¡YAHOI! Perdón, sé que hoy me atrasé con la publicación. No pude subirlo antes por cuestiones de tiempo. Perdón.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: instinto.

Hora de publicación: 0:44. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


3. Picante


Miró el reloj por enésima vez en la última hora y suspiró. El club estaba a tope de gente a esas horas de la noche. Se suponía que era fin de semana, en plena época de apareamiento y los pubs, discotecas y clubes más selectos de la ciudad organizaban eventos o fiestas como en el que él se encontraba ahora mismo. Reuniones para solteros en los que podías desde saciar tus deseos sexuales con una pareja que te atrajera hasta encontrar al amor de tu vida, como les había pasado a Shikamaru y a Temari.

Estaba caliente, necesitaba desahogo físico por una razón puramente biológica, pero lo cierto es que estaba más aburrido que una ostra. En momentos como este, envidiaba a sus amigos por tener todos a alguien con quién pasar esos días.

Además, siempre le había dado un poco de repelús la manera en que se desarrollaban esas fiestas. A un lado, los alfas y los betas, que podían interactuar entre ellos sin problemas. En un aparte, los omegas, los cuales no tenían ningún poder a la hora de decidir con quién se acostaban o dejaban de acostar.

Si un alfa se decidía por alguno, a este no le quedaba más remedio que obedecer. Si dos alfas se fijaban en el mismo, podían luchar―como si estuvieran aún en la edad media―por el derecho a reclamar a ese omega, lo mismo que si eran dos betas los implicados. En cambio, si un alfa y un beta querían estar con el mismo omega, el segundo debía retirarse y dejar sitio al alfa, puesto que este era un rango más alto que él.

Naruto apretó los dientes al pensar en todo ello. Casi se le habían quitado ya las ganas de tener sexo. Sonrió para sí al imaginarse diciendo eso en voz alta. Lo tildarían de loco desquiciado y lo encerrarían en un psiquiátrico de por vida.

Suspirando, dejó su botella de cerveza sobre la barra y le pidió al camarero que le pusiera otra. La agarró, dio un trago y decidió dar una última oportunidad a aquel antro. Si no encontraba a nadie aceptable, tal vez llamaría a alguna de sus conocidas. Igual tenía suerte y no estaban ocupadas.

Se dirigió con paso resuelto hacia la zona dónde tenían confinados a los omegas. Varios alfas y betas ya pululaban por el lugar, coqueteando y olfateando aquí y allá, buscando a una compañera adecuada para pasar la época de apareamiento. Pero no dio con nadie que le llamara la atención o que le hiciera excitarse más de lo normal. Gruñó, terminándose su cerveza en dos tragos. Menudas nochecitas le esperaban…

Le tocaba tirar de agenda.

Mientras iba hacia el vestidor y le solicitaba a la encargada que por favor le diese su cazadora, buscó entre sus contractos del móvil alguna mujer con la que pudiera intimar sin sentirse luego demasiado incómodo o violento.

Agarró la chaqueta y salió al aire fresco de la noche. Aspiró hondo y se sintió un poco mejor al verse al fin libre de tanta hipocresía. ¿Acaso era él el raro? ¿Por no querer participar de unas reglas que le parecían injustas y absurdas? Sacudió la cabeza y se abrochó la cremallera de la cazadora, ya que el tiempo había refrescado a esas horas de la noche.

―Ya verás qué bien lo vamos a pasar tú y yo. Seguro que a tu padre le encantará vernos juntos, preciosa. Ah… qué bien hueles… ―Naruto no pudo evitar hacer una mueca de asco al escuchar la conversación. Compadeció a la pobre omega por haber sido elegida por un patán sin tacto.

Quería intervenir, su conciencia se lo pedía a gritos, pero la razón le decía que meterse sería más contraproducente que otra cosa. Si actuaba, tendría que retar a duelo a ese alfa. No dudaba de su fuerza ni de su velocidad, sabía que a un idiota que no tenía ni idea de cómo hablarle a una posible pareja podía ventilárselo sin problemas. Pero el asunto podía traer mucha cola luego, por quién era él, por lo que pretendía hacer.

