«—Ve a la esquina de la habitación y contra la pared medita tus errores, o golpéala con tu cabeza, ambas cosas ayudarán.»
Ese hijo de puta se atrevía a decirlo, se atrevía a pensar que nada iba a pasar, apretó los dientes con fuerza cerró la puerta de la habitación —esta vez si la suya—, pateó todo, lanzó los sillones al otro lado de la habitación, ¡Cómo se atrevía! Rias era suya, Rias le quería a él... ¿O no? Rias... Rias... no sabía de ella últimamente, nada, todo estaba en blanco, solo sabía que... él —Vali— la golpeaba, si, era su puta culpa y ahora... ahora, ahora está con él, en la misma habitación y...
—¡Rias! —corrió hasta su habitación—. ¡Rias, maldita sea! —gritó corriendo directo a la habitación, aunque a mitad del corredor se detuvo—. ¿Qué mierda estoy haciendo? —No podía recordar cuándo fue la última vez que realmente había tenido un momento romántico con Rías, cuando era que todo había cambiado, aunque en realidad todo se encontraba terriblemente igual, pero ahora Rias tenía a alguien a su lado, de verdad, y él, ¡por Satán! Seguía siendo el mismo muchacho con más perversión que metas en la vida, comparado con Vali que parecía estaba a nada de tener el título de Médico, apretó la mandíbula y se aguantó las ganas de llorar.
Miró a su alrededor y notó que ya estaba donde la habitación de Rias, respiró, aún necesita saber que era lo que pasaba en su relación, o en su no relación, necesitaba buscar el final, uno que él no había tenido hasta ahora.
Inspiró fuertemente y giró el pomo de la puerta.
Su corazón se rompió.
Rias y él nunca habían tenido ese tiempo, espacio e intimidad para terminar abrazados en una misma cama, poco importaban las circunstancias, pero Vali, estaba allí con ella apoyándola, dándole mimos y tantas cosas que él por un momento deseo haber hecho. Bajo la cabeza y estaba a punto de retirarse cuando Vali limpió las lágrimas de Rias, le dijo algo en el oído y después besó su frente.
—Rias, yo...
—Lo ideal sería ir a un lugar donde las paredes no hablen.
Aún no comprendía lo de las paredes hablantes de las que se refería Rías, él pensaba que la mansión Gremory era el lugar más seguro para hablar, o más en comparación al extraño bar en el que iban llegando.
—No pueden pasar —Rias le mostró una tarjeta completamente negra al cadenero de ese lugar, quizá no fuera igual de alto que Sairaorg (que le sacaba al menos una cabeza de alto) pero daba más miedo que él. Escuchó un «mmmph» y abrió la cadena dejándolos pasar.
—¿Las paredes hablantes? —trató de iniciar una conversación, sin embargo, Rias solo le miró fastidiada, de alguna forma lo entendía, ella no quería estar allí, pero era absolutamente necesario aclaran un par de cosas, y él estaba tratando de romper el hielo de la manera más estúpida que se le ocurrió.
—No tienes ni idea de lo controladora que es mi madre, asumo que fue ella la que te lavó el cerebro.
Él se mantuvo en silencio pues de alguna forma sentía que era puramente real lo que ella decía, y aun así se sentía aun flotando a la deriva sin saber cómo actuar o que decir. Una mesera vestida de catrina apareció dejándoles un par de tazas de café, el café más oscuro que había visto en toda su vida, sacudió levemente la cabeza, no tenía que pensar en el café, sino en Rias y en su... ¿relación?
—Creí que te había quedado claro que hace más de un año tu y yo no teníamos nada.
—Pero... ¿Qué hice mal? —la bilis recorrió la lengua de Rias, parecía que el círculo vicioso empezaba de nuevo, aunque esta vez no se iba a tentar el corazón.
—Nada.
—Esto me parece un deja vú —respondió Issei con rabia, y él también planeaba seguir poniendo el dedo en la llaga—. ¿Qué hice mal?
—Nada —respondió nuevamente Rias tomando un trago de su café, muy cargado, más de lo que estaba acostumbrada, pero le sabía reconfortante, tomó aire para continuar, viendo como el chico se desesperaba—. No hiciste nada mal. En realidad, no hiciste absolutamente nada.
—¡Te salve!
—Era tu obligación como parte de mi nobleza.
—¡Detuve tu matrimonio con Riser!
—Gritando en frente de todos que lo único que importaba para ti era mi virginidad —se iba a arrepentir por lo que iba a decir, pero eso sería después, quizá podría justificarse con las dieciocho botellas de whisky y vodka debajo de su fregadero, o ya encontraría como hacer—. Así que ahora que eso ya no existe no veo por qué mantener tu promesa.
