ADQUISIDOR TOTAL DE MÁS PROPIEDADES

Durante varias semanas que pasaron hasta la llegada de las vacaciones vanagloriadas para los chicos, Hansel estructuró bien cada uno de sus negocios (La heladería y el restaurante), asimismo contrato nuevos empleados.

Antes de empezar las susodichas vacaciones, Hansel estuvo platicando sobre en donde pasarían las tan dichosas vacaciones, por ello platico y puntualizó varias veces que estás las tomarían en el lago congelado de Oslo. Un lugar poco concurrido y muy alejado de la ciudad.

De ante sala y antes de tomarse los días necesarios para recuperarse, Hansel tenía que comprar la empresa de Chocolates del joven empresario Adam y su novia Belle.

{-}

Cayendo el día exacto en el que irían, una figura masculina, tocó la puerta de la casa que habitaban los 4 individuos principales.

Tocando una y otra vez el timbre del lugar, Elsa rápidamente bajo las escaleras de las habitaciones de arriba y se dirigió de mala gana a atender la entrada principal de la casa – ¡Ya voy!–.

Un tanto molesta, se sorprende mucho, una vez que abre la puerta, y observa a un joven chico de cabello castaño y de una contextura física muy atrayente.

Ataviada al ver al apuesto joven, no duda en saludarlo, mientras se pone una posición coqueta y juguetona, como una pequeña niña – Hola– correspondiéndole el saludo el joven trigueño; este último le dice mientras la examina con detenimiento y fascinación. Cautivándose con la sexualidad que desprende la chica – Hola muñequita. Soy Eugene, pero llámame, Flynn Tagart– agregando en tanto le toma su mano a la joven y le deposita un beso en el dorso – Bueno, vengo desde Alemania, después de cursar unos cuantos cursos de…–.

Eugene, no logra terminar debido a que una vez que despega sus ojos de la adorable chica, los termina posando en el viejo Olaf, que con su ropa sin lavar, se pasea como si nada por toda la casa y con una botella de cerveza en la mano.

Incapaz de darle un sentido al vejete, Eugene le pregunta a la joven blonda, de quién se trata – ¿Es Santa Claus?– señalando al instante al viejo.

Volteándose ligeramente para mirarlo a Olaf, Elsa niega y en eso, le dice corrigiéndolo a Eugene, que no es lo que piensa – ¿Qué? No, el no es Santa Claus, es un viejo que Hans trajo aquí…–.

Conociendo a su primo, Hans, Eugene se termina burlando, y en eso le pregunta con mofa – ¿Hans? Me haces reír. ¿En serio Hans trajo a ese vagabundo?–.

Volviendo a negar y corrigiéndolo con suma tranquilidad y delicadeza, Elsa le dice – El se llama Oleg, digo Olaf–.

Sonándole algo ruso el nombre, Eugene nuevamente se termina riendo de manera silenciosa.

Olaf al observar a la joven platinada en la puerta y al chico trigueño también ahí, no duda en acercárseles y mirarlos más de cerca.

Con su presencia del viejo, Eugene decide llamarlo Oleg en lugar de Olaf – Oleg, es un honor conocerte– se inclina ligeramente mientras no deja de burlarse del viejo, quien algo confundido, cambia su semblante por uno curioso y luego por uno travieso – Eh, un chico como Hans, tan simpático y…–.

Mientras está casi cerca de parlotear como siempre, Olaf se detiene y al instante, y debido a que no lo reconoce, ni conoce al chico, decide preguntarle, quién es – Un momento, ¿Quién eres tú?–.

Mirándolo fijamente como todo un galán, Eugene le responde a su cuestión con un tono cautivante – Soy el mejor, entre los mejores. Llámame Flynn–.

Confundiéndose y mirando a Elsa con demasiada incomodidad, Olaf le responde a Eugene con ignorancia – No sé quién–.

– Olvídalo, se que Hans te trajo aquí. Creo que fue un error haber invitado vagabundos aquí a esta casa– le replica el trigueño al ver el mal aspecto que Olaf tiene, y en tanto se mofa de este último.

Un tanto ofendido por la palabra vagabundo, Olaf le dice – ¿Vagabundo? Ya quisieras–.

