Capítulo 16. Dejar ir

Era bien entrada la noche. Hiashi estaba en su despacho preguntándose por qué lo estaban castigando los Dioses. Se sirvió una copa de sake, la única que tomaría esa noche porque no tenía el vicio del alcohol, y volvió a sentarse en su escritorio. Siguió revisando reportes, movió unos documentos y se encontró con las copias de los generosos cheques que enviaron a los del equipo Kakashi por su reciente ayuda; tuvo que preguntarse por qué no las había archivado ya. Apoyó la espalda en el respaldo de su silla y se masajeó la frente. Los días se sentían extraños, como si un cambio inminente estuviese al acecho de todos. El Byakugan del Príncipe finalmente estaba otra vez entre ellos, en nada más y nada menos que en una de sus hijas. En la hija con la que se rindió, en la que sufrió abuso de su parte y del resto del clan, en la que determinó siempre sería una deshonra.

Mirando al pasado, recordó los errores e injusticias que cometió a lo largo de su vida, cargaría eternamente con el peso de la muerte de su gemelo. En su juventud aspiró siempre a convertirse en un líder sabio y justo. Y en muchos sentidos lo era. Reconoció que se equivocó con Neji y desde entonces lo trató casi como si fuese su propio hijo, con las restricciones inherentes de quien porta el sello en la frente, pero como a un hijo al fin y al cabo. Genuinamente se enorgullecía del hombre en el que su sobrino se estaba convirtiendo y encontraba honor en el hecho de que le reconocieran lo que él contribuyó en la formación del Genio de los Hyuuga.

Hiashi no fue bendecido con hijos varones. El Souke no vio eso con buenos ojos, pero supo imponerse y logró convencerlos de que él podía formar a la primera matriarca del clan. A Hinata la consideró defectuosa y tuvo que descartarla de inmediato porque era líder antes que padre; aun así, no le puso el sello. Hanabi resultó ser más prometedora, así que a la otra la dejó para que sirviera como un escudo. Le permitió seguir siendo la heredera en nombre para proteger a Hanabi. El Souke también lo permitió. Hinata aceptó su papel sin quejarse, a sus ojos la niña era débil pero no tonta, comenzó a comportarse como si ya hubiese un sello en su frente y Hiashi se dijo a sí mismo que al menos la mayor de sus hijas conocía su lugar y se ahorrarían el drama a la hora de la sucesión. En recompensa, le permitió seguir siendo evaluada, pero la niña falló en cada oportunidad. Así que Hiashi olvidó lo que comenzó a hacer con ella desde niña y sólo pudo verla como un producto defectuoso.

Si hacía la reflexión, Hiashi siempre deseó que Hinata fuese una falla, y la niña se enteró de sus deseos y los cumplió por él.

Por eso se quedaba callada cuando le preguntaban por qué no acudió a ellos. Fue por él.

Todos los miembros del escuadrón del Bouke reportaron lo que vieron y reiteraron que no estaban seguros de haber comprendido lo que ocurrió. Hiashi estaba convencido de que Hinata jamás habría revelado sus habilidades de no ser por los sucesos de los últimos días. Sin saberlo, Hiashi terminó obligándola a descubrirse ante ellos. Los Dioses debían estarse riendo de él por contratar a una hija para buscar a la otra. La carta con el precio a pagar por el rescate de Hanabi también estaba en su escritorio, pidió su libertad; pero fue exactamente lo que a Hinata le costó regresarla. Ella debió haberlo sabido desde antes de partir porque no intentó cobrar la paga ni mostraba intenciones de hacerlo algún día. Posó la vista en las copias de los expedientes que debía analizar; los de las Montañas enviaron uno sin que ellos lo solicitaran, y nada más, no hubo peticiones ni advertencias. Y no eran necesarias. Sólo había honor en ellos. Hazañas completadas en equipo y en solitario. Hinata vivió aventuras en todos los países del continente, e incluso estuvo en el continente vecino. Los verdaderos herederos no podían aspirar a eso. El líder estaba anclado al clan casi con el mismo rigor con el que el Hokage estaba atado a la aldea.

El Consejo estaba extasiado con la idea de tener una princesa. E iracundo por no haberlo descubierto antes. Así que Hiashi pagaría por ese error. Seguían ignorantes de los alcances de su talento, pero su existencia ya era innegable.

Y cualesquiera que fueran sus virtudes, Hiashi no hizo contribución alguna. Tenían una princesa, pero no tenían el mérito de haberla formado.

Los demás cambiaron de inmediato la forma en la que la trataban. Aun así, Hiashi no pudo imitarlos. No podía quererla después de haber pasado tantos años convenciéndose de que lo mejor era no hacerlo. Mejor así. Alguien debía hacerse responsable por las acciones del pasado.

Hinata sería indiscutiblemente la nueva matriarca. Él pediría clemencia para Hanabi y aceptaría con gusto el exilio.

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Tenía años sin presentarse a un entrenamiento matutino del clan. No recordaba que fueran eventos tan formales. Cuando llegó a los jardines ya casi estaban todos ahí, incluso atisbó a familiares sin entrenamiento, quienes no solían frecuentar esas áreas, lanzando miradas con curiosidad mientras fingían que debían pasar por ahí. Podía sentir todas las miradas en ella.

—¡Hinata-chan!

—¿Naruto-kun?, ¿qué haces aquí? —Parpadeó confundida cuando el rubio corrió hasta ella, vestía sus ropas de entrenamiento y estaba en el medio del calentamiento porque siguió estirándose cuando se hubo terminado de acercar.

