Hola!
Solo diré una cosa, Le chat et l'abeille, te odio.
Capítulo Único
"Detalles"
Korra era una niña entusiasta, dicho de la manera más amable, lo cual sus padres agradecían casi siempre, excepto cuando eran las 11 de las noche y Korra seguía jugando con su pequeña gran mascota, Naga, y sus padres pedían por un descanso y casi siempre tenían una pequeña "apuesta" para ver a quién le tocaría cuidar de la pequeña bestia salvaje que les había tocado por angelito. Que además de todo, ya había aprendido a controlar la tierra, el fuego y el agua, por lo que toda la estructura de la casa estaba comprometida.
Korra tenía un corazón tan grande como su entusiasmo, y sus padres estaban felices de tal bendición, aunque más de una vez estuvieran sorprendidos de los animales que su hija rescataba en medio de la tundra, y unos años después, cuando tuvieron que mudarse a la gran Ciudad República, no tuvo que haberles sorprendido que Korra llegará al Templo del Aire de la Isla con cantidad de pobres criaturas atropelladas o enfermas. El tiempo de Korra se iba entre los animalillos desamparados y todas sus prácticas con el Loto Blanco.
Asami Sato, por otro lado, era igual de entusiasta, que con la suave pero firme dirección de sus padres, era encauzada hacia las habilidades que ellos pensaban serían las mejores para su futuro. No solo el estudio constante y pesado, también actividades físicas que ayudaban a la joven Sato a canalizar sus energías para al final del día poder caer rendida en su cama entre los brazos de su amorosa madre.
Hasta que los maestros fuego irrumpieron.
Desde ahí, la desbordante energía de la pequeña decayó, hasta convertirse en una llama controlada. Su alegría desmedida, se volvió una chispa que pocas cosas podían avivar, entre ellas compartir tiempo con su amado padre, que se había vuelto todo su mundo, y estaba feliz de complacerlo y toda su energía se volcó en aprender lo que sus maestros le enseñaban.
Pero no todo eran animales heridos y maestros estrictos, padres cansados y mundos de adultos. Cada dos domingos, la joven heredera salía de paseo con su padre por la ciudad y era su alegría y deleite ir en el satomovil descapotable con su padre, comprar alguna golosina y después pasar por el Parque Kioshi o el zoológico y solo disfrutar de ser una niña con su padre.
Korra por su parte, cada tanto podía salir con su madre o con su familia de acogida, los hijos y nietos del Avatar Aang, ver a su propio padre era más complicado, porque como Jefe del Sur, Tonraq se debía a su gente y no podía quedarse tanto tiempo como Senna con Korra, pero una vez supieron que su hija sería el Avatar algún día, comprendieron que sus vidas jamás serían sencillas y estaban inmensamente agradecidos de tener el honor y la suerte de criar y tener a una persona tan importante en su destino. A veces, al mismo tiempo, en sus corazones se instalaba la duda del futuro, porque sabían que sobre su hija se cernía un sino más complicado que para el resto de los mortales, y solo esperaban tener la fuerza y sabiduría para poder apoyarla en todo lo posible.
Cuando el Avatar y la joven heredera tenían 10 años, se conocieron en un domingo que las dos coincidieron en el zoológico. Korra se había separado como siempre de Pema, Tenzin y Senna, que llevaban a una pequeña Jinora con ellos, una niña mucho más tranquila y reservada que Korra, y a la bebé de menos de un año, Ikki. Seguros de que el recinto era apropiado para niños, no tenían tanto problema en dejar que Korra quemara sus energías en correr una o dos vueltas mientras ellos apenas iban a la mitad del recorrido. Era la primera visita de la pequeña Jinora de 4 años.
Asami llevaba un par de flores en sus manos, un tulipán rosa y uno blanco cuando la empujaron tan fuerte, que cayó al piso pesadamente y para no hacerse daño, alcanzó a sostenerse en sus manos, con un grave precio para las flores, que se molieron entre sus manos y el suelo de rugoso empedrado.
El recuento de los daños fueron tres manos sangrantes, cuatro rodillas raspadas, un chichón, un tumulto de adultos encabritados, las dos flores deshechas y una niña aguantando el llanto.
─Asami ¿Estás bien?─
─Sí, papá ─
─Lo siento mucho, no te vi, lo siento─
─¿Podrías fijarte por donde corres, niña descuidada?─
─Señor, lo siento mucho, por favor, discúlpame─ Dijo Korra dirigiéndose a la niña que solo veía a las flores rotas en el suelo. Sus manos raspadas y amoratadas le empezaban a doler, pero eso no era lo que provocaba el brillo de sus lágrimas.
Habían ido a visitar a Yasuko y había querido quedarse como recuerdo de la visita esas dos flores. Korra no perdió de vista la dirección de su mirada y se sintió mal de veras de haber chocado con la niña del bonito vestido y lastimarla y arruinarle sus flores. Su padre la estaba revisando y soltó una especie de gruñido al ver las rodillas sangrantes y su mirada se suavizó un poco al notar las flores aplastadas por las manitas en el suelo. El intenso olor de los pétalos aplastados llenaba el ambiente.
Poco a poco el resto de familias se empezó a dispersar, y en eso llegaron al fin Senna y sus acompañantes.
─¿Está niña viene con ustedes?─ Hiroshi se aseguró de sonar molesto, pero al ver las ropas de los nómadas aire y de la Tribu Agua, su interés en el pequeño accidente dejó de ser la integridad de su hija.
La siguiente escena fue rápida, Senna se disculpó por Korra y aseguró que sería reprendida y se aseguraría de reparar el daño. Korra buscó un puesto de flores, pero no tenían tulipanes, solo jazmines, rosas y otras flores. Tuvo que conformarse con las rosas, y Asami las aceptó sin decir una palabra solo por los modales que le habían taladrado.
Hiroshi se aseguró de mostrarse lo suficientemente indignado, al punto de que Tenzin tardó en reconocerlo. Cuando se dio cuenta de quién era, le asevero el daño sería resarcido pero no tenía sentido seguir en el tema en un día tan agradable. El fundador de Industrias Futuro se dejó calmar y coincidió en que tal vez su reacción había sido desmedida y jugó la carta del viudo en su aniversario luctuoso.
