Pensando con frialdad, esa que debería de tener siempre considerando que era un demonio, debería de estar alegre de la vida, si bien su destinado le odiaba, ya no está obligado a buscar pareja o casarse, solo tenía que enfocarse en ser un buen rey.
Pero cómo podía ser uno, si estaba demasiado ocupado bebiendo sus penas e ignorando a más de una Omega que si deseaba estar con él, pero no el que quería, ni el que le había dado el destino.
—¡Que se joda!
Sentía la lengua entumecida, esa no era una buena señal, pero no importaba, por ese día y tal vez los que le siguieran no importaba.
—¿Vali? —alguien le tomo el hombro y él volteó, Rias estaba allí, tenía la nariz roja y el cabello medio despeinado, como si hubiera corrido—. ¡Por Satán! Me tenías tan preocupada.
—¡Hey! Tranquilízate, estoy bien ¡Mira! —ella negó con la cabeza y luego miró a la barra y sonrió, era una sonrisa de agradecimiento, no una de la que se pudiera burlar, así que miró a dónde ella y también sonrió—. ¡Hey! ¡Es la heredera del clan Doumon! ¡La que está en mi clase de estadística! ¡Que mona! No como mi estúpido destinado, bueno él también es lindo, pero no-me-quie-re —se dirigió a ella y aunque le dirigió una sonrisa incómoda le tomo de la mano.
—Es una tristeza que eso pase.
—Ya se, ya se —tronó la lengua y negó—. Conocí a su hermana ¿Sabes? Es la destinada de Dulio, ¿Lo conoces? El ammm... joker del Cielo y todo eso —se rio, pero también ahogó un gemido de dolor—. ¿Por qué él no puede ser como ella? Ella si quiere a Dulio, hasta podría decir que lo ama. ¡Pero a mí solo me recrimina que lo marque cuando fue él quien lo pidió! —golpeó la barra sobresaltando a todos y después se recargo en ella cubriéndose con su mano—. ¡Me odia! —susurró entre llantos y después se levantó limpiando ferozmente las lágrimas que corrían por sus mejillas—. Y yo... quisiera odiarlo ¿sabes?
—Quizá solo necesita descansar un poco, príncipe. Y alejarse de él.
—¿Alejarme? —respondió con burla—. Hace casi un mes que lo marque y solo una miserable noche estuve cerca de él DURMIENDO. Hubiera deseado charlar un poco, quizá compartir uno de esos pomposos desayunos en el campo, pero cada vez que lo veo se empeña en decirme que me odia. Tal vez no con palabras, pero si con su actitud, ¡Maldita sea! Hasta un golpe duele menos.
Rias intentó poner una sonrisa, pero falló estrepitosamente, revisó su celular y ya se encontraba ahí el mensaje de que Sairaorg se encontraba afuera esperándolos.
—Vamos pequeño.
—Yo no soy pequeño, tú eres pequeña —por primera vez desde que entró al Bar soltó una risa de alivio.
—¡Vamos soy dos meses mayor que tú!
—Si, sí, sí. Di lo que quieras.
Vali se levantó y ella pasó uno de sus brazos por encima de sus hombros, salieron a tumbos y Sairaorg qué estaba entretenido dentro del auto nada más los vio salir se apresuró a abrir la puerta.
—¡Hermano! ¿Qué te paso?
—¡Tuuu! —lo señaló y se colgó de su camisa—. ¿Qué rayos hiciste para que tú destinada si te quisiera? —inmediatamente Sairaorg sintió llegar el aliento alcohólico de golpe—. Le preguntaría a Rias, pero ella ni siquiera quiere dar el primer paso —se volteó hacia ella e intentó sonreír—, y no lo des, luego te tratan como una mierda. ¡COMO A MI!
—Vamos a casa Vali —respondió con tristeza, si bien él no pertenecía a su manada consanguínea, podía sentir su dolor sin siquiera esforzarse, pues lo conocía desde que eran niños. Y la mitad de su ser estaba dispuesta a hacer sufrir al Omega que no se había tentado el corazón para decirle que se fuera a la mierda, pero la otra parte estaba seguro de que iba a ser golpeado por el mismo Vali, que ahora mismo podría estar sufriendo, pero sabía que era estúpidamente respetuoso con él y no se atrevería a dañarlo.
Nunca había sentido que Vali le transmitiera por su lazo emoción alguna, así que cuando empezó a hacerlo se sintió tan... sofocado, herido, asqueado. No se había sentido así nunca a pesar de que aquellas sensaciones no le eran ajenas.
Rodó bastantes veces por toda la cama, con el sueño tratando de atraparlo, pero con el miedo a flor de piel liberándolo, ¿miedo? No él no tenía miedo... pero su Alpha, él estaba aterrorizado y asqueado, ¿sería por su causa? Por su puesto que lo era, quien no se sentiría de aquella manera al tenerle enlazado, habiéndolo tratado como una mierda.
—Por favor, basta.
Rogó abrazando su pecho a la vez que estaba en posición fetal. Sin que lo deseara y abrumado por las emociones de Vali, terminó llorando amargamente.
Sintió el reconfortante olor de su primo y cuando abrió los ojos él se encontraba a su lado tratando de calmarlo.
—¿Es mi culpa que esté sufriendo tanto? ¿Por qué me escogió a mí?
Yuuri se quedó en silencio, como podría explicarle aquello que ni el mismo entendía, porque hasta la fecha no sabía cómo el no se había dado cuenta que eran destinados.
—No puedo guiarte, pues mis condiciones de vida no son las mismas que las tuyas, pero si algo sé es que nunca hubieras dejado a nadie acercarse a tu cuello. Supongo que la marca fue consensuada por ambas partes.
Issei miro furioso a Yuuri, ¿Cómo se atrevía a pensar aquello? ¡No había sido un acuerdo mutuo! O al menos eso sentía después despertar, después de que la bruma del celo lo abandonara y su alma volviera a su cuerpo.
Porque eso era lo que pasaba cada vez que tenía su celo, olvidaba su vida, se alejaba de su cuerpo y terminaba tan herido, y la verdad desearía saber ¿por qué más de una vez se había sentido asi? ¿Por qué mierda no recordaba nada? ¿Por qué automáticamente despertaba siendo una página en blanco? ¿Por qué más de una vez ya había despertado de la misma forma que esa vez con Vali? Aunque las veces anteriores se encontraba sin ningún alpha a su lado, solo estando... sucio.
—Es posible que él me ame.
Sin importar lo que pasará, Grayfia siempre estaría con su hijo, y está no era la excepción. No entendía realmente como es que había terminado en un bar bebiéndose hasta el agua de los floreros, pero estaba segura que casi entendía el dolor por el que pasaba, o al menos trataba de hacerlo, y ella no lo iba a dejar mientras estaba sufriendo, pues hacia no mucho (antes de su lío con su Omega) que había mostrado leves indicios de Hanahaki.
—No lo sé cariño.
Ella estaba aterrada de solo pensar que a causa de otra persona ella pudiera perder definitivamente a aquel niño por el cuál su instinto había aflorado, ese que había amado desde el segundo que vio.
El joven demonio se quedó mirando hacia el techo, o eso supuso ella, y luego llevó sus manos al su pecho.
—Él está preocupado justo ahora —hablo con parsimonia y después busco la preocupada mirada de su madre—. Y si no me ama al menos espero que me dé una flor que me haga dormir sin sufrir tanto.
Grayfia aguantó las ganas de llorar frente a él, ¿Por qué estaba resignado a morir?
16-09-2020