—Es jueves. Los jueves entreno taijutsu aquí. Lo sabrías si vinieras a los entrenamientos, pero tú nunca vienes. ¿Hay algún evento hoy? La atmósfera está un poco diferente. —Comentó el chico animadamente, como si no supiera ya que todos los cambios estaban directamente asociados con ella. Hinata sonrió un poco, la actitud desfachatada de Naruto logró calmarla.

Neji iba entrando al campo de entrenamiento y se dirigió hasta ellos, los demás familiares no se atrevieron a acercarse tanto. Para su sorpresa, Kato, Sui, Rai y Kou también se acercaron y lo hicieron con una naturalidad admirable, de pronto dejó de sentirse como la princesa alienada al verlos bromear entre ellos, al parecer nadie podía derrotar a Naruto usando ninjutsu, pero si sólo era simple taijutsu, el rubio no tenía oportunidad contra los Hyuuga. Hinata no estaba enterada de eso, con Naruto nunca había entrenado de esa forma, usualmente los dos sacaban lo mejor de sus habilidades. El rubio se avergonzó tanto por las burlas que se puso colorado, pero terminó proclamando que esa mañana haría que Kato comiera césped al patearle el trasero en el entrenamiento.

Se estaban riendo cuando el silencio se hizo en los jardines. El Souke ya estaba ahí. Todos comenzaron a formarse y Hinata se sintió perdida momentáneamente porque no tenía un lugar ahí, iba a formarse en la última fila cuando Neji la condujo hasta adelante, situándola entre él y Naruto. Hiashi, Hidehito y los Cuatro Superiores pasaron a tomar asiento en seis sillas al frente del jardín mientras que Hanabi se incorporó a la primera fila de la formación para entrenar. Los Cuatro Superiores eran el resto del Souke, hombres honorables que mantuvieron una trayectoria shinobi admirable, todos eran de la edad de su difunto abuelo o mayores, vivían en el complejo Hyuuga pero no era usual verlos en los terrenos comunales.

Se intercambiaron los saludos correspondientes.

—Princesa, ¿podrías mostrarnos tu taijutsu? —Pidió Hidehito con ánimo.

Hinata rompió formación y pasó al frente, el resto de la familia se sentó sobre el pasto. Estaba por asumir la postura para mostrar algunas formas cuando Hiashi habló.

—Kato, pasa al frente, la… princesa entrenará contigo.

—¿Qué? —El aludido se llevó ambas manos a los labios para tratar de ocultar su transitoria pérdida de compostura y se apresuró a posicionarse frente a ella.

—Comiencen.

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Los Hyuuga no le caían mal, porque no tenía motivos para ello. Lo trataban bien, eran corteses en su trato y siguieron invitándolo a entrenar con ellos para que mejorase su taijutsu. Pero sí lo preocupaba mucho lo que estaba ocurriendo con Hinata. En la mañana nadie además de los cinco de la élite del Bouke se le acercó. Él ya sabía que ellos eran los más fuertes, pero fue la primera vez que el resto se portó así de… extraño. Naruto lo atribuyó a que simplemente no sabían cómo acercársele. Y ella tampoco sabía cómo hacerlo.

A Hinata justo la estaban haciendo que se enfrentara a cada uno de los de la élite de la familia secundaria. El primero fue Kato y fue un encuentro breve en el que la chica ni siquiera sacó lo mejor de su repertorio. Fue mala suerte por ser el primer oponente, ninguno de ellos conocía su estilo, pero todos la estaban estudiando y pronto comenzaron a usar mejores estrategias con ella. Aun así, fue justo como él lo predijo: no tenían oportunidad contra ella.

Kato, Sui y Rai ya habían tenido su turno. Había cinco personas al lado de Hiashi, el más anciano parecía tener una predisposición amable a todo el asunto pero los otros cuatro no mostraban emociones en particular, sus rostros se veían severos.

—No usa nuestro estilo. —Habló uno de los nuevos cuando uno de los enfrentamientos llegó a su fin, Neji le explicó por lo bajo que su nombre era Hiroshi, y que era uno de los miembros del Consejo Hyuuga.

—Y las leyendas dicen que el Príncipe tampoco lo usó. Nuestro estilo es sólo una copia simplificada. —Respondió el que se veía más anciano de todos, Neji dijo que era su bisabuelo Hidehito.

—Kou, es tu turno. —Sentenció Hiashi.

Hinata se incomodó más, por lo que sabía, eran Kou y Neji los más cercanos a ella. Fue la pelea que duró más porque Hinata se dedicó buena parte del tiempo a esquivar los ataques. Todo terminó cuando Hinata conectó una rodilla con el plexo solar de Kou y este ya no pudo mantenerse en pie; Naruto no podía verlo como el resto, pero estaba seguro de que el golpe con la rodilla era exactamente igual a ser golpeado por el puño suave. La chica ayudó a su familiar a ponerse de pie y a que regresara a sentarse a su lugar para que terminara de recuperarse.

—Neji. —Anunció Hiashi. Ya se veía venir que él sería el siguiente, pero Hinata ya había tenido su dosis de peleas contra sus familiares ese día. Estaba dejando en claro que era mejor que la élite del Bouke, pero no era momento de medirla contra el genio de todos ellos. Hinata no soportaría pelear contra Neji en esas condiciones. Neji era su favorito.

—¿Es en verdad necesario? —Preguntó Hinata hacia los mayores. Pareció que iban a tomarla en cuenta pero Hiashi se adelantó. El adulto necesitaba leer mejor a la chica.

