Día 5.- Autocontrol: Foto-tentación

"Vamos a la Isla Ember" -decía.

"Será solo una hora de reunión y de allí podremos disfrutar de nuestras paradisiacas vacaciones" -decía.

—Patrañas… -refunfuñó Korra, haciendo un puchero.

Asami había partido a las ocho de la mañana hacia una Reunión de negocios con Suyin Beifong, Magnate Hotelera que estaba interesada en comprar una flota de Sato-limosinas para sus sedes nacionales e internacionales de "Hoteles Zaofu".

Le dijo que se volviera a dormir, que ella regresaría antes de que se despertara de nuevo… ¡Puras Falacias!

Eran las once, hace tres horas se había ido su alfa y en vez de despertarse en la cómoda calidez de sus brazos… la despertó un mensaje de texto en su Satocell que decía "Lo siento linda, la reunión se extendió, pero iré antes del almuerzo."

—Agh… como sea…

Con puchero en labios y caminando desganada, la omega fue al baño de la suite presidencial para asearse, luego salió al cuarto y buscó en la maleta su sostén deportivo y licra; tras vestirse y ajustar el Satocell en su brazalete deportivo, partió hacia el gimnasio del hotel para hacer ejercicios e intentar matar el tiempo… quien sabe, quizás con suerte extrañaría un poco menos a su alfa hasta poder volver a verla.

Todo iba bien, la actividad física siempre conseguía no solo monopolizar su cuerpo sino también su mente… eso hasta que su Satocell vibró mostrando un nuevo mensaje de su pareja:

"En verdad lo siento Korra…no sé cuánto más demore, no me esperes para almorzar."

El ceño de la omega se frunció severamente. Esa había sido la gota que derramó el vaso.

Se supone que estas eran sus vacaciones, unas muy muuuy merecidas porque tanto Asami como ella se habían esforzado mucho en sus respectivos trabajos, ella como Terapeuta Ocupacional en el Hospital Ciudad República y Asami como CEO en la empresa más importante del país (y quizás del mundo), herencia en vida de sus padres, la legendaria "Industrias Futuro".

Okey, si era honesta, y no queriendo menospreciar su propio empleo, el trabajo de Asami era como un millón de veces más estresante y complejo… ¡Pero por lo mismo las vacaciones eran tan necesarias! Especialmente porque no eran unas vacaciones cualesquiera…

¡ERAN LAS DE SU LUNA DE MIEL, MALDITA SEA!

Hace un mes se casaron y por el trabajo de la CEO solo se habían tomado el fin de semana y no las dos semanas que habían acordado… Había surgido un problema con la aduana y Korra comprendió accediendo a postergar la fecha, sin problemas…

Pero pasó esa semana… y otra… y otra… ¡y nunca había tiempo para viajar!

No podía quejarse de Asami como esposa, su alfa era maravillosa, detallista, dulce, amorosa y siempre atenta a sus necesidades... El problema era que la bella mujer tenía una severa adicción al trabajo.

Ella se había comprometido a cambiar el comportamiento que tenía en su noviazgo de soler salir tarde de la empresa y trabajar seis de los siete días de la semana y efectivamente lo había hecho. Desde que se casaron y pese a las múltiples ocupaciones de la ojiverde, esta llegaba a tiempo a casa para la cena y ya solo trabajaba de lunes a viernes; pero, aun así la joven CEO no gustaba mucho de delegar actividades y responsabilidades por lo que todo caía en sus ya de por sí estresados hombros.

Sí, sí, Korra había estado muy consciente al dar el "Sí Acepto" de que Asami, además de estar casada con ella, estaba casada con su trabajo… pero esta prolongada espera para la luna de miel ya era absurda.

Aun así, no queriendo darle más problemas a su amada esposa, respiró, calmó sus ansias, no se quejó y esperó con esperanza… y un día su paciencia dio frutos.