Resultándole algo divertido la forma en que le dijo lo anterior, Eugene se carcajea, y posteriormente añade – ja ja ja ja, Hans de seguro te invito a ingresar a esta casa. Debió haber sido vergonzoso–.

Sin palabras, y casi cerca de contratacarlo, Olaf se ve interrumpido por la inevitable presencia e intervención de Hans, quien al verlos a todos ahí, no duda en exclamar – ¿Qué demonios, está pasando aquí?–.

Siendo observado por la chica, el viejo, el joven trigueño, este último toma la palabra, y le informa – Hans, amigo mío. Que gusto volver a verte. Vengo de Alemania para pasarla con tu viejo y contigo y…– casi cerca de concluir lo que estaba diciendo, es interrumpido por el molesto pelirrojo, quién inicia su confrontación – Que disgusto volver a verte a ti–.

Encarándolo al trigueño; es este último quien le dice – Hans, eres como un primo algo loco, para mi, sabes…–

Confrontándolo enfrente de Elsa y Olaf, Hans le recalca – Eres un desastre– agregando mientras lo toma de las solapas de su saco y le pregunta – ¿Quién te invito?–.

Parpadeando un par de veces por la susodicha pregunta del mencionado pelirrojo, Eugene le dice con un trago amargo – Nadie me invitó, yo vine porque quise–.

– Será mejor que te largues– finaliza con malhumor y disgusto el pelirrojo.

Sintiéndose un poco ofendido ahora, Eugene decide tomar cartas en el asunto y confrontarlo, cuestionándolo ante su decisión – ¿Oh qué, me vas a correr? Tu no pareces ser el jefe de aquí–.

Intentando calmarlos a ambos, Elsa logra separarlos y contarle a Eugene que Hans no es el jefe – De hecho, Hans, no es el líder ni jefe aquí…–.

Con un semblante arrogante y dejando mal parado al pelirrojo, Eugene le responde y dirige sus palabras a Hans, el cuál está sumamente furioso – Ya ves, la chica tiene razón– le dice el trigueño.

Mencionado a la joven blonda, está última le dice su nombre al chico nuevo – Me llamo, Elsa. Por cierto–.

– ¿Elsa?. Me gusta tu nombre– contesta con halagó al escuchar el nombre de la joven.

Sumamente enojado con la joven y el chico trigueño, Hans se da la vuelta y le pide que no se entrometa – No te metas bruja–.

Posando sus pequeñas manos en su cintura y como si fuera su madre, Elsa lo cuestiona ante tal falta de respeto – ¡¿Bruja?!– agregando después de abofetearlo – Eres un asco, Hans–.

Recibiendo el indoloro golpe de la chica, Hans la toma de la mano y está casi listo de golpearla.

Estando dispuesto a dejarle una marca a la joven, Olaf trata de intervenir, pidiéndole a Hans que se detenga – Chicos, tranquilos…– e intenta separarlos acercándose.

– Se ven divertidos. Déjenme sacar mi cámara para que los grabé– les informa Eugene con una sonrisa engreída, pareciéndole entretenido la pelea de ambos.

Al escuchar la palabra "Grabar", rápidamente, Hans suelta a Elsa y junto a ella, van y se dirigen ahora contra el trigueño – ¡¿Qué?! ¡Eugene!–.

Con cámara en mano, intenta grabarlos en medio de las discusiones inentendibles de los dos, hasta que escucha una voz masculina autoritaria que les termina erizando la piel como una gallina – ¿Qué mierdas está pasando aquí?–.

Deteniéndose abruptamente, observan a Hansel quién llega para poner todo en orden – Otra vez peleando, ¿Cuántas veces les he dicho que dejen de pelear?–.

Situándose en medio de ambos chicos, Hansel no puede evitar mirarlos a ambos con tanto enfado y autoritarismo.

En tanto los mira con detenimiento a ambos, dirige sus orbes hacía Eugene.

Completamente molesto con el pelirrojo y la chica rubia, el aparente cobrizo no duda en confrontar y preguntarle por su presencia al trigueño – ¿Y tú qué?–.

– ¿Qué de qué?– le contesta con haraganería.

