La supuesta reunión de máxima prioridad era una estúpida fiesta de disfraces, salió enfadado del lugar, con Akeno a rastras y fue a buscar un disfraz.

—¿Qué te parece esto? —le mostró un conjunto de conejita—. Te verías sexi con un pijama de seda —lo abrazó y se dedicó a hacer figuras imaginarias en su pecho—, una gorra de capitán y una pipa —gruñó complacido y tomó la otra parte del disfraz en pareja.

—¿Haremos algo más con esto? —Akeno sonrió con intenciones sexosas y fueron directo a la caja a pagar.


Todos se estaban arreglando con premura metiéndose en elegantes trajes almidonados de época y bonitos vestidos con encaje y holanes, además de maquillaje de catrines.

—Joven Ikal, ¿Por qué una reunión con sus superiores estaría decorada tan... así?

—Bueno se suponía que el señor Tezcatlipoca debería de regir esta reunión, pero se atravesó una guerra florida y bueno, él tiene que dar su bendición así que no pudo venir y mi señor Mictlantecuhtli es quien apoya a...

Las puertas del salón donde sería la recepción se abrieron de improviso, mostrando a Issei y Akeno con sus extravagantes atuendos. A Ikal casi le da un paro cardíaco al verlos. Poco después la puerta se abrió de nuevo y el chico se inclinó nada más ver las siluetas.

—¡Señores del Mictlán ofrezco mi vida a causa de mis errores! Lamento mi ofensa y pongo mi alma, cuerpo y sangre a sus órdenes.

—Me honras gatito, pero no soy una diosa, solo soy un demonio —con temor levantó la vista encontrándose con Rias, ataviada con un bonito vestido negro, antiguo de algodón con holanes en las mangas y al final del faldón, su cabello antes rojo como la sangre lucia de un precioso negro azabache que le recordaba a la noche más oscura, coronado con rosas profundamente rojas de las cuales surgía un velo de encaje francés que lo cubría, para finalizar su maquillaje, como el del resto era de catrina, adornado con detalles de rosas rojas como las de su cabello en su barbilla, mejillas y ojos resaltando el bello azul de sus iris.

—Ah~ señorita Rias, me asustó, ustedes, ustedes lucen bien —luego fijó su mirada en Vali. También había teñido su cabello de negro azabache, aunque con ligeros mechones plateados. Vestido con una camisa blanca, un chaleco y pantalones negros, muy parecido al que usan los mariachis, pero con decoraciones menos ostentosas, su maquillaje era únicamente en blanco y negro con pequeñas decoraciones parecidas a gotitas en la frente y barbilla—. Los señores del Mictlán estarán muy complacidos con ustedes —miró al resto de los presentes—. Con casi todos de hecho —miró a Issei y Akeno con desprecio.

—Pues dijeron que era una fiesta de disfraces de Halloween —soltó con burla Akeno.

—Muy norteamericano deformado del All Hallows Eve, que proviene del Samhain, una tradición celta, un culto que se ubica en Europa Occidental y hasta cierto punto muy... catolizada —explicó Vali batallando con las mancuernillas de oro blanco, en forma de óvalo, con un detalle azul y las leyes "VL" en ellas.

—¿Samhain?

—Mi madre tenía, ciertas costumbres.

—¿Bruja?

—Supongo o algo así relacionado con la Wicca. Recuerdo más que nada celebrar Yule, son recuerdos difusos —Ikal se iba a aventurar a preguntar más cuando el chillidos de un águila le interrumpió.

Una de las ventanas se abrió y por allí entró una preciosa águila real que se posó al centro del salón y luego tomó forma humana. Para desgracia de Ikal aquello significaba que sus señores se encontraban cerca, cual soldado saludo a la mujer que había entrado.

—En nombre de los Señores del Mictlán me presento, soy Yohualli Coaxoch, sargento de la legión de guerreros águila al mando del Señor Tezcatlipoca —Ikal se adelantó hasta donde la chica se encontraba.

—Todo está preparado para la llegada de los Señores del Mictlán, sargento —al instante ella sonrió con burla mirando a las únicas dos personas que desentonaban—. La etiqueta es una norma muy importante, soldado —la chica hizo aparecer entre sus manos una concha que hizo sonar fuertemente y después retomó su forma de águila para irse cómo llegó.

