Para él no había cosa más asquerosa que presentarse frente a su familia con sus inquisidoras miradas que buscaban destriparlo. Él entendía el asunto, aún más por qué nunca antes le avisó a su familia de su compromiso. ¿Qué les iba a avisar? ¿Qué fue una ramera? ¿Qué prácticamente solo fue el acostón de una noche? ¿Qué había terminado con el diablo mismo?

Además no podía decir alguna palabra así como así, ¡estaba en la fiesta de compromiso de su hermana! No podía arruinar su día, no cuando era seguro que saldría de esta asquerosa familia en ese asqueroso país.

Por fortuna —o desgracia— se encontraba con Yuuri y dos Alphas en sus mesa, dos malditos Alphas que podían poner su país de rodillas y él ni enterado, ¿por qué Víctor nunca le había dicho que pertenecía a la monarquía rusa? Aunque se quejaba mas de su falta de conocimiento que de que realmente fuera parte de la monarquía, porque casi se desmaya al ver a la Zarina de Rusia frente a él y no había sido el único, Yuuri se había quedado mudo y aún tenía sus mejillas de un tono rosado, a pesar del maquillaje típico de una geisha, ese mismo que estaban obligados a usar, pero él rechazaba las normas y había decidido vestir un salwar kameez que su Alpha le había obsequiado en el mismo instante en el que Víctor terminó de poner al tanto a los dos Omegas de aquella reunión.

—Tus padres te asesinaran si no usas el maldito kimono.

—Pienso usar mi estatus temporal de Omega enlazado y apelar a eso, además la dupatta me ayudara a esconder un rato la marca de los invitados.

—Normalmente un Omega muestra orgulloso su marca —le reprendió, en los ojos de Issei el fuego apareció además que se vio demostrado en el olor a melocotón podrido que inundó la habitación.

—¿Por qué estaría orgulloso de algo que no pedí? —Yuuri bajó la mirada triste por su primo y su Alpha, ¿Cuándo se daría cuenta que Vali Lucifer, el príncipe del inframundo, era su destinado?

Nada más rememorar aquello le mareaba le hacía gruñir, ni siquiera la paz que intentaba transmitirle Vali lo calmaba, es más hacia que su ira incrementara, ¿por qué no había mantenido su actitud de Alpha agrio que odia a todos? ¿por qué no había hecho lo sano para un Omega que de pronto entra en celo y lo había mandado al hospital a que lo doparan?

—No te vez muy alegre, cielo. ¿Es por qué tu Alpha no está aquí? —sabía que la pregunta de la Zarina no iba encaminada a tener un toque odioso, pero justo ahora lo sentía así, como si todo el mundo buscará recordarle que ahora solo era una pieza de ganado del príncipe del Inframundo, una que considerando la esperanza de vida de ambos solo sería una de las primeras en el rebaño.


Su mano viajó con temor hasta su cuello, allí donde el suéter le molestaba, tanteo levemente y sintió los bordes prolijos de la cicatriz de una mordida. La ira y el miedo surgieron de su pecho. ¡Que había hecho!

—¡Hey tranquilo! —alguien (el Alpha) lo abrazo desde atrás intentando calmarlo con sus feromonas, sin embargo, el rehuyó a su tacto como si este quemará, luego volteó y lo vio.

—¿Creí que solo era una puta para ti?¡¿Quién te dio el maldito derecho a marcarme?! Yo no soy ganado.

—Nadie te ha tratado como ganado —el olor a petricor y sándalo desapareció por completo de la habitación—. ¿Cómo podría tratarte de esa forma? —intentó acercarse a Issei, pero este se alejaba.

—¡Deshaz el maldito lazo!

—No —respondió con un gemido lastimero y eso hizo enfurecer más a Issei.

La puerta se abrió violentamente mostrando a otro Omega, le conocía, era el primo del chico, podía notar el olor a durazno y jazmín que buscaba asfixiarlo, con magia creo una pijama sobre su cuerpo y salió de la habitación, si bien los humanos miraban por encima a los Omegas, muchas mitologías incluyendo ellos sabían que ellos eran de temer, aún más si se metían en su territorio, pues un Alpha como él podría tener colmillos y voz de mando, pero un Omega podía manipular a otros miembros de su manada solo con sus feromonas y nadie sabía cuáles eran las consecuencias reales de aquello.

Fuera de la habitación se encontró con el Alpha de Yuuri, otro Omega que reconocía como parte del equipo ruso de patinaje y sus padres, por Satán nunca había visto tanta decepción en su mirada, agachó la cabeza y huyó del castillo de Lucifer.


—No lo he visto desde hace tres días —respondió con voz agria y desvío la mirada, por alguna estúpida razón le dolía, pero también se negaba a aceptar los sentimientos que Vali le transmitía por medio del lazo.

—Debe de estar muy ocupado...

—No quiero verlo, nunca de ser posible —la Zarina bajó la mirada, no comprendía lo que había pasado, pero ciertamente estaba dañando al chico.

