¡YAHOI! Pues aquí estoy, de nuevo, con nuevo capítulo. A ver qué tal va la cosa. Ya me diréis xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: aroma.

Hora de publicación: 16:53. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


2. Fresco


Naruto observó con marcada satisfacción el montón de papeles que tenía delante. Lo había conseguido. Le había costado lo suyo, pero al fin lo había conseguido.

El primer paso para que la sociedad en la que vivían fuese un poco más justa, sana y libre de prejuicios sin sentido. A su lado, Shikamaru también sonreía, apoyado contra la pared del despacho de su jefe.

―Sabes que vamos a estar en boca de todos, ¿no?―Naruto asintió, todavía sin poder borrar su sonrisa―. Los medios de comunicación se nos echarán encima. Vas a estar en el foco durante un tiempo. ―Naruto se encogió de hombros, aún sonriendo, feliz como una perdiz.

―Es el precio a pagar por hacer las cosas bien. ―Shikamaru asintió, concordando así con el rubio.

―Entonces… ¿Algún candidato para ascender?―Naruto rio.

―Todavía no lo sé. Creo que lo mejor sería esperar un poco. Dentro de unas semanas, si todo va bien, necesitaremos un nuevo director de comunicación. Ahí será nuestra oportunidad'dattebayo. ―Shikamaru asintió, pensativo.

―Es una buena idea: dejar que la idea se asiente, que la gente lo asimile. Aunque… no sé si recibiremos muchas candidaturas. ―Naruto suspiró.

―Lo sé. Los omegas están tan acostumbrados a estar en lo más bajo que igual no se atreven. Tiene miedo. Por eso tengo que demostrarles que yo estoy de su parte. Que si demuestran su valía, siempre tendrán una oportunidad bajo mi ala. ―Shikamaru sonrió.

Naruto volvió a mirar para los papeles que tenía delante y no pudo evitar que la dicha lo recorriera una vez más. Aquel montón de celulosa era la prueba de que él no se andaba con chiquitas. Al fin, los demás empresarios y consejeros delegados de otras empresas empezarían por fin a tomarlo en serio. Incluso intentarían destruirlo. Pero estaba preparado.

Él cumpliría el sueño de su padre. Haría realidad lo que él no pudo y que muchos habían tildado de utopía infantil, el sueño de un idiota con ínfulas de líder.

¿Libertad para todas las castas? ¿Igualdad entre alfas, betas, omegas, deltas y gammas? ¡Impensable! «El sistema funciona» era el mantra de muchos, avalado según ellos por años y generaciones que daban fe de lo bien que iba todo cuando cada ser vivo conocía su sitio, su misión en la vida.

Los alfas lideraban, los betas los ayudaban en esa tarea, los omegas traían vida al mundo y los delta y los gamma hacían aquellos trabajos para los que ni unos ni otros estaban destinados. Si eran camareros ya podían darse con un canto en los dientes.

Sin olvidar las reglas absurdas sobre las relaciones, otra piedra en el camino que él se encargaría de eliminar. En su opinión, que una ley te dijera de quién te podías enamorar, con quién te podías casar o con quién podías tener hijos era el colmo de la estupidez.

Esa ley era la que había condenado a sus padres al ostracismo. La que había conseguido apartarlos de todos los que supuestamente los apreciaban. La que había conseguido que los acabaran matando.

Apretó los labios al pensarlo. Incluso dentro de las propias castas existían «clases».

Era una idiotez. Una que pensaba cambiar en cuanto pudiese.

―¿Naruto?―Parpadeó, regresando a la realidad. Miró para Shikamaru y suspiró.

―Lo siento. Me perdí en mis pensamientos'ttebayo. ―Shikamaru no indagó más. Intuía por dónde había ido la mente de su amigo―. En fin, asegúrate de hacer llegar un comunicado a todos los empleados. A todos, Shikamaru. Sin excepción. ―Shikamaru asintió.

―Redactaré un correo electrónico y adjuntaré una copia de la modificación de la normativa de la compañía, señalando todos los cambios. Al principio nadie se lo creerá. ―Naruto apretó los dientes.

―Haremos que se lo crean. Se van a dar cuenta de que yo no soy otro alfa estúpido que solo quiere humillarlos y apuntalar mi posición. Ya tengo todo lo que necesito. Solo me falta cumplir mi sueño. ―Shikamaru suspiró.

―No lo tienes todo, así que no te pongas tan gallito. ―Naruto lo miró, intrigado por sus palabras.

―¿A qué te refieres?―Shikamaru sonrió, pícaro.

