¡YAHOI! Bueno, pues el cuarto capítulo. Ya me contaréis xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: cuello.

Hora de publicación: 0:50. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


4. Suave


Hinata se bajó del coche y se quedó de pie, en medio de la acera, mirando para el enorme edificio que albergaba las oficinas centrales de la compañía Namikaze. Se mordió el labio inferior y bajó la cabeza, acariciando la prenda de ropa que llevaba con todo el mimo del mundo en sus brazos.

Hanabi era la que la había convencido de ir a devolvérsela personalmente.

―Además, te dijo que sería una cita, ¿no? Padre no va a estar hoy en todo el día y yo saldré contigo, así nadie sospechará. Luego me avisas cuando quieras que te vaya a recoger y volvemos juntas a casa. Si padre pide explicaciones, le diré que te llevé de compras para que me ayudaras a escoger el vestido para la fiesta de los Sarutobi, este fin de semana. Sabe que soy difícil de complacer y con decirle que no encontré ninguno que me gustara o que no me pareció lo suficientemente elegante… Ya veré. Tú ve y disfruta, anda. Te lo mereces, hermana.

Suspiró para sí mientras traspasaba las puertas de cristal. Un amable vigilante de seguridad las mantuvo abiertas para ella. Hinata bajó la cabeza y pasó lo más rápido y silenciosamente posible. Nunca se sabía cómo iban a reaccionar los demás ante la presencia de un omega, por ello siempre procuraba pasar desapercibida y por eso odiaba profundamente las multitudes, dónde cualquier cosa podía pasar sin que pudiera hacer nada para defenderse, como aquel día, en el evento de apareamiento.

Se acercó al mostrador y, nerviosa, carraspeó para llamar la atención de la recepcionista. La mujer, levantó la vista del ordenador y la miró, esperando a que dijese algo.

―¿Es-está el señor Uzumaki? So-soy… Hinata… Hi-Hinata Hyūga… ―La chica, una guapa beta, la miró de arriba abajo y alzó las cejas.

―¿Tenías cita, cielo?―Hinata sintió que se ponía nerviosa.

―Y-yo… n-no… so-solo me preguntaba… ―La mujer suspiró.

―Sin cita no puedo darte un pase. ―Hinata sintió que el alma se le caía a los pies. Justo cuándo había reunido el valor…

―En-entiendo…

―Mira, si quieres, puedes solicitar una reunión con él o con su consejero delegado, Shikamaru Nara. Solo escribe aquí tus datos y yo se los haré llegar. O si prefieres mandar una petición formal directamente al correo corporativo… ―Hinata negó y tomó el bolígrafo que tan amablemente le tendía la joven.

Tendría que haberlo pensado. Tonta, Hinata tonta. Claro que Naruto iba a estar muy ocupado. Era el presidente de una empresa, al fin y al cabo, no podía atender a todo el que llegase a su puerta pidiendo una cita.

Suspirando, escribió su nombre y una nota de agradecimiento por lo de la otra noche. Se dijo que, tal vez, era lo mejor. Probablemente había sido un golpe de suerte de una vez en la vida. Y eso estaba bien. Alguien como ella no podía aspirar a más. Se lo habían dejado bien claro desde su mismo nacimiento.

Un omega no tenía derechos. No tenía sueños ni aspiraciones. No tenía nada. Solo lo que los alfas, en su infinita benevolencia, les permitían.

Cogió la prenda de ropa y se la entregó a la mujer junto con la nota.

―Gra-gracias. ―La mujer negó con la cabeza y sonrió con amabilidad.

―De nada, cielo. Oh, esto… ―Hinata negó con la cabeza.

―N-no. Es de Naru- digo, del señor Uzumaki. Solo fue un préstamo. ―La recepcionista parpadeó. Hinata hizo una inclinación con la cabeza a modo de despedida y se dio la vuelta, para marcharse.

Con tan mala pata que su torpeza hizo acto de presencia y tropezó con sus propios pies.