—No es posible, ¿sabes? Tienen que volver a reafirmar el lazo, volver a sentirse, para estar bien.

—¡No quiero! No los quiero a él, ni este estúpido lazo.

Evgenia Nikiforova, la zarina bajo la mirada, era ciertamente triste como es que el pequeño Omega pensaba, quizá entendía un poco su pensamiento, el temor de que en un abrir y cerrar de ojos se convirtiera en una moneda de catbio, así pasaba aun en muchos países y para que negarlo, mas de la mitad de ellos practicaban religiones abrahamicas, quizá ese era su miedo, de pronto descubrir que los demonios eran iguales e incluso peores que los humanos, pero ella sabia que no era así, o al menos lo intuía, conocía a los demonios desde que era una niña y podía asegurar que de no haber sido por ellos habría muerto por el revuelo en Rusia.

—Un lazo así no se puede ignorar, menos romperlo —respondió de forma dura, tenia que hacer entender al chico que no habría graves consecuencias para ellos dos si no se detenía en ese instante—, no pueden hacerlo mientras que sus cuerpos se estabilicen, aun son jóvenes por lo que debo asumir que también sus hormonas deben regularse, por ahora creo que el chico esta sufriendo y en cuanto se vuelvan a encontrar, él terminara atontado por tu aroma, contario de lo que mas de medio mundo quiere creer el lazo es reciproco, y los Alphas también sufren, pero está tan estigmatizado el hecho que nosotros mostremos un poco de sensibilidad, que de inmediato buscan un reemplazo para ese dolor.

—No puedo creer eso cuando mi querido y adorado Alpha me marco en contra de mi voluntad.

—Dudo mucho que no hubiera voluntades de por medio.


Nunca se había sentido tan vacío como en esos momentos, todo parecía distante y no le agradaba esa sensación, ese deseo irrefrenable de querer gemir dolido, todo por que su Omega no se encontraba cerca y —considerando los hechos— tampoco lo quería ni un poquito.

—¡Quita la cara larga Vali! Hace que me ponga triste —pero no podía quitarla así que solo vio un poco de reojo a Rias.

La idea de hacerla enfadar coqueteándole un poco a Issei le había atraído en un principio, pero ahora, le aterraba la idea de ver a su... ¿tía?, a los ojos y decirle que había mordido al chico, que un par de noches antes habían soñado con una gran familia con Issei, esa que él no tuvo en oportunidad de tener los primeros seis años de su vida, esos mismos deseos que, al terminar el celo, se esfumaron. Pero tenia que hacerlo, era a la única persona que estaba seguro podía recurrir.

—Rias.

Ella hizo un sonido de asentimiento mientras revisaba los asuntos de los Reyes Demonios, ambos eran fuertes candidatos a ser los siguientes en línea y por lo tanto se involucraban en demasía en todo aquello que tuviera que ver con política.

—Mordí a alguien.

Ella de inmediato volteo a verlo asustada, allí no era un simplemente «Lo mordí» y ya, tenia que haber consecuencias y una retribución, pero él no se veía nada bien como para llevar aquello a cabo.

—¡Por Baphomet! ¿Cómo paso? ¿Por qué? Y lo mas importante ¿Quién es?

—No te enojes, ¿si? Es complicado y yo, ¡mierda! La culpa me esta matando por que... él es mi destinado, pero...

—¡Tu destinado! Es fenomenal...

—Es Issei —respondió secamente, no sabia como iba a reaccionar ella, pero temía lo peor, siempre lo hacia y terminaba pasando, como con Issei. El silencio se instalo entre ellos dos y él sinceramente no aguanto la presión y lloro—, y él ni siquiera quería este lazo, y yo, yo... no quiero romperlo, pero tampoco quiero herirlo ni retenerlo.

Ella entendía que uno no podía escoger a su destinado, no podía guardarle rencor por eso y llenar su alma de odio, aún así no tenía palabras para reconfortarlo, pero no lo iba a dejarle solo, así que solo lo abrazó, instalándolo a que soltara todo aquel dolor que sentía.

—¿Y él...

—Solo dijo que quería deshacer el lazo.

—Entonces conquistalo.

—¡Me odia Rias!

—Nadie podría odiar a un rollito de canela como tú.

—Piensa que soy un imbécil de mierda y que solo lo veo como una puta.

—Ok, en eso no te puedo ayudar, fueron esas tus palabras, pero puedo ayudar a aclarar que fue un poco culpa de Reynare.

—Sabes que nada justifica mis palabras.

—Entonces aclara todo con hechos, ¿donde está él ahora?

—En Japón —oyó un pequeño chillido de felicidad de Rias y luego clavó su mirada en ella—, en la fiesta de compromiso de su hermana, y además, tenemos que cuidar a Milikas.

—Nadie dijo que lo íbamos a dejar, puedes aparecer con un buen regalo de bodas para ella, algo para su familia y algo para él, ¿Qué le gusta?

Vali bajo la mirada y evitó hacer contacto visual con ella.

—No se...

—¡Claro que lo sabes!

—¡Vali!

—¡Es una locura!


24-02-2020