Capítulo 2: Cambios de una vida.
Issei se encontró a si mismo relajado más allá de su comprensión sentado en la silla de la oficina del director Sirzechs Veliatan, por alguna razón la presencia del hombre era tan confortable que cualquier preocupación que lo habia estado carcomiendo por dentro se habia desvanecido en el aire como si de la nada de hubieran hecho polvo, sin dejar un solo rastro de su existencia en su mente. Sus dudas sobre que este hombre pudiera resolver su problema desaparecieron, el pelirrojo irradiaba un aura que transmitía tanta confianza como si pudiera ser capaz de cumplir con cualquier afirmación que hiciera, que sería capaz de hacer lo imposible si se lo proponía.
—¿Entonces dime, Hyoudou-kun...— La voz del hombre lo saco de su cómodo estupor al castaño, devolviéndolo a la realidad peor sin una pizca de nerviosismo en su ser, el efecto del sujeto sentado frente a él no habia desaparecido en absoluto.— ...Que te trae a mi oficina?— preguntó dirigiendo una amable sonrisa al estudiante para eliminar cualquier resto de las inseguridades del chico.
—Sí, claro, tengo varias cosas que decirle, pero para resumirlo quiero que vea esto.— aclaro su mente sacudiendo físicamente su cabeza y metió una mano en su mochila, detrás de sus libros, en un compartimiento secreto que el mismo habia tejido en la parte más escondida dentro de la oscuridad, sacó una pequeña memoria USB y se la tendió a un ahora interesado director, remarcado por una sola ceja alzada.
Con gentileza, Sirzechs tomó la memoria de las manos del castaño y saco desde debajo de su escritorio una laptop de última generación de color rojo, parecía que al hombre le gustaba combinar todo a su alrededor con su tono de cabello. Sin pensarlo dos veces, el pelirrojo inserto el dispositivo de almacenamiento, abriendo sin pestañar la carpeta que se generó en su escritorio y comenzó a ver el contenido sin pausar un solo segundo. Durante algunos minutos, lo único que se pudo escuchar en la oficina fue el sonido de los clics de la laptop y algunos murmullos que Issei no pudo captar, el silencio solo se rompió cuando el director abrió el video y la confesión comenzó a resonar por la habitación, el único cambio en la expresión que pudo captar en el rostro del estoico hombre fue un pequeño movimiento de sus labios, hacia arriba o hacia abajo eso no lo pudo definir.
Cuando el video termino el pelirrojo cerro la laptop lentamente y devolvió la memoria a su dueño, quien simplemente la guardo en el mismo lugar en el que habia estado antes de volver su mirada fijamente a Sirzechs. El director de la academia Kuo se encontraba mirando al techo con una expresión pensativa en sus facciones, aparentemente meditando sobre lo que debía hacer con la nueva información, o eso supondría Issei si alguien le preguntara en el momento, aún con la expresión en su rostro, difícilmente podría decir que podía leer el comportamiento del hombre, casi como si algo externo a le impidiera discernir claramente sus intenciones, aun cuando lo estaba mirando fijamente.
—Yo... agradezco las pruebas que acabas de presentarme.— finalmente, luego de un minuto completo de mirar al techo, los ojos aguamarina del hombre se fijaron en el estudiante mientras hablaba.— Lamento que hayas tenido que pasar por eso, tendré que tomar algunas medidas para prevenir que algo similar a esto vuelva a pasar.— sus palabras salieron con un tono de disculpa impregnado en ellas, resaltando la disconformidad y el arrepentimiento que formaba en el hombre enterarse que algo así habia sucedido en sus narices.— Tomate una semana libre de la escuela para alejarte de todo esto, recuerdo haber recibido varios informes sobre las "actividades" que te obligaron a hacer, y dudo que tome un solo día para convencer a todos que fuiste coaccionado para realizarlas, en una semana estoy seguro que todo estará arreglado, te mereces ese tiempo, por cierto, gran trabajo de recopilación de pruebas, podrías utilizar esas habilidades para convertirte en un detective o policía si quieres.— una risa jovial salió de los labios del pelirrojo cuando termino de hablar, eliminando el aire tenso que se habia formado en su disculpa formal hacia el joven sentado frente a él.
