tan recto como muchas personas que comenzarían a gritar acusando a los pervertidos y arruinarían sus vidas por siempre si contaba con un sentido de decencia, aunque no reportaría el comportamiento de los dos sujetos al consejo estudiantil si los detendría el mismo para evitarles problemas futuros, no los conocía, pero tampoco dejaría que fueran tildados como pervertidos por una acción que posiblemente lamentarían en el futuro aunque no fueran castigados.
Con una resolución fuerte como el acero, el castaño entro por la puerta abriéndola completamente y camino sigilosamente hacia el dúo de pervertidos, mientras se acercaba comenzó a escuchar un poco de su conversación, aunque la mayoría de lo que escucho fueron las palabras "pechos" y "cielo", rápidamente se estaba arrepintiendo de no haber simplemente llamado a alguien más para que se encargara de este asunto, pero ya que estaba dentro del lugar y no lo habían notado bien podría salvarles el pellejo por esta ocasión, pero la próxima vez que hicieran una estupidez como esta no se acercaría ni a 20 metros y simplemente se alejaría silbando como si nada estuviera mal en el mundo.
Cuando estuvo a pocos metros de la pareja noto finalmente lo que estaban haciendo, en manos del chico calvo se encontraba un pequeño taladro de mano que estaba utilizando para taladrar un agujero en la pared que supuso acertadamente utilizarían a futuro o inmediatamente si las voces femeninas apagadas que podía escuchar del otro lado de la pared eran un indicativo de que estaban siendo utilizadas en esos mismos momentos, quizás esa habia sido su motivación, podrían haber visto entrar a las chicas a los vestidores y al ver que nadie realmente le prestaba atención a esta zona decidieron iniciar con sus actos pervertidos en el primer día de clases.
Con un rápido movimiento de sus manos, justo cuando los pervertidos habían terminado de excavar el pequeño agujero para espiar, Issei tomó las cabezas de los dos chicos y las estrello juntas para desorientarlos, para así evitar que siguieran con sus acciones impulsados por la lujuria de un adolecente cachondo, desafortunadamente para él castaño, sus acciones provocaron que el calvo dejara caer el taladro al suelo, causando que un fuerte sonido metálico resonara por el vestidor, tan fuerte que estaba casi asegurado que las chicas del otro lado de la pared podrían escucharlo fácilmente, otro echo confirmado cuando escucho murmullos femeninos acercándose junto a los sonidos de pasos ligeros.
Esto era malo, si lo atrapaban en este lugar con el pequeño taladro y el agujero recién echo, aunque intentara explicarse seria linchado junto a los verdaderos pervertidos y su vida social terminaría en ese mismo instante, algo que no podía permitir a ningún costo, les prometió a sus padres que les daría un nieto antes de que murieran y pensaba cumplir su palabra, cosa que no podía hacer si todos en la ciudad supieran que fue atrapado en el primer día de la academia "espiando a las chicas".
Tomando una rápida decisión, tomo el taladro de mano, lo metió en uno de sus bolsillos, sujeto a los pervertidos tapando sus bocas para evitar que hicieran algún ruido y los cargo con la máxima velocidad que pudo hacia uno de los casilleros del lado masculino de los vestidores, aunque al estar todavía confundidos por los golpes a la cabeza no se encontraban en condiciones para oponer resistencia. El castaño abrió la puerta de un casillero y se metió con los dos chicos frente a él, cerrando la puerta un segundo antes de que un grupo curioso de chicas entrara por la puerta del vestidor, todas y cada una de ellas mirando los alrededores del lugar, posiblemente buscando el origen del sonido que habían escuchado.
Issei vio a lar chicas por la pequeña rejilla que se encontraba en la puerta del casillero y tuvo que admitir que sus compañeras contaban con un buen físico, aun desde la distancia podía notar las formas atléticas y los cuerpos algo desarrollados de las chicas, algunas vistiendo el traje de gimnasia mientras otras portaban el uniforme escolar, si bien no aceptaba las acciones del dúo pervertido que estaba salvando podía admitir que tenían un gusto decente al menos en cuanto a las chicas que querían espiar se refería.
