Día 6.- Ofrenda: Regalo navideño de corazón

—¡MAMÁAAAAAA!

Yasuko, que estaba tocando una agradable melodía navideña en el piano, hizo un estruendoso sonido con las teclas y casi se cae del taburete al escuchar el grito de su hija

—¡¿Qué sucede Asami?! ¡¿Estás bien?! -preguntó la madre, angustiada, cuando su hija entró a la estancia.

La joven Asami de 12 años ingresó corriendo, bamboleando aún su mochila en la espalda pues en su afán de encontrar a su madre se había olvidado dejarla en el pasillo al volver de la escuela.

—¡Mamá, es urgente! ¡De vida o muerte! ¡Necesito que me enseñes a tejer!

La madre omega enarcó una ceja, sin comprender que bicho le había picado a su hija. Consideró regañarla por el mini infarto que le había producido, pero más podía su curiosidad de comprender la situación.

—Veamos… tú, Asami Sato, la alfa que a futuro será inventora e ingeniera y que hace solo un par de días me dijo que tejer era una pérdida de tiempo porque era más productivo enfocar los esfuerzos en elaborar una maquinaria que automatice el proceso de elaboración de prendas de vestir… ¿Quieres que te enseñe a tejer?

Las mejillas de la joven alfa preadolescente se tornaron de un color rosa, como si aún estuviera en la nieve del patio de la escuela y no en la sala de su casa con agradable calefacción. Pese a la vergüenza la niña asintió. Tras una mirada analítica de la joven madre que parecía leer el alma y puso nerviosa a la cachorra, finalmente la omega ojiverde se encogió de hombros.

—Muy bien ¿Qué quieres tejer, cariño?

Una pequeña sonrisa se formó en los labios pintados con tenue labial de brillitos sabor fresa al saber que su madre había accedido y agradeció mentalmente a que al menos por ahora no le había hecho mayores preguntas.

En la hora de recreo, como de costumbre, había estado comiendo y conversando con Korra, la enérgica, bonita y castaña omega de ojos azul cielo que desde hace dos años era su mejor amiga.

Cuando fueron a los columpios a pasar el rato, la omega le había comentado que, durante las dos semanas de vacaciones navideñas, su familia y ella irían a la Tribu Agua del Sur a Visitar a sus abuelos Katara y Aang; porque como su tía Kya finalmente se había mudado también a Ciudad República, los ancianos pasarían solos las fiestas y a Senna se le rompía el corazón dejar a sus padres sin más compañía en esta época.

Korra no estaba muy contenta, su tierno puchero y mejillas infladas eran una muestra de ello. No era porque no quisiera ver a sus abuelos… ¡Los amaba! Los llamaba incluso una o dos veces cada semana. El problema es que ya había quedado con la joven alfa ojiverde en pasar prácticamente todos los de vacaciones juntas, viendo televisión, leyendo, jugando videojuegos, haciendo hombres de nieve e iglúes, jugando con Naga, practicando artes marciales y un sinfín de actividades que formaban parte de una muy larga lista que habían pasado días ideando mientras esperaban a que llegase la ansiada fecha.

Gracias a Raava que sus casas quedaban a tan solo una cuadra de distancia y que ambas familias se habían hecho amigas y se llevaban tan bien que incluso el Día de Acción de Gracias la habían pasado juntos, en una agradable y cálida reunión en la Isla del Templo Aire, con el resto de la familia de Senna: Su hermano el Comandante Bumi, que estaba de Vacaciones de su trabajo en las Fuerzas Unidas, su hermano Tenzin, maestro de yoga y artes marciales además de dueño del lugar, con Pema, su amable esposa embarazada y su pequeña pero adorable hija Jinora, y por últimas pero no menos importantes, la recién llegada Doctora Kya y su prometida la Jefa de Policía Lin Beifong.

Una familia extensa y peculiar pero muy sólida que poco a poco les habían dado la bienvenida a los Sato como una extensión más de su clan, tratando a cada uno de los tres con la consideración y cariño que le darían a cualquier familiar.

Este fue un cambio apreciado por Asami, Yasuko y por el mismísimo Hiroshi, que, excepto por temas de negocios que lo exigían, preferían evitar las fiestas de la de alta sociedad. Esto se debía a que la mayoría de los asistentes eran personas arrogantes, que solo querían sacar provecho de los Sato y no cuadraban con sus ideales de honestidad, honradez y humildad. Porque los Sato, pese a la inmensa Riqueza que poseían, no habían dejado que los humos se les subieran a la cabeza y eran personas que sabían apreciar lo verdaderamente importante de la vida.

La ilusión del corazón de Asami se rompió un poquito con lo escuchado, pero trató de evitar que la decepción llegase a su rostro. Evidentemente no lo logró, porque su amiga le dio un tierno abrazo disculpándose y prometiendo llamarla todos los días. Asami no pudo evitar entristecerse pese a la buena voluntad de la ojiazul, en verdad estaba ansiando pasar tanto tiempo con Korra como le fuera humanamente posible… y ahora no la vería por dos semanas.

Dos semanas sin Korra…

Su corazón se encogió dos tamaños, de repente, ante tal ofensivo pensamiento.

¿Por qué le afectaba tanto la futura ausencia de Korra?

¿Por qué su corazón latía como loco con solo pensar en pasar horas y horas, días y días con ella… y luego sentía un hoyo en el pecho al saber que no sería posible ver ni siquiera un ratito a la omega?

Sentía que no solo era por ser su mejor amiga… esto era algo más, más profundo, más fuerte…

Sus orbes esmeraldas se abrieron de par en par ante la respuesta que su ágil mente razonó y se sonrojó severamente al comprender el motivo: Korra le gustaba.

No como amiga.

No como mejor amiga.

Korra le gustaba, gustaba.

como a una alfa le gusta una omega tan asombrosa como ella.

Asami estaba enamorada de su mejor amiga omega.

El resultado del autoanálisis fue revelador, pero pese a todo pronóstico no la escandalizó ni la asustó… era como si una parte de ella ya lo hubiese sabido. Se sonrojó y sus labios se curvaron en una leve sonrisa ante la idea de que la castaña era su primer amor… pero… ¿Korra sentiría lo mismo por ella?

