Capítulo 17. Mater

Neji estaba estresado. ¿Qué era lo que estaba haciendo mal? Hinata ya se sentaba en el lugar que le correspondía en el salón de las Camelias, ya asistía a los entrenamientos en el clan, ya estaba pasando tiempo de calidad con los miembros del Consejo… las cosas con Hiashi seguían igual pero a Neji no le parecía que fueran a solucionarse del todo, así que con eso último simplemente se resignó. Creyó que las cosas por fin estaban sucediendo como deberían.

Luego llegó Naruto a decirles que no habían cambiado y seguían maltratando a su prima. Neji quería que los Hyuuga funcionaran para ella y creyó que justo eso estaba ocurriendo. Esta vez fue Kou quien lo sujetó del brazo cuando intentó seguirlos al Ichiraku, su primo era varios años mayor que él pero no solía interponerse en el camino de Neji. Fue Kou quien le dijo que Hinata sí estaba más delgada. ¿Por qué él no lo notó si Neji era su guardián y quien debía ser su mejor sirviente? Estaba tan encaprichado en que todo el asunto funcionara, que veía lo que quería ver en lugar de lo que era en verdad.

Visitó las cocinas para preguntar si era cierto que Hinata no comía y la señora encargada lo tomó de los brazos y le suplicó que permitieran que su señorita al menos desayunara con ellos. Era el colmo que la preciada princesa del clan no hubiese sido capaz de terminar una sola porción decente desde que comenzaron a llamarla de esa forma y nadie hizo nada para remediarlo. No eran su familia. Eran sus carceleros.

¿Por qué Hinata no decía nada?

Esperó por ella en el pasillo que daba a su habitación, a una distancia prudente de su puerta. En cuanto la escuchó acercarse, se arrodilló.

—Neji-niisan. —Ella lo llamó, preocupada por lo que él estaba haciendo.

—Perdón.

Ella terminó de acercarse, él no se movió y mantuvo la cabeza agachada.

—Neji-niisan… Naruto-kun exageró, no tomes en serio sus palabras. Vamos, levántate, sabes que no tienes que hacer esto. —Pidió con amabilidad, con paciencia, porque Neji ya sabía que ella odiaba cuando hacía eso.

—Por favor, dígame qué estoy haciendo mal. Prometo corregirlo.

—No estás haciendo nada mal y nada de lo que ha pasado es responsabilidad tuya.

Naruto tenía razón. Hinata debía dejar de ser amable con ellos. Las rodillas de su prima entraron a su campo de visión y tuvo que alzar la cabeza para ver con horror que ella se había arrodillado con él.

—Quiero ser un buen sirviente, pero no paro de cometer errores. —Se sentía desesperado. Hinata lo veía con esa mirada limpia, libre de juicios, libre de reproches. Él no merecía eso.

—Dices eso pero… no es eso lo que quieres en realidad, ¿no es cierto? —Habló con tal serenidad, que Neji se sintió como el niño que hablaba con un adulto sabio por primera vez.

—¿Hinata-sama? —Él genuinamente quería ser su sirviente. Ella sonrió, como si ya lo supiera todo y él no pudiese esconder nada de esos ojos. Volvió a sentir lo mismo que cuando la vio en su visita a Sakana, ella tenía otra vez esa aura extraña. Hinata le puso una mano sobre la cabeza, agitándole un poco el cabello.

—Tú no quieres ser mi sirviente… lo que tú quieres es ser mi familia y eso está bien y me hace feliz. También quiero eso. Perdóname por preocuparte de esta forma, prometo que me esforzaré más para conseguir lo que queremos. Anda, ayúdame a levantarme.

Hinata le tendió la mano y él se apuró a obedecer, no era que ella necesitara ayuda, sino que ahora se permitiría ser ayudada.

—Gracias. —Agradeció Neji. De alguna forma se sentía reconfortado.

—¿Quieres tomar una taza de té? Justo hoy me regalaron uno de lavanda que queda delicioso con leche y miel. Te ayudará a dormir.

Neji asintió. Escuchó del paquete proveniente de las Montañas de la Luna que llegó ese día para su prima. Sui montó un escándalo en el comedor del Bouke porque la vio abrirlo y aparentemente eran regalos para sobornar a la princesa del clan; el primo terminó recitando una elaborada teoría en la que los otros planeaban robarles a la princesa usando regalos exóticos y que ellos no podían quedarse atrás. Luego Saru intentó hacer una lista con cosas que ellos podrían usar para sobornar a la princesa, sólo para que todos se sintieran patéticos porque no tenían ni idea. Neji solía encontrar orgullo en el hecho de que nadie la conocía como él. Pero la verdad era que no la conocía como quería.

