¡YAHOI! Aquí vengo, otro día más a dejaros el capítulo del día. Antes de nada, en las notas finales haré un importante anuncio. Así que, por favor, LEED.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: celos.

Hora de publicación: 23:31. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


8. Intenso


Naruto se paseaba entre las vitrinas de la joyería, preguntándose qué demonios hacía allí. Se había dejado arrastrar por Shikamaru y por Sasuke, a pesar de sus firmes protestas. Pero ninguno de sus amigos le había hecho el más mínimo caso y allí estaba ahora, en una de las joyerías más exclusivas de la ciudad, buscando un collar para omegas, para Hinata.

―Esto es una idiotez'ttebayo―murmuró por enésima vez en el día. Shikamaru suspiró, sintiendo cada vez más ganas de salir a fumarse un cigarrillo para calmar sus nervios.

―Naruto, sé que odias estas reglas estúpidas, pero es lo que hay. Hasta que no podamos cambiar las cosas, deberemos jugar según sus reglas. ¿O acaso quieres que la gente mire mal a Hinata y piense lo que no es? Además, imagínate que sale sola algún día a la calle y otro alfa intenta- ―Naruto gruñó, molesto.

―Ya, entiendo tu punto. Pero me sigue pareciendo una idiotez. No somos perros. ―Shikamaru suspiró nuevamente y miró para Sasuke, suplicando ayuda. El Uchiha sacudió la cabeza y le dijo que el rubio ya no tenía remedio.

Le quedaba el consuelo de saber que en cuanto formalizase la ceremonia de unión con Hinata, las cosas se calmarían.

Al menos durante un tiempo.


Hinata salió del probador, expectante, agarrándose las manos temblorosas. En la salita de espera, Sakura, Temari, Ino y Hanabi la miraron, con las bocas abiertas.

―¡Oh, Dios, mío, estás preciosa, hermana!―Ino se levantó y dio una vuelta a su alrededor, evaluando el vestido.

―Hum… ¿No es un poco abultado?

―Es de corte princesa, cerda. Se supone que tienen que ser así. ―Ino puso los ojos en blanco ante la observación de Sakura.

―Gracias por señalar lo obvio, frentona―le respondió, sarcástica―. Me refería a que, con lo pequeñita que es Hinata, apenas se la ve entre tanto tul. Igual uno que tenga menos vuelo en la falda…

―Mmm… Ahora que lo dices… es cierto. Apenas se te ve, nee-sama. ―Hinata suspiró, acariciando con algo de desilusión el bonito vestido.

―Pero si te gusta, cómpratelo. Eres tú la que lo va a llevar, al fin y al cabo. No te dejes influenciar por nosotras―le dijo Temari, echándose hacia atrás y cruzando las piernas. Hinata se mordió el labio y miró para la selección de vestidos que la dependienta les había traído.

―T-tal vez… ¿podría probarme otro?

―¡Por supuesto, señorita Hyūga! Nuestro humilde establecimiento está para servirla. ―Hanabi ladeó la cabeza con una sonrisa, dando un sorbo a su copa de champán.

Hinata volvió a meterse en el probador con una sonrisa mientras la vendedora iba tras ella, portando dos vestidos más y para ayudarla a quitarse el que tenía puesto.

―Oye, ¿es impresión mía o tu hermana lo está haciendo a propósito?―Hanabi dejó escapar una risita.

―Se está divirtiendo de lo lindo, aunque parezca que no. Cuando éramos más pequeñas le encantaba probarse ropa de nuestra madre y disfrazarse e inventarse cuentos e historias que luego representaba para mí. Creo que en parte lo hacía para que yo no sintiera tanto la pérdida de mamá. Pero, eventualmente, padre le prohibió seguir haciéndolo. ―Ninguna preguntó nada más. No querían ahondar en cosas tristes en un día en que se lo estaban pasando tan bien.

