Majo1989: Sí, me gusta ser malvada jaja, me has pillado

hadramine: Pues aquí tienes! jaja

Vic Black: Lo vas a saber enseguida

Rockandlove: Gracias! Seguiré actualizando cada vez que tenga un capítulo nuevo preparado

Fenilbenceno: Me alegro de que esta historia te ayude a distraerte! :)

NoraCg: A mí también me gusta un Draco celoso :P la verdad

Sally : Draco lo está pasando bastante mal, sí... veremos como evoluciona la historia

Diana: Jajaja me alegro de que te esté gustando tanto!


Aquí tenéis otro capi, disfrutadlo!


Capítulo Seis

Secretos


—¿Quién... quién te ha besado, Granger?

Hermione jadeó, cubriéndose la boca con las manos.

—¿Qué?

Draco no contestó, cerrando los puños para controlar los temblores y sentándose en una de las raíces otra vez. Las piernas le fallaron y se desplomó sobre ella.

Joder. Joder joder joder.

—Mierda, soy patético —murmuró entre dientes, cubriéndose el rostro con las manos.

Podía sentir la furia acumulándose en su interior. Su lado Veela estaba lívido, exigiendo venganza. Alguien se había atrevido a besar a su compañera y debía pagarlo con su vida.

No, no podía transformarse delante de ella estando tan enfadado. Podía ser muy peligroso.

Contrólate, joder.

Draco se concentró en su respiración, cerrando los ojos y sintiendo como el aire salía y entraba de sus pulmones. Era como si algo le estuviera quemando por dentro.

—Pensaba que no sentías nada si no estabas cerca —dijo Hermione en voz baja.

No había pensado que le pudiera afectar tanto, si no nunca habría dejado que Ron la besara.

Draco tragó saliva, intentando respirar con normalidad.

—Puedo olerlo, ahí —susurró, señalando la mejilla derecha de Hermione con un dedo.

Ella abrió mucho los ojos.

—¿Qué hueles?

—Su saliva. Huele a él, a Weasley —añadió Draco, aflojándose la corbata como si le costara respirar.

Hermione se sintió fatal al verlo así, jadeando y temblando sin parar. Avanzó hacia él y se agachó a su lado, sujetando una de sus manos entre las suyas.

—Lo siento, lo siento mucho. Fue solo un beso de despedida, pero le diré a Ron que no vuelva a hacerlo.

Draco pestañeó varias veces, desviando la mirada y suspirando. Si ella le tocaba, el dolor y la angustia disminuían. Pero su lado Veela seguía clamando venganza.

—Esto ayuda, ¿verdad? —preguntó Hermione, adivinando sus pensamientos.

Empezó a trazar círculos con los dedos sobre sus nudillos y Draco cerró los ojos.

—Sí —admitió en voz baja, suspirando otra vez.

Su cuerpo se estaba relajando, pero ella todavía olía a ese estúpido.

—No volverá a pasar, Draco. Tendré mucho cuidado hasta que encontremos una solución.

Draco resopló con desgana. Solución... como si hubiera alguna.

—Yo... no puedo... —jadeó de nuevo, llevándose la mano a la garganta.

Le quemaba, cada respiración era como una llamarada entrando en sus pulmones.

—Dime qué puedo hacer. ¿Cómo te ayudo? —preguntó Hermione, todavía sujetando su mano.

Draco apartó la mirada. Odiaba que ella lo viera así.

—No sientas lástima por mí, Granger.

Ella arrugó el entrecejo.

—No es eso. Estoy preocupada y quiero ayudarte.

Él volvió a levantar la mirada, recorriendo su rostro. Necesitaba ese olor fuera de ella cuanto antes.

—Límpiate.

Hermione pestañeó varias veces con confusión. Soltó su mano y sujetó su bolso, abriéndolo.

—No se si tengo...

—Ten.

Draco le estaba ofreciendo un pañuelo que acababa de sacar de su bolsillo. Hermione lo cogió y, tras humedecerlo con su varita, se frotó la mejilla con él.

