¡YAHOI! ¡Pues lo prometido es deuda: aquí está el capítulo correspondiente al día de hoy! Siento muchísimo haber llevado retraso los días anteriores. No puedo prometer que no vuelva a pasar, porque la semana que viene, por ejemplo, ya no tengo ningún día libre. Trabajo todos los días, sábados y domingos inclusive, y me ampliaron el horario: una hora más por la mañana y media hora más por la tarde. Se viene lo duro de las navidades, señores.

Hagan sus compras con calma y siempre recordando que los dependientes/as de las tiendas y jugueterías no tenemos la culpa de que tal o cuál producto esté agotado o no nos haya venido. O que la pistola de turno solo la haya en azul y no en rosa (me pasó: un señor se me fue todo indignado a pagar a caja porque un juguete que quería solo lo teníamos en azul y no en rosa, porque era para una niña y no le valía en azul, tenía que ser en rosa; en fin, la gente...).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: supresor.

Hora de publicación: 14:14. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


12. Calma


Hinata se levantó aquella mañana con dolor en el vientre. Salió de debajo de las cálidas mantas o, al menos lo intentó, ya que un brazo la atrapó antes de que pudiese echar un pie fuera y la arrastró de vuelta a la cama, hacia el cuerpo caliente de su alfa.

Soltó una risita y se giró, dándole un beso en la punta de la nariz. Naruto hizo una mueca al sentir la leve muestra de afecto.

―Na-Naruto-kun. Tengo que ir al baño. ―Él gruñó, nada conforme. Se sentía tan bien tener el cuerpo de Hinata abrazado contra él… sintiendo toda su perfecta y curvilínea figura pegada a su pecho… con su suavidad y su delicioso olor rodeándolo… un olor que lo llamaba… que lo incitaba…

Abrió los ojos de golpe y la miró. Hinata estaba sonrojada, con las mejillas coloradas de vergüenza y abrazándose a sí misma.

―Cariño… tú… ―Hinata asintió y él maldijo, apartándose al instante para dejarla libre. Hinata se apresuró entonces a salir de la cama y correr al cuarto de baño. Buscó desesperada en el armario dónde guardaba las cremas y los productos de primeros auxilios, así como algunas medicinas que siempre convenía tener a mano por si las moscas.

Encontró la caja de los supresores y, aliviada, la cogió, solo para encontrársela vacía al abrirla. Tragó saliva y suspiró. Se le había olvidado que había tomado el último el mes pasado. Salió del cuarto de baño, cabizbaja. Naruto se incorporó en el acto al verla tan triste.

―¿Hinata? ¿Qué… qué ocurre? ¿Te sientes mal? ¿Es más fuerte de lo normal? ¿Quieres que vayamos al hospital o que llame a Sakura?―Hinata negó con la cabeza.

―N-no. E-es que… s-soy una tonta… ―Naruto frunció el ceño y se acercó a ella en dos poderosas y largas zancadas. La tomó de la barbilla para obligarla a mirarlo, con la mandíbula apretada y mirada dura.

―Hinata, tú no eres tonta. No vuelvas a decir eso. Sabes que odio cuando te menosprecias así. ―Hinata se encogió sobre sí misma.

―L-lo siento… y-yo… ―Naruto la soltó y suspiró, retrocediendo un paso.

―No, perdóname tú. No quería sonar tan… brusco. ―Calló unos segundos y, respirando hondo, le preguntó de nuevo―. ¿Qué ocurre?―inquirió, ahora con voz más suave.

Hinata tragó saliva y lo miró, con los ojos suplicantes. No quería que se enfadara con ella.

―Y-yo… m-me tomé el último supresor el mes pasado y… s-se me olvidó co-comprar más. L-lo siento… C-con todo el lío de la mudanza y-yo… so-solo… se me pasó. ―Cerró los ojos, esperando que él no se molestase. Naruto rio.

