¡YAHOI! Pues aquí estoy, un día más, dejándoos el chute de turno de vuestra droga personal xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: ronroneo.

Hora de publicación: 1:08. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


7. Cálido


Naruto abrió la puerta de su apartamento y un olor delicioso lo golpeó, haciéndole la boca agua. Entró sigilosamente, cerrando tras él y se dirigió hacia la zona de la cocina, dónde se apoyó contra el marco de la puerta para disfrutar de las vistas de su hermosa omega revoloteando por todo el lugar, abriendo ollas, zarandeando sartenes y comprobando que lo que quiera que hubiese en el horno no se quemase.

Estaba tan concentrada en su tarea que ni siquiera lo había notado entrar, cuando normalmente ya estaría recibiendo su abrazo y su beso de bienvenida. Sonrió al verla fruncir el ceño mientras murmuraba para sí al tiempo que revolvía algo en una de las sartenes.

Se giró para agacharse y coger algo del armarito que estaba bajo la isla de la cocina―un colador, al parecer―y se quedó congelada al verlo mientras se incorporaba de nuevo.

―Na-Naruto… Ya estás… ―Abrió sus preciosos ojos perlas, horrorizada, bajando la cabeza al percatarse de que llevaba unos viejos pantalones de algodón y su sudadera de andar por casa, junto con un mandil rosa―. ¡L-lo siento! ¡M-me puse a hacer la cena y no me di- ―Suspirando, Naruto se acercó a ella y puso las manos en su pequeña cintura para tirar de ella hacia sí y poder por fin besarla como deseaba.

―Está bien, Hinata. Yo tampoco dije nada. Estaba disfrutando de las vistas'ttebayo. ―Le guiñó un ojo que provocó un furioso sonrojo en sus mejillas. El rubio suspiró al ver que ella lo miraba, con un tinte de temor en sus orbes perlas. Se inclinó para darle un cariñoso beso en la frente―. Perdóname. Es que me encanta tenerte aquí, en casa, conmigo, por fin. Es como un sueño. ―Hinata sintió que se ponía roja una vez más―. Aunque… te dije que podíamos encargar comida… ―Hinata negó vehementemente con la cabeza.

―N-no. Quería… Qui-quiero hacerlo yo. E-es nuestra primera cena con tus amigos en tu casa y y-yo-

―Hinata. ―La joven se calló al instante, bajando la cabeza, sumisa. Naruto le acarició una mejilla, instándola a que lo mirara―. Son tus amigos también, y esta es ahora tu casa. No quiero que pienses otra cosa. ―Hinata sintió que un nudo se le formaba en la garganta y asintió. Naruto sonrió y juntó sus labios con los suyos en un tierno y dulce beso que la dejó con ganas de más―. Voy a cambiarme, entonces. ¿Quieres que te ayude con algo…?―Hinata negó.

―N-no es necesario. T-tú… relájate y ponte cómodo. ―Naruto asintió y desapareció por el pasillo en dirección a la habitación principal, silbando, feliz.

En la cocina, Hinata se dio la vuelta para atender de nuevo a la deliciosa comida que estaba haciéndose sobre los fogones. No podía dejar que se quemase. Todo tenía que ser perfecto aquella noche.

Naruto la había sorprendido la semana anterior diciéndole que había invitado a un selecto grupo de amigos―entre los que se encontraban Sakura, Sasuke, Shikamaru y Temari―a cenar a casa, para festejar que su compromiso era al fin oficial. Hinata se lo había quedado mirando y le dijo si eso estaba bien, ya que siendo un personaje tan importante tanto en el mundo de los negocios como en la sociedad lo normal es que se hiciese una fiesta por todo lo alto, con sus socios de negocios y la prensa cubriendo todo el evento.

Naruto había alzado las cejas, divertido, y le había hecho la siguiente pregunta:

―¿Tú quieres eso?―Hinata había parpadeado y, tras unos segundos de vacilación, había negado con la cabeza―. Yo tampoco. Hinata, esto es por y para nosotros, para nadie más. Sé que tu padre hacía las cosas de diferente manera y que estás acostumbrada a una manera de hacer las cosas más… extravagante. Pero también que eso no te gusta. Y yo quiero que estés lo más cómoda posible a mi lado, que te sientas bien conmigo. No voy a presionarte, pero quiero que comprendas que te quiero y que jamás haría nada que pudiese hacerte daño.