—¿Podría… podría hablarme de ese otro lugar y de esas otras personas? —Pidió, de repente se sintió abochornado.

Su prima asintió mientras sonreía.

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La familia esa era un desastre de proporciones escandalosas y Momo decidió ese día que ya no podían seguir manteniéndose al margen. Yoru se encontraba al borde del colapso nervioso luego de que el plato de la señorita regresó sin haber sido tocado siquiera del salón de las Camelias. El día anterior todos sintieron esperanza cuando Neji, el sujeto al que conoció en Sakana, fue a preguntarles por la señorita; al parecer no estaba enterado de lo que estaban haciendo con ella. ¿Cómo la torturaban en ese lugar para que ni siquiera tuviese apetito? ¡Su princesita siempre gozó de excelente apetito! Incluso cuando estaba mala del corazón. Cuál salón de las Camelias, debía ser el salón del Infierno.

Momo la pensó como una princesita desde que la conoció, y cosas complicadas ocurrieron pero ahora los de los ojos blancos la llamaban princesa. Y ella deseó tener lengua para gritarles a todos que sus modos no eran forma de andar tratando a las princesas.

Todos los sirvientes de las cocinas le suplicaron a Neji que permitieran a la señorita desayunar con ellos.

Pues rogaron en vano porque Neji no daba ninguna orden ahí. Momo quiso escupirles a los zoquetes que fueron a pararse a la puerta de la cocina a esperar a la señorita para llevársela al salón del Infierno. Akira y Namida no lo soportaron y fingieron tropezarse con una tetera con agua caliente para espantarlos. Les mojaron los pies pero los desgraciados no se movieron. Ácido debieron haber puesto en su lugar. Su señorita deseaba comer con ellos, no transcurrió ni un solo día sin que ella bajase a intentarlo. Ese día volvieron a llevársela, ¡esos villanos! ¿Dónde estaban el hombre del cabello caoba y la mujer de la piel de ébano? Ellos sí querían a la princesita. ¡Tenían que venir a salvarla! Momo ya conocía las letras y podría escribir la carta, pero no sabía a dónde mandarla.

Así que Momo optó por ir a preguntarle a la princesita. Tenían que sacarla de ese lugar horrible. Los sirvientes de las cocinas se coordinaron, y tan pronto supieron que la señorita estaba en su habitación, Momo fue a buscarla.

Llamó a la puerta, la princesita la abrió y la invitó a pasar, Momo quiso llorar sólo de verla, le faltaba vocabulario para describirla, pero se veía mal. Ella cuidó a la niña con tanta devoción en Sakana como para que ahora se la maltrataran tanto. No lo iba a permitir. Entró a la habitación y cerró la puerta. Iba a sacarla de ahí. Y si la princesita no quería, entonces iba a envenenar la comida de todo ese estúpido clan.

—¿Cómo has estado, Momo?

Momo se molestó más luego de escucharle la vocecita suave. ¡No eran horas de preguntarle a la criada cómo había estado! Estaba molesta y se lo comunicó a su ama.

—Siento haberlos estado preocupando. Hoy de veras tenía la intención de comer. Pero me enteré de una noticia y ya no pude. No tengo apetito. Sí, lo sé, me esforzaré más en la comida.

Momo sacó una manzana de su manga y se la tendió, la princesita la tomó pero no hizo ademán de comer. Tuvo qué preguntarle cuál fue la noticia devastadora que recibió para que estuviese así.

—Mañana habrá una ceremonia, y después de eso yo seré la matriarca.

Momo estaba preparada para tomarla y salir corriendo de ahí pero… ¿qué había dicho? Pidió que se lo dijera de nuevo. La princesita no estaba feliz con la noticia. Preguntó si ser la matriarca quería decir que ella sería la jefa de todos ahí.

—Hay muchas responsabilidades que recaerán en mí, pero sí, "ser la jefa de todos aquí" es una forma muy simple de expresarlo. —Explicó su ama con paciencia.

A ella le pareció una excelente noticia, así ya podría ordenarles a todos que la dejaran comer donde ella quisiera. Le comunicó sus pensamientos. La princesa soltó una risita bien triste y Momo sintió que no estaba comprendiéndolo bien. Le preguntó por qué no era feliz.