―¡Ah!―Alguien la cogió del brazo y tiró de ella con brusquedad para ponerla de nuevo en pie. Hinata miró con los ojos muy abiertos a su salvador, una mujer esbelta de bonito pelo rosa y llamativos ojos verdes. La miraba con el ceño fruncido y Hinata sintió que se encogía sobre sí misma―. Y-yo… l-lo siento mu-mucho, d-de verdad… y-yo no quería… ―La joven parpadeó, confusa. Hinata bajó la cabeza y se calló, empezando a temblar.

―¿Sakura? ¿Qué haces?

―Sasuke… Esta chica tropezó y casi se da un buen golpe. Oye, ¿te encuentras bien?―Hinata quiso desaparecer.

―S-sí… n-no me he hecho daño a-así que…

―La estás asustando―dijo la voz masculina de antes. Sakura pestañeó―. Es una omega. Y la estás asustando.

―¡¿Eh?! ¡Oh, vaya, no era mi intención!―Hinata sintió que la soltaba lentamente. Se aventuró a levantar un poco la cabeza y vio a un hombre moreno de ojos oscuros al lado de la chica que la había ayudado. Apestaba a alfa y eso hizo que el pánico se levantara, sobre todo porque había gente mirándolos, con curiosidad.

Retrocedió, balbuceando disculpas. Sakura abrió mucho los ojos y esta vez sí que no llegó a tiempo de agarrarla antes de que Hinata cayera al suelo. Un gemido de dolor la puso inmediatamente en guardia. Las pequeñas y pálidas manos de la omega fueron hacia su tobillo izquierdo. El dolor había hecho aflorar lágrimas a sus ojos.

―Quédate quieta. No muevas el pie. Déjame ver. ―Arrodillándose a su lado, Sakura tomó con delicadeza su pie lastimado y le retiró con sumo cuidado el zapato de tacón para examinar la zona dañada―. No te preocupes, soy médico. Sé lo que me hago. ―Le guiñó el ojo con una sonrisa amigable y comenzó a palpar la zona. Hinata se mordió el labio, cabizbaja―. Sasuke, hay demasiada gente―murmuró Sakura para que solo él y Hinata la oyeran―. No puedo trabajar así. ―Al punto, Sasuke se dio la vuelta y profirió un gruñido tan fiero que hizo a todos los curiosos dispersarse.

―Oh, vaya, pobrecita. Señorita Haruno, ¿hay algo que pueda… ―La recepcionista, que había abandonado su puesto, se acercó a ambas y se agachó hasta la altura de las dos.

―Sí, ¿puedes conseguirme hielo y algún calmante para el dolor? Y consigue una infusión de tila o de lavanda, por favor, si puedes. Viene bien para los nervios. ―La mujer asintió y se levantó, presta para cumplir con lo pedido.

―Miraré en el botiquín del baño y le pediré a la secretaria del señor Uzumaki que prepare esa infusión. Aún estará en su puesto. ―Sakura le sonrió, agradecida.

―Sería mejor movernos a un sitio más tranquilo. ―Sakura miró para Sasuke y asintió a su sugerencia.

―Es una buena idea.

―La sala de conferencias de la tercera planta está vacía, creo. Pueden-

―Qué fastidio. Así que erais vosotros los que estaban provocando tanto escándalo. ―Sakura frunció el ceño y fulminó con la mirada al recién llegado, que no era otro que Shikamaru―. Vaya, hombre, ¿una mala caída? He tenido algunas de esas, ¿eh, Sasuke?―El aludido ni se inmutó por la pulla. Shikamaru se rascó la cabeza, con un suspiro―. Una sala de conferencias no es muy privada. Podéis subir a mi despacho. Estarás más tranquila y podrás examinar ese tobillo con tranquilidad, Sakura. ―La médico sonrió.

―Vaya, esa es una oferta muy generosa viniendo de ti, Shikamaru. Gracias. ―Shikamaru se encogió de hombros.

―Es lo menos que puedo hacer por una dama en apuros. ―Hinata, que se había mantenido en silencio, intentando que nadie se fijara en ella, respingó cuando Sakura le puso una mano en el brazo, con suavidad, buscando llamar su atención.

