Advertencias en este capítulo:
Pareja: España y Romano
Otros personajes: Roma
Resumen general: El mar, el sol la arena, Romano... Una combinación explosiva.
Playa
Romano se pasa una mano por el pelo, se cruza de brazos, se sonroja un poquito y cruza las piernas mirándole el culo a España de reojo, él le mira de reojo mientras habla con Prusia de quién sabe qué y le sonríe.
Recibe un sonrojado guiño de vuelta, él se paraliza, se sonroja y deja a Prusia con la palabra en la boca yendo a por él.
Romano se cruza de piernas, subiendo los pies a la mesa del comedor y humedeciéndose los labios. Sonríe un poco para sí y echa la silla para atrás, balanceándose sin dejar de mirar a España, este se para a su lado apoyando el culo en la mesa y riendo un poquito.
—Bah, puesto así me tapas todo el paisaje —protesta sonriendo de lado.
—Quizás es lo que quiero —se ríe un poquito más, cruzándose de brazos como él.
—Entonces date la vuelta que prefiero verte el culo que la cara de tonto —sonríe más maligno.
—¿Cuánto me pagas? —sonríe de vuelta.
—¿Pagarte? ¡Ja! ¿Por verte el culo o por tocar? –pregunta sonriendo.
—Pues depende de lo que quieras será una cosa u otra.
—Yo lo quiero todo, stronzo —ojos en blanco, se balancea más atrás.
—¿En serio? —risa idiota.
—Obviamente —ojos en blanco—. ¿Cuánto quieres, entonces?
—Mmmm... Una cita —sonríe tontamente, sonrojadito.
—¿Cita dónde? —se sonroja a juego
—Pues... ¿en la playa? —propone.
—En la playa... ¡Ja! Si serás idiota —por decir algo, echa la silla para adelante de golpe y sonríe, levantándose—. Vamos. ¡Mírate la cara! ¡Ja! —se medio burla romano sonriendo, tomándole de la muñeca y tirando de él
—¿Eh? ¿Qué le pasa? —con la mano que no le sujeta se toca la mejilla, sonriendo como un niño pequeño y dejándose llevar.
—Haces cara de tonto... Más de la habitual —toma las llaves de su coche del clavo de la puerta.
—¡Será porque tú me vuelves tonto! —se ríe.
—Tonto yo que siquiera me acerco a ti... Súbete al coche, venga —palmada en el culo
—Pues acércate —da un saltito con la palmada y se ríe.
—¿Más? —pregunta frunciendo el ceño, tomándole del cuello de la camiseta y jalándole hacia él.
—Sí —risita y traga saliva.
Bien, se acerca lo su suficiente para tocarle las amígdalas con la lengua. Él le besa de vuelta tomándole de los antebrazos.
Le empuja un poquito para separarle después de unos segundos pero España no le deja del todo.
Verán, es que no es como que España no le derrita el cerebro. Romano más o menos olvida donde están y que hacían.
Al final, se separa relamiéndose y Romano cierra los ojos atrayéndolo un poco hacia él.
—Spagna... Idiota —susurra
—Tú me idiotizas —responde.
—Siempre dices la misma idiotez —beso suave en los labios pero sonríe un poco.
—Porque es verdad —sonríe.
—Yo creo que ya bastante idiota eres tu sin mi ayuda... —sonríe.
—No es verdad, cuando tú no estás soy una lumbrera.
—Ah ¿sí? ¿Dejas a todos impresionado con tu inteligencia? —se ríe.
—Exacto.
—Stronzo di merda —beso rápido en los labios y sonríe más—, vamos a desnudarte a la playa.
—¿A... A desnudarme? —levanta las cejas mirándole de reojo, sonrojadito.
—Pues claro, desnudarte —tira de él otra vez
Le sigue, riéndose idiota con la idea.
El italiano le hace un gesto para que se meta y se sube al coche de un salto.
España se sube demasiado atontado para notar que... ehm, bueno, ROMANO va a CONDUCIR
No se preocupen... Creo que va a darse cuenta de ello pronto, especialmente con el sonido de las llantas al rechinar sobre pavimento.