―¿Y por eso pareces tan abatida? ¡Mujer, un despiste lo tiene cualquiera! Mírame a mí: si no fuera por ti, la mitad de las veces saldría de casa desnudo'ttebayo. ―Hinata no pudo evitar sonreír. Era verdad. Naruto tendía a remolonear tanto en la cama por las mañanas que luego iba con el tiempo justo y se agobiaba tanto que se olvidaba de ponerse la camisa o los pantalones y Hinata tenía que recordarle que no podía salir a la calle en pijama. Naruto la abrazó y le acarició el pelo al tiempo que besaba su cabeza―. ¿Quieres que vaya a comprarte algunos?―Hinata lo miró, con los ojos brillantes.

―¿L-lo harías?―Naruto asintió.

―¡Claro! Iría hasta la luna por ti, cariño. Deja que me vista… Oh, métete en la cama mientras, venga. Acomódate, eso es… He leído que el calor puede ayudar a mitigar el dolor. También las compresas frías en la frente… ¿Quieres que te traiga una?―Hinata negó.

―Es-estoy bien. De verdad. ―Hinata dejó que él terminara de ahuecarle los cojines a la espalda. Luego, lo vio ir y venir por la habitación, buscando ropa para vestirse. La omega que llevaba dentro gimió cuando vio su perfecta espalda desnuda, las piernas fuertes y los músculos de los brazos flexionarse al ponerse una camiseta limpia.

Cuando estuvo listo, Naruto se sentó en el baúl que había a los pies de la cama para calzarse.

―¿Necesitas algo más, aparte de los supresores? ¿Prefieres alguna marca en especial o… ―Hinata le sonrió.

―L-los grandes, los que son de un gramo. Los de 500 ya no me hacen nada des-desde que… nos vinculamos. ―Naruto suspiró.

―Lo sé. Es una putada que a veces los instintos sean tan fuertes. Si apenas puedo controlarme en los días normales… ―Hinata se sonrojó, tapándose con las mantas hasta la nariz. Naruto dejó salir una risa ronca. Le encantaba verla avergonzada―. ¿No quieres nada más?―Hinata se quedó pensativa unos instantes.

―¿Helado? N-no queda, creo… en el congelador. ―Naruto asintió, levantándose y cogiendo las llaves del coche. Sería más rápido si iba al centro comercial―. Y… ¿po-podrías traer chocolate? De ese dulce, c-con burbujitas por el medio… ―Naruto sonrió y volvió a asentir.

―Marchando una de supresores, helado y chocolate. ¿Algo más?―Hinata se mordió el labio inferior. ¿Sería mucho pedir? Pero le apetecían tanto…

―¿Rollos de canela?―Naruto soltó una carcajada al oírla, inclinándose para besarla en la frente cariñosamente.

―Ya me extrañaba a mí… Vale, anotado. Volveré enseguida, ¿vale? Tú descansa mientras tanto. ―Hinata asintió, viéndolo salir de la habitación. Escuchó sus pasos firmes en la escalera y luego abrirse y cerrarse la puerta principal.

Se acurrucó contra las mantas y suspiró. No podía sentirse más cuidada y amada.


En el pasillo de la farmacia, Naruto revisaba la estantería de los supresores. Había cajas de todos los tamaños y colores. Algunos ponía que tenían sabor a fresa o a naranja y otros que proporcionaban un alivio inmediato de las hormonas. Suspiró. No sabía qué marca solía llevar Hinata, nunca se había fijado. Solo le había insistido para que cogiese los de un gramo, pero nada más.

Sintió una presencia a su lado y se volvió. Se sorprendió ligeramente al encontrarse cara a cara con su mejor amigo, que también llevaba una cesta con varias cosas.

―¿Teme? ¿Qué haces tú aquí? Pensé que eras una presencia fantasmal o algo'ttebayo. La próxima vez di algo. ―Sasuke arqueó las cejas.