Luego de varios segundos de tensión para el castaño, las chicas dejaron el lugar lentamente, confundidas por no saber el origen del sonido que habían escuchado pero sin una razón real para quedarse más tiempo en el vestidor del género contrario. Aun después de que dejaran el vestidor Issei se mantuvo firme y solo después de medio minuto finalmente dejo salir un suspiro de alivio al no escuchar voces femeninas o pasos durante todo ese tiempo, al sentirse seguro utilizo a los pervertidos para abrir la puerta y luego los soltó dejándolos caer al suelo de cara, sorprendentemente la caída no causo mucho ruido que podría alertar a más estudiantes para que investigaran el vestidor.
El castaño sacudió sus manos juntas para limpiarlas como si hubiera hecho un buen trabajo para luego dirigir sus ojos marrones entrecerrados al dúo que se estaba levantando lentamente del suelo, aun sujetando sus cabezas debido al dolor que lentamente se estaba dispersando, dando paso a la confusión y, segundos después de que sus ojos se figaran en el castaño, la ira reemplazo a estos dos sentimientos al hacerse una idea de lo que habia pasado mientras estaban confusos.
—¡Oye bastardo! ¡Arruinaste nuestra oportunidad de ver esos magníficos pechos desnudos de primera mano!— grito el calvo mientras caminaba amenazante hacia un despreocupado Issei que simplemente los miraba con molestia en sus ojos.
—¡Si! ¡Aun cuando estaban cubiertos mi medidor indico que eran de muy alta calidad!— le siguió el chico con gafas moviente ligeramente sus lentes, haciendo que la luz se reflejada en ellos ocultando sus ojos y el castaño juraría que vio números pasando detrás de estas, los cuales desaparecieron tan rápido que parecieron una ilusión.
—Escúchenme dúo de pervertidos, en lugar de estar armando un alboroto porque evite que cometieran una estupidez deberían agradecer que no deje que las chicas los atraparan por despecho.— respondió Issei a sus gritos de forma calmada pero con un tono de molestia claro en su voz, no quería lidiar más de lo necesario con estos sujetos, no llegara a darse el caso que su perversión se le pegara.
—¡Esas chicas no nos abrían descubierto en primer lugar si no nos hubieras golpeado!— el pelinegro lo acuso cuando se encontraba a pocos pasos de él levanto un dedo acusador que dirigió al chico que les habia negado a él y su amigo lo que ambos consideraban el cielo en la tierra.
—No me importa lo que crean, solo lárguense de aquí antes de que tenga un cambio de corazón y llame a esas chicas para que la justicia femenina caiga sobre sus cabezas.— el castaño rodo sus ojos y se giró sobre sus talones para dirigirse hacia la salida, metió una de sus manos en uno de sus bolsillos y saco el mini taladro, agitándolo perezosamente sobre su hombre.— De todas formas me quedare con esto, no confió en que no seguirán haciendo esto cuando me vaya.— el tono despectivo en su voz solo avivo las llamas de la ira de los pervertidos, no solo se les fue negado su vistazo al cielo, sino que también se estaban burlando de ellos como si no fueran nada.
Las cosas no se quedarían así, sus orgullos masculinos no les permitirían vivir con el conocimiento de haber sido humillados tan fácilmente, tenían que vengarse. Una idea pasó por la mente del pelinegro con gafas al quedarse viendo fijamente la retirada del castaño, una sonrisa perversa siguió al pensamiento cuando una de sus manos subió hacia sus lentes, una pequeña luz roja se activó al costado del cristal derecho y una apertura se abrió en el lado contrario, revelando una pequeña cámara oculta, con un simple golpe a un botón debajo de la luz roja, la luz paso a blanco y se tomó una foto, con un sonido especialmente fuerte que detuvo en seco a Issei, el pelinegro le dirigió una sonrisa al calvo y este entendiendo la situación corrió junto a su compañero en el crimen contra el castaño
—¿Qué fue...?— no pudo terminar su pregunta cuando el taladro fue removido de sus manos, dos pares de manos lo tomaron por cada hombro y fue estrellado contra la pared que dividía ambos vestidores, instintivamente casi levanta su mano izquierda para defenderse pero hizo un esfuerzo consiente para frenarse, la violencia sin sentido no arreglaría nada por lo que dejaría que las cosas se desenvolvieran como estos chicos querían a menos que ellos convirtieran el conflicto en uno físico primero.