Hinata suspiró al recordarlo. El corazón todavía le latía emocionado al pensar en sus palabras. Naruto era tan guapo… tan atento… tan cariñoso y tan protector… Siempre se preocupaba por ella, se aseguraba de que tuviese a su disposición en todo momento cualquier cosa que pudiese necesitar. El primer día de su convivencia juntos había aparecido en la puerta un repartidor con un pedido del supermercado enorme. En ellas, aparte de comida y enseres básicos de limpieza e higiene, también había diversos productos femeninos, así como esponjas, cremas, acondicionadores e incluso unas cómodas zapatillas de andar por casa.

Naruto había pensado en todo―aunque más tarde le confesaría que le había pedido a Sakura que le hiciera una lista con lo más urgente y básico que una mujer pudiese necesitar o lo que debería tener una casa para poder considerarse un hogar―y ese gesto solo había sido uno de tantos que le había llegado al corazón.

Su alfa estaba haciendo un buen trabajo cuidándola, procurando su bienestar y su comodidad. Así que ella no podía ser menos. Como omega, una de sus tareas era precisamente atender las necesidades de su alfa incluso antes de que él le pidiera nada. Preparar una cena para ocho personas era una nimiedad en comparación con todo lo que Naruto había hecho por ella.

Tenía que demostrarle que era una omega hecha y derecha que sabía realizar las tareas propias de su casta.

Antes, quizá, de que él cambiase de opinión respecto a haberla escogido como su pareja.

Meneó la cabeza para apartar tan funestos pensamientos. Tenía que dejar de pensar así. Naruto no era su padre, se lo había dejado más que claro. Y no iba a estropear su reciente felicidad teniéndole miedo a un pasado que sabía que no volvería.


―Cariño, ¿has visto mi reloj?―Hinata se puso colorada al oír el apelativo cariñoso. Ya debería estar acostumbrada, pero aún le tomaba por sorpresa la ternura con la que su alfa la trataba.

―¿E-el de la correa de cuero?―Naruto asintió, revolviendo en los cajones de su mesilla de noche.

―Juraría que lo había puesto aquí'ttebayo… ―A paso rápido, Hinata se acercó a la cómoda y cogió el susodicho reloj, que estaba encima de un joyero de plata.

―A-aquí tienes. De-debiste de moverlo cuando fuiste a coger la chaqueta. ―Naruto cogió el reloj con gran alivio.

―Gracias. Ya estaba temiendo lo peor'dattebayo. ―Se puso el reloj en la muñeca sin perder un minuto, temeroso de volver a perderlo de vista. De reojo, vio a Hinata aplicarse un ligero maquillaje en el rostro. Estaba vestida con un albornoz y ya tenía puestas las medias y el pelo lacio y brillante recogido en una coleta. Frunció el ceño. Él amaba su pelo suelto, adoraba su melena fina y suave. Le encantaba pasar los dedos una y otra vez entre sus hebras justo antes de que ambos se quedasen dormidos, abrazados y juntos, en la misma cama, en el dormitorio en el que los dos se estaban preparando para recibir a los invitados que pronto llegarían.

Suspiró y se dio la vuelta, terminando de colocarse el reloj.

―Voy a ir yendo a la sala. ¿Hay que colocar algo en la mesa…?

―N-no. Ya está todo puesto. Solo… ¿podrías mover el jarrón que hay en la mesita de la sala para el centro de la mesa del comedor? Creo que es lo único que falta. ―Naruto sonrió y asintió, contento por poder ayudarla aunque fuera en una tarea tan nimia como esa.

―¡Claro, sin problema! Tú termina tranquila. ―Hinata esperó a que él saliera de la habitación y enseguida se apresuró a quitarse el albornoz para ponerse el vestido que había escogido llevar para la cena: una exquisita prenda azul noche con tul en la falda y en las mangas, complementando así a las tiras que se sujetaban a sus hombros. Las medias eran negras y los zapatos del mismo tono del vestido, con algo de brillantina, haciendo que relucieran cada vez que la luz se reflejaba en su superficie.

