¡YAHOI! Pues una deuda pendiente menos. ¡Ya vamos al día, señores! Ahora, solo me quedan los dos de hoy. Intentaré tenerlos listos a lo largo del día. A ver si, con algo de suerte, puedo terminarlos antes de la noche y así voy preparando los de mañana.
Adelantar cosas nunca está de más xD.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: construcción del nido.
Hora de publicación: 12:43. Hora peninsular española.
¡Espero que os guste!
11. Confortable
―¿Qué te parece?―Hinata paseó la vista por toda la estancia. La cocina y el salón eran amplios, y en la parte de arriba había suficientes habitaciones. Además, el jardín la había enamorado nada más verlo y ya podía imaginarse sentada en un sillón, al lado de la puerta que daba al exterior, mientras leía un libro o disfrutaba de una buena taza de té o de chocolate caliente.
No la había convencido ninguna de las demás propiedades inmobiliarias que habían visitado, pero esa casa parecía ser la ganadora.
Aun así, tenía sus reservas.
―¿P-por qué quieres que nos mudemos?―preguntó. Naruto frunció el ceño.
―¿Cómo que por qué? El apartamento es demasiado pequeño, Hinata. Si algún día queremos formar una familia, necesitaremos más espacio. Para nosotros dos está bien, pero no creo que sea un lugar adecuado para criar niños. Mira, aquí hay un jardín y no está muy lejos de la ciudad… Es un buen barrio, cuenta con todos los servicios mínimos e incluso hay buenos colegios y guarderías cerca. Me he informado bien'ttebayo. ―Hinata sintió de pronto la emoción invadirla. Él había pensado en todo.
Lo cierto era que la casa era preciosa. Ni demasiado grande ni demasiado pequeña. El jardín tenía un buen tamaño, también. No había riesgo de que, si tenían hijos, estos se escapasen si dejaban el portón principal bien cerrado y asegurado. Tenía dos cuartos de baño: uno privado en la habitación principal y otro en el pasillo de arriba. En la planta de abajo había un aseo de cortesía y una salita al lado de la cocina era la zona de la lavandería.
Suspiró y asintió, rindiéndose.
―D-de acuerdo. ―Naruto sonrió ampliamente.
―¿Sí? ¿Nos la quedamos?―Hinata asintió―. ¡Estupendo'ttebayo! ¡Voy a llamar a la agente inmobiliaria ahora mismo! ¡Iremos a firmar los papeles esta misma tarde!―Hinata no pudo evitar soltar una risita al ver el entusiasmo de su pareja. Parecía un niño con zapatos nuevos.
Miró hacia el techo y se dijo que, por su futuro, haría de aquel lugar su casa. Un sitio lo más cómodo y confortable posible.
Un verdadero hogar dónde sus futuros hijos solo conocerían la alegría y el amor.
Uno cómo ella jamás había tenido, pero que se encargaría personalmente de proporcionarles.
Naruto miró para la selección de cojines, mantas, alfombras y juegos de sábanas, indeciso de cuáles escoger. Había tantas opciones posibles que le aterraba equivocarse. Quería que Hinata se sintiese lo más cómoda posible en su nueva casa, que sintiera la seguridad que jamás había tenido en la casa Hyūga.
―¿Cuál crees que le gustará más a Hinata?―preguntó Naruto, acariciando las suaves telas de los cojines. Los había de todos los tamaños y colores, algunos lisos y otros estampados, otros con elaborados bordados en relieve y otros hechos a ganchillo.
―Naruto, da igual lo que le lleves. Hinata lo amará igual―sonó tras él la voz de Sakura, que echaba un vistazo a un armarito empotrado que había expuesto en un rincón de la tienda.
El rubio suspiró, pasando ahora la vista por las alfombras que tenían extendidas para que pudieses apreciar los dibujos de cada una con detalle.
―Es que… quiero que se sienta bien, cómoda y segura. No creo que haya tenido un nido como Dios manda en su vida. Y quiero proporcionárselo'ttebayo. ―Sakura miró para su amigo con una leve sonrisa en los labios. Si le hubiesen dicho hace un par de años que Naruto estaría tan perdido por una mujer se habría echado a reír. No es que no tuviese cualidades o que no fuese guapo―era uno de los hombres más atractivos que había visto nunca―pero era demasiado simple, torpe y escandaloso. Solo alguien tan dulce y paciente como Hinata podía haberse enamorado de él.
―Pero si te digo yo lo que escoger, ya no será tan especial―le dijo Sakura, mirando el precio de unas figuritas de decoración talladas en madera que le habían llamado la atención―. Además, eres tú el que sabe cuál es su color favorito o si prefiere algo sencillo o llamativo.
―No le gusta lo llamativo―dijo Naruto, convencido―. Y su color favorito es el malva. También le gustan el azul y el turquesa… ―Se dirigió hacia los cojines y cogió dos en tonos lila. Uno era liso, de una tela brillante. El otro tenía un intrincado patrón a base de triángulos en relieve.
