Notas:

Bien... Solo imaginen una casa con todos los Ackerman reunidos.

Eso tiene que ser caótico.


La casa de los Ackerman era conocida por la mayoría de los habitantes de Londres. Tenían una finca un poco alejada de la ciudad que abarcaba un hermoso terreno bien cuidado y agradable para las visitas; una casa grande y de muchas escaleras, de buen gusto en adornos y cortinas silenciosas. Cada año solían hacerse allí fiestas invitando a muchos aristócratas de la sociedad inglesa, claro que también no faltaban los extranjeros apuestos que llegaban a firmar tratos con esta famosa familia…

Pero esta no es la casa de la que hablamos.

Hablamos, más bien, de una pequeña, muy pequeña, mansión que ocupaba solo un cuarto de la manzana de la calle en el centro de Londres, ubicada en uno de esos barrios chiquitos y acogedores pero de los que nadie se percata. La casa era, al menos, de dos pisos y era cubierta de un portón de largas e intimidantes rejas negras que parecían lanzas. Su jardín era pequeño y la puerta de entrada no tenía timbre; atrás se podía notar una minuciosidad de mantener todo minimalista y perfectamente ordenado. Su interior también era así y las personas que allí vivían tampoco hacían mucho ruido.

Excepto por casos especiales como este, en el que los tres protagonistas de esta residencia tenían la mala suerte de encontrarse en un mismo cuarto.

Una pareja de señoras pasaba por el frente de la casa cuando escucharon una especie de alarido, seguido de un sonido de algo rompiéndose. Debía ser de los Ackerman, que siempre disturbaban la tranquilidad del barrio con sus peculiaridades.

⎯ Escúchame tú, vieja basura. ⎯ Levi dijo a su padrino con todo el descaro. Sus ojos centelleaban con furia mientras presionaba una de sus manos. ⎯ De quien estamos hablando es de Mikasa, así que no te atrevas a meterme en el asunto.

Kenny se atrevió a adelantarse con ironía en sus palabras, al tiempo que dejaba sus botas de caza a un lado.

⎯ Oh, el pobre niñito tiene miedo al compromiso…

⎯ Y tú tienes miedo a pasar un día sin hacer apuestas estúpidas en el boliche.

Mikasa escuchaba la discusión con cautela desde su asiento en la cocina. Habría intentado pararlos si no los conociera, pero llevaba viviendo con Levi y su tío desde que tenía memoria. Sabía que luego de un par de golpes los dos cesarían de molestarse.

Aunque este asunto pintaba ponerse más tedioso a medida que avanzaba.

⎯ Mi pequeña y lejana sobrina… ⎯ Kenny se dirigió a ella esquivando así el puño de Levi. Le sonrió a la Ackerman. ⎯¡Con tu linaje sabes que podrías casarte con quien quieras! Te recomiendo ricos mercaderes o militares… Sabes bien que tu fortuna atrae a muchas personas…

Dejó de hablar porque el otro Ackerman, el de baja estatura, le propinó un golpe en el costado con la escoba. ⎯ Idiota ⎯ siseó. ⎯ No recuerdas que ella tuvo la jodida suerte de acabar con nosotros, los que estamos fuera de cualquier herencia.

Mikasa notó el tinte oscuro en los ojos de Levi cuando este se volteó a ella. Parecían los ojos de alguien cubierto por una amargura que costaba tragar. ⎯ No es personal, pero tendrás que casarte con alguien que tenga mucho dinero. Al menos para mantenerte a ti misma.

Con eso dejó respirar a Kenny y se largó a los cuartos de la casa. El padrino, por su parte, se acomodó un segundo su chaqueta descolorida y miró a su sobrina. Le dedicó una mirada que le decía que solo podía tener resignación ante el asunto, y se marchó también a otro lugar.

La dejaron sola en el comedor y más tarde también a la hora de la merienda. Ninguno se cruzó con el otro en todo el día. Solo cuando fue hora de dormir, Mikasa sintió en su cabeza el verdadero peso de lo que estaba pasando.

Subió a su cama y se abrazó las rodillas. Su habitación era la única cuya ventana miraba al jardín trasero; de pequeña solía mirar los pájaros que volaban por las nubes y una mariposa había amanecido muerta en el marco. Ese día se había sentido mucho más melancólica respecto a sus padres…

Arrugó un poco el camisón que usaba. Al apretar más sus manos notó la cicatriz que ganó por ayudar a Kenny a cortar leña; ese fue un buen día, porque él le felicitó. Cada vez más su memoria avanzaba en rememorar cosas que han estado guardadas, quizás porque ya sintió que no volvería a vivir esto nunca más. Se apartó el pelo de la cara y miró a su escritorio.

