EL HIELO ES NUESTRO AMIGO… Y EL HELADO TAMBIÉN
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Enemistado con todo el mundo que lo rodean, Hansel regresa a su negocio para planificar una compra hacia una compañía de helados, de una tal Yzma.
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– Viejo, ¿Qué sabes sobre los helados de la señora Yzma?– le pregunta Hansel al viejo de Olaf, a través de una llamada telefónica, y en tanto el mismísimo y aparente cobrizo da vueltas en la cocina del restaurante.
Escuchándosele casi débil, Olaf le dice – No conozco a ninguna mujer llamada, Yzma–.
Exaltándose de la perplejidad, Hansel esboza un rostro de incredulidad al darse cuenta de que el viejo por su tono de voz a través de la llamada telefónica, se le nota borracho y casi somnoliento.
Cambiando su semblante a uno de rabia e intriga, Hansel le responde como última cosa antes de finalizar la llamada – Está bien, ¡Maldito vejete de mierda!–.
Farfullando debido a que no puede confiar en el viejo, Hansel decide ir a ver a la mujer, dueña de la heladería, pero antes, llama a Elsa para que contacte con un agente inmobiliario para comprar la propiedad.
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Dirigiéndose a su auto y viajando a unos cuantos kilómetros hasta el negocio de la mujer, Hansel logra llegar a su destino.
Al percatarse de que el negocio ha estado en bancarrota, dice en un murmullo – No sabía, que esto estuviera así–.
Volteándose para ver a todas direcciones, Hansel quita el llamativo anuncio de "En venta", tomando a partir de ese momento, la decisión de comprar y apropiarse del negocio.
Exclamando que sea una suerte de que el negocio esté así, para poder comprarlo.
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Ingresando al lugar, y después de esperar unas cuantas horas para la documentación que acredite que el es el nuevo dueño del lugar, Hansel compra la heladería The Ice Queen e ingresa dentro de ella, donde se encuentra con la ex dueña del lugar, Yzma, la cual, vive adentro del lugar.
Nadie dándose cuenta de que la antigua dueña vivía ahí, deja a Hansel con la idea de que el negocio estaba hace tiempo abandonado y ya había gente que había intentado comprarlo.
Verificando el mismísimo y aparente pelirrojo, el lugar y las áreas donde podría poner los vehículos de reabastecimiento de su otro negocio, aparece la dueña del lugar, la cual al verlo, le pregunta con un sentimiento de enfado y curiosidad – ¿Quién eres tú?–.
Sorprendiéndose al verla y casi muriéndose del susto al ver su pálido aspecto, Hansel rápidamente se relaja y al instante le informa – El nuevo propietario–.
Sintiéndose incómodo por la altura de la mujer, sus rasgos faciales y su inquieta y penetrante mirada, está última le pregunta con un tono casi elegante – ¿Fuiste ahora o en cualquier momento un niño?–.
Analizándolo a Hansel, como un depredador a su presa, Hansel le pregunta con un poco de nervios – ¿De qué está hablando?–.
Mostrándose un tanto relajada, le vuelve a preguntar la mujer, la cuestión – ¿Fuiste niño?– algo desconcertado por la pregunta y parpadeando un par de veces, Hansel no duda en responderle de manera afirmativa – ¡Sí!–.
Una vez que le contesta a su interrogante, la mujer con un bastón de color negro y adornado con una calavera casi platinada, le da un golpe en los pies, para y con el único fin de sacarlo del lugar – ¡Cálmese! ¿Qué le pasa?– le pide Hansel, al ser atacado por la horrible mujer.
Tratando de evitar enojarse y siendo superado un poco por el tamaño y altura de la esquelética mujer, está última le dice – Lo sabía. Un niño. ¡Un maldito, apestoso, lloriqueante, mocoso, vil, vomitivo y pequeño bebé chillón! Bebés... Criaturas repugnantes, horribles y espantosas. Mami no te quiere. ¡Perro!–.
Insinuando y gritándole, debido a que cree que es una persona un tanto inmadura; como un aparente infante, intenta en vano expulsar a Hansel del lugar, sin embargo, no logra casi derribarlo o empujarlo.
En vano intentando hacer que se largue, lo jala de la oreja, lo cual provoca que Hansel le pida a regañadientes que se tranquilice – Cálmese…–.
Insistiéndole en que no lo quiere ver en el lugar, lo rasguña, pero dicho rasguños no le causan ni un mínimo de daño.
– Odio a los bebés, odio a los niños. Son unos pequeños demonios, llorones, mocosos, perversos y vomitivos...– le dice la mujer, en tanto se aferra a expulsarlo a la fuerza del lugar.
Hansel al no soportar que cada vez más la mujer le falte al respeto, no se tienta el corazón en vociferarle y enfrentarla; poniéndose en una posee defensiva – ¡Ya es suficiente! ¿Qué le pasa? ¿Hace helado, de acuerdo? Es básicamente este negocio para los niños. ¿Qué clase de psicópata es usted? Solo para que lo entienda, ¿Para qué hacer felices a los niños, si los odia?–.
– Oh, estúpido, apestoso, lloriqueante...– ante su evidente pregunta, Yzma no duda en continuar faltándole al respeto al aparente colorado.
Apretando cada vez más la mandíbula, Hansel, debido al coraje, intenta callarla, gritándole – ¡Cállese!– pero al intentar hacerla que se detenga en sus habladurías insultantes, la mujer le da una bofetada y le comenta la verdad del negocio – ¡Mocoso! El helado era una tapadera. Distribuía armamento y protección por doquier– agregando mientras se da la vuelta y lentamente se retira, pero sin dejar de exaltarse – Este negocio se salió de control, así que... Si veo un niño, no tardaré en escupirle. ¿Verdad, niños? Sí, sí, lo hago. Mamá no los quiere. ¡Los odia!–.
Hansel al verla retirarse, no deja de pensar en lo último que le dijo, en tanto se soba la mejilla por la bofetada.
Observando a la esquelética mujer, el como se aleja y se retira en tanto pronuncia sus innumerables insultos picantes, Hansel sin nada más que hacer y como última cosa antes de irse del lugar para volver a su otro negocio, declara – Bueno, al menos este negocio ahora es mío, momia–.
Sin más que hacer y teniendo que lidiar con su otro negocio, se retira lentamente del sitio, declarando así que la heladería ahora es de su propiedad.
Comenzando a estructurar cada uno de sus planes, antes de ir por más.
Terminando así este capítulo.
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