Las charlas largas nunca habían sido su fuerte, generalmente se tornaban aburridas y tomaban un rumbo que a ella le sabía amargo —pues odiaba con todo su ser hablar de cosas de nobles—, sin embargo con este chico, era un caso distinto. Habían pasado horas charlando, desde cosas tan superficiales como el clima hasta el sentido de su vida —bastante miserable en algún punto, llegaron a acordar—, con risitas cómplices y silencios únicamente cuando necesitaban volver a rehidratarse, entretenidos el uno con el otro únicamente a base de sus pensamientos y larguísimas oraciones.
Quizá la bella ilusión de sentirse amada por ser algo totalmente distinto a sus padres y ascendencia le había llamado la atención de Issei pero, si era sincera, se había tornado monótono —pero no de la forma en que piensas podrías pasar el resto de tu vida— y solo siendo uno de los ciento uno, una más en su harén, una más de sus conocidos, una más de los fuertes, una más de las que le daban problemas.
¿Tenía derecho a decir que estaba harta de ser solo una más? Él le había dicho que si, que había vuelto a su camino miserable en el destino de su vida, sin malas intenciones o ideas de conquista amorosa, solo en plan de un buen par de amigos que tomaban un buen café, ella estaba insegura pues le gustaba ese status quo que tenía, amaba su zona de confort y la idea de decir "ALTO" le aterraba, principalmente para ser sincera no veía un futuro con Issei... y debería de hacerlo ¿No? Es decir ya vivían juntos, ciertamente ninguno de sus malos hábitos le molestaba, pero había algo que no le permitía ser feliz.
—¿Entonces que es lo que me querías decir?
Cierto. Estaba muda frente a Issei buscando las palabras correctas para exteriorizar sus miedos e inconformidades. Paseó su mirada por toda la habitación en busca de algo más interesante que la mirada confundida de Issei.
—No puedo —siseó, y se preguntó si se refería a hablar seriamente con Issei, aceptar que había sentimientos por alguien mas o por seguir con su vida así.
—¿Qué pasa Rias? —normalmente se emocionaba como tonta cuando él la llamaba por su nombre, pero esta vez... nada, solo un seco "Ok" en su mente. Inspiró profundamente y por fin lo miró a los ojos.
—¿Estaría mal si yo quisiera a alguien más? —la sonrisa de Issei tembló pero aún así la mantuvo y cuando buscó decirle algo pero la voz se le fue.
—N-no —dudó en decir—. Es que, pues... tú no eres una lámpara para que no sientas algo, ni un objeto como para declararte de mi propiedad y... y... ¿Qué hice mal?
Se le formó un nudo en la garganta, porque si podía hacerle una lista entera, pero realmente no quería hacerlo sentir más miserable.
—Nada, Issei, nada.
Quería llorar y decirle que eso era eso precisamente lo que había hecho mal, no hacer nada, ella tenía que forzarlo a hacer casi todo en su relación —menos las cosas pervertidas—, suspiró y buscó las palabras correctas para finiquitar la relación.
—Es solo que... Se terminó, lo siento. Realmente no quiero seguir con... lo que sea que tengamos.
La mitad de su ser la estaba tentando para simplemente darse la media vuelta en ir directo a la biblioteca de la universidad a estudiar para lo que sea que tuviera que estudiar en Biología Molecular, pero luego estaba esa parte que si quería a Issei, esa que busca reconfortarlo y decirle que todo era mentira.
—¿Realmente quieres a alguien más?
Se podría decir que ella había sentido cierta atracción por Tobio, le parecía interesante, alguien que hasta cierto punto tenía definida su vida y no sólo sueños guajiros, como Issei, él no estaba a la espera del siguiente malo en turno. Aunque, no era que realmente sintiera algo como amor. Realmente no sabía ni lo que sentía o si estaba preparada para estar con alguien más.
—¿Si? No, realmente no lo sé, pero no quiero seguir en... esto —tomó aire y está vez si huyó cobardemente de ahí.