Allí se observa una carta sellada todavía, esperando a ser abierta. Mikasa pensó que no tenía más nada que perder y se levantó a leer lo que tenía que decirle su amigo Armin. Le había escrito hacía unos días cuando se enteró del matrimonio y esperaba que le respondiera con un consejo, porque confiaba en sus decisiones.

Leyó:

" Mikasa, si lees esto probablemente es porque los servicios del correo no se equivocaron, ¡estoy aliviado! Aquí en Francia es algo agitado, mi abuelo y yo tardamos horas en encontrar el hospedaje que nos ayudaría; sabes que la condición de mi abuelo sigue delicada, por lo que pasamos normalmente tiempo en el hospital y casi no puedo contestar cartas, pero la tuya es importante.

Bien, ¿cómo lo digo? Supongo que no estás feliz… a nadie le gustaría ser arrebatado de su casa con un completo extraño. A pesar de que a las chicas de tu edad les gusta presumir de sus esposos, siempre creo que sus voces suenan vacías. Eres mi mejor amiga, Mikasa, y estoy seguro de que encontraremos una forma de sacarte de este embrollo.

Con cariño, Armin Arlert.

P.D.: Quizás no pueda contestarte muy a menudo, así que procura pensar en soluciones por ti misma mientras tanto, ¿sí?

Un suspiro salió de la boca de la chica. Como lo supuso, por más que quisiera la ayuda de su amigo rubio, tendría que valerse de sí misma para librarse de este problema. Sin saber qué hacer, se dejó caer en la cama. Llevó sus ojos hasta su ventana; las estrellas eran cubiertas por las nubes y apenas se oía su propia respiración.

Mañana saldría temprano para no toparse con ninguno de sus parientes.

(…)

Esto es una estupidez.

Durante una semana los tres Ackerman habían estado evitándose diligentemente. Iban a lugares sin razón aparente, excusas para no estar juntos, o solo almuerzos silenciosos que denotaban una terrible incomodidad. Bastaba esto para entender que esta familia no era fuerte en los asuntos afectivos.

Pues bien, el hecho era que una mañana no pudo evitarse más. Kenny, finalmente llegó con el consejo de conocidos suyos y llegaron a la conclusión de que se organizaría una fiesta a la que Mikasa tendría que asistir y elegir a su futuro pretendiente. Una pésima idea, discutió Levi; una mirada de furia fría en el caso de Mikasa. Pero al final, todos adoptaron la situación.

Así, Levi se encontró preparando el evento. Cómo no, si siempre a él lo mandaban para estas cosas, porque era el único con mínimo sentido de organización.

En medio de estos pensamientos no pudo dejar de fruncir el ceño mientras sentía amarga la boca. El ajetreo del mercado lo abrumaba y quería largarse de este lugar mugriento lo más pronto posible. Aceptó sin regateos las verduras que le ofreció la dueña del puesto y caminó con prisa hacia un lugar menos concurrido.

En eso, una cabellera conocida chocó con él.

⎯ ¡Señor Ackerman! Lo lamento… debí ver mi camino.

Una joven de ojos naturalmente agradables y pelo color castaño meneó la cabeza enfrente suyo y acomodó con rapidez su gorro de lazo rosa pálido. Levi notó que hoy ella llevaba sus propias compras; quería decir que ella había escuchado el último consejo que le dio la última vez que se vieron: "Eres bastante capaz de hacer las cosas por ti misma, Ral." Oh, y cómo lamentaba haber dicho eso…

Pero ella se veía más feliz. Radiante.

⎯ No se ofenda, pero de todos los lugares que pensé que visitara, no me esperaba el mercado del centro… ⎯ La joven sonreía nerviosa mientras el lazo en su sombrero seguía agitándose detrás de sus cabellos. ⎯ ¿Qué lo trae por aquí?

⎯ Nada importante. ⎯ Ackerman quiso cortar rápido la comunicación, rápido antes de que se acostumbrara a su tono de voz tan melodioso o a querer tomar entre sus dedos ese lazo que seguía estorbando fuera de lugar en su gorro. ⎯ Sólo asuntos de familia.

Ella se notó un poco apenada, aunque seguía sonriendo. ⎯ Ya veo…

Sí, era su momento de huir.

⎯ ¿Necesita ayuda en algo?