—¿Estás bien Sami? ¿Tienes frío? Sólo traes un abrigo sobre el uniforme y tú sueles ser friolenta… Rayos, te prestaría mi bufanda, pero hoy Naga decidió que sería un buen juguete y la dejó hecha jirones. ¿Quieres que entremos al salón?

Al igual que su voz, el rostro de Korra era hermoso, incluso con esa carita de preocupación.

La alfa susurró palabras en modo automático para calmar a su mejor amiga mientras en su mente estaba pensando que, si la omega se preocupaba tanto, quizás sí había la posibilidad de que sus sentimientos fueran correspondidos… no era nada seguro, pero había esperanza.

Mientras ambas se columpiaban, con Korra renegando de que su mamá la había regañado por no cuidar la vieja bufanda y ahora tener que comprarle otra para el viaje (por suerte Korra no la necesitaba por ahora en Ciudad República, porque aunque había nieve y su mamá siempre la obligaba a llevar algo que la abrigue, las temperaturas aún no habían caído a sus niveles más bajos y la omega por su ascendencia tribal sureña sentía el clima como si fuese verano), Asami la observaba como si fuese la primera vez que la veía ya que la luz que sentía normalmente rodear a la otra niña, se había tornado más brillante y su aroma aún más bonito pese al sudor seco de correr en la clase de deportes más temprano.

La alfa apretó las cadenas del columpio entre sus manos mientras a su mente una decisión determinante llegaba.

Ella era una Sato, y los Sato no se acobardan por nada.

Así que, aunque el resultado pudiese ser o no favorable… ella lo intentaría.

Le demostraría a Korra sus sentimientos.

Y la mejor forma de hacerlo era mediante un obsequio.

"Una ofrenda de cortejo" como sus padres una vez le habían explicado, cuando estaban viendo una película en el cine donde el actor alfa le llevó flores y chocolates al omega en San Valentín.

Ella pensó en su sire. Su padre siempre regalaba joyas, ropa, libros y demás detalles costosos pero lindo y significativos a su mamá, especialmente escogidos y pensados para ella. Y ella le daba siempre un abrazo y un beso de agradecimiento.

Su corazón se agitó al pensar en un beso de Korra, pero sacudió su cabeza para volver a concentrarse en su misión. El objeto perfecto.

La campana para volver a clases sonó y Korra agarró la mano de Asami para ir ambas al aula. La había notado abstraída en sus pensamientos, con su "cara concentrada", pero como la alfa dijo que estaba bien, supuso que estaría pensando en algún nuevo invento en el que le estaba ayudando a su padre. No sería la primera vez y de seguro tampoco sería la última.

Por su parte, Asami estaba absorta en sus pensamientos de la ofrenda perfecta para la perfecta omega.

Sí, podría comprar algo, sus padres le daban una buena mesada que normalmente no gastaba, así que tenía cierta cantidad de dinero ahorrado… el problema es que no quería hacerlo. No por ser tacaña, sino porque quería darle algo más personal y significativo a la omega. Algo que simbolizara "Te veo, te pienso, te escucho, me importas mucho…"

—¡Eureka! -la ojiverde se levantó intempestivamente de su asiento.

—¿Tiene la respuesta, señorita Sato? -cuestionó el profesor Tarrlok.

Asami sintió algo de temor y vergüenza. ¿En qué momento habían comenzado las clases? Incluso su cuaderno, cartuchera y libro estaban en la mesa; seguramente Korra los había sacado para ayudarla, pensando que nuevamente estaba concentrada en alguna idea relacionada a la ingeniería… Oh rayos, el profesor había hecho una pregunta y no sabía que…

De repente, con el rabillo del ojo, vio que Korra disimuladamente le mostraba una página donde había escrito algo con letras grandes. Quien no arriesga no gana.

—Ba Sing Se, profesor… -vio como Korra giraba la página mostrando otro mensaje- Esa es la capital del Reino Tierra- añadió.

—Correcto, tome asiento por favor -gruñó el maestro, siguiendo con la clase de historia.

—Gracias… -susurró la niña alfa, cuando el maestro se giró al pizarrón.

—No te preocupes, tú siempre me cubres la espalda así que me alegra de vez en cuando poder devolverte el favor- le respondió la niña, susurrando entre sonrisas.

El corazón de la pelinegra se agitó una vez más al ver los dientes perlados y se alegró de haber recordado las palabras de Korra en el recreo.

A su amiga le faltaba una bufanda, así que se la daría.

Pero no la compraría, eso podría hacer cualquiera… ¡La tejería ella misma!

No sabía tejer… pero seguro su mamá le enseñaría…

además, según sus profesores era una genio, así que ¿Qué tan difícil sería?

Con esa ofrenda demostraría a la omega que, para ella, alguien muy especial…

y si tenía suerte su corazón ganaría.

En un solo día de clases se había dado cuenta de algo muy importante en su corta vida… y eso la motivaba y llenaba de adrenalina… pero todavía no se sentía lista para compartirlo con su familia.

—¿Cariño?

La voz de su madre llamó su atención al presente y Asami recordó que le había hecho una pregunta.

La cachorra alfa se tocó con el índice los labios mientras se concentraba y meditaba el asunto. Durante las clases restantes había pensado sus alternativas.

Una bufanda era el artículo que de ley estaba seleccionado. Era obvia la elección después de que la castaña omega se quejara de que su cachorra de perro oso polar, por jugar, destruyera la anterior.

Pero era muy poco… algo más faltaba…

¿Un abrigo?...

Muy complejo para la primera vez tejiendo…

además, estaban en pleno crecimiento y quería algo que ella pudiera usar a largo plazo.

¿Guantes?...

Nah… el mismo problema.

¡Un Gorro!

Sí, esa era una gran idea, una vez leyó un artículo científico donde indicaba que a los 10 años el cráneo ya había alcanzado el 95% de su tamaño… Korra ya tenía 11 y más de una vez habían compartito locos sombreros y gorras de baseball.