Asami le propuso tomar las tan ansiadas vacaciones… sí, le mencionó que tendría una pequeña reunión, de una hora, pero que no sería nada...

Que el trabajo no interrumpiría esos paradisiacos días.

Que pasarían todo el tiempo juntas, disfrutando de la mutua compañía.

Divirtiéndose, follando, comiendo, follando, nadando, follando, bailando, follando...

Follando, follando… ¡Follando!

Pero no, aquí estaba ella, sola, sin su pareja, mirando de forma muy enojada a la pantalla de su dispositivo móvil.

Ya basta. El autocontrol de su temperamento que había tenido durante un mes, en ese mismo momento se había ido al caño.

—Muy bien Sato, tú lo has decidido. Prepárate para mi venganza.


Llevaba ya 5 horas reunida con Suyin Beifong y sus ejecutivos. Había sido una reunión muy productiva para ambas, sacarían varios beneficios y esta compra abriría las puertas para alianzas futuras. Suyin y sus ejecutivos, dentro de la máscara empresarial, se veían muy contentos con los puntos acordados y de la misma forma Asami sabría que su propia junta directiva estaría feliz de escuchar los resultados de esta reunión… Pero ella, Asami Sato, no estaba muy contenta que digamos.

No era la reunión ni los acuerdos pactados lo que la hacía sentir disconforme. Era la culpa.

Oh sí, la culpa.

Le había dicho a su pareja que la reunión de trabajo duraría poco tiempo… y la había dejado abandonada por horas en nada más y nada menos que las vacaciones de su luna de miel… vacaciones que había aplazado ya una vez por trabajo.

Hasta un santo perdería la paciencia y se enojaría… es más, si ella estuviera en el lugar de la omega ya hubiera cogido sus cuatro maletas y volado de vuelta a Ciudad República, sintiéndose burlada por su pareja.

"Korra debe estar furiosa… o muy triste… mierda, mierda, mierda… solo espero que no me pida el divorcio o sus padres y mis padres me matarán porque ya me habían advertido una y otra vez que no solo el trabajo es prioridad"- pensó la CEO, mientras esperaba pacientemente a que los abogados que había traído Suyin redactaran el documento para formalizar todo.

Se maldijo internamente. Había hecho cambios en su vida de "trabajoadicta", pero aún faltaban varios y aunque sabía que Korra era paciente y la comprendía, también sabía que había esperado mucho por esto y que todo tiene un límite.

Su padre y su suegro bien se lo habían recalcado "Delegar es importante, el trabajo no lo es todo. Ya no eres una alfa soltera, estás emparejada e iniciando tu propia familia, recuérdalo siempre". Le dieron una serie charla en base a las experiencias de ambos, cuando de jóvenes recién casados con sus omegas habían cometido el error de priorizar el trabajo y por ello se habían perdido de momentos preciados. Ellos finalmente aprendieron, pero no querían que ni Asami ni Korra pasaran por dichas desazones y asperezas.

"Y ahora estoy aquí, ausentándome de mi propia luna de miel cuando sé que podría haber mandado a Jinora o a Mako para esta tarea… es más, la misma Opal ofreció hacer el nexo con su madre y sé que cualquiera de los tres está bien capacitado y sería objetivo… Oh Raava, solo espero que Korra no me…" -su soliloquio mental continuó mientras sacaba su Satocell que había vibrado hace unos segundos en el bolsillo de su saco, pero se detuvo en seco al ver que quien le había mensajeado era su pareja. Lo raro era que en el banner no se mostraba una serie de insultos o un "Quiero el divorcio" por parte de la omega. No. Solo había una imagen adjunta que para verla tenía que abrir el mensaje, lo cual hizo de inmediato.

Oh por Raava.

Era una foto de Korra, se la había tomado ella misma y se mostraba su reflejo sudado en el espejo del gimnasio, tras hacer ejercicios.

Un rubor comenzó a cubrir las mejillas de Asami y soltó un leve rugido. Korra sabía que ese traje deportivo la mataba por lo bien que le quedaba.