―Solo tú podrías decir algo tan idiota, dobe. ―Naruto le gruñó, enseñando los dientes.

―No estoy de humor, Sasuke. ―El moreno lo miró fijamente y asintió al ver lo que su amigo examinaba entre sus manos.

―¿La tuya también?―Naruto lo miró, ahora curioso.

―¿Sakura…?―Sasuke asintió. Naruto no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa―. ¡Ah, quién me iba a decir que encontraría al gran Sasuke Uchiha, el alfa más popular de todos los tiempos, comprando cosas para su omega en plena crisis hormonal'ttebayo!―Sasuke gruñó. Naruto rio―. ¿Sakura te lo hace pasar mal o qué? ¡Tienes más cara de estreñido que de costumbre'ttebayo!―Sasuke volvió a gruñir.

―Se pone insoportable. Se enfada por cualquier estupidez y al minuto se pone a llorar. Me grita hasta por dejarla sola para ir al baño. Yo también tengo mis necesidades. ―Naruto lo miró boquiabierto. Sasuke le frunció el ceño―. ¿Qué?

―Nada, nada, es que… creo que es la primera vez que te oigo hablar tanto y tan seguido. Sakura te está domando, ¿eh?―Sasuke bufó.

―Podría decir lo mismo de ti, dobe. ―Naruto sonrió ampliamente.

―A diferencia de ti, a mí no me molesta'ttebayo.

―¿Y quién ha dicho que me moleste?―Naruto echó la cabeza hacia atrás y rio. Luego, fijó de nuevo la vista en los supresores que tenía ante sí, suspirando.

―No sé cuál escoger… Hinata no me dijo que prefiriese ninguna marca en especial… ―Sasuke alargó el brazo y le cogió una caja de las más grandes, poniéndosela en las manos.

―Sakura dice que estos son los más efectivos. No tienen apenas efectos secundarios y traen bastantes, por si algún día necesita tomar dos en vez de uno. ―Naruto examinó la caja y asintió, confiando en el criterio de su amiga. Al fin y al cabo, Sakura era médico. No tomaría nada que supusiera un mínimo riesgo para su salud.

―Arreglado, entonces. Estos y… Ah, aquí están. Compresas frías. Hinata dijo que no las necesitaba, pero por si acaso. Luego tengo que pasar por el supermercado y una pastelería. Hinata me ha pedido que le lleve cosas dulces: helado, chocolate y rollos de canela.

―Sakura se hincha a comer galletas y buñuelos de esos rellenos. Y luego se queja de que engorda. ―Naruto rio.

―Sí, eso es típico de Sakura. Bueno, yo voy a pagar. ¿Vienes, teme?―Sasuke asintió y ambos amigos se dirigieron a la caja. Una vez terminaron, salieron de la farmacia y se despidieron, yendo cada uno por su lado.

En el supermercado, Naruto compró varias tarrinas de helado grandes de sabores variados, así como cinco tabletas de chocolate del que le había pedido Hinata. Más vale que sobre que que falte, decían.

En la pastelería pidió una bandeja grande de rollos de canela. La dependienta alzó las cejas pero no cuestionó el pedido. El cliente siempre tenía la razón. Así que le dispuso veinticuatro rollos de canela y le ató el paquete con un cordel para que no se le deshiciera por el camino. Naruto se lo agradeció y, ya con toda la compra hecha, fue hacia el aparcamiento.

Dispuso todo en el asiento del copiloto de forma que el helado y el chocolate no mancharan nada por si se derretían y los rollos de canela no se aplastasen ni hubiese riesgo alguno de que cayesen al suelo si tenía que dar un frenazo o al tomar una curva.

Sonriente al pensar en la cara de felicidad que pondría Hinata, arrancó el motor y echó a andar el vehículo, enfilando el camino a su hogar.