Sintiendo que Eugene se está burlando, Hansel le señala con tanto enojo – ¡No te pases de listo, pedazo de mierda!–.

Al quitarle su perfecta expresión de arrogancia del rostro al trigueño, Hansel instantáneamente lo interroga por la cámara que trae en la mano – ¿Acaso estás grabando con eso?– levantando su mano el mencionado chico, este rápidamente niega esa acción – Eh, no…–.

Frunciendo aún más el ceño, Hansel le dice con más rabia – Idiota…–.

Viendo que Eugene ha llegado en el momento menos favorable para nadie, Hansel lo toma de su abrigo y lo empuja afuera de la casa – Vete de aquí, oh…– casi estando cerca de cerrarle la puerta, Eugene rápidamente le dice tratando de convencerlo de que no puede irse – No puedo, de hecho… Hans con esteroides, voy a vivir un tiempo con ustedes–.

Llamándolo de esa manera y aparentemente mofándose un poco con el sobrenombre, Hansel se le queda viendo, pero al instante lo corrige y le dice su verdadera identidad – ¿Hans con esteroides? Me llamo Hansel–.

Un tanto nervioso al saber que probablemente no lo dejara vivir con ellos, Eugene le responde con un titubeo – Oh, okey. No sé preocupe–.

Hansel reflexionando hasta cierto punto de dejarlo fuera de la casa, le reitera lo que deberá hacer – Vivir aquí, tendrás que ayudar. Y no creas que voy a lavar tus calzones. Tengo suficiente con esa pequeña… Ah, con Elsa–.

Ingresando nuevamente al interior del lugar y siguiéndolo Eugene, Hansel al instante se dirige con Elsa y Hans para que le aconsejen y lo guíen – Bueno, ustedes dos imbéciles, díganle que hacer y que se hace aquí–.

Un tanto acobardados por su imponente presencia del aparente colorado, ambos chicos asienten y se disponen a llevar a Eugene hasta el interior completo de su hogar.

Habiéndoles dado una orden, rápidamente Hansel se dirige a la cocina a guardar unas cuantas cosas más para desalojar la casa antes de las vacaciones – Viejo de mierda, ven aquí…– le exige a Olaf, quién lo obedece con un poco de miedo.

En la cocina, le pregunta – Viejo, tu sabes que necesitamos dinero. ¿Qué tan disponible es viajar de un realidad a otra?– con un poco de nervios, Olaf le dice con un semblante ignorante – Hasta el momento, no sé. Desde la última vez… Creo que las chicas monitoras se enojaron mucho–.

Ante los recuerdos del pasado, Hansel y pensando una y mil veces por el dinero. El mencionado al final le confiesa con suficiente determinación y planificación – Vamos a intentarlo. Haremos lo siguiente. Que los chicos guarden sus cosas, para ir al lago. Espero que el tal Kristoff, que vive por ahí, nos instruya bien. Pero antes, hay que ir a concretar la compra del negocio del chico Adam. Espero no demoré–.

Con los planes yendo como viento en popa, Olaf se ofrece a ir con el mencionado y aparente cobrizo a la compra del negocio, pero este último se niega y le dice – No quédate, guarda algunas cosas en la maletera del auto. Llevaré a los chicos y al nuevo integrante de este lugar, para que vean como se negocia–.

Con la decisión ya puesta en marcha, Olaf lo único que hace es asentirle y finalizar con – Está bien, mucha suerte–.

Yendo hacía la salida, Hansel los llama los tres chicos.

Presentándose rápidamente al lugar como niños obedientes y mimados, Hansel les informa – Chicos. Necesito que vengan conmigo para que vean como comprar una propiedad. No nos tardaremos. Andando–.

Con lo dicho al pie de la letra, Hansel se dirige a su auto, entrando a los asientos del vehículo los chicos, y siguiéndolo en sus órdenes.

{-}

Después de un largo viaje hasta la fábrica de chocolates del joven empresario, por fin llegan y son recibidos de buena forma por los empleados del lugar.

Siendo tratados con delicadeza y respeto, los empleados les ofrecen chocolates y conversan amenamente sobre el desempeño del lugar.