—¿Mejor?

Draco cogió aire lentamente y su rostro se relajó. El maldito aroma de Weasley ya no estaba en ella, ahora salía de ese pañuelo asqueroso.

—Sí, mucho mejor.

Hermione suspiró, aliviada. Volvió a sujetar su mano y los dos se quedaron en silencio un rato, hasta que el color volvió al rostro de Draco y su respiración se normalizó.

—¿Estás bien? Si lo prefieres nos podemos quedar aquí.

—No, estoy bien.

—¿Nos vamos entonces?

Él asintió, poniéndose de pie con cuidado. Hermione lo siguió a través del jardín, observando las flores con curiosidad y atravesando la mansión hasta que llegaron a la chimenea.

Entraron en la Red Flu juntos, apareciendo en el Caldero Chorreante pocos segundos después.

Atravesaron la entrada secreta al Callejón Diagon en silencio, aunque Hermione vigilaba a Draco por el rabillo del ojo. Le asustaba que todavía se sintiera débil, y sabía que él nunca iba a admitirlo ni a pedir ayuda si la necesitaba.

La mayoría de las personas se quedaban mirándolos con curiosidad, y varios de ellos le dedicaron miradas de odio a Draco. Hermione se acercó más a él, frunciendo el ceño. Había sido absuelto de todos los cargos y era inocente, no se merecía que lo miraran así.

—¿Te parece bien esa cafetería? —dijo, señalando una pequeña que había a pocos pasos.

Draco se encogió de hombros y los dos se sentaron en una de las mesas de la terraza, desde donde se podía ver la puesta de sol.

—Puedes sentarte más cerca, Draco —ofreció Hermione al ver que se había puesto justo enfrente.

Él sacudió la cabeza.

—Así está bien.

Ella se aclaró la garganta.

—He traído un resumen del borrador que estoy preparando, pero no sé si tienes ganas de leerlo...

—Hoy no —dijo Draco con voz grave.

—Está bien —aceptó Hermione, suspirando.

El camarero les atendió y ambos pidieron una gran taza de té negro. Cuando tuvieron sus bebidas, ella se mordió el labio inferior con nerviosismo. No sabía de qué podían hablar, nunca había estado con él a solas. Bueno, sí, pero en el ministerio todo había girado en torno a su nueva situación y al papeleo que tenía que hacer para registrarse en el mundo mágico como mitad Veela.

—Siempre haces eso, Granger.

Ella jadeó, sorprendida. Draco ni siquiera la estaba mirando y había hablado en voz muy baja.

—¿El qué?

Draco removió su taza con una cuchara antes de hablar.

—Morderte el labio cuando estás nerviosa.

—No es verdad.

Él resopló, levantando la vista.

—Te he visto hacerlo miles de veces, desde que entramos en Hogwarts.

Hermione entrecerró los ojos.

—¿Me vigilabas?

Siempre le había llamado la atención que una chica pudiera ser tan inteligente como él, y más aún cuando se enteró de que era una sangre sucia. Pero no pensaba decírselo.

—Hay que tener controlados a tus enemigos —respondió Draco, levantando las cejas.

Ella puso los ojos en blanco y él sonrió. Hermione apoyó su barbilla sobre una de sus manos, cambiando de tema.

—Estoy leyendo varios libros sobre Veelas, pero por ahora no he encontrado mucha información sobre el vínculo que tienen con sus compañeras. ¿Sabes si en la biblioteca de tu mansión hay libros que hablen de eso?

Draco apretó los dientes, desviando la mirada. Esa maldita sabelotodo no pensaba parar hasta enterarse de todos sus secretos.

—No he visto ninguno.

Hermione bebió un poco de té, observándolo atentamente. Otra vez tenía esa expresión de frialdad en el rostro.

—¿Estás ocluyendo, verdad?

Draco la miró de reojo un segundo, volviendo a contemplar a los magos que paseaban por el callejón con desinterés.

—No.

—Mentiroso.

