¡YAHOI! No os lo esperabais, ¿a que no? ¡Yo tampoco! Pero se dio la feliz circunstancia de que, a 1h de acabar mi turno hoy por la mañana, llamaron del almacén pa preguntar como íbamos de personal y una de mis compañeras, que es así como la "jefa" de la tienda (no tenemos encargada como tal, pero es la que lleva más tiempo y la que nos dice cómo hacer las cosas) le dijo que iban bien, así que me dijeron que por la tarde libraba. Al parecer, hicieron lo mismo los dos domingos anteriores con otras dos compañeras (y ya, somos cinco, la tienda es pequeña y no da pa más xD).
En fin, que cómo descansé por la tarde ahora no me caigo de sueño y pude escribir un poco xD.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
16. Fiero
Naruto se pasó las manos por el pelo, frustrado, furioso. Había estado apoyando desde el principio una iniciativa para dejar que aquellos de castas más bajas que tuvieran, al menos, un talento especial, pudieran desarrollarlo, ya fuese estudiando o dándoles las oportunidades laborales necesarias para ellos.
Pero, por desgracia, Hiashi y sus amigos la habían tumbado. La votación no había salido favorable a pesar de los numerosos sociólogos, psicólogos y demás expertos de renombre que aseguraban que, de no hacer algo, estallaría una revuelta. Las cosas estaban demasiado tensas desde hacía unos años y los jóvenes ya no se conformaban.
Querían cambios, evolución, que su casta no les impidiera tener una vida digna ni un sueldo suficiente con el que mantenerse ellos y sus familias.
Era algo por demás lógico, pero por muy moderno que se hubiese vuelto el mundo, todavía había quiénes insistían en mantener las costumbres de sus antepasados, así fueran contraproducentes y de lo más contrarias al mundo de hoy en día.
La puerta de su despacho se abrió de golpe y él gruñó, indicando así que no estaba de humor para atender a nadie.
―Sé que estás de mala leche, porque yo también lo estoy. Pero no todo es malo. ―Naruto gruñó, ahora más fieramente.
―¿Ah, no? Explícame, pues, qué hay de positivo en toda esta mierda. ―Shikamaru suspiró y metió la mano en el bolsillo, sacando su mechero y comenzando a jugar con él.
―La votación ha estado muy reñida. Hemos perdido por dos votos. Y sé que no era la propuesta de ley ideal, pero al menos era algo. Así que quita esa cara de amargado. ―Naruto gruñó, de nuevo. Shikamaru suspiró, también de nuevo. Su jefe era insoportable cuando se ponía en ese plan―. Vete a casa. ―Naruto levantó la cabeza y parpadeó.
―¿Eh?
―Estás enfadado. No rindes bien cuando estás enfadado. Eres un ser emocional, Naruto. Vete, descansa, que Hinata te mime un poco y mañana vuelve con las pilas cargadas. ―Naruto se masajeó las sienes. Un dolor punzante comenzaba a formarse en su cabeza. Tal vez sería lo mejor.
Asintió y se levantó, recogiendo sus cosas. Salió de su despacho y se dirigió al ascensor, diciéndole a su secretaria que no estaría disponible por el resto del día. Bajó hasta el parking, dónde se metió en su coche y arrancó, deseoso de llegar al que era su hogar.
Unas buenas caricias de su dulce omega era lo que necesitaba para calmarse. Su parte alfa latía, rugiendo, queriendo salir para destrozar algo. Siempre que intentaba mejorar las cosas se topaba con piedras en el camino. Y ya estaba harto. ¿Es que acaso los viejos dinosaurios que los guiaban no veían que el mundo había avanzado, cambiado? ¿Que la gente ya no quería regirse por reglas estúpidas y sin sentido?
Sacudió la cabeza mientras enfilaba el camino que daba a su casa. Divisó su casa y sonrió, pensando en que en su interior su mujer estaría con ropa cómoda, tal vez leyendo en su nido o viendo la televisión en el sofá. Últimamente se había aficionado a una telenovela de esas ñoñas.
Aparcó el coche en el garaje y casi corrió hasta la puerta, introduciendo las llaves en la cerradura y casi echándola abajo.
