N/A: ¡Hey, aquí JkAlex! ¿Qué tal?

No esperaba publicar este capítulo tan pronto, pero supongo que estuve motivado al escribir este punto de la historia, el cual pensé de muchas maneras diferentes sobre cómo se desarrollaría. Estoy satisfecho en cómo resultó. Tal es así, ¡que incluso superé las 10.000 palabras en este capítulo!

Espero les guste.

Para los lectores que leen en inglés al traducir la historia a través de un navegador, lamento si en algunos puntos del capítulo la escritura cambia un poco. Por agunas razón, Fanfiction no guarda los cambios que hago para que la traducción al ingles sea más fluida.

Y sin nada más que decir... ¡let's go!


Capítulo 11: Incertidumbre del corazón.

Diario de un recluta.

Entrada #157

¡Tengo un nuevo diario!

Jean me lo ha regalado cuando fue a Trost en su primer día libre. Cabe decir que realmente quedé sorprendido. Es alguien bastante considerado debajo de toda esa actitud arrogante y altanera. Decidí ayudarlo dándole unos consejos en el combate cuerpo a cuerpo, de la misma forma en la que él me ayudó en el pasado para manejar adecuadamente el ODM.

Para la molestia de Mikasa, y un poco de la mía, Eren comenzó a entrenar con Annie. Jean ha tomado más en serio el entrenamiento de combate debido a eso. Tal vez haya ayudado que Eren le haya hecho la maniobra característica de Annie. Supongo que fue una llamada de atención para él.

Ayudaré a Jean en todo lo que pueda. No quiero que uno de mis mejores amigos no sepa defenderse en combate considerando lo podrida que es la Policía Militar en los muros interiores. Él necesitará todo el entrenamiento que pueda para sobrevivir.

Han pasado más de medio año desde el incidente con aquellos secuestradores. Las cosas han cambiado desde entonces. Me gusta creer que ha sido para mejor.

El entrenamiento no ha hecho más que aumentar de intensidad. Pero, a diferencia de los meses anteriores, los he completado con una facilidad aterradora. Me he puesto entre los mejores reclutas junto a Mikasa y Reiner en unos pocos meses. Muchos de los reclutas se sientes molestos y celosos por eso, pero no me importa.

En lo que a mí respecta, pueden joderse.

Las únicas personas que me importan me han demostrado su apoyo y buenas intenciones. Y eso es todo lo que necesito.

Desgraciadamente, mi padre no me ha explicado nada en la última carta que recibí de él, solo recalcó aún más la advertencia que me dio la última vez que nos vimos. No tengo la intención de revelar aquello. Al menos, no aún. No hasta cumplir la promesa que hicimos Krista, Ymir y yo en aquel entrenamiento en la montaña nevada.

He notado algo extraño en los comportamientos de Krista e Ymir. Tengo una ligera sospecha sobre lo que puede ser, pero no diré nada hasta que ellas mismas decidan hablar conmigo sobre eso. Hasta entonces, seguiré actuado como si no supiera nada.


Un quejido de dolor escapó de la boca de Eren cuando su espalda aterrizó fuertemente sobre el suelo.

—Wow... Es la décima séptima vez que te derriban en menos de 30 minutos—comentó Victor de manera distraída— ¡Vamos, Eren!¡Tú puedes hacerlo!¡Ve por la décima octava!

—¡Cierra la boca, Victor!—gruñó Eren mientras volvía a levantarse, no dispuesto a rendirse.

Pero su momento de distracción le costó caro cuando Eren fue atrapado en una llave de sumisión y arrojado al piso casi con brutalidad por parte de su oponente.

—¡Uy, eso debió doler!—dijo Victor.

Aunque no sentía ninguna pizca de simpatía hacia Eren. Después de todo, él se lo buscó al pedir a Annie que le enseñara a pelear. Y si había algo que Victor sabía de Annie, era que ella nunca, NUNCA, se contenía ante nadie.

Aún le sorprendía le hecho de que Annie aceptó entrenar a Eren. Victor supuso que después de tanta insistencia de parte de Eren, Annie aceptó solo para que deje de molestarla tanto.

En un principio, Victor se molestó que el tiempo a solas que pasaba con Annie entrenando haya desaparecido debido a la interferencia de Eren. ¡Era su momento privado con Annie, maldita sea! ¿Acaso Eren no se sentía satisfecho con tener a Mikasa para él y tenía que buscar también a Annie? Ese simple pensamiento causara que Victor frunciera el ceño con molestia.

Annie se percató de ese hecho y le propuso a Victor entrenar los dos solos por las mañanas. Un ligero calentamiento antes de iniciar el entrenamiento militar del día. Victor aceptó gustoso. Podía pasar tiempo a solas con Annie durante las mañanas y durante la tarde después del entrenamiento podía ver a Eren ser utilizado como saco de arena para golpear por Annie. ¡La vida es bella!

Un quejido de dolor lo sacó a él de sus pensamientos, pero él no levantó la vista de su nuevo diario. Estaba demasiado inspirado y enfocado la historia que estaba escribiendo. O al menos, un borrador de ella.

Tenía que agradecerle a Jean de alguna manera por regalarle un nuevo diario hace unos meses. No había perdido el tiempo en volver a escribir y dibujar como lo hacía antes.

—¡Y esa es la décima novena caída!—exclamó Victor— ¡Un nuevo récord, damas y caballeros!

—Te odio...—gruñó Eren con molestia debido a las constantes burlas.

Lo había estado haciendo desde que comenzó a entrenar con Annie.

—¿Por qué no lo intentas pelear tú con ella y vemos que tal te va?—desafió Eren, lanzándole una mirada a Victor, quien estaba sentado a la sombra de un árbol.

El chico con lentes se encogió de hombros sin levantar la mirada de su diario mientras escribiendo.

—Ya tuve mi ´momento íntimo´ con Annie esta semana—respondió él— Y ambos terminamos bastante adoloridos luego de nuestra larga, intensa, acalorada y apasionada...

Un gruñido molesto de Annie y una mirada fulminante fue lo que necesitó para que Victor cerraba la boca y riera entre dientes.

—En fin, no podemos hacerlo todos los días o no tendremos energía para el entrenamiento de Shadis—Victor se encogió de hombros—Así que me conformaré con verte siendo apaleado. Es extrañamente inspirador para mí.

—¡¿Acaso soy una fuente de entretenimiento para ti?!—exclamó Eren con indignación y molestia.

—No entretenimiento, sino inspiración—corrigió—De hecho, tú, Armin y Mikasa son grandes inspiraciones para mi escritura. Pero por ahora, me limitaré a observarte ser utilizado como un saco de arena para golpear. Esfuérzate, Eren. Porque Annie no será nada fácil contigo. De hecho, ni siquiera fue fácil conmigo. Y eso considerando lo mucho que ella me aprecia, me ama y...

—Victor—interrumpió Annie, dándole una de sus famosas miradas fulminantes—Cierra la boca.

Victor no se sintió intimidado mientras le sonreía de manera pícara.

—Oh~ ¿Por qué no me obligas, Annie?

Hubo una extraña tensión en el ambiente mientras ambos se miraban. Pero no era solo una tensión de desafío, sino también algo más. Incluso Eren pareció sentirlo cuando miró a ambos de manera expectante.

Mentiría si él dijera que no quería volver a ver una pelea entre Annie y Victor.

En un principio, Eren pensó que él entrenaría junto a Victor bajo las instrucciones de Annie. Pero, sorprendentemente, Victor estaba a la par con Annie en habilidades, tal vez incluso más alto. Victor utilizaba un estilo de combate similar a Annie, favoreciendo las patadas y los movimientos rápidos. Cuando le preguntó al chico del interior quién le había enseñado a pelear así, él simplemente respondió:

Lo hice yo mismo. Annie me enseñó muchas cosas, pero implementé mis movimientos en base a los de ella. No quiero ser una copia del estilo de lucha de Annie, así que decidí pelear con mis propios movimientos. Aunque aún está en desarrollo.

Si Eren no se sintió asombrado por eso, en verdad lo hizo cuando vio a Victor y Annie hacer un combate amistoso. Eren terminó con la boca abierta ante los movimientos de ambos. Era como ver un extraño baile mortal. Ver aquella pelea hizo que apretara los puños con resolución. Un nuevo fuego brotó dentro de él y ardió intensamente. Se propuso a estar a la par con ellos algún día. Y lo haría no importa que tanto tiempo, esfuerzo, sudor y sangre derramara para eso.

Sorprendentemente, Victor también lo ayudó en su entrenamiento, aunque en menor medida. Eso fue debido a Annie diciendo que ¨Una montaña es demasiado pequeña para dos lobos¨

Eren no entendió muy bien la analogía, pero al parecer Victor si lo hizo. Incluso se vio extrañamente complacido cuando escuchó eso.

El sonido de la campana resonando lo sacó de sus pensamientos.

—Que bien, es la hora de la cena—dijo Eren, levantándose y limpiando el polvo de sus pantalones—Me muero de hambre. Nos vemos mañana, chicos.

—Claro. Descansa, Erencio.

—¡Ya deja de llamarme así, maldita sea!

—Como quieras, Erecto.

—¡Ah, carajo...!—gruñó Eren por lo bajo— No entiendo como Krista e Ymir pueden soportarte. Sin mencionar a Annie que entrena contigo.

