Harry Potter pertenece a JK Rowling.

Cazadores de Sombras pertenece a Cassandra Clare.

Solo nos pertenecen los OC.

.

Lily Potter, Hermione Granger, Daphne Greengrass, Parvati y Padma Patil y Susan Bones.

.

04: Llegando a Hogwarts.

.

Xenophilus Lovegood, tomó el libro y leyó: —El siguiente capítulo se titula: Llegando a Hogwarts.

La abuela volvió a la Corte Noseelie, y regresó dos días después, sonriendo triunfal. Me entregó un paquete, envuelto en una larga hoja de algún árbol, que claramente no era del plano terrenal. Al desenvolverlo, encontré una cuchilla, cuya empuñadura era de un hueso escarlata y la hoja era de un metal llamado Electrum: La fusión de oro y plata, que se encuentra de forma natural, si sabes dónde buscar.

Es uno de los metales preciosos, del mundo.

Todos miraron a Lily, en busca de una explicación. —Los metales preciosos, hacen referencia a aquellos que puedan herir a un demonio, y también a un Subterráneo: La plata, el acero, el cobre, el hierro y el Adamas. Las hadas, somos especialmente débiles ante el *#$&₡₲ —Todos la miraron confundidos, pues no entendieron nada.

— ¿Qué dijiste, Lily? —preguntó Remus, quien era un licántropo y sabía lo que provocaba en él, la plata.

—Dije que las hadas, somos especialmente débiles ante el *#$&₡₲. —Dijo con seriedad, antes de comenzar a carcajearse, y todos entendieron, que les están tomando el pelo, y que no les diría nada.

Aprendí a usarlo, gracias a la abuela y aprendí también, a usar el arco y las flechas, así como a usar un hechizo, que me permitiría recuperar las flechas, por más lejanas que estuvieran.

Solo iba al mundo humano, cuando necesitabamos comprar algunos productos y ropas, pero no nos quedabamos allí, por mucho tiempo.

El tiempo pasó, y cuando cumplí 11 años y llegó mi carta de Hogwarts, el sobre tenía las esquinas algo chamuscadas.

Miré a mi familia interrogante, y el abuelo habló. —La casa entera, tiene varias protecciones, sobre todo: Una protección que tu abuela colocó, llamada Salvaguarda, algo que sería más usual, en los Cazadores de Sombras, quienes además, cuentan con las enormes Torres de Demonios, que los protegen de todo y de todos. —Comentó, como si tal cosa. Bueno, nos vamos. Vamos a que compres tus cosas para Hogwarts. —Ingresé a la casa, y el ruido de madera crugiendo y cientos de vidrios rotos, se escuchó. Era lo usual, cuando todo un edificio, se transportaba de un lugar a otro, y sostenía un Glamour espacio-temporal, como si nunca hubiera estado allí.

Todos, especialmente los Ravenclaw, deseaban estudiar ese tipo de magias, y ya estaban ordenando al Salón de los Menesteres, que una biblioteca apareciera.

Pero, cuando mi abuelo vio los libros educativos, que tendría que llevar a Hogwarts, se dio media vuelta y los trajo todos, desde la biblioteca y se veían prácticamente nuevos. —Paso de perder mi tiempo, oro y plata, comprando libros que ya tenemos en la biblioteca. —Dijo él.

Lo que si compramos, fueron los uniformes femeninos, nuevos instrumentos de pociones, (el abuelo dijo que me olvidara de los patéticos telescopios, y que yo llevaría uno Muggle), compré mi caldero y finalmente, aquello sobre lo cual yo, más deseaba poner mis manos encima.

Todos se miraron, y se inclinaron hacia el libro.

Xenophilus sonrió.

Mi varita mágica.

Pero el abuelo ignoró la lejana y famosa tienda de calidad certificada de Ollivander, ignoró las varitas de dudosa calidad de Jimmy Kiddell (aún cuando en el título decía: "Varitas Maravillosas (...)"

