Ok ok, no me he muerto ni se me ha olvidado este fic, sí, me he tardado milenios en publicar pero aquí estoy de nuevo, van dos veces que reescribo estos capítulos (que ya tengo hasta el final) porque… pasaron cosas. Bueno aquí vamos con la recta final, espero les guste.
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RESISTE
Donatello revisaba habitación por habitación buscando a su hermanito, sentía que algo malo le había pasado, no encontraban a Leo y Sensei no podía ayudarlos. Sinceramente le parecía increíble la tan mala suerte que había llegado a ellos esa fatídica noche.
-¡MIKEY! Por favor sal, no es gracioso, estamos asustados y debemos buscar a Leo, MIKEY- Abrió la puerta de la siguiente habitación y de inmediato supo que no estaba solo - ¿Mikey? – caminó entre la oscuridad para buscar a su hermano, un ligero sonido le advirtió que había alguien detrás de él, apenas volteó y un fuerte golpe con una tabla vieja justo en la cabeza lo derribó dejándolo inconsciente.
Perrera sonrió, ahora solo faltaban dos, pero para que funcionara debía de moverse pues de seguro el sonido había advertido a los que seguían libres, sabía que Rafael estaba cerca y Leonardo… como los hermanos lo buscaban de seguro estaba herido, esa idea lo tranquilizó.
Se llevó a los menores, salió por una pared que estaba deshecha, escaló hasta el piso más alto y entró buscando el refugio de las sombras para deshacerse de los que faltaban, Donatello tenía una gran herida en la cabeza que no dudaba que moriría, por lo que no lo ató. Salió para preparar la trampa para el siguiente, sin embargo, nunca imagino la buena suerte que tenía.
-Vaya vaya, pero a quien tenemos aquí – Al abrir la puerta se dio cuenta de que Leonardo se encontraba acostado en una cama sencilla, parecía enfermo, casi muerto, pero eso a Perrera no le importaba, el que estuviera con la guardia baja le era suficiente; golpeó la cama para ver qué hacía pero el quelonio no reaccionaba, lo golpeo lentamente en un brazo pero tuvo el mismo resultado. Ya mas confiado tomó la almohada que usaba y la puso sobre su rostro apretando de a poco, podía sentir como el cuerpo del quelonio se tensaba pero aún así no oponía resistencia.
-¿Qué demonios haces?- Una patada directo a su cabeza lo derribó
-Que te parece, estoy deshaciéndome de los estorbos- Se limpia la sangre de su labio mientras se levanta.
-¡NO TE PERMITIRE LASTIMARLO!
-Ahh, ya veo, quieres hacerlo por ti mismo, sé que te encanta pelear con él, no dudo que hayas sido tu quien lo dejara en ese estado, después de todo ustedes siempre se han odiado.
-Piensa lo que quieras pero a mi hermano no lo lastimarás, jamás
-¿Seguro?, entonces… - Señaló más allá de la puerta y con horror vio a sus hermanos en el suelo
-¡MIKEY! ¡DONNIE!-
-¿A quien salvarás Rafael?, no puedes con todo, dime a quien quieres salvar.
Rafael no podía decidir, Miguel Ángel estaba inconsciente, Donatello sangraba copiosamente y Leonardo, no, no podía fallarle nuevamente.
-Eres un infeliz ¿Cómo se te ocurre que voy a decidir por alguno de ellos? ¡Son mi familia!
-Son estorbos, solo te detienen te haré un favor, vete y te libraré de estos lastres, piénsalo estarías libre de Destructor y harás lo que te viene en gana, solo tienes que irte.
Rafael se levantó y la furia se mostraba en sus ojos.
-De ninguna manera dejaré a mis hermanos a tu merced. ¡NUNCA! – Perrera sonrió.
-Je!- se burlaba -Imbécil, sabía que darías esa respuesta; ahora te daré una paliza pero no te matare- lo vio con mirada psicótica- haré que veas a tu hermano desangrarse hasta morir- dijo con insana satisfacción- A Leonardo le arrancare el caparazón para llevárselo a mi Maestro y al pequeño- esbozó una maligna sonrisa- Él me servirá como saco de boxeo, lo golpearé hasta quitarle el color verde, veré su resistencia y será un placer y deleite hacerlo porque sabes qué, ya no estará el mayor para protegerlos, él siempre era el que ponía la cara por ustedes pero ahora solo míralo, no es más que una simple piltrafa – Rafael rabiaba de coraje.
-Eso nunca sucederá ¡No te lo voy a permitir! ¡Yo los protegeré! De ti y de quien sea – Y con ese coraje fue contra el enorme perro, lanzando una patada a la cabeza que fue esquivada, ese impulso aprovechó el can para golpear la espalda, Rafael dio una voltereta y cayó de pie para lanzarse sais en mano justo contra el pecho de Perrera, pero de último momento lo esquivó y con manos en puño golpeó el caparazón de Rafael haciéndolo caer y rebotar en el piso, una vez ahí lo pisó haciéndolo gritar hasta que sintió que algo se rompió.
-Jajajaja ¿Qué te pasa? ¿No ibas a proteger a tus hermanos? Enséñame cómo lo harías – Rafael sentía las piernas acalambradas, le costaba moverlas. Entonces perrera lo tomó del cuello y lo levantó – Anda, ve a despedirte de tu hermano mientras aún tienes tiempo – Lo sorrajó contra la pared cerca le la cama donde Leonardo se encontraba.
-Leo…- Se arrastraba para alcanzarlo mientras Perrera iba por los hermanos menores. Con esfuerzos alcanzó a subir su torso a la cama moviendo el pecho de su hermano tratando de despertarlo – Leo… Leo… regresa hermano, no puedo hacerlo sin ti, regresa por favor- El cuerpo de Donatello fue estrellado contra la pared cerca de Leonardo, Rafael con temor podía ver a sus hermanos morir y todo lo llenaba de miedo e impotencia.
Con Miguel Ángel arrastrando Perrera caminaba lentamente a las tortugas.
-Los verás morir, y te quedarás aquí sin poder hacer nada por rescatar lo único que te queda – Perrera levantaba a Miguel Ángel.
-¡No lo toques!- Exigía Rafael, pero Perrera lo tomó como un reto y mordió al menor con su enorme hocico desde el cuello y parte del hombro haciéndolo sangrar casi de inmediato, tan fuerte era el dolor que despertó al quelonio.
-Mmmmmhhh – Se movía desesperado por liberarse.
-¡Eres un maldito! – Perrera sonrío y quitó la mordaza de Miguel Ángel.
-¡RAFA!- El menor gritaba pero Rafael se sentía impotente ante su oponente.
-Lo vez, no puedes hacer nada por ellos, no eres mas que un incompetente – Perrera lamió la mejilla de Miguel Ángel mientras el menor seguía tratando de liberarse, esto le da una horrible idea al can -Creo que… te dejaré ver lo que le espera a tu hermano – Y ante la mirada frenética de Rafael Perrera dejó caer a Miguel Ángel y se sentó sobre él para inmovilizarlo y comenzar a ahorcarlo.
-¡QUITATE DE ENCIMA! – Le gritaba del menor pero sus palabras se fundían en la nada.
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Ya sé que es corto pero de algo a nada, trataré de publicar cada semana o cuando me acuerde :D