Las niñas, siendo niñas, y estando entre adultos, dejaron mucho antes atrás el drama y empezaron a platicar y pronto Korra había logrado hacer reír a la heredera, suavemente, como correspondía a una señorita. Hiroshi miró con aprobación el feliz accidente.
Senna y Pema insistieron en que todos fueran a comer algo a la cafetería del zoológico y pronto Korra y Asami eran las mejores amigas del mundo, con la rosas en el puño de Hiroshi.
Entre la apretada agenda del empresario y el Concejal, apenas dos semanas después lograron una cita, para que las niñas jugaran. Hiroshi había jugado ahora la carta de que Asami no tenía hermanos ni primos, y con la vida que llevaban, era difícil que congeniará con otros niños de su edad, pero que con la joven Avatar había existido un cariño casi espontáneo. Lo cual no era mentira, pero eso no lo sabía Hiroshi.
Asami había puesto en agua las rosas y sentía no tener el recuerdo de su mamá en su visita anual, pero sonreía pensando que tenía el recuerdo de una amiga. Y de algún modo era mejor. Todavía le dolían un poco las manos, pero Korra había puesto tanto esfuerzo en hacerla sonreír, que también le dolían las mejillas.
Las niñas se vieron con verdadero regocijo y jugaron sin parar durante las dos cortas horas que tenían en lo que los adultos trataban temas de adultos en el ayuntamiento. Las visitas no terminaron aunque no eran tan frecuentes como quisieran. Korra siempre que podía, llevaba un tulipán blanco y uno rosa cuando sabía que iba a visitar a Asami, no se cansaba de disculparse con ese gesto. Y pronto se volvió un detalle que Asami aguardaba con gusto.
Si Korra no lograba hacerse con las flores, conseguía algo blanco y algo rosa. Dulces, muñecos o incluso hasta un simple dibujo de las flores con sus trazos descuidados pero amables. Asami atesoraba cada detalle, y antes de que las rosas murieran, las puso a secar y ahora descansaban en una preciosa caja de madera en su mesilla de noche.
No había entre sus pertenencias algo tan valioso como los detalles de Korra. Solo equiparables a los recuerdos de Yasuko.
Asami también obsequiaba a Korra con algunos detalles, como una nueva silla de montar para Naga, todo un set nuevo de pesas cuando cumplió los 15. Entrenaban juntas varias veces a la semana según fueron creciendo y Asami era capaz de ajustar sus horarios, y más cuando tuvo su propio satomovil a los 16 y Korra podía escaparse de la Templo de la isla con su agua control, con los meses, y creciendo junto a Jinora e Ikki, y ahora Meelo, Korra no tardó en desarrollar su aire control, no al punto de Jinora, pero era bastante aceptable, y cuando ella misma cumplió los 16, al fin fue capaz de planear con su deslizador desde la isla hasta el puerto, y más tarde hasta la misma Mansión Sato.
Ahora Korra limitaba los regalos de blanco y rosa a Asami a las visitas especiales, como sus cumpleaños, salidas organizadas con gusto y previsión, y por supuesto, las visitas a la tumba de Yasuko, las cuales Asami realizaba ahora con relativa frecuencia, ya que por fin no dependía de la disponibilidad de Hiroshi y tenía su propia movilidad. Desde que Korra tenía 14 años, era capaz de escaparse del Templo encima de Naga, llegar por Asami en medio de la noche o de cualquier hora del día y llevarla a explorar la ciudad. Una vez incluso habían viajado junto a Senna hasta el Polo Sur para un Festival de las Luces y ahí Asami había conocido a Tonraq, que parecía súper intimidatorio con su físico de oso, pero resultaba ser igual que Naga, un gigante bonachón que disfrutó de pasar tiempo con su hija y su mejor amiga.
Senna casi se había vuelto una segunda madre para Asami, que estaba tan agradecida con Korra por no ser celosa y compartir a un alma gentil como Senna, quien estaba muy contenta también de poder compartir y experimentar otro tipo de maternidad con Asami, que era tan diferente en tantos aspectos a su propia hija.
Después, con el creciente número de incidentes en la ciudad y la creciente pasión de Asami y Korra por el Pro-control, las cosas empezaron a complicarse. Asami conoció a los jóvenes Hurones de Fuego en otro feliz accidente que involucraba una caída, y cuando Mako, quien rápidamente se hizo su novio, le confió que estaban teniendo no solo problemas económicos sino también con el equipo mismo porque su maestro agua era un idiota irresponsable, Asami no dudó en ofrecer a Korra.
Unas semanas antes de eso, Korra hubiera estado exaltada de poder participar en el Pro control, y además con los novatos sensación, pero después de que Mako le "robara" a su mejor amiga, ya no se sentía con el mismo entusiasmo, sin embargo, se dejó convencer por Asami y ya dentro de los entrenamientos, descubrió que Mako no era tan malo y Bolin era simplemente hilarante y el niño más tierno que ella hubiera conocido, no que conociera muchos. Así que antes de que se diera cuenta, estaban saliendo con Bolin y Asami estaba con Mako.
Senna, Tenzin y Lin Beifong no estaban de acuerdo con que Korra anduviera por la ciudad correteando con sus amigos nuevos y los tres se miraban entre sí con resignación, porque sabían que a menos de que la ataran a una silla, no podían pararla. Todas sus preocupaciones se vieron cumplidas cuando los igualitarios atacaron las finales de Pro-control.
Korra invitó a sus amigos a vivir al templo y ahora, por lo menos, pasaban más tiempo ahí que rondando por la ciudad. Tarrlok era ya un viejo conocido de Korra para estos tiempos, lo había visto con el pasar de los años y las raras veces que Tonraq tenía que tratar con su propio representante en la ciudad. Al parecer, al tío Unalaq le tenía sin cuidado lo que hiciera el concejal representante de la Tribu del Norte porque él jamás se había aparecido por esos lares.
Asami y Mako se veían muy bien juntos. Era algo que Korra tenía que repetirse constantemente. Sus celos ya no eran explosivos ni la ponían de malas, simplemente, se desinflaba al final del día. Porque Mako le caía muy bien, casi tanto como Bolin, pero cada que miraba a la feliz pareja, se alegraba de ellos, pero también se le encogía el estómago en sentimientos que no comprendía. Además, tenía que lidiar con la situación de Amón, que cada vez era más brutal.