—¿Qué quieres que te diga?—Victor infló el pecho con orgullo—Soy un todo un galán. Las chicas me aman.

Ese comentario le valió un codazo en el abdomen por parte de Annie.

—Aunque Annie es bastante dura al expresar su amor hacia mí...

Annie rodó los ojos con exasperación.

—Idiota...

Eren sonrió con diversión. Era bueno volver a ver al mismo Victor de antes que hacía comentarios burlones y sarcásticos. Sentía que no sería Victor de otra manera. Aún recordaba la mirada que tuvo aquella vez cuando hablaron sobre la ambición de Victor. Él fue como una persona totalmente diferente.

—Bueno, será mejor que me vaya—anunció Eren—Espero que Armin me haya guardado un lugar ¡Nos vemos, Annie, Victor!

Victor y Annie observaron a Eren irse con dirección al comedor, con Victor despidiéndose de él agitando la mano.

—Ya ha pasado poco más de un mes desde que comenzaste a entrenar a Eren—señaló Victor—Entonces, ¿qué opinas?¿Tiene algo de talento?

—Ninguno—dijo Annie de manera rotunda—No tiene una sola pizca de talento para el combate cuerpo a cuerpo. Parece más un matón callejero que cualquier otra cosa a la hora de pelear.

—Veo que sigues siendo tan amable como siempre.

Annie ignoró el comentario sarcástico.

—Pero tiene algo mejor que el talento—dijo ella.

Eso llamó la atención de Victor, quien la miró con curiosidad.

—¿En serio?¿Y qué sería eso?

—Determinación. Gente como Mikasa, quien tiene un talento innato, es capaz de grandes cosas. Pero gente como Eren, quien posee una determinación inquebrantable, es capaz de hacer cosas aún más grandes.

—Mmm, con que es así...—reflexionó Victor—Creo que es la primera vez que te veo hablar tan bien de alguien. A decir verdad, creo que estoy un poco celoso. Nunca has hablado tan bien de mí. Creí que teníamos algo especial, Annie.

Tal vez él estaba bromeando, pero una pequeña parte de Victor realmente se sentía celoso. Y era un sentimiento que no lo agradaba. Lo que era aún peor era que la misma persona era causante de esos celos por dos chicas distintas.

—¿Acaso vives buscando la aprobación y reconocimiento de los demás?—cuestionó Annie—No seas idiota. El único reconocimiento que necesitas es de ti mismo y de nadie más.

Con esas últimas palabras Annie se marchó, aunque alcanzó a escuchar lo último que dijo Victor:

—Pues no estaría mal recibir los elogios y reconocimiento de las personas que aprecio...

Annie apretó los labios, pero no dijo nada.

¨Mikasa tiene el talento, Eren la determinación... Pero alguien que posee ambos como tú, Victor... Me estremezco al pensar en lo que puedes llegar a hacer. Podrías llegar a ser una amenaza...¨

Con esos pensamientos sombrío, y sintiendo una punzada en el corazón, Annie abandonó el claro del bosque.


Apoyando sus manos sobre sus rodillas mientras jadeaba fuertemente, Jean intentó recuperar el aliento debido a la intensidad del entrenamiento que él y los demás reclutas estaban teniendo. Eso, sumado al tormentoso calor, causaba que sudara en gran cantidad y lo obligara a descartar el chaleco de entrenamiento, dejándolo solo con una camisa de manga larga que había remangado hasta sus codos.

—Oye, hermano, ¿estás bien?Tómatelo con calma. No querrás desmayarte tú también.

Jean alzó la vista para encontrar a Victor ofreciéndole a él una cantimplora de agua. Al igual que él, se había quitado la chaqueta de entrenamiento dejándolo con una camiseta gris remangada.

—Tranquilo, esto no es nada para mí—dijo Jean, aceptando gustoso el agua el cual refrescó su garganta y lo revitalizó un poco,—Gracias, Victor. Dios, Shadis debe de estar loco para entrenarnos de esta manera.

—Bueno, siempre dudé un poco de la cordura de ese hombre—dijo Victor, mirando a los demás reclutas realizar el ejercicio que era bastante loco desde su punto de vista.

El ejercicio consistía en escalar la ladera de un precipicio de más de veinte metros de altura con las manos desnudas. No había cuerda de seguridad ni nada que garantizara que no te estrellaras como un huevo contra el piso si caías a mitad del ejercicio. Y lo peor era que hacerlo una vez no bastaba. No, tenías que hacerlo diez veces para que Shadis se sintiera complacido.

Al ver lo brutal y suicida del ejercicio, muchos reclutas habían abandonado el entrenamiento. Y, en el peor de los casos, algunos ya habían muerto al caer. El ejercicio no solamente te podía a prueba físicamente, sino también mentalmente. Un solo error era suficiente para que murieras, de la misma forma que enfrentarse a los titanes.

—¿Cuantas te quedas?—preguntó Jean, mientras se limpiaba el sudor de la frente.

—Solo una—respondió Victor— ¿Y a ti?

Él chasqueó la lengua con molestia.

—Voy por la séptima. Necesito descansar un poco después de cada sesión o siento que no podré completarlo.

—No necesitas apresurarte—aconsejó Victor— Ve a tu propio ritmo.

Jean asintió mientras se enfocaba en recuperar el aliento.

Victor se encaminó hacia el acantilado y vio como Connie apoyaba a Sasha, quien estaba a mitad de camino.

—¡Vamos, Sasha, puedes hacerlo!—animaba Connie— ¡Solamente no mires hacia abajo!

—¡Ya lo sé, tonto!¡Ya lo sé!—gritaba Sasha, con algo de pánico filtrándose en su voz.

Victor se acercó, colocó a un lado de Connie y observó como Sasha subía lenta, pero seguramente por el acantilado.

—Hey, Capitán Oveja—saludó Connie—¿Vas a subir?¿Qué te parece una pequeña carrera para ver quien llega primero a la cima?

—¿Y qué ganaría yo con eso?—inquirió Victor, cruzándose de brazos.

—Obviamente el reconocimiento de vencer a un genio como yo—se regodeó—Después de todo, esta es mi sexta vuelta. La mayoría ni siquiera ha hecho la mitad del ejercicio.

Victor silbó, impresionado. Connie tenía razón. La gran mayoría de los reclutas ni siquiera había completado la mitad del ejercicio. Y no era debido a que el ejercicio era muy exigente físicamente, sino que la gran mayoría tenía demasiado miedo al hacer el ejercicio.

—Pues no estaría mal un desafío para motivar las cosas—dijo Victor— ¿Qué te parece si apostamos algo para hacerlo más interesante?

—Oh ~ ¿Qué tienes en mente, Capitán Oveja? —preguntó Connie, con una sonrisa cómplice.

—La mitad de tu cena por una semana.

Connie lo pensó por unos segundos. No estaría mal tener una porción mayor de comida. Él lo había estado haciendo muy bien durante el ejercicio, así que tenía confianza en sus habilidades. Incluso si Victor se había vuelto mucho más bueno estos últimos meses durante el entrenamiento, Connie tenía confianza en este ejercicio. Después de todo, era la sexta vez que él subiría por el acantilado. Él estaba familiarizado sobre cuáles eran los puntos buenos de agarre.

Con una sonrisa de confianza, Connie estiró la mano para sellar el acuerdo.

—Trato hecho. El primero en llegar a la cima se lleva la mitad de su cena por una semana. Cuando gane, ¡admitirás en voz alta que soy un genio!

Victor se rio entre dientes mientras estiraba los músculos de sus brazos.

—Como quieras, pelón.

—¡Oye, Sasha!—llamó Connie a la chica que había llegado a la cima— ¡Victor y yo vamos a tener una carrera para ver quien llega primero a la cima!¡Juzga quien de nosotros llega primero!

—¡Está bien!—respondió Sasha con una sonrisa emocionada.

—¿Eh?¿Ellos a competir quién llega primero a la cima?—dijo uno de los reclutas que estaba cerca.

—¡¿Una carrera?!—exclamó otro recluta— ¡Genial!

—¿Springer contra el recluta Oveja?¡Ja, Springer hará que muerda el polvo!

—No estoy tan seguro... La Oveja se ha vuelto bastante bueno estos últimos meses.

—¡Pff, por favor!¡La Oveja no podrá derrotar a Springer!¡Él está entre los mejores reclutas!

—¿Escuchaste eso?—se regodeó Connie— Todos ya saben quién ganará. No es nada sorprendente. Después de todo, soy un genio.

—Ten cuidado, Connie—advirtió Victor, asegurando las correas de sus lentes— El orgullo vienes antes de la caída. Y, en este caso, la caída será literalmente.

—Así que la Oveja va a competir contra el pelón, ¿eh?—comentó Ymir, cruzándose de brazos y mirando con interés.

—¿No deberíamos detenerlos?—cuestionó Krista, mirando con preocupación a Victor y Connie, principalmente a Victor.

—Nah. Así es más interesante.

—Este ejercicio es peligroso. No creo que los instructores lo aprueben.

—Entonces será mejor que ellos se apresuren antes de que lleguen. Solo hay un instructor, el cual está en la cima.

—¡¿Están listos?!—exclamó Sasha desde la cima del precipicio. Cuando recibía el asentimiento de ambos ella gritó—: ¡Comiencen!

