¡YAHOI! Aquí vengo yo, un día más, una noche más, a dejaros el capítulo que toca.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: collar.
Hora de publicación: 23:31. Hora peninsular española.
¡Espero que os guste!
13. Orgulloso
Hinata terminó de acomodarse los pendientes y suspiró. Ahora, solo le quedaba la última pieza del conjunto y ya estaría lista para salir. Naruto llevaba esperando fuera, en el pasillo, una eternidad a que ella finalizara con los preparativos de su atuendo.
Dirigió la mirada hacia uno de los cajones de su tocador, que estaba abierto, mostrando las exquisitas piezas que albergaba en su interior. Acarició con los dedos el collar de cuero con incrustaciones de diamantes que había allí. No había tenido la necesidad de usarlo puesto que apenas había salido de casa durante los primeros meses desde su matrimonio y posterior vinculación con Naruto.
Primero porque ella no se sentía con fuerzas. Segundo porque Naruto había insistido. Pero ahora, era el momento. La empresa de su alfa celebraba un evento benéfico cuya recaudación iría a parar a un refugio para gammas sin hogar. Era triste, pero muchos padres, si tenían un hijo gamma, lo descartaban como si no fuera más que basura. Había la creencia de que los gammas traían mala suerte, ya que la gran mayoría venía con algún tipo de discapacidad física o psíquica. Dichas dolencias no eran exclusivas de esa casta, pero sí eran más frecuentes. Recientemente se habían hecho estudios al respecto y al parecer la tendencia se debía a cierto componente genético asociado a las hormonas que determinaban la casta. Habían pedido más financiación, para proseguir con el estudio, pero el gobierno les había denegado los fondos.
Aquel asunto había traído polémica: ¿de verdad se iba a perder la oportunidad de tratar de mejorar la vida de una parte de los ciudadanos del país? ¿Cuándo la solución a la falta de población podría paliarse con soluciones médicas y científicas en vez de con estúpidas creencias ancestrales que solo hacían retroceder a la sociedad hacia tiempos más oscuros?
Por eso Shikamaru y Naruto habían creído que esa era la oportunidad perfecta para hacer su movimiento. Ya habían regalado páginas y páginas a la prensa, así como horas en radios y televisiones, cuando saltó la noticia de que, por primera vez en la historia más reciente, un omega iba a ser el nuevo director de comunicación de la compañía Namikaze.
Para muchos, era impensable. Para otros, era lo más lógico. Las sociedades avanzaban, las ideas se modernizaban. Renovarse o morir. El eterno ciclo sin fin de la vida.
―¿Hinata? ¿Cariño, te encuentras bien? Mira, si no quieres ir está bien, me inventaré algo para Shikamaru…
―¡No, ya… ya salgo! ¡Dame un minuto!―Hinata se levantó, tomó el collar y se lo puso. Ahora que era una omega vinculada de pleno derecho a un alfa, debía llevar la correspondiente señal de pertenencia. A un costado, estaban grabadas las iniciales de Naruto. Al otro, las suyas.
Así, protegía su cuello al tiempo que realzaba el hecho de que ya estaba marcada. El collar era una manera de informar al mundo de su estatus de no soltera y de tapar una cicatriz que podría afear su aspecto según los cánones de belleza de la sociedad en la que vivían.
Comprobando su atuendo por enésima vez, abrió la puerta y salió de la habitación. Naruto se la quedó mirando, impactado.
―Guau… ―Hinata bajó la cabeza, tímida, alisando las arrugas imaginarias de su vestido negro de fiesta.
―¿Es-estoy mal?―Naruto negó con la cabeza.
―¡Qué dices, pero si estás impresionante! Casi me da miedo llevarte a la fiesta. ¿Seguro que no quieres quedarte? Todos los alfas y betas querrán llevarse un bocado'ttebayo―dijo, cogiéndole la mano enguantada y llevándosela a los labios. Con la otra, acarició el borde del collar, sonriendo contra el dorso de su mano―. Menos mal que llevas esto, si no, tendría que matarlos a todos'ttebayo―dijo, con la voz ronca.
Hinata se sonrojó y se aclaró la garganta.
―Bu-bueno, ¿vamos?―Con resignación, Naruto le ofreció el brazo y Hinata aceptó. Delante de casa, les esperaba un coche, para llevarlos al lugar dónde se llevaría a cabo la fiesta. Se trataba de uno de los hoteles más antiguos y lujosos de la ciudad. Era un edificio enorme en pleno centro urbano, que ocupaba una manzana entera él solo. La fachada seguía siendo la original, con sus molduras y sus tallados en relieve. En el interior, sin embargo, habían hecho remodelaciones varias veces. Lo único que no habían tocado había sido el papel pintado de la pared, una exquisita obra de arte de hacía tres siglos. Una extravagancia para la época, sin duda, pero el propietario primigenio tuvo buen tino a la hora de mandar instalarlo.