Los hombros de Issei se relajaron visiblemente cuando dejó escapar un suspiro de alivio que no sabía estaba conteniendo, escuchar esas palabras lo tranquilizo hasta el alma, podía sentir que todas sus preocupaciones desaparecían, dejadas atrás en favor del sentimiento de logro personal que suponía haber cumplido con el objetivo final de su plan, si bien sufrió más de lo necesario, esas palizas eran excesivas en su mente, al final podría cumplir con su cometido, y por lo que habia descubierto estaba seguro que el castigo sería equivalente a lo que sufrió durante su primer año en la Academia Kuo, y esperaba, deseaba con todas sus fuerzas, que fuera incluso peor, quizás una paliza colectiva de todo el plantel femenino sería adecuado, lo que daría por ver a esos bastardos llorar por misericordia mientras sus masculinidades eran pisoteadas sin descanso.
—"Nota para mí mismo, ve a ver a un psiquiatra para lidiar con esa voz."— anotó mentalmente como un recordatorio para más tarde, puede que lidiar con tanto sufrimiento sin descanso tanto físico como emocional por un año completo dejara algunas secuelas inesperadas en su psique, como un lado sádico por ejemplo.
Expreso físicamente su agradecimiento al levantarse de su asiento y realizando una reverencia completa hacia el director de la academia que solo le devolvía una sonrisa complacida por ser capaz de ayudar a uno de sus estudiantes, aunque fuera tarde. Las palabras no podrían describir lo agradecido que se sentía en ese momento, por lo que Issei simplemente se levantó de su reverencia y asintió con la cabeza, una sonrisa enorme plantada en su rostro dirigido al pelirrojo que devolvió la sonrisa con una alegría equitativa. Solo hizo falta un movimiento de muñeca del director para que el castaño saliera disparado rebosante de alegría por la puerta sin mirar atrás, perdiéndose como la secretaria Grayfia se levantaba de su escritorio y se dirigía a la oficina que acababa de dejar.
Después de un año de haber sido reprimido figurativamente hablando, finalmente poder respirar el aire fresco de la Ciudad de Kuo, sabiendo que su vida nuevamente era suya para hacer lo que quisiera con ella, era una sensación que lo llenaba de una vitalidad increíblemente alta, sentía que nada lo detendría, ni siquiera dios tendría el coraje para interponerse en su camino para disfrutar su vida. Hizo una línea recta desde la escuela hacia su casa, pasando por el mismo puente que habia recorrido cientos de veces a una velocidad cegadora, perdiéndose por poco los sonidos de una voz femenina llamándolo a la distancia. No le importaba en lo absoluto, muy posiblemente era una de las chicas de su Academia que quería extender sus palizas fuera de la escuela, bueno, no dejaría que eso pasara, así que aunque escucho un poco de la voz llamando su nombre no se detuvo y siguió corriendo hacia su casa.
No tardo ni media hora en llegar a su hogar, aunque tuvo que descansar durante algunos minutos en la entrada de la vivienda para recuperar su aliento junto con algo de resistencia. Pasados esos cortos minutos entro por la puerta sin tocar y vio a sus padres charlando animadamente en la sala de estar, conversación la cual murió cuando lo vieron entrar como si anda estuviera mal en el mundo, aunque todavía no era ni de cerca la hora de salida de la escuela. De hecho, solo se habia ido hace dos horas y que estuviera de regreso tan temprano les parecía un mal augurio, al menos desde sus perspectivas.
—¿Qué paso Isse? ¿Te expulsaron por ser demasiado pervertido?— preguntó su padre, Hyoudou Gorou, con un tono de broma que fue recibido con un golpe en el hombro de parte de su esposa y madre de Issei, Hyoudou Kashira, que tenía una mirada molesta en sus rasgos, pero sus ojos revelaban lo diversión de la broma interna de su familia.