Se había puesto también el conjunto de colgante y pendientes que le había regalado Naruto por su cumpleaños y una de las pulseras de su madre.

Respirando hondo, comprobó el resultado final en el espejo de cuerpo entero del dormitorio y asintió, conforme con lo que veía. Cogió el bote de perfume de su neceser y estaba aplicándose un par de gotas a cada lado del cuello cuando el timbre sonó.

Nerviosa, guardó la colonia de nuevo en su sitio y se apresuró a llegar a la entrada. Se quedó un poco rezagada al ver que Naruto ya abría la puerta. Los primeros en llegar eran Sasuke y Sakura; esta sonrió ampliamente al verla, mientras se sacaba el abrigo y se lo daba a Sasuke, revelando así un vestido precioso de color rojo que contrastaba con su cremosa piel y sus ojos verdes.

―¡Hinata! ¡Cuánto me alegro de verte!―La abrazó y le dio un beso en la mejilla, para acto seguido cogerle las manos entre las suyas y apretárselas―. ¡Mírate, estás preciosa! Aún no me explico cómo Naruto consiguió atraparte. ¿Sabes? Aún estás a tiempo de huir. Yo lo distraigo y tú corres.

―¡Sakura! ¡No le metas ideas raras en la cabeza'ttebayo!―exclamó Naruto, fulminando a su amiga con la mirada.

La pelirrosa le sacó la lengua y enganchó su brazo con el de Hinata, guiándola hacia el salón. Naruto suspiró y meneó la cabeza. Dio un respingo cuando sintió algo frío tocarle la nariz. Sasuke sostenía una botella de vino contra su cara.

―Toma. Es del bueno. ―Naruto cogió el presente y arqueó una ceja, impresionado, al ver la etiqueta.

―Vaya, has tirado la casa por la ventana, teme. ―Sasuke se encogió de hombros.

―Es la primera y última vez que vamos a celebrar tu compromiso. Y no te preocupes, si esa omega no se ha ido todavía, es que debe de quererte mucho. ―Naruto ignoró el comentario de Sasuke y sonrió, desviando la vista hacia dónde su pareja y Sakura conversaban. El cariño era tan patente en su mirada que Sasuke no pudo menos que esbozar una levísima sonrisa.

―Yo también lo creo'ttebayo. ―El timbre volvió a sonar y Naruto abrió, mientas Sasuke se reunía con Sakura y con Hinata. Esta vez fueron Shikamaru y Temari los que aparecieron. Temari dejó a su marido en compañía de los hombres y ella se fue directa a junto las mujeres, saludando a Hinata con un beso en la mejilla y alabando lo hermosa que estaba y lo bonita que había dejado la casa para la ocasión.

―Vaya, aún sigue aquí―dijo Shikamaru, colgando su abrigo en el perchero de la entrada. Naruto le lanzó una mirada afilada.

―¿Qué quieres decir con eso de que «aún sigue aquí»?―Shikamaru sonrió, encogiéndose de hombros.

―Que debe de quererte mucho para no haber salido corriendo.

―Eso mismo le dije yo. ―Naruto bufó, cruzando los brazos sobre su pecho.

―¿Y vosotros os hacéis llamar mis amigos? Anda y que os den. ―Sasuke y Shikamaru se sonrieron.

El timbre sonó nuevamente. Naruto alargó el brazo para abrir, revelando así a los últimos invitados de la noche. Una despampanante mujer rubia y un chico alto y delgado y extremadamente pálido hicieron su aparición.

―¡Naruto, dichosos los ojos!―El rubio dejó que la chica lo abrazara.

―Hola, Ino. Sai.

―Naruto.

―Bueno, dime, ¿dónde está esa preciosidad a la que supuestamente lograste pescar?―Naruto resopló.

―¿Supuestamente? ¿De verdad?―Ino lo miró y sonrió, sin sentirse para nada culpable. Naruto suspiró, resignado―. En el salón, con Sakura y con Temari. ―Ino no perdió tiempo y fue hacia allí.

―¡Temari! ¡Frentona!―Sakura puso los ojos en blanco al escuchar aquella voz chillona.

―Cerda, hasta que te dignas a aparecer.