Se dio la vuelta con brusquedad, luchando por ignorar lo que era correcto.

―P-por favor, n-no… ―Su cuerpo se paralizó en mitad del movimiento. Esa voz… Sacudió la cabeza. No, no podía ser… ¿o sí? ¿Acaso Hiashi…

Sí, claro que sí. Era lo bastante hijo de puta cómo para mandar a la hija a la que despreciaba a la boca del lobo. Sintió ira recorrerlo entero. Cerró los ojos y respiró hondo, buscando relajarse. El olor fresco que tanto lo había noqueado aquel día, en el coche, cuando encontró el pañuelo que todavía conservaba, llegó hasta sus fosas nasales, confirmándole así que sus sospechas eran ciertas.

Su alfa interior gruñó, instándolo a ir a junto de aquel tipo para desmembrarlo trocito a trocito.

Se dio la vuelta y, guiándose por el olor y el sonido de las voces, llegó hasta la salida del callejón que había detrás del club. Allí vio cómo un indeseable sujetaba con fuerza por los brazos a la mujer más hermosa que sus ojos habían visto jamás. Algo en él rugió al ver las marcas que aquel bruto estaba dejando en su pálida piel.

Sin pensarlo dos veces, amparado por la oscuridad, se acercó a paso rápido y silencioso hacia la pareja y agarró el hombro del tipo, haciendo presión hasta que él se quejó a causa del dolor.

―¡¿Qué mierda-

―La dama te ha dicho que no. ―Su tono de voz salió cortante, frío y con un matiz tenebroso que hizo al otro alfa ponerse en guardia.

―¿Ah? ¿Es que tú también la quieres? Es una cosita muy bonita y sexy, ¿verdad? Pero se siente, amigo. Yo la vi primero. ―Naruto sonrió e hizo más presión sobre el hueso, viendo con marcada satisfacción cómo la cara de su adversario se iba poniendo pálida por momentos, con el sudor recorriendo cada fibra de su piel.

Puede que ambos fuesen alfas, pero incluso entre los de su casta, Naruto destacaba. La autoridad y la fuerza emanaban de él como una fuente de agua cuyo suministro no se agotaba nunca. Y eso, era algo que hacía temblar incluso a los alfas más experimentados y avezados.

Por eso le tenían miedo. Porque estaba dispuesto a todo por lograr sus objetivos.

Y, esta noche, su objetivo era rescatar a la dulce omega que lo miraba esperanzada, como si él fuera su héroe particular. Aquella idea le gustó tanto que no puedo evitar alardear un poco. Llamar la atención de la chica que te gustaba no era algo malo, ¿verdad?

―Si quieres pelea, estoy dispuesto'ttebayo. ―Soltó su presa y se quitó la cazadora en dos fluidos movimientos. Le sonrió a la joven, ya libre del agarre de su captor, y se la tendió con una sonrisa―. Ten. Seguramente tendrás frío. ―La joven tomó la prenda con manos temblorosas y la apretó contra su pecho, bajando la cabeza, avergonzada.

Escuchó un sonido como de huesos rompiéndose, un chillido de dolor y un golpe sordo contra el suelo. Luego, unas amables y cálidas manos la tomaron de los hombros y se los frotaron.

―Dios, estás helada… ¿por qué no te has puesto la cazadora'ttebayo? Ven. ―Con sumo delicadeza, Naruto le pasó la prenda por los brazos y luego se la juntó. La chaqueta le quedaba enorme. Ella era tan pequeñita que parecía una niña desamparada allí, en medio de la calle, bajo una prenda de ropa el triple de grande que su cuerpo.

No pudo evitar sonreír con ternura y acariciarle el rostro. Finalmente, la chica levantó el rostro y Naruto sintió que algo lo golpeaba fuerte y duro justo en el centro de su pecho. Dos ojos claros como la luna llena lo miraban, entre agradecidos, recelosos y asustados. No pudo culparla por mostrar esas emociones.

―¿Estás bien?―Ella tragó saliva y asintió. Le sonrió de nuevo y eso la hizo relajarse un poco―. Bueno… yo… ya me iba. Es por eso que oí el alboroto. Si quieres, puedo pedirte un taxi o algo… o acercarte a algún sitio'ttebayo. Tengo el coche ahí mismo. ―Señaló con la cabeza para el aparcamiento. Hinata tragó saliva por segunda vez, dudosa de qué hacer.

