Capítulo 03: Ideales.

Sus llamas lo consumían todo, los demonios a su alrededor lloraban de dolor, suplicando por misericordia, esos bastardos doble cara, pidiendo clemencia cuando hace solo unos segundos asesinaron a toda una aldea de humanos por el simple hecho de poder hacerlo. Poder, el mayor corruptor que alguna vez habría, dale poder a una persona y se corromperá, dale el poder absoluto y se corromperá absolutamente, ese viejo dicho decía la verdad, mientras más poderoso era un ser, más se creían superiores a quienes consideraban más débiles, pero temían cuando algo aún más poderoso los miraba, dando un giro de 180 grados a su personalidad, pero habia una cosa que podía neutralizar el factor corruptivo del poder, algo que solo algunos pocos elegidos tenían, Ideales. Él era la representación misma de los ideales, solo un ser con la verdadera convicción de conseguir sus metas no podía ser corrompido por el poder, todos aquellos que buscaban un sueño por encima de sus capacidades, y buscaban el poder para alcanzarlas era digno de su bendición, si querían cumplir con sus objetivos con toda su alma entonces el estaría ahí, dispuesto a brindarles el poder de remodelar paisajes, para que pudieran cumplir sus sueños.

Solo habia echo eso una vez, un humano, que deseaba con todo su corazón, sin ningún ápice de duda en su ser, proteger a su gente preciosa. Le dio al hombre el poder necesario para salvar a su familia de un ejército de demonios que intentaron destruir su aldea, y cuando termino, devolvió el poder, no se lo quedo o lucho por más, con su único anhelo cumplido, ese humano regreso el poder, capaz de matar a un dios si se lo proponía. Los ideales de ese hombre superaron sus expectativas, tanto que simplemente voló lejos cuando intentaron regresarle el poder, ese humano era digno, cargaba en su interior la voluntad de cumplir sus ambiciones, sin necesidad de nada más, no le importaba el reconocimiento, utilizo el poder que le habia otorgado para borrar de la mente de todos lo que habia hecho, dejando su salvación como un acto divino del dios en el que creían. Ese humano trascendió los principios de lo correcto o incorrecto, solo seguía sus ideales y era algo que podía respetar, incluso admirar, solo existía para cumplir con los ideales de los demás, ejercer como la mano de aquellos que no podían hacerlo por ellos mismos, de aquellos que tenían dudas en su interior, pero aun querían que sus ideales se hicieran realidad.

Por eso estaba aniquilando un ejército de demonios a diestra y siniestra, sus ataques rebotando en sus fuertes escamas, y respondiendo con sus llamas tan calientes, que incluso los más versados en la manipulación del fuego fueron calcinados vivos. Los estaba masacrando, porque la humanidad tenía ideales sobre paz, una paz para su especie, sin importar el coste para el resto del mundo, sin importar cuanto destruyeran o asesinaran, mientras les trajera paz, no les importaba, ese era el retorcido ideal de la humanidad que se vio forzado a seguir. Y empezó con la raza que más males traía al mundo, los demonios, no se apiadaría de las criaturas que intentaban asesinarlo, aunque se vio forzado a matar incluso a los seres menos culpables de los males hacia la humanidad, todo era necesario, sin demonios los ángeles dejarían de enviar a los humanos a encrucijadas suicidas, sin demonios los hechiceros no tendrían formas de destruir establecimientos de humanos al convocarlos, sin demonios, los humanos no perderían sus almas en contratos que siempre terminaban mal para los humanos involucrados, su extinción era necesaria para que el ideal de la paz fuera una realidad.

Estuvo a punto de liberar un nuevo rugido de destrucción cuando lo vio, a la lejanía, un gran ser de dimensiones divinas, que media kilómetros y kilómetros de distancia, con escamas rojas que cubría todo el horizonte, nadie más pareció notarlo, y simplemente siguieron atacándolo, pero él podía verlo, aunque cuando se fijó en él, pudo ver que la parte inferior del cuerpo del ser era transparente, como si fuera solo una ilusión, pero el poder contenido en esa criatura no era una ilusión, podía sentir un poder que ascendía hasta el infinito fuera de sus sentidos, las escamas del dragón le daban un brillo carmesí al amanecer que solo él pudo apreciar. Sus ojos se encontraron, y pese a la distancia pudo escucharlo, su voz poderosa, reverberante, que hacía que todos los huesos de su cuerpo temblaran, pero, al fondo de todo eso, con un tono de ¿Suplica?

No asesines a la humanidad, no cuando todos y cada uno de ellos tienen sus propios ideales por los que vivir

¿A qué se refería con asesinar a la humanidad? ¿Hablaba de los demonios? ¡Absurdo! Solo los humanos se consideraban parte de la humanidad, ¿Y que parte de ellos tenía ideales? Solo eran monstruos sin conciencia que velaban por la destrucción del resto de... se detuvo cuando sus ojos por primera vez se enfocaron en uno de los demonios que estaban intentando protegerse desesperadamente de su ataque total, vio en sus ojos, en su alma, vio miedo, una emoción humana, no la ira o el odio hacia un ser que estaba masacrando a sus fuerzas, sino el miedo a morir, a que todos sus esfuerzos fueran en vano, que no pudiera cumplir con sus ideales. Así que a eso se refería... ese ser podía ver lo que el no, estas criaturas, al igual que los humanos, tenían ideales, ¿Cómo podría llamarse representación de los ideales si no podía darse cuenta que todos los seres vivos tenían un ideal por el que vivir? Tendría que avergonzarse de su propia existencia, obviando al resto de razas al considerarlas inferiores a la humanidad, no, a la raza humana, ellos también formaban parte de la humanidad, solo que él no lo sabía hasta ese momento, miro al dragón rojo que adornaba el horizonte y asintió, finalmente lo habia comprendido.

[Gracias por abrirme los ojos]

Fueron sus únicas palabras antes de volar con sus poderosas alas lejos del campo de batalla, dejando confundidos y aliviados a los demonios detrás de él, tenía que pensar, reflexionar, y cuando tuviera una respuesta a sus preguntas volvería, y traería los verdaderos ideales de la humanidad a flote, ¿Qué era lo que todos querían? ¿Paz? ¿Prosperidad? ¿Guerra? Esas preguntas las tendría que responder antes de poder considerarse una representación de los ideales. Sus escamas carmesí brillaron a la luz del sol que caía, dando paso a una nueva noche en el planeta habitado por la humanidad.

Fin del capítulo.