Después de un pasatiempo y las buenas alabanzas a los chicos, Hansel y los antes mencionados, entran a la oficina del encargado.

– Mi nombre es Adam, bueno me llaman todos, "La Bestia". Y usted debe ser el señor Hansel, bueno, ¿Le gustaría dar una vuelta?– el joven de cabello castaño en ese instante se presenta y le estrecha su mano al aparente colorado, y luego de eso los invita a dar un tour por casi toda la fábrica.

Encrucijado en aceptar su invitación, Hansel voltea a ver a los chicos que trajo, y luego le comenta – Solo si me lo permite este par de pendejos… Trío de pendejos–.

En tanto los observa con detenimiento, Hans, Elsa y Eugene le dan el visto bueno, y en eso Hansel se levanta en hombros, dándole la aprobación al joven Adam.

Aceptando el tour por la fábrica, miran en ese preciso momento la larga labor de las máquinas y sus engranajes encargados del trabajo y la creación de suaves y cremosos chocolates.

– Sabe, mi novia y yo estamos muy tristes por vender el negocio. Esta fue nuestra primera inversión después de que me convertí en el gran empresario profesional de perfumería y cosmética. Pero es hora de que lo deje. Creo que le agradeceré a mi prima, Elsa…– le comenta mientras camina y en tanto la señala a la joven platinada, estando de espaldas y con el dedo pulgar.

Observando su andar del joven; con suma determinación. Rápidamente Hansel le pregunta – ¿Dejas la ciudad, muchacho?–.

Ante la pregunta del aparente cobrizo, Adam se da la vuelta y al instante le confiesa – No precisamente, espero que todavía… No. Solo nos estamos retirando pero simplemente para preparar un nuevo regreso. Este negocio no era demasiado fuerte, y nuestro equipo quizás se puso demasiado creativo con la generación de la riqueza–.

Mientras lo mira fijamente a Hansel, en ese momento una máquina que rellena y crea chocolate oscuro o Dark; explota un pequeño engranaje, y al instante baña a Hansel, Hans, Adam, Eugene, Elsa, y su amiga Belle, de puro y ligeramente amargo chocolate oscuro.

Habiendo sido bañados en puro chocolate y en tanto se empiezan limpiar, Adam le comenta a Hansel – Obviamente, habría podido desmantelar el negocio antes de cederlo. Diablos, podría haber quemado el sitio si hubiese querido. Esta es una tierra para una urbanización de primera… ¡Awuu! ¡Pegaso!–.

Una vez que escucha al chico y mientras se limpia y relame el chocolate por sus labios, Hansel le responde con algo de diversión en su semblante – Oh, basta ya… De acuerdo, yo no me preocuparía por nada de lo que me dijiste. Sabes, este lugar es perfecto para la producción de chocolates para mí negocio–.

Dando por hecho que será el nuevo dueño del lugar, Hansel se levanta con un poco de dificultad, y luego de mirar a Hans, Elsa y Eugene casi inexpresivos ante el baño pegajoso de chocolate. El aparente pelirrojo coloca sus manos en sus caderas y se muestra como si fuera un héroe.

Un tanto extrañado, Adam mientras ayuda a su novia con el baño de chocolate, le pregunta como última cosa a Hansel – Sí, claro, así es, ¿Y bueno, entiendo que tenemos un trato? ¿No?– con la misma posee heroica, Hansel le afirma enteramente – Lo tenemos–.

{-}

Regresando a casa en unos cuantos minutos, rápidamente salen del vehículo los tres chicos para posteriormente ir y limpiarse.

En tanto abandonan el vehículo, la joven blonda les manifiesta con mal humor a sus compañeros – Estoy cansada, juro que me voy a dar una ducha…– asimismo, Hans, expresa mientras va detrás de la susodicha joven – Que aburrido…– y por último, Eugene dice muy quejumbroso – Perdí mucho tiempo valioso–.

Hansel mientras los observa abandonar el vehículo con algo de dificultad y exasperación, decide seguirlos hasta la casa.

Mientras camina ligeramente y en un andar despacio, murmulla – Mocosos de mierda…–.

Hansel una vez que entra al lugar, procede a llamar al viejo, quien dormitando en el suelo, ante el llamado, se despierta muy alterado – ¡Si, Rojo!–.