Korra estaba consciente de que ser el avatar, aunque rara vez había tenido que llevarlo a la realidad. A sus 16 años, ser el avatar era poco más que controlar los cuatro elementos. Sus apariciones publicas como avatar eran nulas, si acaso había participado en algunos debates, pero como miembro activo de la población representativa del Sur, como una especie de embajadora. Asami era la que más la entendía en ese aspecto. Korra era la única persona en el mundo que sabía acerca del miedo hasta cierto punto escénico que mantenía a un día ser la cabeza de la empresa y de todo lo que significaba para ella mantener el apellido Sato tan alto como lo había llevado Hiroshi. Desde la nada de sus inicios, hasta ser la empresa más exitosa de toda la Republica Unida.
La congoja de Korra estaba afectando su entrenamiento y con cada vez más disturbios, se sentía más presionada que en toda su vida. Ahora miraba a la estatua del Avatar Aang y lo sentía tan enorme como la misma, cuando antes al mirarla lo único que sentía era admiración y curiosidad, esperando por el día que pudiera hablar con él. Pero los años y los meses pasaban y aunque ya tenía un control respetable del aire control, y maestría en los otros tres, no lograba contactar con su vida pasada.
Asami había visto todo esto y recordando que tenía una amiga además de un novio, los invito a todos a pasar un fin de semana en la Mansión. Ya tenía un tiempo que Korra no iba a pasar la noche con ella y les caería bien a todos. Mako y Bolin disfrutaron de la Mansión como dos niños en un parque de diversiones. Nadaron, comieron, jugaron, Asami los apaleó a todos en Pai-sho, compitió contra Korra en la pista de carreras, cada una llevando a su novio en el camino, y la joven avatar se sintió viva y relajada como no se sintiera en semanas.
La noche de chicas que disfrutaron las dos en el cuarto de Asami fue el broche de oro para el día tan maravilloso que Asami le había prodigado. Platicaron, se relajaron, Korra dejo que Asami jugara con su cabello y la maquillara, algo que hacían exclusivamente en estas ocasiones y que la joven heredera disfrutaba en secreto de ser la única persona por la que Korra incurría en el maquillaje.
La piel de Korra era perfecta, mantenida en buen estado por su entrenamiento, su ingesta de carne magra, la dieta natural al mil del Templo, el sol y el viento. Era un lienzo magnifico para plasmar sobre ella.
Durmieron juntas, como siempre que Korra se quedaba en la Mansión, y al calor del cuerpo de Asami, quizá Korra empezara a entender mejor que sus celos tenían poco que ver con que Mako le hubiera quitado tiempo con su mejor y única amiga, y más con el simple hecho de que le quitaba tiempo con la misma Asami.
Era un sentimiento sobre el que le hubiera gustado tener más tiempo de profundizar, pero después de que al otro día escuchara una plática de Hiroshi sumamente sospechosa, ya no le dio oportunidad.
Habló con Asami. Y ella se lo tomó del peor modo posible. Mako se puso del lado de su novia y Bolin intentó ser conciliador. A Korra le quemaban los ojos. No podía creerlo. No podía creer que Asami no le creyera. Que Asami pensara que se estaba imaginando cosas. Sabía que era Hiroshi de quien estaba hablando, pero no podía creer que no le diera ni el beneficio de la duda.
Se fue sin mirar atrás.
Ella sabía lo que había escuchado y tenía que empezar a actuar como el avatar que se supone era.
Fue con Tenzin y Lin, ellos le creyeron y fueron hasta la Mansión para investigar. Y justo en ese momento, los igualitarios los atacaron.
Sabiendo que el avatar y otros dos maestros hábiles no estarían en la isla del aire, Hiroshi había avisado a Amon, y este había atacado la isla esa misma mañana, siendo que Hiroshi tenía una reunión urgente temprano con el concejal. Los capturaron a todos y al fin Hiroshi se mostró tal cual era ante Asami, que con el corazón doblemente roto, se reveló, solo pudiendo rescatar a Korra y Lin, ya que Mako se había quedado atrás dándoles tiempo para escapar. Porque en el fondo, Mako caía por el avatar y no podía seguir negándolo.
La espiral de las cosas fue en picada y acelerando, los Igualitarios atacaron al mismo tiempo al resto de concejales y atacaron los principales puntos de la ciudad, incluyendo la central de policía. Por suerte, Lin se sabía mover por muchos lugares y pronto encontraron apoyo entre la escoria de la sociedad, aquellos que nada tenían y todo lo daban. Varios policías infiltrados sirvieron de apoyo también. En la situación de emergencia en la que estaban, con el resto de figuras políticas canceladas por Amón, Lin era el último faro de orden y estabilidad de la ciudad. Llamó a las Fuerzas Unidas para poder presentar cara a los igualitarios.
Tarrlok se había despertado en medio de una celda en el Templo del Aire y ahora se había enfrentando al mismo destino que el resto de concejales, para defenderse y descubrir que el destino es caprichoso.
Ahora Amon tenía a los maestro aire, toda la nueva generación, desde Tenzin hasta Meelo, atados y amordazados en medio de la Arena, con un público igual de cautivo. Si el poder de su voz y su discurso no resultaban suficientes, estaba respaldado por un número impresionante de bloqueadores de chi con máscaras, guanteletes y bastones de impacto. Korra y Asami se habían logrado infiltrar contra los deseos de Lin, pero ninguna de las dos se podían quedar quietas.
Amón había anunciado el evento como si fuera el mayor espectáculo que la Arena pudiera alojar en su historia, tan seguro estaba de su toma de la ciudad.
Lin se escabuyó con ellas después de que lograran robar uniformes igualitarios. Lograron liberar de sus ataduras solo a Jinora, con ayuda del metal control de Lin, y eso los desestabiliza a todos. Jinora creó un pequeño ciclón y liberó a su familia, que no dejó de apoyarla en cuanto se vieron libres, saltando y corriendo impulsándose con el aire control, escaparon los niños ante las órdenes de su padre, que a pesar de estar golpeado y herido, se quedó a presentar pelea junto a las tres mujeres. Lin lo estaba ayudando a sostenerse.