—Sí, ahora me dedicaré a encerrarme en mi cuarto y masturbarme con novelas visuales poniéndome en el lugar del protagonista.— les dedico una sonrisa de ojos cerrados para seguir con la broma de su padre, el tono sínico de sus palabras pasado por alto, aunque para darles una pista real saco de su mochila una reconocible memoria USB que hizo que las miradas falsas en los rostros de sus padres se reemplazaran por sonrisas reales llenas de felicidad.
Pese a sus intentos no habia podido ocultarles la verdad a sus padres durante más de una semana, incluso para sus estándares de alta curación, algunos días las palizas eran tan extensas y frenéticas que algún que otro moretón quedaba visible lo suficiente como para que una vez su madre se diera cuenta de él. Al principio se negó a responderles, pero bajo algo de presión finalmente se rompió y les conto lo que estaba sucediendo, tuvo que retener físicamente a su padre para evitar que fuera a la escuela y le diera una parte de su mente al dúo de pervertidos y la pésima dirección de la escuela que permitía ese nivel de acoso. Tardo casi una hora completa para convencerlos de que su plan era la opción menos perjudicial para todos, menos los pervertidos a la larga, no quería destruir la reputación de la academia por algo que se podría arreglar de una manera técnicamente más pacifista.
Y mostrar la memoria a sus padres con una sonrisa en su rostro les indico que su plan habia tenido un gran éxito, por lo que ambos se levantaron de sus respectivos asientos y se dirigieron hacia el castaño para darle un fuerte abrazo de felicitaciones además de consuelo por todos los males que habia sufrido en silencio, sin mostrar a nadie, excepto sus padres, el dolor que le causo los maltratos injustificados de sus compañeros estudiantes. Solo ahora, dejo salir las lágrimas que habia estado conteniendo durante el año pasado, dejado salir la frustración, dolor e ira que lo habia estado atormentando al verse obligado a cumplir con las demandas de esos bastardos además de ser maltratado física y psicológicamente por personas que no hicieron un solo intento por entender que habia pasado, incluso algunos de sus compañeros de años pasados le dieron la espalda y no dudaron un segundo en tildarlo como un mártir entre los pervertidos.
Sus padres solo apretaron su abrazo cuando sintieron la humedad abrirse paso por sus ropas, seguidas de cerca por los sollozos ahogados finalmente liberados de su represa emocional. Pese a sus deseos más internos de ponerle fin al abuso que se estaba llevando acabo contra su hijo, los padres de Issei sobrepusieron la fe que tenían en su hijo sobre todo lo demás, por fuera debían de actuar como si nada estuviera mal para no molestar más de lo que ya estaba a su hijo, no querían poner el peso de sus inseguridades y preocupaciones en los hombros del castaño. En lugar de eso, pasaron un tiempo liberador en el sótano de su casa desquitando sus sentimientos negativos de una forma más recreativa mientras Issei se encontraba en clases, pero esperaban que Issei nunca tuviera que enterarse de lo que pasaba ahí abajo, sería demasiado complicado de explicar.
Mientras el castaño liberaba todas sus emociones reprimidas no noto como los cuerpos de sus padres se ponían rígidos levemente, sobre su cabeza, ya que tenía la cara plantada en el pecho de su padre, ambos progenitores del chico se miraron a los ojos con una chispa de preocupación y reconocimiento en sus orbes, cada uno sabía que el otro habia notado lo mismo y eso encendió algunas alarmas en las mentes de ambos. Se dirigieron un leve asentimiento entre sí, posponiendo la conversación tasita para después de que su hijo tuviera un momento de liberación, dejarían que expresara todas sus emociones reprimidas y, si era necesario, se quedarían así durante todo el día y la noche para consolarlo, después de todo, era el deber de un padre velar por la seguridad de sus hijos, aun a costa de sus propios intereses.
