Notas: ...

Qué? No tengo excusas, ha pasado un tiempo. Como regalo, otro fic donde Armin es víctima de mi obsesión con Star Wars. (Viéndolo así, tal vez ustedes también lo son...)


El vacío del espacio era siempre sobrecogedor. Aunque la nave surcara con rapidez y excelencia, simplemente la negrura tragaba la vista y te hacía cuestionarte la propia existencia. Armin no era fan de viajar durante largo tiempo, al menos no estando sin compañía. Sus pensamientos se le acumulaban en la cabeza y no podía hacer más que permanecer en su nave, esperando que por fin llegase a destino, con los ojos puestos en la infinidad oscura que mostraban los vidrios que señalaban el exterior. Esto no hacía más que recordarle que estaba en verdad solo.

Solo con sus fantasmas.

Hacía cerca de cinco años que la galaxia, el orden de su mundo y su misma razón de ser comenzó a desmoronarse.

Todo comenzó desde aquella vez en que él no pudo notar que Zeke, el lord Sith más temido hasta ahora, no era alguien que podría vencer con facilidad. Arlert creía hasta ahora que fue su culpa, porque no pudo detener a Eren, porque no lo convenció de seguir las órdenes de la misión en paz.

" De alguna manera Eren había terminado atrapado en el interior oscuro y putrefacto del sótano del edificio con Zeke. Él no le tenía miedo, iba a acabarlo, el maestro Levi se enfadaría, pero él ya había tenido suficiente con que no le dejaran hacer lo que creía correcto.

Ahora mismo, lo correcto era detener a Zeke… Y preguntarle lo que tenía que saber.

El del lado oscuro acomodó sus gafas en medio de la oscuridad de la especie de alcantarilla en que estaban. Su sable rojo brilló.

En verdad, eres hábil, Eren Jaeger. Era de esperarse como aprendiz de ese monstruo.

Oh, sí. ⎯ Eren sonrió para sus adentros mientras enlistaba su sable de luz. ⎯ Y tengo muchas cosas más que mostrarte.

Las luces de ambos chocaron, iluminaron sus rostros, chispas salían por doquier y producían calor. Si alguien los viera desde un tercer plano, entendía que ambos eran parecidos, pero había uno que todavía tenía que evolucionar.

El Jedi sintió un cosquilleo en sus entrañas. Aquí con Zeke, era algo que no podía explicar.

Lo sientes, ¿verdad? ⎯ El rubio le miró con atención mientras seguían forcejeando. ⎯ Tú y yo… estamos conectados por la Fuerza.

Eren apretó los dientes y se alejó en posición de guardia. Recordó que le había dicho que no debía escuchar lo que dijera este tipo. Pero, él de algún modo quería escucharlo, creía que Zeke podía darle lo que buscaba.

Eso no es cierto. Somos diferentes.

Esquivó un ataque del sable rojo. El del lado oscuro volvió a hablar:

Yo no estaría tan seguro… Los dos buscamos algo y daríamos lo que fuera con tal de saber. No nos gusta la ignorancia y las ataduras. ⎯ Durante un segundo, el chico notó una especie de convalecencia en las palabras del otro. Notó cómo él no le hablaba como si fuera un aprendiz de Jedi que no sabía nada… No, Zeke le hablaba como si fuera… alguien más conocido. ⎯ Eren, tú quieres ser libre, como yo. Somos más cercanos de lo que crees.

Otro ataque y otro bloqueo. Siguieron así hasta que el muchacho se atrevió a preguntar lo que le molestaba en la mente desde que tenía memoria.

Entonces, ¿sabes lo que le pasó a mi padre?

Zeke bajó despacio su sable de luz. Detrás de sus gafas, sus ojos adquirían un tinte afligido que sorprendió a Jaeger.

Oh… me temo que no te gustará saberlo. Es más, quizás luego de que te lo cuente me gane tu odio.

La aflicción de su mirada se transformaba poco a poco en una malicia disimulada. El rubio se contuvo de derramar lágrimas.

Y los Jedi no pueden odiar, ¿no es cierto?