—Neji, es tu turno. —Reiteró Hiashi.

No. Naruto no iba a permitir que eso sucediera. Alguien tenía que mediar las interacciones en esa familia. Confiaba en que Hinata se encargara de todo eso algún día, pero todavía no. Jaló a Neji del antebrazo cuando el castaño intentó ponerse de pie y cayó de una forma nada elegante al pasto. Naruto no aflojó su agarre y alzó la mano al tiempo que sonreía destellantemente para pedir la palabra.

—Quiero pelear contra ella, ¿puedo?

Los del Souke comenzaron a discutirlo entre ellos. Neji lo tomó del cuello de su chaqueta.

—¿Qué crees que estás haciendo? —Preguntó entre dientes.

—Hinata-chan ya tuvo suficiente de ustedes por un día, se romperá si te pone un dedo encima. —Neji lo soltó cuando terminó de decir eso y volvió los ojos a la chica que esperaba a que los mayores terminaran de ponerse de acuerdo. —Tranquilo, haré que ella se vea genial.

—Aceptamos tu petición, Naruto-san. —Concedió Hiashi con un asentimiento de cabeza.

Naruto se levantó sonriendo y ya estaba en el Modo Sabio, los murmullos no se hicieron esperar, lo había usado antes en un par de ocasiones en las que quiso lucirse y sólo contra Neji. Hinata lo vio por unos segundos antes de devolverle la sonrisa. Podía notar que algo estaba cambiando en ella también, iba a echar mano de su Doctrina del Caos.

—Gracias.

—Cuando quieras.

Sin decir más se lanzó al ataque. Naruto sí conocía su estilo, y ella podía sacar a relucir sus habilidades sin que sus familiares la alienaran más por usarlas contra ellos. Lo que comprendía era que la rama secundaria albergaba muchos resentimientos hacia la principal. Y Hinata estaba como que en el medio de las dos. No tenía un lugar entre ellos pero eso no quería decir que no pudiera tenerlo algún día. Hinata lo bloqueó y él dio un salto hacia atrás al tiempo que creaba algunas decenas de clones para que se arrojaran sobre ella, Hinata colocó las manos a sus costados y cuando las estiró a los lados, los clones salieron despedidos sin tocarla. Con esa técnica estiraba su chakra hasta que formaba una bóveda a su alrededor, como el Kaiten, pero sin que ella tuviese que rotar.

Naruto comenzó a usar la kata de los Sapos y terminó en el suelo un par de ocasiones luego de que sus golpes no conectaran del todo. Pronto el jardín se llenó de muchas irregularidades en el pasto, causadas por las desviaciones que cada uno hacía a las técnicas del contrario. Pronto tanto él como ella estuvieron cubiertos de tierra y pasto. Eso era parte de su plan también, ahora todos la llamaban "princesa" y la apariencia siempre etérea de Hinata no estaba ayudando a que la trataran como a una de ellos.

Él iba a ayudarla a cambiar eso. Llevó la atmósfera de su combate lejos del estricto ambiente Hyuuga y Hinata lo siguió encantada. Por un momento Naruto olvidó sus objetivos y se dedicó a divertirse. Combatir con oponentes formidables lo hacía querer ser un mejor shinobi. Creó un Rasengan y se permitió un segundo para ver las sutiles expresiones de asombro de todos cuando el Juuho Soushiken se comió su técnica. Repitieron lo mismo en dos ocasiones más, por si alguien se había quedado con la duda.

Para cerrar con broche de oro, comenzó a crear un Rasen Shuriken, esos todavía no los usaba con ella porque tenía el plan de reservarse algunas técnicas y movimientos para sorprenderla y mantenerla interesada en seguir entrenando con él. Supuso que sería aburrido para la chica que practicaran juntos si ella conocía todo su repertorio desde el primer día. Hinata saltó muy alto y él lanzó el ataque hacia arriba, la chica antepuso ambos puños en una confrontación directa que Naruto no anticipó, las bestias devoraron el Rasen Shuriken y el elemento viento contenido en la técnica perdió su balance, creando violentas corrientes de aire que a algunos de los espectadores los hicieron cerrar los ojos. Naruto recibió el golpe directo de todo eso, y mientras intentaba mantener su balance anclándose al piso con su chakra, terminó metiendo el pie en uno de los agujeros que hicieron antes, perdió el equilibrio e inevitablemente acabó en el suelo. El viento no terminaba de disiparse cuando Hinata aterrizó a su lado, se agachó para sujetarlo del antebrazo para ayudarlo a que se levantara. Él se perdió unos instantes en lo hermosa que se veía con su sonrisa discreta y el cabello agitado por el viento.

—Eres más calculador de lo que creí. —Le murmuró por lo bajo.

—¿Y te gusta eso? —Preguntó con interés. Ella soltó una risita con recato.

Estaba absurdamente enamorado de ella y quería gritarlo a los cuatro vientos. Necesitaba que Hinata encontrara su lugar en todo ese embrollo que era la familia Hyuuga. Necesitaba de alguna manera conseguir que ella volviese a sonreír con la misma libertad con la que lo hacía en las montañas.

La reverenció para dar por concluida la pelea y ella imitó el gesto.

Naruto se permitió estudiar el efecto de todo. Los Hyuuga eran reservados, y lo eran todavía más en presencia de la familia principal, pero la recepción parecía ser favorable para Hinata. Hanabi, en cambio, parecía devastada, Hiashi no tenía emoción alguna en su rostro, y el resto del Souke parecía estar comentando con inusual ánimo el encuentro, sus rostros lucían menos estrictos que antes.