Se quedaron en esa posición durante más de una hora, aunque las lágrimas de Issei se habían detenido cerca de la mitad de ese tiempo, habia secado casi por completo las emociones negativas que se originaron en su corazón lo máximo que pudo, pero dudaba que la pequeño chispa de rencor que se habia originado en un principio algún día llegara a desaparecer, esas dudas como ¿Por qué permitieron que las cosas pasaran? ¿Nadie comprobó los antecedentes de esos bastados? ¿Sabían lo que le estaban haciendo? ¿Por qué no hicieron nada para detener las palizas? Preguntas irracionales pero que alimentaban las brasas del odio en su corazón. Se mantuvo en el abrazo durante el resto del tiempo simplemente para disfrutar de la calidez de sus padres, hacía mucho tiempo que no se habia detenido para simplemente darles un abrazo y agradecerles por todo lo que habían hecho por él, su vida dio inicio con ellos y se aseguraría de dedicar hasta el último de sus segundos para honrar el regalo que se le habia otorgado de parte de sus padres.
—Creo que ya es suficiente, papá, mamá.— murmuro por lo bajo con la voz un poco quebrada, aún tenía que recuperar su voz después de haber llorado por tanto tiempo seguido, además tendría que limpiarse la cara antes de hacer cualquier otra cosa, podía sentir la humedad aun bajando por sus mejillas y algo de mucosidad en su nariz, se disculparía más tarde por arruinar las camisas de sus padres.
—Claro hijo. ¡Vamos a celebrar que esos bastardos pervertidos recibieron su merecido!— Gorou sonrió brillantemente al castaño menor sin importarle el estado de su ropa, cualquier perdida material era insignificante en comparación con ayudar aunque fuera un poco a su hijo.
—También agrega a la celebración una semana libre de clases, el Director Veliatan trata de compensarme un poco con eso.— se encogió de hombros mientras miraba a sus padres, quienes solo sonrieron más ampliamente ante sus palabras.
—¡Genial! ¡Preparare las cosas para un banquete!— Kashira exclamó con júbilo mientras se dirigía rápidamente hacia la cocina con un poco más de salto de lo necesario en sus pasos.— ¡Querido saca la parrilla, los Hyoudou están festejando en grande!— le hablo a su esposo desde otra habitación, los sonidos de metal y madera chocando entre si resonaron junto a su voz.
Tan el padre como el hijo no pudieron detener la saliva que comenzó a salir de sus bocas entreabiertas, Hyoudou Kashira era alabada y temida a igual escala por sus increíbles dotes para la barbacoa, cuando utilizaba la parrilla familiar en eventos especiales se sabía que los restaurantes perdían el 99% de su clientela, quienes se reunían casi como zombis sin mente propia al lugar donde se podía oler la comida preparada por la madre de Issei. Afortunadamente, aunque solo de varios incidentes que terminaron con muchas personas aleatorias yendo al hospital, habían construido una habitación especial dentro de su propia casa que impedía al exquisito olor expandirse por los alrededores, dándoles algo de privacidad y tiempo familiar cuando tenían sus parrilladas.
—Isse, al principio no estaba seguro de tu idea, pero ahora veo que valió toda la pena, me enorgulleces.— golpeo a su hijo en la espalda con una sonrisa de orgullo en su rostro, haciendo que dicho chico se tambaleara un poco hacia delante por la fuerza detrás del golpe, pero sin embargo igualo la sonrisa de su padre con una de satisfacción absoluta.
—Esto no lo tenía previsto pero no me quejare.— respondió al elogio del castaño mayor con una alegría mayor a su alegría habitual, solo las palabras hacían que su corazón se hinchara positivamente de felicidad.
