—¿Ha tomado los antidepresivos?
—Por supuesto que lo hace, yo mismo la he observado, y los traga por si te lo preguntas.
—¿Una reacción concomitante?
—No, no ha consumido ningún otro medicamento.
—¿Alcohol?
—Las pruebas sugieren una exacerbación del efecto de los antidepresivos con el consumo de alcohol.
Ciertamente todos observaban con curiosidad el debate que tenían los dos chicos estudiantes de medicina, lo más vagamente similar que recordaban haber visto así eran episodios al azar de House M. D., estaban seguros que estaban a nada de decir: «—Es Lupus.»
—Entonces es la Sertralina, cambiémosla por Benzodiacepinas.
—Mira te voy a contradecir, las Benzodiacepinas no la ayudarán, a menos que la quieras mantener dormida. ¿Qué tal si cambiamos por Imipramina?
—¿Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina? —Vali asintió y luego Ikal pasó sus manos por sus cabellos, despeinándolos—. ¿Y si son los fármacos? No es humana así que directamente podrían no estar haciendo efecto. ¿Qué tal la terapia electro-convulsiva?
—¡No! ¡No vas a freír el cerebro de Rias!
—¿Viste cómo se puso? ¡Valora costo-beneficio! —la discusión después de un buen rato estaba escalando a niveles mayúsculos, Svetlana con calma se levantó de su lugar y encaró a ambos chicos.
—Déjenme adivinar que especialidad tomarán ¿Medicina interna... —señaló a Ikal—... y Cirugía? —luego a Vali.
—Neurocirugía —corrigió sin despegar la mirada de Ikal, como pensando que si lo hacía iría directamente a freír el cerebro de Rias.
—¿Y no quieres tomar en cuenta la terapia electro-convulsiva?
—No la necesita, es la Sertralina.
—¡Niños, niños! Cálmense —luego miró directamente a Vali—. ¿Ha estado comiendo?
—Siempre.
—¿Qué tal su energía?
—Mmm~ buena.
—¡Eso es perfecto! ¿Qué tal el sueño?
—Ligero y muy corto.
—¿Deseo sexual?
—¡No voy a responder eso!
—Terapia cognitivo-conductual, no sean tan radicales —ambos se quedaron en silencio sopesando las opciones. Ikal se dirigió a la mujer y le cuestionó.
—¿Eres médico?
—Soy psicóloga. Tengo una amiga por ahí, podría aceptarla en su clínica para la terapia —notó como Vali estaba a punto de decir algo así que puso una de sus manos en su hombro y lo calmó—. No necesita estar internada aún, solo ir una o dos horas a charlar con un psicólogo —pareciera eso le devolvió el alma al cuerpo del chico.
—Bien, yo revisaré...
—Si, adelante. No queremos que pase nada más —para toda la familia, por qué en eso se habían convertido, Lucifer no pasó desapercibida su actuación, no solía ser muy abierto y no iba a decir en voz alta que tenía una relación con Rias, ni que se había preocupado por ella con creces.
—Rias es mi prometida —se oyó el gutural susurró de Issei, Vali de inmediato regresó hasta estar cara a cara con Issei.
—Pues asumo que serás feliz de encontrarle en tu habitación follando conmigo o con otro sujeto, y si aun así, eso no fue la causa de su ataque de pánico, directamente te culpo a ti y a tu estupidez infinita, ¿Me oyes? —puede ser que Vali estuviera a punto de soltarle un derechazo, pero todos vieron que se contuvo, incluso el mismo Ikal ya estaba teniendo todo preparado para separarlos—. Ve a la esquina de la habitación y contra la pared medita tus errores, o golpéala con tu cabeza, ambas cosas ayudarán.
Volvió a sus intenciones de ir a la habitación de Rias, y así el Rojo llorará y se pusiera de cabeza él no se iba a detener.
El despertar después de una crisis la dejaba agotada, sin ganas de soportar nada y siempre con deseos de ya no despertar, con las lágrimas abarrotado sus ojos y a pesar de que su deber era ser la princesa perfecta que no llora, esta vez no podía serlo, está vez tenía que dejar todo salir antes de volverse más loca, sin desearlo las lágrimas corrieron por sus mejillas y único que pudo hacer fue colocarse en posición fetal mientras dejaba las lágrimas salir.
Cuatro golpes en la puerta.