Meelo que llevaba el viejo silbato de su abuelo encima, lo hizo sonar y estaba seguro de que solo tenían que esperar. Pero el problema era si tendrían tiempo de esperar. Korra hizo un puente de hielo y por ahí estaban escapando todos.
Korra se sentía responsable por los maestros aire por muchas razones, cada cual más pesada que la anterior, no solo eran el sueño de su antecesor, su descendencia, eran lo que quedaba de toda una nación, eran niños por todos los espíritus, y eran su familia. Los había visto crecer y Tenzin era tanto su padre como Tonraq, un amigo y un maestro. Asami se sentía igual de atada a la familia, que la había recibido con los brazos abiertos cuando ella misma no tenía una, más que solo un padre, que ya no conocía.
Usando toda la fuerza de la que Korra era capaz, mandó a volar el cascote de hielo sobre el que estaba parada Lin sosteniendo a Tenzin, porque era demasiado, logró subirlos lo suficiente como para que Lin usara sus cables y se agarrara del techo.
Asami y Korra se quedaron juntas y pelearon desesperadamente al punto de terminar acorraladas en los cuartos de utilería en la parte de atrás, esperando encontrar una salida.
Asami intentó con todas sus fuerzas proteger a Korra, pero no pudo contra Amón y su fuerza desconocida. Cuando Korra vio a Asami siendo torturada frente a ella por su enemigo, un poder sin despertar dentro de ella emergió al fin. Se rompió cualquier bloqueo que hubiera tenido y en pleno estado avatar, Aang la acribilló con el conocimiento de su vida pasada y su pelea contra un maestro sangre y así fue como supo lo que Amón le hacía a los maestros.
En medio del despliegue del poder crudo, pero sin dirección de la joven avatar, Amón fue capaz de sostenerla y aprisionarla, mientras los ojos de Korra enfocaban el pasado y conjuraban el poder que debía de protegerla. Asami miraba todo desde el suelo pasmada, maldiciendo su cuerpo por no responder, para ver como Amón le quitaba sus poderes a un avatar. Sólo entonces pudo reaccionar, atacar a Amón con uno de sus propios guanteletes, cargar con Korra en su espalda y echar a correr.
Amón atacó a Asami de nuevo y cayó cuan larga era. Korra intentó levantarse, protegerla. Estaba en shock. No lograba comprender todo lo que había pasado en los últimos minutos.
─Es una lástima, habrías tenido mucho que dar por los Igualitarios, Asami Sato─
─No te atrevas a hablarle, sucia serpiente─ Le dijo Korra en medio de un gruñido ─Ya sé que no eres más que un fraude. Eres un maestro sangre ¿no es así?─
Como para confirmar sus palabras, Amón la elevó en medio del aire y lo que salvó a Korra esta vez, fue el teniente de Amón, que había escuchado todo, cuando venía en apoyo de su maestro.
Ambas vieron como Amón se deshacía sin miramientos de su mejor elemento y ahora dirigía otra vez a ellas su atención. Korra estaba en terror absoluto. Tenía que proteger a Asami. Intentó lanzar un puño de fuego y nada salió. Asami intentó acercarse a ella, en vez de huir, todavía no podía levantarse, sin esperar nada más que un puro milagro, Korra golpeó ahora intentando con aire control y un viento tan potente como para que Amón tuviera que afianzar su posición acudió a su llamado. Cuando se dio cuenta que todavía tenía armas, Korra atacó sin piedad logrando desbalancear a Amón y lanzarlo por una ventana y cayó directo al agua de los muelles.
Todo el mundo vio su mascarada romperse al emerger en un torbellino que solo un experimentado maestro agua podría crear.
Después de eso, todo lo demás fue trámite.
Oogi había acudido al llamado de Meelo y peleado y ayudado a rescatar a su familia, ahora Jinora lo montaba para ayudar a Asami y Korra a subirse. Cuando las Fuerzas Unidas llegaron, se enfrentaron a facciones separadas de los igualitarios y aunque fue una batalla dura, ya no representaban una amenaza sin sus líderes.
Había un solo problema: Los maestros que ya no podían recuperar su control, entre ellos, Mako y Bolin. Y el Avatar. Que ya no sentía el poder de los otros elementos en ella. Estaba feliz de haber podido salvar a los maestros aire, pero ahora no se sentía capaz de ver a nadie a la cara. ¿Qué tipo de Avatar era, perdiendo sus poderes al momento de desbloquear el estado avatar?
Asami se sentía impotente a su manera. No había logrado proteger al avatar, a su amiga, quien siempre la había hecho sonreír desde que se conocieron y a quien antes de todo esto, le había gritado en la cara que no se atreviera a hablar mal de su padre. Pero es que Asami era leal con todo lo que tenía. Y jamás había pensando que tendría que escoger alguna vez entre su mejor amiga y su padre. Pensaba que la decisión podía ser obvia, pero obvio fue que no era tan sencillo.
Korra terminó con Bolin, que tampoco estaba en su mejor estado, las cosas entre Asami y Mako se enfriaron demasiado, al punto donde quizás ya no hacía falta decir nada más. Todo su tiempo y energía de Asami estaba solo para Korra, quien por su parte, evadía a todos. Salía lo más pronto que podía en la mañana con Naga, hacía una balsa de hielo y se iban. Senna tenía el corazón roto por su hija y no podía más que ver como se sumía en la tristeza.
Aunque casi todas las propiedades de Industrias Futuro estaban en investigación, Asami logró desembarazar un dirigible, y con él fueron todos al Polo Sur, pidiendo por Katara. Pero ella no fue capaz de ayudar más que las rocas en medio de la tundra.
Bolin y Mako estaban afectados también. El control de los elementos era lo que los había ayudado a sobrevivir toda su vida, es lo que le había dado a Mako un buen trabajo porque no todos los maestros fuego pueden conjurar el rayo y a Bolin el primer empujón para que fueran los Hurones de Fuego.
Asami llevaba con ella un ramo de tulipanes blancos y rosas. No encontraba otro modo de demostrarle a Korra que no importaba qué, ellas siempre serían amigas, y que Korra era para Asami lo más precioso, sin importar si era el gran avatar o solo una chica de 16 años asustada de lo que traería ahora el futuro.
