¡YAHOI! Bueno, pues uno más. No sé qué decir, la verdad. Solo que estoy flipando en colores con lo mucho que os está gustando esta historia. No las tenía todas conmigo cuando decidí apuntarme al reto, ¡así que gracias!
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: autocontrol.
Hora de publicación: 0:49. Hora peninsular española.
¡Espero que os guste!
5. Deseable
Naruto consultó su reloj por enésima vez en los últimos diez minutos. Ya pasaba un poco de la hora acordada y estaba empezando a preocuparse. Hinata le había dicho que Hanabi la llevaría hasta el cine y que luego la recogería para volver a casa. No le daba mucho margen para esta con ella, puesto que Hiashi la mantenía vigilada prácticamente en todo momento, como si temiera que su hija omega se fuese a escapar o a rebelarse de algún modo contra él.
Suspiró. Quería poder salir con Hinata sin tener que andar con estos tejemanejes. Pero ella tenía demasiado miedo de decirle algo a su padre. Hanabi le había pedido que tuviese paciencia, también. Que ella prepararía el terreno y, cuando fuese el momento adecuado, podría reclamar a Hinata sin inconvenientes.
Nadie, ni siquiera su padre, podría poner pegas si él deseaba de verdad estar con Hinata. Como alfa, tenía perfecto derecho a reclamar al omega que quisiera. Era cierto que a veces se daban matrimonios concertados por razones ajenas al instinto natural, pero dichas uniones no solían durar mucho porque, si no existía atracción―al menos por parte del alfa―o deseo era imposible que la relación pudiese llegar a buen puerto.
El sonido de la bocina de un coche lo sacó de sus pensamientos. Vio un automóvil oscuro dirigirse hacia dónde él estaba esperando. Las puertas se abrieron y de él bajaron Hinata y Hanabi, la segunda más agitada que la primera.
―¡Naruto, lo siento muchísimo! Padre nos retuvo en casa con un interrogatorio completo. Dice que estoy consintiendo demasiado a Hinata y blablablá. Pude plantarme, esta vez, pero creo que está llegando a su límite… ―Naruto dejó de escuchar a Hanabi para centrarse en Hinata, que estaba cabizbaja, con las manos arrugando la falda de su vestido azul celeste.
Se acercó a ella y la hizo levantar la barbilla con suavidad para poder mirarla a los ojos.
―¿Estás bien?―Hinata tragó saliva y asintió. Hanabi bufó.
―Padre la amenazó. Pero no te preocupes, nada nuevo en el horizonte. ―Naruto frunció el ceño, nada contento con esa información.
Hinata le tomó suavemente la mano y se la apretó. Naruto inmediatamente se giró hacia ella. Estaba sonrojada, pero le sonreía tímidamente.
―Gra-gracias por… por preocuparte, pe-pero… estoy bien. ―Naruto deshizo entonces su ceño y suspiró. Alargó un brazo para abrazarla contra su pecho. Le dio un cariñoso beso en la frente que hizo a Hinata ponerse más roja todavía.
Hanabi carraspeó, haciéndoles saber que aún se encontraba allí. La pareja se separó, ambos colorados. Hanabi sonrió, poniendo los brazos en jarras.
―Muy bien. Pues hasta aquí llega el hacer de carabina. Naruto, me la cuidas. Nee-sama, diviértete. ―Hinata le cogió las manos a su hermana y se las apretó.
―Gracias, Hanabi. No sé cómo- ―Hanabi negó con la cabeza, haciendo que su larga melena castaña oscilase de un lado a otro.
―Anda, ve. ¿No decías que estabas hecha un desastre? Aprovecha para peinarte un poco. ―Hinata se llevó las manos al pelo, sonrojada. Era cierto. Había salido de casa con tanta prisa que apenas le había dado tiempo a peinarse como era debido. Miró para Naruto con algo de disculpa.
―Per-perdona, ¿te importaría… ―Naruto se echó a reír y negó.