Sin compartir una sola palabra más entre ellos, los miembros masculinos de la familia Hyoudou se dirigieron al garaje para cumplir con la solicitud de su esposa/madre, ninguno de ellos quería perderse lo que la mujer era capaz de hacer, era casi sobrenatural la habilidad para cocinar carne que poseía. Issei se habia enterado por parte de su padre que ella habia pasado un tiempo como cocinera en un albergue católico donde se conocieron, también fue el mismo lugar donde se hicieron amigos cercanos de la familia Shidou. Luego de escuchar la historia por primera vez le pareció extraño que no se encontrara ningún signo religioso en su casa, cosas que si habia visto en la casa de su amigo de la infancia, como lo eran las cruces cerca de las ventanas y una extraño herradura clavada encima de cada puerta, si sus padres se conocieron en un lugar católico. ¿Eso significaba que antes habían tenido una fe cristiana no? Bueno, eso ya no importaba ahora, simplemente disfrutaría de lo que estaba a punto de venir, solo pensar en la comida de su madre hizo que apareciera una sonrisa tonta en su rostro.
Residencia Hyoudou: Esa misma noche.
Luego de festejar durante varias horas seguidas, la familia Hyoudou habia quedado satisfecha no solo por la comida, sino también porque el bienestar de su primogénito, las autoridades de la escuela ahora tenían que hacer algo al respecto o podrían haber graves consecuencias, Issei mismo tenía la información, y por el hecho de que el director no habia pedido la memoria por más tiempo del necesario para ver las evidencias los padres del chico confiaban en la seguridad de su afirmación al decir que esos bastardos recibirían su merecido. Después de dejar que la comida se asentara en sus estómagos, pasaron un tiempo en familia normal como cualquier otra familia normal, jugando juegos de mesa, charlando sobre sus días, aunque pasaron la mayor parte juntos, y divirtiéndose como si no hubiera un mañana, cuando todo eso termino y ya eran casi las 11 de la noche los tres miembros de la familia se fueron a sus respectivas habitaciones, donde mientras Issei se fue a dormir tranquilamente como un bebe, sus padres tuvieron una discusión silenciosa entre ellos.
???
Las llamas verdes cubrían todo el lugar, no podía escuchar nada más que la carne siendo quemada y los gritos lejanos de desconocidos, caminó por el campo de batalla sin un rumbo fijo, sus ojos vacíos de cualquier emoción fijos en cada cadáver que pasaba o pisaba sin cuidado, las llamas no le afectaban, se abrían dejándole paso para avanzar sin obstrucciones. Seres con características monstruosas o angelicales volaban en el cielo, alas de murciélago, alas con plumaje blancas y negras, pero por sobre los tres tipos de criaturas, habia dos criaturas que peleaban en el cielo, asesinando a diestra y siniestra, casi sin querer, al resto de criaturas voladoras. Dos reptiles gigantes, quizás dragones, uno blanco y otro rojo, batallando como si sus vidas dependieran de ellos, aun a la distancia podía escuchar los impactos y la voz resonante de ambos, aunque solo podía escuchar las mismas palabras repetidas en sucesión.
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También pudo notar que las llamas verdes provenían del dragón rojo, que eran contrarrestadas por pequeñas llamaradas azules que provenían de unas criaturas más pequeñas vagamente parecidas al dragón blanco que lo rodeaban, aunque en lugar de detenerlas simplemente las redirigían a otros lugares, como el suelo a su alrededor. Esos dos seres de gran poder le traían un sentimiento de nostalgia, ¿Por qué trataba de reconocer a esa criaturas? ¿Por qué estaban peleando? ¿Quiénes eran las criaturas a su alrededor? ¿Dónde estaba? ¿Quién era?
—Yo... soy... -...—
???
Issei despertó bruscamente y respirando agitado con un dolor intenso en su brazo izquierdo, quitó sus mantas para aliviar algo del calor que se extendía por todo su cuerpo, a diferencia de todas las veces anteriores, la sensación reconfortante habia desaparecido, dejando solo un ardor comparable a estar siendo cocinado a fuego lento. Sostuvo fuertemente su muñeca izquierda con la mano derecha para intentar frenar el dolor, sin que lo supiera sus pupilas se volvieron rendijas y sus colmillos comenzaron a pronunciarse levemente, afilándose como los de un animal, podía sentir como su corazón se aceleraba con cada segundo que pasaba, pero no sabía que le ocurría, nunca antes habia sucedido algo similar a esto.