Sabía bien que Korra no quería ver a nadie, pero ella misma tenía miedo que si dejaba pasar más el tiempo, Korra terminaría poniendo entre ellas una distancia insalvable y sinceramente, Asami no era tan fuerte. No podría romperse más. No cuando ya había perdido todo aquello que le importaba.
Se acercó con cuidado hasta Korra, siguiendo el pesado rastro de Naga en la nieve. Era seguro que Korra quería estar sola, al pie de un acantilado bastante lejos del punto poblado más cercano, las flores casi no habían sobrevivido la caminata en medio del clima. Korra se veía tan pequeña en medio de la inmensidad gris de la tierra, las montañas, el hielo y el agua misma. Y Asami sabía que así se sentía.
Justo antes de llegar hasta ella, pudo ver algo grandioso.
El avasallador poder de un avatar completo.
Korra era grandiosa, y había logrado encontrar por sí misma esa grandeza de nuevo dentro de ella misma. Asami estaba tan orgullosa.
Korra la vio tras ella y corrió a sus brazos, sintiéndose digna de nuevo. Con su carrera y el impulso, cayeron al piso las dos, y como hacía siete años, las pobres flores murieron entre las dos. Y Korra de nuevo se disculpó, y el olor de las flores machacadas quedaría, si no más, completamente fundido en su recuerdo de Asami. Las flores eran el recuerdo de la promesa de su amistad y unión.
Una nueva serenidad invadió al avatar. Ahora estaba segura que nunca había estado sola.
Regresaron tomadas de la mano a restaurar el control de los demás afectados.
Cuando volvieron todos a Ciudad República, las cosas recuperaron poco a poco la normalidad. Korra y Asami volvieron a su rutina de entrenamientos y salidas entre amigas, a las que eventualmente se unirían los hermanos, o solo Bolin, ya que Mako estaba muy ocupado siendo policía. Y entre Mako y Asami ya no hubo más que hablar.
Los hermanos seguían viviendo en el templo del Aire, pero Korra cada vez pasaba más tiempo con Asami, sin descuidar su entrenamiento y sus nuevas actividades como un Avatar en apogeo. Pero no se había perdido el primer vuelo de prueba de Asami, ni dejaba de apoyarla ahora que sabía que la empresa tenía tantos problemas por las relaciones de Hiroshi.
Y Asami la escuchaba cada vez que quería quejarse de Raiko.
Así que cuando surgió la oportunidad de viajar al Sur para un nuevo Festival de las Luces, todos estuvieron muy felices, porque además eso le daba la oportunidad a Asami de matar varios pájaros de un tiro. No solo de disfrutar a Korra en su hogar, que siempre extrañaba, si no de verdad alejarse de la ciudad y olvidar un poco su situación actual, al mismo tiempo visitar al excéntrico Varrick y que la ayudará a inyectar capital mientras pasaba esta crisis. Sí, todo se acomodaba por su propio peso.
Todo iba a pedir de boca, hasta que al tío del Avatar, del cual Asami sabía pero nunca lo había visto, se le ocurrió empezar a soltar palabras dulces al oído de Korra, las cuales parecían razonables hasta cierto punto, pero Asami no podía evitar pensar que a lo mejor Korra estaba cometiendo su propio error al no querer ver lo malo en la propia familia.
Había cierto punto de ridículo contrastando con todo lo que estaba pasando al ver a Bolin sufriendo por su compromiso con Eska, la prima de Korra.
Quisiera no decirle "te lo dije" cuando llegaron los barcos de la Armada del Norte.
Todo degeneró rápidamente, y todo parecía estar mal de nuevo, con Korra desesperada por encontrar una solución que no pusiera en entredicho a su familia y amigos, en especial a Asami, que era todo en una sola persona. Amiga, familia, confidente, cómplice, compañera. Siempre estaba ahí a su lado, apoyándola y Korra no la había escuchado, siempre tan necia, con la cabeza caliente y los puños prontos.
Y aquí estaba como siempre, dando la cara y todo por ella. Korra le compensaría todo, obligaría a Varrick a ayudarla si hacía falta. Y cuando perdió su conexión con los avatares pasados… a tan solo de meses de aprender a hablar con Aang, Roku, Kyoshi, Kuruk y aprender del primer Avatar.
Después de que todo se pusiera tan mal, habían escapado del bloqueo para ir en busca de apoyo, mientras Mako y Bolin respaldaban la defensa, a la que Tonraq se oponía, pues no iba a pelear contra su hermano, ni siquiera en el nombre de su pueblo.
Esto no era un tema tibio que se pudiera dejar sin atender y el pueblo tenía su propia voluntad, y Tonraq sabía que no podía detenerlos si estaban decididos.
Asami temió cada segundo por la vida de su mejor amiga, pero no podía defraudarla cuando unos días después Korra le confió la vida de su mal herido padre y se fue con Oogi en busca de Katara, aún sin saber cómo carajos comandar un bisonte volador. Por lo menos la gran bestia la conocía y confiaba en ella.
La pelea de Korra contra Unavaatu quedaría para la historia como uno de los despliegues espirituales más grandes vistos.
Con la apertura de los portales, muchos cambios se sucedieron rápidamente, entre ellos, cosas muy buenas, como la restauración por fin de Industrias Futuro a nombre de Asami, con su reputación limpia al haber probado que ella no tenía nada que ver con las actividades ilícitas de su padre, casi un año después.
Además, la guerra civil en el Sur, dio pie a que Tonraq se diera cuenta que necesitaban sus propias defensas y que mejor proveedora que Asami Sato, y con el ataque masivo en Ciudad República, la ciudad necesitaba de todos los contratistas disponibles, y los precios y calidad de Industrias Futuro no tenían paragón, pues sus fabricas y empleados estaban hambrientos de trabajo y movimiento. Asami tenía un boom de trabajo tal que tuvo que contratar a dos ayudantes.
Korra estaba tan ocupada resolviendo pequeños conflictos con los espíritus y las personas que ella también sentía que necesitaba ayudantes, pero se conformaba con encontrar tiempo entre problemas para salir a platicar con Asami, asaltarla en su oficina para llevarla a comer, o en la noche salir con Bolin por unos fideos. Incluso podía ver más a Mako, pues andaba en las calles igual que ella, arreglando pequeños problemas, para el gusto de Mako, que había descubierto las intenciones de Unalaq en el Sur y las de Varrick en la ciudad.