Hinata salió en ese momento llevando otro vestido y las chicas chillaron y alabaron lo guapa que estaba. Hinata se sentía como una niña pequeña en una tienda de chuches. Era increíble volver a poder disfrutar de las cosas que le gustaban.


Tres días después, Naruto estaba en su oficina, revisando unos contratos para dejarlos listos y que así los abogados les dieran un último vistazo, cuando Shikamaru entró como una tromba. Naruto levantó la cabeza de la mesa, con el ceño fruncido.

―Shikamaru, ¿qué pasa?―Shikamaru cerró tras él y anduvo hasta el frente del escritorio de su jefe y amigo. Llevaba lo que parecían varios periódicos y revistas en las manos. Tragando saliva, Shikamaru se sentó en una de las sillas y se puso rígido para mirar a Naruto directamente a la cara.

―Antes de que te cabrees y lo pagues conmigo… No ha sido ninguno de nosotros. Te lo juro. ―Naruto arrugó la frente, confuso.

―¿Eh? ¿A qué te refieres'ttebayo?―Por toda respuesta, Shikamaru colocó cuidadosamente el montón de revistas y demás encima de la mesa y rápidamente se apartó varios pasos, temiendo lo que se venía.

Bufando, Naruto agarró el primero y escudriñó la primera página, preguntándose qué demonios tendría a su consejero delegado atacado de los nervios.

Sus dedos se pusieron rígidos y todo su cuerpo se tensó. Sentía la nuca tan tensa que si la movía seguramente se le rompería.

El titular era el siguiente:

«La única omega de los Hyūga comprometida con un alfa de dudosa reputación».

Respiró hondo, tratando de tranquilizarse. Aquel periódico era uno de corte conservador, afiliado a las viejas ideas y costumbres. No debía extrañarse de que pusiesen en duda su honra o la de Hinata.

Cogió el segundo periódico de la pila.

«Una omega de sangre pura a punto de vincularse a un alfa hasta ahora desconocido. ¿Será que soplan vientos de cambio para las nuevas generaciones?».

Bueno, ese no era tan malo, dentro de lo que cabía. Tomó el tercero.

«¿Deberían volver a ser las pruebas de sangre de obligado cumplimiento? Los expertos hablan: la escasez de alfas dominantes es un dato que preocupa mucho a nuestros científicos. Danzō Shimura, uno de nuestros políticos más reconocidos, lo tiene claro "Debemos, ahora más que nunca, proteger los linajes más puros si queremos sobrevivir como especie. Los omega tienen que retornar a su función primigenia: la crianza. Las uniones no pueden ser hechas al azar ni con el primero que pase por delante. Bien es sabido que los omega no tienen la misma capacidad de raciocinio que los alfas o los betas, necesitan la guía de uno de estos últimos para ir por el buen camino". Las últimas encuestas, sin embargo, apuntan a que… »

Naruto no pudo seguir leyendo. Rompió el periódicos en pedacitos diminutos que lanzó al suelo, con rabia. Cogió las revistas y las hojeó. La mayoría eran cotilleos en torno a su pareja, metiéndose con su forma de vestir, de peinarse o incluso de moverse.

―Estúpidos, malditos hijos de la gran puta. Cabrones sin sentimientos, bastardos… ―Shikamaru esperó a que terminase de desahogarse antes de aventurarse a decir nada.

―Míralo por el lado positivo: esto atraerá la atención…

―¡Pero de la forma equivocada! ¡Están diciendo cosas de Hinata sin conocerla tan siquiera! ¡¿Cómo se atreven?! ¡Pienso destruir cada maldito periódico y revista que publique una cosa contra ella! ¡Avísalos, Shikamaru! ¡No pienso dejar que… ―Shikamaru suspiró, rascándose la cabeza.

―Bueno, al menos no la ha tomado con los mueves―murmuró, dando gracias a Dios por eso. Sería muy problemático tener que dar explicaciones a todos los empleados.