—Ahora escúchanos pequeño bastardo, acabo de tomar una foto utilizando mis increíbles lentes para espiar, justo en este momento, una foto incriminatoria que te muestra con el taladro en tus manos se está subiendo a mi nube personal, si no quieres que la publique tendrás que cumplir con nuestras demandas.— la sonrisa arrogante del pelinegro se extendió al rostro de su amigo cuando pensamientos sobre cómo podrían vengarse de este pobre bastardo pasaron por las mentes de ambos pervertidos.
Issei considero sus opciones, las cuales realmente no eran muchas en ese momento, hiciera lo que hiciera, incluso si cumplía con las demandas de los pervertidos, que aun ni siquiera conocía, podrían subir la foto y lanzarlo a la zanja donde ellos mismos abrían caído, no tenía duda que solo la foto y el agujero serian suficiente para sepultarlo figurativamente sin la oportunidad de explicarse, aunque dijera la verdad, una prueba visual se sobrepondría a la palabra de un solo chico, especialmente cuando era la palabra del acusado, esa era la verdad de la sociedad actual, donde una foto con el contexto adecuado podría hundir la vida de una persona con un solo click. Aunque podía haber una solución, sea lo que quisieran esos pervertidos, seguramente lo mantendrían cerca para que no los expusiera antes de que ellos lo hicieran, un plan surgió en su mente cuando abrió su boca para responder al dúo que lo mantenía contra la pared.
—Los escucho.— habló en un tono derrotado, pero mentalmente comenzó a planear una forma de ganarse la confianza de esos bastardos para así acabar con ellos desde dentro, podría tomarle tiempo, pero un día, el dúo de pervertidos que se atrevió a meterse con Hyoudou Issei caería y la justa furia de la venganza se cerniría sobre ellos.
Un año después.
Los sonidos de gritos de furia femenina y aullidos de dolor recibieron un nuevo día en la Academia Kuoh como los estudiantes se habían acostumbrado luego de su conversión a educación mixta. A las afueras del salón del club femenino de Kendo se podían ver a todas las miembros del club utilizando sus Boken para golpear una figura magullada en el suelo, lo único que se podía notar claramente entre la lluvia de madera era una cabellera castaña fácilmente reconocible.
Durante al menos dos minutos, las chicas no se detuvieron, lloviendo una ráfaga de golpes sin ningún cuidado por la seguridad de un adolorido Hyoudou Issei que a duras penas, y a través del gran dolor que recorría su cuerpo, utilizaba sus brazos para defender su rostro de los incontables ataques, no le importaba el resto de su cuerpo, brazos, piernas o incluso su estómago, solo bastaba un buen golpe en la cabeza con una de esas espadas de madera para que algo terrible pasara, y tanto no quería morir como no quería que estas chicas se convirtieran en asesinas, más cuando técnicamente se merecía lo que le estaba pasando, aun si no era su intención hacer lo que habia estado haciendo el último año.
Si se llamara infierno a su primer año dentro de las paredes de la Academia Kuoh sería una subestimación, debido al material de chantaje que tenían los dos chicos, que ahora sabía se llamaban Matsuda y Motohama, tuvo que unirse a su grupo, lo que les hizo ganar el despreciable nombre del "Trio pervertido". Los pervertidos lo obligaron a actuar como uno de ellos, hablando y actuando como un pervertido total mientras se encontraba dentro de las paredes de la escuela, no solo eso, sino que también tuvo que ayudarlos a cumplir con sus fantasías de espiar a cada chica que estuviera en su rango de visión, y quedándose detrás cuando los descubrían para recibir las palizas "por el equipo".
Ahora no estaba seguro si habia tomado la decisión correcta al permitir que esos bastardos pervertidos se salieran con la suya, su reputación habia sido arruinada de todas formas, quizás peor que simplemente se hubiera publicado la imagen incriminatoria, quizás así simplemente lo habrían expulsado y habría iniciado en otra academia de la ciudad. Por alguna razón, en este punto donde se habia echo más que obvio que tanto el cómo sus supuestos "amigos" realmente espiaban a las chicas y decían cosas francamente repugnantes, no habían sido castigados más allá de una llamada de atención del consejo estudiantil, se preguntaba porque el director permitía tal comportamiento en la escuela, seguramente los rumores y evidencia se expandirían por el resto de la ciudad y la reputación de la academia caería en picada, debía haber una razón por la cual no los echaban, algo que el desconocía.