Decidido, cogió esos dos. Escogió también otro de un morado más oscuro que era un poco más alargado y tenía flecos cosidos en los laterales. Se decidió también por otro más pequeño de un tono malva más clarito, casi gris, que era como de peluche.
Vio también uno muy gracioso en forma de ratón, con sus orejas, sus bigotes y su cola y no pudo evitar comprarlo de lo tierno que le pareció. Estaba seguro de que Hinata lo amaría.
Luego pasó a la ropa de cama. Compró dos juegos de sábana también morados, uno liso y otro con un estampado a base de estrellas. La colcha que se llevó era suave y gruesa, para que estuviera bien abrigada en las noches más frescas. Eligió una alfombra grande de esas mulliditas en las que podías andar descalzo y ni siquiera notabas el suelo, en color blanco. Compró también un baúl que hacía las veces de canapé que iría a los pies de la cama, dónde Hinata podría guardar ropa o lo que fuese. Se llevó asimismo varias mantas grandes y abrigosas, todas de diferentes tonos de lila. Quería que Hinata tuviese todo aquello que no había tenido hasta entonces.
Los muebles no eran problema, ya que habían ido a comprarlos el día anterior.
Naruto repasó su extensa compra y asintió, satisfecho.
―¿Pueden enviarlo todo a esta dirección mañana por la mañana?―La dependienta, que estaba terminando de registrar el pago en el ordenador, se apresuró a asentir.
―Por supuesto, señor. ¿A alguna hora en especial?―Naruto se quedó en silencio unos minutos.
―No muy temprano… ¿Tal vez a eso de las once?―La vendedora asintió de nuevo.
―Ningún problema. ―Naruto le dio las gracias y se encaminó a la salida, sintiendo la satisfacción bullendo en el interior de su pecho.
Riendo, Sakura lo siguió. Ni siquiera se acordaba de que ella estaba allí.
Esperaba que Hinata se diese cuenta de la suerte que había tenido con su alfa.
Hinata estaba colocando alguna de su ropa en el armario de la habitación principal cuando el timbre sonó, indicando una visita. Con el ceño fruncido, se levantó del suelo y se sacudió la larga falda que se había puesto mientras abría las cajas de la mudanza para colocarlo todo en su sitio.
Bajó las escaleras a paso rápido, no queriendo esperar más a la visita.
―¡Voy!―Se quedó boquiabierta cuando, al abrir la puerta tras pulsar el botón que hacía abrirse el portón del jardín, vio un enorme camión dando marcha atrás, entrando en su jardín. Parpadeó cuando dos jóvenes deltas se bajaron de la cabina del conductor y fueron hacia ella, sonriéndole con educación.
―¿Es usted Hinata Uzumaki?―Hinata asintió, todavía en shock―. Traemos un pedido para usted, de parte del señor Uzumaki. ―Hinata parpadeó.
―¿D-de parte de Naru- de mi esposo?―El chico revisó la orden de trabajo que tenía en las manos y asintió. Hinata vio cómo su compañero abría la parte de atrás y empezaba a sacar cajas y cajas y más cajas. Vio también una enorme alfombra enrollada y un baúl igual de grande. ¿Dónde iban a poner todo eso?―. Yo… m-mi marido no me dijo que hoy entregarían un pedido… ―El joven delta le enseñó la hoja de entrega.
―Estas son las instrucciones que hemos recibido… Oh, es cierto. Nos pidieron también que le entregásemos esta nota. Disculpe. ―Se sacó del bolsillo un sobre y se lo tendió. Con manos temblorosas, Hinata lo tomó y lo abrió, revelando así la nota del interior:
¡Sorpresa! ¿A que no te lo esperabas? Cariño, espero que mis regalos te gusten. Puedes disponerlos en la habitación principal o en cualquier otro cuarto que quieras. Es todo para ti, para que tengas el nido que te mereces. Espero que todo sea de tu agrado. Si hay algo que no te guste, lo hablamos en casa, cuando vuelva.
Ya estoy deseando verte.
Te amo.
Tu alfa, Naruto.
Con los ojos llenos de lágrimas, Hinata no pudo evitar soltar una risita al leer la última frase. Naruto siempre sentía la necesidad de auto reafirmarse como su alfa, como si fuese el único para ella―que lo era―y eso le encantaba.
Secándose los ojos, le dirigió una sonrisa a los dos deltas que esperaban sus instrucciones.
―Pueden subirlo todo a la planta de arriba, la habitación al fondo del todo a la derecha. Yo… ne-necesito unos minutos. ―Los dos deltas asintieron, sonrientes y comprensivos.
―De acuerdo, señora, déjelo en nuestras manos. Iremos subiendo las cajas. ―Hinata asintió.
―Gracias. Iré enseguida para indicarles dónde colocar todo. Disculpen. ―Se metió de nuevo en casa, directa a la cocina, sintiendo la emoción cosquillearle por todas partes.