—Una bufanda y un gorro, mamá. -respondió finalmente- Eso quiero tejer.

—Oh, buenas elecciones considerando el clima. -la omega pelinegra bajó la tapa que cubría las teclas del piano y se levantó instando a su hija a seguirla.

—¿A dónde vamos mamá?

—Bueno, lo primero es lo primero. Debes dejar tu mochila, lavarte la cara y cambiarte ese abrigo y uniforme. Luego de almorzar podremos comenzar con el tejido.

—¡Pero mamáaaaa…! - la niña alfa comenzó a quejarse.

—Ah, ah, ah jovencita -indicó su madre, moviendo un índice de forma negativa- Todo el mundo sabe que barriga llena, corazón contento. Y como el tejido se hace con el corazón, es mejor tenerlo alegre y no gruñón. Ahora ve y apresúrate si quieres comenzar.

Con mirada decidida la pequeña alfa asintió y subió corriendo las escaleras, rumbo a su cuarto.

"El tejido se hace con el corazón"

No era la primera vez que su madre le decía esa frase. Al principio no la había entendido, "Es ilógico lo que dices, obviamente se hace con las manos, mamá." le había refutado hace unos días a la omega, ganándose una risa tanto de ella como de su padre.

"Hay cosas que no deben ser analizadas de forma tan literal o racional, pequeña genio" -le había indicado su sire- "Lo que tu madre quiere decir es que pones todo de ti en lo que haces: pasión, sudor, lágrimas, esfuerzo… Es irónico, pero das lo mejor y descubres nuevos potenciales cuando haces las cosas pensando en alguien a quien quieres. Como cuando inventé el Satomovil, lo cree pensando en tu mamá, inspirándome y tomando fuerzas en el amor que le tengo; porque además de querer aportar algo al mundo y obviamente salir de la pobreza en que vivíamos, quería demostrarle cuanto me importa y darle una mejor vida".

Yasuko le sonrió a su marido y sentándose en uno de los brazos del sillón donde estaba él, se reclinó para besar su frente.

"Eso se puede aplicar en muchas actividades, como cuando les cocino a ustedes o cuando tocamos ambas el piano. Lo hacemos con el corazón, sintiendo cada nota y queriendo hacer lo mejor." -continuó su madre- "Es lo mismo cuando tejes, cariño, solo que con un pequeño plus. El resultado es un regalo tan tangible e íntimo que sientes una alegría y calidez muy bella tanto cuando recibes algo así como cuando se lo das a alguien muy especial".

—Dárselo a alguien muy especial… -susurró mientras colocaba sus prendas en el tacho de la ropa sucia y se ponía ropa de casa.

Esa última frase de su madre era la que le había venido a la mente en el colegio y la motivación de su misión actual. Darle algo hecho con el corazón a Korra… estaba segura de que lo podría lograr.


—¡Agh! ¿Por qué esto es tan difícil?

Para dicha de Asami, tras el almuerzo y ante la ausencia de tareas del colegio, habían comenzado inmediatamente con las lecciones de tejido. Su madre la había llevado a su salón de costura a elegir los colores que deseaba para el gorro y los guantes, había elegido unos materiales para practicar al principio y habían ido con todo al salón. Una vez cómodas, las lecciones habían iniciado y con su gran intelecto la pequeña alfa había captado todo de forma rápida… pero para su desdicha más temprano que tarde había comprendido que una cosa era la teoría y otra la práctica.

—Asami, Omashu no se hizo en un día. -la alentó su madre- tiempo al tiempo

—Pero mamá, no tengo tiempo… debo terminar esto antes de la fiesta de navidad del viernes…

—Hmmm… hasta el viernes… ¿Y eso por qué sería?

—P-Porque… porque… es… ¿Urgente? ¿De vida o muerte? ¿Vital para mi estabilidad emocional? -trató torpemente de excusarse la niña, sonrojándose nuevamente.

—Bien, bien pequeña bribona -Su madre acarició sus cabellos sonriéndole. Evidentemente su hija aún no estaba lista para compartir sus motivos y la dejaría por ahora… igualmente ya suponía de qué o mas bien de quién se trataba. Tomó nota de chismear con su esposo antes de ir a dormir. - Te preguntaré algo ¿Estás poniendo todo tu corazón en esto?

—Claro que sí mamá. Cada una de mis fibras cardiacas está en esto -dijo la niña con decisión y Yasuko se hubiera reído de la literalidad científica de sus palabras si no fuera porque no quería socavar ese fuego interno que su cachorra alfa mostraba en la mirada.

—Entonces no te preocupes y sé paciente. Yo estaré aquí para apoyarte y guiarte si algo sale mal. Tú sigue esforzándote como lo estás haciendo y te aseguro terminarás a tiempo y todo saldrá perfecto.

Ante las palabras de apoyo y la mirada cariñosa de su madre, Asami se sintió amada, protegida y sobre todo motivada.

Respiró hondo, frunció el ceño en su "cara concentrada" como le decía Korra y redobló sus esfuerzos con ímpetu renovado. Era lunes en la tarde y tenía menos de 120 horas para dominar el tejido y hacerle una hermosa ofrenda a Korra.


—¡Finalmente! ¡Mamá, lo hice!

—¡Esa es mi cachorra! -elogió Yasuko, sintiendo su pecho hinchado de orgullo por la determinación y el buen trabajo de su cría- Ahora ve a cambiarte, no queremos que llegues tarde.

—¡P-pero aún falta envolverlo!

—¡Estamos en eso! -interrumpió Hiroshi, entrando a la sala con una caja llena de papeles de regalo y pompones. - ¡Ahora ve a alistarte y déjalo en nuestras manos!

—¡Gracias mamá y papá! ¡Son los mejores!

Al ver a su hija correr escaleras arriba, la pareja sonrió por el entusiasmo contagioso de su cachorra, mientras se disponían a envolver las obras recién terminadas de su hija.