―Te falta lo más esencial para que el éxito de un hombre sea completo. ―Naruto ladeó la cabeza, curiosidad era lo que impregnaba todo su rostro.

―¿El qué?

―Una mujer. ―Naruto abrió los ojos ante la firme sentencia de su mano derecha y amigo.

―¿Q-qué? ¿P-por qué dices eso? ¡Estoy bien cómo estoy!―Shikamaru arqueó una ceja al ver el repentino cambio en la expresión de su jefe.

―Naruto, solo estaba bromeando―aclaró, al ver que el bronceado de su piel se había oscurecido con un tono rojizo―. Oh… ya lo entiendo, ¿alguna omega te ha tilín?―Naruto se giró bruscamente, empezando a ordenar descuidadamente los papeles que tenía encima de la mesa.

―¡Pe-pero qué dices! ¡Sabes que desde Sakura nadie me ha llamado la atención!

―Ah, pero ella prefirió a Sasuke y aquí estás, solo y esperando a la correcta. ―Naruto se tapó el rostro con la mano, preguntándose si es que Shikamaru, ahora, era vidente.

Por suerte, el teléfono móvil del hombre moreno sonó, obligándolo a desviar su atención hacia el aparato y despegarla así de Naruto. El Uzumaki respiró aliviado cuando lo vio irse del despacho, a atender alguna incidencia en alguno de los departamentos, seguro. No le preocupó. Shikamaru era más que capaz de hacerse cargo de cualquier inconveniente que pudiese surgir en el buen funcionamiento de la compañía.

Miró para el reloj. Eran casi las cinco de la tarde. Decidió dar el día por finalizado y marcharse a casa. Aún tenía muchas cosas por repasar. Recogió los papeles que quería terminar de revisar en la tranquilidad de su apartamento, con un buen tazón de ramen de Ichiraku―pediría que se lo llevaran a casa en cuánto llegase―, una cerveza y algún evento deportivo de la televisión. Le encantaban los deportes, especialmente aquellos dónde había más acción como el fútbol, el baloncesto o el hockey.

Sonriendo, se puso su chaqueta y salió del despacho, apagando todas las luces. Avisó a su secretaria de que se marchaba por ese día, que ella podía hacer lo mismo y se encaminó hacia el ascensor. Llegó abajo y sacó su teléfono móvil para pedir un coche. No solía conducir hasta el trabajo. El tráfico en hora punta le ponía nervioso.

―¡Naruto!―Se volvió con el teléfono ya pegado a la oreja y frunció el ceño a la esbelta joven que se le acercaba a paso vivo con una enorme sonrisa en el rostro. Tardó unos segundos en reconocerla, pero luego sonrió y se guardó el móvil en el bolsillo, para poder estrecharle la mano.

―Hanabi. ¿Qué te trae por aquí?―Hanabi amplió su ya de por sí enorme sonrisa.

―Bueno, lo cierto es que he tenido suerte. Supongo que ya te marchabas, ¿no?―Naruto asintió―. Venía a verte, de hecho. Si es mal momento… ―Naruto se puso en guardia, tensando todos sus músculos.

―¿Es por algo en concreto?―Se preguntó si acaso alguien de su empresa habría filtrado la noticia del importante paso que iban a dar. Pero lo descartó enseguida. El consejo de administración sabía con quién se las gastaba. Además, él poseía el sesenta por ciento de la empresa. El otro cuarenta estaba en manos de personas a las cuales la mayoría respetaba y en las que confiaba, al menos en la mayoría. Siempre había alguna manzana podrido en el cesto, por supuesto, pero no creía que tuviesen las suficientes agallas para plantarle cara de frente.

Hanabi hizo un gesto de negación con la mano.

―No, solo quería charlar un rato y hacerte una propuesta de negocios… si te interesa. ―Naruto se sintió de pronto muy pero que muy interesado en lo que Hanabi Hyūga tuviera que decirle.

―Claro. ¿Subimos a mi despacho…

―En realidad… me preguntaba si podríamos hablar en un lugar más privado. Hum… ¿Vas muy lejos? Podría acercarte. ―Señaló con un elegante gesto de muñeca un coche que tenía los cristales tintados.

Se debatió un segundo entre la razón y la curiosidad. Finalmente, ganó la curiosidad. Asintiendo, siguió a la joven hasta el vehículo. Hanabi entró primero y luego él la siguió, cerrando la puerta al sentarse. Se abrocharon los cinturones de seguridad y el conductor preguntó adónde se dirigía. Naruto le dio el nombre de un parque que quedaba cerca de su casa―tampoco era cuestión de ponerle las cosas fáciles a Hiashi si había juego sucio de por medio―y en cuánto el coche arrancó Hanabi pulsó un botón y un panel se alzó entre ellos y los asientos delanteros.