Si era para ayudar a Korra, sin embargo, lo hacía todo con la mejor gana del mundo.
Todo volvió a cambiar casi un mes después cuando las "apariciones" de maestros aire en todo el Reino Tierra se hicieron presentes. A pesar de todo el trabajo extra, Asami no dudó un solo momento en acompañar a Korra por todo el continente para buscar a los nuevos maestros y ayudar a Tenzin a cumplir el sueño del Avatar Aang.
Las cosas no podían ser tan sencillas. No solo el muy razonable hecho de que muchas personas, no solo porque de pronto tuvieran poderes de maestros aire, quisieran o pudieran dejar toda su vida atrás. También el repentino ataque de unos criminales que nadie conocía.
Eran implacables.
Un maestro lava, una maestra combustión, una maestra agua sin brazos pero con un dominio tal de su elemento que resultaba una ventaja. Y su líder, no era más que otro de los maestros aire nuevos. La lucha fue intensa y Asami se sentía desesperada porque no podía hacer nada en esas circunstancias para proteger a Korra.
La única que después pudo aclarar un poco las cosas fue Lin.
Contó como hacía 13 años, los miembros del Loto Blanco descubrieron una subfacción que se hacía llamar El Loto Rojo, y como sus planes incluían secuestrar y educar al avatar bajo sus propios ideales. A un miembro se le fue la lengua intentando reclutar a otro Loto Blanco y la cadena interna se rompió. El mismo Loto Rojo tuvo una reacción intensa y rápida. Se encontraron miembros muertos y con las lenguas cortadas y el propio Señor del Fuego Zuko dirigió toda la investigación con ayuda de Toph Beifong para desmantelar toda la red. Y se creía que así había sido.
Lin sabía todo eso porque ella ayudó de manera externa al Loto Blanco en su operación en Ciudad República, donde había algunos puntos de conflicto entre las dos facciones. El secuestro nunca se llevó a cabo y aunque hubo quienes sugirieron mantener a la joven avatar en un lugar seguro, Tonraq y Katara se opusieron a tal "medida de contención".
Después de escapar del Loto Rojo y de que ellos atacaran a la Reina Tierra, el infierno en Ba Sing Se… Todos esperaban poder descansar un poco. El enemigo no les daría ese lujo. Ni un respiro. Mientras se enfrentaban a enemigos de diferente índole y tamaño, Korra y Asami encontraron un momento para afianzar aún más su relación.
Durante su escape de la Reina Tierra, se encontraron las dos solas después de mucho tiempo. Korra se seguía sorprendiendo de la cantidad de recursos de Asami. No importaba que no tuviera ningún control elemental, con su habilidad y conocimientos era muy capaz de hacer lo mismo o más que muchos maestros. Al final, entre su cerebro y las habilidades de Korra, lograron hacer el pequeño deslizador para escapar de los colmillos de ese tiburón de arena.
Asami miraba hechizada el movimiento semiperpetuo de los hombros y brazos de Korra al moverlos para crear el pequeño remolino que los impulsaba, como Korra había mirado fascinada los momentos en los que Asami se concentraba y su mirada se perdía en las posibilidades y ponderaba entre todas sus opciones y lograba pensar y diseñar lo mejor en cada situación.
Así que fue toda una tortura observar como se llevaban a Korra y como Asami de nuevo servía más al propósito general quedándose atrás para ayudar a todos a escapar, usando como señuelo a la persona más importante en su vida. A ella que le importaba nada que Korra fuera el avatar, entendía lo valiosa y querida y necesaria que era para el mundo, y estaba orgullosa de que lo fuera, pero al final de cuentas, lo último que ella quería es que Korra estuviera condenada siempre por ser el avatar. ¿No podía ser solo su amiga? Siempre tenía que influir el otro sustantivo.
Ver a Korra tan herida, tan salvaje, era un tormento. Solo ahora gracias a Jinora entendía lo que había pasado. Tenía veneno llenando sus venas y no tenía nada que hacer. No podía hacer nada. Estaba tan atada de manos por su incapacidad natural de no poder levantar un par de rocas, o de crear fuego de la nada, o incluso de haber sido de los elegidos para mover el viento.
Sabía que a Tonraq le tocaba el lugar primario junto al avatar, al final, era su hija. Asami podía ser paciente ahora que estaba fuera de peligro. Cuando todos se retiraron, cuando solo quedaba espacio para el silencio y el reposo, dentro del dirigible camino a Zaofu, la ingeniera al fin tuvo su momento. Korra la recibió en silencio cuando tocó a su puerta.
─¿Cómo estás?─
El avatar lloraba en silencio, porque no solo acababa de rechazar a Mako, estaba cansada, el cuerpo le dolía entero, seguía aliviada de que su padre estaba bien y apenas estaba procesando el trauma de su propia mortalidad. Ni siquiera cuando Vaatu arrancó a Raava de su cuerpo sintió esta desesperación.
Korra se sostuvo de Asami, en cuanto ésta vio su expresión fue hasta la pequeña cama para sentarse a su lado y abrazarla. Korra se agarró de su cuerpo en medio de espasmos de dolor y shock. Los brazos fuertes y suaves de Asami la rodearon para protegerla del mundo y no dijeron nada. No hacía falta. La joven morena se calmó de a poco en el calor de los brazos de su amiga y mientras el día moría a través de los ventanales y cortinas abiertas, sucumbió al deseo primigenio de confirmar estar viva, entre llanto y sorpresa. Los labios de Asami fueron esa confirmación.
Con una caricia inexperta y amorosa, húmeda por el rastro de lágrimas, para ambas la sorpresa fue grande. Nadie dijo nada y siguieron adelante. Korra no había besado a nadie desde Bolin, igual que Asami con Mako, y las dos sabían que los besos eran muy diferentes. Pronto el anhelo incrementó y con cuidado, Asami empezó a rozar su lengua contra los labios de Korra, que recibió gustosa el suave músculo abriendo sus propios labios para que su lengua fuera al encuentro de la otra.