Había pasado poco más de una hora cuando al fin entró en casa. Guardó todas las tarrinas en el congelador menos una, agarró una cuchara, metió en la nevera las tabletas de chocolate menos una, abrió los rollos de canela y colocó cuatro en un plato. Dejó también la caja de supresores junto a estos. Preparó un poco de té y lo puso todo en una bandeja. Iba a cogerla cuando se le ocurrió poner un detalle más.

Sonriendo, salió al jardín que él y Hinata habían comenzado a cuidar con mucho mimo y, con todo el cuidado del mundo, arrancó una flor de lavanda.

―Lo siento, bonita. Perdóname, pero es para hacer feliz a mi mujer. Así que no lo tomes muy a pecho, ¿vale? Prometo cuidar a tus hermanas como se merecen'ttebayo. ―La puso en diagonal, entre la taza y la tetera favoritas de Hinata. Admirando su trabajo, Naruto sonrió y agarró la bandeja, comenzando a ir hacia la habitación dónde su preciosa omega descansaba en su nido.

Subió las escaleras despacio, con cuidado, y luego recorrió el pasillo con lentitud, asegurándose de que nada se caía. Empujó con la espalda la puerta de la habitación. Hinata estaba leyendo una revista y se incorporó al verlo. Abrió la boca y los ojos al verlo aparecer con la bandeja.

―¿Na-Naruto-kun? ¿Qué… ―Él le sonrió ampliamente y anduvo hasta la cama. Dejó la bandeja encima de la mesilla de noche y le indicó que esperase un momento. Fue hacia el armario, abriéndolo y sacando una mesita supletoria que a veces utilizaba él para trabajar desde la cama, aquellos días que no le apetecía ir a la oficina y se quedaba en cama hasta tarde, al lado de su esposa, viéndola dormir por el rabillo del ojo. No había más felicidad que esa.

La puso delante de Hinata y luego colocó encima la bandeja. Hinata parpadeó y alargó una mano, acariciando con los dedos la flor de lavanda. Naruto se inclinó y la besó en la mejilla.

―Solo lo mejor para mi omega. Venga, disfruta. Estaré en el despacho, por si necesitas algo. Adelantaré algo de papeleo para mañana. Así Shikamaru no me gruñirá como un oso furioso cuando me vea'ttebayo. ―Le guiñó un ojo y Hinata sonrió, feliz.

―N-no sé có-cómo… ―Naruto la calló poniendo un dedo sobre sus labios.

―Eh, lo hago porque quiero que mi esposa se sienta la mujer más afortunada del mundo. Que sienta que no puede vivir sin mí. ―Hinata soltó una risita y acarició una vez más la flor de lavanda.

―E-eres imposible.

―Pero me amas. ―Hinata lo miró y le cogió la mano, apretándosela con cariño.

―P-por supuesto. Eso no lo dudes nunca. ―Naruto sonrió y bajó la cabeza para besarla.

―Venga, disfruta y relájate. Con calma. No quiero que te muevas en todo el día. El primer día siempre suele ser el peor'ttebayo. Dormiré durante esta semana en una de las otras habitaciones. No te preocupes. ―Hinata tragó saliva y asintió.

Odiaba esa semana del mes porque hacían a su alfa separarse de ella. Entendía que era por su propio bien y que era la manera de Naruto de respetar su espacio y su intimidad. Si algún día ella le decía que no podía entrar en su nido, él lo respetaría. Porque esa era la clase de alfa que era.

Una vez más, se dijo que había tenido la mejor de las suertes al encontrar a Naruto.

Por eso, lo amaba. Por eso, lucía con orgullo la marca que la anunciaba como suyo.

Por eso, jamás se separaría de él.

Porque no podría vivir sin sus sonrisas, sin sus besos y sin sus tiernas caricias.

Ya no.

Fin Calma


No quiero repetirme, así que solo diré que AMO a Naruto. Sé que soy la que lo hace ser así, pero... es que así es como me lo imagino en el canon con Hinata. Igual no todo el mundo comparte mi imagen mental, pero es lo que pienso xD.

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Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.