Eso fue todo lo que tuvo que decir. "

Armin no sabía lo que pasó entre los dos sujetos mientras ellos no estaban. Sólo recordaba que cuando había logrado llegar a donde la pelea se había llevado a cabo, encontró a Eren con el sable tirado en el piso, la mirada perdida en la profundidad del lugar, en ningún punto en particular.

"⎯ ¡Eren! ¿Qué haces? Zeke va a escapar.

Él se volteó a verlo. Sus ojos, hasta ahora recordaba Armin, eran más oscuros y miraban con una intensidad diferente de antes.

No importa, Armin. Él ya no es alguien importante.

Había tomado su sable de luz del piso y comenzó a caminar de vuelta al alboroto exterior sin decir una palabra ni mirar a su amigo de toda la vida. Al fondo, más allá de los escombros de la pelea, Zeke limpiaba sus lentes mientras asentía despacio hacia la actitud de Jaeger:

Mi pequeño hermano… Juro que te liberaré.

Eso no lo había escuchado Armin, tampoco había notado el andar pesado de Eren, ni había sonsacado la razón de que luego de ello nunca pasara tiempo con nadie.

Si tan solo, pensaba él, si tan solo lo hubiera adivinado antes. "

Y eso sólo había sido el comienzo de años tediosos en una lucha interna que pronto estalló y, finalmente, no dejó a nadie con paz interior.

Eren había utilizado a Zeke para convertirse en una influencia que pudiera infiltrarse en los ejércitos más fuertes de la galaxia. La facción que creó, la hizo con fanáticos que podrían seguirlo hasta donde la muerte les llamara.

Dijo que el Imperio de Eldia se extendería por fin hasta los confines del universo. Aniquilaría a cualquiera que se opusiera a esa razón.

Armin aún no lo entendía. Quizás su amigo estaba enojado con la vida, con la misma Fuerza. Pero la usaba para imponer su autoridad por donde fuera.

Ahora mismo, recién había sido nombrado como el nuevo propulsor del renacimiento del Imperio Eldiano, la raza a la que pertenecían él y sus padres. Para eso, había conseguido que una niña accediera al puesto de princesa, desacreditando así a Historia, quien por el momento tenía paradero desconocido. Cuando esa rebelión a la República estalló, todos los amigos que Armin conocía tuvieron que tomar caminos diferentes.

Hanji y Levi estaban en quién sabe dónde. El Comandante Erwin estaba muerto. La orden de los Jedi había sido aniquilada y separada.

Los que quedaron dijeron que debían formar una fuerza rebelde, una oposición al nuevo régimen, que al final fue lo que hizo Eren en un momento. Armin aún no sabía qué pensar con respecto a su amigo, quería salvarlo, pero no estaba seguro de que él quisiera que lo hiciese. Por otro lado, él estaba lejos de todo, aquí con una nave que apenas si seguía su rumbo.

Miró una vez más al abrasador espacio frío. Entre todos, él era el único que estaba en misión asignada. No sabía si ahora lo hacía como un caballero Jedi o solo como soldado. Se aferraba constantemente a las cosas que sí sabía, como le había entrenado Erwin.

Con calma, piensa, haz lo que tienes que hacer…

" Arlert, fue orden de Erwin que si moría tú ocuparas su puesto…"

No hay por qué entrar en pánico.

" Armin, ¿qué hacemos ahora?"

Él no lo sabía… No tenía idea…

Solo esperaba que su nave pudiera llegar a destino.

(…)

Había pasado un mes de estar volando a la intemperie del espacio exterior, un mes discutiendo consigo mismo. Fue por eso que Armin no pudo dimensionar la emoción que lo tomó al notar en el radar que por fin se estaba acercando al planeta que debía visitar.

Orvud era un pequeño cuerpo celeste ubicado en medio de un espacio largo de vacío en la cadena de sistemas que no figuraban en los archivos comerciales de la (ahora inexistente) República. La información que el Jedi tenía era que no contaba con una población concentrada y predominaban las alimañas; su clima era tropical, bastante húmedo, pero sin llegar a parecerse a un pantano. Armin lo describiría como Trost en sus mejores momentos, aunque sin nada paradisiaco.