—Hemos visto suficiente, gracias, princesa y Naruto-san, ha sido un magnífico combate. Pueden proseguir con el entrenamiento habitual, nosotros debemos retirarnos a deliberar algunas cuestiones. —Anunció Hidehito con evidente satisfacción.

Saliéndose de los patrones habituales, esta vez los presentes no se apresuraron a acercársele para comentar la práctica de entrenamiento, así que Naruto se cercioró de comunicarles a su manera que las cosas no tenían que ser diferentes en esa ocasión.

—¡No tenía ni idea de que la técnica esa podía hacerle frente a mi Rasen Shuriken! Como sea, ¡Kato!, ¿dónde estás? Es hora de que te pateé el trasero.

Algunos se cubrieron las bocas para reír y los más extrovertidos se permitieron unas carcajadas.

—¿Estás demente? Ni loco entrenaré contigo si usas senjutsu, ya me patearon el trasero hoy, una vez al día es suficiente para mí. —Soltó el aludido con escándalo.

Fue bueno que Kato estuviera moderadamente retirado porque eso hizo que más personas repararan en la conversación. Naruto retiró su Modo Sabio.

—Anda, dijiste que mediríamos mi taijutsu hoy y Hinata-chan ya prometió que nos vería entrenar, a lo mejor nos da consejos. —Habló con actitud despreocupada. Hinata enarcó una ceja cuando escuchó del trato inexistente pero no lo desmintió.

—¿Eso es verdad? —Preguntó Kato con suspicacia. Naruto sonrió porque ya había mordido el anzuelo.

Con algo de suerte, para cuando terminaran el entrenamiento, todos habrían recordado que Hinata seguía siendo una persona como todos ellos.

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Hanabi no pudo permanecer ni un segundo más en el campo de entrenamiento y por primera vez en toda su vida se saltó una sesión de práctica.

Dolía.

Sentía que una mano invisible le estaba oprimiendo el pecho. Tenía una excelente memoria y eso sólo le estaba complicando las cosas porque no podía dejar de rememorar la batalla que acababa de presenciar. Tal vez se moriría de vergüenza. Sus mayores miedos se hicieron realidad y ahora se estaba convirtiendo en la hija mediocre del Souke. Neji casi nunca dejaba que las emociones se le reflejaran en el rostro, pero esta vez fueron obvias, mientras Hinata peleaba, él se mostró aliviado, Hanabi supo que su primo no podía esperar el momento para que el líder mencionara su nombre y él fuera el siguiente en enfrentarla. Lo sabía porque en sus ojos apareció el mismo brillo que cuando le pedían que enfrentara a Naruto. Neji era el mejor de todos los Hyuuga y ninguno estaba a su altura. Hanabi tenía el anhelo de poder ofrecer un nivel de habilidad que hiciera que quisieran enfrentarla con el mismo interés. Soñaba con que tomaran sus habilidades con seriedad y la consideraran un reto.

Los castillos en el aire se le estaban derrumbando.

Naruto… Naruto era el centro de muchas de sus ilusiones. Cuando regresó a la aldea después de lo del secuestro, le pidió a su padre que enviara todos los escuadrones de refuerzo que fuera posible. Pero su padre la tranquilizó diciéndole que no era necesario porque Naruto estaba allá. Ahí se enteró que estuvo mal medir al chico con su padre. Hiashi le dijo que él sólo podía soñar con la cantidad de poder que el rubio tenía. Antes de esa conversación, para ella sólo la Hokage era más fuerte que su padre. Hiashi la reprendió por no haberse dado cuenta ya que, si bien él era más poderoso que la mayoría, sus habilidades como shinobi no se igualaban a las de los grandes héroes.

A Naruto todos podían leerlo como un libro abierto, siempre era transparente en sus emociones. Y Hanabi sabía que entrenar con ella lo aburría, aun así, se tragó el orgullo y siguió pidiéndole a su padre que lo invitara más veces a entrenar, porque esperaba volverse mejor, esperaba que algún día su arduo esfuerzo rindiera frutos y pudiera hacer que fuera el chico quien solicitara entrenar con ella. Se consoló con que él siguió aceptando los duelos… creyó que eso fue porque veía potencial en ella. Solían felicitarla por ser capaz de conectar algunos golpes cuando peleaba contra él, ahora que lo vio pelear más en serio, dejó de sentirse orgullosa de ello. Naruto usó senjutsu por voluntad propia sin que nadie se lo pidiera; él encontró en Hinata a una oponente digna de tal cosa. Sólo había visto el Modo Sabio en dos ocasiones, y Neji apenas pudo hacerle frente, nadie más en el clan pudo tocarlo siquiera cuando lo usaba. ¿Cuántos golpes conectó Hinata ese día?

Quizá era hora de hacer a un lado tales esperanzas. No todos nacen para ser grandes héroes y el trabajo duro tiene sus límites. Ella no era como Neji, no era como Naruto, y ciertamente, tampoco era como Hinata. No era la princesa y no lo sería nunca.

Se vio en el espejo de su tocador, pensó que ni siquiera se parecían. Ahora que lo pensaba, Hinata siempre resaltó entre ellos, siempre fue diferente, sólo que lo consideraron como algo inferior en aquél momento. Ojalá se hubieran dado cuenta antes y así ella no habría creído que era digna de lo que nunca fue suyo, ni por derecho de nacimiento ni por habilidad.