—¡Ustedes dos! —se dirigió con ira a Issei y Akeno—. Más les vale vestirse como lo estamos el resto —ordenó.

—¿Quién te crees tú para dar tales órdenes? —gruñó Issei hacia Ikal.

—¡Bien estúpido niño! Ten atuendo de padrote con su puta —señaló a Akeno—, pero no vas a arruinar esto solo por berrinche de no tener a la rosa más bonita de todo el jardín en tu putero, porque apareció un jardinero nuevo que en verdad se dedica a cuidar todo el rosal para evitar que la plaga lo haga marchitarse —esta vez señaló a Vali y a Rias, quienes se mantenían en silencio—. Y la próxima vez que salgas corriendo como marica asegúrate de escuchar todas las órdenes, órdenes que no sé si te diste cuenta la sargento dio y ella está al mando los Señores del Mictlán quienes vienen a firmar el acuerdo de paz, y si eso no sucede y vamos a la guerra, ¡yo mismo me encargaré de atraparte y abrirte el pecho para ofrendarle tu cobarde corazón al Señor Tezcatlipoca!

Muy atrás de ellos todos los jóvenes demonios, los ángeles y caídos los observaban sorprendidos y ciertamente un poco aterrados. Akeno miró a la puerta e hizo un puchero.

—¡Padre él me llamó puta! —Barakiel intentó no desviar la mirada de su hija con decepción, pero terminó haciéndolo, ella gimió sorprendida. Ciertamente entendía por qué actuaba así, pero esto ya había llegado a niveles extremos.

—Es que lo pareces hija.

—Pero somos...

—No —la corto tajantemente, no iba a soportar uno de sus berrinches en aquel momento—, no en ocasiones cuando requiere seriedad. No cuando es potencialmente posible que la paz se extienda a todo el mundo.

—Solo son dioses menores...

—Que hicieron que el Vaticano dejará a todo un país alabar a una diosa por qué no tenían los medios necesarios para detenerlos y terminaron diciendo que era la Virgen María. ¡Y solo les bastó con una imagen y una docena de rosas! —Vali se carcajeó y fue directo a la mesa de bebidas porque necesitaba un trago para no salir corriendo cuando Mictlantecuhtli llegará, la última vez que lo había visto muchas cosas pasaron por su mente y ninguna de ellas le traía buenos recuerdos.

—¡Eso no es cierto!

—No, el señorito Vali tiene razón —respondió apenado Michael—, ese lado de la tierra fue el más reacio a separarse de su cultura, y con toda la curiosidad que tiene medio mundo por su cultura y tradiciones se vuelven cada vez más fuertes.

—Sin contar que desde los doce años todos los niños pertenecientes a las élites guerreras entrenan física, mental y espiritualmente para servir al Señor de la Guerra, si bien hay muchos que no seguimos su culto, estamos obligados a mantener el mismo nivel que ellos —respiró hondo dio media vuelta, si seguía viendo su ridículo atuendo le iba a atravesar su macuahuitl hasta que todas las piezas de obsidiana que lo conformaban se clavasen en su cuerpo, seguramente casi desmembrado—. Si quieres usar tu estúpido gorrito de marinero adelante, pero va a ser con un traje digno, no con tu pijama —caminó también a la mesa de bebidas con la mandíbula apretada—. Es estúpido, no fuerte. Entrenarás el doble de duro, mis Señores no aceptarán ninguna derrota y menos contra un payaso inmaduro así.

—¿Qué hay de la pasada?

—Me sirvió para ver qué tú y Rias son los inútiles que no saben pelear sin magia —un golpe le llegó desde atrás y luego Rias se colocó entre ellos dos.

—Te oí.

—Lo siento mi reinita, pero es la verdad, son unos genios usando magia, pero para defenderse a trompadas nada más no funcionan —ambos rieron y tomaron los tres al mismo tiempo.