Ambos comenzaron a subir rápidamente al recibir la señal. Connie subió utilizando los puntos de apoyo que él había utilizado con anterioridad, por lo que él no tuvo que mirar durante mucho tiempo un punto de agarre. Debido a eso, rápidamente comenzó a ganar ventaja.

—¡¿Ves?!¡Te lo dije!¡Springer hará que esa estúpida Oveja muerda el polvo!

—¡Ve, Springer!¡Demuestra a ese idiota del interior quien manda!

Connie se sentía bien que lo animaran, pero a él también le molestaba que insultaran a Victor. Incluso después de casi dos años, aún había reclutas que eran prejuiciosos y resentidos con Victor.

Se concentró en el ejercicio. Él tenía una ligera ventaja sobre Victor debido a que comenzó utilizando gran parte de su fuerza al comienzo, pero ahora estaba comenzando a perder fuerzas ya que iba a mitad de camino. El ejercicio era exigente físicamente y Connie sabía que si aflojaba un poco el agarre que tenía sobre las rocas salientes caería desde una gran altura.

—¡Mierda, lo está alcanzando!

Él volteó levemente para mirar a Victor que estaba pisándole los talones. Su avanzar era constante y seguro. No se detenía ni dudaba al encontrar un nuevo agarre. Connie comenzó a entrar un poco en pánico no solo porque Victor estaba a punto de rebasarlo, sino también por la altura de casi quince metros que se encontraba. Debido a ese momento de duda, el agarre que tenía sobre su saliente resbaló y se sintió incapaz de sostener su propio peso cuando la gravedad hizo su trabajo.

—¡Connie!—gritó Sasha con pánico desde la cima del precipicio cuando vio a su amigo caer.

Connie cayó mientras él gritaba de pánico. Estiró la mano, intentado agarrar un punto de apoyo, pero no pudo agarrar nada.

—¡AAAAHHHHHHH!

Por un segundo él realmente creyó que se estrellaría contra el suelo, pero luego sintió que algo agarraba su muñeca y él se detuvo abruptamente.

— ¿Eh?

Él miró hacia arriba para encontrar que Victor había agarrado su muñeca justo a tiempo, deteniendo su caída y causado que colgara a una altura de casi quince metros.

—¡Lo atrapó!—exclamó un recluta.

—¡Maldita sea, eso estuvo cerca!

—Maldición, Connie...—gruñía Victor mientras sostenía todo el peso de una persona con una mano— Este es un buen momento para decir ¨Te lo dije¨.

—¡V-Victor!¡No me dejes caer!¡No me dejes caer, hermano!

—Tranquilo, amigo. No pensaba hacerlo.

Victor flexionó su brazo, demostrando una gran fuerza, y arrastró a Connie hasta que él pudo sostenerse por sí mismo.

—¿Estás bien?—preguntó Victor.

Connie respiró varias veces. Él aún no podía creer lo cerca que estuvo de estrellarse contra el piso y posiblemente morir.

—Yo... eso creo—dijo él finalmente.

—Bien. Porque solo hay que subir un poco más. ¿Puedes hacerlo?

Connie asintió de manera temblorosa y ambos comenzaron a subir. Cuando llegaron a la cima, lo hicieron al mismo tiempo y fueron ayudados por Sasha, quien les tendió una mano a ambos para ayudarlos a subir.

Connie se desplomó y comenzó a respirar entrecortadamente. Él sentía que había perdido unos años de vida en los últimos minutos.

—Amigo, ¿estás bien?—preguntó Victor, colocando una mano en su hombro.

Victor definitivamente no esperaba el fuerte abrazo que Connie le dio.

—¡Gracias, Victor!¡Gracias!¡Por un segundo realmente pensé que yo moriría!

—Oye, tranquilo—él le palmeó la espalda un par de veces en un gesto confortante— Todo está bien. Ya pasó.

—¡Connie!¡Victor!—exclamó Eren, acercándose a los dos acompañada de Armin y Mikasa— ¡¿Están bien?!

—Sí, estamos bien—respondió Victor, sin dejar de abrazar a Connie.

—Eh...¿Por qué se están abrazando?—cuestionó Armin.

—¿Acaso no puedes decirlo con solo verlo?Estamos teniendo un momento no gay muy íntimo.

—Sí, lo que él dijo—concordó Connie, sin dejar de abrazar a Victor.

Victor pudo notar la mirada fija de Mikasa.

—¿Ocurre algo, Mikasa?—preguntó él.

Ella no dijo nada por uno segundos y lo siguió mirando, causando que él se sintiera un poco incómodo.

Finalmente, ella preguntó:

—¿Estáas bien?

Victor parpadeó un par de veces, ligeramente desconcertado, pero respondió:

—Sí, estoy bien.

Mikasa siguió mirándolo detenidamente y luego miró a Connie quien lo abrazaba.

—Eh... ¿quieres un abrazo? —inquirió Victor con duda.

Ella no respondió y apartó levemente la mirada. Victor creyó ver un ligero rubor en sus mejillas, pero tal vez solo era por el calor.

Cuando Connie se calmó y se separó de Victor, él miró con seriedad a la persona que lo salvó.

—Victor, yo...te lo agradezco. Tú... me salvaste de una posible muerte.

—No seas tan melodramático—rechazó Victor— No habrías muerto.

—Tal vez. Pero me hubiera roto muchos huesos y tal vez no podría continuar con el entrenamiento y me habría visto obligado a abandonar el campamento. Así que... gracias.

—No hay de qué—Victor respondió, golpeándole a él en el hombro de manera amistosa—Eres mi amigo. Esa es la única razón que necesito para ayudarte.

Connie sonrió ante eso, sintiéndose realmente conmovido por las palabras de él.

—Como agradecimiento, dejaré que seas el ganador de nuestra carrera. Siéntete orgulloso, acabas de vencer a un genio como yo. Un trato es un trato. Te ganaste la mitad de mi porción de comida por una semana...—él extendió el puño—Y te ganaste mi respeto, Capitán Oveja.

Victor se sorprendió por eso, pero sonrió y chocó el puño con Connie.

—No es necesario la mitad de tu comida—dijo Victor—Con tu respeto me basta.

—¡¿En serio?!—exclamó Connie, asombrado por su actitud honorable.

—¡Claro que no, idiota!—se rio Victor— ¡La mitad de tu comida es mía por una semana!

Connie abrió lo miró con indignación y luego él se cruzó de brazos mientras refunfuñaba para la diversión de los presentes.

—¡¿Ustedes apostaron comida?!—preguntó Sasha, luego miró a Victor— ¡Victor, tú no necesitas tanta comida!¡Eres muy bajito!¡Entonces comparte conmigo!

—¡Es precisamente porque soy bajito que necesito más comida! —exclamó Victor. Se cruzó de brazos y apartó la mirada,—Ya lo verán. Seré alguien alto y genial en unos años. ¡Y todos ustedes mirarán hacia arriba cuando tengan que hablarme!

Todos se rieron ante eso. Incluso Mikasa tenía una sonrisa divertida en su rostro. Para ella, este era el Victor con el cual ella se sentía cómoda y a gusto. El chico que hacía bromas, comentarios sarcásticos y alegraba el ambiente. El chico que siempre tenía una sonrisa en el rostro.


—Ese bastardo de Shadis—se quejaba Victor mientras cargaba tres cajas apiladas en sus brazos—Utilizándome como caballo de carga.

—Deja de quejarte como una niñita—amonestó Ymir, cargando una caja en sus manos—.Deberías sentirte agradecido que tu castigo fuera tan leve a diferencia de Connie.

—Ah, sí. No envidio nada su posición. Pobre pelón.

Connie y Victor fueron castigados por participar en la carrera y ¨no tomar el entrenamiento en serio¨ según las palabras de Shadis. Debido a eso, ambos fueron castigados a realizar más labores de las que deberían. Victor se llevó la mejor parte ya que salvó a su compañero recluta, mientras que Connie fue degradado a limpiar los baños masculinos.

—Sabía que era una mala idea—dijo Krista, también cargando una caja,—Tendría que haberlos detenido, fue muy peligroso lo que ustedes hicieron. Es una suerte que ninguno de ustedes haya salido herido.

—No deberías juntarte tanto con ellos, Krista—aconsejó Ymir— Su estupidez puede ser contagiosa.

—Si la estupidez pudiera ser contagiosa, entonces Krista sería estúpida al pasar tanto tiempo contigo—dijo Victor.

—¡¿Qué dijiste, maldita Oveja?!—gruñó Ymir, creciéndose sobre Victor con una mueca molesta.

—¡Me escuchaste, Pecas!—dijo Ymir, casi chocando frentes con Ymir— ¿O acaso también eres sorda aparte de estúpida?¿Necesito hacerte un dibujo para que lo entiendas?

—¡Ya basta, ustedes dos!—intervino Krista, colocándose en medio de ambos— Ahora no es momento para pelear. Tenemos que llevar las cajas.

Ymir chasqueó la lengua con molestia, pero ella terminó cediendo al igual que Victor.

Cuando llegaron al comedor, fueron a la mesa donde habían dejado las cajas que habían traído.

—Y allí va el último—dijo Victor, colocando las tres cajas que estaban llenas de patatas que utilizarían los cocineros— Oye, no estuvo tan mal.