Sentía como si algo quisiera desgarrarse desde dentro de su brazo hacia afuera, específicamente una gran presión en el torso de su mano, con cada segundo que pasaba, la sensación se hacía más y más insoportable, ahora no podía comparar su sufrimiento con nada que haya experimentado antes, solo podía imaginar algo que podría causarle un dolor tan agonizante, si lo pusiera en términos de fantasía, creía que sería como ser quemado vivo por las llamas de...
—Un dragón...— murmuro para sí mismo, imágenes del sueño que habia tenido revoloteando por su mente, ahora solo podía recordar vagos aspectos del mismo, pero podía recordar claramente los dos seres que cubrían casi todo el cielo, dragones que utilizaban llamas que no podía sentir en su sueño.
¿Estaban esas dos cosas relacionadas? ¿Todo el dolor estaba en su mente y simplemente su reacción se habia retardado a las llamas imaginarias? ¿Podía alguien realmente imaginar un dolor de tal magnitud por un simple sueño? ¿Podría morir por el dolor imaginario? ¿Era siquiera imaginario? Porque se sentía muy real. La respuesta a su última pregunta llego cuando pequeñas gotas de sangre comenzaron a bajar desde el torso de su mano, cayendo en las sábanas blancas volviéndolas rojo carmesí, como el cabello del director de su academia. Rápidamente y en pánico volvió su mano para poder ver lo que estaba pasando, por primera vez pudo notar un brillo verde escalofriante proveniente de esa parte especifica de su cuerpo, la piel se habia roto, el brillo verde parecía provenir del interior de su piel, un material cristalino de color esmeralda se encontraba debajo y estaba saliendo a un ritmo preocupante.
Antes de que pudiera hacer cualquier cosa para entender lo que estaba sucediendo, otra explosión de dolor atravesó su sistema nervioso, se puso de pie instintivamente por el sufrimiento, alzo su mano hacia el techo, sujetando su muñeca mientras la sangre seguía saliendo a un ritmo más acelerado de su mano, lo que suponía era una gema comenzó a salir más y más rápido hasta que, con un último empujón, que fue acompañado finalmente por un grito de dolor casi animal de Issei, la gema exploto en una luz esmeralda fuera de su mano, seguida de la sangre que cubrió completamente la pared detrás de la cabecera de su cama y obligándolo a caer casi inconsciente de cara a su cama, en sus últimos segundos de conciencia pudo escuchar madera rompiéndose y voces preocupadas ahogadas por el dolor que aún lo recorría, instantes después de sentir una mano sobre su frente, finalmente cayo inconsciente.
Residencia Hyoudou: Dia siguiente.
Issei se despertó con una sonrisa en su rostro y comenzó con su rutina matutina sin ningún problema, se levantó de su cama y fue al baño adjunto a su habitación, cada habitación tenía un baño propio tanto para privacidad como eficiencia, y comenzó cepillándose los dientes con su mano dominante, teniendo cuidado de que el guante negro que solo dejaba expuesto sus dedos y cubrió hasta su codo no se manchara, sabía que quitar la pasta dental del material seria tedioso además de una perdida de tiempo, así que simplemente fue cuidadoso y se tomó su tiempo. Luego fue hacia la bañera sin importarle nada, el guante era resistente al agua y se secaría fácilmente mientras no lo mantuviera mucho tiempo bajo el agua, a veces creía que sus padres le consiguieron la prenda para que no pasara tanto tiempo en el baño.