Y Romano se dará cuenta que se ha dado cuenta cuando suelte un "¡Coño!" Y se agarre de la asita sobre su cabeza como si ese minúsculo pedacito de plástico fuera un salvavidas en mitad de un mar angosto.
—¡Deja de chillar! —protesta dándole un golpe en el pecho y dando una vuelta de esas que rechinan las llantas y dejan a todo el mundo detenido en la esquina.
No chilla... reza. Muy bajito. Sin soltar su asita.
Romano detiene más o menos a toda la ciudad hasta que llegan a la playa y se estaciona... Claro, rechinando las llantas, deteniéndose literal a un milímetro de una cabina telefónica con una viejecita hablando por teléfono.
—Iiiiiih —hace España entre dientes, haciéndole coro a las llantas. Suavecito, eso sí.
—Ya estamos, ¡estúpida gente! —protesta a nosequienquehizonoseque mirando por el espejo retrovisor y sonriendo.
España, pálido, casi sale del coche como si se hubiera prendido en llamas.
—¿Viste a la vieja estúpida? —pregunta en protesta hablando de otra noséquién.
—YO sí —asegura para dejar claro que no está seguro de si él también.
—Es increíble cómo es que la gente conduce tan mal —protesta y yo estoy de acuerdo contigo, España... Es increíble la falta de autocrítica que tienen otras personas.
—Sí... y siempre te ponen nervioso, por eso te digo que conduzco yo, mejor...
—Al que ponen nervioso es a ti, mira como estas estúpidamente pálido.
—Si solo fuera eso... —se pasa la mano por el pelo y aparta la mirada.
—Eso dices siempre —tira de él del brazo.
El español le abraza un poco cuando le toca, porque aún está temblorosillo, andando por el paseo marítimo.
Romano le mira a la cara y él sonríe un poquito.
—¿Qué pretendes que hagamos en esta estúpida cita? —pregunta
—Pues... no lo sé, lo que quieras, hablar, pasar tiempo juntos, cosas bonitas y románticas —nodigasexonodigasexo.
—¿Hablar, pasar tiempo juntos, cosas románticas? ¡Eres estúpido! —se sonroja.
—¿Por queeeé? —lloriqueo.
—¡Yo no hago cosas románticas!
—¿Por qué no?
—¿Pues cuando me has visto hacer cosas así? —pregunta sonrojado... mi chico lindo, seguro haces MUCHAS y ni siquiera es que no te enteres...
—Pues... siempre —parpadea.
—Che cosa?! —Indignado.
—Pues... cosas, cuando haces cosas que me gustan —se ríe.
—¡Yo no hago NADA que te guste!
España levanta las cejas y le mira
—Si a ti por casualidad te gusta algo que yo hago es otra cosa.
—A mí me gusta TODO lo que tú haces —el apasionado.
—Figlio di putana —se ríe como en burla.
—Oh... No me insultes —desconsoladito.
—¿Por qué no?... Eso debe gustarte, si todo lo que hago te gusta —le empuja un poco levanta la cara y le mira, sonriendo
—Mmmm... Bueno, sí me gusta un poco, te da un aire imponente y un poco rebelde bastante sexy —admite riendo idiota.
—Imponente y rebelde te gusta, ¿eh? Bien... Vamos a hacer algo imponente y rebelde... —mira alrededor—. Vamos a entrar a esa vinatería, vamos a robarnos una botella y luego nos la tomaremos en la playa...
—Oh... y ¿cómo va a ser eso?
—¿Cómo nos la vamos a robar? —pregunta levantando las cejas.
Asiente.
—Verás... Entramos ahí —tira de él hacia la tienda—, tú te pones a hablar con quién venda, uno de esos rollos laaaargos, mientras le pides que te venda algo de esas cosas que sólo venden en la caja. Mientras yo voy atrás y me robó una botella y ya.
—Vale —sonríe no tan idiota.