La preadolescente había pasado elaborando el gorro y la bufanda todos los días de esa semana, hora tras hora (obviamente sin descuidar sus estudios) entre rabietas por errores y pinchazos hasta que le cogió el tino y pulió su técnica con el apoyo de su familia. Pero aún con la cantidad de tiempo invertida le había faltado perfeccionar unos detalles, por lo que se despertó al alba para terminar su trabajo. El esfuerzo valió la pena.

—Vaya, quien lo diría… Le quedó muy bien, casi como el de una profesional. Esa hija nuestra es buena en todo lo que se propone. -El sonriente hombre ajustó sus lentes observando la bufanda y el gorro mientras un ameno tarareo de su esposa confirmaba sus palabras. - ¿Crees que si se lo pido me haga una a mí?

—Oh querido, Asami nos ama, pero dudo que haga esa clase de cosas por alguien más que no sea quien tú sabes. -respondió la omega, sacando los dos papeles de regalo más bonitos para la ocasión- ¿Cuál crees que le gustaría más?

—¿En serio tienes que preguntar? -contestó el marido, enarcando una ceja, pero con una juguetona sonrisa por la obviedad.

—Tienes razón, la pregunta es necia. -rió por lo bajo la mujer, mientras guardaba el que no utilizaría y veía a su marido hurgar en la caja para sacar un lindo pompón celeste - ¿Trajiste la cinta, cariño?

—Claro querida -Hiroshi trajo de una mesita cercana el objeto mencionando acompañado de unas tijeras- Un alfa siempre está atento a lo que su omega necesita. -Mencionó dándole un beso sonoro en la mejilla de la mujer, haciéndola sonreír, antes de sentarse y comenzar a sacar pedazos de cinta mientras Yasuko hacía los dobleces adecuados para armar una funda de papel.

Tras unos cuantos minutos en cómodo silencio solamente interrumpido por el despegar de la cinta y el sonido del papel, finalmente el regalo quedó listo.

—Te quedó muy lindo Yasu, definitivamente eres buena con cualquier manualidad. ¿Estás segura que no quieres todavía ponerte esa tienda? Con tus tejidos y demás habilidades artísticas, seguramente serías un éxito en Ciudad República.

—No por ahora querido. En un par de años, cuando Asami esté más grande, sería bueno. Por ahora estoy contenta con cuidarlos a ustedes y dar mis clases de piano. Pero gracias por ser un alfa tan bueno conmigo siempre.

La mujer se dejó abrazar por su amado esposo y ronroneó de gusto. Aunque él era más bajo y no tenía mucha fuerza o agilidad como otros alfas, Hiroshi era perfecto para ella. Siempre atento, alentando sus sueños sin esas ideas misóginas paleolíticas que aún tenían algunos alfas de que las omegas no deben trabajar. No. Hiroshi era diferente, un alfa bueno y sumamente inteligente (básicamente un genio) con el que estaba muy feliz de criar a su cachorra ya que gracias a la orientación de ambos Asami se estaba convirtiendo en una mujer alfa de bien, sin prejuicios o estereotipos arcaicos. El amor por su familia bullía en su pecho, esta era la verdadera felicidad.

Tras unos minutos, cuando escucharon nuevamente los rápidos pasos de la joven alfa en la escalera, la pareja se separó y se sentaron en el mueble a esperarla.

—Tenías razón ayer mamá, menos mal que dejé la ropa lista porque hoy no iba a tener tiempo… -la alfa habló mientras se acercaba y, cuando finalmente llegó con sus padres, sus ojos observaron el regalo. - ¡Oh! ¡Quedó precioso! -La pequeña alfa se quedó maravillada, pensando que el papel estaba tan bonito que ahora no sabía si Korra querría abrirlo.

Ambos padres se rieron, abrazándose de manera lateral en el mueble mientras sentían la felicidad bullir de su hermosa cachorra, al coger el obsequio en manos. Sin embargo, cuando Yasuko la vio con la intención de despedirse para irse, la paró con un movimiento de la mano.

—Nada de eso señorita, primero a desayunar.

—Pero mamá, llegaré tarde…

—No llegarás tarde, recuerda que por la fiesta de navidad hoy el ingreso es media hora después de lo usual… -al ver que su hija iba a refutar, la omega añadió con tono suave- o bueno, si no quieres quedarte y acompañarnos a comer, no hay problema… podemos ir contigo a la escuela y comer en el camino antes de dejarte en la puerta…

—¡No! -gritó asustada. No obstante, inmediatamente carraspeó y añadió con un tono más tranquilo- quiero decir, mejor comer aquí… ya sabes, más cómodos…

—Buena bola sacada de la cancha -susurró Hiroshi a su cría, y su esposa le dio un codazo juguetón.

Yasuko se anotó una victoria interna. Ninguna hija suya, por más apresurada que estuviese, se saltaría la comida más importante del día. Su As bajo la manga de ir a dejarla personalmente al colegio "como a cachorra pequeña" (palabras de su hija, no de ella) era infalible cuando la preadolescente quería ignorar el desayuno. Después de todo era normal, cuando Asami cumplió 12 entró a esa etapa de "Soy muy grande para que me vean yendo a la escuela de la mano de mamá y papá" y pidió ir en bicicleta o autobús (con exposición incluida sobre la ventaja de la independencia en los jóvenes… para convencerlos de ser necesario).

Lo bueno es que llegaron a un acuerdo y aunque no iría por esos medios, tampoco la llevarían sus padres; es así como Asami todo el año electivo había hecho el trayecto de la escuela a la casa y viceversa, llevada por el chofer y ayudante especial de la familia, el buen y confiable Iroh, un hombre ya mayor pero muy sabio y bonachón que la preadolescente apreciaba inmensamente.

—Vamos, para que alcancemos a comer tranquilamente. -Motivó Yasuko, instando a su familia a avanzar.

Los tres fueron al comedor y la madre de familia trajo la comida que había terminado de hacer antes de que su hija terminara los últimos arreglos de la bufanda. La pareja comió con el recato acostumbrado, disfrutando del sabor de la sazón de la omega… a diferencia de la preadolescente, que esta vez dejó de lado la etiqueta acostumbrada y comió lo más rápido que su boca y manos le daban. Sus padres evitaron regañarla, sus esfuerzos estaban enfocados en no reírse en su cara al ver el recato acostumbrado abandonar a la menor.