Entonces, al sentir esa mirada suya tan viva y a sus labios que se apretaban apenas para dar a entender sus esperanzas, algo dentro de Levi se quebró y él tuvo que volverse a mirarla a los ojos.

⎯ Si quiere puede acompañarme a casa, señorita Ral, y de paso le cuento la maldita suerte de mi destino.

Ella rió ante sus palabras. Aceptó el brazo que le ofreció Levi.

⎯ Puedo hacerle un té al llegar.

(…)

Mikasa vio su reflejo en el espejo de cuerpo completo y sintió su mirada vacía. Por primera vez en su vida no sabía lo que haría, porque nunca se había preguntado qué hacer, mas ahora…

Se mordió el labio inferior mientras giraba para ver el vestido. Era uno apropiado, entallado a su figura y de guantes largos para cubrirle las cicatrices por ayudar a Kenny en la cacería, también para disimular sus manos ásperas y duras por lavar y barrer tantas veces con Levi. Este vestido era lo apropiado. Cubría todo lo que la hacía ser ella.

Sin saber qué más hacer, decidió que no se pondría ningún adorno al pelo. Que lo usara tan corto ya había generado disputas entre la sociedad alrededor de ellos y la única cicatriz que no podía ocultar, la que estaba debajo del ojo en su mejilla, no ayudaba mucho. El maquillaje cubrió la mayor parte de ese desperfecto, pero ella silenciosamente había decidido no taparlo demasiado; tal vez así nadie querría casarse con ella.

En estos momentos le hubiera gustado visitar a sus amigos. Pero Armin estaba en Francia, Jean lloró al saber que se casaría, Connie y Sasha viajaron; incluso Historia, la dulce y de tanto carácter, no podía asistir por tener que ir al internado del que le hablaron.

"No se preocupen. ⎯ La del pelo rubio les dedicó una sonrisa. ⎯ Me escaparé de allí apenas lo noten…"

Esa era la princesa Reiss. Mikasa, por eso, le guardaba cierto aprecio especial; las dos era defensoras de hacerle la vida imposible a Levi…

Entonces, se sintió verdaderamente sola. Mientras bajaba al primer piso para iniciar la celebración, apretó una vez las manos, respiró una vez profundo, y llenó su mirada de alguien que ya tenía sellado su destino.

Abajo la fiesta se realizó en la sala común. Era la única pieza lo suficientemente espaciada como para albergar al menos cincuenta personas. En todo caso, Levi había dicho en medio de estar desempolvando los muebles, todos los que llegaran deberían repartirse entre la cocina y la sala. Así, cuando Mikasa llegó al tumulto de gente, notó que no había tantos sujetos como esperó.

Era un evento sencillo. Ella no veía a ninguno de sus amigos, ni siquiera a los amigos de Kenny. ¿De dónde había salido esta gente?

⎯ Ese tonto enano no sabe hablar para conseguir amigos, así que tuve que invitar algunos viejos conocidos. ⎯ Detrás de ella se apareció su padrino y tomaba con seguridad la segunda copa de vino. Claramente, se habría referido al Ackerman más pequeño y la joven sintió que su otro pariente se estaría escondiendo de la fiesta.

⎯ Tengo que presentarte a cada uno de los invitados. ⎯ Kenny sonrió con amargura hacia su sobrina. Le ofreció un brazo y ella lo tomó apretando de más para evitar que su tío tropezara por exceso de bebida. ⎯ Vamos a por esos idiotas de mucho sueldo.

Esas fueron las horas más tediosas que la joven Ackerman haya pasado. Asentir, decir su nombre, contar su historia de forma disimulada, para que ninguno se desmayara cuando les contara que la sangre de su madre le manchó la cara cuando fue apuñalada; luego, ser cortés, pero ella no sonrió ni una sola vez. Se sentía pesada, cuanto más le hablaban estas personas sin rostro, perdía su sentido de la orientación. Ahora mismo se hallaba en el limbo del vacío que sentía en su existencia.

Oh, no. ¿En verdad pensaba eso? Su respiración se agitó por un momento. Se excusó con los invitados que entablaron conversación con ella hacía segundos y escapó a otro lugar, donde fuera, para evitar a toda la gente. Recordó entonces que Levi había dicho que el jardín trasero estaría clausurado, porque no quería que nadie arruinara las plantaciones.

Fue hasta allí con cautela.