―Una mujer debe mantener el misterio, querida Sakura. Ya deberías saberlo a estas alturas. ―Sakura frunció el ceño. Ino la ignoró para centrarse en la joven bajita de piel pálida y dulces ojos perlas que la observaba, con curiosidad. Sonrió con calidez y le cogió las manos, apretándoselas a modo de saludo―. Hola, no nos han presentado todavía: soy Ino, una vieja amiga de Naruto. Y el moreno paliducho que está hablando ahora con Naruto es mi pareja, Sai. ―El aludido hizo un gesto con la cabeza como saludo y Hinata respondió con una leve inclinación―. Dios, Naruto no mentía: eres la cosa más bonita que he visto en mi vida. Mírate, pareces una muñequita. ―Le aplastó las mejillas y Hinata abrió los ojos, sin saber cómo reaccionar.

Sakura suspiró y Temari rio, dando un trago a su copa de vino.

―Ino, la estás asustando. ―La aludida la soltó y miró para Sakura.

―Solo estoy siendo amigable. ―Sakura abrió la boca para replicar pero Hinata la cortó.

―E-está bien. N-no me molesta. E-encantada de conocerte, Ino. ―La rubia se derritió y no pudo evitar abrazarla.

―¡Ay, pero qué monadaaaaaaaaaaaaa! Si alguna vez tengo una hija, quiero que sea como tú. ―Hinata se sonrojó por el cumplido―porque suponía que era un cumplido―y sonrió a Ino, tímida.

La velada se desarrolló a partir de entonces de forma agradable y natural. A pesar de todo, Hinata no se sintió incómoda ni presionada en ningún momento. Le sorprendió descubrir, durante la cena, que Sai e Ino eran ambos betas, pero que su casta no les había impedido estar juntos.

―La gente habló en su momento, por supuesto. Decían que era antinatural, que no podríamos tener hijos y todas esas mierdas. Pero eso no es cierto. Hay estudios… El año que viene vamos a participar, de hecho, en un ensayo.

―¡Eso es fantástico, Ino! Enhorabuena, Sai. ―El aludido alzó su copa, con una sonrisa.

―Tú deberías ponerte a ello, también, ahora que tienes pareja. ¿O tienes miedo de que descubra que tu pequeño pe-

―¡Sai, no empieces!―rugió Naruto, con las orejas ardiendo de vergüenza.

Sakura, sentada al lado de Hinata, se inclinó hacia ella.

―Sai tiene la manía de soltar todo lo que le pasa por la cabeza sin pensar en las consecuencias que sus palabras puedan causar. Le gusta especialmente meterse con Naruto. Cuesta un poco acostumbrarse a su retorcido sentido del humor, pero no es un mal chico.

―Al menos no mientras esté callado―dijo Temari, al otro lado de Hinata, guiñándole un ojo que hizo a la Hyūga taparse la boca para ocultar una sonrisa.

En el otro extremo de la mesa, sentado en la cabecera restante, Naruto sonreía, disfrutando del ambiente acogedor que la deliciosa comida que había preparado Hinata así como la presencia de sus más íntimos amigos habían logrado crear. Todos habían alabado sin excepción los platos que con tanta dedicación ella había hecho.

Ahora estaban disfrutando del postre, una tarta de tres chocolates con nata en el medio de las capas. Hinata la había hecho mezclando diferentes tipos de chocolate, por lo que no resultaba demasiado empalagoso. Incluso Sasuke, con lo quisquilloso que era para los postres―ya que odiaba todo lo que fuese demasiado dulce según su criterio―se había tomado ya dos trozos e iba por el tercero, cuando los demás se había conformado con un trozo o trozo y medio.

Aquella cena no se podía calificar de otra forma que no fuese un total, completo y absoluto triunfo.

En cuanto Sasuke terminó su tercer trozo, dejó el tenedor sobre la mesa y entonces Hinata se levantó, empezando a recoger.

―¿A-alguien quiere café o-

―¡Hinata, déjate estar, por Dios! Has cocinado para nosotros, deja que recojamos al menos la mesa. ―Hinata miró para Temari, horrorizada.