—¡Terminé, muchas gracias por la comida! Ahora sí, con su permiso, me retiro. -Mencionó levantándose y desapareciendo brevemente para dejar los platos en el fregadero. Luego volvió por el regalo y se acercó para darles un beso a sus padres- ¡Nos vemos más tarde! ¡Ah! ¡Y buen provecho!

—Gracias cariño -respondió su padre, tras beber un poco de zumo de naranja- Disfruta la fiesta del colegio.

—Y tranquila, de seguro a Korra le encantará el obsequio. -Añadió la madre con ligereza, para luego comer un bocado más de sus alimentos.

La joven alfa paró su carrera en seco, a las puertas del comedor, sintiendo sus mejillas calentarse. Lentamente giró hacia sus padres e intentando infructuosamente no parecer nerviosa, preguntó.

—¿A-A qué se refieren?

—Oh vamos Asami -comenzó su padre- ¿En verdad crees que no sabíamos para quien es el regalo? ¡Si hasta elegimos el papel que más le gustaría!

—Es una ofrenda ¿Verdad? ¿Te le vas a declarar? -preguntó su madre, con picardía.

—Y-yo… algo así… ¿E-Es tan obvio? -al ver las sonrisas pícaras de sus padres, la alfa se sintió más avergonzada

—Mi pequeña cachorra alfa dará su primera ofrenda, crecen tan rápido…- acotó Hiroshi, enternecido y secando una lágrima con su servilleta, siendo imitado en acción por su esposa.

La vergüenza en Asami la hizo abstenerse de voltear los ojos por el sentimentalismo de sus progenitores y, en vez de quejarse, decidió plasmar las dudas que casi no la habían dejado dormir- ¿C-creen que me aceptará? ¿Qué yo… también le gusto? ¿Le gustará mi obsequio?

—Hmmm… no sé… ¿Te aceptará la pequeña omega que cada vez que te ve le salen corazones de los ojos? -preguntó irónicamente su padre, en tono jocoso.

—Cariño, eres la joven alfa más inteligente y hermosa de toda la escuela; y por si eso fuera poco, tienes un corazón tan bondadoso que cautivaría a cualquier omega. Y por lo que hemos visto, Korra ve todo eso y más en ti. -indicó su madre con cariño.

—Poniéndolo en estadísticas, yo diría que tienes una probabilidad del 98.5% de que las cosas salgan como deseas. Pero, aún si no lo hicieran, fuiste una cachorra valiente y diste lo mejor de ti en cada momento, como lo haría toda una alfa. Solo eso ya lo vale. Así que ve con la frente en alto que lo que tenga que ser, será.

La niña fue a darles un abrazo fuerte a sus padres, cuidando que el regalo quedase intacto. Cuando acabó, los observó con determinación y valentía renovada en sus orbes esmeraldas y, tras asentir con vigor, salió rumbo al Satomovil.

—¿Crees que tengamos que decirle lo que planeamos con Tonraq y Senna? -susurró el alfa de lentes a su esposa, cuando no había moros en la costa.

—No. Sé que ha estado triste por lo del viaje de Korra… Pero quiero ver su carita de sorpresa ese día. -respondió la mujer- Mejor terminemos de desayunar, tenemos que aprovechar que no irás a trabajar para comprar los regalos de navidad. Las siguientes semanas seguro serán tan agitadas que no tendremos oportunidad.

El esposo asintió sonriente y siguió disfrutando del desayuno de su omega, ambos compartiendo un tiempo de pareja especial. Mientras, la joven Asami había llegado al pasillo de la entrada y abierto la puerta, pero el frío de la nieve que estaba cayendo la hizo estremecerse y cerrarla de inmediato. Se giró por costumbre al perchero, pero se maldijo internamente al verlo solo con los abrigos de sus padres y no con el propio.

El lunes, por su afán, había puesto su abrigo en el canasto de la ropa sucia y una vez allí no saldría limpio hasta el día sábado que la señora Kanna hacía lavado. Además, el resto de la semana Korra había insistido en quedarse juntas en el aula con calefacción o en el comedor durante los recreos, para evitar que la alfa propensa a los resfríos se enfermara.

—En fin, un poco de frío no me hará mal. -La joven tomó aliento y abrió la puerta, cerrándola al pasar y corriendo rumbo al Satomovil.

—¡Señorita Asami! Luce especialmente bonita el día de hoy. -saludó el anciano, a la joven que entró al vehículo -Hoy es la fiestita ¿verdad?

—Hola Señor Iroh, muchas gracias por su halago -sonrió al viejo beta- Y sí, por eso la entrada tardía y el cambio de uniforme a ropa de calle.

—Perfecto ¿Pasamos como siempre por la señorita Korra?

Asami negó con la cabeza. Normalmente iban a la escuela juntas, ya que vivían a corta distancia; contrario al viaje de salida, que por las actividades deportivas de la omega solía quedarse un par de horas más en el colegio para las prácticas. Sin embargo, hoy sería diferente.

—No, ella dijo que hoy sus padres la irían a dejar. Pero a la salida sí vendrá con nosotros. -sonrió la pequeña alfa, esperando a que todo saliese bien para que en la tarde fueran ya sea a su casa o a la de ella para almorzar y jugar antes de que Korra tuviera que alistarse para viajar.

El conductor sonrió al verla con esos típicos ojitos soñadores que ponía cuando pensaba en la pequeña castaña tribal. "Seguro que ese regalo es para la joven omega… espero todo le salga bien señorita Asami" le deseó, en silencio, el anciano, mientras arrancaba rumbo al colegio de la más joven integrante de los Sato.

Cuando Asami se bajó del auto y se despidió de Iroh, entró corriendo a la institución en dirección a su casillero para guardar el regalo… quería dárselo a Korra cuando fuese el momento perfecto. Apenas lo había ocultado en la seguridad del mismo y cerrado con su llave cuando a sus espaldas una linda y conocida voz la llamó, embistiéndola con un abrazo.