—Aun no entiendo cómo puedes cargar tantas cajas en un solo viaje considerando lo enano que eres—dijo Ymir, dejando su caja sobre la mesa,—Aunque no me quejo. Gracias a eso terminamos rápido esta tediosa tarea y tú hiciste la mayor parte del trabajo. Así que gracias, supongo.

—No hay problema. ¡Oye, Heinrich!¡Aquí te dejamos las cajas!

—¡Gracias, mi muchacho!—respondió el cocinero, quien estaba ocupado preparando la cena que serviría esta noche,—Mañana vendrán los encargados de pelar las patatas, por si quieres unirte a ellos. Por lo que escuché, esa chica Ackerman será uno de ellos.

El cocinero le lanzó una mirada pícara a Victor mientras alzaba las cejas de manera sugestiva.

—Je,je...Lo pensaré—dijo Victor, rascándose la nuca con vergüenza.

—Mmm, Mikasa, ¿eh~?—Ymir se recostó en su hombro con una sonrisa pícara mientras ella pinchaba la mejilla de él.

—¿Mikasa?—inquirió Krista, confundida—Pero Victor, pensé que tú y Annie...

—¡Ahhh!—Victor rápidamente le tapó la boca antes de que dijera más y le susurró en un tono bajo con un rubor en el rostro— ¡Te dije que no lo malinterpretaras!

—Oye, quítale las manos de encima a mi Krista—dijo Ymir, apartando a Krista de Victor y abrazándola.

—¿Cuántas veces tengo que decírtelo?—dijo Victor, agarrando a Krista y también abrazándola protectoramente— ¡Es NUESTRA Krista!

—¡Suéltala, maldita Oveja!—Ymir estiró uno de los brazos de Krista—¡Ella es mía!¡Y no comparto lo que es mío!

Victor estiró el otro brazo de Krista hacia él.

—¡Pues tendrás que aprender a hacerlo, Pecas!—dijo él, mirando desafiante a Ymir.

Ambos chocaron cabezas mientras parecían gruñirse hasta que Krista se interpuso y los separó nuevamente.

—¡Está bien, ya basta! Dios...¿hasta cuándo seguirán haciendo esto?

Victor e Ymir simplemente se cruzaron de brazos y apartaron la vista de manera obstinada como dos niños.

—No es necesario que peleen, ¿saben? —dijo Krista, envolviendo sus brazos con los de Victor e Ymir y ella quedando en medio—.No entiendo por qué ustedes pelean por mí. Yo siempre estaré con ustedes. Lo prometimos hace unos meses en aquella montaña nevada, ¿no es así? Así que no tiene que preocuparse de que alguna vez os deje.

Ymir se sonrojó por sus palabras y apartó la mirada mientras que Victor miró a Krista con una sonrisa conmovida.

—Sí, tienes razón—concordó Victor. El rio levemente—Es extraño... Solo ha pasado más de un año y medio desde que nos conocemos, pero no me imagino un futuro sin ustedes dos en mi vida. Incluso si las cosas cambian entre nosotros tres, yo... me gustaría que sigamos juntos.

Krista le dio una gran sonrisa y asintió. Ambos luego voltearon a mirar a Ymir quien aún se negaba a mirarlos.

—Maldición, ustedes dos son un par de malditos sentimentalistas—dijo ella— ¿Cómo es que pueden decir todo eso sin sentirse avergonzados?

—Los sentimientos no son algo que deberían de permanecen encerrados—dijo Victor.

Al decir eso, él abrió los ojos con sorpresa, como si se hubiera sorprendido por sus propias palabras.

—Victor, ¿ocurre algo? —preguntó Krista, extrañada ante la reacción de él.

—No, no es nada. Supongo... que me siento un poco hipócrita al decir eso.

Krista e Ymir arquearon una ceja ante eso, pero ellas no dijeron nada.

Los tres salieron de la cocina mientras se limpiaban el sudor de la frente. Victor observó como Ymir se colocaban el cabello detrás de las orejas con molestia debido al sudor que se le pegaba en la frente.

—Has dejado crecer tu cabello—señaló Victor—Recuerdo que cuando el entrenamiento comenzó lo tenías mucho más corto. ¿Por qué no te lo cortas? Tener el cabello largo es molesto.

—Metete en tus asuntos—espetó ella—Si quiero tener el cabello largo, es asunto mío.

Victor entrecerró los ojos mientras la miraba. Era extraño para él que Ymir permitirá que algo que la molestara permaneciera. Él no tenía ninguna duda que Ymir cortaría su cabello si ella realmente la molestaba. No tardó mucho en comprender porque lo dejaba largo.

—Ya veo. Krista te dijo que te ves bien con el cabello largo, ¿no es así?

Ymir se tensó ante eso.

—¿Cómo es que tú...?

Victor sonrió de manera misteriosa mientras se alejaba.

—Mmm, me pregunto cómo lo sé...

No llegó muy lejos cuando Ymir lo agarró y lo aprisionó con una llave de cuello.

—¡¿Cómo demonios lo sabes, maldita Oveja?!¡Escúpelo!

Victor solo se rio mientras Ymir apretaba aún más su agarre. No hasta el punto de ser doloroso, pero si algo incómodo.

—Me subestimas, Ymir. Krista y tú son mis mejores amigas. Obviamente sabría que solo ella puede hacerte cambiar de opinión e influir en ti.

Krista se sonrojó por sus palabras y agachó con cabeza con vergüenza mientras Ymir gruñó molesta, pero terminó soltándolo a regañadientes.

—Bueno... Tengo razón, ¿no? —dijo Krista con un leve rubor mientras apartaba la mirada—Ymir se ve más linda con el cabello largo. Sería una pena que lo cortara.

—Pues sí. Tienes razón—Victor miró a Ymir con detenimiento y sonrió pícaramente—Me gustan mucho las chicas altas. Y de he admitir que Ymir es muy atractiva, especialmente las pecas en su rostro. Te dan ganas de contar y besar cada una de ellas, ¿no es así, Krista?

Krista se sorprendió ante sus palabras y un fuerte rubor adornó sus mejillas.

—¡¿Eh?!Bueno... yo...

La sonrisa pícara en el rostro de Victor se ensanchó aún más.

—Incluso te da curiosidad por saber si ella tiene pecas en otras partes de su cuerpo...

El rubor de Krista pareció aumentar ante eso mientras bajaba la cabeza.

—¡Victooor!—gruñó Ymir, aunque tenía un ligero rubor en su rostro cuando avanzó hacia él amenazadoramente.

Victor evadió hábilmente los intentos de agarre de ella mientras se reía de su vergüenza.

Realmente, él no se imaginaba un futuro sin que ellas dos formen parte de su vida.


El cuerpo de Jean se estrelló contra el duro piso de tierra. Un quejido de dolor escapó de la boca de él cuando sintió su brazo ser llevado a su espalda y empujado hacia arriba para inmovilizarlo. Por si eso no fuera suficiente, también sintió la culata del rifle que le arrebataron presionar contra su nuca.

—Te lo dije, no confíes solo en tu fuerza y tu tamaño—dijo Victor, aprisionando al Jean—Eso puede funcionar en alguien que no tiene entrenamiento y no sabe cómo pelear. Pero alguien con un mínimo de conocimiento utilizará tu fuerza y tu tamaño en tu contra. Justo como yo lo acabo de hacer. El hecho de que tengas un arma no significa nada si tu oponente sabe cómo pelear.

—Tal vez sea así...—gruñó Jean desde el piso—Pero no todos sabrán como enfrentarte a un oponente armado. Los civiles se acobardan cuando le apuntan con un arma.

—No creas que todos los civiles son indefensos. Mi padre es un claro ejemplo de ello. A pesar de estar lisiado y tener que usar un bastón para poder caminar, aun es más que capaz de darte una paliza a un grupo de matones. Incluso yo, que soy más bajo que tú, puedo derribarte al utilizar tu peso en tu contra. Nunca subestimes a tu oponente, Jean. Hacerlo significa una sentencia de muerte en los distritos interiores.

Victor se levantó y ofreció una mano a Jean para ayudarlo, quien aceptó.

—Siempre pensé que la vida en los distritos interiores era más fácil, pero no pensé que fuera tan malo—dijo Jean, con una expresión amarga adornando su rostro.

—Abandonas un infierno solamente para entrar a otro—dijo Victor, con un encogimiento de hombros.—La única diferencia entre vivir en Wall Rose y Wall Sina es que la gran mayoría de las personas que viven en Sina creen que el sol sale de sus culos. Visten de manera elegante y actúan de manera refinada solo para esconder lo podrido que están por dentro.

—Maldita sea—Jean pateó una pequeña piedra— ¿Acaso es mucho pedir vivir una vida cómoda y tranquila?

—Todos queremos eso—Victor apoyó el rifle de entrenamiento que le había quitado a Jean sobre su hombro—Pero tienes que estar dispuesto a pelear para conseguirlo.

Él volteó y alzó la ceja con intriga cuando vio a Annie enfrentarse con Eren. Soltó un silbido impresionado cuando Annie lo derribó sin problemas.

—A eso es a lo que me refiero, Jean—Victor le dijo a Jean mientras apuntaba con el pulgar a Annie sometiendo a Eren sin mucho esfuerzo,—Annie es más pequeña y físicamente más débil que Eren, pero eso no le dificultó a ella el derribarlo y utilizar su peso en contra de él.