―Oye, ¿crees que puedas caminar?―Hinata se apresuró a asentir y se puso en pie. Su rostro pálido se tornó como el papel nada más apoyar peso en la zona lastimada. Casi se desploma de nuevo si Sakura no llega a estar sosteniéndola.

―Eh, no tienes que hacerte la fuerte. Ven aquí. ―Como si no pesara más que una pluma, Sakura la tomó en brazos y echó a andar hacia los ascensores. Sasuke las siguió, como si aquello fuese lo más natural del mundo. Shikamaru los siguió, parándose para recoger la cazadora que Hinata había dejado olvidada minutos antes en el mostrador de recepción.

―Vaya, vaya, Naruto… ¿en qué lío te has metido ahora?


―No me extraña que tropezaras con semejantes taconazos que me llevabas. Mírate, eres demasiado pequeñita. Seguramente no podías andar bien con ellos… ―Hinata estaba con la cara roja a más no poder, al punto casi del desmayo. Tenía el vestido subido hasta los muslos y la pierna estirada encima de un sofá mientras, sentada al otro lado, Sakura le ponía hielo y le masajeaba el tobillo.

―Sakura. ―La aludida levantó la cabeza, frunciendo el ceño al ver la seriedad en el rostro de Sasuke―. La estás asustando de nuevo. ―Sakura deshizo las arrugas de su frente y suspiró. Miró con disculpa para Hinata.

―Perdona. Sé que soy un poco… agresiva, a veces. Naruto se queja muchas veces de que no tengo tacto con la gente.

―Es que no lo tienes. ―Sakura fulminó con la mirada para Sasuke, quién se limitó a esbozar una media sonrisa. Sakura se sonrojó y volvió la atención hacia su paciente. Shikamaru había salido a atender un asunto al parecer urgente, dándoles permiso para usar su despacho todo el tiempo que quisieran.

Hinata pestañeó al oír a Sakura mencionar tan confiadamente el nombre de pila del presidente de una de las empresas más importantes del país ahora mismo.

―T-tú… ¿Co-conoces a Na- al señor Uzumaki?―Sakura arqueó una ceja al notar el cambio brusco en la frase, pero lo dejó pasar.

―Desde que éramos unos bebés. Es un torpe y un bocazas; por muy importante que se haya vuelto, para mí seguirá siendo aquel niño que no hacía más que pelearse con Sasuke o gritar a los cuatro vientos lo mucho que le gusta el ramen. ―Rio al recordar aquellos tiempos.

Hinata no pudo evitar taparse la boca para ahogar una risita al imaginarse a un niño rubio de melena alborotada gritando lo mucho que amaba esa comida en particular.

No sabía porqué, se le hizo que eso era muy… Naruto.

―¡Shikamaru, ¿has visto es- ―La puerta del despacho se abrió y, como si lo hubiesen invocado, el objeto de su conversación hizo acto de presencia.

Hinata se quedó congelada, cortándosele la respiración al observar al hombre que la había rescatado hacía unas noches. Si ya le había parecido guapo en la oscuridad, a la luz del día era sumamente arrebatador.

Tenía el pelo rubio desordenado, la corbata aflojada e iba sin chaqueta y con las mangas de la camisa arremangadas hasta el codo. Llevaba unos papeles en las manos y la sorpresa por todo el rostro al encontrar a tres personas en el despacho de su mano derecha, y ninguno era su consejero.

―¿Sasuke? ¿Sakura? ¿Qué hacéis… ―Reparó entonces en la figura de Hinata, sentada en el sofá―. ¿Hinata?―Sakura miró de uno a otro. Algo hizo click en su mente y sonrió, maliciosa, al ver lo colorada que se había puesto Hinata. Hasta las pequeñas orejas las tenía rojas.