Acudiendo al llamado y yendo hasta la cocina, Olaf irremediablemente se topa con Hansel en vuelto en una sustancia pegajosa de color marrón oscuro; sin querer cuestionarlo, Hansel le informa que está ya concretado todo – Está hecho. Partimos hoy a la casa cabaña de Kristoff, dile a Elsa que lo llame–.

Con el aviso dado y los planes como viento en popa, Olaf asienta, y en eso se moviliza para notificarle a la joven sobre la cabaña de Kristoff.

Suspirando un poco el aparente cobrizo, de su abrigo empapando en chocolate oscuro, extrae un cigarrillo y al instante lo enciende.

Mientras se pone a fumar, comenta en la soledad del sitio – Esto nos llevará días…–.

{-}

Con el plan en marcha, las maletas y suministros ya guardados en el auto, empiezan con el largo viaje, ahora sí.

Resguardando lo último que les queda, mientras lo hacen, Hansel se les acerca a los tres chicos, y sin dudarlo, les pregunta – ¿Todo listo?–.

Tomando una postura como si fueran cadetes militares, los tres chicos, le dicen al unísono – Si, señor…–.

Hansel al mirarlos, no puede evitar soltar una ligera risita, pero ya casi carcajeándose se contiene y les indica que ya entren al vehículo – Vamos, entren al auto–.

Dando por hecho que está ya todo en orden, deciden una vez que están dentro del auto, dar comienzo al largo viaje hasta la cabaña de la familia de Kristoff.

Entrando todos al auto, esperan a Olaf unos cuantos minutos, hasta que esté aparece y sin ningún problema, entra al vehículo de manera repentina y directa.

{-}

Después de horas, y al llegar al lugar, saludar a Kristoff, a sus padres y establecerse en el mencionado sitio, empiezan las primeras horas de larga diversión y distracción para los chicos, en cambio para Hansel, empiezan las largas horas de planificación para la ida a otras realidades y sitios inconexos o paralelos.

{-}

Con el paso de los días, algunas cuantas semanas, las vacaciones lejos de ser aburridas, son apabullantes y frescas como para que todos los que están en la cabaña dejen todo y se tomen un año sabático.

Patinando en el lago congelado y cercano a la cabaña del rubio, Elsa se muestra como toda una experta en eso refinados movimientos, mientras se desliza suavemente y una y otra vez por el mencionado lago congelado.

– Se ve hermosa. Es hermosa– le dice cautivado Eugene a Hans, mientras estos dos chicos y junto a otros chicos en el sitio, que los acompañan; observan la elegancia que la joven blonda posee.

Mientras patina y práctica sus habilidades, Hans irremediablemente y sin pensar en la sensatez que va hacer, a manera de burla le vocifera – ¡Elsa, copito de nieve. Ojalá se rompa el hielo!–.

Ignorándolo la chica hasta cierto punto, no dura ni unos cuantos segundos para que Hans le vuelva gritar y está vez provoque que ella misma se caiga al resbaloso y frío piso congelado del lago – ¡Ahhh!–.

Ante el accidente que la joven tiene, Hans rápidamente se dirige hasta la chica (como si quisiera ayudarla) pero al estar parado cerca de la joven, está última empieza con la confrontación – ¡Oye, estúpido! ¿Cómo te atreves a hacer eso?– tratando de excusarse como un niño travieso, Hans le responde con un tono arrogante – Solo estaba jugando… Elsie–.

Riéndose a carcajadas el chico, pero por su parte sintiendo una vergüenza Elsa, está última mira a sus amigos que atónitos al verla caerse, les dirige también algo de irá a estos.

Respondiéndole, Elsa le hace una imitación de voz a Hans, en tono de desagrado – "Solo estaba jugando", ahora verás…– ante eso, se levanta del suelo congelado, y luego lo empuja y posteriormente se le abalanza para atacarlo y doblegarlo en el suelo resbaladizo.