El agradable olor a cempasúchil y a dulces era todo lo contrario a lo que recordaba de la última vez cuando en medio de sus sueños, Mictlantecuhtli apareció. Aquella vez le parecía más intimidante y hasta cruel, salido de una de esas películas de terror donde masacraban gente. Quizá estaba paranoico, pero no alejaba su vista de Rias y su nobleza, temía que Issei se acercara a ella y le dijera algo que la hiciera sentir mal. No quería que nadie dañará a su pequeña rosa roja como la había denominado Ikal, sonrió y volvió a tomar su vaso con whiskey y justo cuando se iba a levantar del lugar en su mesa alguien lo tomo de los hombros y lo sentó.

—¿A dónde vas, cariño?

—Largo de mi vista —replicó quitándose las manos de Akeno de sus hombros—. Tu putidisfraz no funciona conmigo —y es que se había cambiado por un vestido cuyo escote era estúpidamente prominente, sospechaba que había usado un poco de pegamento para evitar que se bajara más y mostrará sus pechos, se levantó todo le dio vueltas, aun así, tomó su vaso y con pasos lentos pero firmes se dirigió a donde Rias.

—Señorito Vali —siseó venenosamente la madre de Rias, en ese momento no recordaba su nombre, pero si podía notar que estaba siendo torturada por no ser la única y favorita del padre de Rias ya que esta vez traía a alguien más de su harén.

—Ah~ Lady Gremory, mi estado etílico me obliga a querer molestarla, pero los modales hacen al hombre, así que no lo haré —en aquel instante Rias colocó sus manos en el brazo del chico. Volteó la mirada a ella quien, solo con eso le decía todo, pero él estaba bien (ebrio). Con un gesto despreocupado el negó y luego pasó la mirada a Zeoticus—. Me alegra verlo por aquí Lord Gremory, hacía tiempo que no lo veía, y señorita...

—Es Svetlana —le susurró Rias al oído.

—¿Svetlana? —preguntó con picardía y la mujer rio y asintió dándole la mano, él la tomó con firmeza, no iba a besarla o algo así, pero si iba a ser cortés—. Es un gusto que hayan podido acompañarnos.

—Oh jovencito, ¿acaso usted es el prometido de la señorita Rias? —ambos sonrieron apenados.

—Me temo que no, yo soy Vali Lucifer. La verdad le tengo miedo al éxito y por eso no pido la mano de Rias —le guiñó el ojo a Rias y ella aguantó una carcajada—. Sería un duelo a muerte con cuchillos muy épico si eso pasará y el mundo no está preparado para ello —los dos jóvenes soltaron un carcajada—. Por ahora solo somos socios.

—No me parece que seas un buen prospecto para mi hija —gruñó Venelana, Vali clavó su vista en ella y tomó el último trago de su vaso, estaba consciente de que en ese estado su cerebro no carburaba bien, pero le apetecía más la verborrea que un vómito real.

—La verdad es que no. Pude haberme conformado con ser el hijo adoptivo de Odín, pero no, ahí voy yo a meterme hasta el otro lado del mundo con la muerte. Soy un huérfano extraño, la verdad —Venelana se quedó fría al escuchar aquello y luego viró la mirada al chico que se dirigía a ellos, Issei estaba más que cabreado por ver como Rias y Vali estaban juntos.

—Issei.

—Madre —le respondió con una sonrisa que guardaba un odio directo a Vali. Una tonada a guitarra recorrió el lugar. Vali ignoró a Issei por qué estaba seguro de conocer aquella canción. Si, era aquella que le había encantado desde que un día había llegado al departamento en Boston e Ikal la tenía puesta en los altavoces—. ¿Qué haces aquí Vali?

Pero él no respondió estaba más ocupado disfrutando de la melodía—. Ay de mí llorona... —siseó—... el que no sabe de amores, no sabe que es martirio —Rias miró embelesada como tarareaba, debía de admitir que tenía una bonita voz, una que entraba en su corazón y lo hacía sentir apapachado—. ¿Quieres bailar? —le preguntó cómo buscando salir de allí, ella asintió, no esperaba bailar aquella canción o cualquier otra, las reuniones en el Inframundo eran muy rígidas y aburridas (7 rings se lo recordaba). Lentamente se acercaron a la pista de baile, él le tomó firmemente de la cintura y ella pasó las manos por sus hombros y se mecieron lentamente al compás de la música—. Tápame con tu rebozo, llorona, porque me muero de frío...

