Tras la cuarta llamada Vali realmente se asustó, comprendía que Rias no le contestara en horario de clases, ella misma le había advertido que ponía su celular en modo No molestar, pero al salir ella le devolvía la llamada, además en la mañana no le había respondido su mensaje de Buenos días, siempre le respondía, mínimo con un emoji.
Algo le inquietaba bastante, se había comunicado con Tobio y sabía que ella había estado en la facultad, pero aun así algo estaba mal.
—Hyoudo —habló firmemente cuando notó que era él—. ¿Has visto a Rias? —el chico hizo un mohín como enfadado y negó.
—Deberías de cuidar a tu chica —le gritó con cizaña Akeno, él apretó la mandíbula y masajeó el puente de su nariz.
Realmente no tenía la paciencia para explicarle de nueva cuenta que una chica y un chico podían llevarse de puta madre sin tener una relación sentimental de por medio.
La última vez que intentó explicarle, la Sacerdotisa le gritó que no soportaba ver la infidelidad de Rias y que la tomara por idiota al negarlo, luego abandonó el equipo cual niña inmadura a la que no se le presta atención. Rias intentó detenerla y explicarle de nuevo, él encogió los hombros y llamó a un amigo de Harvard para que le ayudará en aquel asunto del torneo, esperaba que aquel chico fuera un alma caritativa.
Caminó con rumbo al departamento de Rias con la esperanza de encontrarla y acallar aquellas voces en su mente que le gritaban con fuerza que la chica se encontraba en peligro.
Desde aproximadamente un metro de distancia de la puerta principal podía escuchar música reproducirse el interior del departamento, una cosa rara más, pues la chica prefería escuchar la música con sus cascos, pero debía de confiar en Happy Together, ¿no?
—Rias —la llamó desde la sala. «No es una humana normal, olvida los secuestros y robos»—. Rias —la volvió a llamar, con la voz temblorosa y acercándose a su habitación. Sentía el latir de su corazón en la garganta, como esperando a salir cobardemente de su pecho por aquel lugar.
No había nadie en la habitación, pero lo que ahí encontró no le daba buena espina; había una bolsa de una distribuidora de hospitales. Se acercó con miedo, miedo de saber que ahí hubiera un ticket con una docena de frascos de Rivotril. Casi respiró aliviado cuando notó que se trataba de un mango para bisturí y la hoja, suponía era para alguna práctica en la Facultad ¿no? Hasta que revisó la bolsa y estaba vacía.
Escuchó un chapoteo del baño, con temor se acercó al lugar y tocó la puerta.
—Rias, estás duchándote, ¿verdad?
Temía que si entraba en el baño ella terminará asustándose y enojada con él. Aunque el poco sonido en el baño estaba crispándole los nervios.
—Rias por favor —la voz se le cortó y la vista se le nubló. Sabía que Rias no estaba bien, pero... no. Ella era sensata y no haría tonterías (como él), ella tenía personas que se preocupaban por ella (no como él). Intentó respirar y con cuidado se dirigió al baño, prefería que ella se enojara con él, ya encontraría la manera de contentarla. Iba a tomar el picaporte cuando decidió preparar su teléfono con el número de emergencias—. Rias, voy a entrar —titubeó de nuevo y abrió.
La mitad de él estaba tan aterrado y la otra desearía nunca haber abierto.
—Esta es la línea de emergencia, que es lo que necesita.
—Una... una ambulancia, por favor —acomodó su teléfono entre su hombro y su mejilla, su mirada barrió toda la habitación. Todo, todo allí indicaba que ella...
—Dirección.
—Si, si... es, es en x-x-x xxxxx xxxxx, Kuoh. Por... por favor rápido.
Colgó y guardó el teléfono en su chaqueta, regresó corriendo a la habitación y quitó el edredón de la cama, fue al baño y sacó a la chica de la tina.
No sabía si decir que por fortuna o no, sus muñecas aún estaban sangrantes, toda el agua de la tina se encontraba color carmesí, y ella, por las barbas de su tatarabuelo, ella estaba azul, con desespero abrió todos los cajones que había en el mueble donde se encontraban las pruebas de lo que había hecho, hasta que encontró un paquete de toallas sanitarias. Una vez que las encontró, tomó dos de ellas, las abrió y las enredó en sus muñecas, esperaba que el sangrado se detuviera un poco.
—No me hagas cantar la Macarena, no me hagas cantar la Macarena —sollozaba entre lágrimas, después hizo que su cuello quedará extendido hacia atrás y trató de oír su respiración. Estaba ausente, las lágrimas corrieron por sus mejillas, pero era obvio lo que pasaba, acomodó su cabeza a un lado y comenzó a hacer RCP—. Rias por favor, ¿por qué?
01-09-2019