―No. Creo que hay un baño nada más entrar. Me despido de tu hermano y voy. Te esperaré delante. ―Hinata le sonrió, agradecida y desapareció en el interior del centro comercial. Una vez a solas, Naruto se volvió hacia la menor de los Hyūga, adoptando un aire serio―. Hanabi, esto se acaba ya. Estoy de verdad interesado en tu hermana y no pienso seguir permitiendo que tu padre la menosprecie y le haga la vida miserable. Si es necesario, lucharé contra él… ―Hanabi levantó las manos y las movió en señal de negación.
―Eso no será necesario y lo sabes. Como alfa, tienes todo el derecho del mundo a reclamar al omega que te interese. Ni siquiera mi padre podría luchar contra eso, por mucho que lo moleste. Tendría que esgrimir más que buenas razones para ello y me consta que no las tiene. Tampoco tiene en la mira a ningún candidato para obligar a nee-sama a una unión concertada. Así que, en ese aspecto, estás cubierto. De hecho, esta misma noche, cuando Hinata se haya retirado a dormir, le diré que se ha estado viendo con alguien. Lo prepararé todo para que, en unos días, vayas a presentarte. Es un fastidio, pero mi padre es de la vieja escuela. Todo será más fácil para Hinata si te acomodas un poco a su forma de hacer las cosas. ―Naruto suspiró. No le gustaba nada ese plan. Él no era nada paciente, aunque había logrado mejorar ostensiblemente ese rasgo de su personalidad gracias a años y años de práctica, de esperar su momento.
Así que un poco más de espera no lo mataría. Haría las cosas a la manera de los Hyūga, de momento.
Se despidió finalmente de Hanabi y entró en el centro comercial. Había quedado en que invitaría a Hinata a ver una película en el cine. Hanabi le había dicho que Hinata adoraba ir al cine, pero que apenas iba una o dos veces al año debido a las duras restricciones a las que su padre la sometía.
Justo cuando él entraba Hinata salía del cuarto de baño. Le dio su mejor sonrisa y se acercó a ella, pasándole un brazo por los hombros.
―¿Vamos?―Hinata asintió, sonrojada, dejándose llevar. Naruto los condujo a ambos hasta las escaleras mecánicas y ayudó a Hinata a subir a su lado, y luego a bajar para coger el siguiente tramo. Hinata sintió una calidez indescriptible invadirla, como cada vez que estaba a su lado.
Naruto la trataba con exquisita ternura y una dulce delicadeza que la hacía derretirse. La hacía sentirse una princesa en todo momento, preocupándose de que no tuviera frío o de que se lo estuviera pasando bien en todo momento. Era un alfa como Dios manda, de esos que ya no quedaban.
Llegaron a la planta donde se ubicaba el cine y se pusieron a la cola mientras escudriñaban la oferta de películas en las diferentes salas.
―¿Te apetece alguna en especial?―Hinata se mordió los labios. Había un par que tenía ganas de ver, pero no sabía si serían del agrado de Naruto, ya que una era una comedia romántica y la otra una cursilada hecha más bien para niños. Pero la protagonista era una actriz omega a la que ella admiraba. Había logrado llegar lejos a pesar de su casta, desafiando los cánones establecidos, y por ello le gustaba mucho. Aunque solo le permitieran hacer películas infantiles, eso era más de lo que cualquier omega podría haber soñado jamás.
―Hum… No lo sé… Escoge tú. ―Naruto la hizo girarse hacia él y le acarició la mejilla, sintiéndola cálida y suave bajo su palma.
―Hinata, quiero que tú disfrutes. La última vez fuimos a cenar a mi restaurante favorito. Hoy quiero hacer algo que a ti te guste'ttebayo. ―Hinata enrojeció.
―Pe-pero… ―Calló al sentir un golpecito en su cabeza.
―Escoge. ―Ante su tono autoritario, Hinata se envaró y asintió, sumisa. Señaló entonces para el cartel promocional que estaba a un lado, dónde se mostraba a una joven de largo pelo rosado vestida como si fuera un hada y acompañada de una especie de gato de peluche que estaba comiendo… ¿barbacoa? Naruto alzó las cejas pero no dijo nada. Esperaron a que fuese su turno a la cola. Naruto sacó la cartera.