Naruto no pudo concentrarse el resto del día. Finalmente, a media tarde, recogió sus cosas y decidió irse para casa. Estaba ansioso y preocupado. ¿Habría Hinata visto esos asquerosos artículos? Antes de dirigirse hacia su apartamento, paró en una pastelería a comprarle unos cuántos rollos de canela. Eso siempre la animaba.

Casi agujeró el suelo del ascensor mientras subía hacia su piso correspondiente y prácticamente echó la puerta abajo al meter la llave en la cerradura para poder al fin ingresar en su casa.

―¡Kiba, n-no digas eso… ¡E-en serio, d-deja de… ¡N-no sigas… ―Todo en él se puso alerta al escuchar su dulce voz pronunciando el nombre de otra persona con tanta calidez―. ¡Ha-hazle caso a Shino y pa-para! ¡Me muero de vergüenza!―La escuchó reír y aquello lo hizo llegar a su límite.

Se dirigió hacia el salón, solo para encontrarla sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y un cofín aferrado contra su pecho mientras con la otra hablaba por el teléfono fijo. Se congeló al ver su sonrisa radiante y sus ojos brillantes.

No pudo evitarlo: unos ardientes celos lo consumieron por dentro. Un gruñido salió de su garganta, alertando a Hinata así de su presencia. Ella se volvió y le sonrió, con esa expresión suave y amorosa que solo ponía con él. Eso aplacó un poco la sensación, pero no consiguió hacerla desaparecer. Ni mucho menos.

―Ki-kiba… te-tengo que dejarte… N-no, Naruto ya volvió a casa y- ¡De-deja de decir esas cosas! ¡N-no voy a hacer nada de lo que dices!―Roja como un tomate, cortó la llamada y se levantó del sofá, dejando el aparato sobre el mismo―. Bi-bienvenido a casa. ―Hinata se acercó a él y se puso de puntillas, para darle un beso de bienvenida. Sin embargo, en vez de agacharse para que pudiera alcanzar sus labios, Naruto se quedó rígido y ella solo llegó hasta su barbilla.

Algo intimidada por su pose tensa y seria, retrocedió unos pasos y entrelazó las manos sobre su vientre, mordiéndose los labios, nerviosa. ¿Estaría molesto con ella? ¿Había hecho para enfadarlo o disgustarlo? Su instinto de omega la instó a disculparse al punto. Había hecho enojar a su alfa y debía hacer algo inmediatamente para reparar la ofensa.

―Yo… L-lo siento… ―Naruto parpadeó, pareciendo confundido durante un segundo. Luego, al darse cuenta de lo que había hecho, abrió los ojos.

―¡Oh, mierda! ¡Lo siento mucho, Hinata!―La abrazó contra él, calmándose al instante en cuánto sintió su pequeño y cálido cuerpo amoldarse a la perfección al suyo―. ¡No has hecho nada malo, de verdad'dattebayo!―Al menos, eso creía.

Hinata se sintió aliviada al oírlo y le devolvió el abrazo, acurrucándose contra él. Naruto cerró los ojos e intentó que el pinchazo de celos se desvaneciera poco a poco. Aun así, no consiguió hacerlo desaparecer del todo. Y siguió molestándolo incluso después de que Hinata le volviera a sonreír con ese gesto que adoraba, cómo si él fuera el único alfa al que sería capaz de amar el resto de su vida.

Aunque probablemente eso era cierto, no era por alardear…

―¿Qué llevas ahí?―Naruto sonrió, divertido, al verla olfatear el paquete que todavía sostenía en la mano. Sus orbes perlas brillaron en cuánto adivinaron el contenido y lo miraron, anhelantes, expectantes.

Naruto se echó a reír y tiró de ella para besarla una vez más. Dios, nunca se cansaría de esos labios…

―Paré de vuelta a comprar unos rollos de canela. Quería mimarte un poco'ttebayo. ―Hinata le sonrió, ahora con los ojos llenos de agradecimiento e ilusión.