—¿Y qué si lo hago?

—Parece que eres una estatua sin sentimientos. ¿Por qué no dejas de hacerlo cuando estás conmigo? No necesitas protegerte, estoy aquí para ayudarte.

Draco resopló, riendo sin ganas.

—No sabes de lo que estás hablando, Granger.

—Sí que lo sé. Snape le enseñó a Harry cómo hacerlo... bueno, intentó enseñarle. Y he leído mucho sobre el tema. Algunos magos lo hacen para no mostrar lo que están sintiendo, justo lo que creo que haces tú.

Él la miró fijamente, haciendo que Hermione sintiera un escalofrío.

—Llevo años usando la Oclumancia para protegerme, y también para controlar mis emociones. Y pienso seguir haciéndolo, Granger.

Hermione se cruzó de brazos.

—No me gusta. Es como hablar con un trozo de hielo.

Draco levantó una ceja.

—¿Quieres saber lo que pasaría si no me controlo?

—Sí.

—Pues yo no.

Hermione suspiró, sujetando su taza de té con las dos manos.

—No vas a hacer daño a nadie, Draco.

—No es eso lo que me preocupa.

—Por favor... deja de hacerlo.

—No.

—Prueba. No creo que vaya a pasar algo malo.

Draco cerró los ojos, inspirando profundamente mientras poco a poco abría el rincón de su mente donde estaban ocultas sus emociones.

—Espero que no te arrepientas.

Hermione se rio.

—No te tengo miedo.

Cuando volvió a abrir los ojos, Hermione vio un destello salvaje en ellos. En menos de un segundo, Draco había usado el pie para tirar de su silla hasta tenerla justo a su lado. Hermione sintió que la sangre abandonaba su rostro y su corazón se saltó un latido, asustado por esa reacción tan violenta.

Pero él la rodeó con sus brazos y ella jadeó, quedándose paralizada y con los brazos pegados al cuerpo. Draco hundió el rostro en sus rizos, suspirando.

—Lo siento, lo siento, lo siento mucho. Perdóname —susurró junto a su oído, sin soltarla y aspirando su aroma.

Hermione se estremeció, sintiendo los dedos de Draco recorriendo su espalda, pero intentó relajarse para contestar.

—¿Por qué?

—Por todo —murmuró Draco, recorriendo la piel de su cuello con la nariz y apretándola más entre sus brazos.

Siguió murmurando disculpas sobre su piel, hasta que Hermione reaccionó y lo empujó con la suficiente fuerza como para apartarlo de ella.

Se miraron a los ojos un momento, asimilando lo que acababa de pasar. Los de Draco se abrieron mucho al detectar miedo en su rostro. Se echó hacia atrás, sacudiendo la cabeza y cerrando los puños, y empujó su silla hasta volver a estar sentado frente a ella.

Hermione tenía una mano en el pecho y todavía sentía su corazón a toda velocidad. No se habría esperado esa reacción por parte de Draco ni en un millón de años.

—¿Qué... qué ha pasado? —preguntó, confundida.

Draco tardó unos segundos en responder. Enderezó la espalda y, cuando la miró, Hermione vio que sus ojos grises volvían a transmitir frialdad.

—No vuelvas a pedirme que lo haga —dijo con voz grave, desviando la mirada hacia su taza.

Hermione dejó salir un suspiro tembloroso. A pesar del susto, él había sido muy cuidadoso al tenerla entre sus brazos. Los medio humanos siempre eran más fuertes, pero Draco había controlado sus movimientos lo suficiente para no hacerle ningún daño.

Y todavía podía sentir su aliento cálido en el hueco de su hombro.

—Ha sido... intenso.

Draco entrecerró los ojos, pero no contestó.

—¿Por qué te estabas disculpando?

—Déjalo, Granger.

—No, quiero saberlo.

Él se pasó una mano por su pelo rubio, despeinándose.

—Por... por insultarte durante años, y por lo que pasó en mi casa.

Hermione contuvo la respiración. Las torturas de Bellatrix.