—Ja, que chiste—se burló Jean—Annie es una de las más fuertes en el combate cuerpo a cuerpo. Es incluso capaz de derribar a alguien tan grande como Reiner sin muchos problemas. Por supuesto que el bastardo suicida no sería un problema para ella.

—Una vez más, un ejemplo perfecto de que la técnica y habilidad bien empleada puede vencer a la fuerza bruta.

—A-Annie... me rindo... ¡Me rindo!— farfulló Eren con voz ahogada debido al fierro agarre que tenía sobre su cuello.

—¿Te rindes? No quiero que te rindas, ¡quiero que aprendas la lección! —replicó Annie, apretando aún más la llave de rendición— Aprende a utilizar tu propia fuerza... Y la manera en cómo hablar con una dama.

—¡De ... de acuerdo!—exclamó Eren con evidente esfuerzo— ¡Aprenderé, pero suéltame!

—¿Es así?¿Realmente tienes tantas ganas de aprender? Entonces demuéstralo con acciones, no con palabras.

Victor se puso de cuclillas para observar como el rostro de Eren comenzaba a ponerse morado debido a la falta de aire.

—Oye, Annie, será mejor que lo sueltes si no quieres que se desmaye—señaló Victor,—Su rostro se está poniendo tan morado como una remolacha. Aunque... no sabía que Eren tenía la frente tan grande. Probablemente su frente podría proteger a la humanidad más que los muros con lo grande que es.

Ese comentario ganó una risita divertida por parte de Jean.

—¿Acaso quieres ocupar su lugar?—inquirió Annie, mirándolo con desafío.

Victor sonrió de manera pícara.

—Bueno, si estás encima de mí de esa manera, entonces no me molestaría.

Annie entrecerró los ojos al mirarlo, pero luego ella los abrió en señal de alarma cuando escuchó un grito de dolor y un enorme cuerpo acercarse hacia donde estaba. Ella se apartó rápidamente, pero Victor permaneció donde él estaba cuando Reiner aterrizó fuertemente sobre el cuerpo de Eren, levantando una nube de polvo y causando un quejido de dolor tanto de parte de Eren como Reiner.

—Vaya, ¿ahora caen bueyes del cielo?—inquirió Victor con diversión mientras abanicaba su mano para apartar el polvo de su cara aun estando de cuclillas—De ser así, las personas no tendrían que preocuparse de la escasez de alimento.

Cuando el polvo se asentó, se pudo observar a Reiner tendido sobre el cuerpo de Eren con una mueca de dolor en su rostro.

—¿Qué demonios?...¿Reiner?—cuestionó Eren, irguiéndose levemente— ¿Cómo diablos llegaste hasta aquí?

—Creo que tengo una leve idea—comentó Victor, volteando a mirar a Mikasa, quien se acercaba con una mirada que no presagiaba nada bueno.

¨Carajo, hasta yo me cagaría en los pantalones si me levanto y lo primero que veo es esa mirada¨

—Oye, Annie—llamó Mikasa— Yo también quiero aprender esa técnica. Enséñamela.

¨Algo me dice que no es por eso por lo que ella se acercó¨ pensó Victor, mirando a Mikasa con algo de tristeza ¨Mikasa... ¿aún no lo entiendes? ¨

Annie no se inmutó ante la mirada de Mikasa y se levantó para acercarse a ella mientras ella le devolvía la misma mirada imponente.

—No estoy segura de que puedas aprenderla—dijo Annie— Después de todo, esta es una técnica hecha para que lo usen los humanos contra otros humanos. Pero...—ella adoptó su pose de combate, para sorpresa de todos los presentes que miraban— Estoy interesada en saber si funcionará contra una bestia como tú.

—Es...¿Esto en serio?—susurró Eren con incredulidad,—Al fin ellas dos...

—¡Oye, oye!—dijo Connie, alarmado mientras él se acercaba junto con Sasha, quien era su compañera de entrenamiento— ¡¿En serio ellas dos van a pelear?!

—¡¿Van a partirse la cara a madrazos?!—exclamó Sasha en su acento pueblerino, aunque nadie la entendió.

— Oh, esto es interesante—dijo Ymir, cruzándose de brazos y mirando con interés el inminente— Me pregunto quién ganará.

—Pues... creo que Annie, ¿no? —dijo Marco.

—¡¿Eh?!¡¿Acaso eres idiota?!—gritó Jean con incredulidad y molestia— ¡Yo apuesto toda mi cena a que gana Mikasa!

—¿No deberíamos detenerlas?—inquirió Krista con preocupación.

—Puedes intentarlo, pero no creo que te escuchen—dijo Ymir— Aunque hay alguien que puede detenerlas...

Ella miró de reojo a Victor, quien observaba a Mikasa y Annie de manera expectante.

—¿Quién crees que ganará, Eren?—preguntó Reiner, irguiéndose.

Eren se vio realmente dubitativo ante esa pregunta. A pesar de que le molestaba, reconocía que Mikasa era realmente fuerte. Más fuerte que él. Y conocía lo que Annie era capaz de hacer después de haber entrenado con ella estas últimas semanas. Mentiría si dijera que no esperaba esta lucha para saber quién de las dos era más fuerte.

—Pues...

Los ojos de Eren iban de Mikasa a Annie, quienes no apartaban la mirada de la otra. La tensión entre ambas era casi palpable.

—Yo... No lo sé—terminó admitiendo.

—¿Tú que crees, Victor?—le preguntó Reiner al chico del interior, quien no apartó la mirada ni por un segundo—Tú más que nadie sabe de lo que ambas son capaces. Te has enfrentado con ellas en el pasado. Y has entrenado junto con Annie durante mucho tiempo ¿Quién crees que ganará?

Victor se llevó una mano al mentón mientras pensaba la pregunta.

—Pues... es difícil de decir—dijo él—Mikasa es realmente talentosa. De eso no hay duda. No hay nada que a ella no le salga bien, incluyendo pelear. Por otro lado, Annie ha pasado años perfeccionando su técnica de combate, lo que la convierte en una peleadora realmente peligrosa. Pero... si yo tuviera que elegir a alguien, sería Annie.

—Así que tú crees que Annie ganará—señaló Eren.

—Podría equivocarme—Victor se encogió de hombros— Pero justo ahora... ¡Patea su trasero, Annie! ¡Demuéstrale a Mikasa quien manda!

Eso llamó la atención de todos, especialmente de Annie y Mikasa, quienes miraron de reojo con sorpresa.

—¡Oh, Victor apoya a Annie!—dijo Connie— ¡Entonces yo también lo haré! ¡Ve, Annie! ¡Puedes hacerlo!

—¡¿Ambos son idiotas?!—gritó Jean— ¡Obviamente Mikasa ganará!

—Annie es fuerte, pero yo creo que Mikasa es más fuerte—coincidió Sasha, viéndose cada vez más emocionada,— ¡Que se armen los pinches guamazos!

Todos comenzaron a susurrar emocionados cuando Mikasa comenzó a caminar lentamente hacia Annie, pareciendo aún más molesta que antes por alguna razón.

Annie tensó los músculos en señal de preparación y estuvo a punto de atacar cuando una nueva bramó con autoridad y furia.

—¡Deténganse en este instante!—bramó Shadis, acercándose a las dos reclutas,— ¡¿Qué demonios creen que están haciendo, gusanos?!

—Ah, mierda, ¡es Shadis!

—¡¿Acaso piensan que el entrenamiento es una obra de teatro para que se entretengan viendo pelear a los reclutas?!

—Un poco...—admitió Victor en voz baja.

Shadis le lanzó una mirada fulminante que causó que Victor hiciera un ademán de cerrar la boca como si se tratara de una cremallera.

—¡Vuelvan al entrenamiento!—ordenó Shadis, causando un suspiro de decepción por gran parte de los reclutas que esperaban la pelea entre las dos mejores reclutas.

—Le quitas lo divertido a la vida—suspiró Victor, agarrando el rifle con el que entrenaban y dispuesto a seguir su entrenamiento con Jean.

—Victor.

El chico volteó para encontrar a Mikasa a escasos centímetros de él, causando que diera un respingo de sorpresa. No ayudó en nada que Mikasa fuera más alta que él, causando que tuviera que alzar ligeramente la cabeza para mirarla.

—¡Mikasa!—Victor se llevó una mano al pecho y dio un paso atrás— Por las murallas, casi me das un infarto. ¿Qué ocurre?

Mikasa lo miró con una expresión ilegible durante unos segundos, causando que Victor se pudiera algo incómodo.

Luego, ella finalmente preguntó.

—¿Por qué apoyaste a Annie?

Victor no esperaba esa pregunta, con una expresión desconcertada en su rostro evidenciando eso.

—¿Eh?—fue su respuesta inteligente.

—¿Por qué apoyaste a Annie?—Mikasa cuestionó una vez más, con un ligero tinte de molestia filtrándose en su voz.

—Pues...yo...

—¿Es porque crees que ella puede vencerme? —inquirió ella, dando un paso más cerca de Victor y cerniéndose más sobre él— ¿Es porque piensas que soy más débil que Annie?

—Mikasa, yo...