Cerró los ojos y la vio peleando contra Naruto, se maravilló con las complejas secuencias de taijutsu, con las combinaciones que a ella todavía no se le habían ocurrido, con lo majestuosas que se veían las cabezas de las bestias del Juuho Soushiken en sus puños. Su padre no le permitió leer los expedientes con las misiones que Hinata tenía registradas, pero tenía el resumen que Hidehito les hizo público. Sintió envidia, porque en el fondo sabía que jamás alcanzaría ese nivel. Pero no pudo odiarla tampoco. A Hinata siempre la maltrataron y ella llegó a despreciarla en verdad, mas nunca fue odio. Incluso ahora no podía encontrar motivos para odiarla. Princesa o no princesa, Hinata siempre sería miserable por formar parte del clan.

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Hiashi pensó que todo terminaría pronto. No había palabras para expresar lo que acababan de ver. Estaba reunido como líder con los otros cinco miembros del Consejo Hyuuga. Los otros estaban encandilados con la demostración de habilidades de su primogénita y no paraban de comentar el hecho de que la chica pudo seguirle el ritmo a Naruto Uzumaki en un enfrentamiento serio. Era la indiscutible princesa, el verdadero Byakugan, y la futura matriarca.

—Demos inicio a nuestra reunión, debemos discutir muchas cosas. —Anunció el Anciano Hidehito.

—Hidehito-sama, a mí no me parece que haya mucho por discutir. Hinata-sama nunca dejó de ser la heredera oficial y justo acaba de mostrarnos a todos que es digna incluso ante el Jinchuuriki del Kyuubi. A mí no me queda la menor duda, ella será la siguiente líder. —Habló Hiroshi. Los otros consejeros mostraron su acuerdo.

—Ciertamente ascenderá a matriarca, ese aspecto no está a discusión, pero debemos discutir cuándo. A mí me parece que entre más pronto, mejor. —Hubo un momentáneo silencio. A Hiashi no le pasó desapercibida la mirada que Hidehito le dedicó. El anciano le estaba recordando que sería castigado por su error.

—La princesa es muy joven aún, apenas tendrá la mayoría de edad en unos meses. Además, no está casada ni tiene un heredero. Lo primero podemos dejarlo pasar, pero las leyes del clan indican que debemos solucionar lo último. —Comentó Hiroki.

—Todos los líderes deben ser capacitados primero. La posición de mando del clan más poderoso de la aldea no puede recaer en alguien que no sepa tomar decisiones. Nuestra princesa no ha recibido ese tipo de orientación porque… —Porque era a Hanabi a quien estaban preparando. Araki se aclaró la garganta. —Bueno, no importa, lo relevante es que no la hemos entrenado.

—¿Y qué pasa si también es competente en ese sentido? —Yoshio, el segundo más longevo del clan y el último de los Cuatro Superiores en expresar su opinión les concedió unos segundos para asimilar el peso de esa premisa. —Nosotros no la entrenamos, pero eso no quiere decir que no lo esté ya. Rikuto Tsukikage hizo el trabajo de Hiashi, y aunque eso me parecería un insulto en otra situación, me temo que quizá fue lo mejor. Quizá ya sea hora de tener un nuevo líder.

Hiashi recibió la ofensa con dignidad y se reservó los comentarios.

—A mí me parece un tanto preocupante que la princesa se enfrente al peligro con tanta naturalidad. No era ella quien debía ir a buscar a Hanabi. Debe entender que para eso está el Bouke. Me escandalicé cuando estudié los expedientes. Ni la gente de las Montañas ni Tsunade-sama comprenden el valor del verdadero Byakugan, de haberlo hecho, jamás la habrían puesto en tales riesgos. Sé que tenemos culpa en la actitud de la princesa, pero debemos hacerla comprender su importancia para el clan. —Opinó Araki.

—No estoy de acuerdo con eso. —Contradijo Yoshio. —Y creo que la princesa sabe tomar decisiones. La princesa nos dio resultados. Un criminal nos robó algo, eso es inaudito, y cuando estábamos fallando en recuperarlo, fue la princesa quien se encargó de reclamar lo que es nuestro. Intervino cuando la situación se nos estaba yendo de las manos y eso es precisamente lo que debe hacer un líder. En el ajedrez todas las piezas son usadas en concordancia a su valor. A mí me parece que se movió justo cuando tenía que hacerlo.

—Coincido con Yoshio, el poder está para usarse y la situación lo ameritaba. Creo que lo mejor será conseguirle un consorte, que dé a luz a un heredero cuanto antes y de esa forma en un año ya cumplirá las condiciones para ser la matriarca. —Agregó Hiroki.

—¿A quién le vamos a entregar a la princesa? —Hidehito no estaba complacido con la idea.

—Neji es la opción más formidable. La semilla del genio del clan en la princesa debería darnos un heredero tan digno como los progenitores. —Contestó Hiroshi.

—¡Son unos insensatos! No tenemos pruebas de que algo así llegue a funcionar. La historia dice que la semilla del Príncipe dio siete hijos varones, pero ninguno de ellos heredó el verdadero Byakugan. Con lo que vimos hoy tenemos suficiente para asumir que la princesa está por encima de todos nosotros, incluso del que llamamos genio. Seamos pacientes y encontremos un candidato que la iguale, estoy dispuesto a consentir un matrimonio externo si algo así es posible. No podemos conformarnos con nada inferior. —Ofreció Yoshio.