Alguna gimió de ansia en los brazos de la otra. Asami pronto estuvo sobre Korra en la pequeña cama. Se siguieron besando largamente, sin la prisa inicial del avatar. Asami la sostenía firmemente, la cubría con su cuerpo mientras sus manos la acariciaban con dulzura, delineando sus brazos, su cuello, el fuerte contorno de los hombros, la marcada mandíbula que la marcaba como hija de Tonraq y el inicio de los senos abundantes sin llegar a tocarlos del todo. Korra la sostenía de la chaqueta, más cerca, más fuerte.
Se besaron hasta que los labios ardieron y las quijadas dolieron, en algún momento, en medio de más besos, Asami se había quitado las botas y la chaqueta quedó olvidada en el suelo.
Se metió en la cama con Korra y aunque el cuerpo pedía más, su corazón sabía que no era el modo. Simplemente la abrazó en su pecho y entre más besos, la morena se quedo dormida entre sus brazos. Asami tardó mucho más en dormir, con la cabeza llena de pensamientos inciertos y dudas aciagas. Con el corazón tembloroso y pletórico.
A la mañana siguiente, Korra despertó con la cabeza clara y cuando abrió los ojos y se encontró con la cara de Asami tan junta de la de ella que solo tenía que estirarla un poco para volver a besarla, se congeló. Recordó como en medio de su dolor y sus traumas, ante el rechazo contra Mako, pero la dura necesidad de sentirse querida y protegida, había recurrido a los brazos que siempre la habían arropado y terminó en los labios que no sabía fueran tan suaves. Y Asami le había devuelto los besos con igual hambre, con tranquila dulzura y todo el temple que Korra necesitaba en ese momento.
Si había tenido dudas, después de casi perderlo todo, ya no había tiempo ni necesidad de seguirse conteniendo. Aún sonrojada, asaltó los labios rosas con convicción. Asami despertó sobresaltada pero en cuanto se dio cuenta de lo que pasaba, su corazón despejo todas las dudas que diera cabida en la noche. A la clara luz de la mañana las cosas no podían ser más reales.
─Buenos días, Korra─ Dijo con una sonrisa en medio de los besos y el abrazo en el que se habían enredado.
─Buenos días, Sami─ Respondió con la misma sonrisa.
Se siguieron besando, descubriendo sin prisas el sabor y cada rincón de sus bocas. Sus lenguas se acariciaban con calidez y mandaban sensaciones desconocidas hasta la punta de los dedos. Korra juraba que podía oler el aroma de los tulipanes entre el cabello espeso de Asami.
Sin molestarse en tocar a la puerta, Tonraq entró a la habitación con una bandeja de desayuno.
Asami terminó en el suelo sin ningún decoro cuando Korra la arrojó ante la sorpresa.
─¡¿Papá?!─
─Ahora un padre ya no puede llevar el desayuno a su única hija─ Les dijo en tono juguetón.
Asami no sabía en dónde meterse. Desde que se conocían, y a pesar de lo poco que convivían, Asami respetaba y admiraba tanto al fornido hombre que lo veía como una segunda figura paterna, que solo se había incrementado cuando pasó lo de Hiroshi, y ahora la encontraba con las manos sobre su hija, en la cama.
─No, es que… ¿Por qué no tocas a la puerta?─
─¿Es que acaso estaban haciendo algo malo?─ Le respondió Tonraq y Korra enrojeció más.
─Creo que yo mejor me retiro...─
─Por supuesto que no, Asami ¿Quieres desayunar con nosotros? Aunque no pensé que estuvieras aquí, y si Korra come como tú sabes, no nos va alcanzar a los tres─ Tonraq estaba quizás disfrutando demasiado torturando a su hija.
Después de los eventos del día previo, y de ver lo gris que andaba Mako, esperaba encontrarse en un estado similar a su hija, así que recibía con toda la alegría del mundo que estuviera con el ánimo suficiente para sonrojarse y reclamarle. Asami era la mejor persona para estar con su hija, si su hija también la quería.
Korra y Asami tuvieron que aguantar más bromas por parte de Tonraq, que tuvo el mínimo tacto para no hacer ninguna pregunta directa a las adolescentes ante él.
Cuando casi una hora después al fin se retiró, con la bandeja vacía y haciendo más bromas sobre el apetito de Korra, las dos suspiraron aliviadas.
Asami miró un momento a Korra y las dos se empezaron a reír nerviosamente para terminar con un ataque de risa que las hizo doblarse y doler el estomago.
Asami tomó la mano de Korra y la oprimió suavemente antes de despedirse y prometerle volver por ella cuando fueran a aterrizar, que sería pronto, solo necesitaba ducharse y cambiarse.
Las siguientes dos semanas ninguna dijo nada, pero Asami casi no se despegaba de Korra, sus ayudantes se estaban encargando de llevar todo excelentemente y Asami podía dedicar su tiempo a su mejor amiga, que la necesitaba tanto. No dijeron nada, pero cuando un doctor revisó a Korra y dictaminó que el veneno había dañado sus nervios y el diagnóstico era incierto, Asami le apretó el hombro para confortarla. Y en la soledad de la habitación en el templo de Korra, la ingeniera descubría más de sus sentimientos y del cuerpo de Korra.
Ahora su boca era un rincón familiar y lo visitaba constantemente. Al final de la primer semana, había llevado las manos del avatar hasta sus senos ligeramente cubiertos por una blusa de tirantes. Korra contuvo el aliento insegura y al sentir su suavidad y el tacto íntimo, el ligero peso de los orbes entre sus manos, liberó el aliento con un suspiro reverente.
Con una mirada a Asami, le quitó la blusa, Asami estaba sentada sobre sus piernas, en las que no sentía nada, si no el lejano reminiscente de la presión que debería ser el peso. Sin pensar en nada más, se llevó los pezones a la boca y los exploró con cuidado y mimo, ante los sonidos agradables y desconocidos que emitía la mujer de alabastro sobre ella, Korra se atrevió a abrazarla para tenerla más cerca, besar su estómago, sus senos, sus hombros y regresar a sus labios, una y otra vez.
Asami le quitó también su blusa después de un rato y solo ante sus ojos limpios y el infinito sentimiento que emitían, Korra pudo sentirse cómoda y segura, justo ahora que ni ella misma disfrutaba más de su cuerpo, que llegaba a sentir como un ente extraño, que ya no le respondía, que la había traicionado.
Se abrazaron y al calor de sus pechos unidos se siguieron besando, provocando, degustando, disfrutando la una de la otra. Asami no pidió más por esa noche y durmieron abrazadas y con el torso desnudo el resto de la pacífica noche.