―Oh, no sabía que os conocíais, Naruto. ―Sakura volvió a su tarea de atender el tobillo lastimado de la joven―. Hinata tuvo un pequeño tropezón abajo, en el vestíbulo. Se hizo daño-

―¡¿Daño?! ¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Se encuentra bien?!―En dos zancadas se plantó ante ellas y se acuclilló al lado de la Hyūga, tomando una mano entre las suyas―. ¡¿Estás bien?!―Hinata asintió, roja como una manzana.

Sakura sonrió ampliamente al ver confirmadas sus sospechas.

―Está bien. Solo se ha torcido el tobillo. Ya le he dicho que no debería llevar tacones tan altos. Es demasiado bajita. ―Naruto frunció el ceño y se fijó entonces en el zapato que Sakura había dejado tirado al lado del sofá―. Aunque es una pena… son preciosos… Ojalá yo pudiese permitirme algo así… ―Miró de reojo para Sasuke, que se hizo el loco, como si la cosa no fuera con él.

Naruto rio y miró para el moreno.

―Teme, creo que Sakura acaba de decir que quiere un par de estos para su próximo cumpleaños. ―Sakura bufó, sintiendo sus mejillas calentarse.

―Cállate―masculló, aplicando sin querer un poco más de presión en el tobillo de Hinata. Como resultado, Hinata gimió de dolor. Sakura apartó las manos, avergonzada―. ¡Lo siento! No me di cuenta- ―Con sorpresa, Sakura vio cómo Naruto se movía y apartaba sus manos para sustituirlas por las suyas. Hinata creyó que se desmayaría de vergüenza.

―N-no…

―Sakura es demasiado bruta a veces. Es buena médico y muy buena persona, pero no sabe controlar su fuerza. ―Sakura puso los ojos en blanco.

―Espera a que te pille a solas y verás lo bruta que puedo llegar a ser―masculló, levantándose y yendo a ponerse al lado de Sasuke, con los brazos cruzados. Naruto aprovechó entonces para sentarse en el hueco que había dejado libre en el sofá y puso el pie de Hinata sobre su regazo.

Alguien llamó a la puerta del despacho y la secretaria de Naruto entró tras que le dieran paso.

―Señor Uzumaki… vaya, no sabía que…

―Está bien. Deja la infusión en la mesa, por favor. Gracias. ―La secretaria miró de Sakura a Sasuke y luego a su jefe, para que le confirmara que todo estaba bien.

―Sí, puedes irte, Shizuka. Gracias. ―La aludida se apresuró a obedecer y salió nuevamente del despacho, cerrando tras de sí.

Sakura suspiró y fue hacia Sasuke, agarrándolo de la mano.

―Nosotros también nos vamos. Veníamos a invitarte a comer, ya que últimamente no sales de estas cuatro paredes. Pero veo que vas a estar bien acompañado, así que… Cuídate. ―Naruto le sonrió a su amiga y asintió.

―Tú también, Sakura. Teme.

―Dobe. ―Sakura puso los ojos en blanco y tiró de Sasuke hacia la puerta, para dejarlos al fin solos. Tras unos segundos de silencio, fue Naruto el que se atrevió a hablar:

―¿Te duele?―Hinata se apresuró a negar con la cabeza.

―Es-estoy bien. Gra-gracias. ―Retiró el pie del regazo de Naruto, que enseguida acusó la falta de la pequeña extremidad.

Suspiró. Se había sentido inmediatamente feliz nada más verla. Y su instinto protector se había activado al verla lastimada. El alfa dentro de él había rugido, furioso. Se había temido lo peor hasta que Sakura le había explicado que había sido una simple caída sin importancia.

Por el rabillo del ojo, vio la cazadora que le había dejado hacía unas noches para que se abrigara. ¿Había ido a devolvérsela? ¿Por iniciativa propia? Sonrió al pensarlo, de repente mucho más animado.

―Hinata, ¿venías a cumplir tu promesa'ttebayo?―Hinata pestañeó, se fijó entonces en la prenda de ropa que él sostenía en sus manos y enseguida se puso roja una vez más. Tragó saliva y asintió, sabiendo que no podía mentirle―. ¡Bien! ¡Entonces no perdamos más tiempo! Aún no he comido, ¿qué te parece si te invito a algún sitio? Por aquí hay muy buenos restaurantes. Estoy seguro de que encontraremos uno que sea de tu agrado'dattebayo. ―Hinata pestañeó, de nuevo. ¿Le estaba preguntando su opinión?