―Dos para Shining Nikki por favor. ―La chica que los atendía asintió e imprimió las entradas. Naruto se las tendió a Hinata y pagó. Cogió a Hinata del brazo y tiró de ella con suavidad para apartarse de la fila y dirigirse hacia la entrada del cine.
―¿Quieres palomitas?―Hinata pestañeó y lo miró―. ¿No quieres? Tendría que haberlo pensado, supongo que demasiados carbohidratos, ¿no? Las chicas no soléis-
―¡N-no es eso!―lo interrumpió Hinata, negando con la cabeza―. E-es que… n-no vengo mucho al cine y, cu-cuando lo hago… no suele llegarme el dinero para más que la entrada. ―Naruto parpadeó, incrédulo.
―¿Quieres decir que nunca has comido palomitas en el cine?―Hinata corroboró su suposición con un asentimiento de cabeza. Naruto pareció horrorizado―. ¡Pues eso hay que remediarlo!―Cogiéndola de la mano, la guio hasta el puesto de comida y pidió el combo más grande de palomitas y refresco. Hinata se escandalizó al oír el precio, pero Naruto estaba decidido a darle la experiencia completa y no atendió a razones. Además, le dijo que perfectamente podía permitirse comprar diez combos más de estos y aún le sobraría dinero para hacer lo que le diese la realísima gana durante el resto de su vida.
Ante un argumento tan contundente, Hinata se calló al fin y, cargando con su bebida extra grande, siguió a Naruto hasta dónde un trabajador del cine―un delta; al parecer todos lo eran en aquel establecimiento―les pidió las entradas. Rompió ambas por la línea de puntos de cada uno y les devolvió los dos trozos restantes.
―Sala ocho, a la derecha. ―Naruto le sonrió.
―Gracias. ―El chico pareció confuso durante un segundo, pero enseguida regresó a su trabajo cuando un grupo de niños se acercó armando alboroto. A juzgar por los gorritos, debía de ser algún cumpleaños.
Llegaron al fin a la puerta de su sala y se detuvieron un segundo.
―¿Q-qué fila nos tocó?―Preguntó Hinata, con una pizca de temor. Naruto no se lo tomó a mal. Hinata solo había conocido alfas patanes, era lógico que todavía le costase un poco confiar en que él no le haría daño o la despreciaría por preguntar cualquier cosa.
―Fila doce. Asientos cuatro y seis. ―Volvió a guardar las entradas en el bolsillo de la cazadora y le ofreció el codo―. Ven, agárrate. No sé si habrá mucha gente y no quiero perderte de vista. ―Sonrojada, Hinata enganchó su mano en el brazo masculino, sintiéndolo duro y cálido al tacto. El cuero suave de su ropa le hacía cosquillas en los dedos. Era una sensación muy agradable. Naruto los condujo sin problema hasta sus asientos. La hizo esperar de pie mientras acomodaba todo y luego la ayudó a sentarse―. ¿Estás cómoda? ¿Tienes frío? Suelen subir mucho el aire acondicionado en estos sitios… ―Hinata sonrió y negó.
―N-no. Estoy bien. Siéntate. ―Naruto le devolvió la sonrisa y se dejó caer en el asiento de al lado, con un suspiro de satisfacción.
―Dios, hace siglos que no vengo al cine… ―Hinata lo miró, con curiosidad.
―¿Ah, s-sí?―Naruto asintió.
―No tengo mucho tiempo libre esta temporada, y cuando saco algún día me encuentro con que no tengo a nadie con quién ir. Una vez vine solo, pero me sentí tan deprimido por no tener a nadie con quién compartir luego impresiones que no volví. Antes quedábamos casi siempre, ¿sabes? Sakura, Sasuke, Shikamaru, Ino, Chōji… Oh, a Ino y a Chōji aún no los conoces, ya te los presentaré. Pero fue llegar a la vida adulta… ―Hinata se tapó la boca para disimular una risa.