En tanto Hansel le aclara y le dice parte de sus planes al padre de Kristoff, y mientras camina a su lado, le indica – Estaré un tiempo aquí, para…– Hansel no llega a terminar debido a que se topa irremediablemente con la escena de ver a Hans y Elsa peleando en el hielo – No otra vez– maldiciendo nuevamente de no querer volverlos a ver pelear, Hansel rápidamente toma las cartas sobre el asunto, y sin siquiera dudarlo, se encamina hasta los dos chicos conflictos.

Al acercarse hasta ellos, y en tanto Hans está a poco de golpear a Elsa, Hansel lo detiene antes de que haga algo estúpido, tomándolo bruscamente del hombro, girándolo para que lo vea y propinándole un puñetazo en tanto le grita – ¡Eh, idiota. Es suficiente!– una vez que lo noquea, les dice de manera autoritaria – No los quiero volver a ver peleando, pedazos de mierda–.

Hansel mientras los mira a ambos chicos y está a la tentativa de noquear también a la joven blonda, es interrumpido por una voz femenina, quien le dice con arrogancia – Vaya, vaya, no sabía que usted fuera así…–.

Al no saber de quién se trata, Hansel decide darse la vuelta, y al hacerlo, se encuentra irremediablemente a dos sujetos; un hombre alto y de piel pálida y una mujer de nacionalidad asiática – Eh, ¿Usted quién es, y cómo demonios logro llegar aquí?–.

Expectante ante los dos individuos entrometidos, y habiéndolos cuestionado, rápidamente la mujer se presenta con una inclinación respetuosa – Me presento, soy Raya…– al instante señala a su camarada – El es mi compañero, Pitch Black– después de presentar a su camarada, empieza con la información que quieren darle al aparente colorado – Venimos del mismo portal que usted atravesó para llegar aquí–.

Un tanto extrañado ante la cuestión, Hansel le dice mientras inclina ligeramente una de sus cejas – Si, pues no me extraña mucho eso–.

Volteándose ligeramente para ver a los chicos que protege, de manera imprevista, Raya le comunica – Ja, no me haga reír. El Hans y la Elsa que usted asesino, le dejaron al niño heredero una herencia… Dicha herencia incluye una recompensa por su cabeza, señor Hansel–.

Recordando aquel trágico accidente y problema en que fracasaron en su intento de buscar el más allá, Hansel ligeramente elude la cuestión, y en su lugar solo dice – ¿Si?–.

Tensándose un poco y mordiéndose el labio, rápidamente la mujer le responde a su problema – Una recompensa de diez millones de dólares. Que buen servicio o paga, ¿no cree?–.

Dirigiéndole una mirada algo confusa ante la información y el como lo encontraron, Hansel ligeramente baja su cabeza; mientras lo hace le dice con algo de intriga – No, no creo para nada– siendo todo oídos los dos chicos, tanto Hans como Elsa, al instante no pueden evitar escuchar de la boca de Raya, lo siguiente – mmm, que pena. Pagan por usted bastante, pero más por su líder y amigo, Void… Quinientos millones–.

El aparente cobrizo al escuchar la gran cifra de dinero que podría cobrar por la captura de su amigo, no duda en decirle a la mujer lo que piensa verdaderamente de esa cantidad – Mmm, que mal que sea una cantidad muy grande. Una pena que no lo haya visto en días–.

Escuchándose las palabras de Hansel como una excusa, rápidamente Raya le dice con un ligero tono hostil – Escuché. Si lo encuentra, le aseguro que lo dejaremos en paz, de lo contrario no quera que estos farsantes que protege, naden en aguas frías como el metal–.

Señalando a los dos chicos que Hansel cuida, no puede evitar este último en cuestionarla a la maliciosa mujer – ¿Farsantes?– asintiéndole la mujer mientras se ajusta su abrigo – Si, como escuchó–.

Adoptando en ese preciso instante un semblante de seriedad y frustración, y manteniéndose cabizbaja, al cabo de un instante no puede evitar confrontarla y cuestionarla de manera agresiva – ¡¿Me están intimidando?!–.

Riéndose en sus adentros, Raya le dice con una ligera expresión de arrogancia – Si, así fuera. Ya lo hubiéramos hecho desde hace mucho tiempo. Pero no…–.