—Eso no fue culpa tuya, Draco.

—Sí lo fue. Podía haber hecho algo, pero tan solo me quedé mirando.

Hermione negó con la cabeza.

—Tu propia tía te habría matado, y después a mí. Hiciste lo correcto al no hacer nada.

Draco apretó la mandíbula, claramente en desacuerdo.

—¿Qué pasó ese día cuando conseguimos escapar? —preguntó ella en voz baja con curiosidad.

Él contempló sus ojos marrones un momento, apartando la vista.

—El Señor Tenebroso no se tomó muy bien la noticia, como imaginarás.

Hermione palideció.

—¿Os hizo daño?

Draco alzó una ceja, levantando su taza para beber, y ella resopló.

—Te encanta ignorar mis preguntas, ¿verdad?

Él le dedicó una sonrisa burlona y Hermione puso los ojos en blanco.

—¿Y si me dejas hacer las preguntas esta vez a mí, Granger? —preguntó Draco, ladeando la cabeza.

Ella asintió, apoyando los dos brazos sobre la mesa.

—Adelante.

—¿Estás saliendo con Weasley?

Hermione frunció el ceño.

—¿Acaso te importa?

Draco se cruzó de brazos, esperando.

—No, Draco. No estoy saliendo con nadie.

—¿Y con Potter? —añadió Draco, sus ojos grises todavía clavados en ella.

Hermione se rio entre dientes.

—¿Con Harry? Es como mi hermano, y además él está saliendo con Ginny. ¿De dónde sacas esas ideas?

—Recuerdo verte muy interesada en Weasley, y escuché muchos rumores en el colegio —contestó él, encogiéndose de hombros.

Hermione suspiró.

—Sí, estuve enamorada de él un par de años... pero eso terminó en cuanto empezó a salir con Lavender. Y solo somos buenos amigos desde entonces.

Draco asintió, recorriendo su labio inferior con la punta de la lengua mientras pensaba.

—¿Y estás enamorada de alguien ahora?

Hermione sintió que se volvía a poner nerviosa, pero disimuló colocando un mechón rebelde tras su oreja.

—No —susurró, mirando a su alrededor para comprobar que nadie estaba pendiente de su conversación.

Draco cerró los ojos, suspirando aliviado.

—¿Puedo pedirte un favor, Granger?

—Claro.

Él abrió sus ojos grises, inclinándose sobre la mesa hasta que sus rostros estuvieron a pocos centímetros.

—No salgas con nadie por ahora.

—No pensaba hacerlo. Sé que eso te haría daño, Draco—contestó Hermione, torciendo los labios.

—Tampoco beses a nadie, ni permitas que te besen.

—Eso me ha quedado claro después de lo que ha pasado hace un rato —comentó Hermione, refiriéndose al ataque de ansiedad que había sufrido Draco en el jardín de su mansión.

—Y no... no te acuestes con nadie. Eso me mataría, Granger. Si huelo que has estado con alguien, yo... creo que me moriría al instante.

Hermione se ofendió con las primeras palabras, pero se le formó un nudo en el estómago al escuchar todo lo que dijo Draco. Alargó una mano, cogiendo una de las suyas y apretándola.

—No me voy a acercar a ningún hombre hasta que solucionemos esto, Draco. Te lo prometo.

Él asintió, apoyando la espalda en el respaldo de la silla y relajando la postura.

—Gracias.

Hermione observó sus mejillas, que habían recuperado bastante el color. Lo de pasar un rato juntos había sido una buena idea.

—¿Puedo abrazar a Harry?

Draco arrugó la nariz.

—Cuando yo no esté delante.

Ella sonrió, asintiendo.

—Trato hecho.

Draco recorrió su rostro con los ojos, deteniéndose un momento en las pecas de su nariz. Desvió la mirada, resoplando, y preguntándose si todo aquello merecía la pena.