—¿Recuerdas ese otro sitio del que te hablé antes? El lugar al que quería irme. —Momo asintió. —A partir de mañana, ya no podré ir a ese lugar. Tampoco podré tomar más misiones ni salir de la aldea. Incluso salir de esta mansión será complicado.

Ella se asustó terriblemente porque parecía que su ama iba a llorar. ¿Por qué ser la jefa de todos la limitaría tanto? Era bien sabido que los jefes siempre hacían lo que querían. A los de esa familia les faltaba sentido común. Momo intentó consolarla y le ofreció escapar de ahí, podrían volver a Sakana o irse al lugar que ella quisiera, Momo la servía a ella; a los otros sujetos de los ojos blancos no les debía nada.

—Eres una buena amiga, Momo. Pero no puedo hacer eso.

Momo se echó a llorar ahí mismo. Su ama acaba de llamarla su amiga. Comenzó a suplicarle que huyeran de ahí.

—No, no llores, Momo. —Su ama sacó un pañuelo y la estaba ayudando a secarse las lágrimas. Eso no era lo que hacían las amas ni las princesas. Esta princesita era especial y los de esa casa no la merecían. —Va a tomar tiempo, pero confío en que las cosas mejorarán. Se supone que la matriarca es la madre de todos, y creo que estás de acuerdo conmigo en que esta familia necesita amor. Ese será mi trabajo.

Momo hizo una mueca, ¿ella?, ¿la madre de todas esas víboras? La recordó llorando por el hijo muerto que ni siquiera era suyo y pensó que tal vez sería una buena madre, pero le comunicó que era una pésima idea y debía buscarse otros hijos. Esos desgraciados la llamaban princesa y la maltrataban. No creía que fueran a cambiar sólo por comenzar a llamarla madre. Decían que al líder en turno ni la señorita lo llamaba padre.

—Me comeré la manzana, gracias por traerla. Por favor diles a todos de mi parte que me esforzaré más.

Momo sintió que le estaba pidiendo que se fuera. La princesita debía tener muchas cosas en qué pensar. Se dirigió hacia la puerta para salir pero cambió de opinión y fue a plantarse frente a su ama. Le preguntó si en verdad quería ser la madre de todos ahí y la vio con mucha atención, si percibía la menor duda en ella, movería cielos y montañas hasta encontrar al sujeto del cabello caoba y a la mujer de la piel de ébano.

—Sí, es lo que quiero.

Su ama no dudó y Momo resopló exasperada. Eso no iba a funcionar. Nadie reconocería como a su madre a alguien que parecía una niña. Los granujas ahí no la respetarían si externamente no aparentaba ser una madre también. Justo eso le dijo, fue un atrevimiento, pero la princesita nunca se molestaba. Y algo ocurrió porque su ama de pronto parecía estar considerando algo. Momo se apresuró a decirle que si eso era lo que quería, ella la ayudaría a cambiar su imagen; antes de ser cocinera fue doncella de muchas damas elegantes e influyentes y ella ayudaba a arreglarlas. Momo conocía muchos trucos.

—¡Momo! Has tenido una idea brillante, ¿me acompañarías a un lugar? Algo me dice que necesitaré tu consejo.

Por fin la princesita parecía animada. Momo se dijo que la haría lucir como una reina cuando terminara de trabajar con ella.

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Lo inevitable llegó. Al día siguiente sería la nueva matriarca y tenía asuntos que ya no podía postergar más. Era hora de comenzar a desprenderse de lo que la hacía ella misma. Le costó desprenderse de su vida como kunoichi, lloró un poco en su habitación cuando sus dedos tocaron el material liso de la máscara, fueron valiosas aventuras y extrañaría trabajar con Mantis e Inu. Esa tarde fue a la oficina de la Hokage a entregar su rostro de ANBU.

Tsunade suspiró cuando la vio y la invitó a sentarse.

—Me enteré esta mañana, el Consejo de tu clan me envió una carta, supongo que también te avisaron hoy. —Comentó la Hokage sin entusiasmo y con simpatía por su kunoichi.

Hinata asintió, acarició la máscara una última vez antes de depositarla sobre el escritorio de la Quinta. Se quedaron en silencio unos momentos.

—Quédatela. Esa máscara te pertenece. No son las máscaras las que hacen a un ANBU, sino sus habilidades. Tú eres Byakko y, máscara o no máscara, siempre será así. Hazme un favor y cuélgala en un lugar visible, no permitas que nadie lo olvide.

