¡YAHOI! El de hoy, aquí os lo dejo. Me voy a momir que mañana madrugo y curro tres horas y media por la mañana y tres horas y media por la tarde. 7 horazas que me voy a pasar de pie, cagándome en todos mis muertos. Menos mal que aprovecho para sentarme en el suelo así, como quién no quiere la cosa, cuando me piden que les enseñe algo de las estanterías más bajas. Porque sino... no quiero ni pensarlo.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: bozal.
Hora de publicación: 23:18. Hora peninsular española.
¡Espero que os guste!
14. Humano
Naruto suspiró, sentado a la mesa de su despacho. Llevaba mirando durante treinta minutos aquella carta que le había llegado a primera hora de la mañana. Lo invitaban a participar en una reunión de un exclusivo club para alfas al que no tenía ni las más mínimas ganas de entrar.
Pero ese club lo integraban personas importantes tanto de la cultura como de la política o la economía. Sabía de buena tinta que Hiashi pertenecía a él, así como Danzō Shimura y su cohorte de acólitos que repetían sus ideas cuáles loros de repetición.
Shikamaru eligió ese momento para entrar, llevando unos papeles en la mano que quería que su jefe revisase. Se quedó quieto, mirándolo curioso, al ver que los ojos azules del rubio parecían clavados en un papel.
―¿Malas noticias?―Naruto suspiró y se encogió de hombros. No sabía muy bien qué contestar.
―No sabría decirte… Me han invitado a una reunión en El Olimpo. ―Shikamaru se quedó boquiabierto a causa de la sorpresa.
―¿Lo dices de verdad?―Naruto asintió―. Esto… esto es muy gordo. Esperaba que algo sucediera, pero no tan pronto. ―Naruto se permitió el lujo de medio sonreír.
―Eso es que estamos haciendo algo bien, ¿no crees?
―Ni que lo digas. Es casi imposible entrar a ese club. Necesitas recomendaciones de al menos cinco miembros, ser tan rico como el más rico del mundo―o casi―y haber hecho algo trascendente en tu vida. ―Naruto rio entre dientes.
―Me falta lo último para ser miembro de pleno derecho. Qué pena'dattebayo. ―Shikamaru alzó una ceja ante su comentario.
―¿No vas a ir?―Naruto se echó hacia atrás en su silla y se rascó la cabeza.
―Sé que debería. Pero tampoco es que me haga especialmente feliz. Es un club exclusivo para alfas, lo que hace que me sea imposible llevar a Hinata. Y odio excluirla. ―Shikamaru sonrió.
―Míralo de este modo: así la estás protegiendo de que otros alfa se le echen encima. ―Naruto hizo una mueca y asintió.
―También es verdad… En fin, me imagino que sí, que iré. Deséame suerte. ―Shikamaru asintió.
―Toda la del mundo.
Se peleó con la pajarita. No daba hecho el dichoso lazo. Escuchó los pasos de su esposa y luego la puerta se abrió, revelando su curvilínea figura. Ella sonrió y se acercó a él, poniéndole las manos sobre el pecho.
―Trae, déjame a mí. ―Con suavidad y con paciencia, deshizo el lío que había montado y comenzó a hacer el nudo y posteriormente el lazo. Naruto inspiró hondo, llenándose los pulmones de su delicioso olor, consiguiendo así relajarse casi al instante.
―Odio dejarte sola―dijo, con la voz ronca, tomándola por la cintura para acercarla. Hinata le sonrió de forma tranquilizadora, alisándole las solapas del esmoquin de fiesta que se había puesto para la ocasión.
―Y-ya he terminado. Y no tienes que preocuparte, y-yo… es-estaré bien. Leeré un poco, haré algo de cenar y tal vez veré la televisión y me iré a dormir temprano… ―Naruto bajó la cabeza para besarla. Hinata correspondió de buena gana, poniéndose de puntillas para poder darle más acceso a su boca―. Tienes que ir… ―Naruto gruñó, mostrando así su molestia. Hinata rio y le acarició el rostro―. Piensa que es por el bien de todos. Tú… estás intentando cambiar las cosas, mejorarlas. A veces, hay que hacer cosas que no queremos para lograr llegar a la meta. ―Naruto bajó la cabeza, derrotado.
―Eres increíble. Siempre logras encontrar las palabras correctas'ttebayo. ―Hinata le sonrió y le dio un dulce beso en la barbilla.