Issei fue devuelto a la realidad cuando una de las chicas finalmente pudo romper su bloqueo de brazos y acertar un fuerte golpe en su barbilla, levantando su rostro y haciendo que escupiera varias gotas de sangre al aire, finalmente sacando de su furia ciega a las miembros de club de Kendo, que al ver una muestra real de daño físico se sintieron satisfechas y se alejaron sin darle un segundo vistazo al maltrecho castaño, quien estuvo recostado con la mirada en el cielo durante los próximos minutos, sin importarle que la campana que indicaba el inicio de las clases sonara en la lejanía, al igual que con su actitud, aunque faltara varios días a clases, lo cual habia comprobado por simple curiosidad, nunca se le castigo realmente por eso, algunos días simplemente se alejaba de la mierda que era su vida escolar y no asistía a las clases, prefiriendo tomarse su tiempo para mantener activa su correspondencia con su amigo de la infancia, claro que ocultándole sus problemas escolares, no quería preocuparlo por algo que se aseguraría de arreglar tarde o temprano, aun con sus faltas y "mal comportamiento", siempre se mantuvo con un promedio aceptable, estando en el medio de su clase en la mayoría de asignaturas.
Se quedó mirando las nubes durante lo que parecieron horas sin preocuparse realmente por sus heridas, aunque se dañara gravemente, siempre y por alguna razón se recuperaba a una velocidad que podría considerarse anormal, una cortada de papel no dejaría ni una cicatriz en dos horas, un esguince podría arreglarse en un día, incluso sus palizas solo le dolían realmente por una media hora como promedio, un poco más si realmente se desquitaban y lo usaban como saco de boxeo. Lo que tenían en común todas esas recuperaciones aceleradas era que siempre, sin falta alguna, comenzaban por su brazo izquierdo, su mano dominante, después de cada paliza siempre era capaz primero de mover perfectamente esa extremidad antes de que el resto se curara a una velocidad similar, aunque aún superior a la media que investigo en internet cuando vio como un pequeño corte que se hizo al cocinar la cena para sus padres desaparecía antes de irse a dormir.
En esos mismos momentos ya era capaz de utilizar al 100% de sus capacidades su brazo izquierdo, mientras que a duras penas podía mover los dedos de la mano derecha, una calidad confortable amortiguaba el dolor con cada segundo que pasaba, algo similar al sentimiento de un viejo amigo al que no habías visto en mucho tiempo dándote una visita sorpresa luego de un día agotador de trabajo. Era extraño describirlo así, pero ese era el tipo de sentimiento que pensó sentiría cuando volviera a ver a Shidou, ya sea que el fuera a visitarlo a Inglaterra o que el viniera a Japón, posiblemente sería la primera opción primero, quería fuertemente encontrar una razón para dejar atrás su vida en Kuoh aunque fuera por unas semanas, las miradas que recibía, los comentarios mordaces y palizas constantes estaban haciendo mella en su vida y preferiría tomarse un respiro largo de la academia si fuera posible.
Afortunadamente para él, no tendría que soportar esa vida por mucho tiempo más, o eso esperaba, ya que finalmente habia logrado acumular la evidencia suficiente para delatar al verdadero dúo pervertido como lo que eran, extorsionadores que se salían con la suya contra alguien incapaz de defenderse sin ser hundido con ellos. Pese a sus apariencias y personalidades tontas realmente eran cautelosos, y muy pocas veces le daban información que podría utilizar como pruebas en su contra, solo tenía pocas capturas de conversaciones donde admitían que disfrutaban torturándolo al volverlo un pervertido para todos en la escuela, pequeños audios de burlas y más las cuales tuvo que ser rápido para guardar antes de que eliminaran la evidencia, ya que como precaución eliminaban cualquier evidencia dentro de dos segundos, dándole solo el suficiente tiempo para leerlos si estaba atento, habia perdido bastante evidencia por esto mismo, pero ayer finalmente habia conseguido una prueba completamente incriminatoria, nada más y nada menos que una confesión de ambos chicos.