Despacio, cuando se ubicó en las coordenadas correctas, se decidió a aterrizar; el verde agua intenso del planeta mostrándose con esplendor y dominio en las ventanas de la nave.

No le tomó mucho tiempo encontrar un espacio adecuado. Así, las criaturas que allí habitaban vieron un viejo modelo de nave que antes le pertenecía a la capitana Hanji aterrizar con soltura por la superficie del planeta. Apenas salió a dar los primeros pasos, Armin se dejó conmover unos momentos por la belleza escondida que tenía el paisaje. Las hojas y las rocas, los troncos de los árboles que se elevaban hasta no poder ver, la maleza acolchada del suelo, expresaban una vida salvaje e insólita que todavía no había sido domada. Entonces, él se preguntó qué clase de organismos vivían aquí. Estaba solo, en medio de una quietud boscosa.

Fue entonces que recordó su misión con cada detalle. La había estado repitiendo sin parar en su cabeza, pero lo iba a hacer una vez más al entender que por fin estaba al alcance de ella.

La misión de resistencia al nuevo régimen y el golpe a la República causaron un alboroto enorme. Él recordaba aún el sonido de las pistolas láser derribando a uno tras otro. Todo simplemente se había desmoronado. Él había estado dirigiendo unos pocos soldados, los demás Jedi se había ido separando, perfectamente de acorde al plan de Eren. Zeke, librándose de la captura que el estado dado, causó terror entre las filas con los poderes de los Sith; Levi no lo había visto aún, porque él se encontró en una nave que llegaría como refuerzos en cualquier momento, junto con Hanji y Erwin.

Ese fue un error. El no prevenir que los poderes de Zeke eran impresionantes fue un error.

La pequeña nave que contenía a estas fuerzas de élite fue bombardeada por lanzamientos de escombros que el hermano de Jaeger podía manejar con la Fuerza. Armin todavía guardaba la visión de rocas aplastando a todos sus compañeros dejando un rastro de sangre por todos los pisos del planeta Paradise. Creyó que en ese momento Eren ni siquiera los había visto, porque solo, al fin y al cabo, utilizó a Zeke para acabar con la artillería pesada.

Entonces, ocurrió: una roca colosal estampó en el trasporte del comandante Erwin. La nave cayó, ellos salieron ilesos, pero para ese momento las fuerzas tanto de los Jedi como de la república estaban diezmadas. Así, el mayor maestro de los Jedi dirigió una mirada a sus compañeros. No, era imposible, Levi dio un paso adelante con rabia en los ojos; Hanji cerró la boca y se apartó.

No hay emoción, hay paz.

Erwin Smith se las había arreglado para ponerse de pie y tomar por última vez el sable láser.

No existe la muerte, existe la Fuerza.

Distrajo a Zeke, lo hizo específicamente para atraer sus rayos azules hasta él. Las rocas dejaron en paz a los otros y se concentraron en el comandante y el resto de las fuerzas que se negado a abandonarlo. Fue cuestión de tiempo. El comandante había gritado una última vez, como tantas, que entregaran sus corazones y avanzaran a cualquier costo.

Luego, dos rocas lo atravesaron y su cuerpo se desvaneció en el aire.

Luego, tres segundos. Levi se abrió paso entre las fuerzas insurgentes.

Luego, atravesó a Zeke sin piedad por detrás.

Armin podía sentir todavía la supuesta sensación de victoria, que se apagó luego al escuchar que Eren ya tenía el senado y los controles de Paradise asegurados. Entonces, la capitana Hanji lo había tomado a la fuerza junto con Levi, y le había dicho las últimas órdenes de misión como un caballero de la Fuerza.

"Ve y encuentra a Dot Pixis. Tráelo hasta nosotros, a la Resistencia".

Y eso hacía en este planeta desconocido.