Hiashi no recordaba haber estado en una reunión del Consejo más incómoda que esa.

—Examinémosla primero. —Habló por primera vez el líder. —Si no está lista, la prepararemos mientras buscamos un consorte; pero si ya está lista…

El Anciano Hyuuga lo interrumpió.

—La estamos midiendo así como los medimos a todos. Nos equivocamos antes y me temo que nos equivocamos ahora. La princesa no es como nosotros y por lo tanto es fallido medirla con esos estándares. Tal vez… tal vez debamos ser más abiertos con este asunto, las leyes y las tradiciones son para nosotros. Ya hemos visto lo que hizo con el estilo del Juuken, logró elevarlo a un nuevo nivel mientras nosotros no la veíamos. Así que observémosla ahora, dejémosla ser, y quizá descubramos que la princesa no ha terminado de darnos sorpresas. —Aclamó Hidehito.

—Soy un viejo, pero me hace falta otra vida entera antes de hablar con su sabiduría, Hidehito-sama. Apoyo su postura. —Secundó Yoshio, el consejero extrajo un rollo de pergamino de su manga. —Hubo un reporte que decía algo que llamó mi atención. Aquí está, voy a leerlo: Entonces Hinata-sama preguntó, ¿de qué nos sirve tener una rama principal si esta es incapaz de proteger al clan? Debo reconocer que esa pregunta ha seguido en mi mente desde que la leí.

Hiashi recordaba la pregunta, se la habían hecho a él, después de todo. Pero no la contestó en su momento. A él le inculcaron que el Souke estaba por encima de todos y debía ser protegido siempre. Que el bienestar del Souke era el bienestar del clan. Eso fue lo que les transmitió a sus hijas. Nunca se le ocurrió pensar diferente.

—Yoshio-sama, ¿acaso está cuestionando la supremacía del Souke? —Preguntó Hiroki.

—Jamás cuestionaría la supremacía del Souke, estoy consciente del desafío implícito, pero no puedo dejar de pensar en esa pregunta ni en lo que orilló a Hinata-sama a formularla. No la recuerdo de cuando era niña, Hiashi determinó que no nos serviría y no tuve conflicto con ello. Aquí en las reuniones todos dijeron que ella se estaba comportando como alguien del Bouke, y me pareció lo más apropiado. Pero esa pregunta y lo que ella hizo después… no me parece que venga de la actitud de la rama secundaria. Fue la heredera la que se encargó de proteger los intereses del clan. A mí me parece que formuló la pregunta como alguien del Souke y la intención de las palabras cambia radicalmente en ese contexto. Siento el deseo de querer comprender a la princesa. —Concluyó Yoshio.

Si en algo coincidían todos, era en que no conocían para nada a Hinata. En el afán que el Consejo tenía en conocerla, decidieron que por un tiempo almorzarían en el salón de las Camelias. Hiashi no se sentía con la energía suficiente para recordarles que él seguía siendo el líder, de cualquier manera, su voto era inútil una vez que los otros cinco del Consejo habían tomado la misma decisión.

Más que intrigado por las habilidades de su primogénita, se sentía derrotado. Esta era la segunda mayor crisis en todos sus años como líder, la primera siempre sería la que terminó con su hermano en un ataúd. Creyó que podría mantener el puesto por una década más, en lo que Hanabi terminaba de estar lista… pero al parecer lo que él creía dejó de ser relevante. Ya ni caso tenía hacer planes.

No conocía a Hinata, y francamente, no estaba interesado. ¿Para qué hacerlo?, ¿para terminar de enterarse que la chica siempre valió la pena y al final era él quien no era digno?, ¿para empezar a ver las virtudes que no vio nunca en ella? No. Lo que a él le interesaba era saber qué ocurriría con Hanabi. Hanabi era su favorita. Era su debilidad. Temía que su primogénita la tomara contra ella en cuanto tuviese un poco de poder en el clan. Hiashi sabía que era un temor sin fundamentos. La razón le decía que Hinata no habría marchado con tanta determinación a traer a Hanabi de vuelta si planeara hacerle daño. La devolvió ilesa a sus brazos.

Y aun así, Hiashi temía.

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Siempre que se sentía asfixiada en la mansión, salía a caminar por las calles de Konoha. La Hokage le dio un mes de vacaciones para que arreglara sus asuntos. Hinata sentía que estaba fracasando en eso. Sus escoltas del día eran Kou y Neji. Ella no podía dejar de pensar que sus primos estaban desperdiciando horriblemente su tiempo con esas absurdas tareas de escolta. No había peligros en Konoha y ella ya había prometido que no huiría de la aldea.

Sabía qué era lo que quería para el clan. Sabía qué era lo que tenía que hacer. Y lo estaba intentando. Pero para conseguirlo debía dejar ir mucho de lo que la hacía ser quien era en esos momentos. Hinata se esforzó en serio para convertirse en la kunoichi que era y pudo amarse a sí misma por eso. Le estaba costando mucho desprenderse de eso.

Habían pasado muy pocos días como para decir que estaba encontrando su lugar en el clan. Casi todos la reverenciaban marcadamente o doblaban la rodilla a su paso, le hablaban viendo hacia el piso, todo el tiempo extremando la cautela en la forma en la que la trataban, como si vivieran con miedo de ofenderla. Tenía la corazonada de que no se integraría hasta que asumiera el papel que le correspondía. No había lugar para ella ni en el Souke ni el en Bouke.