Después de darse una ducha rápida y secarse se dirigió hacia el comedor donde ya lo esperaban sus padres, como todos los días, Gorou se encontraba leyendo el periódico matutino y Kashira cocinaba el desayuno. Sin ninguna preocupación en su vida, ya que el día anterior habia lidiado con el mayor problema que habia tenido en su relativamente corta vida, Issei se dirigió hacia una de las sillas libres de la mesa donde estaba su padre y se sentó con los ojos cerrados, perdiéndose las miradas discretas de sus padres dirigidas hacia él. Solo tuvo que esperar unos cuantos minutos antes de que la comida estuviera lista, la cual disfruto plenamente, conversando casualmente como antes con sus padres que devolvían las emociones positivas con igual magnitud.
—Escucha hijo.— la atención del castaño menor fue dirigida hacia su padre aun sonriente expectante de lo que quería decirle.— Tu madre y yo decidimos dejarte disfrutar de tu semana libre de clases como quieras como recompensa por todo lo que sufriste, así que nos iremos de viaje hacia Italia para visitar a los Shidou por la semana.— declaró sin dejar caer su sonrisa, su esposa asintió desde su lugar con la misma sonrisa que él.
—Oh hombre, quisiera ir con ustedes para encontrarme con Shidou.— Issei murmuro para sí mismo con los hombros caídos, pero era una elección razonable que él se quedara, alguien debía cuidar la casa y ya que tenía todo el tiempo libre posible sus padres tomaron la oportunidad de visitar a sus viejos amigos a expensar de él, aunque claro, él pensaba hacer lo mismo así que no podía quejarse, quizás aprovecharse de las situaciones estaba en su sangre.
—No te preocupes, la expectativa solo hará que el momento cuando finalmente se reencuentren sea mejor.— su madre trato de consolarlo con unas sonrisa comprensiva sabia lo mucho que extrañaba a su amigo de la infancia y perder una oportunidad así lo molestaría bastante.— ¿Qué te parece si escribes una carta y se la entregamos cuando los veamos?— propuso una solución a medias que inmediatamente hizo al castaño levantarse de su asiento con una sonrisa de mil voltios.
—¡Debiste empezar por eso!— gritó antes de correr en dirección a su habitación donde tenía todo su material de escritura, su hobby preferido era escribir, sentía que podía expresarse mejor de esa manera que con palabras y que fuera la única manera de contactarse con uno de los pocos amigos que habia echo solo le daba un plus.— Quizás debería visitar a ese rubio idiota, perdimos el contacto cuando dejamos la secundaria.— pensó para sí mismo mientras entraba en su habitación rápidamente, habia descuidado al resto de sus amigos debido a la partida de Shidou y ya que tenía el tiempo libre podría simplemente ponerse al día con todos, el último año no solo quemo su libertad sino también su tiempo libre al reunir las pruebas necesarias para salir del problema donde se metió.
Parque de Kuo: Dos horas después.
Los preparativos para el viaje en avión tomaron solo una hora, seguida por un viaje corto al aeropuerto de la ciudad, sus padres querían darle el máximo tiempo solo para pensar así que luego de llegar lo regresaron prácticamente a patadas a la casa donde vivían, sin antes despedirse con un fuerte abrazo que transmitía todas las emociones que las palabras no podían. Cuando estuvo en su casa, Issei saco su vieja bicicleta del garaje y comenzó a vagar por las concurridas calles de la ciudad sin un rumbo fijo, simplemente disfrutando del aire fresco de la mañana en su rostro a alta velocidad, casi choca varias veces al perderse en la sensación por lo que tuvo que bajar la velocidad, y dado que estaba a pocas cuadras del parque central de Kuo, decidió que sería una buena idea detenerse para admirar el paisaje.
Sentado en una de las bancas del lugar plagado del color verde, el castaño cerró sus ojos para dejarse llevar por los sonidos de la naturaleza que lo rodeaban, escuchando atentamente el sonido de los pájaros cantando, sus alas revoloteando en el aire, las pocas ardillas que vivían en el lugar corriendo por el césped o trepando los árboles, los leves movimientos del pasto contra el viento...