—¿Sucede algo, Asami? -Preguntó Suyin, al escuchar un vestigio de sonido extraño.

—Eh… no, nada… Simplemente viendo las noticias… sigan en lo suyo -descartó la alfa pelinegra.

La otra alfa asintió y continuó cuadrando las cosas con su equipo lo cual hizo que Asami botara un suspiro de alivio, pero luego entrecerró los ojos viendo la tentadora foto.

"Será que Korra está intentando… nah… no puede ser…" -Descartó rápidamente su idea y bloqueó la pantalla para evitar la tentación de hacerle zoom a la foto y ver más de cerca las partes favoritas de su omega. Sin embargo, dos nuevas vibraciones seguidas llamaron su atención.

—Dos nuevas fotos adjuntas…

—¿Qué dice Señora Sato? -preguntó amablemente un abogado.

—Que… ¡Qué bonita sala de juntas!… -logró articular la CEO, sacando una sonrisa de la Líder Suyin quien agradeció el halago indicando que ella misma la había decorado porque quería que su hotel favorito tuviese un espacio que diera la sensación de "profesionalismo armónico con el ambiente del lugar" para cuando fuese necesario.

Cuando la atención se volvió a concentrar en los documentos, Asami no pudo evitar la tentación y desbloqueó el teléfono. El chat con su esposa estaba abierto por lo que pudo ver inmediatamente las fotos. Eran dos selfis: Una de los grandes pechos de su omega, apenas contenidos en ese sostén deportivo que denotaba el relieve de sus pezones y otra de los perfectos abdominales que parecían esculpidos por la mismísima Raava.

Asami se mordió el labio y apretó con su mano libre el brazo acolchado de la silla para evitar rugir nuevamente.

"Entonces sí estoy en lo correcto, me está tentando…" -pensó- "sucia jugada, omega, sucia jugada…"

Consideró responderle, pero eso sería darle más cuerda y ella debía mantenerse serena… lo cual era muy difícil considerando que sentía ya un pulso conoció entre sus piernas.

"No te estires, no te estires, no te estires" -repitió mentalmente, como un mantra hacia su clítoris.

Korra sabía que Asami babeaba por ella, por eso la alfa había pedido desde los primeros meses de noviazgo que cuando estuviese en reuniones de trabajo tuvieran charlas sucias ni se enviaran imágenes obscenas, para así poder concentrarse en su tarea. Korra había aceptado ya que en las sesiones con sus pacientes tampoco podía distraerse y así dichos contenidos candentes habían quedado reservados para viajes de negocios, simposios o en las noches y mañanas antes de mudarse juntas.

Pero por lo visto la omega había tirado por la borda el pacífico acuerdo y había declarado la guerra.

Para evitar darle otra vista a las deliciosas fotos, la alfa dejó el dispositivo sobre la mesa con la pantalla hacia arriba y o miró expectante… pero pasaron tortuosos y exasperantes minutos de espera y no llegó nada.

La alfa por un momento se sintió nuevamente culpable. No quería que su esposa se sintiera rechazada por no responderle, ella la amaba mucho y adoraba tanto su cuerpo… pero la culpa se desvaneció cuando encima de la gran mesa el Satocell vibró una vez más.

Asami tuvo miedo.

Si esa espera no era sinónimo de rendición, solo significaba una cosa:

Korra venía con la artillería pesada.

Trató de ignorar su teléfono por minutos, pero la lucecita de contenido pendiente de ver parpadeaba como un perpetuo recordatorio de lo que se estaba perdiendo.

Dulce tentación.

La iba atrayendo, poco a poco, como polilla hacia una bombilla encendida.

"No, no, no. Asami Sato, debes ser profesional, estás en una sala de reuniones cerrando un trato comercial. Vamos, tú puedes. Eres la líder de una compañía multimillonaria, una alfa fuerte, cinturón negro, genio declarado, eres capaz de vencer esta tentación…" -Apeló a su autocontrol, motivándose mentalmente.

