Este fanfic es una colección de 31 One-shots en honor al mes del séptimo aniversario del Korrasami canon y que responden a la dinámica/reto #Omegacember de la página #EsDeFanfics. Cada día publicaré un nuevo capítulo cuyo tamaño puede variar desde un drabble (máximo 500 palabras), una viñeta (máximo 1000 palabras) o tan largo como la creatividad, los ánimos y el tiempo me den la capacidad.

Todos tendrán un tema distinto y los acontecimientos no necesariamente serán encadenados o lineales, es decir que algunos pueden ser AU, otros compatibles con el canon, las edades de las protagonistas pueden variar, los roles cambiar, etc. De la misma manera, se pueden mencionar o repetir ciertos elementos pese a que no sean del día correspondiente y también los enfoques de las tramas pueden variar, yendo desde algo tierno o cómico apto para todo público hasta algo con tintes candentes 18+.

Habiendo aclarado esto, espero que este escrito sea de su agrado y de ser así será un gusto leer sus comentarios.

Saludos,

Le chat et l'abeille.


Disclaimer: The Legend of Korra no me pertenece, sus excelentes personajes y grandes aventuras son propiedad de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko… Y de Nickelodeon.


Omegacember Korrasami

Día 1.- Voz: La niña nueva

"Hola, mi nombre es Asami Sato, tengo 11 años y soy una omega, un gusto conocerlos a todos"

La niña de ojos azules, que hasta ahora había estado muy concentrada en hacer un dibujo de su mascota, detuvo abruptamente sus trazos con la mirada aún pegada al papel. Su corazón dio una serie de fuertes y rápidos latidos escuchar una dulce voz hasta ahora desconocida. Poco a poco levantó la vista para observar a la dueña de aquel melodioso sonido: una alumna nueva que por alguna extraña razón parecía brillar con luz propia y que de seguro era la niña con la voz más bonita de toda la escuela… no, corrección… ¡Del mundo mundial!...

—P-pero ¿Qué es esto? -susurró para sí misma, tocándose el pecho y bajando rápidamente la vista al haber hecho brevemente contacto visual con la nueva niña- se siente raro, mi corazón está agitado como si estuviera haciendo educación física… ¿Estaré enferma?

En su ensimismamiento la niña no se percató de que la maestra había dejado de hacer la presentación de la nueva alumna y suerte o desgracia suya la había mandado a sentarse al fondo del salón, en el único asiento disponible, el que estaba a su lado.

—Psst… Oye… -susurró la novata.

Con un gritillo ahogado, la castaña salió de su burbuja mental dando un saltito en su asiento del puro susto y dejando caer el lápiz que no recordaba aún estar sosteniendo.

—Korra, haz silencio por favor. -regaño levemente la maestra de literatura, deteniendo su lectura y cuadrando sus lentes.

—Lo-lo siendo Señorita Moon. -se disculpó apenada la infanta, rascando su nuca con nerviosismo.

Tras un asentimiento aceptando las palabras, la señorita Moon siguió leyendo. Korra se sintió aliviada de que este pequeño desliz no le sucediera en la clase de la Señorita Beifong o seguramente la hubiera mandado a hacer tantos ejercicios de aritmética que en su vida no volvería a ver la luz del sol. Su alivio duró poco, al sentir un toque en su brazo, esta vez evitó gritar y simplemente desvió un poco la vista, haciendo como si aún prestara atención a la clase, pero en realidad observando a quien llamaba su atención tocándola con la parte no puntiaguda de su lápiz perdido.

—Te llamas Korra… ¿No? - susurró la niña, también fingiendo atender, pero más concentrada en la niña de al lado que estaba tomando el lápiz que le estaba ofreciendo- Mi nombre es Asami. Disculpa, no fue mi intención hacerte asustar… Es solo que vi tu dibujo y me dio curiosidad… ¿Qué animal es ese?

"Oh por los espíritus, la niña nueva de voz bonita me está hablando…

Y su voz es más melodiosa de cerca…

¡Y no solo su voz es linda… Toda ella lo es!"

La pequeña morena sintió sus mejillas calentarse y sus latidos nuevamente alocarse. Nunca antes había considerado linda a nadie más que no fuera su mascota o su mamá, por lo que sentirse así frente a alguien era una sensación novedosa, poderosa y algo aterradora.