Se había dispuesto una alfombra roja, a modo de los festivales de cine. Y la prensa y los paparazi estaban sedientos de una foto o un comentario. Toda la alta sociedad, las celebridades y famosos que se preciaban habían sido invitados. Shikamaru había dicho que cuánta más atención atrajeran esta vez, mejor. Y, sin duda alguna, había hecho un buen trabajo.
―Bueno, allá vamos. ¿Estás lista?―Tragando saliva, Hinata asintió. Naruto abrió la puerta y salió del coche. Le tendió la mano para ayudarla a salir y Hinata la tomó. Agarrándose fuertemente a él, ambos caminaron por la alfombra roja. Naruto prodigaba sonrisas y contestaba amablemente a las preguntas de algunos reporteros. Hinata se limitaba a sonreír y asentir, ya que tenía la garganta cerrada por los nervios. La mayoría de preguntas eran sobre su luna de miel, su ceremonia o el cuándo y el por qué se habían vinculado.
Naruto respondía con frases breves y concisas, sin dar demasiada información. Una periodista le puso un micrófono delante a Hinata, desesperada por obtener una primera declaración de la omega del momento.
―¿Cómo se encuentra, señora Uzumaki? ¿Qué tal la trata su alfa? ¿Ese collar ha sido regalo suyo? ¿No cree paradójico que alguien que defiende la libertad y los derechos de las demás castas obligue a su propia pareja a llevar un collar?―Hinata tuvo que acordarse de respirar. El pánico estuvo a punto de dominarla, pero la última pregunta inflamó algo en ella, una pequeña llama de rebeldía. Puso expresión seria y se envaró, dispuesta a darle su exclusiva a la reportera.
―Me encuentro muy bien, gracias. Y sí, este collar ha sido un regalo de mi esposo, su regalo de bodas para mí. Lo llevo con orgullo así que no, no creo que haya ninguna contradicción. Naruto no cree que haya que desterrar todas las tradiciones de nuestro pueblo, solo aquellas que son ilógicas o injustas para los tiempos que corren. El mundo avanza; y nosotros tenemos que decidir si avanzar con él o quedarnos estancados. Gracias―se despidió con un elegante cabeceo y enfiló con la cabeza bien alta el resto del camino hacia la entrada del hotel.
Naruto sonreía a su lado, henchido de orgullo. Su Hinata era una omega de armas tomar, sí señor.
Y si no estuvieran rodeados de público la besaría ahora mismo.
Pero eso conllevaría una serie de deseos e inconvenientes que ahora mismo no podía permitirse. Suspiró. Tendría que esperar a llegar a casa para demostrarle lo mucho que la amaba y la deseaba.
Aunque dudaba que ella no lo supiera ya.
―Gracias por acudir esta noche. Esperamos que estén disfrutando. ―Hinata sonrió a un matrimonio de mediana edad que había hecho un donativo bastante generoso a la causa por la que celebraban la fiesta aquella noche. Era su deber, como pareja del anfitrión, hacer que todos se sintieran lo más cómodos posibles.
―Oh, lo estamos pasando de fábula, querida. Todo es divino. Me encanta tu collar, por cierto. Llevo fijándome en él toda la noche. Se nota que tu alfa tiene buen gusto. ―Hinata sonrió de nuevo.
―Lo tiene. ―Las dos mujeres rieron y finalmente el matrimonio se despidió para seguir deambulando por la festa.
Hinata suspiró, llevándose una mano al estómago. El nudo de nervios que había sentido al inicio se había ido deshaciendo poco a poco. Nadie la había mirado mal ni le habían hecho el vacío ni nada parecido. Al contrario: todos parecían la mar de interesados en llevarse bien con ella y con Naruto, a quien Shikamaru había reclamado para que fuese a hacerles la pelota a unos inversores.
―¡Hermana!―Hinata se giró al instante, sonriendo enormemente al ver a Hanabi acercarse a ella y abrazarla, sin tener en cuenta el protocolo acostumbrado en esos eventos.
―¡Hanabi! ¡Cuánto me alegro de verte!―Hanabi rio.