Hinata sintió que quería llorar, pero estaba bien entrenada.

—Muchas gracias, Tsunade-sama. Aprendí muchas cosas gracias a usted y siempre atesoraré esos recuerdos. Le estaré por siempre agradecida por haberme apoyado en mi camino como kunoichi.

—Estúpidas leyes y estúpidos clanes. —La mujer suspiró. —Esperaba que esto no llegara tan pronto.

Hinata también.

—Seguiré sirviéndola a usted y el clan Hyuuga servirá por siempre a Konoha.

La Hokage asintió.

—Te invitaré una copa cuando seas mayor de edad, eso es en unos meses ¿no?… O podríamos beberla ahora, al menos de esa ley sí puedo exentarte.

Ni siquiera tuvo que pensarlo. Había probado algunos tipos de alcohol en algunas de sus misiones, pero se apegaba a las leyes del límite de edad siempre que podía. Jamás había bebido de la forma en la que Tsunade ofrecía, no como algo íntimo entre dos camaradas. Siempre consideraría a Tsunade como una de las kunoichis más admirables con las que cruzó camino. Sería un honor beber con ella.

—Creo que aceptaré su oferta.

La Hokage sonrió de lado.

—Justo cuando creí que no podrías agradarme más… es un desperdicio hacer esto contigo, prométeme que les patearás el trasero a todos en los entrenamientos. Siéntate, voy a enseñarte cómo beber sake.

La Hokage sacó una botella y dos copas del doble fondo del cajón de su escritorio.

—Brindemos por… —Comenzó la Hokage.

—Por la vida de aventuras de una kunoichi. —Completó ella. Tsunade asintió satisfecha. Se llevó la copa a los labios e imitó a la Quinta. El alcohol escoció un poco cuando bajó por su garganta, pero no fue desagradable, se quedó con la sensación de algo tibio.

—Nada mal, ¿eh? —Tsunade volvió a llenarle la copa y ella le devolvió el gesto.

Estuvo de acuerdo con su Hokage.

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Terminó de comprenderlo todo cuando vio a Neji arrodillado en el pasillo. Se equivocó en la forma que trató de aproximarse a ellos. Por eso fracasó antes. Ahora ya estaba comprendiendo que aunque quería implementar un modelo de familia inspirado en las Montañas de la Luna, cometió el error de intentar tratarlos a todos como sus iguales. Hinata nunca sería igual a ellos, porque esta vez no le correspondía asumir el rol de hermana sino el de madre y padre. Y a los padres no se les daba el mismo trato que a los hermanos.

Por fin encontró su lugar.

Comprendía el poder del maquillaje y el atuendo correcto. Así que el día anterior llevó a Momo a su estudio siguiendo a su corazonada y dejó que la señora escogiera el atuendo para convertirla en la dama que asumiría el rol de la nueva matriarca del clan más poderoso del País del Fuego. Se dijo que sería como una misión más de infiltración. Otro juego para la cambiapieles que era… solo que ese nuevo papel lo interpretaría por el resto de su vida. Iba a cambiar radicalmente la forma en la que se comportaba, ya no se permitiría agachar la cabeza ante nadie e iba a dejar de usar los honoríficos porque Aiko no usó honoríficos con ella, y consideró que tenía sentido que las madres no los usaran con sus hijos. La idea de comportarse de esa forma con sus mayores la mortificaba pero no había marcha atrás.

La ceremonia iniciaría pronto. En su habitación en la mansión, Momo estaba dándole los toques finales. Jamás creyó que su vida cambiaría tanto en tan poco tiempo. Pero esto era algo que debía hacerse. Los Cielos le concedieron esa misión. Así que pensó en Aiko y en base a su recuerdo creó al personaje de la nueva matriarca Hyuuga. Sería como un homenaje a su figura materna. Eso le dio valor.

Se vio en el espejo. Esta no era ella, pero era en quien debía convertirse.

Se levantó de la silla con la espalda erguida y la frente en alto. Estaba lista para romper unas cuantas cadenas. Sonrió cuando Momo la detuvo al salir de su habitación para recordarle que podrían huir en el segundo que ella lo ordenara.