Romano sonríe también y antes de entrar a la tienda, le toma del cuello y le mete un BUEN besuqueo, que de nuevo no se espera mientras se lo devuelveeeeeee.
Y ahora si le empuja con fuerza para separarle, sonrojado, hacia la puerta del local. España se queda un instante parpadeando y se va detrás riéndose.
Y pobre tendero porque conociendo a Romanito y a España, mientras este último habla, Romano va a medio vaciarle la tienda.
España elige una cuña de queso para acompañar el vino y le mete un roooooooooooollo.
Mientras Romanito va por TODA la tiendecilla. Cuando vuelve a la caja trae puesta la cara de malo y está un bastantito más gordo debajo de la chaqueta. Tiene la indecencia de pedir una caja de condones y un lubricante a prueba de agua. Así como quien no quiere la cosa, sin mirar a España.
—Parece que vas a tener una noche interesante —comenta el español fingiendo no conocerle.
—Hay un tío buenísimo al que me voy a tirar hasta que no se acuerde ni de su nombre —responde Romano, sonrojándose y sin mirarle.
El tendero levanta las cejas al oír eso.
—Que... muchacho afortunado —se ríe España sonrojadito.
—Él, claro que es un muchacho afortunado —Romano mira al tendero y le tiende un par de billetes—. ¿Crees que tú deberías ser más afortunado que él?
—Seguramente me gustaría serlo, sí.
—Bien, convénceme y puede que deje al otro idiota por ti.
—Mmm... ¿Te gustan las cosas imponentes y rebeldes?
—¿A mí o a ti? —sonríe cínico.
—A ti, claro... ¿Qué opinas de los... por ejemplo, piratas?
—Imponentes y rebeldes... —Romano levanta las cejas—. Los piratas...
—Aja...
El tendero les mira a los dos porque ha acabado de cobrarles los condones y todo eso y no se van.
—Los piratas... —carraspea—, los piratas me... interesan.
—Deben hacerlo teniendo en cuenta todo eso que llevas escondido dispuesto a robar —suelta como si nada, el tendero levanta las cejas y mira a Romano a ver si es verdad.
—¿Robar? —pregunta levantando las cejas y poniéndose un poco nervioso sin poder evitarlo. Se sonroja sólo un poquitín y mira al tendero—. No sé qué demonios es lo que diga él, ya me puso las cosas en una bolsa o no.
—¡Sí que tiene la chaqueta abultada! ¡Ábrasela! —exige el tendero.
—No voy a abrirme nada —responde mirándole fijamente.
—¡Llamaré a la policía! —exclama señalándole—. ¡Quédese ahí! —busca el teléfono bajo el mostrador mientras España se lo mira todo, divertido.
—Si serás tan tremendamente idiota... —protesta haciendo los ojos en blanco hacia España... Eso es.
España sigue mirándole tan divertido sin decir nada mientras el hombre marca y empieza a llamar, mirando a Romano fijamente.
—Bueno, hombre idiota... Cuando cuelgue de con la policía, avíseme... ¿Bien? —pide Romano al tendero, sonriendo.
El hombre da una descripción detallada de Romano y cuenta lo que ocurre, para al final, explicando que una patrulla se dirige hacia ahí.
Romano sonríe un segundo, mira de reojo a España y maldice con fuerza.
—¿Justo antes de que llegue...? —pregunta en un susurro después de maldecir.
—¿Habla usted conmigo? —pregunta el español haciéndose el tonto.
—Sí, hablo con usted —responde haciendo los ojos en blanco.
—Más vale que vaya dejando sobre el mostrador todo lo que tiene escondido si no quiere que la policía le detenga —exclama el tendero y se vuelve al español—. Muchas gracias, buen hombre, no me había dado cuenta.
—Es un placer ayudar al pequeño comerciante —asegura España mientras empiezan a oírse ya las sirenas.