Vio la ira correr por los ojos de Issei y tomo su taza para levantarla de la mesa y justo un segundo después se levantó tirando todo en ella.
—¿Ese maldito te violó?
Ella frunció su ceño, ¿cómo era que Issei había llegado a esa estúpida conclusión? Era más que idiota pensar en que Vali la forzará a hacer algo, sin embargo, se obligó a recobrar la compostura y mostrar un rostro plano.
—No —respondió sin titubear—. No sé cómo llegaste a esa estúpida conclusión, aunque asumo que Venelana tuvo que ver en esto —tomo otro sorbo de café y clavó sus ojos en él—. ¿Qué fue lo que te dijo? —preguntó firmemente. No tenía caso que intentará usar sus débiles poderes que después de casi seis meses a penas volvían a aparecer intermitentemente.
—Lo que madre haya...
—¿Ahora la llamas madre? No me sorprende. ¿Qué fue lo que te dijo? —insistió.
—Nada —suspiró, y se levantó, no tenía caso seguir perdiendo su tiempo.
—Bien, de todos modos, lo que esa mujer haga me tiene sin cuidado.
—¡Ella es tu madre!
—Cuando intenté suicidarme ella me dejó morir, ¿sabes? Vali fue el primero en aparecer y estuvo dispuesto a arriesgar su vida con tal de mantenerme viva a mí, Kuroka lo regañó después de eso, pero ya estaba hecho. No solo me dejó allí sola en el hospital también decidió no decirle a absolutamente nadie, ni que iba a morir, ni que Vali es la viva imagen del Lucifer original con todo lo que implica, ni que el clan está a medio camino de volver, ni que yo me quedé sin poderes, nada. Se quedó en silencio y te metió en la cabeza que Vali fue el responsable de todo cuando de lo único que tiene la culpa es de querer salvarme.
En ese momento Issei no sabía que creer, quería aferrarse a su verdad, pero esa verdad pocas veces tenía algo de sentido y el comportamiento de Rias no cuadraba, aun así, había cosas que tenía que aclarar, no sabía si por masoquista o solo por asegurarse que ella estaba bien.
—¿Desde cuándo están juntos?
—Una semana después de que me fui de tu casa —la garganta se le cerró, veía el posible momento en el que él había sido cambiado en menos de una semana, sin embargo, recobró la postura y se sentó—... él apareció en mi departamento, fue la primera vez que interactuamos, después de eso nos volvimos amigos, tardamos demasiado en ser... íntimos.
—Me refiero a...
—¿Románticamente? —sonrió, parecía que le estaba contando un chiste, sin embargo, ella solo suspiró—. Menos de una semana realmente, el viaje a México ayudó en eso, llegamos a la conclusión de que ya no importaba nada, menos cuando Venelana me dejó fuera del clan. Felicidades, eres el legítimo heredero, puesto que Vali está completamente dispuesto a dejar que mi hermano se una al renaciente clan Lucifer y conserve el apellido, y que Milikas también se una, no hay más herederos del clan que tú.
—¿Cómo puedes tomártelo tan a la ligera?
Ella apretó la taza ligeramente y decidió volver a beber un poco, sopesando lentamente la pregunta de Issei. No, no lo había tomado a la ligera, sin embargo, la desgastante locura que su madre mostraba le estaba orillando a alejarse cada vez más, y no solo a ella, sino también al resto de la familia.
—No lo he tomado así. Lo he meditado, en medio de crisis y en medio de periodos de calma, sola, con toda la nobleza e incluso con Vali, y es lo mejor. Además, me casare con él, suena algo ilógico que, si distintas personas desean que su clan reviva, no sea yo quien deje mi apellido.
Cuentas veces en el día ella había roto su corazón, aunque quizá eso era lo que necesitaba para dejar en claro que non había nada, pero... decirle que se casaría, así como si nada, era bastante cruel.
—Entonces, que ese sea el trato: Deshaz nuestro compromiso y te quedarás con el clan entero.
—¿Y si no lo hago? —ella tomó aire entes de continuar, ¿Acaso era tan difícil lo que diría?
—Los mesoamericanos quieren a Vali... o a mí en el trono, y no son los únicos, pero si los más amables, la guerra se cernirá sobre ti y quien se interponga.
—Eso no pasara mientras...
—Nosotros estamos de su lado, Issei. Ahora estoy siendo amable, la próxima vez no lo seré
—¿Es una amenaza?
—Depende —bebió otro sorbo de café, el último, dejó la taza en la mesa y se levantó—, es tu sentencia de muerte, si no das tu brazo a torcer —por alguna razón todo el ambiente parecía ralentizarse, el ambiente se tornó frío y las luces le dieron un toque tétrico.
Lo último que vio fue la cara de Rias iluminadose en tonos azules y rojos, con un calavera cerniéndose sobre ella.
17-02-2020