—¡SAMI! -Gritó animadamente la omega ojiazul que agitaba el corazón de Asami con su sola presencia, mientras la levantaba del suelo en un efusivo abrazo.

Esa era otra cosa que le gustaba a Asami, la fuerza de Korra. No era como otros omegas, blandengues queriendo que un alfa haga todo por ellas o ellos… no. Korra era una chica de armas tomar, la palabra "imposible" o la frase "no puedo" no estaba en su vocabulario.

—H-hola Korra -contestó, intentando lucir normal y tranquila cuando la chica la soltó y la comenzó a mirar con una gran sonrisa torcida a la que aún le faltaba un diente de leche; sin embargo, la alfa falló y se sonrojó al verla completamente – Oh… te ves… te ves muy linda.

Y era cierto, ante sus ojos Korra lucía hermosa... ¡Genial y hermosa! Tenía puesta una blusa blanca en cuyo frente había un bonito charmander que tenía bufanda navideña puesta. La omega tenía puestos también unos pantalones azules adornados con un sinnúmero de pequeños hombres de nieve. Sus zapatos eran sus deportivos azules de la suerte y su cabello, además de estar adornado con las típicas colas de lobo, tenía una adorable diadema de astas y orejitas de reno.

—Oh, g-gracias -tartamudeó la ojiazul, sintiendo sus mejillas arder- aunque eso debería decir yo… luces… muy bonita… y ya sabes… elegante… -susurró la pequeña, sacando una sonrisa y mejillas igualmente sonrojadas de la niña de tez más clara.

No mentía. Asami siempre lucía bien, pero hoy se las había arreglado para verse fenomenal. Vestía una blusa blanca al igual que ella, pero esta tenía al frente un agumon con regalos navideños. Se había decidido por una falda short roja con dibujitos de renos que le quedaba muy bonita y su atuendo era completado con unos zapatos de duende y diadema a juego que le resaltaba en el reluciente cabello negro.

Ambas niñas se quedaron tímidas, admirándose mutuamente por incalculable tiempo, hasta que la campana de la escuela las sacó de su estupor.

—Vamos Tamer Digimon -rompió primero el silencio la castañita, cogiendo la mano de la alfa- recuerda que ayer nos dijeron que con la campana debemos ir al salón de eventos por el acto que los profesores han preparado.

—Guía el camino, Maestra Pokemon- bromeó la alfa, aún sonrojada.

Aunque ambas habían estado nerviosas al verse, su buena amistad y química las hizo pronto sentirse cómodas y comenzaron a avanzar, discutiendo sobre qué serie era mejor y cuál de los dos personajes de sus blusas, en un enfrentamiento, ganaría la batalla.

—Mi Charizard destrozaría a tu greymon…

—¿Te olvidas de MetalGreymon? ¡Es medio androide! O sea, todo lo que tiene que ver con maquinaria hace las cosas más super fuertes.

—Pffff… Charizard Gigamax come MetalGreymon en el desayuno.

—Wargreymon, por favor…

El acalorado debate duró hasta que unos diez minutos después inició el acto, en el cual ambas quedaron embelesadas viendo a sus profesores y a los alumnos ya mayores participar en obras de teatro, cánticos y demás cosas relacionadas a la navidad.

Cuando dos horas y media después el acto terminó, los alumnos avanzaron cada uno a sus respectivos salones para las mini fiestas navideñas de cada grupo.

Con la nieve aun cayendo fuera, pintando todo de blanco, la idea de una fiesta dentro atrajo a todos los niños. Asami y Korra disfrutaron mucho con sus compañeros y amigos entre juegos, conversaciones amenas, debates de Pokemon vs Digimon y comida deliciosa. Cuando la algarabía comenzó a bajar y a tornarse en una suave sensación de comodidad, y los niños ayudaban a recoger la basura. Asami le susurró a Korra que se escapara y la encontrara en cinco minutos en los columpios.

Habiendo hecho su parte, Asami se escabulló, corrió a su casillero sacando el objeto y fue al punto de encuentro.

Estaba nerviosa, no sabía si el frío era por el clima, la nieve que le caía encima o por la ansiedad del gran momento.

"¿Y si Korra no viene?" -Pensó, cuando calculó que ya había pasado el tiempo requerido, gracias a Raava ese miedo no duró mucho, cuando vio a la omega acercarse lentamente, con las manos en las espaldas, hacia ella.

—Viniste… -susurró la alfa.

—S-Sí, lo siento… Wei y Wing no dejaban de molestarme para que juzgue quien era el campeón en comer más helado…

—¿Y quién ganó?

—Ninguno. Los dos vomitaron y no hubo ganadores.

—Iuk… pobres.

—Ellos no, pobre Bolin que fue a quien vomitaron encima en los zapatos. Me escabullí cuando él estaba llorando y Wu lo estaba llevando con Mako para ayudarlo a limpiarse… Lo bueno es que al venir pude escuchar que Wei y Wing se sentían tan culpables que se disculparían y le darían sus rebanadas de pastel de chocolate… así que, conociéndolo, quedará más que feliz.

Ambas sonrieron al pensar en sus amigos. Eran un grupo algo loco, pero eran buenos chicos. Y lo más importante es que a ninguno les importaban si eran alfas, betas u omegas, todos se trataban como iguales.

—Korra, yo…

—Asami, yo…

Tras un silencio, ambas niñas hablaron al unísono, y al verse interrumpidas se sonrojaron y se disculparon mutuamente, intentando darle paso a la otra. Al final, Korra ganó, instando a Asami a hablar primero ya que ella era quien la había citado allí.

—Korra… -habló la pelinegra, con voz finita, y carraspeó para que esta transmitiera más seguridad y decisión. Apenas lo consiguió- Yo… yo sé que viajarás a la Tribu Agua del Sur y que habíamos quedado en pasar juntas las vacaciones, pero ahora no se puede… entonces no nos veremos en navidad y eso nos puso tristes… y por eso… bueno, el punto es que… Te traje esto…

La preadolescente, por más determinación que tuviese, no pudo evitar que flaqueara y tartamudeara su voz. De todas formas, reunió valor y sacó el regalo que tenía oculto a sus espaldas, mostrándoselo a la ojiazul, mientras aún nerviosa añadía.