Caminó sin prisa por los pasillos, las capas del vestido blanco y azul índigo que Momo escogió llegaban hasta el suelo. Con el maquillaje consiguieron darles un efecto más maduro a sus facciones, usó su tono de rojo y delinearon sutilmente sus ojos con negro. Llevaba el cabello recogido en un estilo elegante y un tocado plateado con una estrella de siete puntas servía de adorno, fue curioso que Momo seleccionara ese accesorio sin conocer lo que el símbolo significaba para ella. De su collar no pudo desprenderse, ya no sería la Estrella de Plata, pero sentir el peso del dije en su cuello le daba fuerzas. La sorprendió sentirse cómoda con esa nueva apariencia.

La mansión estaba desierta pues todos debían de estar ya en el salón principal.

Los mayordomos tardaron unos segundos en reconocerla y abrieron las puertas para ella. Disimuló un suspiro, sentados en la postura propia del estilo Hyuuga, estaban las personas a las que cuidaría por el resto de su vida. El recinto se quedó en silencio mientras ella se posicionó en su lugar. Al frente de todos estaba la silla del líder y Hiashi, con su inmutable rostro vacío de emociones, estaba parado al lado. El líder saliente estaba ataviado con el atuendo formal del clan y vestía la capa que lo identificaba como patriarca.

Los miembros del Consejo tenían sus sillas en un costado del salón, fue Hidehito quien se puso de pie para dedicar algunas palabras solemnes. Se suponía que Hiashi debía decirlas, pero el Anciano lo hizo en su lugar. El antiguo patriarca caminó hasta Hiashi, extendió las manos al frente y el líder se retiró la capa para entregarla, después de eso fue a tomar su lugar junto a los miembros del Consejo. Por su parte, Hidehito se paró a dos pasos frente a ella, el resto de los presentes se puso de pie, su bisabuelo la reverenció a cuarenta y cinco grados antes de acercarse a ella y ponerle la capa sobre los hombros. La gruesa tela gris oscuro, era pesada y más bien áspera, en la espalda llevaba bordado el escudo de los Hyuuga en hilo de seda de un gris más claro, mientras que el dobladillo estaba decorado con bordados de flores de loto del mismo color. Cuando Hinata estuvo de pie frente la silla del líder, absolutamente todos los presentes doblaron la rodilla en la máxima forma de respeto en el clan. Justo como ella reverenció a Hiashi antes de toda esa locura.

Se sentó en la silla cuidando la gracia de sus movimientos y mantuvo la espalda recta sin apoyarla en el respaldo. Era la segunda vez que se sentaba y no era una silla cómoda.

—¿Ya soy la matriarca? —Se aseguró de cambiar su voz también, menos suave, e imitando la actitud elegante con la que Aiko se condujo en vida.

—Así es princesa, felicidades por su nombramiento como la primera matriarca del clan Hyuuga. —Habló con solemnidad Hiashi.

—Descansen y tomen asiento, tengo unas palabras para ustedes. —Concedió, y con eso cambiaron las posturas. —Desde este día y hasta el día de mi muerte, absolutamente todos en esta familia serán mis hijos, velaré por sus intereses como una buena madre debe hacerlo. Me llamarán como gusten y no doblarán la rodilla ni agacharán la cabeza si no lo desean.

De inmediato se escucharon murmullos en toda la sala.

—¿Qué está haciendo? Antes no... —Se atrevió a interrumpir Akira, uno de los Cuatro Superiores.

—Antes no era responsable de todos ustedes, tendrán sus turnos para hablar en unos minutos más cuando hayan terminado de escucharme. Es mi deber informarles que mis ojos no se heredan así como los padres les heredan atributos a sus hijos; sé cuándo nacerá la siguiente persona con el Byakugan del Príncipe, y cuando eso suceda, todos los que estamos en esta sala llevaremos muertos bastante tiempo; yo lo entrenaré, de la misma forma que el Príncipe me entrenó a mí. Personalmente escribiré la historia del Príncipe y sus enseñanzas, de modo que todos tendrán acceso a ellas. Para celebrar este día, les haré dos regalos, el primero es una historia para corregir una mentira y el segundo es una decisión para enmendar una injusticia.

¿Lo estaba haciendo bien?, ¿sus palabras sonaban muy arrogantes o no? Se obligó a hacer las dudas a un lado. Qué difícil era… Nadie volvió osar interrumpirla, así que les contó la verdadera historia detrás del origen del sello del ave enjaulada, sobre el padre que perdió a su séptimo hijo amado.

