❝ Minutos antes de la reunión ❞
Él no estaba de acuerdo que de un momento a otro su hermana se relacionara de forma tan íntima con el que antaño había sido declarado como un traidor, sin embargo negar los recientes hechos era inútil. Apretó los puños y desvió la mirada de ellos dos, luego miró a su esposa quien también se encontraba estupefacta. Al parecer ninguno de los dos encontraba las palabras para expresar su preocupación sin que pareciera un regaño.
—¿Y tú que tienes que ver en todo esto? —Vali se removió incomodo en el asiento y desvío la mirada.
—Fui yo quien la encontré.
Sirzechs estaba confundido, desde hacía tiempo notaba que el chico demostraba cierto interés hacia su hermana, le parecía muy bonito y todo pero no podía negar el hecho de que Rias aún estaba comprometida con Issei, un compromiso que él mismo propicio y que no podía romper por mero capricho, otra vez. Miró a Vali y lo descubrió viendo a Rias con una tristeza infinita, como deseando nunca haber visto aquello.
—Y le dije a su madre que nosotros salíamos —Rias volteó sorprendida, creía que aquello eran alucinaciones suyas producto de la lidocaína que se había inyectado—, y que posiblemente serias la matriarca del Clan Lucifer —luego miró a Sirzechs—, que tu habías dado el permiso de revivir al clan —ambos gimieron sorprendidos.
—Ahora entiendo por que estaba de un humor de perros —Rías bajó la mirada.
—No creo que esté así solo por lo que dijo Vali, después de todo ese es su plan, ¿no? Tener un clan completo para ella sola, sin ser la sombra de nadie —Sirzechs se quedó en silencio, se recargó en su silla y miró fijamente a su hermana.
—¿Lo sabe? —Rías bajó la mirada—. ¡Ay por Satán! No debía de enterarse hasta que pasará.
—Me corrió del clan de todos modos —ambos suspiraron derrotados. El único que no parecía preocupado era Vali, Rias enfocó su vista en él y aquella memoria volvió—. Tu tenías alas de ángel, como las de Michael.
—Las tengo, pero esa parte de mi aún es difícil de controlar —Sirzechs miró sorprendido al joven que estaba completamente despreocupado.
—Eres igual a...
—¿Mi bisabuelo? Si, pero eso y Albión me costaron mi infancia y mi madre.
—Por lo que oí de Azazel, ella está bien.
—No lo sé.
—¿No confías en Azazel?
—¡Pero claro que lo hago! Pero mi madre es un asunto... raro —tenía recuerdos vagos, que estaba seguro no eran muy buenos pero tenía la esperanza de poder ver a su madre otra vez, algún día, en el futuro. Sirzechs notó aquella mirada perdida de Vali, llena de añoranza y tristeza. No quiso indagar más, a él no le correspondía hacerlo, sin embargo notó como su hermana tomaba una de las manos del chico y le brindaba leves caricias en busca de reconfortarlo, sus celos de hermano volvieron y frunció el ceño.
—¿Entonces no son nada? —Grayfia le picó las cosillas como advirtiéndole que por ese camino no debería de meterse.
—No hermano —aclaró ella, aunque Sirzechs los miró con los ojos entrecerrados con un "aún" en la punta de la lengua, recordaba aquello que Azrael había dicho.
❝ En la reunión ❞
Michael era un ser de fe, para eso lo había creado su padre, pero había veces en las que no podía evitar cuestionarse todo en su vida y el universo. Durante aquellos momentos pasaba mucho tiempo observando el sistema, dándole vueltas y vueltas a sus pensamientos del porqué de todas las cosas que su padre había creado.
El conocer a otros dioses siempre le causaba una tremenda curiosidad. Por eso cuando Mictlantecuhtli arribó al salón donde la reunión se llevó a cabo se acercó lentamente a él con una sola duda en la mente.
—Señor Mictlantecuhtli —llamó la atención de del dios, este le miró intensamente con sus ojos de estrella y asintió para que siguiera hablando—. ¿Por qué ustedes no tienen un cielo o un infierno? —Mictlantecuhtli suspiró y tomo un poco de su bebida lechosa.
—No hace falta —respondió con simpleza, aún así en la mirada del Arcángel había confusión por lo que procedió a explicar—. El Mictlán, donde van la mayoría de nuestros difuntos, es un lugar de descanso, no de castigo o premiación —Michael rascó levemente su barbilla.
—Pero ustedes tienen límites, ¿no?
—Ciertamente, pero no se puede hacer una clara línea limitadora entre la gente buena y la mala, ya que nadie, ni ustedes o nosotros, somos completamente puros siguiendo un solo lado —Michael se quedó aún con dudas.
—Entonces, cualquier persona puede hacer los que se le venga en gana y aún así nada pasará por que al final irá al Mictlán a descansar —Mictlantecuhtli bebió otro trago y después se dispuso a contestarle.
—No mi pequeña palomita —normalmente a Michael le molestaba que le dijeran así, pero con el dios no podía poner una mal cara, no por su estatus, sino por la forma tan dulce en que se lo había dicho—, una persona debe ser amable, generosa y humilde por su iniciativa propia, porque nace de su corazón y no de una posible recompensa. Lo haces por que buscas estar bien contigo mismo y con los demás —Michael volvió a rascar su barbilla.