Cuando Tonraq decidió que se irían apenas terminara la ceremonia de Jinora, Korra no pudo callarse más.
A lo mejor a este punto estaba de más, pero tenía que decirlo. Su corazón exigía ser escuchado. Habló con Asami, en medio de lágrimas de sentimientos desbordados, no había mucho que pudiera hacer u ofrecerle justo ahora, pero la haría tan feliz si tan solo decía que sí. Asami la abrazó, dijo que sí, ahora y en cualquier momento.
Le pidió tiempo solamente, ya estaba trabajando en todo lo que necesitaría para poder mover sus gestiones hasta el Polo Sur y no dejar el trabajo botado en Ciudad República. Korra la esperaría el tiempo que hiciera falta, le prometió.
Las semanas pasaron rápidamente.
El avatar estaba dispuesta a hacerlas valer, Asami no vendría a encontrarse con un avatar postrado. Poco a poco recuperaba la sensibilidad en los pies, gracias a la terapia y las habilidades de Katara, quien le recordaba que su propio espíritu era el principal motor. Korra sabía que no era su espíritu, ni Raava, era algo más simple y mundano, el amor que la sostenía.
Después de dos meses, Asami al fin tenía todo listo y fue recibida con gusto por Senna y Tonraq en el palacio del Sur. Y justo tras ellos, estaba de pie Korra, sostenida de un bastón y de Naga, pero de pie. Asami estaba tan feliz que no impidió que un par de lágrimas cayeran y corrió a abrazar y besar al avatar, muy contra todos sus mejores modales y del ramo de tulipanes rosas y blancos que llevaba en las manos. Senna y Katara no podían mirar más enternecidas la escena.
La vida en el Sur no era precisamente apacible, principalmente por el clima, aunque eso representaba solamente un pretexto más para siempre estar abrazadas. Por supuesto que Asami cumplía con todas sus obligaciones, había establecido una línea de correo casi directa que estaba beneficiando las relaciones comerciales del Sur y de Ciudad República, tenía cortas conferencias con su personal por radio y ya había instalado una oficina permanente en este lado del mundo, muy a pesar de Varrick, quien era prófugo en investigación y disfrutaba de la potestad y patrocinio de Suyin.
No más de dos meses más tarde, cuando Korra ya podía caminar tranquilamente algunos metros sin el bastón, fue cuando por fin, en medio del calor de sus cuerpos y sus besos, culminó lo que el cuerpo les pedía desde el primer beso.
Korra adoró el cuerpo delicado de Asami en medio de suspiros. Tuvo todo el cuidado del mundo para que sintiera su amor y su pasión, toda su gratitud. Asami no sabía que su cuerpo era capaz de experimentar de este modo el amor, no sabía que su piel parecía tener un imán a las manos de Korra, que con cada caricia la subía al cielo. Arqueaba la espalda para que sus senos se pegaran más al toque de sus dedos, sus caderas se mecían para recibir más y mejor el roce de su mano, y el húmedo centro de su cuerpo pensaba por sí mismo.
Fue una noche larga, intensa, dulce y apacible a su modo, porque Korra todavía no estaba del todo recuperada. Se lo tomaron con calma, porque no había tiempo que perder, y solo pieles y caricias por disfrutar.
Con amor y constancia, el avatar mejoró y la vida era grata y hermosa.
No todo podía ser perfecto todo el tiempo, con el tiempo surgió Kuvira y el Imperio Tierra.
Asami había jurado que no la volverían a dejar atrás y está vez pelearía al frente con Korra, lado a lado. Sintió que su arrogancia le costó la vida a su padre y ahora ya estaba totalmente sola. Y solo unos segundos después recordó que todavía tenía una familia, ver salir a Korra en medio de esa luz de otro mundo, era el alivio más grande del universo.
El avatar corrió a sus brazos tan solo la vio y pudo dejar a Kuvira con alguien, sin fijarse en quién. Se abrazaron y se besaron como si la vida la respiraran de la otra.
Korra amaba el Sur y extrañaba a sus padres, pero su vida estaba en Ciudad Republica, con tanto por hacer, la necesitaban acá y sabía que Asami también extrañaba la ciudad que siempre había sido su hogar, donde los recuerdos más tristes y felices convivían como sombras chinescas. Asami tendría que hablar con Korra, porque no podía seguir así.
El avatar decidió que era hora de un pequeño cambio. Diez años después.
El ramo de tulipanes ahora era rojo y blanco.
El blanco siempre había representado pureza y sentimientos limpios, y el rosa hablaba de la suavidad, la fragilidad, la feminidad y amor fraterno. Algo que siempre les había venido bien y que ahora debía renacer. El rojo contaba historias de amor y pasión, de amantes y candor.
Ya no tenían 17 años, ni eran unas adolescentes inseguras de lo que querían. Habían atravesado por tanto cada una y en conjunto también, que Korra estaba dispuesta, si Asami lo aceptaba, a regresar a Ciudad República no a su habitación del Templo de la Isla, sino a la cama de la mujer de su vida.
Asami primero olió las flores a través de la ventana abierta de su oficina, y temió porque sabía que tendría que hablar con Korra, no podía retrasarlo más. No era una pausa pero la distancia les dolería a las dos, hasta que las cosas se estabilizaran de nuevo, Korra tendría que esperarla.
Así que Asami no entendió al principio lo que su novia le estaba diciendo. Korra la escogía a ella, por sobre todo, por sobre su destino de avatar, por sobre el mundo y Asami era tan humilde y prolija que se daba así misma para que el avatar no tuviera que escoger. Korra no era solo el avatar que el mundo necesitaba, era una mujer que necesitaba amar y ser amada y tenía la grandiosa suerte de que su complemento fuera otra mujer tan grandiosa que no la haría jamás escoger entre lo que tenía que hacer y lo que quería.
Su vida apenas empezaba y el ramo blanquirrojo era el detalle perfecto para demostrarlo.
N.A.
Este One Shot participa en el día 20 del #Flufftober, Tulips.
Está dedicado a la amable escritora que es amiga y tormento y me ayudó con las ideas iniciales porque no se me ocurría nada jaja
Espero que te haya gustado, Chief.
Carpe Diem