―¿De verdad son para mí?―preguntó, casi con miedo. Naruto suspiró. Hiashi le había hecho un daño terrible. Ojalá pudiera hacer que su temor desapareciera de un día para otro… Le levantó la barbilla y la besó tiernamente en los labios.

―Siéntate. Voy a preparar un poco de té. ―Hinata negó.

―N-no es necesario. De-descansa y ya… ―Naruto le dio un toquecito en la nariz.

―Quiero mimarte un poco. Anda, déjame hacerlo. ―Hinata quiso protestar, pero Naruto desapareció en la cocina sin darle tiempo a replicar.

Suspirando, fue a sentarse en el sofá a esperar a su alfa. Lo escuchó trastear en la cocina y luego dejar la tetera al fuego mientras él iba hacia la habitación, seguramente para cambiarse de ropa mientras el agua se calentaba.

La tetera empezó a silbar e iba a levantarse cuando Naruto apareció de nuevo, ya con ropa más cómoda de andar por casa. Escuchó ruidos de cacharros y finalmente su sonriente alfa regresó al salón, portando en sus manos una bandeja con dos tazas, una tetera del que emanaba un delicioso olor a jazmín y un plato con los rollos de canela.

Lo dejó todo encima de la mesita y le sonrió. Hinata no pudo evitar aspirar hondo en cuánto el aroma de sus dulces favoritos llenó el aire. Naruto rio y cogió uno para tendérselo. Sin esperar un segundo, Hinata abrió la boca y le dio un mordisco. Naruto sintió un tirón en su entrepierna al ver cómo su lengua lamía las migas que se le habían pegado en las comisuras de la boca.

Dios, era tan sensual… Y lo peor de todo es que ella no tenía ni idea. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para controlarse. Al menos, Hinata había vuelto a tomar los inhibidores de hormonas para que sus ciclos no fuesen tan fuertes.

Él quería unirse con ella de forma definitiva, pero antes quería darle una ceremonia de unión que no olvidase jamás. No era muy común que una pareja hiciese una ratificación de su vinculación como pareja. Era una extravagancia que muchos opinaban que no tenía sentido ninguno. Lo más extendido era hacer una fiesta. Pero Naruto quería demostrarle al mundo―y también a Hinata―lo mucho que quería a su omega. Para que ningún otro alfa pudiese venir y arrebatársela.

Aquel pensamiento trajo el recuerdo de la conversación que Hinata estaba manteniendo cuando él entró en casa. El mal humor regresó. Al menos no había visto los periódicos, que había sido su impulso inicial para volver a casa más temprano, pero pensar que ella pudiera reaccionar a otra persona como lo hacía con él… Le ponía los pelos de punta.

Se aclaró la garganta, dispuesto a preguntar.

―Hinata. ―Ella sopló sobre su taza de té y lo miró, esperando a que continuase―. Cuando llegué a casa… ¿Con quién hablabas?―Ella sonrió, de pronto alegre.

―Oh, con Kiba y con Shino. ―Naruto estrechó los ojos.

―¿Kiba? ¿Shino? ¿Quiénes son esos?―Hinata se sintió cohibida por su tono demandante.

―S-son u-unos amigos… ―Naruto frunció el ceño.

―¿Amigos? ¿Qué amigos?―Hinata se mordió el labio, bajando la cabeza, sumisa.

―D-del colegio… Pe-perdí el contacto con ellos porque pa-padre consideró que no era a-adecuados pa-para mí. Cre-creyó durante un tiempo que Kiba estaba cortejándome, pe-pero él solo me veía como una amiga y pa-padre consideró que no debía perder más el tiempo con él. ―Naruto entrecerró los ojos.