—Vaya, me agrada su pensamiento Señor Mictlantecuhtli.
❝ Mictecacihuatl y Rias ❞
Solo había oído su voz entre sueños, le parecía dulce pero no tanto como ahora, teniéndolo enfrente, con su apariencia de calavera con un vestido muy pomposo.
—¿Por qué estoy aquí? —preguntó tratando de desviar la mirada de donde su madre se encontraba.
—No dejes que sus malas energías te contagien cariño —Rías suspiró derrotada.
—Es mi madre, no es como si pudiera poner el comando de Forzar cierre y Desinstalar como en mi teléfono, además a ella no le hace ni un poco de gracia que este Vali.
—¿Y realmente están? —Rías frunció un poco los labios, ella lo había detenido un par de veces en ese mes, mientras que el anterior le había soltado un: ¿Si salimos? directo en la cara.
—No lo sé.
—Hace rato, en la pista de baile, no parecía eso.
—No he querido que seamos nada —le confesó, jugueteo un poco con sus manos, donde llevaba un par de guantecitos que cubrían las rojizas marcas de bisturí que había usado—. Cuando empezamos a hablar yo no pretendía enamorarme, no de él, al menos. Pero de pronto ya éramos amigos y yo me preocupaba absurdamente por que el no se enterara de eso, él... realmente comenzó a importarme más de lo que debería. Y entonces...
—¡Ay mi niña! Se enamoraron de la peor forma —Rías abrió los ojos alarmada por aquella declaración—. Si, fue esa donde todo toma tiempo, va despacio y se va metiendo lentamente en tu vida, como la muerte, lastima que no haya escapatoria.
—¿No la hay?
—Lo dudo. Para este punto, como hablas de él, ya te enamoraste hasta de su alma —Rías abrió la boca incrédula, buscando algún argumento para negar aquello, Mictecacihuatl sonrió y miró a Vali—. El es un chico muy guapo.
—Vaya que lo es —secundó Rias—. También en muy atento y trata de nunca hacerme sentir sola. Antes de que viviéramos juntos me mandaba un mensaje de buenos días.
—¿Y ahora? —una expresión de temor de apoderó del rostro de la Dama de la Muerte, sin embargo el suspiro de Rias la calmó un poco.
—No hablamos mucho, a decir verdad, pero nos sonreímos al encontrarnos en la cocina, en ocasiones el preparar el café y yo crepas.
—¿A sí?
—Si, le encantan las crepas dulces, de Nutella. Y él , ¡por Satán! , prepara un delicioso café con un ligero sabor a canela y leche muy dulce, ¡me encanta! Luego cuando llego de la facultad nos sentamos un rato en el sofá, a veces viendo la televisión otras veces solo encendemos la chimenea y ponemos un poco de música, cubiertos con una suave mantita.
—¿Y aún así no quieren formalizar nada?
—Es complicado, yo estoy comprometida, aún, con Issei, ya rompí un compromiso una vez, si lo hago de nuevo mi madre se decepcionará más —suspiró tristemente y agachó la mirada—. Yo, no puedo detener esto, no otra vez, y cuando bailábamos él...
—Rias, cariño, es hora de que bailes un poco con tu prometido —Venelana se acercó sin descaro a interrumpir la charla, Rías sonrió con falsedad a su madre, se levantó de su asiento y se inclino en disculpa frente a Mictecacihuatl.
—Como ve, Señora es algo que no se puede evitar —cuando Rías se irguió, la diosa notó como en su rostro se instalaba una mueca de tristeza.
❝ Mictlantecuhtli y Vali ❞
—Cuentan que el diablo una vez se enamoró —comenzó a contar el dios del Mictlán, al joven demonio frente a él—, y el pobre no supo que demonios hacer con aquello, que le producía un vacío en el estómago —Vali centró su triste mirada en Mictlantecuhtli—. Cuentan también, que entonces la empezó a mirar con ojos de ángel, y que al tocar su piel se quemaba de pasión.
—¡No es cierto! —intentó debatirle cuando se dio cuenta que hablaba de él, pero con tristeza de nuevo miró a la pista de baile en busca de la preciosa mirada aguamarina de Rias, una sonrisa recorrió el rostro del dios, no iba a quitar el dedo de la llaga.
—Cuentan que Lucifer conoció su propio infierno en los labios de aquella mujer —Vali tragó pesado nada más de recordar aquellos dulces besos que habían compartido en un par de ocasiones—, y que aquellos labios le regalaban besos que lo convertían en un simple mortal —esta vez contuvo la respiración y fijó su vista en el dios del Mictlán.
—¿Cómo es que...?
—Cuentan que el diablo ya no es tan diablo, y que si continúa en silencio, se lo podrá ver caminando, solo y con ojos de melancolía.
—Yo no puedo herirla mi señor —Mictlantecuhtli infló su pecho y sonrió.
—¿Quién habló de ella? —Vali inmediatamente supo que hablaba de Issei, pero él negó, no quería tener a medio inframundo detrás de ellos que hirieron a su gran héroe. Mictlantecuhtli sonrió y pasó por sus labios su copa—. Ellos sabrán quién eres y serás tú.
01-10-2019