Ni una sola vez le dieron espacio para permitirle comer en las cocinas con los sirvientes. Se sentaba en el salón de las Camelias, todavía incapaz de poder pasar bocado mientras estaba ahí. Sentía que estaba haciendo un berrinche inútil, y estaba un poco confundida porque nunca en su vida había hecho un berrinche. Aun así, no podía comer.

El Anciano Hyuuga y los Cuatro Superiores la estaban evaluando. Neji le advirtió que no bajase la guardia con ellos porque parecía que querían seguir usándola. Hinata ya lo sabía. Antes no se les veía nunca por las zonas que ella frecuentaba, pero ahora se los encontraba todo el tiempo. Hidehito la invitaba a tomar el té y la inundaba con todos los temas de conversación que se le ocurrían para medir la elocuencia de sus palabras. Hiroki la invitaba a pasear por los jardines al tiempo que pedía su opinión sobre los acontecimientos más relevantes del mundo shinobi para evaluar su sensatez como kunoichi. Hiroshi la invitaba a jugar ajedrez para enterarse de cómo manejaba los conflictos y la velocidad con la que generaba soluciones. Araki le daba un libro diferente cada vez que se la encontraba en un pasillo y preguntaba qué le había parecido el libro anterior para ver si comprendía la política y las cuestiones de administración. Yoshio la invitaba a pescar para probar su paciencia, mientras tanto hablaban de filosofía y ocasionalmente era el que le hacía las preguntas más personales sobre el pasado, cuidando no cruzar la raya de la impertinencia. Los cinco querían usarla, pero ninguno lo hacía con malicia; sólo querían que el clan tuviese lo que ellos consideraban que necesitaba.

Hinata les estaba dando todo lo que querían. Eso no era particularmente difícil, a los hijos de las Montañas los preparaban para encontrar el balance en la adversidad. Ellos querían saber si sabía ser líder. Su entrenamiento ya cubría eso. Poco a poco, los ancianos comenzarían a interesarse por lo que ella consideraba que el clan necesitaba.

El olor de uno de los puestos de comida por el que pasaron le resultó atrayente, pero Neji y Kou no iban a querer comer con ella y era más incómodo comer sola mientras los demás sólo la veían. Descartó la idea de inmediato.

—¡Hinata-chan! —Dirigió la mirada hacia el dueño de la voz efusiva.

—Buenas tardes, Naruto-kun.

El chico corrió hacia ella, entrecerró los ojos y frunció un poco el entrecejo, como si la estuviese estudiando, luego puso una radiante cara de travesura y usó su estrategia favorita para burlar a las escoltas. El Byakugan era incapaz de distinguir a los originales de los clones de sombra.

Aparecieron en el bosquecillo aledaño al parque que a veces frecuentaban, no era la zona de juegos de las últimas veces en las que Naruto la ayudaba a "escapar por un ratito". Hinata respiró aliviada.

—¿Cómo supiste que quería venir a este lugar?

—Hay que usar mucho la imaginación, pero en toda la aldea este es el lugar que más se parece al Monte Myoboku y a las Montañas de la Luna. —Explicó risueño.

No conocía el Monte Myoboku, pero lo otro era cierto. Ya se sentía en calma otra vez. Naruto la vio expectante, se acercó un poco respetando su espacio personal.

—¿Sucede algo?

—Estoy esperando que te aproveches de mí.

Ella tuvo que morderse suavemente los labios para esconder una sonrisa. Todo era más fácil cuando él estaba ahí.

—¿Debería? —Preguntó inocentemente. Naruto asintió. Ella dio un paso al frente. —¿Qué vas a hacer si llega el día en el que no pueda dejar de aprovecharme de ti?

Naruto encajaba de alguna inusual e inverosímil manera en el clan Hyuuga, pero no era algo a lo que Hinata quisiera arrastrarlo. Ni siquiera debían de estarse viendo de esa forma, pero no podía evitarlo. El chico terminó de acercarse. Ambos se perdieron un momento en los ojos del otro.

—Se me ocurren algunas ideas… —Murmuró. —Aquí traigo mi currículum, ¿estás aceptando solicitudes para consorte?

Era un escándalo, pero Naruto se las ingenió para que ella siguiera estando cómoda. Estaban tan cerca.

—No. —Contestó con suavidad.

—Es una pena. —Sonrió de lado al tiempo que se inclinaba más. Besarlo era como escuchar el trueno y ver el destello de luz iluminar la noche de tormenta. Él murmuró su nombre contra sus labios. En verdad llegaría el día en el que le sería imposible dejar de hacer eso con él.

Cuando terminaron de besarse se sentaron hombro con hombro contra un tronco. Naruto entrelazó una mano con la suya en un gesto íntimo.

—¿De veras estás bien con esto? —Preguntó abochornada.

—Sí… quiero decir, comprendo que buscarte de esta forma no es lo ideal y, si está bien contigo, claro, sí quiero que esto se vuelva algo formal. Así que no te confundas sólo porque ahorita somos casuales. Seguro que Rikuto-san vendrá a patearme el trasero si se entera. Sé que no será fácil y que debo ser paciente, y que no me dejas decirlo en voz alta pero soy sincero. Y puedo esperar todo el tiempo que necesites. —Naruto se puso tímido también. Él estaba colorado y a ella le ardía la cara

A Hinata se le aceleró el corazón, tuvo una sensación extraña en el pecho, no se parecía nada a lo que sintió cuando estuvo enferma… esto era nuevo y se sentía tibio y agradable. Apretó su agarre en la mano de Naruto, recibió una sonrisa de parte del chico, fue una de esas que a ella la hacían derretirse. No iba a complicar las cosas diciéndole que lo mejor para él era dejarla, de verdad creía eso, pero… no quería soltar su mano todavía. Se dijo que si Naruto la soltaba, entonces estaría bien y lo dejaría ir en ese momento.