—Vaya... Sí... La policía —tamborilea los dedos sobre el mostrador, con la adrenalina más a cien, y en cuanto alcanza a VER una de las luces de la policía, se da la media vuelta y en un rápido y fluido movimiento toma una botella de coca-cola del mostrador, la agita un instante y la estrella en la pared detrás del tendero haciendo que salte en mil pedazos
Él se asusta, mirando la botella y España también da un salto.
Romano corre a la puerta, abriéndola y mirando a España, que parpadea y sonríe mientras el tendero se va tras el italiano.
—Vas a venir, ¿o no?
El tendero le salta encima para tomarle del brazo.
—Suélteme —pide Romano con calma
El coche patrulla se para y empiezan a bajarse los policías acercándose a la puerta.
Romano mira a España de reojo que no está ayudando en NADA. Piensa en el plan que tenía de salir corriendo en su masserati. Traga saliva con un poco de temor de la policía, mueve el brazo con violencia, soltándose y buscando otra salida.
Cuando los policías notan el forcejeo, se acercan corriendo a él mientras España lo mira todo efectivamente sin ayudar en nada.
Romano empieza a entrar en pánico, porque ni siquiera va armado... Todo fuera como traer al menos una navajita. Se mete la mano a la bolsa interna del saco tomando una de las dos botellas que ha venido a robar, se acerca a España.
—Eres un imbécil —susurra tratando de ignorar a los policías y al hecho de que seguro traen pistola.
España levanta las manos y da un pasito atrás, sonriendo, mientras los policías llegan hasta la puerta.
Romano estrella la botella contra el mostrador habiéndola tomado del cuello. En un rápido movimiento le abraza de la espalda
El moreno se tensa levantando las manos con el corazón acelerado, mientras los policías se llevan las manos a las pistolas, al ver eso, entrando a la tienda. Uno de ellos se lleva al tendero.
—Ni se me acerquen, que le cortó el cuello —grita escondiéndose detrás del español, nervioso.
—No queremos que este asunto se convierta en algo más grave, ¡suelte al rehén y entréguese! —ordena un policía.
—Bajen las armas —ordena el de vuelta, empujando a España hacia la puerta.
España no se mueve demasiado, aun así y lloriquea un poco... los policías se miran y vacilan un poco haciéndolo.
Romano le aprieta un poco la botella a España en el cuello, para que chillonee por algo, le empuja con cierta violencia a la puerta y le respira en el cuello.
El español aprieta los ojos y se humedece los labios, protestando cuando el vidrio se le clava, más excitado que asustado en realidad
Romano fulmina al policía que aún está en la puerta.
—Quítate de ahí, de verdad no voy a dudar un instante en cortarle —le aprieta contra si, con el corazón acelerado.
—Suelta al rehén, muchacho, piensa en los cargos —pide el policía sin moverse demasiado.
—Piensa en la sangre que va a salir hacia TI si le corto la yugular. ¿La has visto alguna vez? Sale como manguera.
El hombre se aparta, claro, preocupado por España.
Romano empuja a España dándose la vuelta para no darles la espalda a los policías. Aprovecha para darle un beso a España en el cuello que le da un escalofrío y trata de mirarle de reojo.
—Eres un estúpido —susurra Romano caminando hacia atrás hacia el coche.
El español anda con él aun sin decir nada.
—Tienes dos opciones... O te quedas aquí con tus amigos policías... O... ¡CORRES! —grita soltándole cuando están ya junto al coche, subiéndose de un salto.
España aún tiene un instante para sonreír malignamente a los policías antes de subirse con Romano al coche.
Y más se tardan los policías en enterarse de lo que pasa cuando Romano arranca el coche rechinando las llantas.
Pues es que de por sí arranca así habitualmente, ahora con prisa... No quiero apuntar la retahíla de insultos que escucha España cuando salen de ahí.
—¡Ve hacia el sur! —chilla súper excitado.
—¡Pues eso hago, stronzo! —grita de vuelta, sonriendo un poco y pisando el acelerador a fondo. Toca el claxon para que no se les estrellen al pasarse un alto.