―T-tú… ―Naruto la miró, ansiando oír más de su dulce voz―. E-eres un alfa. ¿N-no quieres… ―Naruto pestañeó y la miró, horrorizado.

―¡Por Dios, no! ¡Claro que no! E-es decir, acabas de sufrir un episodio traumático, no es que no seas guapa ni que no te desee, cualquier hombre en su sano juicio te desearía… ¡Pe-pero no cuando acabas de pasar por un suceso tan horrible!―Los labios femeninos se apretaron y una mano delicada de dedos largos subió para tapárselos, ahogando así una risita. Naruto se rascó la nuca, avergonzado―. U-uh… creo que no he dado la mejor primera impresión. Soy Naruto Uzumaki. ―Ella bajó la mano y asintió.

―L-lo sé. T-te reconocí enseguida. Y-ya sabes, por… las revistas y los periódicos… ―Naruto sintió la dicha invadirlo al saberse reconocido. Una vocecita maliciosa le dijo que no se emocionara tanto, que cualquiera que siguiese las noticias conocería su rostro, pero la aplastó con toda su fuerza de voluntad. Quería disfrutar del momento al máximo.

―Sí, supongo que he salido mucho últimamente en esos. ―Ella asintió.

―Y-yo soy… Hi-Hinata Hyūga. ―Naruto sintió un escalofrío invadirlo cuando su mano, más pequeña y blanca, se juntó con la suya, más grande y bronceada.

―Hum… Entonces… ¿Llamo un taxi o a alguien?―Hinata se mordió el labio inferior y negó con la cabeza.

―N-no es necesario. Yo… no he traído dinero así que… su-supongo que iré andando hasta casa. ―Naruto se la quedó mirando, boquiabierto.

―¡¿Andando?! ¡¿A estas horas?!―Hinata bajó la cabeza y apretó las solapas de la cazadora que él le había prestado, negándose a dejar que el guapo alfa que la había salvado de la peor noche de su vida viese las amargas lágrimas que quemaban sus ojos.

No podía llamar a Hanabi. Aunque su hermana dejaría lo que quiera que estuviese haciendo en ese momento por ella no podía hacerle eso. Hanabi se merecía pasarlo bien al menos un par de noches al año. Su padre quedaba fuera de la ecuación, ya que fue él precisamente el que la había obligado a ir a esa fiesta.

«Tienes 28 años y todavía ningún alfa te ha reclamado. Lamentable. Ya es hora de que cumplas con tu deber. Es lo único para lo que nacéis los de tu casta».

―Bien, entonces supongo que no me queda más remedio que llevarte'dattebayo. Vamos. ―La tomó suavemente del brazo y haciendo uso de un poco de su fuerza la obligó a seguirlo. Hinata se tropezó un par de pasos, hasta que Naruto acomodó el ritmo al suyo.

Llegaron al aparcamiento y Naruto la llevó hasta un elegante coche plateado. Desbloqueó las puertas y abrió el lado del copiloto, tirando de ella para ayudarla a acomodarse. Los asientos estaban un poco altos para alguien tan bajita como Hinata. Se dijo que igual tendría que cambiar de vehículo. Tal vez uno un poco más acogedor y familiar…

Sacudió la cabeza mientras cerraba la puerta y rodeaba el coche para meterse en el asiento del conductor. Metió las llaves en el contacto y arrancó. Le sonrió y le preguntó, con toda la naturalidad del mundo.

―¿Adónde va la señorita?―Hinata ocultó una sonrisa tras su mano.

―A las afueras… ―Le dio la dirección completa. Naruto sacó el móvil y puso el gps, para no perderse y poder así llevar sana y salva a Hinata hasta su casa.

En cuánto echó a rodar, se dijo que tal vez no había sido buena idea llevarla él personalmente, en su coche. Su olor lo estaba volviendo loco allí dentro. Se preguntó si ella era consciente de lo que estaba haciendo, pero parecía la mar de concentrada en el paisaje nocturno que se veía a través de las ventanillas, así que supuso que no tenía ni idea de lo que provocaba en él.