Alzó le vista encontrándose con la azul mirada de Vali realzada por la pintura negra en sus párpados. Parecía que le cantara una nana, algo le decía que le dedicaba aquella canción, dándole un toque muy íntimo con su voz, solo para ella, directo en su oído y distinto al de la cantante en los altavoces, recargó su cabeza en su hombro dejándose llevar por el sonido de la guitarra.

—¿Qué dices si pido tu mano?

La melodía terminó dejándola a ella con las palabras atoradas en la garganta, cuando una nueva melodía acompañada de un acordeón empezó ella alzó la vista y volvió chocar miradas con Vali. La melodía era completamente distinta a la anterior, pues se trataba más bien de una canción de despedida, sin embargo, los primeros dos versos le calaron en el alma.

—No estás sobrio.

—Si bueno, estando sobrio las palabras no saldrían y tampoco es como si fuera a retar a Hyoudo así de la nada, porque entre nosotros no hay nada.

—¿En serio no lo hay?

—Nada oficial, pero sabes que hay muchas cosas —Rias sonrió tiernamente, qué ganas tenía de plantarle un beso allí frente a todos, qué ganas tenía de asentir, pero esta vez no buscaba que gritara a los cuatro vientos que ella sería únicamente de él, pues con tan solo aquella mirada se lo demostraba y solo le bastaba aquello.

—Las hay —confirmó, Vali sonrió y aquella sonrisa fue coronada con los acordes de un violín acompañado de una guitarra, su velocidad en mecerse aumento un poco justo con el compás de aquella canción y él sonrió.

Solo faltan un millón de primaveras, después eso no volveré a molestarte —cantó igual que el intérprete con alegría. Ella también soltó un carcajada y todos los demonios les clavaron las mirada como si estuvieran locos, los invitados por otra parte observaban maravillados a la única pareja que se había aventurado a bailar.


—¡Morrigan tiene razón!

—Rara vez se equivoca esa mujer, esposa mía —el dios miró directamente a Ikal—. Dile al niño que es hora de hablar —el muchacho asintió y fue directo a donde los dos chicos se retiraban, veía que volvían a donde los padres de Rias, donde su madre y el Rojo los esperaban con cara de pocos amigos. Pocas veces lograba salvar a alguien de un momento incomodo, pero esta vez sus señores habían dado en el clavo.

—Vali, Rias —todos volcaron sus miradas ante el llamado del joven que había permanecido junto Mictlantecuhtli desde que había llegado—. Mis señores quieren hablar con ustedes.

—¿Para qué? —respondieron al unísono. Ikal encogió los hombros, asumía que era para seguir con el asunto de la profecía, pero no iba a hablar de aquello frente a los non gratos.

—Creo que de trata acerca del torneo. Nosotros llevamos haciendo esto cerca de quinientos años, pero a escala masiva, creo que sabemos un poco sobre peleas falsas que parecen muy reales, y juego de pelota también, pero ese es otro asunto, ¿estoy divagando verdad? —ambos chicos asistieron.

—Bueno, realmente no fue un placer encontrarlos, buen quizá solo un poco, pero solo por la señorita Svetlana que se portó muy cordialmente, el resto no. Adiós —se alejó de los Gremory y caminó a pasos rápidos. Rias por otra parte solo sonrió levemente dio media vuelta dispuesta a correr directamente hasta el otro lado de la habitación si eso implicaba no estar cerca de su feliz familia.

—No nos quieren para eso, ¿verdad? —le preguntó ella a Ikal y el chico negó.

—Hay algo que deben saber, pero no me corresponde decírtelo —llegaron con premura a la mesa donde ambos dioses del Mictlán se encontraban—. Mis señores —se arrodilló ante ellos, de inmediato se levantó y presentó—, los jóvenes Vali Lucifer y Rias Gremory.

—Es un placer conocerlos en persona —ambos tragaron en seco y se miraron. «A él también le pasó» se preguntó Rias, una parte de ella había dejado de sentir una carga de estar medio loca y que la medicación no estuviera funcionando. Sonrieron levemente y Rias fue con Mictecacihuatl y Vali fue con Mictlantecuhtli.


28-09-2019