―No te preocupes, es a prueba de oídos finos. Insonorizado totalmente. ―Naruto alzó las cejas, impresionado―. En fin, no quiero ser grosera, pero siempre he creído que las cosas, cuántas más claras y directas, mejor. ―Naruto asintió, de acuerdo con ella.

Se permitió apoyar la espalda en el asiento y relajarse. No percibía hostilidad por parte de Hanabi ni tampoco mentira o engaño en su tono de voz. Así que respiró hondo para ayudar a aflojar sus músculos tensos. No quería dar la impresión equivocada.

En cuánto permitió a sus fosas nasales abrirse, un olor fresco golpeó su nariz, haciéndolo tensarse de nuevo.

―Creo que es bueno que estés aquí, Naruto, que hayas conseguido llegar tan lejos. Siempre he deseado que algo así pasase. Seguramente sueno hipócrita, porque nunca he hecho nada para cambiar las cosas, pero tampoco creía que fuese capaz de lograr nada. En cambio, tú has logrado mucho en poco tiempo. Están empezando a verte cómo realmente eres, a temerte, y eso es muy bueno en el mundo de los negocios, por muy irónico que suene… ―Intentó prestar atención a Hanabi, pero ese olor seguía llamándolo, tentándolo. Inhaló más fuerte, buscando el origen de aquel aroma que lo instaba a desear algo de lo que ni él mismo era consciente… ―. ¿Naruto…? ¿Qué… ―Un gruñido le advirtió a Hanabi que lo dejase tranquilo. Contra todos sus principios, Hanabi obedeció, consciente de que por muy alfa que fuera, Naruto lo era diez veces más que ella. Así que se quedó allí, quieta, esperando a que él quisiera volver a prestarle atención.

Una vez que Hanabi dejó de hablar, a Naruto le resultó más sencillo concentrarse. Aspiró con fuerza, separando los diferentes olores que había dentro del coche de aquel cuyo origen deseaba encontrar. Se inclinó hacia adelante y se desabrochó el cinturón de seguridad para poder agacharse más cómodamente. Alargó el brazo y tanteó entre las relucientes alfombrillas del suelo hasta dar con un pedazo de tela suave. ¡Eso era!

Lo sacó de su escondite y se lo quedó mirando, impresionado. ¿Un pañuelo? ¿Eso era lo que olía tan bien? Se lo llevó a la nariz y olfateó. Su instinto de alfa se alzó, exactamente igual que aquel día en el balcón, durante la fiesta, un par de semanas atrás, cuando una voz dulce lo había cautivado hasta el punto de empezar a soñar con cosas que ya creía imposibles para él.

―¿De quién es esto?―preguntó, con su mejor tono de alfa, exigiendo una respuesta concisa e inmediata.

Hanabi se irguió en el asiento, mirando para el pañuelo. Parpadeó y luego miró para su acompañante, confusa por su pregunta.

―¿Eso?

―Sí, esto―dijo, con impaciencia, levantando la mano en la que sostenía el pañuelo. Hanabi abrió la boca pero enseguida la cerró. Tras unos segundos pensativa, en silencio, se dijo que nada perdía con responder.

―Ese pañuelo es de mi hermana. ―Naruto apretó el cuadrado de tela entre sus dedos y se inclinó hacia Hanabi, ansioso de saber más.

―¿Tu hermana?―Hanabi asintió.

―Mi hermana mayor―aclaró―. Hinata Hyūga. No sé si has oído hablar de ella… No suele dejarse ver mucho en público, odia ser el centro de atención. Ella… no es como nosotros. ―Naruto frunció el ceño.

―¿Qué quieres decir?―Hanabi respiró hondo.

―No es una alfa. ―Calló durante un momento, debatiéndose entre decirle o no la verdad. Finalmente, se dijo que no podía ser tan malo. Naruto había reaccionado así por algo. Su instinto de alfa se había alzado al captar el olor que desprendía el pañuelo de Hinata, el aroma de su hermana―. Ella… es una omega. La omega más dulce y bondadosa que he conocido jamás―terminó, orgullo saliendo por todos los poros de su piel

Naruto miró para el pañuelo.

«Así que… Hinata. Hinata Hyūga. ¿Será el destino?» se preguntó, mientras se llevaba el pañuelo a la nariz para disfrutar un poco más de aquel aroma tan delicioso.