Sabiendo que buscan a su colega y pretenden capturarlo y/o tal vez matarlo, Hansel le informa a la mujer con más rabia – ¡Malditos, hijos de puta! ¡Creen que se saldrán con la suya!– en tanto los confronta a los sujetos y sabiendo que son cazarrecompensas, Pitch Black no puede evitar desenfundar su arma y apuntarle a Hansel con ella.

Teniéndolo a Pitch Black como su guardián protector, Raya le enfatiza a Hansel lo siguiente en tanto, está casi por retirarse – Si, probablemente. Usted pagará y morirá por el sufrimiento que le hizo pasar a ese pobre niño. Créame que si–.

Mostrándose agresivo y letal el mencionado y aparente pelirrojo, este último se despide de la mujer, diciéndole – Que tenga un buen día, Raya– asimismo la susodicha mujer le corresponde con el gesto, en tanto junto a su compañero se dan la vuelta, para posteriormente retirarse del lugar – De igual forma, señor Westergaard. Disfrute sus vacaciones o días libres, mientras pueda–.

Abandonando el lugar los individuos desconocidos y con la clara idea de que lo seguirán a Hansel (probablemente), no puede evitar soltar una pregunta la joven platinada al aparente colorado – ¿Eso qué fue?– respondiéndole el mencionado hombre a la joven, con – Nada bueno…–.

Una vez que le responde a la chica, Hansel ayuda a ponerse de pie a Hans, y rápidamente les pide a ambos chicos que se dirigen a la cabaña, asimismo les señala a los demás chicos que también se dirijan al mencionado lugar – Bien, rápido… Hay que entrar a la casa. Necesito dar un comunicado–.

Siendo expectantes los amigos de Hans y Elsa, Hansel dentro del lugar les dice a Kristoff, Eugene, Anna, Rapunzel, Tadashi, Gogo, entre otros, incluidos los padres de Kristoff, lo siguiente – Como es sabido, los portales dimensionales descubiertos por varios individuos y científicos; una información de Tadashi Hamada y su hermano Hiro, informan que los científicos trajeron muchos individuos idénticos. Soy un hombre muy agresivo, así que, como parte de eso, necesito…– al dirigirles una mirada espontánea a Hans y Elsa, Hansel agrega – Chicos, los dejaré por unas semanas, solos–.

Cuestionándolo los dos chicos mencionados, no puede evitar pensar que por fin los dejara en paz – ¿Y eso?– no pretendiéndoles revelar nada, Hansel les dice – Organización y planeación de metas a futuro–.

Afirmando los dos chicos que el mencionado y aparente cobrizo cuida, Elsa no puede evitar preguntarle a Hansel – Nos dejas, porque harás cosas para nada lindas, ¿Cierto?–.

Dándole como respuesta a la joven, mientras la observa – Si, así es– añadiendo en tanto ladea ligeramente su labio – Tengo trabajo. Necesito dinero para el posterior y eventual problema que llegue a suceder. Los dejaré solos, chicos. Espero que alguien los apoye y los cuide mientras no estoy. Necesito solucionar mi problema, así que, como dije me iré–.

Una vez que le aclara aquello, rápidamente Hansel se les acerca a los dos mencionados chicos, ante eso les pide con algo de cordialidad – Prométanme que no van a pelear…–.

Dándoles una sonrisa comprensiva, los dos chicos se terminan mirando mutuamente, y ante eso, le dicen a Hansel con la promesa de no volver a pelear – Está bien. Lo prometemos–.

Dando por hecho que no pelearán en su ausencia y en expectativa de los demás sujetos dentro de la habitación, Hansel les dice como última cosa a Hans y Elsa, mientras los elogia – Eso es. Muy bien–.

Dirigiéndose rápido y a paso apresurado hasta el viejo de Uncle, Hansel rápidamente lo menciona – Viejo…– estando también ahí, el aludido le comenta – Entonces, vamos a ir ahora sí…– asintiéndole a su comentario, Hansel le dice – Si, vamos a ir– añadiendo como última cosa antes de irse caminando con el viejo – Vamos, el trabajo nos espera…–.

Al instante se dirigen a una habitación donde se preparan para el eventual viaje que les espera, iniciando con ello…

Las tácticas destructivas.

Terminando así este capítulo.

{-}