Parecía estar funcionando, ella siempre había sido buena en el autocontrol, su entrenamiento en negocios por parte de su padre y las clases de meditación con su madre le habían sentado en ella buenas bases… por lo que fue un shock cuando de repente reaccionó y vio el Satocell en sus manos. En modo automático lo había cogido, y así mismo lo estaba desbloqueando.

"Por lo visto el autocontrol termina donde Korra inicia en mi vida." -Pensó, mientras metía el último patrón del código y sus ojos se abrían casi cómicamente mientras sus mejillas se ponían rojas cual tomate de inmediato.

Ante ella estaba su hermosa esposa en su gloria desnuda. Una bella selfi tomada desde arriba en lo que suponía era la sauna del gimnasio. Ella estaba sentada con las piernas estiradas y la toalla había sido abandonada a un lado, dejando a la vista de la cámara aquel cuerpo de infarto.

Los senos turgentes de picos achocolatados.

La cintura fina con abdominales cincelados.

Las caderas deliciosamente anchas, para asirse a ellas mientras la penetraba.

Y la delgada mata de pelo que ocultaba el tesoro más preciado del universo.

Asami no pudo evitar quedar hipnotizada por la imagen y la reacción física fue inmediata. Su clítoris palpitó y pulsó a un ritmo vertiginoso transformándose con gran velocidad en su bien dotada polla.

Ya totalmente formado el miembro, se sintió aprisionado entre las bragas de encaje y la falda lápiz, haciéndola sentir incómoda y por ende tener que reacomodarse para tratar de darle una mejor posición a la vez que esperaba su falo no se notase.

Pronto se dio cuenta de que era una esperanza absurda ya que por un instante bajó la mirada y vio el notorio bulto haciendo tienda de campaña en su bonita falda.

Mierda…

La alfa cogió un papel y comenzó a abanicarse. ¿Habían apagado el aire acondicionado? ¡Estaba cocinándose por el calor! Lo peor es que no podía ni quería levantar la mirada para comprobarlo, sus ojos estaban magnéticamente atraídos a la foto de su diosa personal.

"Omega…"- pensó- "De seguro cree que ganó, q-que con eso caeré… está muy equi…" -sin embargo, su pensamiento colapso ante los tres nuevos mensajes.

El primero era un corto video de apenas 10 segundos. Una pequeña parte de Asami, aún levemente consciente de que estaba en público, bajó el volumen totalmente, por lo que solo se fijó en como ante la cámara, Korra jugaba deliciosamente con uno de sus pezones, acariciándolo y pinzándolo entre dos de sus dedos y estirándolo para luego soltarlo en un bello rebote del seno… haciéndola desear ser ella quien estuviera tocándolos o tenerlos en la boca para morderlos, lamerlos y chuparlos.

El segundo mensaje fue irónicamente las primeras palabras que su pareja le había dedicado el día de hoy.

"¿Vienes o tendré que encargarme yo misma?

Sauna del gimnasio, tienes 5 minutos."

Y seguido de este había otro corto video donde solo se mostraba dos dedos de Korra acercándose y separándose entre uno y otro para mostrar el delicioso hilo de clara humedad elástica que los unía…

A la mierda el autocontrol.

Korra ganó, ella perdió.

Y que los espíritus la maldijeran si permitía que SU omega en SU luna de miel se follara a sí misma, en vez de ser ella la que la hiciera gemir y disfrutara de aquella deliciosa humedad.

Iba a carraspear y a disculparse rápidamente, pero cuando bloqueó el celular, lo guardó y levantó la vista, vio que todos los presentes la miraban y la Dueña de la cadena hotelera enarcaba una ceja de forma divertida.

—¿Están buenas las noticias?