No quería levantarse, no quería moverse, quería seguir llorando hasta que sus lágrimas se acabaran o hasta que se quedará dormida. Hizo caso omiso al llamado y se arropó más con los edredones, ahogando gemidos de dolor, tratando de sufrir en medio del silencio como siempre.
—Ya estoy aquí —su colchón se hundió con el peso de Vali.
Él simplemente estaba allí, en silencio, dándole su espacio, pero aun así reconfortándola, con ligeras caricias desde su cabeza hasta la punta de los dedos de sus manos, como buscando arrastrar todos sus miedos fuera de ella, como si eso fuera a sanarla de pronto, y aunque los mimos no parecían hacer nada, pues su llanto seguía cayendo de forma torrencial, ella lograba sentirse... aliviada.
Sentía que él de pronto podía encontrar todas la piezas faltantes en su cabeza y armarla de nuevo para que eso —las crisis— no volviera a ocurrir, le daba una pequeña esperanza, un respiro que no sabía que tenía que tomar puesto que nunca esperó dejar de respirar.
—¡Estoy harta de seguir ocultando todo! ¡De fingir que todo está bien! ¡Que nada se cayó a pedazos! —gritó hasta sentir que su garganta ardía y esperando que no pudiera hablar más—, ¡Estoy harta de mí! ¡De tu silencio! ¡De todo! —Vali entendía un poco ese sentimiento, las ideas locas de terminar con todo, y también los agrios acontecimientos de saberse impotente para hacerlo.
—Me he quedado así por qué no quiero herirte.
—¡¿Y si quiero ser herida?! —normalmente él se levantaría, sonreiría y trataría de hacerla reír, pero eso no era el caso, porqué está vez veía el dolor correr por sus mejillas en formas de lágrimas, porqué sentía la necesidad de abrazarla y jamás soltarla, pero también se veía atado por toda la agenda política que tenían detrás de ellos, porque aunque no lo quisiera eso la podía dañar más que el resto del mundo.
—No quieres —le costó el mundo entero decirlo, no por que fuera hipócrita decirlo, o por ser otra de esas frases vacías que de vez, en vez surgían para intentar, sin éxito, aliviar a alguien. No, fue un calvario decirle por que por mucho tiempo él sintió lo mismo—. Nadie quiere Rias, nadie va corriendo directamente a su muerte, ni ser herido, a veces ocurre, si, pero no por deseos nuestros —la envolvió fuertemente contra su pecho en busca de que no le mirara, en busca de esconder su debilidad, en busca de no soltar todo el dolor que tenía allí en su pecho, buscando un escondite—, pero por desgracia buscamos el amor que creemos merecer —su voz se cortó de pronto, su respiración se volvió irregular y las lágrimas también salieron de sus ojos—, y tú mereces más amor del que buscas, ¿Sabes? Más del que incluso yo te ofrezco, porque yo soy un idiota cobarde que no puede luchar por ti, uno que teme con su alma herirte, romperte y no saber cómo repararte —la apretó con más fuerza si era posible y allí donde su cuello y sus clavículas hacían un hueco él dejo un beso, uno frío y temeroso a causa de las lágrimas.
—Ya has luchado por mi amor —trató de buscar su rostro, pero su agarre era más fuerte y no logró moverse ni un milímetro.
—De una forma tan estúpida, raptándote para solo nadar en el mar hasta el anochecer.
—¿Tiene algo de malo?
—¡Debí de haberte pedido matrimonio! Allí, en el momento en el que tu padre nos encontró. ¡Debí de hacerte el amor! Allí con las estrellas de Playa de los Muertos de testigos. ¡Por Satán! Incluso en ese estúpido post de Underbook debí de haber dicho que te amaba, pero soy tan...
—Perfecto —Rias sintió como el agarre se soltaba y fue su oportunidad de dejar de darle la espalda, con sumo cuidado recorrió sus mejillas, atravesadas por dos fríos y salados caminos de lágrimas, con su mandíbula apretada.
—La perfección no existe.
—Pero tu sí, y tus ganas de mantenerme a flote, de sanarme, de quererme, son lo que yo definiría como la perfección, única y exclusiva para mí —se abrazó a él, quien ya se había convertido en su refugio.
—Te amo —besó su coronilla y Rias sonrió.
—Te amo aún más de lo que crees merecer.
17-12-2019