—No soy débil—sentenció ella, mirándolo directamente a los ojos— Y definitivamente no perderé ante Annie.

Con eso dicho, ella se marchó, dejando atrás a un aturdido y confuso Victor.

—¿Qué demonios fue eso?—se preguntó a sí mismo.


Esa noche, mientras los reclutas masculinos estaban en los dormitorios, Victor se encontraba garabateando su diario mientras estaba sentado en su litera con la espalda contra la pared.

El lápiz de papel trazaba las líneas del dibujo que había estado haciendo durante la última hora.

Un dibujo de Mikasa y Annie.

Él no podía sacarse la imagen de ellas dos de su cabeza, así que decidió plasmarla en papel, lo cual ayudó a calmar su mente, pero no la incertidumbre de su corazón.

—Los sentimientos no son algo que deben de mantenerse encerrados, ¿eh? —recordó él sus propias palabras y se rio levemente ante lo hipócrita que se sentía.

—¿Mmm?¿Dijiste algo, Victor?—preguntó Marco, quien estaba con las piernas cruzadas en la litera mientras jugaba a las cartas con Jean, quien estaba en la misma posición.

—Probablemente algo estúpido—rechazó Jean, frunciendo el ceño mientras miraba sus cartas—Él necesita decir su dosis diaria de estupidez o enloquecerá.

—Oye, no te desquites conmigo solo porque no has ganado ni una sola partida—dijo Victor—No es mi culpa que tu suerte apeste, Jeanboy.

Jean gruñó ante eso, pero no se dignó a responder mientras seguía refunfuñando y mirando sus cartas. Realmente, él no sabía jugar al póker y mucho menos mantener una ¨cara de póker¨.

—Entonces, ¿qué es?—preguntó Marco, descartando dos cartas para luego agarrar dos más del mazo.

—Pues...

Victor consideró decírselos a ambos. Jean y Marco eran sus amigos hombres más cercanos. Tal vez podrían comprenderlo, pero lo descartó de inmediato debido a Jean. No sabía cómo reaccionaría ya que Mikasa estaba involucrada. Y Jean siempre se alteraba cuando ella estaba involucrada.

Al final, simplemente decidió ser vago sin revelar nada.

—La verdad es que estoy un poco... perdido sobre algo—confesó, llamando la atención de ambos chicos— Hay algo que me tiene... indeciso. Y supongo que tengo que elegir un camino. Y una vez que lo haga... creo que ya no habrá vuelta atrás.

— ¿Te refieres a qué regimiento unirte una vez que nos graduemos? —inquirió Marco, alzando una ceja.

—Pues... algo así. De hecho, es bastante similar. ¿Qué harían ustedes en mi posición?

—La respuesta es simple—dijo Jean, descartando tres cartas y luego levantando otras tres del mazo— Simplemente elige la que más te convenga. No necesitas elegir una opción que no hará más que generarte problemas.

—No creo que sea tan simple como eso. Quiero decir, no podré saber lo que realmente ofrecen estos caminos a menos que decida avanzar por ellos. Es como un salto al vacío.

Jean miró un poco alarmado a Victor.

—Amigo...¿Qué clase de decisión tienes que tomar para que lo veas de esa manera?

—Una decisión que es un camino sin retorno—respondió con una leve sonrisa triste—Al menos, así es como yo lo veo.

—Ya veo... Es bastante complicado si lo pones de esa manera—observó Marco, luego chasqueó los dedos como si hubiera tenido una epifanía— Entonces, ¿qué te parece tomar una decisión de la cual te arrepientas menos?

—¿Eh?¿De la que me arrepienta menos?

—Exacto—Marcó alzó la cabeza para mirar a la luna a través de la ventana del dormitorio masculino y sonrió levemente— Cuanto tenemos decisiones importantes que tomar, siempre es mejor tomar la decisión de la que menos nos arrepintamos en el futuro. Una decisión que, cuando volteemos a ver al pasado, tengamos el menor remordimiento posible.

Victor reflexionó en las palabras de Marco. Miró el diario que tenía en sus manos, al dibujo que había estado haciendo los última días.

—Una decisión de la que menos me arrepienta...


A la semana siguiente, Victor se encontraba sentado a los pies de un árbol. El mismo árbol donde se había sentado los últimos meses mientras esperaba a que el sol se asomara en el horizonte y alguien viniera a su encuentro.

El sonido de la hierba crujir señaló la llegada de la persona que estaba esperando, pero Victor no se levantó mientras seguía trazando las líneas que había estado haciendo en la hoja de su diario. Líneas que formaban la imagen de una persona que se había instalado en su corazón de una manera que él no esperaba. Una persona que producía tantos sentimientos en su corazón que él no creía posible.

En un principio, él rechazó el sentimiento. Negándolo como respeto y admiración. Luego, ese sentimiento poco a poco comenzó a crecer en algo más, en algo que lo desconcertó y lo confundió. Pero ahora, ya no seguiría ignorándolo o posponiéndolo como lo había estado haciendo estos últimos meses. De la misma forma que aceptó y abrazó su nueva y extraña fuerza, Victor decidió aceptar este nuevo sentimiento y reconocerlo como una parte de sí mismo. Y al hacerlo, finalmente pudo tomar una decisión.

Una decisión de la que no se arrepentiría.

—Es raro ver que estás aquí antes que yo—señaló Annie cuando entró al claro donde ambos entrenaban por las mañanas antes del inicio del entrenamiento militar,—Normalmente vienes más tarde ya que, por lo que escuché, duermes como una vaca sedada.

Y allí esta. La leve sonrisa divertida en el rostro de Annie que Victor asemejaba a una estrella fugaz; efímera, pero muy hermosa.

Él comenzó a sentir el corazón comenzar a martillear en el pecho y un nudo formarse en la garganta, pero logró ocultarlo detrás una sonrisa.

—Bueno, supongo que he estado un poco ansioso estos últimos días—respondió él, volviendo rápidamente su vista a su diario mientras continuaba dibujando.

—¿Es por eso por lo que tienes esas ojeras?—inquirió ella de manera distraída.

Victor parpadeó con leve sorpresa.

—Podría decirse que sí. No he podido dormir bien últimamente. Hay algo que ha estado en mi mente la última semana y no he podido sacármelo. Es como una comezón que no puedo rascarme.

Annie hizo un sonido con la garganta en señal de que estaba escuchando mientras comenzaba a estirar sus músculos.

Victor apartó la mirada cuando ella se agachó para tocar la punta de sus pies con una facilidad y flexibilidad impresionante, lo que le daba una vista de perfil del culo de Annie. Había escuchado a los reclutas hombres discutir sobre quien tenía el mejor culo entre las reclutas mujeres y Annie se había llevado el primer puesto. Cosa que, aunque le molestó escuchar que hablaban de Annie de esa manera, no pudo evitar estar de acuerdo.

—¿Te quedarás allí sentado como un idiota o comenzarás a estirar tus músculos para poder entrenar?—preguntó Annie, sentándose con las piernas abiertas y extendidas mientras se inclinaba para alcanzar la punta de sus pies.

—Creo que pasaré por hoy—dijo Victor, sin levantar la vista de su dibujo, solo le faltaba un poco más para poder terminarlo—Puedes comenzar tu rutina si quieres. No te molestaré.

Annie arqueó una ceja, extrañada por el comportamiento de él. Victor nunca se saltó un solo día de entrenamiento desde que comenzaron a entrenar juntos. Diablos, incluso en sus días libres él entrenaba con el ODM.

—Entonces, si no vas a entrenar, ¿por qué viniste? —cuestionó Annie.

Victor levantó la mirada y le sonrió.

—Solo quiero pasar tiempo contigo, Annie. Eso es todo.

Ella no esperaba esa respuesta. Se volteó para seguir estirando sus músculos a la vez que apretaba los labios en una línea.

—Desperdicias el poco tiempo libre que tenemos—dijo ella.

—De hecho, me gusta pensar que aprovecho todo mi tiempo al máximo—respondió él, volviendo a dibujar.

Annie volteó a mirarlo de reojo por unos segundos.

—Eres raro—dijo antes de seguir su estiramiento.

La siguiente media hora transcurrió rápidamente. Annie hacía su entrenamiento de la misma manera en la que siempre lo hacía, mientras que Victor se mantuvo en el mismo lugar dibujando en su diario. De vez en cuando, él levantaba la mirada para observar a Annie por unos segundos para luego bajar la cabeza y seguir dibujando. Annie se percató de todo eso, pero decidió no comentar nada.

Extrañamente, ella se sentía cómoda con el silencio entre ambos. Era como si ambos disfrutaran la presencia del otro sin decir nada, con Annie inmiscuida en su entrenamiento y Victor dibujando en su diario.

Finalmente, Annie se tomó un descanso para recuperar el aliento. El entrenamiento siempre ayudaba a despejar su mente y revitalizar su cuerpo. Era su terapia y su manera de desahogarse.

El sudor goteaba levemente por su piel caliente, el cual contrarrestaba el frío aire de la mañana. Ella lo encontraba agradable. Volteó para mirar a Victor, quien aún estaba inmiscuido en el diario mientras seguía dibujando. Ella lo observó fijamente por casi un minuto entero. Estudiando a la incógnita que representaba el chico del interior.