El rubor de la alfa invadió sus orejas y parte del cuello por la vergüenza. Ahora que había salido del trance de su diosa de ébano recién notaba que la habitación estaba repleta de sus alfa-feromonas que seguramente fueron sentidas por Suyin y sus ejecutivos… así que si las tontas expresiones cachondas que para su desgracia debió poner no habían sido buen indicio, su aroma de indudablemente sellaba el trato de qué tipo de contenido era el que había visto.

En fin, una raya más al tigre foca. Ahora solo quedaba seguir y correr hacia Korra.

—Sí, la verdad muy buenas… noticias, digo. -la alfa carraspeó y prosiguió- Suyin, caballeros, debo despedirme. La verdad es que estoy aquí de viaje con mi esposa por nuestra luna de miel y ya la he dejado sola más de lo que me hubiera gustado. Por favor envíen los papeles hacia mi oficina en Ciudad República, allá mi equipo dará la respuesta adecuada para sellar nuestro acuerdo. Todo contacto puede gestionarlo mediante Jinora, Mako o su hija Opal al menos hasta dentro de dos semanas que será cuando mi omega y yo volvamos a la ciudad.

—Oh, ¡Haberlo dicho antes! -regañó Suyin, con tono afable- Y acá nosotros creyendo que estabas viendo pornografía o que nos estabas queriendo coquetear cuando todos estamos emparejados. -La líder y su equipo rió de alivio y Asami intentó seguir la risa, aunque de ella salió un poco más nerviosa- Es mi culpa -mencionó la alfa peligris, ahora visiblemente apenada, buscando entre unos papeles hasta que encontró el adecuado- No me fijé que reservó la suite presidencial a nombre de la Señora y Señora Sato. De haber sabido créeme que no las hubiéramos molestado y posponíamos la reunión o nos hubiéramos comunicado directamente con su asistente. Mil disculpas a usted y a su pareja.

—No se preocupe, la culpa es mía en realidad, yo soy quien debió haberse negado y aclarado la situación.

—Créame que la entiendo. Algo parecido me pasó cuando estaba recién casada con mi esposo omega… casi se divorcia de mi por aplazar nuestra luna de miel ¿Puede creerlo? -se rió la alfa, rememorando el pasado y sin saberlo hizo sentir nerviosa a la CEO pelinegra- menos mal me perdonó y allí aprendí que, aunque el trabajo es importante, hay otras prioridades.

"Korra es mi familia, y mi familia es mi prioridad." -Pensó la Alfa y cogiendo su carpeta de manera estratégica para que tape su notorio bulto, se levantó.

—Gracias por todo, a futuro estaremos en contacto y no duden de que esta alianza será próspera para ambos.

—No dudo de ello. Pase bien Señora Sato, saludos a su esposa.

La joven alfa dio una leve asintió con una sonrisa y salió con elegancia, pero tras subir al ascensor y marcar el piso del gimnasio sacó estrepitosamente su teléfono y le mensajeó a su amada.

"No te atrevas a ponerte un solo dedo más encima, me has puesto tan dura… y como buena omega debes hacerte cargo de tu alfa"

La respuesta, para su fortuna, no tardó demasiado.

"Cuenta con ello, mi amada alfa 😉"

Asami demoró menos de un minuto en llegar hacia donde estaba su pareja, y no le importó la falta de decoro en sus actos, o que alguien notara su miembro firme al correr, ni casi sacarse la ropa en pleno trayecto y menos que las personas se alejaran de la sauna porque desde que llegó, el recinto olió a puro sexo… no le importaba nada más que lanzar por la borda el estúpido autocontrol y recuperar el tiempo perdido… y eso hicieron.

Desde esa tarde, la pareja pasó las más hermosas y apasionadas vacaciones de luna de miel, siendo incluso agasajadas por la dueña del hotel con entradas a eventos como medida de disculpa ante su desacierto.

A partir de esa fecha también, el cambio en Asami por su adicción al trabajo fue total. Delegó más a sus empleados de confianza y se permitió relajarse un poco y disfrutar.

Después de todo, aunque le encantaba su trabajo… Korra era su amor real.