—Comprendo que han sido ofendidos de una u otra forma, comprendo su dolor y comprendo lo que es estar a la merced de la crueldad de otros. El Souke y el Bouke prevalecerán como fue la intención original del Príncipe, no habrá más distinción entre las ramas ni consideraciones especiales; no obstante, los adultos mayores mantendrán su estatus de figuras respetables por la sabiduría que nos brindan y se les honrará como corresponde. Es mi deseo, así como fue el deseo del Príncipe, que el sello deje de ser una jaula para convertirse en la armadura que siempre debió haber sido. Este es mi segundo regalo: Puedo darles un nuevo sello o pueden optar por conservar el que ya tienen; si deciden esto último, les doy mi palabra de que no será usado contra ustedes y cortaré la mano de todo aquel que me desafíe en esto y lastime a alguno de mis hijos. No habrá más sometimientos.

Hubo murmullos de interés y cautela en el Bouke cuando terminó de hablar.

—Hinata-sama, eso es inaudito. No es así como funcionan las cosas. —Vociferó Hiroki al tiempo que se levantaba de su asiento. Hinata optó por dejar de ocultar su presencia en ese momento y se puso de pie. El miembro del Consejo dio un paso hacia atrás. Temió que eso fuera contraproducente si era percibido como intimidante, pero no se le ocurrió otra forma de expresarse. La prohibición de la activación del sello no era negociable.

—El clan Hyuuga se rige por la supremacía del más fuerte. Vayamos a un campo de entrenamiento y, cuando seas el patriarca, harás lo que te plazca.

—No me atrevería. —Hiroki agachó la cabeza y regresó a su lugar. Los miembros del Consejo estaban intranquilos, y ese no era su objetivo.

—Fueron ustedes los que me pusieron aquí. No es mi intención ofenderlos, soy aún demasiado joven y quiero contar con sus consejos para velar por el bienestar del clan; sin embargo, no veo otra forma de devolver el balance a esta familia y mis ojos pueden verlo todo. Apóyenme en esto y llevemos juntos al clan Hyuuga hacia nuevos horizontes.

Los del Consejo discutieron entre ellos con murmullos apagados y apresurados. Hinata esperó paciente mientras el resto del Bouke se mantenía en silencio.

—Aceptamos cooperar, princesa. —Concluyó Hidehito. Hinata asintió satisfecha.

—Ahora bien, no soy perfecta y necesitaré del apoyo de todos a lo largo del camino, espero que me presten su fuerza y llegue el momento en el que puedan confiar en mí. Es difícil aceptar los cambios, sepan que genuinamente los considero hijos míos, así que si alguien tiene algo que expresar, por favor, alcen sus voces y prometo escucharlos sin juzgarlos.

La habitación se sumió en un silencio transitorio. Sabía que una cantidad importante de los presentes no fue conmovida del todo por sus palabras, pero tampoco percibió intenciones hostiles de su parte, así que se dijo a sí misma que debía sentirse satisfecha con el resultado. Fue una sorpresa que el Consejo no repudiara sus ideas en primera instancia y que aceptaran darle la oportunidad a su visión. Nadie más parecía inclinado a hablar, así que iba a reiterarles que siempre los escucharía cuando la voz de Rai sonó firme y suspicaz en la estancia.

—Ese sello, ¿nos está diciendo la verdad sobre él?

Hinata asintió mientras se ponía de pie, el tío agachó la cabeza cuando comenzó a caminar hacia su dirección, lo pasó de largo hasta detenerse y ponerse en cuclillas frente a Neji.

—¿Me dejarías mostrarlo? Puedes negarte si no quieres. —Pidió.

Fue triste que los presentes se sorprendieran porque pidió permiso en lugar de dar una orden. Neji aceptó y en esa ocasión fue ella quien le dio la mano para ayudarlo a ponerse de pie, él cooperó. Cuando intentó quitarse el protector, lo detuvo para retirarlo ella. Le causó gracia que eso abochornara a Neji y se le escapó una risita. Estudió la reacción de los presentes al ver la frente descubierta, un selecto número no mostró sorpresa, el tío Rai incluido, fueron los que lo vieron en el País del Rayo, le pareció una buena señal el hecho de que hubiesen guardado el secreto. Los demás no dejaban de verlo.

—Usen sus ojos para que comprueben que sí estoy canalizando chakra, no volveremos a hacer esta demostración.

Intercambió una mirada con Neji, él asintió, luego ella alzó su mano en la postura para activar el sello y trató de hacerlo. No ocurrió nada. Las voces inundaron la habitación. Rai se puso de pie en posición de firmes, y luego se arrodilló en una dogeza hasta que su frente tocó el piso.