Al comenzar a recorrer más de diez metros en la superficie, se sintió repentinamente incómodo. Lo sentí en la Fuerza. Este lugar tenía algo antiguo y poderoso recorriendo en lo profundo de sus suelos. Acaso sería esa la razón por la que Dot Pixis se exiliaría a un lugar como este ...

Se le conocía solamente como Pixis, maestro Jedi; un hombre prudente y fuerte. Armin desconocía lo que lo hubiera obligado a abandonar la Orden, pero esperaba que no fuera tan grave como para no convencerlo de volver. Así, anduvo solo con una mano en su sable de luz en guardia… Las aves y animales roedores hicieron ruido y callaban apenas pasaba cerca de ellos.

Entonces, lo encontró.

Se había adentrado hasta cierto punto en que la floresta del bosque ya era espesa y poco se podía caminar. En un intento por evitar unas hojas que lo golpeaban la cara, Armin pisó mal y cayó por un desnivel. Al levantarse sin daño, halló enfrente de él una especie de choza, una caverna que había hecho su entrada con palmeras ya secas. El Jedi identificó enseguida los pedazos de carbón en una esquina y el olor inconfundible del fuego.

⎯ Vaya, debo decir que no me desagradan las visitas…

Del interior de la cueva salió un hombre. Calvo, de sencilla túnica y con la mirada de alguien que ya lo había visto todo, le dedicó a Arlert una sonrisa.

⎯ Pero hubiera sido mucho mejor si fueras una linda mujer.

(…)

La noche cubría el planeta Orvud. Las estrellas eran tapadas por los grandes árboles que crecían y les daban privacidad. En medio del bosque se escuchaban los sonidos de la vida que correteaba entre las cortezas y justo envuelto en todo eso, un cálido fuego se encendía.

⎯ No he tenido noticias de la Alta República o de la Orden de los Jedi desde que decidí alejarme en este pequeño planeta.

Armin agradecía poder estar sentado en el suelo ahora mismo, con la compañía del maestro Pixis. Para su suerte, este señor era alguien educado y reservado, fácil para hablar de banalidades pero sin olvidar la verdadera profundidad de su persona. Había aceptado la oferta de quedarse con él todo el tiempo que quisiera, al fin y al cabo, Pixis Necesario saber una centena de acontecimientos.

⎯ Orvud es un lugar especial aunque no lo creas, joven Arlert. Tiene cierto encanto que uno puede percibir.

En eso, el rubio volvió a figurarse la sensación de la presencia primigenia que habitaba en algún punto de la tierra. Sintió un escalofrío.

⎯ ¿Tiene eso algo que ver con su autoexilio?

Pixis le clavó sus ojos dorados y viejos. ⎯ No, eso son otros asuntos.

El otro solo asintió. A pesar de que el viejo caballero era alguien fácil con quien tratar, no parecía dispuesto a dejar su estado actual por una causa que parecía una locura.

Armin también lo había pensado; resistencias, oposiciones al régimen, reuniones clandestinas… Eran cosas demasiado lejanas para verso reales. Pero él lo había visto, había visto cómo se desmoronaban las paredes de la libertad y se dijo que haría lo que fuera para que todo volviera a ser como antes.

Si podría siquiera sobrevivir un poco más.

El hombre miró por un momento con escrutinio a Armin mientras este pensaba con apremio.

⎯ Esta… Resistencia de la que hablas, muchacho. ¿La dirige Erwin?

El nombre mencionado le provocó a Arlert un mal de estómago.

⎯ No, señor… El maestro Erwin está muerto.

⎯ Ah, ¿y eres su sucesor?

Él guardó silencio.

Pixis, entonces, removió un poco el fuego y se puso de pie. Había un pesar en su aura, porque Erwin había sido un buen amigo. Pero así y todo, le habló con esa sabiduría escondida que pocos tienen:

⎯ A decir verdad no veo las razones por las que un joven Jedi ha venido a visitarme más que para este caso tan grave… Pero, como dije, Orvud me produce un placer peculiar de estadía. ⎯ Comenzó a andar hacia el interior de la cueva para acostarse. ⎯ Lo pensaré. Mientras tanto te sugiero que puedas disfrutar de este planeta tanto como quieras… Quizás encuentres cosas muy interesantes.