—¡A la autopista! —se ríe
Romano entra a toda velocidad, rebasando a un camión por tan sólo un pelo y casi llevándose una moto.
España se pone de rodillas en el asiento mirando si vienen o no siguiéndoles, pero el Maseratti es rápido.
—No nos van a alcanzar... —Romano le mira de reojo... Y le ve el culo y se le olvida la calle dándole una palmada fueeeeeerte.
—Au! —protesta sentándose de nuevo.
Romano se ríe con fuerza, metiéndose entre los coches.
—¡JA! ¡Los cargos! Me han dicho que pensara en los cargos. ¿Qué cargos me vas a poner, Spagna?
—Pues habrá que castigarte por ladrón a la fuga, intento de asesinato, conducción temeraria...
—¿Tú? ¿Tú vas a castigarme a mí? Ja! —aprieta el acelerador aún más.
—¡Pues claro!
—Eso quiero verlo... Tú no castigarías ni a una mosca —se ríe más, poniendo la direccional para salir.
—¡Te castigué muchas veces cuando eras pequeño!
—¿Tú? Ay, Spagna... ¡Tú jamás me castigaste! El que castigaba era il signiore.
—¿Qué? ¡Eso no es verdad! —ay, cariño... si siempre has sido un corazón de pollo.
—¡Claro que lo es! Tú me castigabas con dejarme en mi cuarto, él me ponía a lavar las caballerizas o a fregar pisos hasta que me caía dormido.
—Pues es que... —le mira desconsolado, porque además solía ir por él como a la media hora.
—Tú me caías mejor que Austria —asegura—. Él era un cabrón.
Sonríe con eso a pesar de todo y luego se sonroja un poco apartando la mirada a la ventanilla.
—¡Deja de pensar en porquerías con Austria! —chilla.
—No estaba pensando en Austria —levanta las cejas y le mira.
—Ah ¿no?
Sonríe y niega.
—¿En qué pensabas?
—Pues en ti en esa época —risita culpable, más sonrojo.
—Oh! En... —aprieta los ojos—, eres un bastardo pervertido, ¡yo ni siquiera pensaba en eso! Era inocente —JAAAAA!
—¿Qué? —más sonrojo incomodo—. ¡No soy un pervertido! ¡No puedes decir que me sobrepase contigo nunca!
—¡Claro que si te sobrepasabas conmigo siempre! —chilla y se ríe—. En tu boda, para empezar.
—¿QUÉ?
Se ríe más.
—¡No es verdad! ¡Estás molestándome a propósito!
—¿Qué hiciste en tu boda?
—¡Nada! ¡Casarme!
—¡Y más cosas pervertidas conmigo! ¡Me diste un beso! Y bailaste conmigo—le mira sonriendo.
—¡Bailar contigo no era pervertido! ¡y apenas si te rocé! —Levanta las cejas y abre la boca con la acusación.
—¡Lo era como bailaste! Yo estaba... ¡Estaba!
—¿Estabas...? —le mira.
—¡Tú sabías perfecto lo que hacías! —se sonroja.
—Yo tenía la madre de todos los líos en la cabeza —confiesa.
—Sobra decirte el lío que tenía yo, idiota —responde el mirándole de reojo.
—Ya lo sé, ya lo sé y yo era el... "adulto" más o menos... pero yo me estaba casando y tu eras... un placer culpable y...
—¡Ni creas que me gustabas ni nada! —miente con todos los dientes, sonrojadito—. Pero... ¡Eras un pervertido!
—Tú me dijiste que yo te gustaba, yo me acuerdo —le mira de reojito.
—¡No es verdad! ¡NO!
—Sí... y fue un desastre, fue en la vigilia, tú habías bebido un montón y yo no quería creerte. Francia tuvo que obligarme luego... Dios, como se complicó todo —aprieta los ojos y se ríe recordándolo.
Romano baja la velocidad y se detiene casi en seco en un corto tramo. Aprieta los ojos. Sonrojaaaaaado.
—Y luego me quedé dormido con vosotros, ¿Te acuerdas? Cielos, quería morirme por la mañana...