—"Espera un segundo."— pensó para sí mismo antes de poner toda su atención en su sentido de la audición, enfocándose para poder comprobar lo que habia pensado anteriormente.
Para su sorpresa, pudo escuchar claramente el sonido del viento golpeando el pasto a su alrededor, no solo escucharlo, estaba distinguiendo entre ambos sonidos, como si separa las pistas de sonido de una canción y pudiera escuchar únicamente la voz o la música. Se concentró en otro de los sonidos que habia de escrito y pudo escuchar a la ardilla que se encontraba en una de las ramas detrás de él, podía saber dónde estaba debido a la dirección de dónde provenía el sonido, no solo escuchaba sus pasos, sino también el sonido de pequeñas mordidas a una alta velocidad, parecía que habia una ardilla suertuda que pudo encontrar una bellota o alguien alimento al animal en su estancia en el lugar público.
Era extraño, nunca antes pudo escuchar esas cosas, ¿Podría ser la pubertad golpeándolo a los 17 años? Pregunta para más tarde, pero ahora tenía algo en mente que debería hacer lo más pronto posible, reencontrarse con un viejo amigo luego de cerca de dos años de distanciamiento seria tardado y habia mucho con lo que ponerse al día, este era uno de sus pocos amigos que estuvo con él un tiempo equivalente a Shidou, pero ellos nunca se llevaron bien entre si cuando eran niños, ninguno de los dos fueron a la casa del otro por ninguna razón, solo podían reunirse los tres en su propia casa, era como un territorio neutral donde podían ser ellos mismos sin restricciones, aunque seguían siendo como perros y gatos.
Issei, perdido en sus pensamientos, no se dio cuando de su entorno hasta que sus pies lo dirigieron a la entrada de una gran mansión en uno de los barrios ricos de la ciudad, sus pies dejaron atrás su mente y en lugar de quedarse quieto actuaron por su propia voluntad y lo llevaron a su destino en lugar de dejarlo sentado en medio del parque sin hacer nada. Sin dudarlo, camino hacia un costado de la reja que protegía la residencia y toco un botón debajo de un dispositivo de comunicación parecido a un altavoz, después de unos segundos, finalmente se atendió su llamada.
—Residencia Phenex, ¿En que puedo ayudarlo?— sonó una voz femenina con tono profesional desde el otro lado del dispositivo, seguramente desde dentro de la propia mansión.
—Soy Hyoudou Issei, vine a visitar a Rizer.— expresó su motivo con una sonrisa en su rostro, que fue contestada no con palabras, sino con la apertura de las grandes rejas después de medio minuto, permitiéndole entrar a la vivienda sin restricciones.
No espero un solo segundo y camino hacia la casa principal, conocía el camino de memoria como la palma de su mano, tantas visitas para divertirse con su viejo amigo en el pasado gravaron el camino como si fueran los nombres de sus padres. No le tomo ni un minuto estar frente a la puerta principal, que toco sin dudarlo un segundo, para ser abierta casi instantáneamente por un chico que conocía muy bien, cabello rubio levemente desalineado, ojos azules de un tono bastante oscuro, sin vestimentas pretensiosas para su riqueza, solo unos pantalones negros, una camisa blanca y una chaqueta roja.
—¡Viejo hijo de puta! ¡Cuánto tiempo!— Rizer exclamo con una sonrisa en su rostro, dándole un abrazo de un brazo al castaño mientras lo adentraba en su vivienda.— ¡Hombre, tengo muchas cosas que decirte, ha sido una eternidad desde que hablamos!— expresó sin dejar que su sonrisa flaquera ni por un segundo, haciendo sonreír a Issei de la misma manera.
—¡Pienso lo mismo rubio bastardo!— la emoción del rubio fue contagiosa y pronto se encontró devolviendo el abrazo de un brazo, colocando el suyo por encima del de su otro amigo de la infancia, dejando que una de las muchas sirvientas cerrara la puerta detrás de ellos.
Fin del capitulo.