—Este regalo… esta ofrenda…te la traje con mucho cariño… sé que quedaste en llamarme, pero aun así estarás muy lejos… así que quería que tuvieses algo que te recuerde a mí, porque tú… tú eres muy importante para mí… tú me gustas… me gustas mucho, Korra…

Asami supo que balbuceó mucho, pero dentro de todo estaba orgullosa de haber tenido el valor de confesar su sentir. Ahora solo quedaba esperar la respuesta de Korra, mientras extendía el regalo. Pero la omega no habló ni hizo el intento de cogerlo.

Con cada segundo que pasaba, la alfa sintió el corazón estrujarse más y más. Korra no respondía y la observaba con una mirada que no pudo entender; el pánico la invadió y mientras bajaba el obsequio y lo abrazaba contra su pecho, comenzó a balbucear nuevamente, intentando recuperar algo de la dignidad perdida y no correr el riesgo de, por sus torpes e inútiles sentimientos, perder a su mejor amiga.

—Oh bueno… yo… entiendo… no tienes que… solo olvida lo que… -tartamudeó la joven, aguantando valientemente las lágrimas. Sin embargo, antes de que pudiese proseguir, llorar o huir, la dulce voz de Korra, en un susurró, la interrumpió.

—Tú también…

—¿D-disculpa? -cuestionó, confundida ahora en medio de la apabullante desazón.

—Tú también me gustas… ¡Me gustas mucho Asami!

Las últimas palabras de la omega pasaron de un susurró a un grito impetuoso, como cogiendo valor para manifestarlas, mientras sacaba sus manos de la espalda y mostraba también un presente.

Los ojos de esmeralda de la joven alfa se abrieron de la impresión, y su piel que se había tornado pálida y fría tanto por el clima como por el susto del rechazo, recobró calidez y con ello el rubor.

—Yo te quiero mucho… y me gustas mucho… y te traje esta ofrenda hecha por mí misma –"con algo de ayuda de mi mamá" añadió en un susurro- para que sepas que te pensaré mientras no esté aquí y para que también me pienses a mí… es algo que creo que necesitas… bueno, mejor sería que lo veas…

La alfa, aún aturdida, asintió y ambas torpemente intercambiaron regalos, apreciando primero los papeles.

—Perros osos polares… como Naga… ¡Mis favoritos! -mencionó la omega al ver el empaque azul, con blanco y plateado, con pompón a juego.

—¡Robots! ¡Esto es genial! -se emocionó la alfa, al ver el papel de color rojo y dorado con pompón combinado.

Ambas abrieron a la vez y con sumo cuidado los empaques, intentando no dañar los papeles y pensando secretamente en guardar el envoltorio como un bonito recuerdo.

Cuando terminaron de abrir las fundas, ambas sonrieron por la emoción y la ironía.

Una bufanda y un gorro, ambos tejidos.

Los recibidos por Asami de armoniosos colores azul y blanco.

Los recibidos por Korra de cálidos colores rojo y dorado.

Ambos pares con los colores representativos de la otra, para que al verlos pensasen en quien se los dio, para que sus corazones sintieran la pureza del vínculo con la otra persona.

—Dicen que las grandes mentes piensan igual… -rompió el hielo, la ojiverde.

—Ni por Asomo mi mente se asoma a la tuya -dijo la ojiazul, con una risita- pero te he visto sin tu abrigo y sin otras prendas cálidas y no quiero que te enfermes…

—Lo mismo pensé… bueno, sé que el frío no te afecta tanto como a mí, pero igual lo necesitarás en tu viaje y así tu mamá no te retará… solo intenta de que Naga no se pase de traviesa esta vez… -bromeó la pelinegra, sacando una nueva y linda risilla de su… ¿Amiga? Si ambas se gustaban… ¿Eso dónde las dejaba? Una alfa valiente siempre deja las cosas claras, por lo que se aclaró la garganta y retomó la palabra- K-Korra… tú quisieras… quisieras ser mi…

—¡Sí! - gritó la niña, con emoción anticipada.

—Aún no completo la frase ¿Cómo sabe lo que iba a decir, señorita Korra Waterstone? -enarcó una ceja, la alfa, intentando fingir seriedad, pero notándose la alegría en sus expresiones.

—Era obvio que me iba a pedir ser su novia, la conozco más de lo que cree, Señorita Sato.

—Entonces… ¿Sí aceptas ser mi novia, Korra? – Completó la pregunta la joven alfa, sintiendo la necesidad de que saliese completa de sus labios para no dejar ningún clavo suelto.

—¿A un perro oso polar le gusta la carne de foca tigre? -preguntó la sureña, con ironía y una sonrisa resplandeciente- ¡Claro que sí Asami, nada me haría más feliz!

Ambas se sonrieron y en un cómodo silencio sacaron las prendas de las fundas, doblando el papel y guardándolo en sus bolsillos. Con algo de torpe timidez se pusieron la una a la otra tanto el gorro como la bufanda. Y cuando se vieron completamente envueltas por la calidez del tejido hecho con cariño, se sonrieron mutuamente.

La distancia había sido acortada al ponerle las prendas invernales a la contraria y ahora estaban tan juntas que los vapores de aliento casi se tocaban.

Korra se armó de valor y tomó las manos de la alfa, entrelazando sus dedos con los de ella. Asami sintió el dulce apretar de las siempre cálidas manos de la omega y se perdió en su bello rostro… sus ojos azules estaban tan claros y hermosos como un cielo despejado, la tierna nariz chata estaba sonrosada como las mejillas y los labios…

Oh, los labios de Korra…

Simplemente no pudo evitarlo.

Lentamente la alfa acortó la distancia y rozó sus labios con los de la otra niña en un casto, tierno y dulce primer beso que fue correspondido con un acercamiento recíproco por parte de la omega.