—Austria nos encontró a la mañana siguiente y yo... Yo pensé que me echaría de casa —Romano sonríe un poquito, porque a pesar de todo para él, fueron un par de días que revolucionaron su vida.
—Siempre igual de dramático —sonríe el español con eso.
—¡Él! Tú no sabes el susto que me metió el día de tu boda cuando fue a acusarme de haberte hecho... ¡cosas antes de la boda!
—¿Perdona? —le mira porque eso no se lo había contado nadie.
—Ahí si estaba seguro de que me echaría.
—¿Pero qué fue lo que te dijo?
—Que qué había pasado la noche anterior...
—¿Me estás diciendo que... ya ahí sospechaba? —agobio.
—Nah, no creo... —gesto con la mano—. Ahí estaba obsesionado con esa idea de Francia. De hecho a pesar de todo el día de la boda nos hicimos aliados.
—Ah, eso sí lo sabía, me lo contó.
Romano niega con la cabeza y cierra los ojos.
—Pero igual lo que hablábamos era de tú castigo.
—Estaba tan seguro que me echaría de casa, que lo sabría TODO, e idiotamente como buen germano ni se enteraba —sonríe y le mira de reojo. Levanta una ceja y se sonroja.
—Podría yo echarte de casa —propone sonriendo de lado.
—Che cosa? —levanta las cejas.
—¡No! ¡No! ¡Es broma! ¡No te vayas! —calzonazos...
Romano sonríe triunfante y recarga la cabeza en el asiento, mirándole. España sonríe y se ríe un poco también, de propina.
—No tengo idea de qué es lo que tendría que hacer para que me echarás de casa, pero se que tendría que empeñarme a fondo —el cínico italiano.
—¡Pues es tú casa y no quiero que te vayas! —protesta.
—¡Ni siquiera me dejas amenazarte con que te voy a acusar con Austria! —se queja riendo
—Eh, eh, deja de huir de tema, ¡el que te iba a castigar soy yo!
—Oh, sí... Claro. Estoy temblando.
—Debería castigarte por pirata como castigaba a Inglaterra, dejándote solo y desnudo en una isla desierta... o haciéndote andar por la tabla...
—¿Haciéndome andar por la tabla? Que ridiculez.
—¡A los tiburones!
—¡Eso ya lo hiciste! ¡Me echaste a los policías!
—Y esperaba que te fueras sin mí y nos encontráramos en casa o algo así, iba a aprovechar para robar yo en la confusión, pero tú no querías dejarme —se le tira encima para abrazarle.
Romano parpadea porque NUNCA se le ocurrió la idea de dejarle. Se sonroja.
—Así que al final me abrazaste y fue súper excitante y me fui contigo —sigue abrazado.
—No te abrace, ¡te amenace! —chilla empujándole.
—¡Pero sabía que no me harías nada!
—¡Bah! ¡Debería castigarte yo a ti por acusón! —saca las cosas que sí pudo robarse que incluyen muchas cosas menos bebida.
—No, eso fue porque fuera realmente un caso de rebeldía sexy, si ni era muy fácil.
—Ahora seguro están buscándome a mí y a mi Masseratti... —le sonríe un poco, cínicamente—. Y eso nos hace volver a mi sentencia.
—¿Y cómo planeas castigarme tú a mí?
—¿Yo? Siempre está el castigo de prohibirte hablar.
—¡Eso no se puede! Además el que ha robado eres tú, yo hacía lo correcto.
—Yo sólo digo que eres incapaz de castigarme.
—Mmmm... Depende.
—¿De si imitas o no al signiore? —se burla
—No, del castigo... Podría… explicarte una historia.
—¿Qué clase de castigo idiota es ese?
—No es idiota porque sé que sería una historia que te pondría nervioso, por ejemplo… imagina que estamos en la playa, en verano y mientras tomas el sol en la arena, Papá y yo nos acercamos por la espalda y te levantamos, uno de los pies y el otro de las axilas.