Si bien se habían mantenido cautelosos casi todo el primer año, cuando entraron al segundo año sus medidas bajaron notablemente, pensó que se debía a la seguridad de que, con todo lo que le habían hecho hacer, nadie nunca le creería si dijera la verdad, pero esa fue su caída, ya que el día anterior habían cometido el fatal error de burlarse de él cuándo las clases habían terminado, Issei habia notado el cambio en sus actitudes y la notable disminución de sus medidas para evitar que consiguiera pruebas, aunque aún estaban presentes como para dificultar su tarea, por lo que comenzó a llevar consigo equipamiento extra que habia comprado por internet especialmente para usarlo en una situación como esta, una pequeña cámara casi imperceptible colocada en su chaqueta y una grabadora de audio, ambos conectados a un dispositivo en la palma de su mano que, con un simple toque, comenzaría a gravar tanto la imagen como el audio frente a él, enviándolo en tiempo real a una nube privada para su uso posterior.
Los pervertidos cometieron el error de llevarlo al mismo vestidor donde se habían conocido por primera vez, Motohama, el chico de gafas, se habia regodeado durante varios minutos sobre como su "magnífico plan" habia resultado perfectamente como lo esperaba, admitiendo frente a la cámara, sin que lo supiera, todo lo que Issei necesitaría, el último clavo figurativo que puso sobre sus ataúdes fue mostrarle directamente al castaño el mismo taladro que habia sido utilizado para crear el agujero, que Issei se aseguró de incluir en la grabación volteándose un poco, no solo admitieron haberle hecho eso a él, sino que también lo habían estado haciendo con otros estudiantes en sus escuelas anteriores para salirse con la suya sin necesidad de sufrir los castigos más pesados ellos mismos, admitieron que por sus culpas, varios estudiantes fueron expulsados por las cosas que les obligaron a hacer, fue más información de la que esperaba, pero no dejaría escapar la oportunidad para hundir aún más en la miseria a esos bastardos, ahora no solo por el mismo, sino también por todas sus víctimas pasadas y evitar las victimas futuras.
Con una nueva determinación en sus ojos, se levando del suelo con todas sus heridas curadas casi por completo y comenzó a dirigirse hacia unos arbustos cercanos, donde habia ocultado su mochila para evitar que lo que se encontrara dentro fuera dañado o destruido, si bien la información no se perdería no quería pasar un día más viviendo esas condiciones impuestas por los pervertidos. Se colocó la mochila sobre un hombro y corrió en dirección a la oficina del director de la Academia, si bien no castigaban los actos pervertidos estaba seguro que un caso tan claro de acoso y extorción seria revisado y penalizado por los altos mandos, si no lo hacían ellos, el mismo publicaría la información en algún lugar como internet para evidenciar esta actitud, posiblemente incluso la deficiencia del sistema de la escuela que no castigaba las conductas inadecuadas o el acoso escolar entre los propios estudiantes.
Ignoro las miradas sucias que le daban tanto los estudiantes masculinos como femeninos para solo centrarse en su objetivo, subió hasta el último piso del nuevo edificio de la escuela, el viejo aparentemente habia sido utilizado por el nuevo "Club de Investigación del Ocultismo" ya que, tras la llegada de más estudiantes de nuevo ingreso de lo esperado, se habia construido un nuevo edificio que pudiera acomodar fácilmente a todos los alumnos, tanto nuevos como viejos. Solo se detuvo cuando llego a las afueras de la puerta que daba hacia la oficina del director, a un costado de esta se encontraba un escritorio lleno de papeleo con una hermosa mujer de cabello plateado detrás, que extrañamente utilizaba un traje de sirvienta de color azul que hacia juego con sus ojos del mismo color. Se dirigió hacia la mujer que actuaba como la secretaria del hombre al que quería ver lentamente y toco el escritorio con un poco de fuerza para llamar su atención.