—Siento mucho haber dudado de sus palabras.

Hinata disimuló otro suspiro. Sus nuevos hijos estaban muy maltratados si se disculpaban de esa forma por trivialidades. Caminó hasta Rai y se agachó a su lado.

—Rai, mírame, —el aludido obedeció y se movió unos centímetros hacia atrás por encontrarla a su altura, —no tenías la intención de ofenderme con tu pregunta y estabas en todo tu derecho de hacerla, más de la mitad de tus hermanos tenían la misma duda pero todavía no confían en mí como su nueva madre. Muchos tienen a sus propias madres y no es ese el lugar al que aspiro ni haré lo que ellas hacen por ustedes. No es un secreto que siempre he detestado el sello, jamás lo he usado ni he levantado la mano en amenaza; pero he madurado y reconozco que es necesario. No pienso permitir que la historia del séptimo hijo se repita, no quiero tener más pesadillas en las que lloro mientras abrazo a un cadáver sin ojos. —Hubo un estremecimiento colectivo porque en ese momento todos comenzaron a creer en sus palabras. —Nuestros ojos siempre serán codiciados y para eso estoy yo, para que el que los desee venga a por mí y no por mis hijos. Ese es el tipo de madre que seré para todos ustedes.

—Hinata-sama… —Murmuró Rai, su madre ya no vivía, en ese momento estaba sonrojado como el niño pequeño que recibe un gesto amable de su madre. El adulto volvió a pegar la frente al piso y pidió disculpas nuevamente. Hinata adoptó una expresión resignada al tiempo que le daba palmaditas en la espalda.

—Hay un largo camino por recorrer. —Murmuró, pero muchos la escucharon y algunos sonrieron. Ya estaban siendo capaces de intuir el camino que veía ella.

Regresó a la silla, sonrió cuando vio que Neji no volvió a cubrir su frente. Volvió a invitarlos a que externaran dudas o peticiones aprovechando que seguían ahí. Fue una sorpresa que Hiashi se levantara a hacerle una petición. Hinata se salió momentáneamente del personaje de la matriarca cuando el adulto se arrodilló posicionando las manos al frente y sobre el piso. No necesitaba que se arrodillaran. Volvió a sentirse como la hija inútil que debía reverenciar al líder, por lo que encontró sumamente incómoda esa situación. La voz de Hiashi le recordó en dónde estaba y que era el peor momento para cometer errores. Retomó el control y volvió a existir como el personaje de la matriarca.

—Hinata-sama, pido perdón por mis errores del pasado y mi falta de buen juicio. Deseo expiar mis pecados en el exilio. —Hiashi estaba arrodillado ante ella, delante de todos, con la vista fija en el suelo. Oficialmente esa escena fue la más inverosímil del día, ya nadie se acordaría del sello nuevo después de eso. Se disponía a negar la petición cuando Hanabi se levantó, pálida y nerviosa, y se arrodilló al lado de su padre.

—También tengo una petición. Hinata-sama, pido perdón por todas las veces que le falté al respeto y, si lo concede, me gustaría relevar a Himiko-sama en el templo del valle para seguir sirviendo a la familia y esperar a su futuro heredero y a los que lo sucedan.

Hiashi y Hanabi le estaban pidiendo el exilio… ¡Qué locura! Hinata tuvo que aferrarse a la piel de la matriarca para no salirse de personaje.

—El pasado ha quedado atrás y lo ocurrido ha sido enteramente olvidado. Planeo ser inflexible conmigo misma para lograr cumplir con mis responsabilidades, así que debo cortar los lazos que se interpongan… ya no soy la persona que fui ayer, ni soy hija, ni hermana, sólo madre. —Se levantó de la silla y fue a arrodillarse con ellos, así como hizo el día anterior con Neji. —Me temo que no puedo conceder lo que piden. Hiashi, todos cometemos errores y no le sirves al clan en el exilio, tus talentos son necesarios. No he revisado los libros de contabilidad, pero tengo la corazonada de que los encontraré perfectos. Fue tu iniciativa la de mejorar las relaciones con muchas de las familias más influyentes en el País del Fuego para crear lazos mercantiles que generan el trabajo de quienes no pueden usar el Byakugan. La estabilidad económica de la que gozamos es gracias a tu espléndida administración. Y es innegable que has hecho un espléndido trabajo entrenando a los mejores shinobis del clan. No puedo dejarte partir.