―¡Yo también! ¡Deja que te vea! Mmm… Veo que el vínculo te ha sentado de maravilla―dijo, acariciándole con un dedo el collar que adornaba su cuello. Hinata se sonrojó y rio, algo nerviosa.
―Bu-bueno… eso dicen. ―Hanabi sonrió.
―Me alegro por ti, hermana. De verdad…
―Hanabi. ―Hinata se puso rígida al momento. Reconocería esa voz dura y autoritaria en cualquier parte. Tragando saliva, miró hacia un lado, descubriendo a su padre.
―Pa-padre. ―Hiashi la miró de reojo. Fue el único gesto de reconocimiento que obtuvo por su parte. Hinata esperó a sentir el familiar pinchazo de tristeza, decepción consigo misma y desesperación.
Pero nada llegó.
Miró para su progenitor, sin vacilar, sorprendida de que no le temblasen las piernas como antaño.
―¡Al fin te encuentro! Creí que te había perdido'ttebayo. ―Hinata salió de su trance al sentir la mano de Naruto en su cintura y sus cálidos labios en su sien―. Oh, buenas noches, Hiashi. Hanabi. Espero que estéis disfrutando de la fiesta. ―Hanabi sonrió ampliamente y asintió.
―Lo estamos. Es increíble lo rápido que la has organizado. ―Naruto rio.
―Bueno, nos pareció una buena idea. Hay que ayudar a los menos favorecidos, ¿no es así?―dijo, mirando para Hiashi. Este esbozó una sonrisa tensa y cabeceó.
―Así es. Seguro que esos pobres gamma agradecerán la generosidad mostrada por todos nosotros. ―Sin borrar la sonrisa, Naruto asintió.
―Exactamente. Ahora, si me disculpáis, debo llevarme a mi preciosa mujer-
―Veo que completasteis el vínculo. ―Naruto parpadeó al ser interrumpido por Hiashi. Se repuso enseguida.
―Oh, sí, claro. Jamás se me pasó por la cabeza no hacerlo'ttebayo. ―Hinata le apretó la mano, diciéndole así que no entrara en su juego. Naruto le devolvió el apretón, como intentando transmitirle que todo estaba bien, que no se preocupara.
―Entonces supongo que no hay más que hablar, ¿verdad?―Naruto sonrió.
―Exactamente. Hinata es mía de pleno derecho, Hiashi. Es más que patente. ―Hinata no pudo evitar llevarse una mano al collar, tragando saliva.
―Sí, eso parece. ―Hanabi gruñó.
―Padre, por favor. Ya está bien. No me avergüences delante de mis amigos. ―Hiashi le devolvió el gruñido, más profundo, denotando así su molestia.
Hanabi le mantuvo la mirada sin vacilar, sin parpadear. Algunos curiosos empezaron a girar las cabezas hacia ellos. Finalmente, no queriendo atraer atención indeseada, Hiashi claudicó.
―Ya nos veremos Naruto. ―El rubio le dedicó una última sonrisa y asintió.
―No me cabe la menor duda'ttebayo. ―Al fin, Hiashi y Hanabi se dieron la vuelta y se perdieron entre la multitud. Hinata sintió la preocupación invadirla. El comportamiento de Hanabi tendría consecuencias. Y ahora que su padre no la tenía a ella en casa para descargar su mal humor, le tocaría a Hanabi aguantar el chaparrón.
Sintió la mano de Naruto agarrar la suya. La giró hacia él, apresándola con las dos manos de la cintura, mirándola, preocupado. Hinata le sonrió, adivinando sus pensamientos.
―Es-estoy bien. ―Naruto suspiró y la acercó hacia sí, para besarla en el pelo.
―Que no te afecte, cariño. Tú eres perfecta tal como eres. No dejes que te haga creer lo contrario'ttebayo. ―Hinata sintió la felicidad invadirla y asintió, acurrucándose en su pecho.
Naruto bajó la cabeza y le acarició con la nariz el borde del collar, sintiendo unas enormes ganas de mordisquear el suave cuero hasta destrozarlo y tener así acceso a su precioso cuello de porcelana.
Se dijo que más tarde, en casa, se daría un festín con Hinata.
Y cuando la tuviera desnuda, a su merced, le haría todas las cosas que llevaba soñando hacerle. Y solo le pediría que se dejase el collar puesto.
Aquella imagen hizo que toda la sangre le bajara a la entrepierna.
«Solo un poco más, amigo».
Solo dos horas más, y entonces tendría a su mujer, al fin, para él solo.
Fin Orgulloso
Pues na, ahí lo dejo. No me odiéis (?).
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis, un review equivale a una sonrisa.
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Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