Su ingle dio un tirón y maldijo entre dientes. Su olor y su voz lo hacían pasar de cero a cien en dos segundos, pero tenerla allí, de cuerpo presente, tan cerca que podía tocarla con solo alargar un dedo… Lo ponía a mil. Y un alfa cachondo era un alfa dispuesto a todo por conseguir la liberación.

Intentó por todos los medios distraerse de las imágenes eróticas que su pervertida mente iba mandándole, todas con la bella omega que llevaba a su lado como protagonista.

Pero no podía hacer ningún movimiento. Esa noche, no. Hinata acababa de pasar por una situación terrible para cualquier persona. Desgraciadamente, en esa sociedad tan injusta en la que vivían, los omega eran los que más solían ser objeto de ataques de esa clase. Por su condición biológica, la ley no estaba de su parte. Los jueces siempre alegaban que los alfas―o incluso algunos betas―tenían perfecto derecho de hacer con ellos lo que les diese la realísima gana, sin que pudiesen siquiera protestar o decir que era injusto. El instinto, según las leyes, era algo primario y perfectamente natural, así igual de lógico y natural era saciarlo con el primero que pasase por delante.

Apretó los dientes y las manos sobre el volante, tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos. Hinata percibió que le pasaba algo al ver el cambio en su postura y en su olor. Naruto irradiaba ahora irritación y molestia. De buenas a primeras su instinto de supervivencia se alzó.

«Huye», le gritó su vocecita interior. «Es un alfa. Te hará daño».

Hinata cerró los ojos y respiró hondo varias veces, tratando de calmarse.

«No voy a huir. Él es… diferente. No me hará daño. Lo sé».

«Es un alfa» le repitió esa misma vocecita. Hinata inspiró y exhaló, lentamente.

«Pero no es malvado. Puedo sentirlo».

Abrió los ojos y los fijó en el perfil masculino. Era muy guapo. Muy, muy guapo. Un sonrojo tiñó sus pálidas mejillas al fijarse por primera vez en lo atractivo que era: alto, delgado, fibroso, piel bronceada, pelo rubio y ojos azules. Se mordió el labio al admirar esas manos fuertes y varoniles que tan cariñosamente la habían acariciado antes buscando calmarla, ahora tensas por algún motivo desconocido para ella.

Cerró los ojos de nuevo y se relajó. Hizo uso de sus facultades como omega y poco a poco dejó que su aroma se fuese filtrando por los poros de su piel, superponiéndose al ambiente tenso y viciado del interior del vehículo. Funcionó. Al poco tiempo, los rasgos de Naruto se suavizaron e incluso un gemido salió de su garganta, seguido de un gruñido de pura necesidad masculina.

Hinata sintió que el corazón le empezaba a latir más fuerte dentro del pecho.

―Hinata―pronunció Naruto, con la voz ronca―, será mejor que dejes de hacer eso o sino… ―Un segundo gemido provocó una reacción puramente sexual en el cuerpo femenino.

Dándose cuenta de lo que había puesto en marcha, Hinata detuvo bruscamente la segregación de su aroma y se encogió en su asiento, comenzando a frotar las manos entre sus muslos, cuyo centro palpitaba dolorosamente.

―L-lo siento, y-yo so-solo quería… Pa-parecías tenso y yo… ―Naruto suspiró.

―Lo sé. Y te lo agradezco'ttebayo. Pero no creo… es decir, acabas de pasar por algo terrible y yo… ―Hinata se frotó las piernas, nerviosa.

―E-entiendo… A muchos alfas n-no les gusta una omega que ya haya sido manoseada… ―Naruto frenó el coche de golpe provocando que este se sacudiera. De pronto, la miraba, furioso.

―¿De verdad piensas que es por eso? ¿Que no quiero tocarte porque estás sucia o algo así?―A pesar de que controló el tono de su voz, Hinata sintió miedo igual, porque sus ojos expresaban amenaza e ira contenida.

―E-es normal. Yo… tampoco soy tan… deseable. ―La expresión de Naruto pasó de ser furibunda a una de incredulidad total.