—Hinata… —La voz de Naruto la sacó de sus cavilaciones.

—¿Hum? —El chico estaba frunciendo ligeramente el entrecejo.

—Quédate quieta un segundo, hay algo que me ha estado molestando.

Ella parpadeó desconcertada, en un fluido movimiento el rubio metió las manos bajo su blusa y la sujetó de la cintura. A Hinata se le subieron los colores al rostro, se habían besado pero jamás había colado las manos bajo su ropa.

—¿Qué haces? —Soltó mortificada. El entrecejo de Naruto se marcó más.

—Estás perdiendo peso, ¿no es cierto? —La aseveración la tomó desprevenida y su expresión lo confirmó. —¿Siguen presionándote para que comas con ellos y todavía no puedes? ¡Hinata! Te vas a enfermar.

—Sé que es ridículo y es verdad cuando te digo que me estoy esforzando. —Se apresuró a explicarse. Naruto bufó exasperado.

—Esos inútiles. Al menos deberían dejar que algunos días comas en la cocina. Vámonos, tienes que comer, ¿qué es lo que se te antoja?

—Me gustaría ir al Ichiraku. —Musitó por lo bajo.

—Entendido. —Naruto ya no sonaba molesto.

Su pusieron de pie, la tomó de la mano y un parpadeo después ya estaban en la calle del Ichiraku, justo frente su panadería favorita. Naruto no la soltó.

—Ven, vamos a comprar el postre de una vez y luego nos iremos al Ichiraku a que el viejo Teuchi te sirva porción doble de todo.

La sensación agradable en su pecho seguía ahí. Naruto le compró una bolsa de roles de canela y no quiso ni oírla cuando ella intentó pagar. Salieron de la panadería, él cargaba la bolsa y volvió a tomarla de la mano. ¿Sería eso como estar en una cita? Se permitió una sonrisita privada, por primera vez en días tenía apetito y estaba contemplando la idea de correr los pocos metros que le faltaban hacia el restaurante, ¡se sentía famélica!

Fue una coincidencia que justo al salir se toparan con Kou y Neji, no pudo evitar sentirse culpable porque parecía que no habían parado de buscarla.

—¡Naruto! No puedes llevarte a Hinata-sama de esa forma, no es la primera vez que lo haces y no…—Neji estaba molesto.

—Piérdete, Hyuuga. —Cortó Naruto, sin detener su caminar.

—¡Hinata-sama! —Neji volvió a llamarla. Hinata suspiró, adiós planes de comer. Hizo amago de soltarlo pero él no cooperó.

—Está bien, Naruto-kun, ya debo regresar.

Naruto se detuvo en seco.

—No. Esto no está bien. Y tienes que decírselos porque son idiotas y no comprenden.

Naruto dio media vuelta, interponiéndose entre ella y sus primos.

—Uzumaki, suéltala ya. —Exigió Neji. Hinata se tomó un momento para preguntarse cómo era que sus hermosos días de pasar desapercibida tomaron un absurdo giro a sus días actuales. No quería ese drama.

—No. —Lo retó Naruto. —Dijiste que ya no la maltrataban pero no parece que eso sea cierto. ¿No puedes verlo, genio? No sirven para protegerla. No pueden dejarla irse a donde ella quiere. Ni siquiera puede comer cuando está con ustedes. La siguen todo el puto día y todavía no son capaces de verla bien, la están matando de hambre. ¡Ojalá se harte pronto de ustedes y les recuerde cuál es su lugar! No paran de llamarla princesa pero la tratan como prisionera. Voy a cerciorarme de que se alimente como es debido, y después, yo la acompañaré a su casa. Ustedes no son necesarios aquí.

—Espera un poco. —Interrumpió Hinata, una situación ridícula se estaba saliendo de control.

—No hables si vas a ser amable. —Cortó Naruto. ¿Qué? Eso no tenía sentido. Él resopló. —Lo sabía, ya no puedes darles por el lado todo el tiempo, ¿comprendes? Sólo los estás alentando a que te sigan tratando mal. ¡Y a ustedes les patearé el trasero si nos siguen!

¿Qué estaba ocurriendo? Ay, no. Tenía tanta hambre que decidió que lo pensaría después. En esos momentos sólo quería ir al Ichiraku. Neji y Kou no los siguieron. Ese día pudo disfrutar una comida rodeada de conversaciones amenas, libre de princesas y herederas. Pensaría en todo eso otra vez, después, ya que estuviera en la mansión. No sabía cuántas tardes más como esa le quedaban pero intuía que no eran muchas.

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Notas de la autora: Confieso que olvidé nuestra cita…Ya vamos a atar los cabos sueltos. El capítulo se estaba prolongando mucho, así que decidí publicarlo en dos partes. Sé que el drama con los Hyuuga se está volviendo tedioso pero no podemos solucionarlo todo chasqueando los dedos. Sean pacientes y les prometo que la siguiente parte valdrá la pena.

Siguiente capítulo: Mater

¿Ya se dieron cuenta que el nombre del capítulo es un mini spoiler en latín? Déjenme sus teorías en los comentarios. Nos leemos el 31 de octubre (o tal vez, un poco antes). Cuídense mucho.