―¡N-no e-es necesario! ¡Yo puedo-

―Que no, que no. Temari tiene razón. Siéntate. Nosotras nos encargamos. ―Hicieron amago de levantarse y los chicos las imitaron. Naruto sonrió, orgulloso de tener tan buenos amigos. Él también se levantó y carraspeó, para llamar la atención de todos los presentes.

―En realidad, antes de pasar al café… Me gustaría hacer un importante anuncio. ―Todos se quedaron quietos y callados, incluida Hinata, que lo miraba, entre inquieta y expectante. Naruto rodeó la mesa hasta llegar a su lado y la tomó de la mano, tirando de ella para ponerla en pie y llevándose los femeninos dedos a los labios para besarlos. Luego, sin soltarla, se giró a mirar a sus amigos, seis de las personas más importantes de su vida, sonriendo―. Primero, me gustaría agradeceros vuestra presencia en esta, nuestro humilde hogar. Sé que muchos habíais perdido la esperanza en que lograría encontrar a mi media naranja, al omega de mi vida, pero, por suerte, Hinata se cruzó en mi camino y hoy no puedo dar más que gracias por ello.

»Es por eso que quería teneros hoy a todos aquí, no solo para reiteraros mi agradecimiento, sino también para anunciar que soy el alfa más feliz del mundo ahora mismo y que me gustaría que todos fuerais partícipes de este momento tan especial para mí.

Se giró a mirar a Hinata, con todo lo que sentía por ella refulgiendo en lo profundo de sus ojos azules. Sacó algo del bolsillo y se lo tendió. Hinata sintió que se quedaba sin respiración.

―Na-Naruto…

―Hinata, desde que has llegado a mi vida la has llenado de amor y calidez. Por ello, me gustaría pedirte oficialmente que te quedases conmigo. Para siempre. Quiero honrarte, cuidarte, protegerte… pero, sobre todo, quiero amarte. Si tú me dejas'ttebayo. ―Con lágrimas en los ojos y dedos temblorosos, Hinata abrió el objeto que Naruto sostenía en la palma de su mano, revelando un precioso anillo de compromiso en oro blanco con una piedra color lavanda engastada en el centro.

Con movimientos torpes, sacó la sortija y se la puso en el dedo anular, admirándola un segundo para luego mirar con ojos vidriosos para Naruto, su alfa, el único que existía y existiría para ella.

Naruto sintió la dicha y el alivio recorrerlo al ver a Hinata aceptar su regalo y, por ende, su proposición.

Sin perder un minuto la abrazó contra él para besarla, entre aplausos y vítores de sus amigos. Cuando se separaron, junto su frente con la suya y no pudo evitar ronronear al sentir que ella le acariciaba el rostro.

―Míralo. Parece un cachorrito indefenso―dijo Sai, en tono burlón. Ino se acercó a él y le pellizcó el brazo, mirando sonriente para la feliz pareja.

―Déjalo, Sai. Solo por hoy. ―El moreno sonrió y atrajo a Ino por la cintura hacia su costado, volviendo a mirar para la pareja que ahora se abrazaba. Vieron como Naruto escondía un segundo el rostro contra el cuello femenino, ronroneando de nuevo al sentir las yemas de los dedos de Hinata rascándole el cuero cabelludo, en un gesto que denotaba cariño y confianza.

―Dios, ¿así de cursis éramos nosotros también?―dijo Sakura, sin poder evitar sonreír ante la tierna escena.

―Los alfas nos volvemos cachorritos indefensos ante nuestras parejas. Ya deberías saberlo. ―Sakura se sonrojó al oír las palabras de Sasuke.

―Pervertido―murmuró la pelirrosa. Sasuke sonrió, de manera arrogante, haciendo que su sonrojo se acentuara.

Porque sí, un alfa se volvía todo suave y blando cuando conseguía encontrar a un omega que lo aceptaba y lo complementaba, un omega que lo amaba, por encima de todas las cosas.

Y nadie se merecía más amor que Naruto.

Así que, si Hinata lo amaba, no había más que hablar.

Ellos, como buenos amigos, se encargarían de que nadie osara jamás dudar de su unión.

Empezando por Hiashi Hyūga y su séquito de indeseables.

Fin Cálido


Pues nada más qué decir. Ya están juntos, viven juntos y ahora tienen un compromiso más en firme. Ojalá os haya gustado.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.