Era extraño para ella. Desde el primer momento que lo vio, simplemente lo tachó como alguien de motón. Alguien sin importancia. Desde que supo que él provenía de los muros interiores, ella pensó que él actuaría como un bastardo arrogante y engreído donde él creía que todos estaban por debajo de él. Que era alguien que se regodeaba de la fortuna de el padre de él tenía y lo único que le importaba era sí mismo.

Ella nunca se había equivocado tanto al juzgar a alguien.

Victor había destrozado toda idea preconcebida que ella tenía sobre él desde la primera vez que hablaron y pelearon. Él le había demostrado una fiereza que contrarrestaba totalmente el apodo de ¨Oveja¨ que él tenía. Annie pudo verlo desde la primera ver que lo miró a los ojos, que detrás de esa apariencia de chico frágil, burlón y sarcástico, se escondía un verdadero lobo.

Desde el primer momento que ella lo vio, sabía quién era él realmente. Un lobo con piel de oveja. Y en vista de cómo Victor había actuado estos últimos meses, no se había equivocado. Victor había revelado su verdadera naturaleza. Aunque aún decidía usar la ¨piel de oveja¨. ¿Por qué? Ella no lo sabía. Pero no le importaba. Para ella, Victor seguía siendo Victor, incluso con sus nuevas habilidades y extraña fuerza, él seguía siendo el mismo. Solo que ahora él tenía las cosas más claras que nunca. Y ella respetaba eso.

—¿Ves algo que te guste?—inquirió Victor en un tono burlón.

Annie se sorprendió y apartó la mirada de él con un leve rubor, maldiciéndose por su propio descuido.

—Cállate—espetó ella con molestia, causando que Victor se riera entre dientes.

Annie arqueó una ceja y se acercó a él.

—¿Qué tanto has estado haciendo con tu diario en todo este tiempo?—inquirió ella con leve curiosidad.

Victor se vio un poco dudoso, pero finalmente respondió:

—Te dije que tenía algo en mi cabeza esta última semana y no he podido sacármelo—levantó el diario, pero sin mostrarle a ella lo que estaba dibujando—Dibujarlo ayuda a quitármelo de la cabeza. Es terapéutico para mí.

Annie asintió en señal de comprensión. Era similar a lo que ella hacía con su entrenamiento.

—¿Y?¿Qué has estado dibujando?

Victor sonrió y volteó su diario para que Annie viera lo que él había estado dibujando.

—Tú.

Annie abrió los ojos con sorpresa cuando vio un dibujo de ella misma. En el dibujo se veía a ella de perfil, con su característica pose de pelea con los brazos levantados y una pierna ligeramente flexionada. Su rostro se veía serio, imponente, incluso hermoso en cierta manera. Era un dibujo realmente muy bien hecho, digno de un retrato.

— ¿Q-Qué?... ¿Por qué?... —tartamudeó Annie, sin saber cómo reaccionar— ¿Por qué me dibujaste?

Victor se encogió de hombros y miró su propio dibujo. Se sentía bastante orgulloso de él.

—Te lo dije. Ha estado en mi cabeza últimamente y no he podido quitármelo.

—¿Solo por eso?—preguntó ella con escepticismo.

—No es tan sorprendente. He hecho muchos dibujos de todos los reclutas. Hice uno de Eren el primer día donde falló en su primer intento en la prueba de equilibrio. Uno de Connie cuando él fue agarrado por Shadis por la cabeza. Otro de Sasha cuando ella comió una patata el primer día de formación. También he hecho un dibujo de Krista e Ymir juntas, al igual que otro de Eren, Armin y Mikasa. Incluso hice un dibujo de las extrañas poses de Bertolt mientras dormía. He hecho muchos dibujos, pero... —miró su dibujo y sonrió levemente— Puedo decir con seguridad que este es el mejor que he hecho. Tal vez...porque puse mis sentimientos en ello.

Annie abrió los ojos con sorpresa, sin esperar esa revelación.

—¿Con sentimientos te refieres a...?

—Me gustas, Annie.

Y allí estaba. Él lo había dicho. Victor sentía su corazón martillear fuertemente en su pecho y su rostro arder. Él no se animó a levantar la mirada por temor a la expresión que tendría Annie, de haberlo hecho, él habría visto su expresión conmovida, pero también triste.

Ella rápidamente enmascaró sus emociones en un intento de permanecer lo más fría y apática posible.

—¿Solo a mí?—preguntó ella.

Victor levantó la mirada, sorprendido. Él esperaba cualquier cosa; un rechazo, una burla, e incluso la parte esperanzadora de él esperaba una aceptación de sus propios sentimientos. Pero definitivamente no esperaba escepticismo de parte de Annie.

—¿A-A qué te refieres?

—No intentes tomarme por una idiota, Victor—reprendió Annie con molestia—No soy la única chica que te gusta, ¿no es así?

Victor abrió los ojos con evidente sorpresa. Él nunca le había dicho a nadie, ni siquiera a Krista e Ymir, sobre los sentimientos confusos que tenía. Es porque una parte de él sentía que no era correcto que le gustara dos chicas diferentes.

Él sonrió tristemente.

—Sí, tienes razón—admitió—No eres la única chica que me gusta.

Annie entrecerró los ojos.

—Es Mikasa, ¿no es así?

Victor rio sin humor.

—Supongo que no debería sorprenderme de que lo sepas. A veces olvido lo perspicaz que eres.

Él pasó las páginas de su diario y se vio el mismo dibujo que había hecho la semana pasada. Por un lado, estaba Annie y por el otro estaba Mikasa.

—Ustedes dos han estado en mi cabeza por demasiado tiempo, tal vez desde el primer momento que hablé con ustedes—confesó él—Al principio lo negué, luego lo ignoré. Pero desde aquel día cuando Krista y yo fuimos secuestrados y casi asesinados, he estado pensando mucho más en ustedes dos. Es como si el mundo mismo me dijera que aprovechara el poco tiempo que tengo, porque nunca sabría cuando terminaría. Desde entonces, he intentado ordenar mis sentimientos, pero me resultó imposible.

Para sorpresa de Victor, Annie se sentó a su lado y apoyó su espalda contra el árbol que estaba detrás de ellos.

—¿Y qué fue lo que cambió?—preguntó ella, mantenido una expresión neutral mientras miraba al cielo.

—Fue... una pequeña charla que tuve con Krista e Ymir. Les dije que los sentimientos no deben de mantenerse encerrados.

—Que cursi.

Victor se rio entre dientes.

—Ymir dijo lo mismo. En fin, me sentí un hipócrita al decir eso, considerando mi situación. Y cuando les pregunté a Jean y Marco sobre qué harían si tuvieran que elegir un camino sin saber a dónde los llevaría, Marco me dijo que tomara una decisión de la que menos me arrepienta.

Él se apoyó sobre las manos y miró al cielo.

—He pensado tanto desde entonces... Estaba cansado de esconder lo que sentía, así que tomé una decisión.

Annie abrazó sus piernas contra su pecho y bajó la cabeza para esconderla.

—¿Por qué yo?—preguntó ella— ¿Por qué no elegiste a Mikasa o alguien más? Yo... no soy buena para ti.

Era extraño para Victor ver a Annie actuar de esa manera. Lejos de la chica fría y apática que demostraba ante todos los demás. En estos momentos, ella se veía frágil y delicada. Como si unas simples palabras pudieran lastimarla más que cualquier golpe.

Victor sabía que tenía que elegir las palabras con mucho cuidado para poder transmitir correctamente sus sentimientos.

—No elegí a Mikasa porque una parte de mí piensa que ella nunca me vería de la misma manera en la que ve a Eren. Cuando veía la manera en la cual ella se preocupa por él, donde sería capaz de hacer lo que sea por él...Me ponía celoso, incluso molesto. Pero cuando entendí las circunstancias del porqué ella actúa de esa manera, lo entendí. Y supe que nunca podría igualar eso. Sin importar lo que hiciera.

—¿Entonces simplemente me elegiste por descarte?¿Cómo una segunda opción?¿Cómo un premio de consolación? —preguntó Annie, sonando dolida y molesta.

—¡Por supuesto que no!—estalló Victor para sorpresa de Annie.

Ella levantó la mirada para ver la expresión herida de Victor, como si a él realmente le doliera que ella pensara de esa manera de él.

—La razón por la que decidí confesarme a ti en lugar de Mikasa fue porque lo que siento es verdadero. Realmente me gustas, Annie. Y desde el primer día que nos conocimos, lo que siento por ti no ha hecho más que crecer. Si solo fuera simplemente un sentimiento fugaz o simples hormonas de la pubertad, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. Pero cuando más hablaba contigo, cuando más tiempo pasábamos juntos, me daba cuenta de lo maravillosa que eres. Detrás de esa expresión fría e indiferente que parecías tener, pude ver lo cálida y gentil que eres en verdad. Pude ver tu sonrisa que quedó plasmada en mi mente y fue una de las cosas más hermosas que he visto. Y sé con seguridad que nunca me cansaré de verla.

Annie apartó la mirada de él con un rubor en su rostro. Ella estaría mintiendo si dijera que todo lo que él dijo no provocaba que su corazón martilleara fuertemente en su pecho a la vez que sentía un agradable calor en la boca del estómago.

—Victor... nosotros... no podemos hacer esto—dijo ella de manera temblorosa.