—Disculpe señorita...— sus ojos se fijaron en una placa de metal colocada frente al escritorio para leer el nombre de la que suponía era la secretaria.— Lucifuge, estoy aquí para hablar con el director, tengo algunos asuntos importantes que hablar con él.— su tono era neutral pero sus ojos demostraban la urgencia con la que quería reunirse con el hombre a cargo de la Academia.
La peliplateada movió sus ojos del papeleo que estaba realizando para dirigirle una mirada poco expresiva al chico que la habia interrumpido de hacer sus deberes, casi instantáneamente cuando vio al castaño parado frente a su escritorio, una mirada de reconocimiento cruzo brevemente por sus ojos, tan rápido que Issei casi se pierde la reacción, ya que un instante después la mirada sin emociones volvió a su lugar, como si nada hubiera pasado.
—¿Eres... Hyoudou Issei de segundo año verdad?— pregunto la mujer con una voz melodiosa pero con un tono sin emociones que sonaba sobrenatural, como si no existiera realmente ninguna emoción dentro de la mujer sentada frente suyo, el castaño solo pudo asentir a la pregunta luego de unos segundos de incomodidad por el tono de voz de la peliplata, algo dentro de él se movía de la forma incorrecta cuando veía a la bella secretaria.— El director Veliatan está disponible en estos momentos, puedes entrar.— su respuesta corta y directa solo hizo que la incomodidad del chico se hiciera más grande, pero simplemente asintió y camino hacia la puerta sin darse cuenta que los ojos entrecerrados de la causa de su incomodidad lo seguían con cada paso que daba.
Issei tuvo que tragar el nudo que repentinamente se habia formado en su garganta, su breve interacción con la secretaria del director, Grayfia Lucifuge si habia leído correctamente, habia echo que sus nervios se dispararan de una forma que nunca habia sentido antes, era como si su instinto le advirtiera de algo que su mente no podía entender, como si la mujer con la que habia estado hablando tuviera una máscara que ocultaba algo que no podía llegar a comprender, un sentimiento primitivo en lo más profundo de su cuerpo que a duras penas pudo reprimir, algo que podía comparar con las descripciones del llamado instinto de "Pelear o huir" del que habia leído y escuchado hablar.
Su incomodidad solo creció cuando acerco su mano al pomo de la puerta antes de detenerse en seco, casi habia olvidado sus modales por culpa del sentimiento que aun persistía después de haberse alejado unos cuantos metros de la peliplata, en lugar de simplemente girar el pomo movió su mano izquierda para golpear levemente la madera oscura de la puerta con los nudillos, haciendo un sonido algo más fuerte de lo que pretendía debido al sentimiento persistente en la parte trasera de su mente, evitando que midiera correctamente su fuerza. Pasaron unos cuantos segundos antes de que una voz masculina, pero con un tono sedoso viniera amortiguada del interior.
—Entre.— dijo la voz del director desde el interior de su oficina, dándole el permiso tácito para entrar a la habitación, lo cual hizo sin perder un segundo, finalmente girando el pomo de la puerta para encontrarse con el director de la Academia que solo habia visto en las pocas asambleas para todos los grados o los discursos de nuevo ingreso
Nada más entrar sus ojos se fijaron directamente en el hombre sentado cómodamente en una silla de cuero negro detrás de un escritorio de madera roja que combinaba con su cabello carmesí como la sangre, ojos azul verdosos con un aire jovial en ellos que disperso casi por completo el sentimiento que lo carcomía desde dentro, como si emitiera un aura que negara los efectos de la presencia de su secretaria perfectamente.
—Debes de ser el joven Hyoudou-kun, es un gusto conocerte cara a cara, por favor, toma asiento.— señalo una de las sillas colocada frente a su escritorio causando que los pies del castaño se movieran solo y, antes de que se diera cuenta, Issei se encontraba sentado frente al feliz director de la Academia Kuoh.— Puede que ya me conozcas pero se me educo para ser cortes con todas las personas.— el pelirrojo se levantó de su silla, demostrando que su altura era superior a la media japonesa e hizo una reverencia formal que fue devuelta torpemente por el aun sentado Issei.— Mi nombre es Sirzechs Veliatan, director de la Academia Kuoh...— levanto su rostro levemente y dirigió una mirada penetrante a los ojos castaños del alumno.
Fin del capitulo.
