No podía más que observar sin ganas el biombo que cubría su cubículo, a decir verdad, por un momento pensó que Rias solo estaba abrumada. Después de todos los chismes, dimes y diretes él también había terminado hastiado de todo el Inframundo hasta su próxima vida, pero ¿llegar a un intento de suicidio?
Los ojos se le aguaron de nuevo, sabía que todos tenían marcas, terribles, oscuras y profundas, no esperaba que las de Rias fueran tan graves.
—Eso es todo joven Morningstar, pase al comedor por su comida. Si siente algún malestar puede llamar a cualquier enfermera —asintió cortésmente y se levantó con cuidado y salió del departamento de hematología para ir a la cafetería, no se sentía muy bien sino iría directo a la habitación de Rias.
Su celular vibró. Esperaba de todo corazón que no fuera la familia de Rias jodiéndolo. Qué no lo mal interpretarán, él realmente quería que su familia estuviera allí, pero le iba a joder la existencia si solo mandaban un mensajito de: "¿Y cómo está Rias?" Si solo le mandaban aquello se iba a enfadar y explotar muchas cosas.
Por fortuna para su salud mental y la integridad estructural del territorio Gremory se trataba de otra persona.
❝ Estoy en el aeropuerto de Osaka, dijiste que vendrías por mí ;-; ❞
Rodó los ojos, había olvidado por completo a su ¿amigo? Decidió que en vez de mandarle mensaje le iba a llamar.
Idiota, idiota, idiota. No sabía por qué había vuelto a confiar en ella, ya le había fallado una vez, había cagado una vez a su familia, aquella que tanto le había costado construir, evitando con uñas y dientes que cualquier otra pudiera tener un descendiente, no ella no cometería el error de Misla.
Entró cual elefante a una vidriera a la habitación donde se encontraba su preciada hija. No le importaba el pálido color de su piel, los huesos que se asomaban en sus clavículas o las vendas que cubrían sus muñecas. Tampoco le importaba el chico durmiendo en el reposet en la habitación, con un juguito de cartón y un sándwich a medio comer sobre su estómago.
—¿Qué estupidez hiciste Rias? ¿Qué mierda tenías en la cabeza?
A Venelana no le interesó nada y se dedicó a jalonear a Rias, había arruinado todo por lo que había luchado, había humillado a Riser Phenex y lo había cambiado por un estúpido humano con una suerte magnífica, y ahora lo había cambiado por un huérfano sin pena ni gloria.
—¿Por qué no puedes hacer nada bien?
Vali despertó asustado y estuvo a punto de levantarse a sacar a la mujer a rastras, pero aún se sentía como una mierda, sabía que donar un litro de sangre no era buena idea, toda la habitación le dio vueltas y se mantuvo sentado en el sofá.
—Por la misma mierda que le está gritando —habló levemente.
Venelana volteó iracunda a ver al mestizo. Vali también le sostuvo la mirada, no se sentía especialmente bien, pero no iba dejar a su amiga. La reacción de Venelana no fue buena, casi podía ver el humo salir de las orejas de la mujer. Él, por otra parte, sabía que tenía una cara de mierda, pero aun así mantenía su cara de burla.
—¡Ah! Y también me debe la vida de su hija y un litro de sangre —soltó jocoso y después se volvió a recostar en el reposet—. Así que me conformo con que salga lo más silenciosamente que pueda de la habitación y vuelva cuando no esté en este estado de estupidez extrema —la mujer bufó iracunda y se dirigía con paso firme a él.
—Todo está bien madre —susurró Rías con voz rasposa.
—¡Nada está bien! ¡Nunca haces nada bien!
—Tendré al Inframundo para mí, y tal vez los otros tres. Mi hermano y el resto de los Reyes Demonios tomaron sus previsiones madre, ustedes están fuera. Tú estás fuera, siempre estuviste fuera.
—¡Yo nunca estoy fuera!
—Lo estás.
—¡No tú lo estás! ¡No serás más parte del clan no tienes...
—¡Ves! Esta es la oportunidad perfecta de volver a restituir mi clan, Sirzechs está de acuerdo, yo estoy de acuerdo, tu ocuparas el próximo puesto de Lucifer y yo me ocuparé de mantenerte a salvo y quitar del camino a quien quiera evitar eso —lentamente se levantó del sofá y encaró a la mujer.
—¡No harías eso niño!
—Rias de Lucifer, matriarca absoluta del clan, sin ninguna otra mujer... a menos que...
—Todos ustedes son iguales hasta que encuentran otra mujer.
—Soy hombre de una sola mujer. Hablaba de hijas... hijos también, quizá un par de mascotas —Rias sonrió levemente.
Vali solía tener un discurso del cual temer, un discurso que le había dado a Akeno, un discurso que había redactado y publicado por todo lo alto en el Underbook burlándose de todos aquellos quienes habían apoyado y se habían involucrado en el chisme de La pareja cornuda del año, un bello y cruel discurso que le había regalado a su nobleza antes de unirse a su grupo oficialmente, un discurso que definitivamente no presagiaba nada bueno, el discurso de un verdadero Lucifer.
—Pero...
—Rias puede cumplir a la perfección el rol de la matriarca de la sangre original, quien sigue los pasos de Luzbel, quien no se guía de absurdas y elitistas reglas, quien acepta el camino del libre albedrío, lo que mi tatarabuelo deseaba —el ambiente se tornó pesado, pocas veces había sentido aquello, con Rizevim, con su hermano, con Issei, pero a diferencia de aquellas ocasiones no sentía el poder y la ira descontrolados, además que había algo parecido a...
—Recomendaría que empezará a tratar mejor a su familia —sabía que Vali tenía ocho pares de alas, las había visto, pero frente a ella estaba el mismo chico que un año atrás había visto con ocho alas demoníacas convertidas en preciosas alas dignas de un arcángel.
—Tu eres... tu eres...
—La viva imagen del Lucifer original —avanzó lentamente hasta quedar frente a frente—. Tienes suerte de que Sirzechs sea un líder carismático y buen negociador. También tienes la desgracia de haberlo conocido y saber las reglas —la mujer rechinó los dientes, agachó la cabeza y después se retiró. Vali suspiró profundamente, sus labios estaban completamente pálidos, él parecía cansado, débil, todo lo contrario a lo que siempre parecía.
—¿Vali?
—No lo vuelvas a hacer mientras duermo, no permitiré que mueras —cerró los ojos y se desplomó.
05-09-2019