Recordó que una vez su papá le había comentado que, ya que ella nació alfa, llegaría un momento en la vida en que comenzaría a ver con mayor atención a las omegas; sin embargo, Korra lo había desestimado diciendo que prefería jugar con Naga que ver a una niña.

El bonachón hombre simplemente se rio diciéndole que cuando llegara la chica correcta, como su mamá lo es para él, la vería brillar ante sus ojos y su voz le parecería más bella que la de las sirenas que salían en las películas que veía antes de dormir… ahora sabía a lo que se refería.

La recién llegada, de tez blanca como la nieve, ojos muy verdes y cabello tan negro como las plumas de un cuervo, le dio una sonrisa y ese extraño pero hermoso brillo etéreo que la rodeaba casi enceguece los orbes azules de la castaña. Eso, aunque alteró más a la castaña, también la hizo espabilar.

—E-Es mi mascota -indicó con una voz un tanto chillona por los nervios, pero aún baja para que la maestra no las atrapara conversando- es una cachorra de perro oso polar y se llama Naga…

—Naga ¿Eh? Me gusta mucho tu dibujo, se la ve muy linda -elogió de forma sincera la pelinegra.

—Yocreoquetúereslinda…

—¿Disculpa? -cuestionó extrañada, tras haber escuchado un murmullo ininteligible.

"Oh no ¡Eso debía pensarlo, no decirlo!"

La pequeña castaña se puso rígida y aún más sonrojada, pero dentro de su tierno nerviosismo tomó una valiente decisión. Cogió el lápiz y comenzó a garabatear en el papel del dibujo, lidiando con el sudor de sus palmas; cuando se sintió satisfecha dejó abruptamente el instrumento en la mesa cogió la hoja y se la estiró a la nueva, sin mirarla.

La ojiverde, que hasta ahora había estado observando de forma curiosa el actuar de la otra niña, se asustó ante la forma intempestiva en que le fue entregado el papel y lo tomó algo dudosa; sin embargo, su expresión de sorpresa y curiosidad volvió a cambiar a una deslumbrante cuando vio el contenido de la hoja.

Debajo del lindo y gracioso dibujo de la peluda bestia, estaba una pequeña leyenda que decía:

"Te regalo este dibujo si aceptas ser mi amiga y venir a jugar con Naga y conmigo a mi casa"

La alumna nueva, aún sonriente, asintió enérgicamente y susurró animada.

—Claro, déjame preguntarle a mamá y papá, pero estoy segura que dirán que sí.

La castaña sintió como su alma se aligeraba al ver su solicitud aceptada y dio una amplia sonrisa, con dos dientes de leche menos, a la novata de la escuela.

—Te daré el número de mis padres por si acaso quieran hablar con ellos… la castaña se aclaró levemente la voz y se rascó de forma nerviosa la nuca- Yo… espero seamos buenas amigas, Asami. - susurró aún emocionada.

—Estoy segura que así será, Korra.

A partir de allí llegaron a un acuerdo tácito de retomar la conversación cuando fuera el cambio de hora, pero igual les fue inevitable intercambiar miradas y sonrisas.

Ambas estaban muy emocionadas y felices, en especial la pequeña Asami. Había estado tan nerviosa por este cambio de escuela a causa de la mudanza de sus padres de la Nación del Fuego a Ciudad República. Si de por sí allá le costaba hacer amigos ya que muchos la catalogaban como una niña antipática por la riqueza de su familia y por su forma educada de hablar o comportarse… ahora, encima siendo la nueva, la socialización no se le haría más fácil.

Aunque sus padres lo ocultasen, sabía que incluso ellos estaban nerviosos por este primer día, queriendo siempre lo mejor en todos los ámbitos para su linda hija. Ahora podría ir a casa y decirles a sus padres que había hecho su primera amiga ¡Y que incluso tenía una cita de juegos con ella y su mascota!

Apenas hizo contacto visual con la castaña, supo que ella tenía algo especial… un brillo agradable que le recordó a los cuentos de hadas que por las noches le leía su mamá. Lo corroboró cuando escuchó la tierna voz que poseía… Transmitía tanta pureza y bondad que en conjunto a su sonrisa desdentada y facciones bonitas la llenaban de alegría y paz.

Mientras el día iba pasando, ellas se iban conociendo cada vez un poquito más, teniendo inconscientemente un pensamiento en común:

Este era el comienzo de algo bonito en verdad.