Capítulo 05: Cenizas.
Se habia unido a un grupo de ángeles caídos, no tenían un nombre, no querían que se les encasillara y/o relacionaran con un grupo de ángeles caídos renegados llamado Grigori, no sabía porque, pero los miembros del grupo al que se habia unido detestaban a los miembros de su especie que seguían a un ex–arcángel llamado Azazel. No le importaba, ellos le habían dado un lugar donde quedarse y comida para sobrevivir, lo encontraron luego de que se habia acercado demasiado a la pelea del Hakuryuuko y el Sekiryuutei, recibió impactos de los ataques perdidos que lo dejaron en un estado muy cercano a la muerte, fue encontrado por una ángel caído de bajo nivel, solo tenía dos alas y no sabía su nombre, parecía que nadie utilizaba un nombre ahí, solo se identificaban por números, el numero 37 fue quien lo salvo. Ella lo llevo con su grupo y cuidaron sus heridas, cuando se curó le dieron la opción de irse, pero prefirió quedarse con ellos, le salvaron la vida y gastaron sus recursos en él, era justo devolverles la cortesía sirviendo a su grupo, un Emperador debía de saber cuándo debía un favor, y haría todo lo posible para proteger a los caídos de sus enemigos.
A diferencia del resto de su raza, los caídos que conformaban su grupo no actuaban sobre sus deseos, en su lugar, ayudaban a almas desamparadas, los alimentaban, vestían, y encaminaban por el buen camino, actuaban más como ángeles que los propios ángeles, se preguntaba porque habían caído, pero no era su lugar preguntar, todos tenían secretos que querían mantener ocultos, ya sea por el dolor emocional que les causaba el recuerdo o la vergüenza que estos conllevaban. Él no los juzgaría, no importaba lo que hubieran hecho para merecer caer en un principio, sus acciones actuales eran las que contaban, mientras los seguía, le enseñaron a utilizar sus artes mágicas, si iba a viajar con ellos pensaron que sería mejor si supiera como defenderse, aprendió magia de luz, no tenía ni una pizca de maldad en su corazón, aprenderla fue fácil, se convirtió en un protector de las pocas personas que lo habían ayudado en lugar de simplemente ignorarlo o patearlo cuando caía desvanecido al suelo sin fuerzas, siempre se recuperaba, pero ahora que estaba con los caídos nunca se quedaba sin fuerzas, quería quedarse con ellos, casi se habia olvidado de su objetivo.
Le agradaba especialmente la líder del grupo, número 1, tenía 10 alas negras, el rango más alto de los caídos le habían explicado que mientras más alas tuviera un ángel, caído o no, estas simbolizarían su rango de poder las 12 alas eran muy pocas, solo 7, de las cuales solo uno de ellos era un caído, Azazel. La número uno tenía cabello morado oscuro que cubría su espalda, ojos rojos penetrantes, siempre llevaba un vestido de sacerdotisa conservador negro y violeta, era la más amable de todos, si tenías un problema acudías a ella, cuando salías de la carpa donde pasaba la mayor parte de su tiempo te sentías como nuevo. Fue a visitarla a los pocos días de unirse a su grupo, habia sentido a los dragones celestiales cerca y quería encontrarlos, pero su sentido del honor le impidió abandonar a sus salvadores, cuando la vio le revelo sus deseos e intenciones, quería una opinión sincera de que debía hacer, seguir con sus ideales, perseguir a los dragones hasta que fuera lo suficientemente fuerte para derrotarlos o quedarse con su grupo, fortalecerse para protegerlos y olvidarse de los emperadores. Solo le tomo un segundo responder sus preguntas.
—¿Por qué no ambas? ¿Quién dice que no puedes seguir con nuestro grupo, y hacerte lo suficientemente fuerte como para someter a esos dragones? Escúchame, no existen caminos definidos para obtener fuerzas, no existe una línea recta, te encontraras con salidas a múltiples direcciones, callejones sin salida y vueltas que te devolverán a donde comenzaste, pero sin importar cuanto tarde, cuantas veces vuelvas al punto inicial, si no dejas que la desesperación te abrume, podras llegar al final del camino, tampoco necesitas cruzarlo solo, habrá gente que te indique el camino correcto, faros de luz que iluminen las calles oscuras, si crees que puedes iluminar tu camino solo con tu determinación entonces puedes irte sin remordimientos, pero si crees en lo más profundo de tu alma, que necesitas un faro para guiarte entonces quédate, fortalécete, y conviértete en la persona que quieres ser, en el Verdadero Emperador de este mundo.—
Lo supo en ese instante, sus preocupaciones eran infundadas, no tenía por qué escoger nada, las opciones eran innecesarias cuando su camino hacia la grandeza estaba tallado en piedra, solo tenía que subir los escalones uno por uno hasta alcanzar la cúspide de su camino. No tenía que recorrer una carretera, pero si necesitaría las luces que guiaran sus pasos, para no caer al vacío cuando sus ojos estén demasiado cegados para saber por dónde pisa, no era perfecto, admitirlo era el primer paso para convertirse en el emperador de los sueños y esperanzas, se fortalecería con los seres queridos que hizo en el grupo de ángeles caídos, saldaría su deuda y seguiría creciendo con ellos al mismo tiempo, cuando llegara el tiempo de declararse como el gobernante de todas las tierras, vería que los sueños de quienes le ayudaron a subir el primer escalón se cumplieran pase lo que pase, una promesa era un juramente de por vida, y prometió sobre las cenizas que lo vieron nacer que ningún mal tocaría la puerta de las bondadosas almas que le salvaron la vida, y si lo hacían de todas formas, el seria quien respondiera, le daría un golpe en el rostro a los problemas y cerraría la puerta detrás de él.
—Lo juro por mi nombre, Ha...|—
Fin del capítulo.