Hanabi carraspeó para hacerle saber que seguía allí.

―Si no te importa… ¿podrías devolvérmelo? Se le debe haber caído del bolso. Antes de venir a verte fui a llevarla a casa. A padre no le gusta que ande mucho por la calle. Ya sabes… le preocupa su seguridad. ―La mueca que hizo la joven le dijo a Naruto más que cualquier otra cosa.

Hiashi no se preocupaba por la seguridad de su hija mayor ni mucho menos.

Se avergonzaba de ella. Por ser una omega, sangre de su sangre y carne de su carne.

Le vino a la mente una de las últimas conversaciones que había mantenido con Neji.

«¿Por qué quieres arriesgarte tanto? Eres un alfa, vienes de la familia Hyūga. Eres una buena persona, Neji, no quiero que por mi culpa pierdas oportunidades».

«Ya estoy perdiendo, Naruto. No hago esto solo por mí o por ti, porque te aprecie como amigo y socio. Lo hago también por otra persona».

«¿Tenten?».

«No. Amo a Tenten, aunque aún no se lo haya dicho. Pero esto no es por ella. Tenten es fuerte e independiente, conseguirá todo lo que se proponga en la vida, no en vano es una mujer alfa que luchará hasta el final por aquello a lo que aspira. Esto lo hago por alguien más, alguien que no se merece nada más que todo lo bueno que le puede pasar a una persona en la vida».

«Vaya, ¿y quién es esa misteriosa damisela que parece tener más pedazos de tu corazón que la mujer a la que amas?».

«Se llama Hinata. Y por ella, haría cualquier cosa. Incluso sacrificar mi vida si con ello consigo que sea feliz».

Apretó el pañuelo en su mano y se lo guardó en el bolsillo del pantalón.

―Me gustaría quedármelo―dijo, como si eso fuera lo más lógico y natural del mundo.

Hanabi pestañeó. El silencio los envolvió durante unos minutos hasta que, de pronto, Hanabi sonrió y se rio. Se acomodó de nuevo en su asiento y miró por la ventana.

―De acuerdo. Le diré a nee-sama que no sé nada de su pañuelo favorito si me pregunta. ―Y con eso dieron por finalizada la conversación.

Poco después el conductor paró el coche y dio un golpecito en el panel que separaba la parte delantera del coche de la trasera. Hanabi anunció que habían llegado y Naruto asintió, abriendo la puerta y desabrochándose el cinturón.

―Al final no pude comentarte nada de lo que quería. En fin, haré llegar una petición formal a tu oficina. ―Naruto asintió y le tendió una tarjeta dónde figuraban dos números de teléfono y un correo electrónico.

―Shikamaru es el que se encarga de eso. Lo avisaré de que es posible que le llegue algún e-mail de tu parte. ―Hanabi asintió, cogiendo la tarjeta y guardándosela en el bolso.

―Así lo haré. Y gracias, Naruto. Por estar dispuesto a escucharme.

―Siempre estoy dispuesto a escuchar a las buenas personas'ttebayo. ―Le guiñó un ojo y cerró la puerta del vehículo, que arrancó al poco tiempo.

Hanabi se dejó caer contra el asiento y de repente soltó una carcajada, más que feliz y entusiasmada por lo que se venía.

―Me pregunto qué dirá padre cuándo Naruto se decida a hacer algún movimiento al respecto. Ah, Hinata, no sabes la que se te viene encima. ―Volvió a carcajearse.

Al fin, Hiashi Hyūga y todos esos viejos roñosos y estúpidos iban a recibir su merecido.

Si alguien podía liderar el cambio, ese era Naruto Uzumaki, el hombre que representaba todo aquello que las viejas generaciones aborrecían.

Pero que era un faro de esperanza para todos aquellos que anhelaban dar un paso hacia el futuro.

Y, si Hanabi podía ayudarlo―y de paso dar un poco de felicidad a su hermana―eso era lo que haría. Con gusto y sin condiciones.

Ya era hora de que los jóvenes tomaran las riendas.

Fin Fresco


Bueno, pues eso. Ya sabemos un poquito más de por dónde van a ir los tiros. ¿Os gusta? Ya dije que no tengo ni pajolera idea de esto del omegaverse, así que igual me estoy inventando cosas, no sé. Es mi retrato particular de este universo y me estoy esforzando mucho para intentar no dejar nada al azar y hacer que todo cuadre. Espero estar haciendo un buen trabajo xD.

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Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.