―¿Kiba es un alfa?―Hinata asintió, apretando la taza entre sus manos, nerviosa―. ¿Y… ese Shino…?―Ahora Hinata se apresuró a negar.

―N-no. Shi-Shino e-es como yo: un omega. ―Naruto almacenó esa información y dejó de preocuparse por Shino. El Kiba ese, por otro lado…

―Hinata, no quiero que hables con otros alfas. ―Ella levantó la cabeza y parpadeó―. No si no estoy yo presente. Al menos, hasta que nos vinculemos definitivamente'ttebayo. ―Hinata quiso protestar, pero como omega, sabía que no tenía más remedio que obedecer. Su alfa le había dado una orden, y debía cumplirla.

Naruto suspiró al ver la desilusión cruzar por sus ojos perlas. Olió también miedo proviniendo de ella y maldijo, pasándose las manos por el pelo. Alargó los brazos y la pegó a él, para besarla profundamente, con algo de fiereza.

―Na-Naru-

―No soporto que otros te miren cómo yo lo hago, ¿entiendes? Me vuelve loco pensar en que otro alfa pueda venir y arrebatarte de mi lado. No lo soportaría, Hinata. Lo mataría antes que permitirle poner sus manos sobre lo que es mío'ttebayo. ―Hinata pegó la frente contra su pecho y cerró los ojos, concentrándose y dejando que sus feromonas omegas se filtraran por los poros de su piel. Naruto gimió y ronroneó en su oído, relajándose al instante.

―N-no podría estar con nadie más, Naruto―le confesó, en tono suave, cuando notó que él dejaba de estar tenso.

Naruto suspiró y la obligó a mirarlo a los ojos, poniendo una mano sobre una de sus mejillas.

―Lo sé. Pero a mi alfa interior le cuesta soltarte. Eres el único omega para mí, ¿lo sabías? Antes de ti, nadie me había golpeado tan rápido, fuerte y profundo como tú lo hiciste. Y por eso mismo me niego a perderte. Solo… aléjate de otros alfa. Me costará un poco, pero conseguiré adaptarme. Dame tiempo. ―Hinata le sonrió y asintió, volviendo a acurrucarse en su cálido pecho.

Le daría todo el tiempo que necesitara. Una eternidad si hiciese falta.

Porque para ella tampoco existía nadie más que él.

Fin Intenso


Pues eso. Que a Naruto no le guste que miren lo que es suyo xD.

Por cierto, como comenté arriba, debo anunciaros algo: sintiéndolo mucho, voy a dejar de contestar los reviews diariamente. Al menos durante unos días. Mañana empiezo en un trabajo temporal, de estos de navidades y no voy a tener descanso de aquí al 5 de enero, más que el día de Navidad y Año Nuevo. El resto de días, sábados y domingos incluidos, me toca currar. Y aparte se supone que son fiestas "familiares". Aunque en mi casa somos 4 gatos, literal. No tengo tíos, ni primos ni abuelos ni na. Está mi familia política, pero solo hay un día que coinciden todos porque el resto cada uno va por su lado xD.

Las navidades, para mí, solo son ansiedad y estrés añadido. Porque se empeñan en celebrarlas para luego quejarse de todo el trabajo que dan. Yo digo "Bueno, pues encarguemos la comida". "Ay, no, que no es lo mismo". "Bueno, pues usemos el comedor, que lo tenemos de adorno, no se usa en todo el año y así no mueves la mesa de la cocina por todo el puto pasillo hasta el salón, con lo que pesa y que apenas cabe". "Ay, no, que en el comedor hace demasiado frío". "Se enciende la estufa, que para algo hay una ahí". "Ay, no, que se gasta mucha luz y está carísima. ¡Claro, como no la pagas tú!".

Y un largo etcétera etcétera etcétera...

Perdonadme. Pero me acaban de amargar la noche con una discusión que no venía a cuento y por algún sitio tiene que salir la bilis porque sino, reviento u.u.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí. Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.