―E-entiendo… ―Naruto sonrió y se inclinó hacia ella, juntando su frente con la femenina.
―Así que te doy las gracias, Hinata, porque ahora ya puedo volver al cine sin sentirme un bicho raro'ttebayo. ―Le dio un cariñoso beso en la cabeza y Hinata enrojeció.
Las luces se atenuaron en ese momento y los murmullos cesaron. La pantalla gigante dónde se iba a proyectar la película se encendió y apareció el logo del cine. A partir de ahí ambos se dedicaron a disfrutar de la película. Bueno, Hinata disfrutó de la película.
Naruto, por el contrario, se dedicó a disfrutar de la compañía. Cuando Hanabi le dijo que esa tarde podía escaparse un rato con Hinata al principio quiso negarse. El mes anterior Hinata había pasado su ciclo fértil la misma semana en la que estaban ahora. Sabía que ella no podía hacer nada para controlarlo, que era un proceso natural que iba desde más leve a más agudizado a medida que pasaban los días.
Había hecho cálculos y ese era uno de los primeros días, así que en principio no debería haber problema. Podría controlarse. Además, si Hinata no había dado muestras de molestia, eso era que todavía la necesidad no era muy acusada.
Sí que había detectado que su olor había cambiado un poco y que sus senos parecían más redondeados―era un hombre, no podía no fijarse en ciertos atributos femeninos―un mecanismo que utilizaba el cuerpo de las mujeres omega para mostrar a los alfas y a los betas que estaba bien dispuesta. Hacía siglos, a los omega se les encerraba durante esos ciclos, porque se decía que eran un peligro para la sociedad, ya que no existían cosas como los condones o las píldoras anticonceptivas para evitar quedar preñados.
Hoy en día ya no era necesario recurrir a métodos tan drásticos. Y ni aunque aún no se hubiesen inventado los anticonceptivos todavía, Naruto habría sabido controlarse. Esos estúpidos que decían que no eran capaces de mantener a raya sus más bajos deseos no eran sino la peor escoria del mundo. Al menos, eso era lo que siempre había creído.
No obstante, su alfa interior no parecía de acuerdo con su razonamiento, porque su instinto no hacía más que empujar, queriendo salir a flote. Hasta ahora había hecho un buen trabajo controlándolo. Esperaba poder seguir así lo que le quedaba de tiempo con Hinata.
Trató de relajarse y de disfrutar de la película. Al principio no entendió muy bien de qué iba el argumento, pero a medida que pasaban los minutos se encontró más y más atrapado en la narrativa de la cinta. Una joven normal y corriente era invocada de pronto a un mundo totalmente desconocido, que al parecer existía paralelo al suyo, en el que al parecer la belleza y el estilo lo eran todo. La protagonista, junto a su gato de peluche parlante, que había sido llevado junto con ella a ese extraño mundo, debía descubrir cómo regresar a su propio mundo pero, a medida que iba pasando el largometraje, extraños recuerdos llegaban a su mente, dándole pistas de que ella ya había estado allí. Para superar las diversas pruebas debía hacer uso de una extraña magia llamada Reflejo, que sacaba a relucir el poder interior de las personas para crear diferentes estilos de moda, de maquillaje o de peinado, dejando así que se viera su verdadero yo interior, basándose en la premisa de que la belleza no estaba solo en el exterior.
En su aventura hacía amigos y recibía la ayuda de mucha gente, entre ellos la de un guardián del Arca, quién era el que mantenía el equilibrio entre todas las cosas: el tiempo, el espacio e incluso el poder de las personas. También debía buscar a alguien llamado El Solucionador de Puzzles, que contenía la clave de todo el misterio. Incluso llegaba a encontrar a un chico que le gustaba y cuyos sentimientos él parecía compartir.
Finalmente, la película acababa con la revelación de que la chica, en efecto, ya había estado en ese mundo, pero había fracasado en su intento por salvarlo y había sido devuelta a su propia dimensión. No obstante, alguien había hecho uso de un poderoso hechizo para traerla de vuelta, varios años en el pasado, para que, esta vez sí, pudiese evitar la tragedia.