Y eso que pensó que le iba a ir mal en anatomía y resulto que psicología era la que la estaba haciendo sufrir. Gruñó mientras intentaba guardar el DSM-V en su bolso, ¿le serviría para estudiar? No tenía tiempo de pensar en eso por ahora, le estaba dando migraña y no deseaba permanecer más allí. Solo había hecho falta un día para que saliera de la mansión Hyoudou y pidiera asilo con Sona mientras que encontraba un departamento para ella sola, esa tarde finalmente lo había encontrado pero la mudanza —el estúpido chófer del camión de mudanzas— se había equivocado de dirección y había terminado en el otro lado de la ciudad.
—¿Tan mal te fue en el parcial? —alzó la vista encontrándose con Tobio, quiso no ser grosera y negar con una sonrisa pero la cabeza la estaba matando.
—La última semana en mi vida ha sido una mierda.
Tobio sonrió comprensivo, puso una mano en el hombro de la chica y empezó a hacer pucheros. Cuando pensó que solo iba a tomar aire y continuar como adulto con sus problemas, Rías se lanzó a su pecho a llorar.
—¡Ya no puedo! Regrésame a la época en donde solo me preocupaba que estúpido vestido rosita y esponjosito me iba a poner —inspiró profundamente y comenzó a acariciar el bonito cabello de Rias mientras que ella intentaba calmarse a la vez que soltaba ligeros «shhhh, shhhh, ya, ya, tranquila».
Sintió una pesada mirada y el bibliotecario los veía por sobre sus anteojos desde su escritorio. Cómo pudo tomó el bolso de Rias e hizo que salieran de allí, no quería tener problemas con el señor otra vez —las veces anteriores fue por quedarse dormido—, así que fueron directo al jardín de la Universidad.
—¡Vaya! Nunca te vi así.
—¡Es que realmente ya no puedo! Terminé con Issei y mis padres se volvieron locos. Ellos quieren que me casé si o si. Y yo, yo... además el estúpido camión de mudanza —gruñó y después continuó llorando.
—Rias, cálmate por favor.
—¡No! No lo haré en un buen rato, así que cállate y escuchar porqué tu eres el causante de todo este embrollo —Tobio la miró confundido.
—¿Yo? —se señaló así mismo—. Y yo por qué, ¿Qué hice o qué?
—Tu... con tu madurez y pláticas profundas. Tienes la culpa por ser la clase de chico con la madurez suficiente como para atraerme.
Tobio se quedó anonadado, entrecerró los ojos, ¿así de jodidamente fácil era enamorar a Rías? Con razón mando toda su planeada vida al carajo, quizá Issei solo le habló bonito y ya. Pobre chica, a pesar de todo lo que tenía solo le hacía falta una cosa insignificante, y esa era la que más jodía su vida, ahora entendía por qué Sona rodaba los ojos y se iba, si quizá la heredera Sitri vivía acomplejada por su cuerpo, pero joder tenía los pantalones bien puestos para hacer todo lo que se proponía, allí está de prueba el imponente edificio que había hecho con la finalidad de ser una escuela de Rating Games.
—¿Por qué eres así Rías? —siseó despacito para que no lo oyera, quizás era por el tono de pena en que lo dijo—. Lo siento pero no. Rias, estoy no es amor, es... que buscas todo lo que no tienes y quieres en alguien más.
Vaya que le dolió decir aquello, no era normal ir por la vida diciéndole a una chica guapa —y ese adjetivo se quedaba corto— que necesitaba quererse más. Suspiró y la tomó por los hombros, sonrió de lado no muy convencido.
—Dime una cosa, pequeña ¿Qué es lo que amas de ti? —Rias abrió la boca como ofendida y cruzó los brazos.
—Amo mí belleza, obviamente —Tobio alzó una ceja, realmente no le sorprendía aquella respuesta, lo esperaba de hecho. Suspiró y depositó un pequeño beso en su frente.
—Aun tienes que aprender mucho pequeña —y para Tobio la única forma de enseñarle algo a Rias era no caer en su juego, por muy cruel que sonara era ponerse como mamá ave y lanzar a sus polluelos desde el nido en lo alto de algún árbol para que aprendieran a volar.
—Pero...
—No. Nos vemos en genética, recuerda hacer el ensayo que dejó el profesor —dio la vuelta y caminó alegremente hacia la biblioteca.