"Magia"

Esa era la descripción mental perfecta de lo que sintieron en ese corto pero tierno momento.

Se separaron poco a poco, viéndose tímidas y torpes como cualquier preadolescente enamorado… pero sonrientes y felices por la calidez que sentían en sus corazones.

—¡Korra! ¡Asami! -gritó una niña delgada, morenita y ojiverde, al encontrarlas – ¿Qué están haciendo? -sonrió con picardía, al verlas tomadas de la mano, pero decidió molestarlas con bromas en otro momento- Las estábamos buscando ¡Entren, que Kuvira quiere comerse sus trozos de pastel!

Ante el llamado repentino de su amiga Opal, ambas niñas salieron de su burbuja y se ruborizaron aún más de lo que ya estaban. Sabían que su amiga las molestaría con bromas… pero igual no les importaba, no era como si fueran a mantener lo suyo en secreto o se avergonzaran de ello. La felicidad en sus rostros las delataría ante cualquiera.

—¿Qué dices de una carrera? -Animó Asami- Quien pierda le da su parte de pastel a la ganadora.

—Oh… vas a perder totalmente, Sami. Podrás ser mi novia, pero no te la pondré fácil, especialmente si hay pastel de por medio.

—Cuento con ello -sonrió desafiante la joven alfa, sintiendo en su interior un orgullo enorme ante la palabra "mi novia".

Con eso, ambas chicas salieron corriendo rumbo a la puerta abierta, donde estaba su amiga.

Ambas ganaron, ya que desde el momento del primer beso hasta que tiempo después se despidieron de sus compañeros y subieron al carro con Iroh, rumbo a casa de Korra, nunca se soltaron las manos.


Era el tercer día de vacaciones y Asami estaba triste… habló los dos primeros días, tres veces al día con su reciente novia ¡Su corazón se agitaba y la sonrisa partía su rostro cada vez que escuchaba su voz! Pero ahora sus padres la llevaban a un inoportuno viaje a su casona de campo a las afueras de Ciudad República… ¿Ahora cómo Korra la llamaría? ¡Ella se había olvidado de pedirle el número por lo intempestivo del viaje…

—Asami, cariño ¿Puedes ayudar a llevar estas maletas adentro?

—Claro papá… -susurró Asami, con visible desánimo. Se ajustó la bufanda y el gorro que le había dado Korra y cabizbaja comenzó a arrastrar las maletas rumbo a la conocida puerta.

Si hubiera estado atenta, se hubiera fijado que sus padres luchaban por contener la sonrisa, mientras la veían en su deprimente y corta caminata hasta el pórtico.

Si hubiera estado atenta, se hubiera fijado en una joven omega que le sonreía y venía corriendo hacia ella.

De repente pudo sentir el dulce y conocido aroma de su recientemente declarada novia… pero fue tarde para reaccionar. La omega ya se había lanzado a ella en un fuerte abrazo, embistiéndola y haciéndola caer de espaldas.

—¡Sami! -Gritó con alegría Korra, poniéndose a gatas sobre ella tras sacarle el aire con su abrazo. Su sonrisa era tan grande que podría partir su lindo rostro y llevaba encima de sus ropas, las ofrendas que le había dado.

—K-Korra… ¿Cómo…? -la alfa conmocionada comenzó a sonreír y al sentarse en el suelo nevado abrazó nuevamente a su novia.

—¡Tus papás nos invitaron!

—P-pero… ¿Y tus abuelitos?

—Oh, ellos están aquí también y de hecho les he hablado tanto de ti que están emocionados por conocerte. ¡De hecho nos invitaron a todos a pasar el resto de las vacaciones! Están mis papás, Naga, mis abuelitos, y los tíos Bumi, Kya, Lin, Tenzin, Pema y la pequeña Jinora. -comentó la omega, poniéndose de pie y ayudando a la ojiverde a incorporarse- ¡Y con ustedes llegando ya está la familia completa! -La pequeña omega dio un paso hacia los padres de su novia que habían avanzado hasta donde estaba y dio una ligera reverencia -Muchas gracias Señor y Señora Sato por esta invitación y su hospitalidad.

—No hay nada que agradecer, cariño, para nosotros es un gusto tener el privilegio de compartir estas vacaciones navideñas con ustedes. -mencionó Yasuko, acariciando los cabellos castaños de la pequeña omega.

—Además, incluso antes de ser novia de nuestra cachorra ya te habíamos dicho que nos llames por nuestros nombres. -reprendió Hiroshi, con tono afable- Así como tú nos consideras de tu familia, nosotros te consideramos de la nuestra. -añadió, dándole una palmaditas en el hombro a Korra.

La ojiazul se sonrojó y asintió con una sonrisa de agradecimiento en los labios.

Los otros habitantes de la casa salieron y entre todos comenzaron a sacar las maletas y fundas del Satomovil, en un ambiente ameno de saludos y agradables conversaciones. Al final con la única maleta que quedaba, Asami se quedó un poco atrás, solo para susurrar un agradecimiento a sus padres y abrazarlos con infinito amor. Los tres entraron a la casa y se unieron a la algarabía, disfrutando de una taza del famoso y delicioso chocolate de la abuela Katara.

Esas fueron las mejores vacaciones navideñas de la corta vida de la joven pareja y el inicio de una nueva y linda tradición entre ambas familias.


¡Hola!

Esta es la primera nota de autora que he colocado en este fic y tiene dos motivos:

El primero es agradecerles por la aceptación que está teniendo el fic, ¡Para otros quizás no sea mucho, pero a mí me emociona! En verdad me alegra que les esté gustando hasta ahora y que ni siquiera la barrera idiomática desanime de leer a quienes hablan inglés u otro idioma (¡Gracias traductor de Google por existir!)

El segundo motivo de esta nota de autora es para hacerles una consulta super importante...

¿Quién creen que ganaría en una batalla?

¿Agumon con sus digievoluciones o charmander con sus evoluciones?

Decidan sabiamente si son Team #Korramander o #Asamimon jajaja.

Saludos,

Le chat et l'abeille.