—Pero no pude entrenarla a usted. —Murmuró.

—Cargas con culpas que no te corresponden. Nadie aquí puede entrenarme porque no pueden ver lo que yo. Fuiste un buen líder y te necesitaré en mi Consejo. Te ofrezco una disculpa por no poder darte lo que pides, pero puedo darte vacaciones. Tómate un tiempo libre, desde hace décadas quieres visitar las aguas termales del País de los Ríos, ve, despeja tu mente y regresa al clan.

Hiashi no contuvo la sorpresa cuando la escuchó porque con nadie había comentado eso.

—Los ojos que todo lo ven… —Habló para sí. Hinata asintió. No serían nunca padre e hija, ni llegarían a ser cercanos, pero algo así no justificaba el exilio. Todavía le quedaba lidiar con la chica arrodillada.

—Hanabi, ya te secuestraron una vez, y hete aquí. Regresaste, no sucumbiste a la situación precaria ni te doblegaste ante los enemigos; y si eso vuelve a ocurrir, regresarás de nuevo así como en esta ocasión porque eres una magnífica hija de esta casa. Eres fuerte y tu potencial es el más prometedor en esta sala. Tu frente permanecerá como es ahora porque en este momento nadie merece más que tú ser mi heredera. Este puesto es una carga, confío en que soportarás su peso. Y si más tarde, aparece un hijo o una hija que supere tus habilidades, entonces le confiaremos la carga a ese alguien. Sé que no son así nuestras costumbres, pero mi sucesor sólo será el más fuerte de entre todos mis hijos para que pueda seguir protegiendo a todos sus hermanos.

—Pero yo… yo… yo quiero tomar más misiones sin importar el riesgo.

Hinata comprendía eso. A la heredera le ponían todas las restricciones. Sospechaba que ella seguiría llorando antes de dormir por su prematuramente concluida vida como kunoichi durante una buena temporada. Hanabi no iba a ser la siguiente matriarca, en algunos años más nacería alguien más indicado para ser el siguiente líder. Pero sólo ella lo sabía. Así que sonrió y se encogió de hombros.

—No veo por qué no puedas hacer eso, ¿de qué otra forma te volverás más fuerte si no tomas ese tipo de misiones? Eres parte del clan Hyuuga pero no encontrarás aquí cadenas para frenar tu crecimiento como kunoichi.

Hinata se salió del personaje por completo cuando Hanabi levantó el rostro. Nunca había visto que la chica pudiera poner esa expresión, como si por primera vez la comprendieran, vio con horror que las lágrimas le brotaron como ríos al tiempo que la chica se abalanzaba sobre ella para abrazarla.

—¡Hanabi! —La llamó Hiashi con apremio. Hinata sólo levantó una palma para indicarle que estaba bien y correspondió el gesto de la menor. Hanabi la sujetaba con fuerza y lloraba de una forma que todos podían escucharla. No serían nunca hermanas, pero tal vez podrían ser otra cosa. Había muchas aventuras esperando a la jovencita.

—Está bien, Hanabi, pero ya no llores porque todos van a pensar que te estoy maltratando.

Intentó bromear, pero Hanabi no iba a parar pronto, por muchos años lidió sola con la presión del Souke sin poder desahogarse. Hinata le comunicó a los demás que podían retirarse y podrían continuar más tarde si quedaban peticiones. Nadie se movió. Siguió consolando a Hanabi, bajo la atenta mirada del resto de sus hijos. Sintió que ese día dieron un paso muy importante hacia la dirección que ella quería. Encontró cierta gratificación en ello.

Y fue como si las cadenas con las que ahora cargaba se pusieran un poco más ligeras.

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Notas de la autora: ¿Qué tal? Creo que olvidé poner la etiqueta de "drama" en el perfil de esta historia. Estuve llore y llore con eso de que le quité su máscara de ANBU. Como siempre, escribir a Momo es un placer.

¿Valió la espera? He estado algo desconectada del mundo. Siento que estoy en uno de esos momentos en los que en realidad no sé qué hacer con mi vida. Hace poco más de un mes perdí a mi madrina y no estaba lista para despedirme de ella… pero supongo que nunca lo habría estado. Ella fue una de esas mujeres con la abrumadora habilidad de ver las cruces que los otros traen sobre sus hombros, y nunca dudó en ayudarlos a cargar. Fue la mujer que más me amó en el mundo.

Siguiente capítulo: Brilla el sol. Nos leemos el próximo 1 de enero 2022.