Tan solo estaba retrasando lo inevitable. Ella no quería estar con él, a Granger ni siquiera se le había pasado por la cabeza esa opción. Lo único que tenía en mente era buscar una alternativa, alguna forma de que él sobreviviera sin que tuvieran que compartir sus vidas.

Y Draco sabía que esa opción no existía.

Al final moriría, y de forma muy dolorosa. Pero había ganado algo de tiempo y podría pasar varios meses haciendo compañía a su madre hasta que llegara ese momento.

Lo haría, por Narcissa. Seguiría con esta farsa por ella, hasta que llegara su hora.

—¿Y tú, Draco? ¿Estás enamorado?

Él dejó de respirar al escuchar la pregunta de Hermione, bajando la mirada a lo poco que quedaba de su té.

—No.

—¿Y lo has estado alguna vez?

Negó con la cabeza y Hermione suspiró.

—Pensaba que tú... te vi con... con...

—Con Dafne. Sí, Granger, estuve con ella en sexto curso. Sus padres querían que nos casáramos al terminar Hogwarts, aunque los míos no estaban de acuerdo por obvias razones. Me pidió probar, para ver si podíamos ser compatibles, y estuvimos saliendo un par de meses —murmuró Draco, recordando lo mucho que le había servido Dafne de distracción en el peor año de su vida.

—¿Qué? ¿Ella quería casarse contigo solo porque lo decían sus padres? —preguntó Hermione, abriendo mucho los ojos.

Draco sonrió.

—Los contratos de matrimonio son algo muy común entre las familias de sangre pura. Pero mis padres se negaron, sabían que yo no podía comprometerme con nadie hasta saber quien...

Dejó de hablar, arrugando el entrecejo.

—¿Hasta saber quién era tu compañera? —terminó Hermione, levantando las cejas.

Él asintió, apartando su taza a un lado.

Hermione se mordió el labio inferior, pero dejó de hacerlo cuando vio a Draco arqueando una ceja en su dirección.

—Seguro que esperabas que alguien como Dafne fuera tu compañera.

—Eso habría facilitado mucho las cosas. Pero al año siguiente Astoria intentó que aceptara salir con ella. Por lo visto, llevaba enamorada de mí desde que me vio y se había peleado con su hermana cuando descubrió que estuvimos juntos. Me negué, y desde entonces ninguna de las hermanas Greengrass me dirige la palabra.

Hermione asintió, ignorando la pequeña presión que había sentido en el pecho al escuchar que Draco habría preferido a otra compañera. Sabía que él no la quería cerca, pero al menos ya no la odiaba.

—¿Me dejarás echar un vistazo en tu biblioteca? Tal vez la solución a nuestros problemas esté ahí —pidió, entrelazando sus manos y mirándolo a los ojos.

Él se mordió la lengua, pero aceptó.

—Hay más de veinte mil libros en la biblioteca Malfoy, Granger.

—¿Tu familia los ha leído todos? —preguntó ella, impresionada.

Draco se rio, negando con la cabeza.

—Es imposible, son demasiados. Pero nunca he visto ninguno que hable sobre lo que tú estás buscando.

—Aun así... me gustaría ver esos libros, si no te importa.

—Como quieras —dijo él, encogiéndose de hombros.


Poco después, Hermione volvió a aparecer en el recibidor de la Mansión Malfoy, con Draco a su lado.

—¿Mañana a la misma hora?

Él asintió, dando varios pasos atrás. En un rincón de la habitación estaba su madre. Hermione la miró y pudo leer un gracias en sus labios.

En cuanto ella desapareció de nuevo entre las llamas verdes, Narcissa se acercó a su hijo.

—¿Cómo ha ido?

—Peor de lo que esperaba, madre.

—Pues tienes mejor aspecto —dijo ella, observando el rostro de Draco atentamente.

Él cuadró los hombros, bajando la mirada hasta los ojos azules de su madre.

—Tienes que explicarme qué demonios hacías en el juicio rodeada de Weasleys.

Ella sonrió, cogiéndose a su brazo.

—Para esa conversación necesitamos una copa, Draco.