―Venga, vete ya. O llegarás tarde. ―Naruto asintió, cogiendo el abrigo y una bufanda, ya que el tiempo había refrescado en las últimas semanas―. ¡Oh, espera! Te olvidas esto. ―Hinata fue hacia un rincón del vestidor y cogió el objeto que había visto―. Lo necesitarás. ―Naruto hizo una mueca, demostrando así su desagrado hacia aquel objeto. Hinata suspiró―. Naruto, debes llevarlo. Sé que odias… estas cosas. Pero…
―Es necesario. Sí, sí, lo sé. ―Con un bufido, cogió el odioso chisme―. Pero voy a querer mimos extra cuando vuelva. Y no es negociable'ttebayo. ―Hinata rio y al fin lo vio marcharse, agarrando con fuerza el complemento faltante.
Hinata se sintió horrible por él. Su esposo odiaba esa clase de cosas, las reuniones secretas y el obligarlo a utilizar objetos que más bien eran propios de animales.
Pero si ibas a juntar a muchos alfas en un mismo sitio, especialmente en un espacio cerrado, lo mejor era tomar precauciones.
Aunque fuese obligándolos a usar un bozal.
Se paseó entre la gente, prodigando saludos aquí y allá. El puñetero bozal apenas le dejaba espacio para estirar los labios en una sonrisa. Así que se limitaba a cabecear. Aquella reunión estaba siendo de lo más surrealista. La gente había acudido con sus ropas más estrafalarias y llamativas. Tan solo unos pocos se mantenían en la línea sobria de su propio traje de noche.
Vio a una alfa vestida con un pantalón brillante de leopardo y un top de lentejuelas ir hacia él y acariciarle el brazo. Él se apartó con un gesto lo más educado posible.
―Lo siento. Estoy vinculado. ―La mujer le sonrió y le guiñó un ojo.
―Yo también, guapo. Pero eso no quiere decir que no podamos divertirnos. ―Naruto contuvo las ganas de resoplar cual caballo.
―Otro día. No estoy interesado'ttebayo―zanjó, metiéndose las manos en los bolsillos.
Era cierto que los alfas no podían más que procrear y vincularse con omegas o con betas, incluso. Pero ello no impedía que tuviesen buen sexo con otros de su misma casta. Los alfas tendían a ser agresivos por naturaleza, así que poder dar rienda a esa agresividad sin miedo durante el acto carnal era algo que a algunos les gustaba.
No era su caso, desde luego. Él prefería las cálidas y tiernas maneras de su preciosa y tierna omega. Mierda. Qué ganas tenía de largarse de allí de una vez e irse a su casa.
De reojo, vio a la vieja guardia, Danzō, Hiashi y todo su séquito de fanáticos. Había ido principalmente por ellos, para averiguar en qué andaban metidos y ver si podía hacer un poco de recolección de información. Aunque esas cosas se le daban mejor a Shikamaru. Maldito fuera por no poder estar ahí con él.
Por el momento, solo había sacado dos cosas en claro: que eran unos cabrones sin sentimientos y que el cambio que se estaba dando en la sociedad los asustaba.
Sonrió ante ese pensamiento. Sí, había algo que asustaba a esos alfa retrógrados y faltos de empatía y sensibilidad. Ya solo por eso, había valido la pena el esfuerzo de haber acudido a aquella estúpida reunión.
Se terminó su copa de un trago y la dejó sobre una mesa. Ya no tenía nada más que hacer allí. No jugaba a las cartas ni fumaba ni le gustaba sentarse a quejarse de su pareja o de sus empleados mientras degustaba un brandy o un Martini. No le encontraba la gracia a pasatiempos tan caballerescos.
Estaba mucho mejor en su casa, dónde su cariñosa y hermosa omega le esperaba.
Le había prometido mimos extra y eso es exactamente lo que tendría.
Y lo mejor de todo: sin ese dichoso bozal que no hacía más que recordarle que no era enteramente un ser humano, aunque él se considerase como tal.
Malditos genes dominantes.
A veces, odiaba su herencia.
Solo a veces. Hasta que recordaba que gracias a ellos había encontrado a Hinata. Entonces pensaba que, tal vez, no todo había sido tan malo.
Fin Humano
Ea, pos ahí va. Contadme qué tal ¿sí?
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