Dejó a Armin en medio de la oscuridad y del bosque, por lo que él decidió volver a su nave.

Ya mañana entendía a lo que se había referido Pixis.

(…)

A la mañana siguiente, Armin había ido de vuelta a la "casa" de Pixis, pero por más que llamó desde la entrada de la cueva no pudo despertarlo, ni siquiera obtener un gruñido por respuesta. Para estimularlo, decidió hacer fuego y preparar el desayuno con las provisiones que él mantenía en su nave; el chico no dudaba de las habilidades culinarias del sujeto ermitaño, pero había que admitir que no quería probar la sopa de procedencia dudosa que le ofreció anoche.

Cuando terminó de cocinar un par de pasteles rígidos pero de sabor salvable, se dijo que lo mejor sería esperar a que el viejo Jedi decidiera salir afuera.

Así se encontró paseando por los alrededores, sintiendo el oxígeno correr por sus venas. En un repentino ataque de libertad, se sintió con el deseo de entrenar. Él no había tenido las mejores calificaciones en los circuitos y el manejo del sable de luz era producto de su esfuerzo constante, pero Erwin siempre había dicho que en cuestiones de la Fuerza, al tomar decisiones, no había nadie que lo superara. Eren también le había hablado de algo parecido, que él siempre podría encontrar el lado luminoso y tomar la opción correcta.

Si tan solo hubiera podido hacerlo mejor.

En vista de estos pensamientos, le pareció que terminó por perderse. Enseguida se vio metido en medio de una zona de helechos y altos árboles de troncos finos, el cielo celeste se veía entre las hojas pequeñas de sus ramas. No conocía este lugar, pero sospechaba que no estaba lejos del refugio de Pixis. Siendo así, concluyó que si seguí caminando encontraría de nuevo el sendero natural de vuelta.

Avanzó un tiempo y, en efecto, se topó con la cueva…

Solo que no era la cueva de Pixis.

Armin se encontró enfrente de una enorme ruptura de roca cubierta de musgo, mucho más grande que la que usaba el viejo Jedi. Su entrada era abrupta y llena de líquenes. Se alzaba con gran fuerza y te retaba a entrar en ella. Él sintió un escalofrío que le cayó como agua fría. Un presentimiento, un peso en el corazón.

No sabía lo que era. La Fuerza le incitaba a entrar allí irresistiblemente. Él pudo haberlo confundido con una llamada del lado oscuro, pero no se sintió así…

Era extraño, diferente. ¿Habría encontrado por casualidad un viejo templo de los Jedi?

Así, sin resistir más, entró.

Estaba oscuro. Preparó su sable de luz ante cualquier caso. De algún modo, sintió que haber ingresado fue mala idea; a pesar de la tremenda curiosidad que había sentido, ahora era reemplazado por una dificultad para respirar. Se sintió pesado, el aire y el espacio parecían funcionar de forma completamente nueva. Pronto, todo esto lo confundió. Tenía que salir, antes de que este lugar se lo tragara.

Siguió con esperanza de llegar a la salida de la cueva. Entonces, vio el claro. No sabía si era la salida, pero era un claro, quizás una ruptura de la cueva que dejaba entrar la luz del sol. Caminó más rápido. Le pareció que si lograba llegar a ese pedacito de luz, la suciedad que sintió por haber entrado se le despegaría.

Con alivió, llegó. Pero entonces, todo ese alivio desapareció por completo:

La cueva, en efecto, tenía su techo como fabricado a propósito para que entraran los rayos del sol. En el suelo, los musgos fueron cortados y la piedra era lisa. Claramente alguien vivía aquí. Lo que Armin no se esperaba era descubrirlo justamente ahora…

A sus ojos se alzó la figura de lo que en un principio se vio como un bulto en la superficie. Ese bulto fue poniéndose de pie, como una visión irreal. Entonces, el joven Jedi tuvo a menos de dos metros de distancia a la persona que menos hubiera pensado hallar en todos los confines de la galaxia.

⎯ ¿Annie?