La película llegó a su fin y Naruto sintió una profunda desilusión. ¡Él quería saber qué pasaba! ¡¿Lograría la joven salvar el mundo?! ¡¿Conseguiría el gato su deseo de vivir rodeado para siempre de barbacoa?! ¡¿Podrían encontrar a ese Solucionador de Puzzles?! ¡¿Conseguiría el chico que su amada no se fuese y lo eligiese a él?!
―¿Na-Naruto?―Parpadeó y se volvió a mirar a Hinata, que lo miraba preocupada―. ¿T-te encuentras bien?―Pestañeó de nuevo y se apresuró a frotarse los ojos, para disipar las lágrimas de emoción que habían aparecido de repente.
―¡Sí, estupendamente!―Se levantó de un salto y le tendió una mano. Hinata la tomó y dejó que la ayudara a levantarse, dándose luego la vuelta para recoger los envases de las palomitas y los refrescos, ahora vacíos.
Naruto vio con satisfacción para dichos recipientes. Hinata había disfrutado tanto de la película como de las palomitas y las bebidas. Se sintió un poco orgulloso al pensar que él había sido quién le había proporcionado su primera experiencia en el cine comiendo palomitas. ¿Qué era una tarde de películas sin esos copos de maíz salados?
Nada más salir, Hinata se llevó una mano al vientre con una mueca. Naruto miró aquel gesto, alarmado.
―¿Estás bien?―Hinata asintió, distraída.
―S-sí. Cre-creo que han sido demasiadas palomitas. Hum… ¿T-te importa esperarme un segundo? Necesito… ―Señaló con la cabeza para los cuartos de baño del cine y Naruto asintió.
―¡Por supuesto que no! Ve tranquila. Yo esperaré en una de las mesas. No tengas prisa, en serio. Tómate tu tiempo. ―Hinata le sonrió, entre aliviada y agradecida. ¿Podría haber tenido más suerte con Naruto?
Antes de que se pensase su respuesta, dejó su chaqueta en sus manos y se metió en el baño. Con alivio, vio que el de mujeres estaba vacío y se metió en el primer cubículo que encontró. Cerró la puerta con pestillo y cuando se vio dentro, se dejó caer encima del váter y se agarró el vientre bajo, gimiendo de puro dolor.
No debería haber salido ese día de casa. Había comenzado con su ciclo fértil y le iba a costar mucho controlarse. Normalmente tomaba un inhibidor de hormonas para que los efectos no fuesen tan devastadores, pero su padre se los había sacado el mes pasado, diciendo que ya era hora de que atrajese a algún alfa que estuviera dispuesto a preñarla.
Lágrimas afloraron a sus ojos, de pura impotencia. No podía pedirle a Naruto que la ayudase. No sería justo para él. Lo pondría en un compromiso y ni siquiera sabía si le gustaba lo suficiente como para eso. Además: él era un alfa guapísimo, estaba segura de que tenía betas y omegas a patadas para elegir.
Empezó a respirar hondo, buscando tranquilizarse. Si esperaba unos minutos, tal vez el dolor se calmaría lo suficiente como para que dejase de segregar hormonas y poder moverse sin el temor de que cualquier alfa o beta se le echara encima, atraído por sus hormonas omegas.
Consiguió que remitiese un poco y se dijo que eso era lo mejor que iba a conseguir. Así que se levantó, salió del baño y fue adónde Naruto a paso rápido. Naruto se levantó de la silla en la que se había sentado para esperarla. Su semblante se tornó en uno preocupado al ver la palidez de su piel.
―¿Hinata? ¿Seguro que estás bien'dattebayo?―Hinata asintió a duras penas, haciendo un pobre intento de sonrisa.
―S-sí, yo… ¿pu-puedes llamar a Hanabi? Pa-padre estará empezando a sospechar… ―Naruto parpadeó y asintió, lentamente.
