Había olvidado el desayuno de gala antes del primer encuentro, había olvidado lo que era el aburrimiento y en definitiva había olvidado un par de Aspirinas. No debió de beber tanto, ni gritar y nunca debió de haber escapado con Vali al mundo humano a un club nocturno donde estaba segura había fumado de una pipa de la paz. Con mucho sufrimiento se levantó de la cama y de su maleta sacó unos jeans negros, una camisa blanca, una chaqueta de mezclilla y unos Vans negros, vaya que había adorado la decisión de traerlos ya que ahora que lo pensaba andar con tacones en medio de una batalla era mala idea.
Fue a abrir las ventanas y de inmediato se arrepintió, quizá debería de agregar a su vestuario unos lentes oscuros. Si la cabeza no le matara iría directo a su habitación a despertarlo con una campana o una guitarra eléctrica y con su falta de práctica terminaría siendo un estruendoso ruido, dejó sus planes para hacer sufrir a Vali y decidió que era un buen momento para ir a desayunar al restaurante del hotel.
—Te ves horrible.
—Buen día para ti también Sona —siseo, masajeando sus cienes.
—Sabes que normalmente no creo en chismes, pero ayer, después de que te perdiste por cuatro horas y regresaste, tú te veías (a palabras de Akeno) follada y feliz —Rias arrugó la nariz, si realmente supiera que era "drogada y feliz" no estaría tan tranquila.
—No creas en ellos, solo estábamos estúpidamente ebrios.
—¿Durmieron juntos?
—¿Se ve como que dormimos juntos?
Quizá soltó aquella pregunta con más enojo del necesario, pero realmente necesitaba esa catarsis, sacar toda su ira y golpear algo, quizá cuando regresara al mundo humano iría al gimnasio de la universidad a golpear los sacos de box.
—Mira Sona, se que te preocupas por mí, pero en serio necesito estar sola ahora —dio media vuelta y saco los audífonos de su chaqueta para poner alguna de esas compilaciones de música indie que había descargado en YouTube, y después comenzó a correr, decidió que correr por todo el hotel haría que la tacharan de loca, así que fue directo a la salida y corrió. Corrió hasta que las piernas le ardieron, hasta que sintió que sus pulmones se desinflaban y su cabello se pegaba en su frente y cuello, después dio media vuelta de nuevo y volvió a correr hacia el hotel.
—Hola.
—Hola Tobio, adiós Tobio —y es que no iba a detenerse a que, esperaba ser perdonada por aquello tan infantil que iba a decir, rompiera su corazón con sus negaciones.
—Desde ese día me evitas.
—He tenido muchas cosas que hacer.
—¿Has visto a Vali por casualidad?
—Si, sujeto, masculino, dieciocho años, niega DM y otras enfermedades cardiovasculares o crónico degenerativas, consume alcohol y tabaco, niega tener vida sexual activa al momento del cuestionario.
—Te pregunté si lo habías visto hoy, no que dijeras su historia clínica.
—Ah, lo siento, pero no. Adiós.
Levantarse de la cama, ir a la Facultad, intentar comer algo, vomitar, volver a casa, tomar una ducha, rodar hasta las cinco de la mañana en la cama y repetir. Aquella se había vuelto su rutina en varias semanas, rutina que casi se había vuelto una senda de autodestrucción mental para ella, llevándola cada vez más y más al fondo.
Odiaba que el siguiente malo malísimo en la lista de «Queremos al Dragón Emperador Rojo» apareciera a joder algo tan tranquilo como el torneo de ver quién tiene la polla más grande. Por alguna azarosa razón presentía que al final de todo Issei y Vali de enfrentarían, poco importaba que de un segundo a otro ellos —el equipo del Dragón Emperador Blanco de la Estrella de la Mañana— terminarán siendo el equipo más poderoso del torneo, Issei y su estúpida cabezonería que rozaba en la línea de lo valiente iba a encontrar una forma de darle un gancho al orgullo de Vali que le hiciera ganar.
Dejando su debraye ya había planificado una buena forma de dejar al universo solo, adoraba que su facultad estuviera frente a una vía rápida de carrera que llevaba al próximo pueblo, tal vez podría cruzar la calle sin mirar cuando algún auto pasara y la arrollara a toda velocidad era una buena idea. También le fascinaba la terraza de la misma facultad, quizá podría lanzarse de ahí y dejar marcada a la facultad, posibilidades, a cada segundo las veía, más cercanas, más reales, más difícil de hacerlo porque era una cobarde o la rutina de nuevo tomaba el control haciendo que mirara a ambos lados al cruzar la calle, evitando la terraza y yendo directamente a su salón a hacer nada mientras que las clases iniciaban, manteniendo esa sonrisa, convenciendo a todos que todo está bien.
Era una cobarde y por eso había ido a conseguir un mango para bisturí número tres, una hoja para bisturí número doce —porque pensaba ser masoquista, como no— y lidocaína al cinco por ciento. Había pasado media tarde en la biblioteca de la facultad para investigar cómo hacer aquel procedimiento e incluso les había preguntado a unos cuantos compañeros de grados superiores y maestros. Tenía que ser rápida y precisa o temía perder la movilidad de ambas manos.
Fue a preparar su tina para darse un baño, vertió un poco de shampoo corporal con olor a frutos rojos, conectó los altavoces a su teléfono y puso el mix de YouTube de Louis Armstrong encendió un par de velas, después llevó todo lo necesario para su celebración y lo colocó a un lado de la tina en aquel mueble donde guardaba las toallas.
También buscó aquella botella de vino que había comprado en el supermercado mientras hacía la despensa. Ató su cabello en un moño alto, con tranquilidad y al ritmo de "A kiss to build a dream on" se deshizo de su ropa, tarareó feliz la melodía, sirvió un poco de aquel vino tinto en una copa y degustó un poco antes de entrar a la tina, tomo su medicación y continuó disfrutando de aquella adorable tarde en soledad con la lluvia y Louis Armstrong amenizándola.
—Hoy es el día.
27-08-2019