Al salir afuera y sentir el viento de la noche, junto al olor de las flores bañadas por la luna, se preguntó por qué su primo no quería usar este lugar… Era pequeño pero de una peculiar magia en sus arbustos bien cortados y su césped perfectamente crecido. Ella elevó la mirada al cielo negro y dejó que la luz de las estrellas ingresara en su cabeza, para que le den solo una pista del camino que debería tomar.

Estaba perdida, completamente. Se abrazó a sí misma. Quería ver una vez más a su padre, sentir la calidez de su madre mientras le ayudaba al hacer los bordados, mientras eran acogidos por una casa cuyos horizontes se extendían hasta el fin. Quizás estaba atascada en el pasado, pero, ¿de qué vivía de todos modos?

Abrumada por la oscuridad sintió más pesada su respiración. Esto estaba mal…

Se quitó los guantes y los lanzó al otro lado del jardín. Necesitaba hacer algo, lo que fuere, para sentir de nuevo que estaba viva. Así, trastabilló; tres segundos después algo le presionó el estómago y vomitó. Mikasa Ackerman estaba deshecha, manchada del barro del pasto y cubierta por la oscuridad de la noche.

⎯ Elegiste el peor momento para andar mal del estómago.

Ella se volteó. Tenía a su lado a un joven probablemente de su misma edad, con una mirada tan intensa y severa que le agregaba años; su pelo era largo, algo curioso, del color de la madera. Nunca pudo interpretar la forma en que la miraba, quizás por ser de noche.

La joven se levantó. ⎯ No estoy mal del estómago.

El otro le miró como si no le creyera. ⎯ Entonces debo suponer que te escapas de la fiesta.

Mikasa miró a sus pies, sin ánimo de conversar.

⎯ No me escapaba. ⎯ Murmuró al final. ⎯ Sólo vine a preguntarme a quién pertenezco.

En ese momento, el caballero volvió a hablar con un tono que cortaba las palabras. Se acercó más a ella.

⎯ Eres Mikasa Ackerman, la que busca pretendiente para casarse y dejar de vivir en una casa chiquita y poder pasar el resto de sus días atendida por criadas, mientras tiene un marido que nunca está en casa y se dedica a decir consejos de moda y hogar al resto de las chicas que corrieron la misma suerte.

Eso dolió. Mikasa apretó los dientes controlando de nuevo el revoltijo en sus entrañas.

⎯ Es lo que tengo que hacer.

El desconocido se encogió de hombros. ⎯ Tú eres la que se engaña a sí misma.

Quizás era cierto. Por un momento la pelinegra creyó que este sujeto era un producto de su imaginación, así si no le hablaba, él se iría. Se decidió a seguir ignorando su presencia y a mirar sus zapatos, pero el de ojos verdes insistía en hacer que ella lo note.

Al ver que ella guardaba silencio durante unos minutos, él volvió a hablar. ⎯ ¿Estas llorando?

Mikasa levantó la mirada y se enfrentó a su abrasante rostro. A su mente acudían recuerdos de la niñez con sus padres, alternados con su vida junto a Kenny y Levi. ⎯ Yo no lloro.

⎯ Uno no necesitaba ver las lágrimas para saber que está llorando… ⎯ El sujeto finalmente se movió y se colocó enfrente de ella, con sus ojos duros y profundos. ⎯ Si no puedes darte cuenta eres una tonta.

Algo chocó dentro de ella y se partió en mil pedazos. Su cuerpo comenzó a temblar imperceptiblemente. Su cabeza le dolía, no entendía nada de lo que pasaba… Su cerebro no podía procesar si esto era la realidad o un sueño. El paisaje y el lugar que la rodeaba eran hermosos, pero sentía una desolación. Era una bonita pesadilla.

Cuando menos lo supo, una pequeña lágrima de cristal se deslizó por su mejilla, del mismo lado de su cicatriz. Se sorprendió cuando un dedo se la limpió, un tacto demasiado cálido.

⎯ ¿Lo ves? ⎯ El joven habló de nuevo, casi como si la regañara. ⎯ Tu interior está gritando.

Ella tragó saliva mientras aguantaba que se le desbordaran más lágrimas contenidas en los ojos. Este tipo… no le causaba ningún bien, pero por alguna razón no quería apartarse de su lado. Permaneció así, con los labios apretados y la figura de su nuevo acompañante que por alguna razón no dejaba de mirarle.

⎯ ¿Qué harás entonces, Mikasa?

Su voz dejó de oírse tosca. Esta vez acarició las palabras.