―Claro, enseguida la aviso. Pero… ¿seguro que estás bien?―insistió, mientras sacaba el móvil y le mandaba un mensaje rápido a Hanabi para avisarla de que algo no iba bien con su hermana.
Hinata volvió a asentir.
―S-sí, solo es-estoy un poco cansada. ―Naruto le puso las manos en la cintura y la atrajo hacia sí. Pegó su nariz a su cabello e inhaló profundo, descubriendo así la causa de su malestar.
Maldijo cuando su propio cuerpo reaccionó sin que pudiera evitarlo.
―Lo sabía. Estás en tu ciclo ¿no es así? Lo noté antes… ¿No tienes nada para tomar?―preguntó, en tono bajo. Hinata negó y trató de apartarse, pero Naruto no la dejó.
―E-en casa―mintió. Un gemido abandonó su garganta cuando un tirón en su vientre bajo le anunció que la necesidad estaba llegando a su punto culminante―. Na-Naruto-kun, p-por favor… ne-necesito… ―Un gruñido por parte de su acompañante alfa la hizo gemir nuevamente. Su traicionero cuerpo se pegó más a él y sintió el impulso de frotarse contra sus ropas, para suplicarle que acabara con esa agonía.
Naruto notó la desesperación emanando de ella y respiró hondo por la boca, mitigando así que su dulce olor acabase con el poco autocontrol que le quedaba.
Se apartó de ella y la cogió de la mano con firmeza pero con suavidad a un tiempo. Se dirigieron hacia las escaleras mecánicas y llegaron a la planta baja.
Hanabi ya los esperaba con el coche delante de las puertas. Un joven estaba a su lado. Pero ahora no había tiempo para presentaciones.
―¿Qué ha pasa- ―Naruto la ignoró y abrió el coche, metiendo dentro a Hinata con todo el cuidado del mundo. Le abrochó el cinturón de seguridad y volvió a cerrar la puerta―. ¿Naruto?
―Llévala directamente a casa. ―Hanabi abrió la boca para preguntar pero el chico que estaba a su lado se inclinó para decirle algo al oído. Hanabi abrió mucho los ojos y se volvió a mirar a Naruto, furia irradiando de sus ojos perlas.
―Si le has hecho daño a mi hermana, juro que te mataré, Uzumaki―le dijo entre dientes, para que solo él la oyera.
Sin decir nada más, Hanabi se introdujo en el coche, seguido del que la acompañaba. El chico se detuvo un segundo del lado del copiloto para despedirse con un movimiento de cabeza. Naruto correspondió el gesto y finalmente se metió dentro.
Hanabi arrancó el motor y salió a toda velocidad del aparcamiento, derrapando incluso en las curvas.
Naruto vio irse el automóvil con un suspiro de resignación, ya que dentro iba lo que más le importaba en el mundo ahora mismo.
¿Cuándo era que había caído? No lo sabía. Pero tampoco le importaba.
Lo único importante, era que se esforzaría al máximo por ganar el corazón de Hinata.
La omega más dulce, hermosa y deseable del mundo.
Fin Deseable
Pues ahí queda eso xD. Lo cierto es que me está gustando mucho escribir este reto (creo que ya lo había mencionado xD). Es genial poder explorar diferentes facetas de los personajes en universos tan complejos como lo es el omergaverse. Lástima que de la OTP haya uno o ninguno con esta temática (al menos en español, no sé en inglés).
Pasemos a las aclaraciones: la película que ven en el cine Naruto y Hinata no existe como tal. Es una medio invención mía. Cogí el argumento de un juego de móvil al que estoy super enganchada y lo hice pasar por película, cambiando algunas cosas. Por si alguno tiene curiosidad: se llama Shining Nikki y es una segunda parte. El primer juego que hay se llama Love Nikki. No jugué al primero pero el segundo os juro que me tiene enganchandísima.
Y nada más. Espero que os haya gustado.
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¡Muchísimas gracias por los suyos a Ideki14 y a Guest! ¡Muchísimas gracias, en serio! ¡Sois un amor! ¡Gracias por alegrarme los días!
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Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