No podía parar de temblar de emoción. Tenía que calmarse antes de que rompiese a llorar definitivamente delante de los repartidores.
Nadie había hecho por ella nada semejante. Nunca. ¿Era posible enamorarse cada día más de una persona? Porque, en su caso, no paraba de descubrir facetas de su amado que la hacían, si eso era posible, amarlo cada vez más y más.
No podía creerse la suerte que había tenido de que un alfa como Naruto la hubiese escogido a ella. Se llevó una mano al cuello, donde yacía la marca de pertenencia que la señalaba como suya.
Sonrió y se la acarició, con cariño.
Jamás había soñado con que pudiese ser tan feliz…
―¡Ya estoy en casa!―Naruto entró en su hogar, suspirando. Estaba algo molesto por haber tenido que dejar sola a Hinata durante todo el día. Después de los maravillosos días que había pasado a su lado, mimándola y cuidándola, le sabía fatal irse a trabajar mientras ella tenía que acomodar todo en la casa nueva.
Se dirigió a la cocina, pero no la vio. El salón también se encontraba vacío y en el jardín no había ni rastro. ¿Tal vez arriba? No creía que hubiese salido, ya que no tenía ningún mensaje ni había nota ninguna a la vista.
Subió las escaleras y fue directamente hacia la habitación principal del lugar. El corazón le palpitaba fuertemente a medida que se acercaba. Había detectado enseguida el dulce olor de su mujer al inspirar hondo, buscándola y, efectivamente, estaba en el cuarto antes mencionado.
¿Le habrían gustado sus regalos? Deseaba con toda su alma que sí.
Llamó a la puerta, pidiendo permiso para entrar. No quería perturbarla si estaba descansando o no quería visitas en este momento.
―¿Hinata? ¿Estás ahí, cariño?―Escuchó unos pasos ligeros y luego su dulce voz.
―Puedes pasar. ―Ansioso, Naruto empujó la puerta y esta le dio paso al fin. Observó que Hinata había colocado todo ya en su sitio. La cama estaba pulcramente hecha y los cojines primorosamente dispuestos encima de la misma. La alfombra cubría casi la totalidad del suelo y el baúl estaba a los pies de la cama. En el centro de la habitación, Hinata lo miraba, sonriente y con lágrimas de emoción en sus ojos. Entrando en pánico, Naruto se acercó a ella y la tomó por los hombros.
―¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Hay algo que no te guste? ¡Podemos cambiar lo que quieras o comprar cosas nuevas o- ―Hinata lo silenció con un beso, interrumpiendo así su diatriba.
―No, no hay nada que no me guste. Todo es… perfecto. ―Naruto parpadeó y luego rio, abrazándola.
―¡Dios, no vuelvas a asustarme así! ¡Ya pensaba que había metido la pata hasta el fondo'ttebayo!―Hinata rio y se acurrucó contra él, disfrutando de la calidez y la dureza de su cuerpo.
―Nunca nadie había hecho nada semejante por mí. N-no sé có-cómo… da-darte las- ―Ahora fue Naruto el que la interrumpió, dándole un tierno, dulce y apasionado beso en los labios que Hinata correspondió de buen grado.
―No tienes nada que agradecerme, cariño. ―Le cogió el rostro entre las manos, acariciándole las mejillas con los pulgares para retirar las lágrimas que le corrían por la cara―. Quiero que tengas todo lo que quieras, todo lo que te mereces. Eres la persona más importante de mi vida, Hinata. ―La joven sintió que quería llorar de nuevo.
―M-me consientes de-demasiado. ―Naruto sonrió ampliamente y la besó en la cabeza.
―¿Qué clase de alfa sería si no lo hiciera'ttebayo? Es mi deber cuidar a mi omega y proporcionarle todo lo que necesite. Así que… ¿qué me dices? ¿Te gusta, entonces?―Hinata negó y lo abrazó, hundiendo el rostro en su cálido pecho.
―N-no. Me encanta. Te amo. ―Naruto sintió la emoción recorrerlo, como cada vez que ella le decía esas mágicas palabras.
―Yo también te amo, Hinata. No tienes idea de cuánto'ttebayo. ―Hinata se dijo que eso era mentira. Sí lo sabía.
Porque nunca había conocido a un alfa que se desviviera con su omega como Naruto lo hacía con ella.
Y eso solo lo hacía ser aún más perfecto a sus ojos. Aunque solo fuese por lo enamorada que estaba de él.
No le importaba. Amaba a Naruto. Y no se avergonzaba de que el resto del mundo lo supiese.
Fin Confortable
Lo he dicho y lo vuelvo a decir: ¡ME LOS COMOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! (?).
Es que, Dios, más dulces y no me salen, de verdad (?). No puedo evitarlo. Con ellos siempre me salen cosas bonitas y lleno de corazones y arcoiris (?). Los amo demasiado para hacerlos sufrir xD.
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como tocarme una teta y salir corriendo.
Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