―¡Hinata! ¡Cariño, ya estoy en casa!―No recibió respuesta. Extrañado, miró en el salón. Vacío. Subió las escaleras y llamó suavemente a la puerta de la habitación en la que se encontraba su nido. Nada. Abrió entonces, solo para encontrarse una estancia vacía y silenciosa.
Frunciendo el ceño, miró en el baño, en su despacho, en la habitación de invitados y en el jardín.
Nada. No había nadie.
Se enfadó. Como nunca se había enfadado.
Murmurando maldiciones, bajó hasta la cocina, dónde abrió la nevera y sacó una cerveza bien fría. Se la bebió casi sin respirar y cogió otra y otra…
Necesitaba desahogarse…
Hinata llegó feliz a su casa, cargando con bolsas. Había ido de compras con Ino y, pese a que no le gustaba despilfarrar el dinero, no había podido resistirse a comprarse una o dos cositas. También había cogido algo para su esposo. Esperaba sorprenderlo cuándo llegara a casa.
Supo que algo iba mal nada más traspasar el umbral del que era su hogar. Su instinto omega se puso en alerta y todo su cuerpo se tensó. El corazón le iba a mil por hora y las manos comenzaron a temblarle. Con cuidado, dejó las bolsas en el suelo y dio un paso vacilante, susurrando el nombre de su marido en la oscuridad:
―¿Naruto?―Un gruñido la hizo saltar en el sitio y retroceder contra la pared. En la oscuridad, distinguió la alta silueta de su alfa erguirse. La omega que había en ella la instó a bajar la cabeza y tomar una actitud sumisa, en previsión.
No se equivocó cuando, al llegar frente a ella, le tomó la barbilla con fuerza y se la levantó. Le clavó los dedos con tanta fuerza que le hizo daño, pero no osó quejarse. Su alfa estaba enfadado por algo y no debía enfurecerlo más.
―¿Dónde estabas?―Tragó saliva al ver un brillo peligroso en sus ojos azules.
―Y-yo… f-fui de compras con Ino… ―Un gruñido la hizo callar.
―¿Y por eso no estabas en casa? Te necesitaba, ¿sabes? Necesitaba que estuvieras hoy… Especialmente hoy… ―Bajó la cabeza hasta rozar con sus labios su cuello descubierto, apartando con los dientes una de las tantas gargantillas que le había regalado y rozó con la lengua la marca que él mismo le había hecho para dar a conocer que Hinata le pertenecía.
Gruñó contra su piel al descubrir un olor fuerte, masculino, en su suave piel. La acorraló contra la puerta y ella se dejó hacer, temerosa de su reacción si lo confrontaba.
Sabía que no le haría daño, no al menos a propósito. Pero en estos momentos, era el instinto alfa el que hablaba por él. Y un alfa furioso era un alfa imprevisible.
―Na-Naruto…
―¿Con quién más estuviste?―demandó, en tono autoritario, clavando su mirada azul en ella, sin liberarla aún de su prisión.
Hinata tembló.
―C-con Ki-Kiba. N-nos lo encontramos. Es-estaba c-con su novia y… ―Un nuevo gruñido la alertó y volvió a bajar la cabeza. Este era de amenaza, era un sonido que decía «Eres mía. Si vuelve a rozarte, lo mato».
Naruto la besó entonces, con fiereza, como queriendo reafirmar su dominio sobre ella. La obligó a aceptar su lengua en su boca y a responderle con el mismo ardor.
Luego, la soltó, acariciándole los labios rojos e hinchados con el pulgar.
―Estás castigada. Prohibido salir sola durante la próxima semana. Te quiero aquí, conmigo, esperándome cuando llego a casa. ―Hinata asintió, sin protestar.
Sabía que, más adelante, Naruto la compensaría.
Además, tampoco es que le supusiera un suplicio quedarse en su hogar, esperando al que era su esposo llegar del trabajo, con la cena a medio hacer y todo su amor para brindarle.
Porque precisamente lo amaba, haría lo que fuese por él.
Lo que fuese.
Para algo era su omega. Suya.
De nadie más.
Fin Fiero
Pues ahí queda. Opiniones serán bien recibidas, por favor. Gracias (?).
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Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