—Se ve que es un hombre... fino. —Dijo Sirius, algo asustado y sintiéndose intimidado, de que la novia de James, fuera la hija biológica de Gellert Grindelwald. —Como Malfoy —completó su mente, aquel pensamiento, haciendo que Sirius comenzará a mirar en varitas direcciones, en busca de la posible presencia de Gellert Grindelwald, por si entraba en la habitación y lo atacaba.

Volvimos a la casa y nos transportamos, hasta Noruega, caminado por una calle transitada, como el Callejón Diagon, pero más espeluznante, hasta una tienda llamada "Varitas Gregorovitch. Varitas Finas"

Todos se miraron interesados, y comenzaron a hablar entre ellos. Las varitas de Gregorovitch, eran tan finas y afamadas, como las de Ollivander. Pero había algo que todos sabían, y era que ambos tenían la fama opuesta: Ollivander vendía varitas de la luz.

Y Gregorovitch vendía varitas de oscuridad.

Ingresamos en la tienda, y un anciano nos miró. Sus ojos se abrieron, cuando vio y (aparentemente) reconoció a mi abuelo. — ¡TÚ, DESGRACIADO! —Se le lanzó encima, como si fuera un lobo hambriento y encolerizado.

Remus hizo una mueca y James le pasó una mano, por el hombro.

Pero el abuelo usó el Petrificus Totalus, con Gregorovitch, a medio vuelo, y cuando le devolvió la movilidad, el creador de varitas, cayó al suelo, con tanta fuerza, que creó un agujero en el suelo.

Abstente de volver a hacer algo así de nuevo, Mykew. —Dijo el abuelo, con un porte calmado, pero con un tono de voz irritado, por el ataque. —La tiene Albus. Además: No fui yo, quien te dijo que pregonaras a los cuatro vientos, que derrotaste a Mankiewicz, y ganaste la lealtad de la varita. Ahora: VENDELE una varita a mi nieta.

Gregorovitch fue liberado por mi abuelo y comencé a probar una varita tras otra. Algunas cosas salían volando y otras se incendiaban.

Pero ningún núcleo, parecía serme útil.

Todos entristecieron, ante esas palabras.

El abuelo entonces, hizo un rápido movimiento hacia mí, lastimandome y provocando que yo retrocediera, mientras llevaba una mano a mi cabeza, y el Glamour alrededor de mí, caía.

El abuelo lo presentó a Gregorovitch. —Un trozo de cuerno, de un hada de la Corte Noseelie.

—Funciona igual, que con el cabello de Veela, ¿No? —preguntó Edgar (futuro padre de Susan) Bones. Todos asintieron.

Gregorovitch usó ese trozo de cuerno, para trabajarlo en la madera que me era afín: Acebo (Me ayudaría debido, a que era muy impulsiva) a lo que la abuela eliminó la marca que me quedó a mí, y luego de unos minutos, Gregorovitch me entregó mi varita, (pagamos 2 galeones, porque yo puse el núcleo) y fuimos por los uniformes.

Cuando llegó la noche, una carta llegó a la oficina de Dumbledore. Era de Ollivander. Notificándole, que ningún alumno de ese año, fue elegido por la varita de Acebo y Pluma de Fénix, la cual Dumbledore pidió a Ollivander vigilar y notificarle, cuando (dentro de once años) algún niño llegara por ella.

Todos miraron esto extrañados, pues no entendían mucho de lo que pasaba.

Eso lo hizo enfadar, y arrojó a una pared, uno de los curiosos aparatos, que tenía en su oficina.

Un aparato que ya tiempo después, yo descubriría, era uno de los objetos de monitoreo de las Salas de Sangre y Magia de Privet Drive.

Uno de los objetos, que jamás habían llegado a activarse, debido a que Harry Potter, jamás había ingresado físicamente a la casa de los Dursley, y él jamás había logrado dilucidar dónde estaba yo.

Todos rieron divertidos, al saber que Harriet no sería manipulada.

Lo positivo (si es que se le encontraba algo positivo), era que había recibido la respuesta afirmativa, de que yo, asistiría a Hogwarts.

Pero no sabía CÓMO, asistiría, y que no sería su puta marioneta.