―N-no es necesario. Cu-cualquier cosa… me vale. ―Naruto frunció el ceño un segundo para luego suspirar. Se sentó de nuevo al lado de la joven y se atrevió a tomarle la mano.

―Hinata, es nuestra primera cita. Quiero que lo pases bien. Así que escoge un sitio. ―Hinata enrojeció.

―N-no, e-en serio: cu-cualquier cosa estará bien. A-además, yo… ―Se mordió el labio, mirando para el suelo. Naruto se inclinó hacia ella, instándola a que continuara―… n-no creo que pueda ir muy lejos… ―El rubio abrió los ojos al percatarse de la situación. Se palmeó la frente, maldiciéndose.

―¡Soy un idiota! Te duele el pie, ¿no es cierto?―Roja como la grana, Hinata asintió, sintiendo su estómago encogerse. Seguro que ahora la miraría con asco y la despacharía y no volvería a verlo nunca más… ―. Bien, entonces cambio de planes: podemos pedir algo y comer en mi despacho'ttebayo. Imagino que Shikamaru querrá recuperar el suyo en algún momento. ―Se levantó del sofá y se puso delante de ella, agachándose a su altura, sonriente. Hinata lo miró, confusa―. Agárrate fuerte, ¿vale?―Sin esperarlo, Hinata se vio alzada de pronto en el aire por unos fuertes y cálidos brazos. Se quedó sin respiración y se aferró con fuerza al cuello del Uzumaki, que sin esfuerzo alguno se puso en pie sujetándola contra él y salió a paso ligero del despacho, no importándole que otros empleados lo vieran en esa tesitura con una omega.

Hinata cerró los ojos y escondió el rostro en su pecho, sintiendo la suavidad de su camisa bajo su mejilla. Aspiró con fuerza su aroma varonil, disfrutando de la sensación de ser mimada durante unos minutos por un alfa tan atractivo como Naruto. Tal vez iba a ser su única oportunidad de sentir algo parecido en lo que le quedaba de vida.

Por su parte, Naruto se dijo que no había sido tan buena idea agarrarla de esa manera tan íntima. Le encantaba sentirla así contra él, por supuesto, pero en esa postura, si bajaba la mirada, su pálido y precioso cuello quedaba al descubierto a sus ávidos ojos. Y él, como buen alfa interesado en un omega, era incapaz de apartar su atención de aquel tentador trozo de piel.

Como alfa, su instinto le gritaba que bajase un poco más la cabeza y la saboreara en esa zona en particular. Las ganas de besarla allí, de dejar que su boca degustara el sabor de su piel, que su lengua la probara, que sus dientes la marcaran como suya…

«Mía» un gruñido de lo más animal quedó retenido en su pecho.

Se contuvo de hacerle todas las cosas que se estaba imaginando, porque sabía que la asustaría.

Si fuese otro alfa del montón, probablemente eso es lo que haría, como el idiota del que la había rescatado la noche de la fiesta de apareamiento. Pero él no era así. Era mejor. O eso quería creer.

Porque, en esos momentos, le estaba costando toda su fuerza de voluntad contener sus instintos más primarios.

Apretó los dientes y se dijo que debía ser fuerte.

Hinata era alguien que iba a ser muy importante en su vida―aunque ni ella misma lo supiera todavía―así que debía refrenarse, ir despacio, cortejarla, tratarla con el respeto que cualquier persona se merecía.

Y luego, cuando ella cayera irremediablemente enamorada de él, haría su movimiento.

Paciencia era lo único que le hacía falta. Y si el premio era poder tener a Hinata para sí, bien valdría la espera.

Fin Suave


Ea, pues uno más. Naruto ya sabe lo que quiere y está dispuesto a ir a por todas. En los siguientes capítulos veremos cómo avanza su relación xD.

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Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.