Ella pensó que en verdad se estaba engañando. El matrimonio supuso para ella el despertar de todas sus sombras ocultas, por eso, se convenció de que no podía escapar de él para sentirse segura, para aferrarse desesperadamente a algo. Si llegaba a darse cuenta de que nunca tuvo un propósito en su vida, caería en un pozo sin retorno, por lo que el casamiento era su única salida…

O eso había creído.

Mikasa de verdad estaba vacía, pero fue forjada con algo que no se rompería nunca. Solo era cuestión de llenarse de algo.

Entonces, dijo las palabras que tuvo que haber dicho hacía mucho tiempo con el valor necesario. ⎯ No voy a casarme.

Ella nunca pudo ver bien si ese sujeto sonrió o solo asintió con seriedad cuando le dijo, mientras limpiaba una vez más su rostro y rozó su cicatriz:

⎯ Eso está bien.

Antes de retirarse y dejarla sola.

(…)

⎯ No quiero contraer matrimonio.

Luego de que todos se hubieran marchado, sentados en la mesa del agotamiento, Kenny y Levi observaron sin creerlo a su pariente. Mikasa se sentó enfrente de los dos y su mirada se veía tan determinada como cuando le juró a su tío que podría cortar una rama del árbol sin su ayuda.

⎯ No planeo casarme, sin importar el dinero.

Tres segundos pasaron. Los otros Ackerman se miraron un momento como si conversaran entre ellos. Luego, Kenny dio el primer paso, mientras Levi sorbía su té.

⎯ ¡Me parece una idea excelente!

¿Qué?

Ella observó sin comprender. Su padrino le dedicaba una amplia sonrisa dentro de las que sabía dar.

⎯ Déjame decirte que si te casabas con alguno de los que vino hoy, nunca te hubiera hablado de nuevo.

El hombrecillo al lado de él también asintió con lentitud, aunque luego habló con esa extraña razón que siempre le acompañaba.

⎯ Coincidimos en que no queremos que Mikasa se case… ¿Pero cómo demonios vamos a sobrevivir?

Kenny se rascó la barba. ⎯ Bueno, estuvimos bien así como ahora.

Así era, pensó Levi, pero aun con lo poco que tenían él no podía invitar a nadie a pasar el día… o a pasar toda una vida junto a él. Con enojo se figuró la sonrisa de Petra al enterarse de que él sí pensaba casarse con ella. ¿Pero qué, en todo el mundo, podía ofrecerle él? La vida que ella tenía no podía compararse a la suya. Se sintió impotente… Siempre pudo encontrar una salida a todo, pero cuando se trataba de Petra…

Rayos, necesitaba ayuda.

Entonces, justo antes de que alguno de los dos Ackerman se sumiera en un mal vicio de ver el lado negativo, Mikasa se levantó de su asiento enfrente de ellos. Sus ojos centelleaban con la misma fuerte determinación, su rostro se volvía tan serio y solemne que asustaba:

⎯ No tienen que preocuparse del dinero… Yo soy fuerte, muy fuerte. ⎯ Levantó una mano y se la llevó a la cara. Tocó así la cicatriz en su mejilla; la misma en donde la sangre de su madre salpicó, la misma en donde aquel sujeto de profundos ojos verdes le había acariciado. ⎯ Voy a encontrar una salida y ustedes también. Los llevaré conmigo… porque soy capaz.

En eso, Kenny pareció despertar de un trance y, aunque su tono sonó irónico y su sonrisa era torcida, se pudo entender fácilmente el mensaje en sus oraciones:

⎯ Oh, así que ya te crees por encima de todos los Ackerman, ¿eh, niña? ⎯ Se señaló a sí y luego a Levi. ⎯ Aún te falta mucho para llegar incluso a alguno de los dos.

⎯ Este tonto tiene razón. No seas imprudente… ⎯ El otro también le miró con una cara de severidad, pero al final se suavizó al decir: ⎯ Pero sí es cierto que puedes manejarte sola.

El padrino dio un suspiro y se puso de pie. ⎯ Creo que es momento de que crezcamos.

⎯ Yo lo haré incluso antes que tú, viejo. ⎯ El Ackerman pequeño también se paró y se cruzó de brazos.

Mikasa, al verlos a ambos, quiso sonreír. ⎯ Voy a estudiar. Mientras trabajé lo pagaré. Y luego podré cuidar de los dos.

Kenny como Levi alzaron una ceja y se miraron mutuamente.

No hicieron falta más palabras. De todos modos, los Ackerman nunca fueron buenos en las relaciones afectivas.