—¿Estás planeando… che cazzo estás planeando contarme, Spagna? —pregunta Romano empezando a ponerse muy nervioso con la intervención de Roma en la historia y algo similar a lo que pudiera ser un trio.
—"Ehhhh!" empiezas a retorcerte como gusano como hacen los gánsteres cuando los atrapan pero no te soltamos, de hecho decidimos que tenemos que quitarle toda la arena de la que está cubierto con las manos… —empieza a contar España entrando en un fundido en negro.
—¡Quehacenquehaceeeen! —patalea un poco y se sonroja desde ya, en realidad, más preocupado de España que de Roma... Bueh, preocupado por ambos más bien, e histérico.
—Calma, Roma —pide España sonriendo de todo menos inocente
—Solo es para quitarte la arena —esas manos no están haciendo nada más eso.
Romano traga saliva y le mira bastante en pánico, de ese que le solía dar de más joven cuando le daba aún más vergüenza la cosa. No ayuda en NADA la presencia de Roma para sentirse el bastante pervertido. Lo tremendo es que YA empieza a dar señales de vida.
—Estás completamente cubierto —susurra Roma a su oído pasándole las manos por la espalda y el culo.
—Sobre todo por esta zona —España se encarga de las ingles y el pecho.
—No, no… ¡No no no! ¡Paren! —ni siquiera se ha acordado de las groserías, solo por intentar quitárselos de encima.
—Y luego habrá que limpiarte —España le da una lamida en el cuello con las manos cada vez más cerca. Roma captura su rulito con los labios y sabe tirar de él, de algún lado lo heredó.
Es que le va a dar algo. Se le doblan las rodillas y TIENE que agarrarse de España mientras suelta un BUEN gemido gracias al estúpido romano al que odia.
Y eso que aún no han empezado a quitarle la arena de un lugar comprometido.
Justamente, es que el rulito es matador.
Será eso.
Ehm... Sí, nada más. Es que tiene como dos Españas (Que es el puto problema principal de Roma) Romano pregunta si ya le están metiendo mano en los lugares comprometidos (O cuando se la van a meter... ese es el problema con que este muchacho es latino. Bienvenidos a la vida de España: No me toques! PERO PORQUE COÑO NO ME ESTAS TOCANDO!)
De hecho sí y puede que los dos.
Puede que ya este protestando y haciendo un esfuerzo por maldecirles, entonces… Y buscando con histeria darle un beso a España. Creo que Romano es bipolar.
¿Tú crees?
Más bien creo que no lo es pero se hace porque además besa a España y sube una mano para acariciarle el pelo a Roma. Ehm... Y puede que para buscarle a él uno de sus rulitos.
Seguramente los encuentre, tiene un montón.
No es tan complejo… Pues... ¡Yay! Ya les tiene a ambos excitados para él.
Oh, sí.
Puede que busque besar a Roma ahora y toquetear a España. Es que joder, que le gustan mucho y los dos se dejan hacer y responden perfectamente además, puñeteros latinos.
Romano dice que quiere en el centro pero no se decide aun si España o Roma adelante. Si es Roma adelante es solo por orgullo. Yo me pregunto cómo puede romano estar pensando en eso mientras pasa... Lo que pasa.
No te preocupes, puede ir cambiando, PADRE E HIJO están muy bien coordinados. De hecho, en un momento dado, se besan el uno al otro.
Y Romano los mira con los ojos más que abiertos, así como de caricatura japonesa... Bueno, justo con los ojotes que tiene en realidad. Hasta se le abre un poco la boca impresionado y bastante ido, aunque con cierta rapidez empieza a querer que le hagan caso de nuevo a él, toqueteándoles y abrazándoles a ambos.
Y ahí se vuelven los dos para él claro, dispuestos a que ni siquiera esté seguro de saber quién está delante y quién detrás.
Y de hecho, en este punto de su vida es Romano el que se echa sobre España para hacerle callar la historia del modo más efectivo.
Que no se entere tu mamá de lo que has leído, pero no olvides decirnos que te ha parecido.