El chico sintió como si le hubieran pateado en el estómago.

—¿Es porque me gusta otra chica además de ti?—inquirió él cabizbajo—Es cierto que también me gusta Mikasa y probablemente lo seguirá haciendo por un tiempo. Pero también sé con certeza que no me arrepiento de mi decisión. Y no lo haré en el futuro. Porque si tuviera arrepentimientos al elegir una de ustedes dos, entonces nunca habría tomado una decisión. Me hubiera tragado mis sentimientos y nunca habría hecho nada en consecuencia. Porque si fuera indeciso, habría lastimado a una de ustedes dos. Y eso es lo último que quiero.

Annie negó con la cabeza.

—No. No es eso. Te conozco, sé que no hubieras tomado una decisión si no te sintieras totalmente seguro sobre el.

—¿Entonces cuál es el problema?—preguntó Victor, mirándola de manera expectante.

—He hecho... cosas de las que no me siento orgullosa—admitió ella, bajando la mirada—Cosas horribles de las que me arrepentiré hasta que muera, pero... la volvería a hacer si tuviera que hacerlo. Si tú llegaras a saberlo, sé con certeza que me odiarías y no podría culparte por ello.

Victor quedó sorprendido por sus palabras. Era la primera vez que Annie le confesaba esto. Y no sabía cómo reaccionar. Brevemente se preguntó qué fue lo que ella había hecho para sentir tanta culpa por sus acciones. Pero lo que le sorprendió más fue la expresión abatida y llena de dolor que Annie tenía.

—Así que... es mejor si no estamos juntos—dijo Annie con voz ahogada—Yo... no quiero lastimarte. No te lo mereces. Yo... no te merezco.

Victor colocó una mano sobre el hombro de Annie para llamar su atención. Ella volteó con miedo de encontrar una expresión molesta, o peor, herida por sus palabras. Pero lo que no esperaba era la sonrisa comprensiva y amorosa que él tenía.

—Annie... las cosas que hiciste, de las que te arrepientes, ¿lo hiciste porque querías hacerlo? —preguntó él.

Annie no encontró las palabras para expresarlo, así que simplemente negó con la cabeza.

—¿Los hiciste por una razón?

Dudosa... Annie asintió.

—Entonces eso es lo único que me importa—dijo él, para su sorpresa—No es necesario que me digas lo que hiciste. No te forzaré a hacerlo a menos que tú quieras decírmelo. No puedo prometerte si no me enojaré, o incluso si te odiaré, pero lo que si prometo es tratar de comprenderte.

—No merezco tanta consideración de tu parte—dijo ella, bajando la cabeza—Eres demasiado amable para tu propio bien.

—¿Cómo podría no ser amable y comprensivo con la chica que me gusta?—él se rio levemente, mirando al cielo con una sonrisa—Tú sacas lo mejor de mí, Annie. Me haces una mejor persona. Y me inspiras e impulsas a ser aún mejor. Incluso si no tú sientes lo mismo por mí, eso no significa que te trataré diferente.

Para su sorpresa, Victor sintió la mano de Annie deslizarse brevemente sobre la suya. Ella aún no se animaba a mirarlo. Su rostro estaba parcialmente escondido entre el hueco de sus piernas y pecho, pero él aún pudo ver el sonrojo que adornaba sus mejillas cuando ella apretó levemente la mano de él.

—¿Quién dijo que no siento lo mismo por ti?—cuestionó ella.

Victor sintió su corazón dar un vuelco por sus palabras. Él sonrió, entrelazó los dedos con los dedos de Annie y le devolvió el apretón.

Annie levantó la vista hacia él, casi con timidez, para encontrar a Victor mirándola de manera amorosa. Era la primera vez que alguien la miraba de esa manera y se sintió realmente cohibida, pero no apartó la mirada de él, de los ojos plateados que brillaban con afecto al mirarla. Se sentía bien ser receptora de aquella mirada, aunque en el fondo ella sentía que no se lo merecía.

De la misma manera, Victor tampoco apartó la mirada de los ojos de Annie. Esos ojos azules que escondían inseguridad, miedo y culpa detrás de una fachada fría, indiferente y apática. Ojos que lo cautivaron de una manera única al ver la gentileza y calidez que ella podía tener en ellos.

Lenta, pero seguramente, ambos comenzaron a inclinarse hacia el otro. El sol se asomó en el horizonte y sus rayos de luz se filtraron entre las ramas de los árboles, alumbrando a ambos adolescentes que compartieron un suave y cálido beso. Una calidez que se extendió por todo el cuerpo de ambos al experimentar lo que fue su primer beso. Uno que ambos recordarían para siempre.

Annie fue la primera en alejarse y apartar la vista de él con timidez. El sonrojo en su rostro, junto con el leve brillo que ella tenía en sus labios debido al beso que compartieron fue una de las cosas más hermosas que Victor vio. Y supo que esa imagen quedaría en su memoria para siempre.

—¿Esto significa que estás dispuesta a intentarlo?—inquirió Victor— Quiero decir, nosotros... Tú y yo...

Annie nuevamente lo sorprendió cuando ella recostó su cabeza sobre su hombro sin soltar la mano de él. Victor pudo ver la sonrisa que Annie tenía en sus labios. Era tan diferente a todas las que había visto, porque era la primera vez que él la veía tan relajada, satisfecha... incluso él podría decir que feliz.

—Lo hago—declaró ella, para la felicidad del chico— Pero... me gustaría que lo mantuviéramos solo entre nosotros dos.

—Bueno, yo también tenía la intención de que esto se mantuviera entre nosotros dos—dijo Victor— Quiero decir, sería el sueño de cualquier hombre tener a más de una chica, pero no creo que mi cuerpo pueda soportarlo.

Ese comentario le llevó a recibir un ligero codazo en las costillas.

—No me refería a eso, idiota. Si no que mantengamos esta... relación nuestra en secreto.

—Ah, ya entiendo.

—No significa que no quiero que nadie lo sepa—Annie se apresuró a explicar—Solo... que no aún.

Victor se rio entre dientes por el nerviosismo de ella, causando que Annie lo mirara con molestia.

—Está bien—aceptó él,—Sin aún no te sientes cómoda con revelarlo, entonces no tengo problema. Simplemente actuaremos como si nada hubiera cambiado entre nosotros.

—Pero solo cuando estemos en público—aclaró ella, recostándose aún más sobre él,— Cuando estemos nosotros dos solo podemos...

—¿Besarnos?

—¿Alguien está ansioso?—inquirió Annie con una ceja levantada y una leve sonrisa.

—¿Puedes culparme?—replicó él con una sonrisa—Ahora tengo una novia que no solo es hermosa, sino también es ruda. Lo cual encuentro increíblemente atractivo.

Annie rodó los ojos, pero sonrió con diversión y se acercó a él para unir sus labios con los de él una vez más.

Todo este concepto era extraño y nuevo para ambos, pero eso no les impidió continuar e incluso disfrutarlo.

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Y eso es todo por ahora, mis adorables lectores.

Fue tan estimulante escribir este capítulo. Sentí diversión, placer e incluso miedo al escribir.

Mi principal miedo fue que escribiera a Annie demasiado OCC. Por lo poco que ella ha demostrado, puedo decir que es bastante tímida cuando se trata de sentimientos. La manera en la que actuó cuando confesó sus sentimientos por Armin a Mikasa y la charla que tuvo con Armin en el barco de camino a Marley demuestra eso. Así que espero no haber perdido el enfoque al escribir la escena de la confesión.

Otro miedo que tuve al escribir fue expresar correctamente los sentimientos de Victor. Yo quería expresar su confusión e incertidumbre al tener que elegir entre una de las dos chicas que le gusta. De la misma forma, yo también quería mostrar su resolución cuando tomó la decisión.

Lo que quise expresar es que, al haber elegido a Annie, descartó la opción de estar con Mikasa, y decidió solo enfocar sus sentimientos románticos hacia Annie. Pero eso no será el fin de la interacción de Mikasa y Victor, hay una razón por la cual se desarrolló las bases para una posible relación entre ambos que se verá más adelante. Por ahora, Victor y Annie han comenzado a salir, aunque sea de manera secreta.

Pero de lo que más me siento conforme es de la relación que desarrollé de Victor con Krista e Ymir. Desde un principio, mi intención siempre fue que ellos formaran un ¨Trio¨ de la misma forma en la que lo son Eren, Armin y Mikasa. Jean, Sasha y Connie. O Erwin, Hange y Levi. Espero haberlo hecho bien. Krista e Ymir, principalmente Ymir, son dos de mis personajes favoritos de SNK. Ambos tienen tanto potencial que espero aprovechar a lo largo de mi historia.

Lo más probable es que el próximo capítulo sea el último del entrenamiento de recluta y siente las bases para la graduación y para lo que vendrá después, el cual todos sabemos que pasará. Aunque tendrá mi propia desviación con la presencia de un OC que ha influido fuertemente en varios personajes. Así que espero que estén ansiosos por leerlo de la misma forma en que yo estoy ansioso por escribirlo.

En fin, eso es todo por ahora.

Díganme qué tal les pareció.

¿Se sintieron decepcionados o alegres de que Victor haya elegido a Annie? Háganmelo saber en las reseñas.

Y sin nada más que decir... ¡Hasta la próxima, guapos y guapas!