―¿Que no eres… ¡¿Quién demonios te ha dicho esa vil mentira?! ¡Dios, si no he hecho más que controlarme desde que te he visto! Si no fuera por el mal trago que has pasado, si te hubiese visto primero en esa fiesta… Ten por seguro que ya te habría montado unas cuantas veces. ―Hinata se quedó sin respiración al ver ahora el crudo deseo en sus orbes azules, además del olor picante que de pronto emanaba de su cuerpo.

Hinata sintió que todo su cuerpo temblaba y que sus pezones se erizaban, pugnando por atravesar las capas de ropa que los constreñían. Se sintió húmeda entre las piernas y tuvo que cruzar los pies y frotar los muslos para calmar el ansia que de pronto la asolaba.

¿Así que esto era el deseo? Era… tortuoso. Pero también placentero.

Naruto cerró los ojos y gimió, adolorido, luchando contra su instinto de alfa que lo incitaba a echársele encima para saciar el deseo de ambos. Para estrecharla entre sus brazos, enterrarse profundamente en su cuerpo y no soltarla jamás.

Quería besarla, acariciarla, cuidarla, adorarla…

Y no soltarla jamás.

Respirando hondo, encendió de nuevo el motor y puso en marcha el coche otra vez.

El resto del trayecto lo hicieron en completo silencio. Llegaron a las puertas de la enorme mansión de los Hyūga y Naruto miró para la imponente estructura, nada impresionado o intimidado. Aquella casa, hecha para hacer sentir pequeño al resto del mundo, a él solo le producía asco y enfado. La apariencia lúgubre daba fe de la oscuridad que rodeaba a toda esa panda de idiotas prejuicios.

Miró para Hinata mientras esta se desabrochaba el cinturón y abría la puerta del coche. Pensar en que tenía que dejarla entrar a esa casa le producía un hondo terror y una horrible ansiedad.

Quería llevársela a su casa, dónde Hiashi no pudiese alcanzarla y seguir haciéndole daño con sus venenosas palabras y su estúpida actitud.

―Na-Naruto… ―Pestañeó regresando a la realidad y vio que le tendía la cazadora. Sonrió y negó con la cabeza.

―Quédatela. Hace frío esta noche. Puedes devolvérmela en otro momento'dattebayo. ―Hinata parpadeó, miró para la prenda, luego a él, luego a la prenda y otra vez a él. Naruto seguía sonriendo y ella sintió que se sonrojaba. Se retiró unos pasos hacia atrás, apretando contra su pecho la chaqueta.

―De-de acuerdo. ―Naruto amplió su sonrisa y se inclinó para agarrar la manilla de la puerta y cerrarla.

―Es una cita, Hinata. ―La joven sintió que sus mejillas se calentaban y asintió.

―E-es una cita. ―Con una última sonrisa, Naruto al fin cerró la puerta del coche y vio cómo Hinata iba hacia el portón de entrada y pulsaba un botón. A los pocos segundos escuchó un pitido y la puerta se movió hacia dentro. Esperó hasta que el menudo cuerpo femenino estuvo a salvo dentro de los terrenos Hyūga y a que la puerta volviese a cerrarse para poner a andar una vez más el coche.

Mientras hacía el camino de vuelta a la ciudad iba sonriente.

Por primera vez en muchos años, las cosas empezaban a irle bien.

No solo estaba en camino a lograr su sueño, sino que, si las cosas salían cómo tenía planeado, pronto podría compartir su éxito con una preciosa mujer.

¿Qué más podía pedir un hombre?

Fin Picante


Ea, pues ahí va. No sé si he logrado plasmar al cien por cien la idea del prompt que proponían en el reto. Espero que sí, porque esto fue lo único que se me ocurrió xD. Como siempre, vosotros juzgáis.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Ideki14 y a Guest! ¡Gracias mil, de verdad! ¡Muchísimas gracias por tomaros la molestia de leer y comentar!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

P.D.: mañana contesto los reviews. Prometido. Pero ahora mismo todavía tengo que subir el capítulo del NH Month y estoy casi que no puedo ni con mi alma ya. Lo siento.

bruxi.